CARTA A JORGE ESTEBAN SANDOVAL OCHOA Y ARTURO OSORNIO SÁNCHEZ
Muy estimados señores:
Comenzaré reconociéndoles lo que nadie o casi nadie, a últimas fechas, les ha reconocido: su disposición y su voluntad para sobrellevar la nada sencilla encomienda de conducir al complejo PRI oaxaqueño en este tortuoso proceso electoral; tiempo y voluntad que con mayores satisfacciones pudieron haber empleado en latitudes mejor conocidas y más confortables políticamente.
Al tiempo de discurrir estas líneas, se estará preparando un documento que la corriente interna de opinión con la que simpatizo, les hará llegar y con cuya idea central concuerdo. Era, sin embargo, imperativo dejar constancia de la exclusividad de algunas reflexiones.
Es esta, una misiva que no espera respuesta. Puede entenderse como políticamente inadecuado. Su contenido puede no ser compartido por algunos, pero sí suscrito por muchos priístas que como yo, con más de la mitad de la vida invertida en militancia, se muestran preocupados y ocupados por el futuro inmediato del PRI en nuestro estado.
Soy de los miles que, como ustedes, el primero de julio no celebramos nada e iniciamos un ejercicio profundo de reflexión y prospectiva. ¿Hacia dónde encaminaría ahora los pasos nuestro otrora hegemónico partido? fue la pregunta inicial. Sólo dos caminos posibles nos aguardan: la refundación, con el espíritu que nuestro presidente nacional abrazó en su mensaje de toma de protesta; o un papel testimonial de cara al escenario adverso que los electores dibujaron en la nueva realidad política de Oaxaca.
Los electores decidieron y no lo hicieron a nuestro favor, pero tampoco desfondaron al PRI que, muy a pesar de los vicios, componendas y malas decisiones de algunos de sus miembros, logró parámetros todavía aceptables de aprobación electoral. La elección en Oaxaca no la ganaron los mejores. En medio de la crisis del sistema de partidos en Oaxaca, el PRI dejó de hacer mucho y por él dejaron de hacer otro tanto quienes estaban obligados a ello. Arribamos al proceso electoral en medio de la displicencia que ahondó la división interna, con un proceso de selección de candidatos que dejó inconforme o al menos insatisfecha a la mayoría y el resultado aún nos duele.
El PRI en los últimos lustros devino en una estructura recicladora de talentos. Apellidos y rostros omnipresentes con sus personalidades y el mismo estilo de hacer política. Al partido se le enquistó y se le hizo presa de su dinámica interna; nuestra competencia al interior, nos distrajo de nuestros verdaderos adversarios. Perdimos rumbo en la medida en que se le alejó de su razón de ser más allá de su militancia y no se diga de su nomeklatura: de la ciudadanía.
El PRI ya no era institución que traducía representatividad social en representatividad política. Reproducía representatividad política en más representatividad política y la consecuencia fue el epítome del desgaste. Muchos militantes y cuadros que, como quien esto escribe, fueron beneficiarios laborales y políticos de los gobiernos priístas, de pronto fueron con razón o sin ella excluidos o desplazados de las decisiones y los procesos importantes por una aristocracia que administró al PRI como club de amigos, por decir lo menos; y lo más grave, cancelaron la posibilidad de desarrollo político de muchos jóvenes y mujeres que debieron refrescarlo entrando por la puerta de la capacitación política y la formación ideológica. Nuestro partido se entregó al pragmatismo vertical y los mismos de siempre llegaron a ser insuficientes, primero e ineficaces después.
No sabemos cuánto tiempo dure la encomienda de ustedes en Oaxaca. Si ella alcanza la
conducción, también del proceso interno de elección de la nueva dirigencia estatutaria, es grave la responsabilidad conferida y muy altas las expectativas. En sus manos, compañeros presidente y delegado, está el PRI que viene y de sobra está decir que requiere como nuevos cimientos la objetividad, la imparcialidad, la inclusión y el bien común de los priístas, no el de unos cuantos; menos el de los mismos de siempre.
Que estas líneas no se interpreten provocadoras ni desafiantes. La legitimidad, si es que se pretende un nuevo PRI, no puede venir de otra fuente que no sea la voluntad mayoritaria de militantes y simpatizantes. Una elección abierta con voto universal y secreto será, a mi juicio, la mejor posibilidad de refundación. Algunos podrán no estar de acuerdo con el resultado pero los triunfadores nacerán, ahora sí, legitimados jurídica y políticamente para iniciar un verdadero trabajo de reconciliación, como presupuesto de competitividad para el próximo proceso electoral para elegir diputados al congreso del estado y presidentes municipales el año por venir.
El PRI debe dejar de moverse solo sobre su membresía, sobre su voto duro. No hay mejor manera de acercarse a los ciudadanos que mantener abiertas, sin reservas, las puertas del PRI, redimensionar el papel y la función de nuestros sectores y organizaciones; ubicar en el lugar de privilegio que les corresponde a los organismos especializados de capacitación política y divulgación ideológica; reencauzar el trabajo de los comités municipales volviendo los ojos a los seccionales. Los priístas aquí están, no se han ido, ni es conveniente que se vayan. Hay que asignarles tareas dignas y específicas para la acción política.
El PRI es de todos y todos, sin excepción, tenemos mucho que aportar. La competencia interna no debe temerse. La palabra final, siempre sabia, la habrá de tener el ciudadano simpatizante o militante con su voto.
Ante la inminente renovación estatutaria de nuestra dirigencia estatal, una elección directa por la base militante, aprobada por nuestro Consejo Político Estatal, entre las opciones presentadas por nuestro Reglamento para la Elección de Dirigentes y Postulación de Candidatos, pondrá a cada quien en su lugar.
Reciban mi más sincero agradecimiento por la deferencia de su atención.
Moisés Molina
jueves, 12 de julio de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
LA CLASE MEDIA Y EL VOTO DE CASTIGO
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
LA CLASE MEDIA Y EL VOTO DE CASTIGO
“Un cambio partidista de los distritos electorales,
Un ambiente mediático que provoca más de lo que informa,
Y un sistema de financiación de campañas quebrado que ha sido
Capturado por intereses especiales, es lo que ha acelerado
el vaciamiento del centro”
R. Kupchan
Pocos teóricos he leído que, como Francis Fukuyama, definan tan claramente a las clases medias: “Por clase media me refiero a la gente que no está ni en la cúspide ni en el fondo de su sociedad en términos de ingresos, que ha recibido, al menos, educación secundaria y que posee bienes inmuebles, bienes duraderos o negocios propios”.
Esta es la que hoy por hoy define con el agregado de sus votos el resultado de las elecciones en México. En Oaxaca esta regla está en peligro, el porcentaje de la clase media se ha estancado y los beneficios del desarrollo económico y del progreso tecnológico han ahondado las desigualdades a grado tal que quienes están en el “fondo” de nuestra sociedad, pueden asemejarse en número a los que están en medio. La realidad rural e indígena de nuestro estado puede arrojar lo anterior como una consecuencia casi natural.
Si en Estados Unidos la distribución de la riqueza, se ubica en razón del 23.5 por ciento para el uno por ciento de la población, como prototipo del capitalismo mundial, en México, las cosas no son muy diferentes y en entidades como Oaxaca se agudiza. Los últimos lugares en las mediciones nacionales del desarrollo social, son su reflejo más claro y la casi exclusiva válvula de escape, aunque sea solo como forma de expresión, es la democracia liberal, representativa a través de las votaciones.
