domingo, 26 de julio de 2009

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

LA SUCESIÓN
Perogrullo es decir que el proceso gubernamental sucesorio es cosa harto complicada. Muchísimos factores –variables diríamos con rigor académico- intervienen en su configuración. Los factores externos son una de estas y de entre tales, las dirigencias nacionales de los partidos políticos y dos temas son omnipresentes al momento en Oaxaca que, como hechos inciertos, podrían plantearse en forma de interrogante: ¿Quién será el candidato del PRI? Y ¿Habrá coalición entre partidos opositores?
El proceso priísta de “destape” ha cobrado su propio rumbo. Con variaciones accidentales provocadas por la misma coyuntura, el ritual se reproduce. Los que quieren y (muy importante) pueden, alzan la mano y trabajan en pos de ello. La decisión -lo advertimos en la entrega antepasada- es del Tlatoani, de nadie más. Una regla no escrita no solo permite, sino exige (así lo marcan los usos partidarios) desde mucho antes que quien esto escribe llegara a la política, al jefe político, al “primer priísta” del estado, nombrar al candidato a sucederlo. La eficacia es incuestionable. Los seis que quieren y los cuatro que quieren y pueden, lo saben. Por eso su trabajo previo a la unción (baños de pueblo, reuniones, anuncio de novedosos programas, golpes mediáticos) no es de competencia para ganar la candidatura, es una (pre) pre campaña para ganar la elección constitucional en caso de resultar ungidos. Solo “el que es” conoce sus tiempos y sabe qué variables serán las válidas a la hora de decidir … nadie más. Tal vez en este momento tenga ya un candidato. Y nosotros sin saberlo.
La oposición en Oaxaca está destrozada, balcanizada, desmoralizada. En razón de su casi amarrada alianza niegan el axioma que estipula que “un todo es igual a la suma de sus partes”. Tendrían que aceptar que, en estricto sentido, una coalición electoral sería la suma de sus inmensos fracasos, es decir un fracaso más grande … completo, total. Pero no, para ellos no puede ser así, porque ciertamente la política es algo más que simple aritmética. Apuestan a que el “hartazgo ciudadano lo pueda todo” y a que un frente común (entiéndase frankenstein común), Flavio Sosa incluido, saque al PRI del gobierno. Antes de ello tendrán que pasar muchas cosas y despejarse muchas interrogantes. Rumbo a la coalición, sus artífices habrán de pasar por pasajes dantescos que abrirán muchas heridas y causarán muchos agravios. Lo saben pero no les importa. Puede más la urgente necesidad de derrotar al poderoso PRI oaxaqueño. “El todo es mayor que la suma de sus partes” dirán … “sacrificar bienes particulares en aras del bien común”, probablemente. Primero habrá que ver cuanto suceda con sus dirigencias nacionales, puesto que la pretendida coalición habrá de tener el aval expreso del C.E.N de cada partido. El PAN empieza un proceso de selección interna sin dirigente (Germán Martínez dejo de serlo el día en que anunció que se iba), cuestionado por los mismos panistas, con un candidato único y “oficial” que rompe, al menos ente la opinión pública, con la tradición democrática que siempre había distinguido a los albiazules a través de su “brega de eternidades”. Ni el más osado presidente de la república en tiempos del priísmo autoritario se había atrevido a poner como presidente del partido a su secretario particular. Pareciera que en el PAN no hay cuadros, solo lealtades. El PRD sumido en la peor de sus crisis y en el contrasentido estatutario. Desdeñan a su fundador y piden perdón a quien les privó de al menos cinco puntos porcentuales más en esta última elección. Sin López Obrador, la tercera fuerza política de México tuvo sólo el 12% de los sufragios. De Convergencia y PT, mejor ni hablar. En Oaxaca existen menos que a nivel nacional y el primero tiene ya su López Obrador Oaxaqueño … y ahí viene Jesús Martínez Álvarez. Aún a pesar de todo esto –amable lector- es probable que la coalición se dé. No será de extrañar en esta tierra donde las cosas más inverosímiles suceden. Pero su candidato … es otra historia.

