LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
¿Y EL PACTO SOCIAL?
“Cada uno de nosotros entrega su persona
y todo su poder a la suprema dirección de
la voluntad general; como un cuerpo,
recibimos a cada miembro como
parte indivisible de la totalidad”
J.J Rousseau
A todo aquel que tenga una poco de conciencia de su condición ciudadana, le duelen acontecimientos como los que hoy sigue padeciendo Amoltepec. La retención de personas y el herimiento de bala de uno de sus pobladores, son solo síntomas y reflejo sensible de una problemática más profunda que ha echado raíces en varias comunidades de nuestro estado.
La ignorancia, cualquier tipo de ignorancia, no justifica el hecho de que los habitantes o los líderes de cualquier núcleo social consideren como legítima la posibilidad de hacerse justicia por propia mano, bajo las circunstancias que sean, independientemente de qué es lo que por “justo” y “necesario” entiendan.
La responsabilidad de todo gobierno es mantener y a más de ello, promover la cohesión social, noción que escapa de los libros y vuelve al lugar de donde los libros sólo la tomaron prestada para explicarla: la vida cotidiana, la dinámica social. Un conflicto social concreto puede no ser responsabilidad del gobierno (ni de sus actores ni de las leyes que le brindan orientación a la acción), pero un gobierno estatal o federal tiene responsabilidad en tanto no deja claro a todos sus gobernados, en los términos más llanos, la importancia del “pacto social” para la pervivencia de la comunidad política, para la vida en armonía… para la paz, como fundamento del bienestar, mucho más si bajo ese slogan de campaña llegó al poder. Los gobiernos puedes ser responsables en la medida en que mantienen ignorantes a sus todos sus gobernados respecto de esto y culpables por la inacción, por ser omisos en la solución cuando una problemática concreta se da.
Los municipios no son ínsulas aparte, no se autogobiernan más allá del artículo 115 constitucional y como entidades políticas forman parte de un pacto que en su aspecto más necesario les obliga a obedecer las leyes que todos nos hemos dado a través de nuestro poder legislativo. No debería haber más: o el Poder Ejecutivo concilia entre las partes en conflicto, la obediencia de las leyes que protegen la vida, la libertad y la propiedad fundamentalmente; o la aplica por medio del uso legítimo de la fuerza. Cuanto está pasando particularmente ahora, y no solo me refiero al caso Amoltepec, es que la línea que separa la imposición del estado de derecho y la “represión” se ha hecho más delgada, casi imperceptible y ante el miedo de cruzarla, se minimizan los conflictos y la vindicta privada se toma como moneda de cambio, sobre todo en municipios alejados del centro político: la capital del estado.
La doctrina del pacto social inherente a la democracia implica que los seres humanos cedemos nuestra vida y nuestro propio poder al gobierno encargado de aplicar las leyes que son buenas y justas desde el momento en que nosotros mismos las avalamos con la elección de quienes la hacen: los legisladores.
La justicia por propia mano en forma de toma de palacios municipales, bloqueos de vialidades, privación de la libertad, golpes y hasta homicidios, hecha muchas veces a impulsos de voluntades caprichosas para quienes el bienestar común no importa, requieren acción inmediata y decidida de los primeros garantes de la ley. Un gobierno se elige para hacer valer la ley, conciliada y pacíficamente o por la fuerza cuando la razón no encuentra cabida. Las leyes que carecen de sanción se convierten en normas imperfectas que solo sirven a analistas y amanuenses, pero no a la ciudadanía que vive en carne propia la anarquía, mucho menos a la comunidad política: federación, estados, municipios que deben vivir, no uniformados ideológicamente, pero sí unidos para el progreso común. El que nueve policías, representantes del orden se encuentren privados de su libertad por ciudadanos de Amoltepec es emblemático. Se necesitan acciones contundentes para que el mal ejemplo no cunda. Negociar la ley más allá de indebido ha sido casi siempre y en estos casos una mala ocurrencia, más aún cuando se hace por miedo y sacrificando el derecho de quienes conservan la vocación pacífica. Cunde el mal ejemplo y se envía un peligroso mensaje a ciudadanos, grupos y organizaciones que se sienten agraviados.
Casualmente recibo, mientras esto escribo, una llamada. No pocas organizaciones oaxaqueñas de cafetaleros tomarán en breve las calles. El motivo: incumplimiento de promesas de campaña. De ello abundaremos en otra entrega.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter @MoisesMolina
Facebook Moisés Molina
lunes, 6 de agosto de 2012
viernes, 27 de julio de 2012
¿QUÉ ESTÁ FALLANDO EN OAXACA?
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
¿QUÉ ESTÁ FALLANDO EN OAXACA?
“La ley es dura
Pero es la ley”
H. Kelsen
¿Son los ciudadanos oaxaqueños estoicos o dejados? ¿Renuentes al conflicto o complacientes con la ilegalidad? ¿Comprensivos de su gobierno o resignados a vivir en un estado de derecho reducido? ¿Partidarios del ejercicio de la política para dirimir conflictos o consientes de la aplicación imperfecta de las leyes? Sin duda hay de todo, pero el oaxaqueño ajeno a los roles gremiales, de partido o de gobierno siente un profundo malestar cuando sus intereses cotidianos de trabajo, estudio, esparcimiento y domésticos son afectados directa o indirectamente por la política.
Pocos derechos conculcados concitan tanto malestar y repudio como el de libre tránsito limitado en específico por otro que también tiene grado de garantía constitucional: el derecho subjetivo público que los habitantes tienen de libre reunión. Cuando dos derechos de la misma jerarquía constitucional se contraponen en la cotidianeidad sucede lo que esta semana hemos padecido con normalistas y taxistas.
La primera reacción es la impotencia seguida de la búsqueda de culpables que indefectiblemente desboca en una amenaza a la cohesión social cuya manutención en cierto gado, es uno de los fines mediatos y específicos de la política. Los Oaxaqueños sabemos que desde hace tiempo la ley ya no es dura, aunque sea ley.
Vallés define a la política como la “práctica o actividad colectiva que los miembros de una comunidad llevan a cabo … con la finalidad de regular conflictos entre grupos y cuyo resultado es la adopción de decisiones que obligan –por la fuerza si es preciso- a los miembros de la comunidad.”.
Los derechos de unos terminan donde comienzan los derechos de otros y el derecho de abrumadora mayoría de transitar libremente (sin limitaciones de forma, espacio o tiempo) no puede ni debe sacrificarse a favor del derecho que grupos minoritarios tienen de reunirse libremente.
Hay quien comentó en mi muro de Facebook que no se necesitan más leyes, que bastaría con que se apliquen las existentes. Considero, sin embargo, que para tener lo más claras posibles las reglas del juego en democracia y ante la tentación convertida en acciones por algunos, de tomar justicia por propia mano ejerciendo violencia para reclamar su derecho, es urgente una ley reglamentaria del artículo 19 de nuestra constitución local, referido a la libertad para manifestarse.
Los vecinos de la colonia Linda Vista que desbloquearon unos instantes la zona del monumento a la madre, miembros del FPR haciendo lo propio en inmediaciones del periférico, traileros dispuestos a prender fuego a los vehículos y pasarles “por encima”, turistas descendidos de sus autobuses para mover entre varios un taxi que les impedía pasar y ciudadanos convertidos en agentes de tránsito en el crucero de San Jacinto Amilpas ante la huida de los uniformados nos hacen preguntar ¿Qué está pasando en Oaxaca? ¿Por qué en temporada de nuestra máxima fiesta turística? ¿Por qué si sabemos que nuestro principal ingreso como estado es el turismo? ¿Por qué una demanda al gobierno, tiene que hacer de la vida de quienes nada tienen que ver, el infierno por un día?
Mucha sin razón por donde se le vea porque simple y sencillamente en Oaxaca no se está haciendo POLÍTICA. Ni los grupos de presión, ni el gobierno, ni los partidos. Los manifestantes organizados, ciegos e insensibles a la realidad de miles y a la economía del propio estado en el que también viven; el gobierno sin la voluntad ni la disposición de afrontar un eventual costo político empleando el uso legítimo de la fuerza pública y los partidos políticos, confinados en la cámara de diputados que han convertido en su único Oaxaca, cuando sus legisladores les hacen caso.