Cuando la gente hace fila desde temprano para votar –escuchaba decir a un analista, palabras más palabras menos- es que quiere un cambio. Que no está conforme y a más de ello está molesta. Los votantes expresaron el pasado domingo su reprobación al gobierno federal panista y la esperanza en una mejoría de su propia realidad fundamentalmente en lo que a dinero y seguridad se refiere.
Esa esperanza la capitalizó en Oaxaca mayoritariamente no un proyecto como una persona: Andrés Manuel López Obrador. El mismo Fukuyama –y coincido completamente con él- ha escrito que “las principales tendencias del pensamiento izquierdista durante las dos últimas generaciones han sido francamente desastrosas, ya sea como marcos conceptuales o como herramientas para la movilización”. No existe en la actualidad un proyecto académico de izquierda que legitime un programa político y que logre articular un discurso coherente de esperanza para la clase media ni en México ni en el mundo, más bien lo sustituye con tendencias intelectuales fragmentadas de índole más cultural que política y no se diga económica: posmodernismo, multiculturalismo, feminismo, teoría crítica y algunas más. El marxismo murió hace ya varios años.
¿Qué está pasando entonces en Oaxaca? El desarrollo tecnológico y la globalización están socavando a la clase media e impiden quienes están en el “fondo” alcancen el estatus de clase media. Desde los tiempos de Aristóteles, los pensadores han creído que una democracia estable se basa en una amplia clase media y que las sociedades con extremos de riqueza y pobreza son susceptibles de dominación oligárquica (de unos pocos) o de revolución populista. El proyecto de Enrique Peña Nieto para estados como el nuestro debe tender a robustecer la posibilidad de la movilidad social de los que menos tienen o de lo contrario, manifestaciones de disgusto como la expresada en las urnas hace siete días y de intolerancia como las circuladas en medios y redes sociales, pueden pasar a algo más serio.
El economista Moisés Naím agrega más rasgos de la clase a la que quien esto escribe y la gran mayoría de cuantos lo están leyendo pertenecemos: “Estas clases medias están relativamente bien preparadas académicamente, tienen propiedades y están conectadas tecnológicamente con el resto del mundo. Además, les exigen a sus gobiernos y se movilizan con facilidad como resultado de su acceso a la tecnología”.
Las clases medias corresponden, en Oaxaca, mayoritariamente a la ciudadanía informada y reflexiva que no encuentran un canal claro de representación de sus juicios, de sus deseos. Los partidos políticos en nuestra entidad están programáticamente hechos polvo y por ello las elecciones las ganan los menos malos; se vota hoy por hoy mucho más por la persona que por un programa (inexistente en la praxis) de partido o como en la elección más reciente, contra los mismos de siempre o lo que se cree que representan.
Inobjetablemente queda mucho por hacer y el PRI tiene la obligación del reposicionamiento desde la refundación, no por sus “líderes”, ni por el partido en sí mismo, sino por una clase media ávida de construir un mejor Oaxaca a través de canales válidos y sanos de participación política que reactive la movilidad social.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter MoisesMolina
Moisés MOLINA
LA CLASE MEDIA Y EL VOTO DE CASTIGO
“Un cambio partidista de los distritos electorales,
Un ambiente mediático que provoca más de lo que informa,
Y un sistema de financiación de campañas quebrado que ha sido
Capturado por intereses especiales, es lo que ha acelerado
el vaciamiento del centro”
R. Kupchan
Pocos teóricos he leído que, como Francis Fukuyama, definan tan claramente a las clases medias: “Por clase media me refiero a la gente que no está ni en la cúspide ni en el fondo de su sociedad en términos de ingresos, que ha recibido, al menos, educación secundaria y que posee bienes inmuebles, bienes duraderos o negocios propios”.
Esta es la que hoy por hoy define con el agregado de sus votos el resultado de las elecciones en México. En Oaxaca esta regla está en peligro, el porcentaje de la clase media se ha estancado y los beneficios del desarrollo económico y del progreso tecnológico han ahondado las desigualdades a grado tal que quienes están en el “fondo” de nuestra sociedad, pueden asemejarse en número a los que están en medio. La realidad rural e indígena de nuestro estado puede arrojar lo anterior como una consecuencia casi natural.
Si en Estados Unidos la distribución de la riqueza, se ubica en razón del 23.5 por ciento para el uno por ciento de la población, como prototipo del capitalismo mundial, en México, las cosas no son muy diferentes y en entidades como Oaxaca se agudiza. Los últimos lugares en las mediciones nacionales del desarrollo social, son su reflejo más claro y la casi exclusiva válvula de escape, aunque sea solo como forma de expresión, es la democracia liberal, representativa a través de las votaciones.
Cuando la gente hace fila desde temprano para votar –escuchaba decir a un analista, palabras más palabras menos- es que quiere un cambio. Que no está conforme y a más de ello está molesta. Los votantes expresaron el pasado domingo su reprobación al gobierno federal panista y la esperanza en una mejoría de su propia realidad fundamentalmente en lo que a dinero y seguridad se refiere.
Esa esperanza la capitalizó en Oaxaca mayoritariamente no un proyecto como una persona: Andrés Manuel López Obrador. El mismo Fukuyama –y coincido completamente con él- ha escrito que “las principales tendencias del pensamiento izquierdista durante las dos últimas generaciones han sido francamente desastrosas, ya sea como marcos conceptuales o como herramientas para la movilización”. No existe en la actualidad un proyecto académico de izquierda que legitime un programa político y que logre articular un discurso coherente de esperanza para la clase media ni en México ni en el mundo, más bien lo sustituye con tendencias intelectuales fragmentadas de índole más cultural que política y no se diga económica: posmodernismo, multiculturalismo, feminismo, teoría crítica y algunas más. El marxismo murió hace ya varios años.
¿Qué está pasando entonces en Oaxaca? El desarrollo tecnológico y la globalización están socavando a la clase media e impiden quienes están en el “fondo” alcancen el estatus de clase media. Desde los tiempos de Aristóteles, los pensadores han creído que una democracia estable se basa en una amplia clase media y que las sociedades con extremos de riqueza y pobreza son susceptibles de dominación oligárquica (de unos pocos) o de revolución populista. El proyecto de Enrique Peña Nieto para estados como el nuestro debe tender a robustecer la posibilidad de la movilidad social de los que menos tienen o de lo contrario, manifestaciones de disgusto como la expresada en las urnas hace siete días y de intolerancia como las circuladas en medios y redes sociales, pueden pasar a algo más serio.
El economista Moisés Naím agrega más rasgos de la clase a la que quien esto escribe y la gran mayoría de cuantos lo están leyendo pertenecemos: “Estas clases medias están relativamente bien preparadas académicamente, tienen propiedades y están conectadas tecnológicamente con el resto del mundo. Además, les exigen a sus gobiernos y se movilizan con facilidad como resultado de su acceso a la tecnología”.
Las clases medias corresponden, en Oaxaca, mayoritariamente a la ciudadanía informada y reflexiva que no encuentran un canal claro de representación de sus juicios, de sus deseos. Los partidos políticos en nuestra entidad están programáticamente hechos polvo y por ello las elecciones las ganan los menos malos; se vota hoy por hoy mucho más por la persona que por un programa (inexistente en la praxis) de partido o como en la elección más reciente, contra los mismos de siempre o lo que se cree que representan.