moisesmolinar@hotmail.com

domingo, 19 de julio de 2009

LA X EN LA FRENTE
Moisés Molina
¿RECONSTRUIR EL TEJIDO SOCIAL?
A paso lento pero seguro, Oaxaca parece recuperarse. A la recuperación económica se apareja también la recuperación social. Los patrocinadores de la exaltación de 2006, que esperaban ser los beneficiarios políticos, apostaron casi todo en ello y la explosión fue magna, pero afortunadamente breve. Pronto mucha de la gente que en su origen participó o simpatizó con aquel “movimiento” cayó en la cuenta de que ya no había razón. Los primeros en “desertar” fueron los foráneos, quienes vieron suspendidos sus pagos por concepto de “barricadización” y “petardización” y le siguieron quienes más honestos se convencieron de que la violencia es más lo que destruye que cuanto edifica. Hoy Oaxaca está de pie y caminando de la mano de su gente, de cuantos aquí nacimos y aquí trabajamos, estudiamos … vivimos, presta a celebrar una de las fiestas más importantes de América y el mundo: la Guelaguetza. El lleno de sus escenarios está garantizado los dos fines e inicios de semana. Al Bani, a Donají y a los lunes del cerro debemos ir todos a nutrirnos de nuestro legítimo orgullo. Hoy nuestras fiestas son más que simple espectáculo, son símbolos de nuestro gentilicio; amor al terruño hecho aroma, color, forma, sonido y movimiento; evocación de nuestro pasado y esperanza para nuestro futuro. Y es que esa es la verdadera vocación de buen oaxaqueño, la de (como quería Alfonso Reyes) la concordia. La base magisterial, los verdaderos maestros cada día se convencen más de que son imprescindibles en las aulas, de que le sirven más a nuestro pueblo en las escuelas, pendientes de nuestros niños y nuestros jóvenes que al servicio de causas políticas. Las familias valoran en mucha más cuantía la labor formadora de los profesores que nunca debe estar por debajo de sus legítimas demandas laborales y mucho menos sociales. Hace unos días conmemoramos el medio siglo de ausencia física del “Maestro de América” José Vasconcelos, oaxaqueño excepcional que nos dejó dicho: “Libertador y maestro son sinónimos, por eso los pueblos libres veneran a sus maestros y se preocupan por el adelanto de sus escuelas”. La esperanza de una cada vez mejor Oaxaca está solo en manos de las nuevas generaciones. Los maestros de hoy deben tomar conciencia de que están educando a los gobernantes, empresarios y maestros del mañana. Son, como nadie, quienes tienen la oportunidad de diseñar con su talento el mundo del mañana y cada vez un mayor número se percata de ello. Los gobiernos con sus funcionarios van y vienen, son efímeros; las escuelas se quedan y los maestros permanecen sembrando una semilla en sus pupilos. Por ello acaso Muñoz Cota decía que cada hombre era una “semilla gigante que camina”. Pitágoras, aquel filósofo y eminente matemático griego a quien debemos el popular teorema sobre el triángulo rectángulo, advirtió cinco siglos antes de Cristo: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres” -y alguien pudiera agregar- ni a los gobiernos. Recién salimos de un proceso electoral federal y en noviembre próximo iniciaremos formalmente uno local. Las últimas dos elecciones que los oaxaqueños hemos sufragado, han sentado de nuevo las bases de nuestra convivencia. Elecciones en paz, donde la derrota se aceptó, en que los órganos electorales cumplieron eficazmente con su organización y donde el electorado (aunque minoritario aún) decidió el rumbo que quería para Oaxaca y sus distritos. Esperemos que los elegidos el pasado cinco de julio sepan estar a la altura del compromiso que la gente les entregó en las urnas, ya que de nuestros últimos diputados electos en 2006 poco o nada supimos. Por el momento queremos ver a los nuevos en nuestra fiesta, cerca de la gente que les dio el voto y ganándose el beneficio de la duda entre quienes no votaron por ellos y quienes ni siquiera fueron a votar o anularon su boleta. La cercanía, la percepción de que un diputado es antes un ser humano son hoy presupuestos para hacer nacer una nueva actitud de los ciudadanos (en especial de las nuevas generaciones) ante la política y los políticos. El siguiente paso será el ejercicio responsable del cargo y del fuero … pero siempre cerca de la gente.
Felices fiestas.
moisesmolinar@hotmail.com