¿Y La ciudadanía? Esa siempre aguanta, esa puede esperar, a esa mañana se le olvida. Y en efecto –amable lector- el ciudadano es tolerante, hasta excesos criticados. Incapaces y apáticos para organizarse de manera seria y más o menos duradera, a algunos se les ha ido parte de la vida dando votos de castigo; se han resignado a que no sirva de nada. A diferencia de lo que ocurre en el país, en Oaxaca nuestra constitución en la última fracción de su artículo 50 autoriza a los ciudadanos a proponer iniciativas de ley al congreso del estado, que reforzadas con medios institucionales y públicamente eficaces de presión social evitarían que se vayan a la congeladora y obligarían a los legisladores, al menos a discutirlas.
La única solución que yo veo a corto plazo es la presión social a los partidos políticos para postular candidatos de peso completo que con su formación e historia de vida devuelvan la esperanza a los votantes y estén dispuestos a hacer el trabajo de interlocución que muchos políticos tradicionales ya no quieren hacer. Los votantes necesitan opciones encarnadas que conozcan y apliquen la declaración de principios y el programa de acción del partido que los postule. Nunca que yo sepa, al menos en el caso del PRI que conozco, se han hecho exámenes de acreditación de documentos básicos a pre candidatos, que exigen los estatutos y las respectivas convocatorias para poder postularse.
Cuando las candidaturas en todos los partidos dejen de verse como premios que, incluso, se pueden comprar y se asuman por los propios partidos como una alta responsabilidad, las cosas empezarán a cambiar. Los ciudadanos merecen nuevas expectativas y opciones completas, íntegras a la hora de entregar su voto. Así no solo se reducirá el abstencionismo, también se tendrá garantía de que quien resulte electo responderá por su partido, por sus principios y programa, que no por sus líderes o padrinos.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Moisés MOLINA
¿QUÉ ESTÁ FALLANDO EN OAXACA?
“La ley es dura
Pero es la ley”
H. Kelsen
¿Son los ciudadanos oaxaqueños estoicos o dejados? ¿Renuentes al conflicto o complacientes con la ilegalidad? ¿Comprensivos de su gobierno o resignados a vivir en un estado de derecho reducido? ¿Partidarios del ejercicio de la política para dirimir conflictos o consientes de la aplicación imperfecta de las leyes? Sin duda hay de todo, pero el oaxaqueño ajeno a los roles gremiales, de partido o de gobierno siente un profundo malestar cuando sus intereses cotidianos de trabajo, estudio, esparcimiento y domésticos son afectados directa o indirectamente por la política.
Pocos derechos conculcados concitan tanto malestar y repudio como el de libre tránsito limitado en específico por otro que también tiene grado de garantía constitucional: el derecho subjetivo público que los habitantes tienen de libre reunión. Cuando dos derechos de la misma jerarquía constitucional se contraponen en la cotidianeidad sucede lo que esta semana hemos padecido con normalistas y taxistas.
La primera reacción es la impotencia seguida de la búsqueda de culpables que indefectiblemente desboca en una amenaza a la cohesión social cuya manutención en cierto gado, es uno de los fines mediatos y específicos de la política. Los Oaxaqueños sabemos que desde hace tiempo la ley ya no es dura, aunque sea ley.
Vallés define a la política como la “práctica o actividad colectiva que los miembros de una comunidad llevan a cabo … con la finalidad de regular conflictos entre grupos y cuyo resultado es la adopción de decisiones que obligan –por la fuerza si es preciso- a los miembros de la comunidad.”.
Los derechos de unos terminan donde comienzan los derechos de otros y el derecho de abrumadora mayoría de transitar libremente (sin limitaciones de forma, espacio o tiempo) no puede ni debe sacrificarse a favor del derecho que grupos minoritarios tienen de reunirse libremente.
Hay quien comentó en mi muro de Facebook que no se necesitan más leyes, que bastaría con que se apliquen las existentes. Considero, sin embargo, que para tener lo más claras posibles las reglas del juego en democracia y ante la tentación convertida en acciones por algunos, de tomar justicia por propia mano ejerciendo violencia para reclamar su derecho, es urgente una ley reglamentaria del artículo 19 de nuestra constitución local, referido a la libertad para manifestarse.
Los vecinos de la colonia Linda Vista que desbloquearon unos instantes la zona del monumento a la madre, miembros del FPR haciendo lo propio en inmediaciones del periférico, traileros dispuestos a prender fuego a los vehículos y pasarles “por encima”, turistas descendidos de sus autobuses para mover entre varios un taxi que les impedía pasar y ciudadanos convertidos en agentes de tránsito en el crucero de San Jacinto Amilpas ante la huida de los uniformados nos hacen preguntar ¿Qué está pasando en Oaxaca? ¿Por qué en temporada de nuestra máxima fiesta turística? ¿Por qué si sabemos que nuestro principal ingreso como estado es el turismo? ¿Por qué una demanda al gobierno, tiene que hacer de la vida de quienes nada tienen que ver, el infierno por un día?
Mucha sin razón por donde se le vea porque simple y sencillamente en Oaxaca no se está haciendo POLÍTICA. Ni los grupos de presión, ni el gobierno, ni los partidos. Los manifestantes organizados, ciegos e insensibles a la realidad de miles y a la economía del propio estado en el que también viven; el gobierno sin la voluntad ni la disposición de afrontar un eventual costo político empleando el uso legítimo de la fuerza pública y los partidos políticos, confinados en la cámara de diputados que han convertido en su único Oaxaca, cuando sus legisladores les hacen caso.
¿Y La ciudadanía? Esa siempre aguanta, esa puede esperar, a esa mañana se le olvida. Y en efecto –amable lector- el ciudadano es tolerante, hasta excesos criticados. Incapaces y apáticos para organizarse de manera seria y más o menos duradera, a algunos se les ha ido parte de la vida dando votos de castigo; se han resignado a que no sirva de nada. A diferencia de lo que ocurre en el país, en Oaxaca nuestra constitución en la última fracción de su artículo 50 autoriza a los ciudadanos a proponer iniciativas de ley al congreso del estado, que reforzadas con medios institucionales y públicamente eficaces de presión social evitarían que se vayan a la congeladora y obligarían a los legisladores, al menos a discutirlas.
La única solución que yo veo a corto plazo es la presión social a los partidos políticos para postular candidatos de peso completo que con su formación e historia de vida devuelvan la esperanza a los votantes y estén dispuestos a hacer el trabajo de interlocución que muchos políticos tradicionales ya no quieren hacer. Los votantes necesitan opciones encarnadas que conozcan y apliquen la declaración de principios y el programa de acción del partido que los postule. Nunca que yo sepa, al menos en el caso del PRI que conozco, se han hecho exámenes de acreditación de documentos básicos a pre candidatos, que exigen los estatutos y las respectivas convocatorias para poder postularse.
Cuando las candidaturas en todos los partidos dejen de verse como premios que, incluso, se pueden comprar y se asuman por los propios partidos como una alta responsabilidad, las cosas empezarán a cambiar. Los ciudadanos merecen nuevas expectativas y opciones completas, íntegras a la hora de entregar su voto. Así no solo se reducirá el abstencionismo, también se tendrá garantía de que quien resulte electo responderá por su partido, por sus principios y programa, que no por sus líderes o padrinos.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
lunes, 23 de julio de 2012
CAMBIOS EN EL PRI ¿CUÁL ES LA PRISA?
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
CAMBIOS EN EL PRI ¿CUÁL ES LA PRISA?
“La ausencia de política –en condiciones de desigualdad-
Permitirá jugar con ventaja a los grupos que ocupan
Las posiciones más favorbles”
J M Vallés
Con el paso de los días, las cosas para el PRI oaxaqueño parecen irse clarificando en el delineamiento de su rumbo, al menos en la opinión publicada que, con más o con menos credibilidad y dignidad de confianza da luces, aporta elementos, sugiere fundamentadas alternativas o comenta lo aprehendido de primera mano.
Lo interesante es que los priístas ya no van a ciegas, ni en obediencia catatónica. La reflexión ha llegado -esperemos que para quedarse- y a más de ello, se comparte y se discute dentro de límites aceptables de civilidad y respeto. No todos los pareceres son acertados, pero tampoco todos errados. Sofismas aún circulan, así como verdades encubiertas y tendenciosas; pero las posiciones son claras: cambio o manutención; progresismo o conservadurismo; refundación o conmutación.