Inobjetablemente queda mucho por hacer y el PRI tiene la obligación del reposicionamiento desde la refundación, no por sus “líderes”, ni por el partido en sí mismo, sino por una clase media ávida de construir un mejor Oaxaca a través de canales válidos y sanos de participación política que reactive la movilidad social.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter MoisesMolina
viernes, 29 de junio de 2012
SI ENRIQUE PEÑA NIETO GANA ...
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
SI ENRIQUE PEÑA NIETO GANA …
Leer y escribir son ejercicios consustanciales a la existencia. Y lo son más, en específico el segundo, en momentos definitorios para el rumbo de la vida de mujeres y hombres que depende del pacto social, del contrato Rousseauniano. El no hacerlo deja, para quienes nos sentimos obligados, intacta la carga reflexiva e inútil su poder transformador, por mínimo que sea.
¿Que está en juego el día de hoy? El futuro que aguarde a ganadores y perdedores es lo de menos; serán daños y beneficios colaterales. Nos jugamos, en una apuesta razonada, buena parte de nuestro diario vivir los próximos seis años.
Mañana comenzará un nuevo capítulo de nuestra novela sexenal. Con la certeza abonada por un buen número de votos entre el primero y segundo lugar en la contienda presidencial, rencores, afrentas, desencuentros, resentimientos y actitudes soberbias deberán quedar cuanto antes sepultadas por la unidad que todos debemos tener en torno a nuestro próximo presidente. Será nuestra mejor contribución a la voluntad y posibilidad efectiva que tenga de mandar obedeciendo.
La jornada electoral no es un día para morirse cívicamente en la línea y con el último aliento de nuestras pasiones militantes, de nuestras fobias o antipatías. México es mucho más grande que un Presidente, incluso, que un proyecto político. Pero si le va bien al presidente, le irá bien a la nación y eso hay que acabarlo de entender.
La democracia no se agota para el ciudadano de a pie en el acto de votar, no acaso en el proselitismo o antielitismo vívido. Nos queda, en adelante (si es que no se ha hecho fuera del proceso electoral) la vena inacabada y fecunda de la participación. Democracia es un sustantivo complejo y más compleja realidad para la mayoría de quienes gozamos y sufrimos en este país. Nuestro voto es materialización expresa de nuestra razón, nada más pero igualmente, nada menos. Es papel descollante de los órganos electorales salvaguardar la razón política que haga mayoría.
Todo voto está dotado de razón; frívola o no. Y por ese solo hecho ha de respetarse. Si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, no hay forma de saberlo, pero sí tienen los gobiernos que eligen. Para eso fue diseñada la democracia representativa.
Está latente la posibilidad de que, después de varios sexenios, tengamos en México un presidente con mayoría partidista en el congreso. No habría entonces pretexto para la parálisis y ello obligaría más que nunca a la participación activa de los ciudadanos fuera de procesos electorales, preponderantemente como contralores de las decisiones que en uso de sus facultades constitucionales tome nuestro próximo presidente, incluidas las iniciativas de ley que se supone no tendrían problema en ser aprobadas.
Los partidos han dormido el sueño de los justos y en su letargo han despertado una grave crisis institucional. Pareciera que los miembros de las cúpulas partidistas han perdido la categoría de ciudadanos y se han convertido en una clase aparte con intereses egoístas y bien definidos: la obtención y el ejercicio del poder por el poder mismo.
#yo soy132 ha hecho una grieta al sistema. Su espíritu no debe morir con el triunfo o la derrota de Enrique Peña Nieto y si el mexiquense gana no debe ser su rumbo la oposición a ultranza. Inspirados en buenos ejemplos de la izquierda moderna, que no se ve por ningún lado en México como en otros países de América Latina, debe cundir como ejemplo a otras y diversas expresiones de jóvenes que enfundados en mezclilla y tenis generan conocimiento y esperanza desde las universidades. La política del espíritu y la política de la razón deben irrumpir con más fuerza el sexenio por venir a modo de contrapeso a la mediocrecracia o kakistocracia que inevitablemente seguirá presente desde los estados, comenzando por la nomenklatura de los partidos.
Lo escribí en twitter y facebook y lo sostengo: necesitamos políticos de mezclilla. Frescos, innovadores, arrojados, limpios, desinteresados, capaces; verdaderos políticos de la nueva generación que sacudan, incluso desde el pragmatismo el status quo.
Si el PRI gana, como prolongación de todas las encuestas, el escrutinio más grande habrá de darse al interior del mismo PRI. SI quiere reposicionarse como opción real programática y de decisión debe entregarse más que a su militancia, a la ciudadanía, comenzando por los hijos de sus militantes más tradicionales.
Raúl Jardón dijo que creía más en la izquierda porque de ese lado piensa más limpiamente el cerebro y late con más fuerza el corazón y en el pragmatismo peñanietista debe haber lugar para priístas de izquierda, de avanzada, de vanguardia. Una franja neorevolucionaria ilustrada y comprometida con los “sin nombre” que sea capaz de equilibrar los apellidos sexenales y arrebatar la estafeta a quienes, por razón biológica se niegan a dar los últimos coletazos.
No todos los jóvenes políticos son #132 pero cometerán un pecado cívico si permiten que al PRI lo sigan engullendo los mismos de siempre. Que el PRI desaparezca, suponiendo que fuera esto posible, de ninguna manera representaría un triunfo para México. Es un referente infaltable cuya estafeta solo necesita el próximo relevo.
Ejerzamos con dignidad, con seguridad y apegados a nuestra propia conciencia el voto. Que sea un voto por la paz y la tranquilidad.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Moisés MOLINA
SI ENRIQUE PEÑA NIETO GANA …
Leer y escribir son ejercicios consustanciales a la existencia. Y lo son más, en específico el segundo, en momentos definitorios para el rumbo de la vida de mujeres y hombres que depende del pacto social, del contrato Rousseauniano. El no hacerlo deja, para quienes nos sentimos obligados, intacta la carga reflexiva e inútil su poder transformador, por mínimo que sea.
¿Que está en juego el día de hoy? El futuro que aguarde a ganadores y perdedores es lo de menos; serán daños y beneficios colaterales. Nos jugamos, en una apuesta razonada, buena parte de nuestro diario vivir los próximos seis años.
Mañana comenzará un nuevo capítulo de nuestra novela sexenal. Con la certeza abonada por un buen número de votos entre el primero y segundo lugar en la contienda presidencial, rencores, afrentas, desencuentros, resentimientos y actitudes soberbias deberán quedar cuanto antes sepultadas por la unidad que todos debemos tener en torno a nuestro próximo presidente. Será nuestra mejor contribución a la voluntad y posibilidad efectiva que tenga de mandar obedeciendo.
La jornada electoral no es un día para morirse cívicamente en la línea y con el último aliento de nuestras pasiones militantes, de nuestras fobias o antipatías. México es mucho más grande que un Presidente, incluso, que un proyecto político. Pero si le va bien al presidente, le irá bien a la nación y eso hay que acabarlo de entender.
La democracia no se agota para el ciudadano de a pie en el acto de votar, no acaso en el proselitismo o antielitismo vívido. Nos queda, en adelante (si es que no se ha hecho fuera del proceso electoral) la vena inacabada y fecunda de la participación. Democracia es un sustantivo complejo y más compleja realidad para la mayoría de quienes gozamos y sufrimos en este país. Nuestro voto es materialización expresa de nuestra razón, nada más pero igualmente, nada menos. Es papel descollante de los órganos electorales salvaguardar la razón política que haga mayoría.