domingo, 12 de julio de 2009

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA.
ULISES RUIZ: EL MITO.
“Corrección política” es la única explicación que puede darse al hecho de considerar públicamente que los tiempos para la sucesión gubernamental todavía no llegan. Y es que una vez pasado el 5 de julio, es difícil encontrar otro tema de conversación entre la clase política oaxaqueña. En cualquier plática, todos los caminos conducen… a la sucesión. El gobernador, en descargo a su investidura, dijo que no es el momento y que el próximo año los partidos y la ciudadanía decidirán sobre su sucesor. En su fuero interno sabe que antes, tiene que hacerlo él: el tlatoani. Más allá de los cuestionamientos de puristas demócratas sobre esta regla no escrita, su eficacia no se discute, menos cuando el “gran elector” es un consumado operador político graduado con honores los últimos años no solo por el triunfo de sus estrategias en su estado, sino en entidades donde a los “ingenieros electorales” se les tiene que importar. Tabasco, Chiapas, Guerrero et al. Pregunten si no, a Leonel Godoy y a Juan Sabines las razones del fracaso en estados que debían tener mayoría de diputados federales perredistas. La sucesión está aquí y ahora, se siente, se respira. Aspiran cinco. Tienen posibilidades reales cuatro. URO lo sabe. Sus mejores amigas, las encuestas se lo han dicho. Y es que a diferencia de otros años, lo que para muchos era un gobernador de bajo perfil, común y corriente, ha resultado todo un profesional a la hora de ganar elecciones. Y fiel a su profesionalismo no improvisa, no deja lugar a ocurrencias. Para él las corazonadas no existen, ni las coincidencias y hará cuanto se tenga que hacer para ganar, aunque esto implique caminar en la frontera de la legalidad, cuidando siempre con escrúpulo no dar un solo paso fuera de ella. Por eso, para quien esto escribe, el Ulises fraudulento, política y electoralmente desaseado, represor y perverso es, en la exageración de un “mito” alimentado desde una oposición que no ha encontrado herramientas ni medios eficaces para cumplir su finalidad de conquistar el poder. La culpa de sus fracasos se la endosan a ese “mito” y no a la propia incapacidad de consolidarse como opciones serias ante la ciudadanía. Raúl Jardón, escribió que militaba en la izquierda porque de ese lado pensaba más limpiamente el cerebro y latía el corazón, pero al parecer una parte de la izquierda oaxaqueña más que con cerebro y corazón se identifica con el hígado. Es una izquierda caprichosa, no combativa (más bien belicosa), ofensiva, agraviante … intolerante. Que admite democracia solo cuando ganan y cuando lo contrario sucede, señalan culpando al “mito”. Cuando sus derrotas son mesuradas, se repliegan, hacen como que se reorganizan y se aprestan a competir de nuevo. Albergan la esperanza de tener mejor “suerte”. Pero cuando la derrota es (parafraseo a Toño Yglesias en su cierre de campaña en Puerto escondido) “una madriza” que hasta su registro puso en riesgo, presas de la desesperación se reúnen a elucubrar en petitte comité, cosa que siempre han sido y preparan el gran anuncio al día siguiente: COALICIÓN TOTAL DE PARTIDOS DE OPOSICIÓN PARA 2010. El fin: sacar al PRI del gobierno. ¿No es eso una manera de aspirar al poder por el poder mismo?, ¿no suena al nefaso “quítate tú para ponerme yo”?, ¿no es acaso una manera de desproveer totalmente a la política de cuanto debe ser su substrato ético e ideológico?, ¿Es correcto –amable lector- mezclar, como en juguería, colores aunque después no se sepa cómo conciliar en la plataforma electoral principios tan disímbolos como los tiene el PAN respecto del PRD? Convergencia y PT más que a una coalición, convocaron a la creación de un nuevo “Todos somos Oaxaca” que probablemente vuelva a dejar endeudado al PAN y agraviado al PRD con una candidatura a modo para … ya sabemos quien. El problema que nuestra oposición en Oaxaca tiene es que no sabe perder y no aprende cuanto se debe aprender de las derrotas, que en buena medida, puede ser más de lo que se aprende en las victorias. Platicaba hace ya varias semanas con un dilecto connotado panista. Me hacía ver que si el PRI no cedía algunas diputaciones federales en la elección que pasó, iba a despertar la ira de la oposición que (lo consideraba casi un hecho) iba a ir unida en 2010. “¿Candidato?” le pregunté. “Es lo de menos”, me respondió. Ugartechea y Amador Jara dijeron (por el momento) no al nuevo proyecto de Frankenstein.
Adam Przeworski, profesor de la Universidad de Nueva York ha escrito que aquello que define a la democracia es la aceptabilidad de la derrota y Felipe González, ex presidente del gobierno español complementa: “La aceptabilidad de la victoria es facilísima … sin embargo no sucede así con la aceptabilidad – no la aceptación, que es un momento- de la derrota con carácter previo y posterior al momento incierto, que es esencial para la democracia, en el que el ciudadano vota entre una, dos, tres o cuatro alternativas, entregando su soberanía individual en manos de líderes y grupos políticos determinados. La aceptabilidad ex ante y ex post de la derrota es lo que define a un sistema democrático maduro”. (La aceptabilidad de la derrota: esencia de la democracia. IFE. 2000). Convergencia y PT (último y penúltimo lugar en número de votos obtenidos, después del desaparecido PAS) deben primero aprender a perder si es que algún día aspiran a ganar.
moisesmolinar@hotmail.com