Todo parece indicar que será hasta la segunda semana de septiembre, una vez calificada la elección presidencial, cuando el proceso interno para elegir nueva dirigencia comience formal y públicamente. Contrario a lo que -incluso en medios- se ha dicho, sí urge.
El proceso electora local lo tenemos encima y el PRI viene de una aplastante derrota viendo los resultados finales: una de once diputaciones por la vía de mayoría y un solo escaño de primera minoría que se ganó perdiendo. Quienes han llamado a la calma preguntando ¿por qué la prisa? pretenden administrar la derrota, viendo por sí mismos y no por la institución. La parsimonia traerá solo más de lo mismo y el cambio obtenido será al final solo un reacomodo negociado; parte de la normalidad de la nueva oposición en Oaxaca.
Todo parte de certezas mínimas que deben tener los priístas.
1.- A Enrique Peña Nieto le interesa el rescate del PRI de Oaxaca tanto o más que los de otros estados donde el PRI es oposición. El nuevo escenario de repudio construido en buena medida artificialmente por el obradorismo requiere de voces de respaldo al proyecto de gobierno del nuevo presidente en todos los rincones del país y que mejor que los militantes priístas y ciudadanos convencidos de que el PRI es diferente.
2.- Una de las ofertas del mismo Peña fue un nuevo PRI, cuya percepción no debe “bajar” sino construirse desde los comités municipales y seccionales (hasta donde se pueda) en los estados. La única motivación de peso para los priístas que no se han ido, es la solidaridad de su presidente de la república.
3.- En la estrategia del mexiquense no caben posturas irreconciliables como la de los ex gobernadores. Es altamente probable que si decide premiar derrotas conceda algunos espacios de gobierno federal y responsabilidades partidarias a oaxaqueños confrontados, siempre que los acepten fuera del territorio oaxaqueño.
4.- Como máxima autoridad de facto del priísmo de México no aceptará presiones de ningún tipo y sus operadores en Oaxaca no son oaxaqueños inmersos en la dinámica priísta local.
5.- Primero pedirá las reglas y después los nombres. Todo pasará por su escritorio aunque de la forma más resumida comenzando por quienes integren la Comisión Estatal de Procesos Internos que no escapará al criterio refundador.
6.- Quienes quieran ser dirigentes habrán, con sus cualidades personales, de garantizar la aceptación, la unidad, la interlocución y el papel del PRI como verdadera oposición.
Los militantes deben, en tanto, hacer política partidista: discutir pública y abiertamente su pensar y su sentir; involucrarse en la toma de la más importante de nuestras decisiones en los últimos tiempos; asumir individualmente su importancia dentro del proceso y defender sus derechos como militante, estatutariamente reconocidos.
No existe disposición legal alguna que impida el cambio de dirigencia en proceso electoral como algunos lo han hecho creer ni argumento válido para aplazar nuestro proceso interno. La defensa jurídica del triunfo de Peña Nieto está en las mejores manos, en su equipo cercano. Aquí la mejor forma de ayudarle es generando las condiciones de libertad, participación responsable, compromiso partidista, tolerancia y respeto para construir entre todos un proceso interno digno del partido que todos queremos y que Oaxaca necesita: un nuevo PRI.
@MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com
Moisés MOLINA
CAMBIOS EN EL PRI ¿CUÁL ES LA PRISA?
“La ausencia de política –en condiciones de desigualdad-
Permitirá jugar con ventaja a los grupos que ocupan
Las posiciones más favorbles”
J M Vallés
Con el paso de los días, las cosas para el PRI oaxaqueño parecen irse clarificando en el delineamiento de su rumbo, al menos en la opinión publicada que, con más o con menos credibilidad y dignidad de confianza da luces, aporta elementos, sugiere fundamentadas alternativas o comenta lo aprehendido de primera mano.
Lo interesante es que los priístas ya no van a ciegas, ni en obediencia catatónica. La reflexión ha llegado -esperemos que para quedarse- y a más de ello, se comparte y se discute dentro de límites aceptables de civilidad y respeto. No todos los pareceres son acertados, pero tampoco todos errados. Sofismas aún circulan, así como verdades encubiertas y tendenciosas; pero las posiciones son claras: cambio o manutención; progresismo o conservadurismo; refundación o conmutación.
Todo parece indicar que será hasta la segunda semana de septiembre, una vez calificada la elección presidencial, cuando el proceso interno para elegir nueva dirigencia comience formal y públicamente. Contrario a lo que -incluso en medios- se ha dicho, sí urge.
El proceso electora local lo tenemos encima y el PRI viene de una aplastante derrota viendo los resultados finales: una de once diputaciones por la vía de mayoría y un solo escaño de primera minoría que se ganó perdiendo. Quienes han llamado a la calma preguntando ¿por qué la prisa? pretenden administrar la derrota, viendo por sí mismos y no por la institución. La parsimonia traerá solo más de lo mismo y el cambio obtenido será al final solo un reacomodo negociado; parte de la normalidad de la nueva oposición en Oaxaca.
Todo parte de certezas mínimas que deben tener los priístas.
1.- A Enrique Peña Nieto le interesa el rescate del PRI de Oaxaca tanto o más que los de otros estados donde el PRI es oposición. El nuevo escenario de repudio construido en buena medida artificialmente por el obradorismo requiere de voces de respaldo al proyecto de gobierno del nuevo presidente en todos los rincones del país y que mejor que los militantes priístas y ciudadanos convencidos de que el PRI es diferente.
2.- Una de las ofertas del mismo Peña fue un nuevo PRI, cuya percepción no debe “bajar” sino construirse desde los comités municipales y seccionales (hasta donde se pueda) en los estados. La única motivación de peso para los priístas que no se han ido, es la solidaridad de su presidente de la república.
3.- En la estrategia del mexiquense no caben posturas irreconciliables como la de los ex gobernadores. Es altamente probable que si decide premiar derrotas conceda algunos espacios de gobierno federal y responsabilidades partidarias a oaxaqueños confrontados, siempre que los acepten fuera del territorio oaxaqueño.
4.- Como máxima autoridad de facto del priísmo de México no aceptará presiones de ningún tipo y sus operadores en Oaxaca no son oaxaqueños inmersos en la dinámica priísta local.
5.- Primero pedirá las reglas y después los nombres. Todo pasará por su escritorio aunque de la forma más resumida comenzando por quienes integren la Comisión Estatal de Procesos Internos que no escapará al criterio refundador.
6.- Quienes quieran ser dirigentes habrán, con sus cualidades personales, de garantizar la aceptación, la unidad, la interlocución y el papel del PRI como verdadera oposición.
Los militantes deben, en tanto, hacer política partidista: discutir pública y abiertamente su pensar y su sentir; involucrarse en la toma de la más importante de nuestras decisiones en los últimos tiempos; asumir individualmente su importancia dentro del proceso y defender sus derechos como militante, estatutariamente reconocidos.
No existe disposición legal alguna que impida el cambio de dirigencia en proceso electoral como algunos lo han hecho creer ni argumento válido para aplazar nuestro proceso interno. La defensa jurídica del triunfo de Peña Nieto está en las mejores manos, en su equipo cercano. Aquí la mejor forma de ayudarle es generando las condiciones de libertad, participación responsable, compromiso partidista, tolerancia y respeto para construir entre todos un proceso interno digno del partido que todos queremos y que Oaxaca necesita: un nuevo PRI.
@MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com
domingo, 15 de julio de 2012
DESPUÉS DE LA CARTA
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
DESPUÉS DE LA CARTA
Con el rediseño institucional de la justicia electoral mexicana en 1996, la calificación de las elecciones federales pasó a ser cuestión eminentemente jurídica. Antes de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dejara de ser organismo constitucional autónomo para convertirse en tribunal especializado del Poder Judicial de México, la instancia encargada del acto final del proceso electoral era la Cámara de Diputados erigida en Colegio Electoral, haciendo de la calificación de la elección un acto esencialmente político.
Llegamos a la antesala final del proceso electoral 2011-2012 con normas constitucionales y reglamentarias suficientes y adecuadas para un Tribunal Electoral fuerte y ampliamente legitimado que imparta justicia y conceda razón y “sin razón” a las partes en conflicto.
El IFE cumplió su papel y declaró ganador de la elección a Enrique Peña Nieto y la única salida que le queda a “quien probada y reiteradamente ha sido un mal perdedor”, según el dicho de Pedro Joaquín Coldwell, es, después de haberse recontado más de la mitad de los votos emitidos en la elección presidencial, la desesperada exigencia de que se anule la elección.