Todo voto está dotado de razón; frívola o no. Y por ese solo hecho ha de respetarse. Si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, no hay forma de saberlo, pero sí tienen los gobiernos que eligen. Para eso fue diseñada la democracia representativa.
Está latente la posibilidad de que, después de varios sexenios, tengamos en México un presidente con mayoría partidista en el congreso. No habría entonces pretexto para la parálisis y ello obligaría más que nunca a la participación activa de los ciudadanos fuera de procesos electorales, preponderantemente como contralores de las decisiones que en uso de sus facultades constitucionales tome nuestro próximo presidente, incluidas las iniciativas de ley que se supone no tendrían problema en ser aprobadas.
Los partidos han dormido el sueño de los justos y en su letargo han despertado una grave crisis institucional. Pareciera que los miembros de las cúpulas partidistas han perdido la categoría de ciudadanos y se han convertido en una clase aparte con intereses egoístas y bien definidos: la obtención y el ejercicio del poder por el poder mismo.
#yo soy132 ha hecho una grieta al sistema. Su espíritu no debe morir con el triunfo o la derrota de Enrique Peña Nieto y si el mexiquense gana no debe ser su rumbo la oposición a ultranza. Inspirados en buenos ejemplos de la izquierda moderna, que no se ve por ningún lado en México como en otros países de América Latina, debe cundir como ejemplo a otras y diversas expresiones de jóvenes que enfundados en mezclilla y tenis generan conocimiento y esperanza desde las universidades. La política del espíritu y la política de la razón deben irrumpir con más fuerza el sexenio por venir a modo de contrapeso a la mediocrecracia o kakistocracia que inevitablemente seguirá presente desde los estados, comenzando por la nomenklatura de los partidos.
Lo escribí en twitter y facebook y lo sostengo: necesitamos políticos de mezclilla. Frescos, innovadores, arrojados, limpios, desinteresados, capaces; verdaderos políticos de la nueva generación que sacudan, incluso desde el pragmatismo el status quo.
Si el PRI gana, como prolongación de todas las encuestas, el escrutinio más grande habrá de darse al interior del mismo PRI. SI quiere reposicionarse como opción real programática y de decisión debe entregarse más que a su militancia, a la ciudadanía, comenzando por los hijos de sus militantes más tradicionales.
Raúl Jardón dijo que creía más en la izquierda porque de ese lado piensa más limpiamente el cerebro y late con más fuerza el corazón y en el pragmatismo peñanietista debe haber lugar para priístas de izquierda, de avanzada, de vanguardia. Una franja neorevolucionaria ilustrada y comprometida con los “sin nombre” que sea capaz de equilibrar los apellidos sexenales y arrebatar la estafeta a quienes, por razón biológica se niegan a dar los últimos coletazos.
No todos los jóvenes políticos son #132 pero cometerán un pecado cívico si permiten que al PRI lo sigan engullendo los mismos de siempre. Que el PRI desaparezca, suponiendo que fuera esto posible, de ninguna manera representaría un triunfo para México. Es un referente infaltable cuya estafeta solo necesita el próximo relevo.
Ejerzamos con dignidad, con seguridad y apegados a nuestra propia conciencia el voto. Que sea un voto por la paz y la tranquilidad.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
viernes, 22 de junio de 2012
LA ELECCIÓN QUE VIENE
El próximo 1 de julio se actualiza el ritual sexenal. Mujeres y hombres mayores de 18 años y con credencial plastificada en mano, participarán en democracia y patentizarán el carácter también representativo de nuestra república.
La jornada electoral debía traducir en votos muchas cosas. La realidad, sin embargo, se impone y la aún incipiente cultura política del mexicano promedio hace de su voto una simple manifestación de simpatía o antipatía. Las plataformas electorales de partidos y coaliciones no importan, porque se archivan en el IFE; y las propuestas de campaña no han dejado de ser meras ocurrencias. Aunque no tengan que ver con lo sustantivo de la elección, es lo único que da parámetros a la gente, además de los historiales y apariencia personal de los candidatos.
La presidencial es una guerra de figuras, de personalidades. Los proyectos de partido son adyacentes, no dan luz a los votantes. Si un referente tuvo esta campaña fue el candidato del PRI; el discurso político caminó en torno a Peña Nieto: a favor o en contra. De ahí que las campañas de sus opositores hayan tenido en su segunda mitad un sello de negatividad, de negritud.
Peña era el favorito antes de iniciar las campañas, lo era incluso antes de iniciar el proceso electoral 2012. Por las razones que ya todos conocemos era el adversario común. No se trataba de sumar puntos para la causa de Andrés Manuel o Josefina. Ello sería resultante natural del menoscabo porcentual de mexiquense. La historia de casi siempre: construir el triunfo sobre la ruina de otro.
En una semana sabremos qué tan exitosa resultó la estrategia frente al fenómeno Peña Nieto. Partiendo de certezas, se antoja difícil verle en segundo lugar. 12 puntos porcentuales en la más adversa de las encuestas la semana anterior a la votación sugieren que las preocupaciones del mexiquense deberán estar a este momento en cómo reconciliar la parte de México que nuevamente se dividió, se polarizó. Comenzará a hablar cada vez menos como candidato y cada vez más como próximo presidente.
¿Cuál habrá de ser su suerte entre los votantes oaxaqueños? Necio sería cerrar los ojos ante la simpatía Obradorista en tierra de Juárez, a la vorágine del priísmo local que sigue lastimosamente dividido y en medio del cobro y pago de afrentas y facturas; y ante el trabajo político del gobernador a favor de sus candidatos.
Peña Nieto y su campaña, sin embargo, se mueven en Oaxaca con una estrategia en varias direcciones que le aporta una importante divisa: cualquiera que sea el resultado, obtendrá sin duda, un mayor número de votos que los candidatos a diputados y senadores que compiten por el PRI. Al mexiquense le interesa el mejor resultado posible en Oaxaca y por ello mientras algunas expresiones del priísmo trabajan para candidatos al senado y algunas otras para candidatos a diputados federales, todas lo hacen para EPN. El voto diferenciado para el PRI, será en Oaxaca, más sensible que para la derecha y la izquierda. La fortaleza electoral de Peña está en su propio estado y en los del norte, pero, sin duda en los del sur y sureste recuperará con sólo su nombre mucho de lo que se perdió en su momento con Roberto Madrazo.
El jueves pasado hizo su última visita a Oaxaca como candidato y prometió regresar como presidente. La promesa está de más, si conforme a todos los pronósticos gana la elección, tiene que regresar. Lo interesante será ver si como presidente priísta seguirá en la conveniente displiscencia respecto de la situación del PRI en Oaxaca.
Seguramente que no y lo que habrá de pasar con la estructura el PRI en nuestro estado depende en mucho de las resultantes del próximo domingo. Pasando el huracán del 1 de julio, Oaxaca vivirá casi en lo inmediato la elección de nuevo presidente del PRI. Al tiempo…
moisesmolinar@hotmail.com
La jornada electoral debía traducir en votos muchas cosas. La realidad, sin embargo, se impone y la aún incipiente cultura política del mexicano promedio hace de su voto una simple manifestación de simpatía o antipatía. Las plataformas electorales de partidos y coaliciones no importan, porque se archivan en el IFE; y las propuestas de campaña no han dejado de ser meras ocurrencias. Aunque no tengan que ver con lo sustantivo de la elección, es lo único que da parámetros a la gente, además de los historiales y apariencia personal de los candidatos.