martes, 7 de julio de 2009

EDIPO OAXAQUEÑO
Moisés MOLINA
“Vasconcelos fue uno de esos hombres que dejan
cicatrices de fuego en la conciencia de nuestro México”
Carlos Pellicer.
Dos hombres hay, a quienes la historia oficial de Oaxaca (si es que por lo menos esta existe), les ha quedado a deber: Ricardo Flores Magón y José Vasconcelos. Pareciera que contrario a lo que debiera ser vocación de nuestros gobiernos se ha hecho lo posible por mantenerlos opacos, translúcidos entre tormentas de arena en el recuerdo colectivo. En no muy reciente remodelación, los bustos de sendos oaxaqueños fueron, sin explicación, retirados por la entonces autoridad municipal de la plazuela del Carmen Alto y nunca más aparecieron. De esto da fe el Cronista de nuestra ciudad capital. El 30 de junio conmemoramos medio siglo de ausencia física del “Maestro de América” y se realizó un incipiente bloque de actividades que, por salud histórica, debe continuar y fortalecerse en años subsecuentes. Alguien, acaso Jorge Machorro, tal vez Rubén Vasconcelos Beltrán (descendiente directo de don José), tuvo la feliz iniciativa de “hacer algo” para recordarlo. La grandeza de Vasconcelos es innegable. Lo dicen propios y extraños, mexicanos de hoy y de ayer, casi tan grandes como él. Mariano Azuela escribió: “Las facetas de su compleja personalidad irradian luz en direcciones múltiples: abogado y filósofo; místico y político, escritor y maestro, es, sin disputa la figura intelectual y humana más interesante que ha producido México”. Nacido en 1882, un 27 de febrero en la entonces calle de la cochinilla, Vasconcelos era hijo de una mujer de abolengo profundamente religiosa y de un hombre de modesta cuna, sin embargo muy trabajador: Carmen Calderón e Ignacio Vasconcelos. Destellos autobiográficos en Ulises Criollo delatan el incontrolable apego que el niño José tenía hacia su madre. Fue su primer gran amor, el más grande. Solo seis años disfrutó el prohombre su ciudad natal. El nuevo empleo del padre como agente aduanal hacía habituales los viajes y cambios de residencia. Primero fue Piedras Negras en 1888 y posteriormente Campeche y Toluca. Eagle Pass fue el colegio que desde la frontera cimentó en José el espíritu nacionalista; la versión estadounidense de la historia de México y en especial lo tocante a pérdida de nuestro territorio en la medianía del siglo XIX lo marcaron para siempre. Después vino el Instituto Campechano, la gloriosa Escuela Nacional Preparatoria en 1899 y en 1901 la escuela de jurisprudencia de la Ciudad de México. El tema de su tesis, alejado de la ortodoxia académica reinante: “Teoría Dinámica del derecho” con la que se recibe a los 23 años. El resto de su vida es ya, ampliamente conocido. “Ulises criollo”, “la tormenta”, “el proconsulado” y “el desastre” conforman la tetralogía que mejor lo define. Volcánico, contradictorio, incongruente por momentos. “Debe decirse que no se escriben biografías de José Vasconcelos, más bien se evoca al personaje, se piensa al filósofo, se charla con el intelectual,, se lee al escritor y al mismo tiempo se conoce al hombre de carne y hueso con tal familiaridad, que el lector puede tocarlo con los ojos como si fueran manos” dice Pilar Torres. Vasconcelos fue el primer Secretario de