El magistrado presidente del Tribunal anunció con anticipación, “irresponsablemente” para algunos, lo que parece obvio: “nadie ganará en la mesa lo que no ganó en las urnas” y es solo cuestión de tiempo para que Enrique Peña Nieto sea, con todas sus letras, Presidente Electo de México.
Las consideraciones anteriores y el anuncio de emisión de la convocatoria para renovar la dirigencia priísta que el delegado presidente del PRI en Oaxaca hizo a los medios el 4 de julio, motivaron mi carta del día jueves. ( Carta que pueden consultar en www.moises-molina.blogspot.com )
El PRI ya no creo que tenga nada que perder y sí mucho que ganar en Oaxaca con una elección por voto universal de su dirigencia. Personajes de reconocida y probada trayectoria, en base a su experiencia juzgaron que los resultados serían incluso más devastadores que los sufridos el primero de julio. Advirtieron que la división, evidente al interior de parte importante de la militancia, se ahondaría en intensidad y que la reedición de las viejas prácticas de campaña acabarían por hacer al partido aún más impresentable ante la ciudadanía.
Es una verdad que parte de la displicencia de las dirigencias tricolores recayó en la ausencia de un registro partidario, un padrón de miembros credencializados que nos aportara bases para una democracia interna de calidad. No obstante, es mi creencia, que elegir a nuestr@ president@ y secretari@ general en una asamblea de consejeros políticos o en asambleas municipales, redundarían en más de lo mismo y en más de los mismos.
La elección directa por la base militante contemplada, además de las dos modalidades anteriores, en el artículo 10 de nuestro reglamento para la elección de dirigentes y postulación de candidatos, representa según mi punto de vista, una ocasión extraordinaria de abrir el partido a la ciudadanía, para que puedan participar no solamente militantes, sino ciudadanos con credencial de elector que simpaticen con el PRI y quieran aportar un voto por su refundación.
Si los partidos políticos son organizaciones de ciudadanos que compiten en elecciones para conquistar cargos de elección popular, lo adecuado en el periodo de crisis que atraviesa el PRI oaxaqueño, es abrirlo a todos los ciudadanos que quieran ir a votar por los candidatos de su preferencia para dirigir al PRI en nuestro estado.
No es que, quien esto escribe, piense que existen modalidades más democráticas que otras, pero la elección directa por la base militante es, a todas luces, más incluyente y la inclusión aporta siempre bases más sólidas de legitimidad. La legitimidad es el oxígeno que el partido necesita para volver a ser competitivo.
Más de la mitad de la lista nominal en Oaxaca (56.63%) la integran ciudadan@s entre 18 y 35 años de edad. Jóvenes con credencial de elector que se acercan a la política sólo en elecciones; que reducen (aunque no tod@s) su participación al mero acto de votar y votan cada vez menos por partidos y más por personas. Los partidos no les representan absolutamente nada en la mayoría de los casos. Debe ser mandato moral del PRI abrirse a la generación que ya está aquí y brindarles la oportunidad de participar en un ejercicio inédito en nuestra historia, de elección directa por voto universal de su dirigencia; es una ocasión que si estuviera en mis manos, no desaprovecharía.
Y si a esto sumamos el último reducto de esperanza de los militantes “adultos”, de esos que elección tras elección trabajan apasionadamente y gozan o sufren de igual manera las victorias y las derrotas, que en las regiones están esperando que en el PRI suceda algo grande, distinto, novedoso, nos encontramos con que los priístas necesitan una nueva mística que ya no descanse -porque esos tiempos ya se fueron- en designaciones unilaterales o arreglos de quienes se han sentido “dueños” de una entidad de interés público, como es el PRI. La visión patrimonialista del PRI se vale, pero ya no para unos cuantos, sí para tod@s. Ya no se trata de que apoyen una causa en forma de una candidatura, se trata de que abracen esa causa, que la sientan nuevamente como suya y que asuman con dignidad y plenitud aquello que ya no les vale de nada: un lugar como consejer@s políticos o delegad@s a una asamblea, cuando sea el caso.
Los caminos de la democracia interna son vastos y fecundos y hay quienes por diversas y respetables razones no quieren transitarlos y prefieren los atajos. El camino que debemos recorrer en el proceso que se avecina, una vez declarado Enrique Peña Nieto Presidente Electo de México, debe ser del tamaño de nuestra crisis local: amplio, muy amplio, para que quepan los más posibles. Quienes sientan algo que perder, que queden en la libertad de no participar y quienes quieran ganar un nuevo PRI para el futuro inmediato, que opinen, exijan, se involucren.
El PRI que viene ya nos alcanzó. Que ganen l@s mejores.
moisesmolinar@hotmal.com
@MoisesMolina
Moisés MOLINA
DESPUÉS DE LA CARTA
Con el rediseño institucional de la justicia electoral mexicana en 1996, la calificación de las elecciones federales pasó a ser cuestión eminentemente jurídica. Antes de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dejara de ser organismo constitucional autónomo para convertirse en tribunal especializado del Poder Judicial de México, la instancia encargada del acto final del proceso electoral era la Cámara de Diputados erigida en Colegio Electoral, haciendo de la calificación de la elección un acto esencialmente político.
Llegamos a la antesala final del proceso electoral 2011-2012 con normas constitucionales y reglamentarias suficientes y adecuadas para un Tribunal Electoral fuerte y ampliamente legitimado que imparta justicia y conceda razón y “sin razón” a las partes en conflicto.
El IFE cumplió su papel y declaró ganador de la elección a Enrique Peña Nieto y la única salida que le queda a “quien probada y reiteradamente ha sido un mal perdedor”, según el dicho de Pedro Joaquín Coldwell, es, después de haberse recontado más de la mitad de los votos emitidos en la elección presidencial, la desesperada exigencia de que se anule la elección.
El magistrado presidente del Tribunal anunció con anticipación, “irresponsablemente” para algunos, lo que parece obvio: “nadie ganará en la mesa lo que no ganó en las urnas” y es solo cuestión de tiempo para que Enrique Peña Nieto sea, con todas sus letras, Presidente Electo de México.
Las consideraciones anteriores y el anuncio de emisión de la convocatoria para renovar la dirigencia priísta que el delegado presidente del PRI en Oaxaca hizo a los medios el 4 de julio, motivaron mi carta del día jueves. ( Carta que pueden consultar en www.moises-molina.blogspot.com )
El PRI ya no creo que tenga nada que perder y sí mucho que ganar en Oaxaca con una elección por voto universal de su dirigencia. Personajes de reconocida y probada trayectoria, en base a su experiencia juzgaron que los resultados serían incluso más devastadores que los sufridos el primero de julio. Advirtieron que la división, evidente al interior de parte importante de la militancia, se ahondaría en intensidad y que la reedición de las viejas prácticas de campaña acabarían por hacer al partido aún más impresentable ante la ciudadanía.
Es una verdad que parte de la displicencia de las dirigencias tricolores recayó en la ausencia de un registro partidario, un padrón de miembros credencializados que nos aportara bases para una democracia interna de calidad. No obstante, es mi creencia, que elegir a nuestr@ president@ y secretari@ general en una asamblea de consejeros políticos o en asambleas municipales, redundarían en más de lo mismo y en más de los mismos.
La elección directa por la base militante contemplada, además de las dos modalidades anteriores, en el artículo 10 de nuestro reglamento para la elección de dirigentes y postulación de candidatos, representa según mi punto de vista, una ocasión extraordinaria de abrir el partido a la ciudadanía, para que puedan participar no solamente militantes, sino ciudadanos con credencial de elector que simpaticen con el PRI y quieran aportar un voto por su refundación.
Si los partidos políticos son organizaciones de ciudadanos que compiten en elecciones para conquistar cargos de elección popular, lo adecuado en el periodo de crisis que atraviesa el PRI oaxaqueño, es abrirlo a todos los ciudadanos que quieran ir a votar por los candidatos de su preferencia para dirigir al PRI en nuestro estado.
No es que, quien esto escribe, piense que existen modalidades más democráticas que otras, pero la elección directa por la base militante es, a todas luces, más incluyente y la inclusión aporta siempre bases más sólidas de legitimidad. La legitimidad es el oxígeno que el partido necesita para volver a ser competitivo.
