sábado, 18 de agosto de 2012

PEÑA NIETO NECESITA AL PRI; EL PRI NECESITA A PEÑA NIETO

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA


PEÑA NIETO NECESITA AL PRI; EL PRI NECESITA A PEÑA NIETO


Será el próximo 31 de agosto cuando lo siete magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación resolverán las impugnaciones finales del obradorismo. Pasarán entones al cómputo nacional de la elección para calificarla de inmediato y declarar válidos los comicios, incluso, ante del 6 de septiembre, fecha límite impuesta por la ley.


Lo que se revelaba como una premonición adquirirá estatus de cosa juzgada y jurídicamente no habrá nada que hacer. El triunfo de Peña Nieto será legalmente incontrovertible.


Es difícil imaginar, imposible para mi, a Obrador reconociendo su derrota, ahora legal; estrechando la mano del mexiquense y deseándole una buena gestión, no se diga, ofreciendo su apoyo en un gesto de humildad y sensatez. Hace semanas que la estrategia obradorista no tiene ya nada que ver con la anulación de la elección, ni siquiera con un fallo o declaratoria sobre la “limpieza” de estas. Acomodaticio, busca solo una cosa: vigencia política y por momentos –más constante últimamente- parece movido por un sentimiento de odio. De la tristeza inocultable en su semblante el 1 de julio, pasó a la frustración, que devino en ira. Un odio irracional y difuso, el odio de siempre pero ahora representado por su verdugo electoral: el odio al “sistema”. Un sistema, según su firme creencia, que impidió a los electores votar en libertad, que los “alienó” (para usar la terminología marxista, tan socorrida por el izquierdismo trasnochado) y consumó la más grande de las desgracias –en su perspectiva- no tanto para México, como para su proyecto -el personal- que se diluye con el proyecto de México. Así son los caudillos, los hombres providenciales. El “mesías tropical” de Krauze, nunca dejó de serlo e incluso, después del 6 de septiembre seguirá siendo llamado a la “salvación de México”.


Ya no me queda claro hasta qué punto AMLO, incluso por encima del pragmatismo, sustitutivo de los principios ideológicos, tendrá claro que su carrera por la presidencia terminó; que la posibilidad de coronar su obsesión se fue. La resignación para él no sé si llegará, en un país donde resulta difícil creer que a un político de esos niveles y en medio del estado actual de cosas, le mueva solamente “el amor a México” y conciba el ejercicio del poder como gustoso sacrificio temporal. La obsesión de AMLO tiene que ver con la presidencia en la medida en que se relaciona con la gloria… su gloria personal, con el poder.
La ciencia política nos enseña que el poder tiene tres componentes: fuerza, influencia y auctoritas; y él se arroga el monopolio legítimo del último. “Sus indicaciones deben ser atendidas, solamente por proceder de quien proceden”, ilustra el Profr. Josep M. Vallés. Muchas de sus declaraciones en redes sociales, diarios, revistas, radio y –aunque ya en menor grado, naturalmente- en TV, hace a sus detractores sugerir en esta permanente guerra mediática, un grado de locura. Patología que, en todo caso, ha de tener un sustento: el aún numeroso respaldo popular.


AMLO ha tenido la capacidad de mantener miles de seguidores, convenciéndoles de que la elección le fue, aunque por otros medios y diferentes tácticas, nuevamente robada. Que él encarna la representación de lo mejor de México y que quienes le sigan estarán cumpliendo con su país conforme cumplan con él mismo. Y hay un ingrediente institucional: el apoyo casi unánime de los legisladores electos de tres partidos políticos nacionales con voz y voto en las cámaras del congreso de la unión.


EL TEPJF piensa ya en salvaguardar la institución presidencial. Es por ello el escrúpulo en la resolución de las impugnaciones. En la sesión del viernes pasado los siste magistrados resolvieron 52 incidentes sobre la calificación de 356 votos, que representan el 0.0007 por ciento de la votación total. Hay que hacerlo, nada debe prestarse a pequeños incendios. El IFE está en consonancia. Con la ley en la mano, imponen a los tres partidos de izquierda una multa de 1.5 millones y niegan autorización para transmitir uno nuevo. “Denosta al PRI” es el argumento que todos entendemos.