La presidencial es una guerra de figuras, de personalidades. Los proyectos de partido son adyacentes, no dan luz a los votantes. Si un referente tuvo esta campaña fue el candidato del PRI; el discurso político caminó en torno a Peña Nieto: a favor o en contra. De ahí que las campañas de sus opositores hayan tenido en su segunda mitad un sello de negatividad, de negritud.
Peña era el favorito antes de iniciar las campañas, lo era incluso antes de iniciar el proceso electoral 2012. Por las razones que ya todos conocemos era el adversario común. No se trataba de sumar puntos para la causa de Andrés Manuel o Josefina. Ello sería resultante natural del menoscabo porcentual de mexiquense. La historia de casi siempre: construir el triunfo sobre la ruina de otro.
En una semana sabremos qué tan exitosa resultó la estrategia frente al fenómeno Peña Nieto. Partiendo de certezas, se antoja difícil verle en segundo lugar. 12 puntos porcentuales en la más adversa de las encuestas la semana anterior a la votación sugieren que las preocupaciones del mexiquense deberán estar a este momento en cómo reconciliar la parte de México que nuevamente se dividió, se polarizó. Comenzará a hablar cada vez menos como candidato y cada vez más como próximo presidente.
¿Cuál habrá de ser su suerte entre los votantes oaxaqueños? Necio sería cerrar los ojos ante la simpatía Obradorista en tierra de Juárez, a la vorágine del priísmo local que sigue lastimosamente dividido y en medio del cobro y pago de afrentas y facturas; y ante el trabajo político del gobernador a favor de sus candidatos.
Peña Nieto y su campaña, sin embargo, se mueven en Oaxaca con una estrategia en varias direcciones que le aporta una importante divisa: cualquiera que sea el resultado, obtendrá sin duda, un mayor número de votos que los candidatos a diputados y senadores que compiten por el PRI. Al mexiquense le interesa el mejor resultado posible en Oaxaca y por ello mientras algunas expresiones del priísmo trabajan para candidatos al senado y algunas otras para candidatos a diputados federales, todas lo hacen para EPN. El voto diferenciado para el PRI, será en Oaxaca, más sensible que para la derecha y la izquierda. La fortaleza electoral de Peña está en su propio estado y en los del norte, pero, sin duda en los del sur y sureste recuperará con sólo su nombre mucho de lo que se perdió en su momento con Roberto Madrazo.
El jueves pasado hizo su última visita a Oaxaca como candidato y prometió regresar como presidente. La promesa está de más, si conforme a todos los pronósticos gana la elección, tiene que regresar. Lo interesante será ver si como presidente priísta seguirá en la conveniente displiscencia respecto de la situación del PRI en Oaxaca.
Seguramente que no y lo que habrá de pasar con la estructura el PRI en nuestro estado depende en mucho de las resultantes del próximo domingo. Pasando el huracán del 1 de julio, Oaxaca vivirá casi en lo inmediato la elección de nuevo presidente del PRI. Al tiempo…
moisesmolinar@hotmail.com
sábado, 4 de febrero de 2012
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
A la memoria de mi querido maestro y amigo Heriberto Cortés,
El inmortal “CHIVAS” de la EST 85. Formador de generaciones
En las que su recuerdo seguirá vivo. Los hombres no mueren
Mientras viven en las mentes de otros hombres.
Dos felices acontecimientos relacionados con la misma circunstancia, se sucedieron en los días finales de la semana pasada: el congreso del estado anuncia el Certamen Nacional de Oratoria “Benito Juárez García” en cumplimiento del decreto que ordena su realización en el mes de marzo de cada año; y el departamento de educación secundaria técnica realiza en el Instituto Pedagógico “Margarita Aguilar Díaz” la fase zonal de su concurso estatal de oratoria.
De la trascendencia del primero huelga referir. Sólo diremos que la nuestra, es la única entidad federativa que, en el país, institucionaliza una competencia de esta índole mediante decreto del Poder Legislativo. EL 16 de marzo Oaxaca será nuevamente anfitriona de jóvenes de todo el país que vienen, más que a competir por un premio, a infringirnos una lección de que las palabras se hicieron para decir la verdad y a reeditar el adagio que nos enseña que en el principio era el verbo.
La edición de este año cobra una especial relevancia. Coincide con la elección de nuestro próximo presidente y de quienes desde el Congreso de la Unión tendrán la obligación y el alto compromiso de traducir en leyes, soluciones a los problemas de México.
El ejercicio de la expresión oral es indisoluble de la acción política y más que obligado en el poder legislativo. No por nada, los congresos son parlamentos y la actividad de “parlar” es el principal fundamento de su Honorabilidad, el basamento del H. Congreso de la Unión. Y es que los diputados y senadores –amable lector- debían ser por antonomasia tribunos, si no se les quiere llamar oradores. El agente transformador de la realidad jurídica y política de un país es en última instancia el lenguaje y su unidad: la palabra. Palabra escrita y palabra hablada.
Hoy más que nunca, ante una realidad de inseguridad, muerte, pobreza y descomposición social; de analfabetismo, hambruna y falta de oportunidades que victimizan a un número histórico de jóvenes, los mexicanos necesitan en qué creer. Esperan el planteamiento de un rumbo claro, de un proyecto que dibuje las metas, pero también la ruta, el camino; un proyecto con voceros que muevan a las urnas a los millones de mexicanos que saben que el país padece una crisis más grave que la económica. Un proyecto que emocione con los pies bien plantados en la tierra. El mexicano, hace tiempo que sepultó sus sueños en el pantano del desencanto y nuestra clase política perdió la capacidad de imaginar; que mutiló la política y la redefinió en razón del poder diluido y con él de la componenda, del pacto, de la negociación, de las “razones de partido”.
La alexitimia es el desorden neurológico que consiste en la incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal. Nuestros políticos, sin siquiera imaginarlo, en su inmensa mayoría la padecen.
Candidatos grises, parcos, lacónicos, huecos, esclavos de los “lugares comunes”. Demagogos que traicionando el valor de las palabras asumen cada campaña como una obra de teatro donde se puede ser lobo, primero y oveja, en la siguiente representación.
Escucharemos, durante las campañas, invariablemente los mismos guiones en municipios y estados distintos. Serán los candidatos, repetidores solícitos de idénticos monólogos; que asumirán sus intervenciones públicas como un requisito incómodo que preserva el ritual trienial o sexenal, hablando más de lo que se comunica. Los altos porcentajes de abstencionismo y el creciente proselitismo a favor del voto nulo han puesto en jaque a nuestra democracia que de representativa tiene cada vez menos. Los menos deciden por la inmensa mayoría que rumia su insatisfacción y exhibe cada que puede su impotencia con un dejo de desprecio por la que debiera ser la más noble de todas las actividades humanas: la política.
¿Qué hacer ante esta realidad? Volver al origen, al principio. Reencontrarnos con las palabras que extraviamos hace tiempo. El lenguaje es el rasgo más distintivo entre el género humano y las bestias y olvidamos su correcto uso.
El poder transformador de las palabras existe. Alguna explicación debe esgrimirse ante el desdén o antipatía tan extendido que nuestros políticos tienen por quienes, cual artesanos, buscan rehacer de las tribunas lo que alguna vez fueron: Simple y sencillamente, no saben qué decir, ni cómo decirlo. Tartamudos de la conciencia.
Twitter: @MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com
www.moises-molina.blogspot.com
Moisés MOLINA
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
A la memoria de mi querido maestro y amigo Heriberto Cortés,
El inmortal “CHIVAS” de la EST 85. Formador de generaciones
En las que su recuerdo seguirá vivo. Los hombres no mueren
Mientras viven en las mentes de otros hombres.