Educación Pública en México y uno de los más grandes rectores que nuestra Universidad Nacional ha tenido; a nadie más que él debe su lema “por mi raza hablará el espíritu”. Si con un apelativo tendríamos que quedarnos, sería el de Maestro. Sus misiones culturales, la reedición de los clásicos, sus “lecturas clásicas para niños”, su papel en la fundación del Colegio Nacional y la huella que dejó en el “Ateneo de la Juventud” nos autorizan a sostenerlo. “Libertador y maestro son sinónimos, por eso los pueblos libres veneran a sus maestros y se preocupan por el adelanto de sus escuelas” dejó dicho el propio Vasconcelos, al propio tiempo que recordaba: “No se puede enseñar a leer, sin dar qué leer”; Toda su vida adulta estuvo rodeado de jóvenes. La fe era recíproca. La energía de los jóvenes le seducía y su vocación magisterial seducía a las juventudes; su lucha presidencial de 1929 la colmaron los jóvenes y jamás pudo romperse ese vínculo. “Nadie podrá detener el impulso de una juventud unida y activa, generosa y libre”, les recordaba. En el prólogo de una de las biografías más extraordinarias sobre él escritas, autoría de Javier Cárdenas Noriega, Alejandro Gómez Arias, otro oaxaqueño ilustre, comentó: “Quienes lo siguieron vieron en Vasconcelos la posibilidad de realizar un ideal impreciso pero vital y altivo: el de la política pensada como ética, como sabiduría, es decir, como la síntesis de aquellos días, como obra de arte”. Y es que la filosofía con todas sus ramas desde la estética hasta la ética era el sello de su personalidad y probablemente la causa de sus tormentos y sus derroteros. Tal vez al Vasconcelos más volcánico lo tenemos en el plano de las pasiones carnales. La muerte de Adriana, su esposa y su inocultable fascinación por Antonieta Rivas Mercado explicaban su desequilibrio. De Vasconcelos era el arma con que Antonieta decidiera quitarse la vida en la catedral de París. “La de Vasconcelos es la vida de un místico; pero de un místico que busca contacto con la divinidad a través de las pasiones sensuales. Su camino a Dios no es la abstinencia, no es la renunciación de mundo. Por el contrario, tal parece que en dios no encuentra sino una representación adecuada de sus emociones desorbitadas y soberbias que no admiten que pertenecen a un ser hecho de carne mortal”; era la opinión de otro “contemporáneo”: Jorge Cuesta. José Vasconcelos era la pieza que sobraba en el rompecabezas del positivismo como filosofía del régimen porfiriano. Gabino Barreda había hecho, por mandato de Porfirio Díaz, de los estudiantes de México una comuna de herederos de sus construcciones epistemológicas. Quería científicos, no humanistas. Era una precondición para el “orden y progreso” que el joven Vasconcelos no aceptaba. En palabras del propio Gómez Arias, Vasconcelos “era el rebelde del Ateneo, el heterodoxo contra las ideas políticas, filosóficas y educativas que formaron el cuadro ideológico de régimen porfiriano. Era el defensor de la razón contra la locura, de la civilización contra la barbarie”. A cincuenta años de su partida, sigue entre nosotros. Por eso es uno de esos hombres, (mexicanos eminentes, diría Krauze) que dejan cicatrices de fuego en la conciencia de nuestro querido México.
moisesmolinar@hotmail.com