Cuando el conflicto poselectoral sea cosa juzgada jurídicamente, pervivirá socialmente, entre la ciudadanía y en el congreso, políticamente. Los medios seguirán dando cuenta y en esta realidad de la política como mercado, ¿quien defenderá socialmente la presidencia de Peña Nieto antes de que tome protesta el 1 de diciembre y en adelante? ¿Quién deberá hacer el trabajo de reconciliación social? ¿De dónde habrá de venir el respaldo ciudadano en este lapso de tiempo? ¿A quién deberá corresponder la tarea de hacer proselitismo político a favor del presidente? No lo hará el IFE, ni el Tribunal. Los medios de comunicación lo venderán, en todo caso y los diputados, senadores, futuros funcionarios y nomenklatura priísta, resultan a todas luces insuficientes.


Lo tendrán que hacer los priístas. El proyecto de gobierno de EPN, bien que mal, será el proyecto del PRI y su base social de respaldo incondicional no habrá que buscarlo en otro lado que no sea el PRI de los estados, de todas las entidades. Ninguna sale sobrando.


De ahí la urgencia de organizar los Comités Directivos que, como el de Oaxaca, están en “criónica” y son, por ello en la praxis política, inexistentes. El priísmo militante está esperando orden, una dirigencia legitimada que aglutine a las decenas de miles que mantienen magnetizada su brújula, que necesitan argumentos claros y precisos para la defensa de su líder a ras de tierra. No hay razones para seguir aplazando la elección de Presidente y Secretario General del PRI en Oaxaca y el camino ya lo conocemos. Es el mismo que el TEPJF trazó a los priístas del DF inmersos ya en este proceso. Listos para elegir, con autorización del Tribunal Electoral del Distrito Federal, este domingo a su dirigencia en la modalidad de asamblea de consejeros políticos, tienen que dejarlo para posterior ocasión. Habrán de elegir primero a los integrantes del nuevo Consejo Político Estatal y en convocatoria separada, a sus dirigentes.


Enrique Peña Nieto necesita al PRI en los estados y lo tiene; pero desorganizado y atomizado le sirve de muy poco. El PRI de las entidades, particularmente el de Oaxaca necesita urgentemente a EPN para tener a principios de octubre, visos claros de organización y reagrupamiento. Presidente y Secretario General de su Comité Directivo Estatal.


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sábado, 11 de agosto de 2012

LA X EN LA FRENTE

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

LA COHESIÓN SOCIAL


“No olvidamos ni queremos olvidar el dulce título de mexicanos,
Aunque la traición y la calumnia y todos los rencores de
Partido, colmen nuestra existencia de maldiciones y amarguras”
P. Arriaga


Ríos de gente desembocan en un océano llamado “Palacio de los deportes”. La singularidad de acontecimientos como este, bien puede despertar una espontánea iniciativa para que “el palacio” lo sea también de los espectáculos, de las artes.


Es Metallica, más que un grupo musical, una banda de rock y más que una banda de rock, un fenómeno de masas. Si un ejemplo del efecto de la globalización en la música se nos pide, creo que el cuarteto de San Francisco, sin problema, compite por el arquetipo.


Puestos, puestos y más puestos. Souvenirs (ropa preponderantemente) se venden no solo en el camino que lleva al acceso principal; el perímetro de la notoria y contrastante construcción también se inunda a ambos lados, como un dique al torrente humano.


Casi nadie se conoce, pero la camaradería se siente. La felicidad es compartida y al interior del poliedro, deviene en euforia. Cada quien carga su motivación para estar ahí desde muy diversos lugares. Algunos viajamos horas, al de “al lado” le toma 10 minutos el trayecto desde casa. Mujeres y hombres por igual; muy jóvenes y ya no tan jóvenes; rockeros chic y la icónica “banda”; güeros que parecen acarreados a un mitin de Mitt Romey y hordas de quienes no podemos negar racialmente la cruz de nuestra parroquia. México está representado y unido por una vocación, por un sublimado gusto: la música.


Yo no quería morirme sin ver a mis primeros héroes musicales en vivo. Dos veces me quedé en el intento y ahora sí el dicho popular fue profético: “la tercera es la vencida”. Muchas veces me han preguntado qué me hace preferir el rock, se me ha controvertido con reproches de “puro ruido”; me han provocado groseramente con la irracional duda de que pueda considerarse música. Para la gente ordinaria, esta música, que es la música de millones, es una afrenta a Euterpe. Cada vez somos más los extraordinarios.