Más de la mitad de la lista nominal en Oaxaca (56.63%) la integran ciudadan@s entre 18 y 35 años de edad. Jóvenes con credencial de elector que se acercan a la política sólo en elecciones; que reducen (aunque no tod@s) su participación al mero acto de votar y votan cada vez menos por partidos y más por personas. Los partidos no les representan absolutamente nada en la mayoría de los casos. Debe ser mandato moral del PRI abrirse a la generación que ya está aquí y brindarles la oportunidad de participar en un ejercicio inédito en nuestra historia, de elección directa por voto universal de su dirigencia; es una ocasión que si estuviera en mis manos, no desaprovecharía.
Y si a esto sumamos el último reducto de esperanza de los militantes “adultos”, de esos que elección tras elección trabajan apasionadamente y gozan o sufren de igual manera las victorias y las derrotas, que en las regiones están esperando que en el PRI suceda algo grande, distinto, novedoso, nos encontramos con que los priístas necesitan una nueva mística que ya no descanse -porque esos tiempos ya se fueron- en designaciones unilaterales o arreglos de quienes se han sentido “dueños” de una entidad de interés público, como es el PRI. La visión patrimonialista del PRI se vale, pero ya no para unos cuantos, sí para tod@s. Ya no se trata de que apoyen una causa en forma de una candidatura, se trata de que abracen esa causa, que la sientan nuevamente como suya y que asuman con dignidad y plenitud aquello que ya no les vale de nada: un lugar como consejer@s políticos o delegad@s a una asamblea, cuando sea el caso.
Los caminos de la democracia interna son vastos y fecundos y hay quienes por diversas y respetables razones no quieren transitarlos y prefieren los atajos. El camino que debemos recorrer en el proceso que se avecina, una vez declarado Enrique Peña Nieto Presidente Electo de México, debe ser del tamaño de nuestra crisis local: amplio, muy amplio, para que quepan los más posibles. Quienes sientan algo que perder, que queden en la libertad de no participar y quienes quieran ganar un nuevo PRI para el futuro inmediato, que opinen, exijan, se involucren.
El PRI que viene ya nos alcanzó. Que ganen l@s mejores.
moisesmolinar@hotmal.com
@MoisesMolina
jueves, 12 de julio de 2012
CARTA A JORGE ESTEBAN SANDOVAL OCHOA Y ARTURO OSORNIO SÁNCHEZ
CARTA A JORGE ESTEBAN SANDOVAL OCHOA Y ARTURO OSORNIO SÁNCHEZ
Muy estimados señores:
Comenzaré reconociéndoles lo que nadie o casi nadie, a últimas fechas, les ha reconocido: su disposición y su voluntad para sobrellevar la nada sencilla encomienda de conducir al complejo PRI oaxaqueño en este tortuoso proceso electoral; tiempo y voluntad que con mayores satisfacciones pudieron haber empleado en latitudes mejor conocidas y más confortables políticamente.
Al tiempo de discurrir estas líneas, se estará preparando un documento que la corriente interna de opinión con la que simpatizo, les hará llegar y con cuya idea central concuerdo. Era, sin embargo, imperativo dejar constancia de la exclusividad de algunas reflexiones.
Es esta, una misiva que no espera respuesta. Puede entenderse como políticamente inadecuado. Su contenido puede no ser compartido por algunos, pero sí suscrito por muchos priístas que como yo, con más de la mitad de la vida invertida en militancia, se muestran preocupados y ocupados por el futuro inmediato del PRI en nuestro estado.
Soy de los miles que, como ustedes, el primero de julio no celebramos nada e iniciamos un ejercicio profundo de reflexión y prospectiva. ¿Hacia dónde encaminaría ahora los pasos nuestro otrora hegemónico partido? fue la pregunta inicial. Sólo dos caminos posibles nos aguardan: la refundación, con el espíritu que nuestro presidente nacional abrazó en su mensaje de toma de protesta; o un papel testimonial de cara al escenario adverso que los electores dibujaron en la nueva realidad política de Oaxaca.
Los electores decidieron y no lo hicieron a nuestro favor, pero tampoco desfondaron al PRI que, muy a pesar de los vicios, componendas y malas decisiones de algunos de sus miembros, logró parámetros todavía aceptables de aprobación electoral. La elección en Oaxaca no la ganaron los mejores. En medio de la crisis del sistema de partidos en Oaxaca, el PRI dejó de hacer mucho y por él dejaron de hacer otro tanto quienes estaban obligados a ello. Arribamos al proceso electoral en medio de la displicencia que ahondó la división interna, con un proceso de selección de candidatos que dejó inconforme o al menos insatisfecha a la mayoría y el resultado aún nos duele.
El PRI en los últimos lustros devino en una estructura recicladora de talentos. Apellidos y rostros omnipresentes con sus personalidades y el mismo estilo de hacer política. Al partido se le enquistó y se le hizo presa de su dinámica interna; nuestra competencia al interior, nos distrajo de nuestros verdaderos adversarios. Perdimos rumbo en la medida en que se le alejó de su razón de ser más allá de su militancia y no se diga de su nomeklatura: de la ciudadanía.
El PRI ya no era institución que traducía representatividad social en representatividad política. Reproducía representatividad política en más representatividad política y la consecuencia fue el epítome del desgaste. Muchos militantes y cuadros que, como quien esto escribe, fueron beneficiarios laborales y políticos de los gobiernos priístas, de pronto fueron con razón o sin ella excluidos o desplazados de las decisiones y los procesos importantes por una aristocracia que administró al PRI como club de amigos, por decir lo menos; y lo más grave, cancelaron la posibilidad de desarrollo político de muchos jóvenes y mujeres que debieron refrescarlo entrando por la puerta de la capacitación política y la formación ideológica. Nuestro partido se entregó al pragmatismo vertical y los mismos de siempre llegaron a ser insuficientes, primero e ineficaces después.
No sabemos cuánto tiempo dure la encomienda de ustedes en Oaxaca. Si ella alcanza la
conducción, también del proceso interno de elección de la nueva dirigencia estatutaria, es grave la responsabilidad conferida y muy altas las expectativas. En sus manos, compañeros presidente y delegado, está el PRI que viene y de sobra está decir que requiere como nuevos cimientos la objetividad, la imparcialidad, la inclusión y el bien común de los priístas, no el de unos cuantos; menos el de los mismos de siempre.
Que estas líneas no se interpreten provocadoras ni desafiantes. La legitimidad, si es que se pretende un nuevo PRI, no puede venir de otra fuente que no sea la voluntad mayoritaria de militantes y simpatizantes. Una elección abierta con voto universal y secreto será, a mi juicio, la mejor posibilidad de refundación. Algunos podrán no estar de acuerdo con el resultado pero los triunfadores nacerán, ahora sí, legitimados jurídica y políticamente para iniciar un verdadero trabajo de reconciliación, como presupuesto de competitividad para el próximo proceso electoral para elegir diputados al congreso del estado y presidentes municipales el año por venir.
El PRI debe dejar de moverse solo sobre su membresía, sobre su voto duro. No hay mejor manera de acercarse a los ciudadanos que mantener abiertas, sin reservas, las puertas del PRI, redimensionar el papel y la función de nuestros sectores y organizaciones; ubicar en el lugar de privilegio que les corresponde a los organismos especializados de capacitación política y divulgación ideológica; reencauzar el trabajo de los comités municipales volviendo los ojos a los seccionales. Los priístas aquí están, no se han ido, ni es conveniente que se vayan. Hay que asignarles tareas dignas y específicas para la acción política.
El PRI es de todos y todos, sin excepción, tenemos mucho que aportar. La competencia interna no debe temerse. La palabra final, siempre sabia, la habrá de tener el ciudadano simpatizante o militante con su voto.
Ante la inminente renovación estatutaria de nuestra dirigencia estatal, una elección directa por la base militante, aprobada por nuestro Consejo Político Estatal, entre las opciones presentadas por nuestro Reglamento para la Elección de Dirigentes y Postulación de Candidatos, pondrá a cada quien en su lugar.
Reciban mi más sincero agradecimiento por la deferencia de su atención.
Moisés Molina
Muy estimados señores:
Comenzaré reconociéndoles lo que nadie o casi nadie, a últimas fechas, les ha reconocido: su disposición y su voluntad para sobrellevar la nada sencilla encomienda de conducir al complejo PRI oaxaqueño en este tortuoso proceso electoral; tiempo y voluntad que con mayores satisfacciones pudieron haber empleado en latitudes mejor conocidas y más confortables políticamente.