Dos felices acontecimientos relacionados con la misma circunstancia, se sucedieron en los días finales de la semana pasada: el congreso del estado anuncia el Certamen Nacional de Oratoria “Benito Juárez García” en cumplimiento del decreto que ordena su realización en el mes de marzo de cada año; y el departamento de educación secundaria técnica realiza en el Instituto Pedagógico “Margarita Aguilar Díaz” la fase zonal de su concurso estatal de oratoria.
De la trascendencia del primero huelga referir. Sólo diremos que la nuestra, es la única entidad federativa que, en el país, institucionaliza una competencia de esta índole mediante decreto del Poder Legislativo. EL 16 de marzo Oaxaca será nuevamente anfitriona de jóvenes de todo el país que vienen, más que a competir por un premio, a infringirnos una lección de que las palabras se hicieron para decir la verdad y a reeditar el adagio que nos enseña que en el principio era el verbo.
La edición de este año cobra una especial relevancia. Coincide con la elección de nuestro próximo presidente y de quienes desde el Congreso de la Unión tendrán la obligación y el alto compromiso de traducir en leyes, soluciones a los problemas de México.
El ejercicio de la expresión oral es indisoluble de la acción política y más que obligado en el poder legislativo. No por nada, los congresos son parlamentos y la actividad de “parlar” es el principal fundamento de su Honorabilidad, el basamento del H. Congreso de la Unión. Y es que los diputados y senadores –amable lector- debían ser por antonomasia tribunos, si no se les quiere llamar oradores. El agente transformador de la realidad jurídica y política de un país es en última instancia el lenguaje y su unidad: la palabra. Palabra escrita y palabra hablada.
Hoy más que nunca, ante una realidad de inseguridad, muerte, pobreza y descomposición social; de analfabetismo, hambruna y falta de oportunidades que victimizan a un número histórico de jóvenes, los mexicanos necesitan en qué creer. Esperan el planteamiento de un rumbo claro, de un proyecto que dibuje las metas, pero también la ruta, el camino; un proyecto con voceros que muevan a las urnas a los millones de mexicanos que saben que el país padece una crisis más grave que la económica. Un proyecto que emocione con los pies bien plantados en la tierra. El mexicano, hace tiempo que sepultó sus sueños en el pantano del desencanto y nuestra clase política perdió la capacidad de imaginar; que mutiló la política y la redefinió en razón del poder diluido y con él de la componenda, del pacto, de la negociación, de las “razones de partido”.
La alexitimia es el desorden neurológico que consiste en la incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal. Nuestros políticos, sin siquiera imaginarlo, en su inmensa mayoría la padecen.
Candidatos grises, parcos, lacónicos, huecos, esclavos de los “lugares comunes”. Demagogos que traicionando el valor de las palabras asumen cada campaña como una obra de teatro donde se puede ser lobo, primero y oveja, en la siguiente representación.
Escucharemos, durante las campañas, invariablemente los mismos guiones en municipios y estados distintos. Serán los candidatos, repetidores solícitos de idénticos monólogos; que asumirán sus intervenciones públicas como un requisito incómodo que preserva el ritual trienial o sexenal, hablando más de lo que se comunica. Los altos porcentajes de abstencionismo y el creciente proselitismo a favor del voto nulo han puesto en jaque a nuestra democracia que de representativa tiene cada vez menos. Los menos deciden por la inmensa mayoría que rumia su insatisfacción y exhibe cada que puede su impotencia con un dejo de desprecio por la que debiera ser la más noble de todas las actividades humanas: la política.
¿Qué hacer ante esta realidad? Volver al origen, al principio. Reencontrarnos con las palabras que extraviamos hace tiempo. El lenguaje es el rasgo más distintivo entre el género humano y las bestias y olvidamos su correcto uso.
El poder transformador de las palabras existe. Alguna explicación debe esgrimirse ante el desdén o antipatía tan extendido que nuestros políticos tienen por quienes, cual artesanos, buscan rehacer de las tribunas lo que alguna vez fueron: Simple y sencillamente, no saben qué decir, ni cómo decirlo. Tartamudos de la conciencia.
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POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
Dos felices acontecimientos relacionados con la misma circunstancia, se sucedieron en los días finales de la semana que termina. El congreso del estado anuncia el Certamen Nacional de Oratoria “Benito Juárez García” en cumplimiento del decreto que ordena su realización en el mes de marzo de cada año; y el departamento de educación secundaria técnica realiza en el Instituto Pedagógico “Margarita Aguilar Díaz” la fase zonal de su concurso estatal de oratoria.
De la trascendencia del primero huelga referir. Sólo diremos que la nuestra, es la única entidad federativa que, en el país, institucionaliza una competencia de esta índole mediante decreto del Poder Legislativo. EL 16 de marzo Oaxaca será nuevamente anfitriona de jóvenes de todo el país que vienen, más que a competir por un premio, a infringirnos una lección de que las palabras se hicieron para decir la verdad y a reeditar el adagio que nos enseña que en el principio era el verbo.
La edición de este año cobra una especial relevancia. Coincide con la elección de nuestro próximo presidente y de quienes desde el Congreso de la Unión tendrán la obligación y el alto compromiso de traducir en leyes, soluciones a los problemas de México.
El ejercicio de la expresión oral es indisoluble de la acción política y más que obligado en el poder legislativo. No por nada, los congresos son parlamentos y la actividad de “parlar” es el principal fundamento de su Honorabilidad, el basamento del H. Congreso de la Unión. Y es que los diputados y senadores –amable lector- debían ser por antonomasia tribunos, si no se les quiere llamar oradores. El agente transformador de la realidad jurídica y política de un país es en última instancia el lenguaje y su unidad: la palabra. Palabra escrita y palabra hablada.
Hoy más que nunca, ante una realidad de inseguridad, muerte, pobreza y descomposición social; de analfabetismo, hambruna y falta de oportunidades que victimizan a un número histórico de jóvenes, los mexicanos necesitan en qué creer. Esperan el planteamiento de un rumbo claro, de un proyecto que dibuje las metas, pero también la ruta, el camino; un proyecto con voceros que muevan a las urnas a los millones de mexicanos que saben que el país padece una crisis más grave que la económica. Un proyecto que emocione con los pies bien plantados en la tierra. El mexicano, hace tiempo que sepultó sus sueños en el pantano del desencanto y nuestra clase política perdió la capacidad de imaginar; que mutiló la política y la redefinió en razón del poder diluido y con él de la componenda, del pacto, de la negociación, de las “razones de partido”.
La alexitimia es el desorden neurológico que consiste en la incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal. Nuestros políticos, sin siquiera imaginarlo, en su inmensa mayoría la padecen.
Candidatos grises, parcos, lacónicos, huecos, esclavos de los “lugares comunes”. Demagogos que traicionando el valor de las palabras asumen cada campaña como una obra de teatro donde se puede ser lobo, primero y oveja, en la siguiente representación.
Escucharemos, durante las campañas, invariablemente los mismos guiones en municipios y estados distintos. Serán los candidatos, repetidores solícitos de idénticos monólogos; que asumirán sus intervenciones públicas como un requisito incómodo que preserva el ritual trienial o sexenal, hablando más de lo que se comunica. Los altos porcentajes de abstencionismo y el creciente proselitismo a favor del voto nulo han puesto en jaque a nuestra democracia que de representativa tiene cada vez menos. Los menos deciden por la inmensa mayoría que rumia su insatisfacción y exhibe cada que puede su impotencia con un dejo de desprecio por la que debiera ser la más noble de todas las actividades humanas: la política.