sábado, 4 de julio de 2009

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
REPROBADOS
El ejercicio de las virtudes cívicas como el sufragio, debían convocar a una celebración colectiva de cumpleaños democrático. Los seres humanos medimos nuestra vida en años; nuestra democracia la mide en trienios o sexenios. Por eso debía ser, su celebración, más significativa. En esta jornada electoral federal, los ciudadanos votamos, decidimos. Participamos (lo anticipamos en colaboraciones pasadas) incluso decidiendo no votar. Externamos, con un signo en una hoja de papel, depositándola en blanco en la urna o quedándonos en casa, nuestra propia visión de México. Sí tenemos candidatos, sí tenemos partidos pero todos son políticos y gran parte de la ciudadanía dejó de confiarle su cotidianidad a todo cuanto huela a política. Escasos siguen siendo los ejemplos de mujeres y hombres que se esfuerzan por volver a hacer creer a la gente en que su beneficio y el de sus familias, puede ser real merced a la política. Por eso el abstencionismo, el voto nulo o el voto de castigo. Hoy nadie habla de un “voto de premio”, aún a pesar de que es la idea central del incipiente debate público sobre la reelección legislativa. Los partidos se disputan la preferencia del electorado con estrategias diversas. El partido en el gobierno quiere mantener su mayoría relativa en el congreso, por eso su principal estrategia de campaña es exaltar los logros del presidente de la república con niveles bastante aceptables de aceptación nacional. La oposición: PRI y PRD sobre todo, buscan recuperar y obtener, respectivamente, esa mayoría. Por eso se centran, entre otras cosas, en resaltar la ineficacia del “candidato panista colectivo” Felipe Calderón al frente de la presidencia. En muy mal momento para el panismo aparece un documento elaborado por personalidades del Banco Mundial, institución de cuyo prestigio y seriedad académica e investigativa, hablar sale sobrando. El documento se llama Reporte de Indicadores mundiales de gobernabilidad 2009 (Governance matters 2009: Worldwide Governance indicators 1998 – 2008) y a cargo de su elaboración estuvieron Daniel Kaufmann del Instituto Brookings, Aart Kraay, economista principal del Grupo de investigaciones sobre el desarrollo del Banco Mundial y Massimo Mastruzzi por parte del Instituto del Banco Mundial.
Antonio Camou define a la gobernabilidad como un estado de equilibrio dinámico entre las demandas sociales y la capacidad de respuesta gubernamental. Los autores y redactores del informe, nos regalan una definición más completa: “son las tradiciones e instituciones a través de las cuales se ejerce la autoridad en un país, y consideran que incluye el proceso por el cual los gobiernos son elegidos, controlados y reemplazados; la capacidad del gobierno para formular y aplicar eficazmente políticas acertadas y el respeto de la ciudadanía y el Estado por las instituciones que regulan las relaciones económicas y sociales entre ambos”. Científicos todos, coinciden en que es difícil medir la una cualidad como la gobernabilidad pero los datos por ellos obtenidos son perfectamente válidos. Por ello la miden a través de seis dimensiones:
Voz y rendición de cuentas: que es la medida en que los ciudadanos de un país pueden participar en la elección de su gobierno, así como la libertad de expresión, la libertad de asociación y la libertad de prensa, donde reprobamos con un 5.0 menor al 5.5 que nos dejó Vicente Fox.
Estabilidad política y ausencia de violencia: que indica la probabilidad de que el gobierno esté sujeto a actos de desestabilización a través de medios inconstitucionales o violentos, incluidos actos de terrorismo y que es donde per nos fue con un 2.4 de calificación, menos que el 3.0 con que terminó Fox.
Eficacia del gobierno: que mide la calidad de los servicios públicos, la capacidad de la administración pública y su independencia de las presiones políticas, y la calidad de la formulación de políticas, donde pasamos “de panzazo” con 6.1 superando en una décima al anterior mandatario.
Calidad del marco regulatorio: Que se entiende como la capacidad del gobierno para establecer políticas y reglamentaciones acertadas que permitan y promuevan el desarrollo del sector privado, en donde subimos de un 6.2 en 2006 a un 6.5 en la administración panista.
Estado de derecho: que es el grado de confianza de los agentes en las reglas sociales y su nivel de acatamiento, incluidos la calidad del cumplimiento de los derechos de propiedad, la policía y los tribunales, así como el riesgo de que se cometan delitos. 3.0 de calificación inferior al 4.2 en que nos dejó el de las botas. Y finalmente
Control de la corrupción: medida en que se ejerce el poder público en beneficio privado, incluidas las modalidades de corrupción en pequeña y gran escala, y el control del Estado por minorías selectas, donde mejoramos en cuatro décimas respecto del sexenio anterior, pero nos quedamos en 5.
Como puede usted darse cuenta, amable lector, aprobamos solo dos de las seis áreas y con calificaciones de las que poco orgullo debíamos sentir. 4.98 fue nuestra calificación global, No alcanzamos el 5. En fechas recientes, nuestro presidente recibió en visita oficial a la presidenta de Chile cuyo país obtuvo 8.7. Ojalá haya inquirido respecto al papel gubernamental en el tema. Tendría que aprender, de igual forma de sus homólogos de Uruguay, Puerto Rico y Costa Rica que aprobaron su examen con 8.3, 7.1 y 7, respectivamente. Nosotros estamos más cerca de El Congo y Serbia, empate técnico diría yo. Por el beneficio de México, espero que le vaya, en lo sucesivo, muy bien al presidente. Lo deseo de Corazón, aunque para ello acaso sea necesario que tenga una minoría en el congreso.
moisesmolinar@hotmail.com