Al tiempo de discurrir estas líneas, se estará preparando un documento que la corriente interna de opinión con la que simpatizo, les hará llegar y con cuya idea central concuerdo. Era, sin embargo, imperativo dejar constancia de la exclusividad de algunas reflexiones.
Es esta, una misiva que no espera respuesta. Puede entenderse como políticamente inadecuado. Su contenido puede no ser compartido por algunos, pero sí suscrito por muchos priístas que como yo, con más de la mitad de la vida invertida en militancia, se muestran preocupados y ocupados por el futuro inmediato del PRI en nuestro estado.
Soy de los miles que, como ustedes, el primero de julio no celebramos nada e iniciamos un ejercicio profundo de reflexión y prospectiva. ¿Hacia dónde encaminaría ahora los pasos nuestro otrora hegemónico partido? fue la pregunta inicial. Sólo dos caminos posibles nos aguardan: la refundación, con el espíritu que nuestro presidente nacional abrazó en su mensaje de toma de protesta; o un papel testimonial de cara al escenario adverso que los electores dibujaron en la nueva realidad política de Oaxaca.
Los electores decidieron y no lo hicieron a nuestro favor, pero tampoco desfondaron al PRI que, muy a pesar de los vicios, componendas y malas decisiones de algunos de sus miembros, logró parámetros todavía aceptables de aprobación electoral. La elección en Oaxaca no la ganaron los mejores. En medio de la crisis del sistema de partidos en Oaxaca, el PRI dejó de hacer mucho y por él dejaron de hacer otro tanto quienes estaban obligados a ello. Arribamos al proceso electoral en medio de la displicencia que ahondó la división interna, con un proceso de selección de candidatos que dejó inconforme o al menos insatisfecha a la mayoría y el resultado aún nos duele.
El PRI en los últimos lustros devino en una estructura recicladora de talentos. Apellidos y rostros omnipresentes con sus personalidades y el mismo estilo de hacer política. Al partido se le enquistó y se le hizo presa de su dinámica interna; nuestra competencia al interior, nos distrajo de nuestros verdaderos adversarios. Perdimos rumbo en la medida en que se le alejó de su razón de ser más allá de su militancia y no se diga de su nomeklatura: de la ciudadanía.
El PRI ya no era institución que traducía representatividad social en representatividad política. Reproducía representatividad política en más representatividad política y la consecuencia fue el epítome del desgaste. Muchos militantes y cuadros que, como quien esto escribe, fueron beneficiarios laborales y políticos de los gobiernos priístas, de pronto fueron con razón o sin ella excluidos o desplazados de las decisiones y los procesos importantes por una aristocracia que administró al PRI como club de amigos, por decir lo menos; y lo más grave, cancelaron la posibilidad de desarrollo político de muchos jóvenes y mujeres que debieron refrescarlo entrando por la puerta de la capacitación política y la formación ideológica. Nuestro partido se entregó al pragmatismo vertical y los mismos de siempre llegaron a ser insuficientes, primero e ineficaces después.
No sabemos cuánto tiempo dure la encomienda de ustedes en Oaxaca. Si ella alcanza la
conducción, también del proceso interno de elección de la nueva dirigencia estatutaria, es grave la responsabilidad conferida y muy altas las expectativas. En sus manos, compañeros presidente y delegado, está el PRI que viene y de sobra está decir que requiere como nuevos cimientos la objetividad, la imparcialidad, la inclusión y el bien común de los priístas, no el de unos cuantos; menos el de los mismos de siempre.
Que estas líneas no se interpreten provocadoras ni desafiantes. La legitimidad, si es que se pretende un nuevo PRI, no puede venir de otra fuente que no sea la voluntad mayoritaria de militantes y simpatizantes. Una elección abierta con voto universal y secreto será, a mi juicio, la mejor posibilidad de refundación. Algunos podrán no estar de acuerdo con el resultado pero los triunfadores nacerán, ahora sí, legitimados jurídica y políticamente para iniciar un verdadero trabajo de reconciliación, como presupuesto de competitividad para el próximo proceso electoral para elegir diputados al congreso del estado y presidentes municipales el año por venir.
El PRI debe dejar de moverse solo sobre su membresía, sobre su voto duro. No hay mejor manera de acercarse a los ciudadanos que mantener abiertas, sin reservas, las puertas del PRI, redimensionar el papel y la función de nuestros sectores y organizaciones; ubicar en el lugar de privilegio que les corresponde a los organismos especializados de capacitación política y divulgación ideológica; reencauzar el trabajo de los comités municipales volviendo los ojos a los seccionales. Los priístas aquí están, no se han ido, ni es conveniente que se vayan. Hay que asignarles tareas dignas y específicas para la acción política.
El PRI es de todos y todos, sin excepción, tenemos mucho que aportar. La competencia interna no debe temerse. La palabra final, siempre sabia, la habrá de tener el ciudadano simpatizante o militante con su voto.
Ante la inminente renovación estatutaria de nuestra dirigencia estatal, una elección directa por la base militante, aprobada por nuestro Consejo Político Estatal, entre las opciones presentadas por nuestro Reglamento para la Elección de Dirigentes y Postulación de Candidatos, pondrá a cada quien en su lugar.
Reciban mi más sincero agradecimiento por la deferencia de su atención.
Moisés Molina
sábado, 7 de julio de 2012
LA CLASE MEDIA Y EL VOTO DE CASTIGO
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
LA CLASE MEDIA Y EL VOTO DE CASTIGO
“Un cambio partidista de los distritos electorales,
Un ambiente mediático que provoca más de lo que informa,
Y un sistema de financiación de campañas quebrado que ha sido
Capturado por intereses especiales, es lo que ha acelerado
el vaciamiento del centro”
R. Kupchan
Pocos teóricos he leído que, como Francis Fukuyama, definan tan claramente a las clases medias: “Por clase media me refiero a la gente que no está ni en la cúspide ni en el fondo de su sociedad en términos de ingresos, que ha recibido, al menos, educación secundaria y que posee bienes inmuebles, bienes duraderos o negocios propios”.
Esta es la que hoy por hoy define con el agregado de sus votos el resultado de las elecciones en México. En Oaxaca esta regla está en peligro, el porcentaje de la clase media se ha estancado y los beneficios del desarrollo económico y del progreso tecnológico han ahondado las desigualdades a grado tal que quienes están en el “fondo” de nuestra sociedad, pueden asemejarse en número a los que están en medio. La realidad rural e indígena de nuestro estado puede arrojar lo anterior como una consecuencia casi natural.
Si en Estados Unidos la distribución de la riqueza, se ubica en razón del 23.5 por ciento para el uno por ciento de la población, como prototipo del capitalismo mundial, en México, las cosas no son muy diferentes y en entidades como Oaxaca se agudiza. Los últimos lugares en las mediciones nacionales del desarrollo social, son su reflejo más claro y la casi exclusiva válvula de escape, aunque sea solo como forma de expresión, es la democracia liberal, representativa a través de las votaciones.
Cuando la gente hace fila desde temprano para votar –escuchaba decir a un analista, palabras más palabras menos- es que quiere un cambio. Que no está conforme y a más de ello está molesta. Los votantes expresaron el pasado domingo su reprobación al gobierno federal panista y la esperanza en una mejoría de su propia realidad fundamentalmente en lo que a dinero y seguridad se refiere.
Esa esperanza la capitalizó en Oaxaca mayoritariamente no un proyecto como una persona: Andrés Manuel López Obrador. El mismo Fukuyama –y coincido completamente con él- ha escrito que “las principales tendencias del pensamiento izquierdista durante las dos últimas generaciones han sido francamente desastrosas, ya sea como marcos conceptuales o como herramientas para la movilización”. No existe en la actualidad un proyecto académico de izquierda que legitime un programa político y que logre articular un discurso coherente de esperanza para la clase media ni en México ni en el mundo, más bien lo sustituye con tendencias intelectuales fragmentadas de índole más cultural que política y no se diga económica: posmodernismo, multiculturalismo, feminismo, teoría crítica y algunas más. El marxismo murió hace ya varios años.