¿Qué hacer ante esta realidad? Volver al origen, al principio. Reencontrarnos con las palabras que extraviamos hace tiempo. El lenguaje es el rasgo más distintivo entre el género humano y las bestias y olvidamos su correcto uso.
El poder transformador de las palabras existe. Alguna explicación debe esgrimirse ante el desdén o antipatía tan extendido que nuestros políticos tienen por quienes, cual artesanos, buscan rehacer de las tribunas lo que alguna vez fueron: Simple y sencillamente, no saben qué decir, ni cómo decirlo. Tartamudos de la conciencia.
Twitter: @MoisesMolina
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Moisés MOLINA
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
Dos felices acontecimientos relacionados con la misma circunstancia, se sucedieron en los días finales de la semana que termina. El congreso del estado anuncia el Certamen Nacional de Oratoria “Benito Juárez García” en cumplimiento del decreto que ordena su realización en el mes de marzo de cada año; y el departamento de educación secundaria técnica realiza en el Instituto Pedagógico “Margarita Aguilar Díaz” la fase zonal de su concurso estatal de oratoria.
De la trascendencia del primero huelga referir. Sólo diremos que la nuestra, es la única entidad federativa que, en el país, institucionaliza una competencia de esta índole mediante decreto del Poder Legislativo. EL 16 de marzo Oaxaca será nuevamente anfitriona de jóvenes de todo el país que vienen, más que a competir por un premio, a infringirnos una lección de que las palabras se hicieron para decir la verdad y a reeditar el adagio que nos enseña que en el principio era el verbo.
La edición de este año cobra una especial relevancia. Coincide con la elección de nuestro próximo presidente y de quienes desde el Congreso de la Unión tendrán la obligación y el alto compromiso de traducir en leyes, soluciones a los problemas de México.
El ejercicio de la expresión oral es indisoluble de la acción política y más que obligado en el poder legislativo. No por nada, los congresos son parlamentos y la actividad de “parlar” es el principal fundamento de su Honorabilidad, el basamento del H. Congreso de la Unión. Y es que los diputados y senadores –amable lector- debían ser por antonomasia tribunos, si no se les quiere llamar oradores. El agente transformador de la realidad jurídica y política de un país es en última instancia el lenguaje y su unidad: la palabra. Palabra escrita y palabra hablada.
Hoy más que nunca, ante una realidad de inseguridad, muerte, pobreza y descomposición social; de analfabetismo, hambruna y falta de oportunidades que victimizan a un número histórico de jóvenes, los mexicanos necesitan en qué creer. Esperan el planteamiento de un rumbo claro, de un proyecto que dibuje las metas, pero también la ruta, el camino; un proyecto con voceros que muevan a las urnas a los millones de mexicanos que saben que el país padece una crisis más grave que la económica. Un proyecto que emocione con los pies bien plantados en la tierra. El mexicano, hace tiempo que sepultó sus sueños en el pantano del desencanto y nuestra clase política perdió la capacidad de imaginar; que mutiló la política y la redefinió en razón del poder diluido y con él de la componenda, del pacto, de la negociación, de las “razones de partido”.
La alexitimia es el desorden neurológico que consiste en la incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal. Nuestros políticos, sin siquiera imaginarlo, en su inmensa mayoría la padecen.
Candidatos grises, parcos, lacónicos, huecos, esclavos de los “lugares comunes”. Demagogos que traicionando el valor de las palabras asumen cada campaña como una obra de teatro donde se puede ser lobo, primero y oveja, en la siguiente representación.
Escucharemos, durante las campañas, invariablemente los mismos guiones en municipios y estados distintos. Serán los candidatos, repetidores solícitos de idénticos monólogos; que asumirán sus intervenciones públicas como un requisito incómodo que preserva el ritual trienial o sexenal, hablando más de lo que se comunica. Los altos porcentajes de abstencionismo y el creciente proselitismo a favor del voto nulo han puesto en jaque a nuestra democracia que de representativa tiene cada vez menos. Los menos deciden por la inmensa mayoría que rumia su insatisfacción y exhibe cada que puede su impotencia con un dejo de desprecio por la que debiera ser la más noble de todas las actividades humanas: la política.
¿Qué hacer ante esta realidad? Volver al origen, al principio. Reencontrarnos con las palabras que extraviamos hace tiempo. El lenguaje es el rasgo más distintivo entre el género humano y las bestias y olvidamos su correcto uso.
El poder transformador de las palabras existe. Alguna explicación debe esgrimirse ante el desdén o antipatía tan extendido que nuestros políticos tienen por quienes, cual artesanos, buscan rehacer de las tribunas lo que alguna vez fueron: Simple y sencillamente, no saben qué decir, ni cómo decirlo. Tartamudos de la conciencia.
Twitter: @MoisesMolina
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sábado, 28 de enero de 2012
¿POR QUÉ NEGARON EL REGISTRO A LOS DOCTORES?
LA X EN LA FRENTE
Moisés Molina
¿POR QUÉ NEGARON EL REGISTRO A LOS DOCTORES?
¿Ha aprovechado el PRI su travesía por el desierto
para hacer un examen de conciencia de sus
hábitos corruptos y usos no democráticos?
R. Bartra
Algunas críticas –ofensivas algunas- ha recibido quien esto escribe por los últimos textos dedicados al PRI. La crítica que construye, es decir, la que propone e invita a la libre reflexión me resulta necesaria y hasta indispensable para cualquier organización política en crisis, como lo está el PRI oaxaqueño al momento actual. Escribo “crisis” no en su corta acepción de caos, sino más apegada a la de “oportunidad”. Einstein decía que las crisis traen consigo oportunidades.
El PRI es, como lo dice en sus primeras palabras la Declaración de Principios: “una fuerza política”, pero como partido político es constitucionalmente (Artículo 41 CPEUM) una organización de ciudadanos. Los priístas somos ciudadanos con militancia y tenemos por igual, el derecho a escribir y decir cuanto estimamos es lo mejor para el partido en el que decidimos militar o con el que nos une la simpatía. Es además una de nuestras “garantías” (Estatutos. Art 57 fr I).
La decisión de ir con una sola fórmula, de las dos registradas para contender por el senado, ha sido la detonante de esta especie de intolerancia doméstica. El “bullying” partidista se ha enderezado en diferentes grados y en todas direcciones como si disentir o pensar diferente de quienes actúan como dueños del partido en Oaxaca, fuese una declaración de guerra. El PRI irá unido, que se acabe de entender. Enrique Peña Nieto es factor indiscutible de unidad.
A Nieves García y Martín Vásquez les fue negado el registro. En sendo dictamen publicado en la página oficial del PRI, las razones parecen convincentes. De ser cierto cuanto la Comisión Nacional de Procesos Internos consignó en sus considerandos, los resolutivos serían irrecurribles. Los doctores anuncian, sin embargo, que defenderán sus derechos políticos. Mediante un Juicio de Protección de los Derechos Político-Electorales del Ciudadano (JDC) irán “per saltum” al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Están convencidos de que en cancha del CEN no tienen ya nada que hacer y obvian por ello el Reglamento de Medios de Impugnación priísta que, en su artículo 5 les reserva el “Recurso de Inconformidad” para “dictámenes de aceptación o negativa de registro de precandidatos y candidatos” que habría de resolver la Comisión Nacional de Justicia Partidaria.