Alguna vez, como pretexto para afrontar la evaluación de uno de mis cursos de “métodos de investigación”, cuando las computadoras eran una excentricidad y un lujo, redacté algunas cuartillas en torno al rock, su historia y su genealogía. Intenté con inolvidable éxito escolar racionalizar lo que hoy se me revela prominentemente intuitivo. El rock se explica más fácil y de mejor manera con la fenomenología de
Husserl. Puede tener nada que ver con la razón y todo con el espíritu.


Aislados en la geometría interior de la concavidad todos nos entregamos a la pasión, una por cada uno de los asistentes. No era una fiesta, era algo más, un ritual irrepetible. La carga simbólica era el elemento de peso. Las gradas llenas y la zona de pista al pie del escenario convertida en asamblea plebiscitaria era un ejercicio de democracia directa donde el voto por aclamación de 6 mil almas era unánime: “¡¡¡METALLICA!!!”. No queriamos a “Voltax” (agrupación mexicana que abriendo este concierto consolidaba su internacionalización), todos estábamos ahí con espíritu exclusivo y excluyente para los cuatro jinetes (the four horsemen).


A nadie perturbaba la probable perversidad mercadológica que había seleccionado a México como punto de partida para celebrar los 30 años de la agrupación. Éramos letras de la historia que se estaba escribiendo y asumíamos nuestro papel en una improvisada pero puntual coreografía de libertad, autenticidad, valor, rebeldía, originalidad, vitalidad, emoción, fidelidad y tolerancia. La zona de pista era según el dicho de Alejandro Lora “un desmadre bien organizado”. Preservativos inflados trasmutaron en auténticos globos aerostáticos; la temperatura del aire que emanaba de la masa humana hacía prescindibles las manos para mantenerlos lejos del suelo.


El ensamble iba y la muchedumbre se seguía compactando al límite del desmayo que en pocos casos se dio, pero sin mayores consecuencias. Los “metaleros” solidarios evacuaban a las víctimas de la presión y el calor. Aquello era un sauna de manos levantadas con el anular y el dedo medio encogidos y nos volvimos a bañar con música. Era el bálsamo del rock el que recorría nuestra piel y aliviaba el espíritu más apesadumbrado. Terminamos el concierto como quien termina un medio maratón: con el cuerpo cansado, pero el espíritu rebosante y la mente despejada, limpia.


La música demuestra posible lo que en México a escala completa parece hoy imposible. Cohabitábamos un mismo espacio en civilizada libertad, respeto mutuo, solidaridad, orden y satisfacción priístas, obradoristas, #yosoy132, “sociedad civil”, clasemedieros, “burgueses” y uno que otro vaquero rockanrolero; profesionistas, ninis, mujeres completas y mujeres a un paso de la hombría. Protagonizamos una demostración de que el único factor que nos mantiene divididos en el presente es aquello que tiene por fin supremo la manutención de la cohesión social: la política. Y fue a la vez una lección de que la reconciliación nacional es algo no solo deseable, sino posible.


No hay que buscar algo por encima de la política. Hay que elevar la política, desde las universidades y bajando a los hogares, al los valores inherentes a la naturaleza humana. Valery le llamaba “la política del espíritu”.


El psicólogo del deporte de la Universidad de Brunel, Costas Karageorghis, cree que existe un vínculo entre la música y el éxito en el desempeño deportivo. ¿Qué impide que el vínculo exista entre aquella y el éxito en la vida?


Todos los días aprendemos algo nuevo de manera consciente o inconsciente; de mi participación en este ritual urbano gano la certeza de que el arte, subjetivo como es en su interpretación y asimilación, es necesario para la vida; que no somos solo materia, ni solo mente. Que la música puede ponernos en disposición para ser, como convoca Glenn Danzig, fuertes en cuerpo, mente y espíritu.


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lunes, 6 de agosto de 2012

¿Y EL PACTO SOCIAL?

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

¿Y EL PACTO SOCIAL?


“Cada uno de nosotros entrega su persona
y todo su poder a la suprema dirección de
la voluntad general; como un cuerpo,
recibimos a cada miembro como
parte indivisible de la totalidad”
J.J Rousseau



A todo aquel que tenga una poco de conciencia de su condición ciudadana, le duelen acontecimientos como los que hoy sigue padeciendo Amoltepec. La retención de personas y el herimiento de bala de uno de sus pobladores, son solo síntomas y reflejo sensible de una problemática más profunda que ha echado raíces en varias comunidades de nuestro estado.


La ignorancia, cualquier tipo de ignorancia, no justifica el hecho de que los habitantes o los líderes de cualquier núcleo social consideren como legítima la posibilidad de hacerse justicia por propia mano, bajo las circunstancias que sean, independientemente de qué es lo que por “justo” y “necesario” entiendan.
 