¿Qué está pasando entonces en Oaxaca? El desarrollo tecnológico y la globalización están socavando a la clase media e impiden quienes están en el “fondo” alcancen el estatus de clase media. Desde los tiempos de Aristóteles, los pensadores han creído que una democracia estable se basa en una amplia clase media y que las sociedades con extremos de riqueza y pobreza son susceptibles de dominación oligárquica (de unos pocos) o de revolución populista. El proyecto de Enrique Peña Nieto para estados como el nuestro debe tender a robustecer la posibilidad de la movilidad social de los que menos tienen o de lo contrario, manifestaciones de disgusto como la expresada en las urnas hace siete días y de intolerancia como las circuladas en medios y redes sociales, pueden pasar a algo más serio.
El economista Moisés Naím agrega más rasgos de la clase a la que quien esto escribe y la gran mayoría de cuantos lo están leyendo pertenecemos: “Estas clases medias están relativamente bien preparadas académicamente, tienen propiedades y están conectadas tecnológicamente con el resto del mundo. Además, les exigen a sus gobiernos y se movilizan con facilidad como resultado de su acceso a la tecnología”.
Las clases medias corresponden, en Oaxaca, mayoritariamente a la ciudadanía informada y reflexiva que no encuentran un canal claro de representación de sus juicios, de sus deseos. Los partidos políticos en nuestra entidad están programáticamente hechos polvo y por ello las elecciones las ganan los menos malos; se vota hoy por hoy mucho más por la persona que por un programa (inexistente en la praxis) de partido o como en la elección más reciente, contra los mismos de siempre o lo que se cree que representan.
Inobjetablemente queda mucho por hacer y el PRI tiene la obligación del reposicionamiento desde la refundación, no por sus “líderes”, ni por el partido en sí mismo, sino por una clase media ávida de construir un mejor Oaxaca a través de canales válidos y sanos de participación política que reactive la movilidad social.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter MoisesMolina
Moisés MOLINA
LA CLASE MEDIA Y EL VOTO DE CASTIGO
“Un cambio partidista de los distritos electorales,
Un ambiente mediático que provoca más de lo que informa,
Y un sistema de financiación de campañas quebrado que ha sido
Capturado por intereses especiales, es lo que ha acelerado
el vaciamiento del centro”
R. Kupchan
Pocos teóricos he leído que, como Francis Fukuyama, definan tan claramente a las clases medias: “Por clase media me refiero a la gente que no está ni en la cúspide ni en el fondo de su sociedad en términos de ingresos, que ha recibido, al menos, educación secundaria y que posee bienes inmuebles, bienes duraderos o negocios propios”.
Esta es la que hoy por hoy define con el agregado de sus votos el resultado de las elecciones en México. En Oaxaca esta regla está en peligro, el porcentaje de la clase media se ha estancado y los beneficios del desarrollo económico y del progreso tecnológico han ahondado las desigualdades a grado tal que quienes están en el “fondo” de nuestra sociedad, pueden asemejarse en número a los que están en medio. La realidad rural e indígena de nuestro estado puede arrojar lo anterior como una consecuencia casi natural.
Si en Estados Unidos la distribución de la riqueza, se ubica en razón del 23.5 por ciento para el uno por ciento de la población, como prototipo del capitalismo mundial, en México, las cosas no son muy diferentes y en entidades como Oaxaca se agudiza. Los últimos lugares en las mediciones nacionales del desarrollo social, son su reflejo más claro y la casi exclusiva válvula de escape, aunque sea solo como forma de expresión, es la democracia liberal, representativa a través de las votaciones.
Cuando la gente hace fila desde temprano para votar –escuchaba decir a un analista, palabras más palabras menos- es que quiere un cambio. Que no está conforme y a más de ello está molesta. Los votantes expresaron el pasado domingo su reprobación al gobierno federal panista y la esperanza en una mejoría de su propia realidad fundamentalmente en lo que a dinero y seguridad se refiere.
Esa esperanza la capitalizó en Oaxaca mayoritariamente no un proyecto como una persona: Andrés Manuel López Obrador. El mismo Fukuyama –y coincido completamente con él- ha escrito que “las principales tendencias del pensamiento izquierdista durante las dos últimas generaciones han sido francamente desastrosas, ya sea como marcos conceptuales o como herramientas para la movilización”. No existe en la actualidad un proyecto académico de izquierda que legitime un programa político y que logre articular un discurso coherente de esperanza para la clase media ni en México ni en el mundo, más bien lo sustituye con tendencias intelectuales fragmentadas de índole más cultural que política y no se diga económica: posmodernismo, multiculturalismo, feminismo, teoría crítica y algunas más. El marxismo murió hace ya varios años.
¿Qué está pasando entonces en Oaxaca? El desarrollo tecnológico y la globalización están socavando a la clase media e impiden quienes están en el “fondo” alcancen el estatus de clase media. Desde los tiempos de Aristóteles, los pensadores han creído que una democracia estable se basa en una amplia clase media y que las sociedades con extremos de riqueza y pobreza son susceptibles de dominación oligárquica (de unos pocos) o de revolución populista. El proyecto de Enrique Peña Nieto para estados como el nuestro debe tender a robustecer la posibilidad de la movilidad social de los que menos tienen o de lo contrario, manifestaciones de disgusto como la expresada en las urnas hace siete días y de intolerancia como las circuladas en medios y redes sociales, pueden pasar a algo más serio.
El economista Moisés Naím agrega más rasgos de la clase a la que quien esto escribe y la gran mayoría de cuantos lo están leyendo pertenecemos: “Estas clases medias están relativamente bien preparadas académicamente, tienen propiedades y están conectadas tecnológicamente con el resto del mundo. Además, les exigen a sus gobiernos y se movilizan con facilidad como resultado de su acceso a la tecnología”.
Las clases medias corresponden, en Oaxaca, mayoritariamente a la ciudadanía informada y reflexiva que no encuentran un canal claro de representación de sus juicios, de sus deseos. Los partidos políticos en nuestra entidad están programáticamente hechos polvo y por ello las elecciones las ganan los menos malos; se vota hoy por hoy mucho más por la persona que por un programa (inexistente en la praxis) de partido o como en la elección más reciente, contra los mismos de siempre o lo que se cree que representan.
Inobjetablemente queda mucho por hacer y el PRI tiene la obligación del reposicionamiento desde la refundación, no por sus “líderes”, ni por el partido en sí mismo, sino por una clase media ávida de construir un mejor Oaxaca a través de canales válidos y sanos de participación política que reactive la movilidad social.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter MoisesMolina
viernes, 29 de junio de 2012
SI ENRIQUE PEÑA NIETO GANA ...
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
SI ENRIQUE PEÑA NIETO GANA …
Leer y escribir son ejercicios consustanciales a la existencia. Y lo son más, en específico el segundo, en momentos definitorios para el rumbo de la vida de mujeres y hombres que depende del pacto social, del contrato Rousseauniano. El no hacerlo deja, para quienes nos sentimos obligados, intacta la carga reflexiva e inútil su poder transformador, por mínimo que sea.
¿Que está en juego el día de hoy? El futuro que aguarde a ganadores y perdedores es lo de menos; serán daños y beneficios colaterales. Nos jugamos, en una apuesta razonada, buena parte de nuestro diario vivir los próximos seis años.
Mañana comenzará un nuevo capítulo de nuestra novela sexenal. Con la certeza abonada por un buen número de votos entre el primero y segundo lugar en la contienda presidencial, rencores, afrentas, desencuentros, resentimientos y actitudes soberbias deberán quedar cuanto antes sepultadas por la unidad que todos debemos tener en torno a nuestro próximo presidente. Será nuestra mejor contribución a la voluntad y posibilidad efectiva que tenga de mandar obedeciendo.
La jornada electoral no es un día para morirse cívicamente en la línea y con el último aliento de nuestras pasiones militantes, de nuestras fobias o antipatías. México es mucho más grande que un Presidente, incluso, que un proyecto político. Pero si le va bien al presidente, le irá bien a la nación y eso hay que acabarlo de entender.
La democracia no se agota para el ciudadano de a pie en el acto de votar, no acaso en el proselitismo o antielitismo vívido. Nos queda, en adelante (si es que no se ha hecho fuera del proceso electoral) la vena inacabada y fecunda de la participación. Democracia es un sustantivo complejo y más compleja realidad para la mayoría de quienes gozamos y sufrimos en este país. Nuestro voto es materialización expresa de nuestra razón, nada más pero igualmente, nada menos. Es papel descollante de los órganos electorales salvaguardar la razón política que haga mayoría.