¿Cual fue la razón jurídica (la política, los doctores la han publicitado con claridad) de haberles negado el registro? El incumplimiento de los requisitos de la convocatoria publicada el 29 de noviembre de 2011. Y de entre ellos los exigidos en su base sexta; para más especificidad, el de los “apoyos”. Los aspirantes podían registrarse con cualquiera de los siguientes: 25% de los comités municipales (como presuntamente lo hicieron Eviel y Sofía); o 25% de los sectores (CNC, CNOP, CTM), Movimiento Territorial, Organismo de Mujeres Priístas, Frente Juvenil Revolucionario y Unidad Revolucionaria; o 25% de los consejeros políticos que residan en la entidad (vía por la que habrían optado Martín y Nieves); o 10% de afiliados inscritos en el registro partidario correspondiente. (Que en Oaxaca no aplica, porque nunca ha existido en nuestro estado la figura estatutaria del Registro Partidario dependiente de la Secretaría de Organización. (Estatutos. Art 55)).
El fondo del asunto está pues –amable lector- en acreditar alguno -sólo uno- de los “apoyos” enunciados. De acreditarse, el tribunal exhibiría de modo terrible a órgano colegiado que hace las veces de árbitro en una contienda y tiene el alto cometido de la imparcialidad. Y de no darse, los doctores tendrán que reconocer que se equivocaron.
Una cosa es cierta, los requisitos que siempre son incluidos en la convocatoria a modo de candados, Nieves y Martín los sortearon: la constancia de pago de cuotas y la acreditación de conocimiento de documentos básicos, lo demás debió ser mero trámite.
La decisión del TEPJF será de mucha trascendencia para la vida de un partido que no logra traducir plenamente la novedad de las palabras a los hechos. Sea cual fuere el desenlace, la cultura de la línea ha recibido, después de mucho tiempo y una peculiar circunstancia, ya un duro golpe. A muchos priístas o ciudadanos sin partido, nos gustaría ser partícipes o espectadores de una contienda interna; sacar de nuestro libro básico los artículos y convertirlos en sufragio, libertad y secrecía. La democracia interna la inventaron para vivirla, para practicarla ¿por qué entonces dejarla encerrada tras el cerrojo de la componenda y sepultada por la cultura de la línea? Fe y esperanza es lo que queda para las nuevas generaciones de priístas que parecen dibujadas por Günter Grass: “vivíamos entre escombros, sin comida, pero al mismo tiempo había una sensación renovadora: podíamos empezar de nuevo. La divisa era: “no es posible caer más abajo””.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Moisés Molina
¿POR QUÉ NEGARON EL REGISTRO A LOS DOCTORES?
¿Ha aprovechado el PRI su travesía por el desierto
para hacer un examen de conciencia de sus
hábitos corruptos y usos no democráticos?
R. Bartra
Algunas críticas –ofensivas algunas- ha recibido quien esto escribe por los últimos textos dedicados al PRI. La crítica que construye, es decir, la que propone e invita a la libre reflexión me resulta necesaria y hasta indispensable para cualquier organización política en crisis, como lo está el PRI oaxaqueño al momento actual. Escribo “crisis” no en su corta acepción de caos, sino más apegada a la de “oportunidad”. Einstein decía que las crisis traen consigo oportunidades.
El PRI es, como lo dice en sus primeras palabras la Declaración de Principios: “una fuerza política”, pero como partido político es constitucionalmente (Artículo 41 CPEUM) una organización de ciudadanos. Los priístas somos ciudadanos con militancia y tenemos por igual, el derecho a escribir y decir cuanto estimamos es lo mejor para el partido en el que decidimos militar o con el que nos une la simpatía. Es además una de nuestras “garantías” (Estatutos. Art 57 fr I).
La decisión de ir con una sola fórmula, de las dos registradas para contender por el senado, ha sido la detonante de esta especie de intolerancia doméstica. El “bullying” partidista se ha enderezado en diferentes grados y en todas direcciones como si disentir o pensar diferente de quienes actúan como dueños del partido en Oaxaca, fuese una declaración de guerra. El PRI irá unido, que se acabe de entender. Enrique Peña Nieto es factor indiscutible de unidad.
A Nieves García y Martín Vásquez les fue negado el registro. En sendo dictamen publicado en la página oficial del PRI, las razones parecen convincentes. De ser cierto cuanto la Comisión Nacional de Procesos Internos consignó en sus considerandos, los resolutivos serían irrecurribles. Los doctores anuncian, sin embargo, que defenderán sus derechos políticos. Mediante un Juicio de Protección de los Derechos Político-Electorales del Ciudadano (JDC) irán “per saltum” al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Están convencidos de que en cancha del CEN no tienen ya nada que hacer y obvian por ello el Reglamento de Medios de Impugnación priísta que, en su artículo 5 les reserva el “Recurso de Inconformidad” para “dictámenes de aceptación o negativa de registro de precandidatos y candidatos” que habría de resolver la Comisión Nacional de Justicia Partidaria.
¿Cual fue la razón jurídica (la política, los doctores la han publicitado con claridad) de haberles negado el registro? El incumplimiento de los requisitos de la convocatoria publicada el 29 de noviembre de 2011. Y de entre ellos los exigidos en su base sexta; para más especificidad, el de los “apoyos”. Los aspirantes podían registrarse con cualquiera de los siguientes: 25% de los comités municipales (como presuntamente lo hicieron Eviel y Sofía); o 25% de los sectores (CNC, CNOP, CTM), Movimiento Territorial, Organismo de Mujeres Priístas, Frente Juvenil Revolucionario y Unidad Revolucionaria; o 25% de los consejeros políticos que residan en la entidad (vía por la que habrían optado Martín y Nieves); o 10% de afiliados inscritos en el registro partidario correspondiente. (Que en Oaxaca no aplica, porque nunca ha existido en nuestro estado la figura estatutaria del Registro Partidario dependiente de la Secretaría de Organización. (Estatutos. Art 55)).
El fondo del asunto está pues –amable lector- en acreditar alguno -sólo uno- de los “apoyos” enunciados. De acreditarse, el tribunal exhibiría de modo terrible a órgano colegiado que hace las veces de árbitro en una contienda y tiene el alto cometido de la imparcialidad. Y de no darse, los doctores tendrán que reconocer que se equivocaron.
Una cosa es cierta, los requisitos que siempre son incluidos en la convocatoria a modo de candados, Nieves y Martín los sortearon: la constancia de pago de cuotas y la acreditación de conocimiento de documentos básicos, lo demás debió ser mero trámite.
La decisión del TEPJF será de mucha trascendencia para la vida de un partido que no logra traducir plenamente la novedad de las palabras a los hechos. Sea cual fuere el desenlace, la cultura de la línea ha recibido, después de mucho tiempo y una peculiar circunstancia, ya un duro golpe. A muchos priístas o ciudadanos sin partido, nos gustaría ser partícipes o espectadores de una contienda interna; sacar de nuestro libro básico los artículos y convertirlos en sufragio, libertad y secrecía. La democracia interna la inventaron para vivirla, para practicarla ¿por qué entonces dejarla encerrada tras el cerrojo de la componenda y sepultada por la cultura de la línea? Fe y esperanza es lo que queda para las nuevas generaciones de priístas que parecen dibujadas por Günter Grass: “vivíamos entre escombros, sin comida, pero al mismo tiempo había una sensación renovadora: podíamos empezar de nuevo. La divisa era: “no es posible caer más abajo””.
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