La responsabilidad de todo gobierno es mantener y a más de ello, promover la cohesión social, noción que escapa de los libros y vuelve al lugar de donde los libros sólo la tomaron prestada para explicarla: la vida cotidiana, la dinámica social. Un conflicto social concreto puede no ser responsabilidad del gobierno (ni de sus actores ni de las leyes que le brindan orientación a la acción), pero un gobierno estatal o federal tiene responsabilidad en tanto no deja claro a todos sus gobernados, en los términos más llanos, la importancia del “pacto social” para la pervivencia de la comunidad política, para la vida en armonía… para la paz, como fundamento del bienestar, mucho más si bajo ese slogan de campaña llegó al poder. Los gobiernos puedes ser responsables en la medida en que mantienen ignorantes a sus todos sus gobernados respecto de esto y culpables por la inacción, por ser omisos en la solución cuando una problemática concreta se da.


Los municipios no son ínsulas aparte, no se autogobiernan más allá del artículo 115 constitucional y como entidades políticas forman parte de un pacto que en su aspecto más necesario les obliga a obedecer las leyes que todos nos hemos dado a través de nuestro poder legislativo. No debería haber más: o el Poder Ejecutivo concilia entre las partes en conflicto, la obediencia de las leyes que protegen la vida, la libertad y la propiedad fundamentalmente; o la aplica por medio del uso legítimo de la fuerza. Cuanto está pasando particularmente ahora, y no solo me refiero al caso Amoltepec, es que la línea que separa la imposición del estado de derecho y la “represión” se ha hecho más delgada, casi imperceptible y ante el miedo de cruzarla, se minimizan los conflictos y la vindicta privada se toma como moneda de cambio, sobre todo en municipios alejados del centro político: la capital del estado.


La doctrina del pacto social inherente a la democracia implica que los seres humanos cedemos nuestra vida y nuestro propio poder al gobierno encargado de aplicar las leyes que son buenas y justas desde el momento en que nosotros mismos las avalamos con la elección de quienes la hacen: los legisladores.


La justicia por propia mano en forma de toma de palacios municipales, bloqueos de vialidades, privación de la libertad, golpes y hasta homicidios, hecha muchas veces a impulsos de voluntades caprichosas para quienes el bienestar común no importa, requieren acción inmediata y decidida de los primeros garantes de la ley. Un gobierno se elige para hacer valer la ley, conciliada y pacíficamente o por la fuerza cuando la razón no encuentra cabida. Las leyes que carecen de sanción se convierten en normas imperfectas que solo sirven a analistas y amanuenses, pero no a la ciudadanía que vive en carne propia la anarquía, mucho menos a la comunidad política: federación, estados, municipios que deben vivir, no uniformados ideológicamente, pero sí unidos para el progreso común. El que nueve policías, representantes del orden se encuentren privados de su libertad por ciudadanos de Amoltepec es emblemático. Se necesitan acciones contundentes para que el mal ejemplo no cunda. Negociar la ley más allá de indebido ha sido casi siempre y en estos casos una mala ocurrencia, más aún cuando se hace por miedo y sacrificando el derecho de quienes conservan la vocación pacífica. Cunde el mal ejemplo y se envía un peligroso mensaje a ciudadanos, grupos y organizaciones que se sienten agraviados.


Casualmente recibo, mientras esto escribo, una llamada. No pocas organizaciones oaxaqueñas de cafetaleros tomarán en breve las calles. El motivo: incumplimiento de promesas de campaña. De ello abundaremos en otra entrega.


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viernes, 27 de julio de 2012

¿QUÉ ESTÁ FALLANDO EN OAXACA?

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

¿QUÉ ESTÁ FALLANDO EN OAXACA?


“La ley es dura
Pero es la ley”
H. Kelsen


¿Son los ciudadanos oaxaqueños estoicos o dejados? ¿Renuentes al conflicto o complacientes con la ilegalidad? ¿Comprensivos de su gobierno o resignados a vivir en un estado de derecho reducido? ¿Partidarios del ejercicio de la política para dirimir conflictos o consientes de la aplicación imperfecta de las leyes? Sin duda hay de todo, pero el oaxaqueño ajeno a los roles gremiales, de partido o de gobierno siente un profundo malestar cuando sus intereses cotidianos de trabajo, estudio, esparcimiento y domésticos son afectados directa o indirectamente por la política.