Todo voto está dotado de razón; frívola o no. Y por ese solo hecho ha de respetarse. Si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, no hay forma de saberlo, pero sí tienen los gobiernos que eligen. Para eso fue diseñada la democracia representativa.
Está latente la posibilidad de que, después de varios sexenios, tengamos en México un presidente con mayoría partidista en el congreso. No habría entonces pretexto para la parálisis y ello obligaría más que nunca a la participación activa de los ciudadanos fuera de procesos electorales, preponderantemente como contralores de las decisiones que en uso de sus facultades constitucionales tome nuestro próximo presidente, incluidas las iniciativas de ley que se supone no tendrían problema en ser aprobadas.
Los partidos han dormido el sueño de los justos y en su letargo han despertado una grave crisis institucional. Pareciera que los miembros de las cúpulas partidistas han perdido la categoría de ciudadanos y se han convertido en una clase aparte con intereses egoístas y bien definidos: la obtención y el ejercicio del poder por el poder mismo.
#yo soy132 ha hecho una grieta al sistema. Su espíritu no debe morir con el triunfo o la derrota de Enrique Peña Nieto y si el mexiquense gana no debe ser su rumbo la oposición a ultranza. Inspirados en buenos ejemplos de la izquierda moderna, que no se ve por ningún lado en México como en otros países de América Latina, debe cundir como ejemplo a otras y diversas expresiones de jóvenes que enfundados en mezclilla y tenis generan conocimiento y esperanza desde las universidades. La política del espíritu y la política de la razón deben irrumpir con más fuerza el sexenio por venir a modo de contrapeso a la mediocrecracia o kakistocracia que inevitablemente seguirá presente desde los estados, comenzando por la nomenklatura de los partidos.
Lo escribí en twitter y facebook y lo sostengo: necesitamos políticos de mezclilla. Frescos, innovadores, arrojados, limpios, desinteresados, capaces; verdaderos políticos de la nueva generación que sacudan, incluso desde el pragmatismo el status quo.
Si el PRI gana, como prolongación de todas las encuestas, el escrutinio más grande habrá de darse al interior del mismo PRI. SI quiere reposicionarse como opción real programática y de decisión debe entregarse más que a su militancia, a la ciudadanía, comenzando por los hijos de sus militantes más tradicionales.
Raúl Jardón dijo que creía más en la izquierda porque de ese lado piensa más limpiamente el cerebro y late con más fuerza el corazón y en el pragmatismo peñanietista debe haber lugar para priístas de izquierda, de avanzada, de vanguardia. Una franja neorevolucionaria ilustrada y comprometida con los “sin nombre” que sea capaz de equilibrar los apellidos sexenales y arrebatar la estafeta a quienes, por razón biológica se niegan a dar los últimos coletazos.
No todos los jóvenes políticos son #132 pero cometerán un pecado cívico si permiten que al PRI lo sigan engullendo los mismos de siempre. Que el PRI desaparezca, suponiendo que fuera esto posible, de ninguna manera representaría un triunfo para México. Es un referente infaltable cuya estafeta solo necesita el próximo relevo.
Ejerzamos con dignidad, con seguridad y apegados a nuestra propia conciencia el voto. Que sea un voto por la paz y la tranquilidad.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Moisés MOLINA
SI ENRIQUE PEÑA NIETO GANA …
Leer y escribir son ejercicios consustanciales a la existencia. Y lo son más, en específico el segundo, en momentos definitorios para el rumbo de la vida de mujeres y hombres que depende del pacto social, del contrato Rousseauniano. El no hacerlo deja, para quienes nos sentimos obligados, intacta la carga reflexiva e inútil su poder transformador, por mínimo que sea.
¿Que está en juego el día de hoy? El futuro que aguarde a ganadores y perdedores es lo de menos; serán daños y beneficios colaterales. Nos jugamos, en una apuesta razonada, buena parte de nuestro diario vivir los próximos seis años.
Mañana comenzará un nuevo capítulo de nuestra novela sexenal. Con la certeza abonada por un buen número de votos entre el primero y segundo lugar en la contienda presidencial, rencores, afrentas, desencuentros, resentimientos y actitudes soberbias deberán quedar cuanto antes sepultadas por la unidad que todos debemos tener en torno a nuestro próximo presidente. Será nuestra mejor contribución a la voluntad y posibilidad efectiva que tenga de mandar obedeciendo.
La jornada electoral no es un día para morirse cívicamente en la línea y con el último aliento de nuestras pasiones militantes, de nuestras fobias o antipatías. México es mucho más grande que un Presidente, incluso, que un proyecto político. Pero si le va bien al presidente, le irá bien a la nación y eso hay que acabarlo de entender.
La democracia no se agota para el ciudadano de a pie en el acto de votar, no acaso en el proselitismo o antielitismo vívido. Nos queda, en adelante (si es que no se ha hecho fuera del proceso electoral) la vena inacabada y fecunda de la participación. Democracia es un sustantivo complejo y más compleja realidad para la mayoría de quienes gozamos y sufrimos en este país. Nuestro voto es materialización expresa de nuestra razón, nada más pero igualmente, nada menos. Es papel descollante de los órganos electorales salvaguardar la razón política que haga mayoría.
Todo voto está dotado de razón; frívola o no. Y por ese solo hecho ha de respetarse. Si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, no hay forma de saberlo, pero sí tienen los gobiernos que eligen. Para eso fue diseñada la democracia representativa.
Está latente la posibilidad de que, después de varios sexenios, tengamos en México un presidente con mayoría partidista en el congreso. No habría entonces pretexto para la parálisis y ello obligaría más que nunca a la participación activa de los ciudadanos fuera de procesos electorales, preponderantemente como contralores de las decisiones que en uso de sus facultades constitucionales tome nuestro próximo presidente, incluidas las iniciativas de ley que se supone no tendrían problema en ser aprobadas.
Los partidos han dormido el sueño de los justos y en su letargo han despertado una grave crisis institucional. Pareciera que los miembros de las cúpulas partidistas han perdido la categoría de ciudadanos y se han convertido en una clase aparte con intereses egoístas y bien definidos: la obtención y el ejercicio del poder por el poder mismo.
#yo soy132 ha hecho una grieta al sistema. Su espíritu no debe morir con el triunfo o la derrota de Enrique Peña Nieto y si el mexiquense gana no debe ser su rumbo la oposición a ultranza. Inspirados en buenos ejemplos de la izquierda moderna, que no se ve por ningún lado en México como en otros países de América Latina, debe cundir como ejemplo a otras y diversas expresiones de jóvenes que enfundados en mezclilla y tenis generan conocimiento y esperanza desde las universidades. La política del espíritu y la política de la razón deben irrumpir con más fuerza el sexenio por venir a modo de contrapeso a la mediocrecracia o kakistocracia que inevitablemente seguirá presente desde los estados, comenzando por la nomenklatura de los partidos.
Lo escribí en twitter y facebook y lo sostengo: necesitamos políticos de mezclilla. Frescos, innovadores, arrojados, limpios, desinteresados, capaces; verdaderos políticos de la nueva generación que sacudan, incluso desde el pragmatismo el status quo.
Si el PRI gana, como prolongación de todas las encuestas, el escrutinio más grande habrá de darse al interior del mismo PRI. SI quiere reposicionarse como opción real programática y de decisión debe entregarse más que a su militancia, a la ciudadanía, comenzando por los hijos de sus militantes más tradicionales.
Raúl Jardón dijo que creía más en la izquierda porque de ese lado piensa más limpiamente el cerebro y late con más fuerza el corazón y en el pragmatismo peñanietista debe haber lugar para priístas de izquierda, de avanzada, de vanguardia. Una franja neorevolucionaria ilustrada y comprometida con los “sin nombre” que sea capaz de equilibrar los apellidos sexenales y arrebatar la estafeta a quienes, por razón biológica se niegan a dar los últimos coletazos.
No todos los jóvenes políticos son #132 pero cometerán un pecado cívico si permiten que al PRI lo sigan engullendo los mismos de siempre. Que el PRI desaparezca, suponiendo que fuera esto posible, de ninguna manera representaría un triunfo para México. Es un referente infaltable cuya estafeta solo necesita el próximo relevo.
Ejerzamos con dignidad, con seguridad y apegados a nuestra propia conciencia el voto. Que sea un voto por la paz y la tranquilidad.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Suscribirse a:
Entradas (Atom)