sábado, 27 de junio de 2009

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
PERDISTE GERMÁN, PERDISTE.
El PAN, especialmente su presidente nacional, veía en el debate televisado el pasado Jueves por “el canal de las estrellas”, el detonante de un triunfo indudable en las elecciones del próximo domingo. Solo quien debata con mudos puede tener esa desorbitada pretensión. El debate no pasó de eso, de ser un debate más que no cubrió las expectativas y si de un perdedor tenemos que hablar, ese lo fue Germán Martínez. El debate lo tuvo perdido antes de su realización, la inclusión del perredista Jesús Ortega no puede tener otra lectura. La férrea oposición inicial a que “Chucho” fuera incluido, reposicionó al panista como un político intolerante, caprichoso. A Ortega le convenía sobremanera hacerse presente en la transmisión, lo sabía bien y por ello depositó tal empeño para lograrlo. No tenía nada que perder y por el contrario mucho por ganar, como efectivamente sucedió. Su deslinde público y en cadena nacional, claro y sin cortapisas con Andrés Manuel López Obrador; su postura enérgica, pero mesurada (salvo por el exabrupto mal parafraseado del clintoniano “¡Estúpido, es la economía!”) y la prudente dimensión con que abordó los temas, seguramente le acarrearon simpatías entre más de un televidente, que idealmente tendrían que convertirse en votos. De Beatriz nadie que la conozca se sorprendió. La expresión oral le guarda pocos secretos y su sólida formación y lucidez hicieron, como siempre que descollara entre sus pares. Para el discurso y no se diga para el debate Beatriz es garantía. Al PRI se le podrá reprochar cualquier cosa, pero la solidez académica y agilidad mental de sus jerarcas está fuera de toda discusión. A alguien escuché decir alguna vez que en el PRI pueden estar los peores, pero también están los mejores. El debate sirvió para tres cuestiones fundamentales: 1) Para posicionar a las principales fuerzas políticas ante el elector contra el ya famoso y amenazante voto en blanco; 2)Para confirmar, en el voto duro de los partidos, la convicción de ir a la urna el próximo domingo; y 3) para buscar el valiosísimo voto de esa franja del electorado que siempre sufraga, pero que cada vez lo hace por diferentes opciones, a veces por el partido y en ocasiones por el candidato: los llamados indecisos, el voto volátil. A Germán las estimaciones le fallaron. Se enojó y perdió. Es correcto involucrar en política los sentimientos, pero no a tal grado y menos aún cuando el histrionismo alcanza niveles criticables. Martínez es expresivo en extremo, el problema es actúa con menor esfuerzo sus rabietas que sus complacencias. Cierto es que eran dos contra uno. Ortega tomó venganza y el antipático presidente del PAN pagó en horario estelar su negativa de que el PRD participara en el debate. Hizo causa común con Beatriz, y la proximidad ideológica y programática de la socialdemocracia (una suerte de centro izquierda) representada por el tricolor con la izquierda “moderna” perredista, hicieron pasar a Martínez uno de sus peores ratos. El error de Germán fue enojarse, una muy mala señal para el televidente que no es panista. Por momentos parecía estar haciendo campaña a favor del Presidente de la República. Más de uno pudo preguntarse: ¿Qué razón de hacer proselitismo para alguien que ya es autoridad? Yo no lo entendí. Pretender subirse al carro de la labor presidencial creo que también fue estrategia equivocada cuando Paredes y Ortega en sendas intervenciones y con cifras en la mano le hacían ver que incluso en el sexenio de Zedillo los indicadores estaban mucho mejores que hoy y que, a propósito de la “crisis mundial” países de Sudamérica estaban sufriendo, merced al correcto manejo de sus gobiernos, males menores en sus índices de desarrollo.
Una clase de oficio político es lo que los presidentes del PRI y del PRD regalaron al “muchacho pendenciero” y le dieron, acaso, la lección más grande de su vida: para ganar un debate es necesario algo más que el exaltado capricho de querer debatir.

moisesmolinar@hotmail.com

sábado, 20 de junio de 2009

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
VOTAR, NO VOTAR O VOTAR EN BLANCO
A propósito del “voto en blanco”, en su artículo del pasado viernes en Milenio diario, Leonardo Valdez Zurita, Consejero presidente del IFE hacía mención de que “el voto ha constituido, sin duda, el instrumento más acabado que tienen (los ciudadanos) a su alcance para intervenir en los asuntos públicos, integrar la representación política, establecer términos de comunicación con sus gobernantes e incidir en decisiones de interés general”. Y es que esta campaña iniciada, pareciera, como una ocurrencia desde la frescura del internet ha cobrado, junto con la de Alejandro Martí proporciones interesantes e inéditas. Ambas denotan el descontento de un sector de la ciudadanía participativa que se ha cansado de ver la inmovilidad e ineficacia de un sistema de partidos que es llevada a las instituciones y sobre todo al poder legislativo. Contrastantes, ambas confluyen en la necesidad de sacudir el sistema político y hacer sentir la mano ciudadana en la cuna de la partidocracia mexicana. Martí pide a la gente votar solo por quienes “garanticen” mediante notario público una serie de compromisos mínimos sobre todo en materia de seguridad y justicia; los “anulacionistas” piden al elector acudir a la urna para cancelar su boleta electoral, es decir emitir un voto nulo en señal de descontento y hartazgo con el actual sistema de partidos, con sus candidatos y sus propuestas de cartón. Razonan que teniendo un porcentaje interesante de votos nulos a nivel nacional, los políticos reflexionarán sobre el agotamiento del sistema de partidos y comenzarán a tomar más en serio a la ciudadanía a la hora de hacer campañas, leyes y de tomar decisiones gubernamentales. Las palabras siempre lúcidas de Denise Dresser son elocuentes: “El sistema de partidos funciona muy bien para la clase política, pero muy mal para la ciudadanía. Siento que si tacho la boleta a favor de cualquier persona en estas condiciones, contribuiré a legitimar un sistema que actúa cotidianamente al margen de la ciudadanía” (Reforma junio 18. P.6). Seguro es que algún efecto habrán de tener ambas proposiciones ya ampliamente difundidas en los medios. Más cuando en la segunda se han involucrado analistas de renombre tomando posiciones a favor del voto nulo y en contra. Sergio Aguayo, José Antonio Crespo, Denise Dresser y Leo Zuckermann se cuentan entre los primeros; Jorge Alcocer, Jorge Buendía, Lorenzo Córdova, Federico Reyes Heroles, Jesús Silva Herzog Márquez y José Woldenberg, entre los segundos.
El asunto es que muy probablemente nuestros diputados llegarán a San Lázaro con un grado de legitimidad muy bajo, menor que en anteriores elecciones intermedias, no por el número de personas que van a acudir a las urnas, sino por los ciudadanos que expresarán su voluntad con un voto en blanco. En la última elección intermedia de 2003 se contabilizaron 896 mil 649 votos nulos. Será un buen parámetro para medir los estragos que en la presente elección causará. Si, como sus promotores estiman, la fuerza de este voto en blanco se hace sentir más en los jóvenes, no se debe perder de vista el peso que esta franja poblacional tiene en la lista nominal y que es del 30 por ciento. Con tan poca legitimidad paradójicamente la próxima legislatura tendrá una responsabilidad más alta que las anteriores: la de recuperar la confianza de la gente, al menos de la que participa en política con algo más que su voto y que finalmente hace resonar sus opiniones en los diarios y los medios electrónicos para orientar la opinión del “ciudadano común”. La reelección legislativa y de presidentes municipales, la reducción del número de diputados y senadores y las figuras de democracia semi directa como plebiscito, referéndum y revocación del mandato, así como las adecuaciones de la nueva ley electoral, son solo algunos de los temas que obligadamente tendrán que tocarse una vez instalados en sus curules. Por el momento al ciudadano le han puesto ya en un nuevo dilema, inédito diría yo: votar, no votar o votar en blanco.
moisesmolinar@hotmail.com