Pocos derechos conculcados concitan tanto malestar y repudio como el de libre tránsito limitado en específico por otro que también tiene grado de garantía constitucional: el derecho subjetivo público que los habitantes tienen de libre reunión. Cuando dos derechos de la misma jerarquía constitucional se contraponen en la cotidianeidad sucede lo que esta semana hemos padecido con normalistas y taxistas.


La primera reacción es la impotencia seguida de la búsqueda de culpables que indefectiblemente desboca en una amenaza a la cohesión social cuya manutención en cierto gado, es uno de los fines mediatos y específicos de la política. Los Oaxaqueños sabemos que desde hace tiempo la ley ya no es dura, aunque sea ley.
Vallés define a la política como la “práctica o actividad colectiva que los miembros de una comunidad llevan a cabo … con la finalidad de regular conflictos entre grupos y cuyo resultado es la adopción de decisiones que obligan –por la fuerza si es preciso- a los miembros de la comunidad.”.


Los derechos de unos terminan donde comienzan los derechos de otros y el derecho de abrumadora mayoría de transitar libremente (sin limitaciones de forma, espacio o tiempo) no puede ni debe sacrificarse a favor del derecho que grupos minoritarios tienen de reunirse libremente.

Hay quien comentó en mi muro de Facebook que no se necesitan más leyes, que bastaría con que se apliquen las existentes. Considero, sin embargo, que para tener lo más claras posibles las reglas del juego en democracia y ante la tentación convertida en acciones por algunos, de tomar justicia por propia mano ejerciendo violencia para reclamar su derecho, es urgente una ley reglamentaria del artículo 19 de nuestra constitución local, referido a la libertad para manifestarse.


Los vecinos de la colonia Linda Vista que desbloquearon unos instantes la zona del monumento a la madre, miembros del FPR haciendo lo propio en inmediaciones del periférico, traileros dispuestos a prender fuego a los vehículos y pasarles “por encima”, turistas descendidos de sus autobuses para mover entre varios un taxi que les impedía pasar y ciudadanos convertidos en agentes de tránsito en el crucero de San Jacinto Amilpas ante la huida de los uniformados nos hacen preguntar ¿Qué está pasando en Oaxaca? ¿Por qué en temporada de nuestra máxima fiesta turística? ¿Por qué si sabemos que nuestro principal ingreso como estado es el turismo? ¿Por qué una demanda al gobierno, tiene que hacer de la vida de quienes nada tienen que ver, el infierno por un día?


Mucha sin razón por donde se le vea porque simple y sencillamente en Oaxaca no se está haciendo POLÍTICA. Ni los grupos de presión, ni el gobierno, ni los partidos. Los manifestantes organizados, ciegos e insensibles a la realidad de miles y a la economía del propio estado en el que también viven; el gobierno sin la voluntad ni la disposición de afrontar un eventual costo político empleando el uso legítimo de la fuerza pública y los partidos políticos, confinados en la cámara de diputados que han convertido en su único Oaxaca, cuando sus legisladores les hacen caso.


¿Y La ciudadanía? Esa siempre aguanta, esa puede esperar, a esa mañana se le olvida. Y en efecto –amable lector- el ciudadano es tolerante, hasta excesos criticados. Incapaces y apáticos para organizarse de manera seria y más o menos duradera, a algunos se les ha ido parte de la vida dando votos de castigo; se han resignado a que no sirva de nada. A diferencia de lo que ocurre en el país, en Oaxaca nuestra constitución en la última fracción de su artículo 50 autoriza a los ciudadanos a proponer iniciativas de ley al congreso del estado, que reforzadas con medios institucionales y públicamente eficaces de presión social evitarían que se vayan a la congeladora y obligarían a los legisladores, al menos a discutirlas.


La única solución que yo veo a corto plazo es la presión social a los partidos políticos para postular candidatos de peso completo que con su formación e historia de vida devuelvan la esperanza a los votantes y estén dispuestos a hacer el trabajo de interlocución que muchos políticos tradicionales ya no quieren hacer. Los votantes necesitan opciones encarnadas que conozcan y apliquen la declaración de principios y el programa de acción del partido que los postule. Nunca que yo sepa, al menos en el caso del PRI que conozco, se han hecho exámenes de acreditación de documentos básicos a pre candidatos, que exigen los estatutos y las respectivas convocatorias para poder postularse.


Cuando las candidaturas en todos los partidos dejen de verse como premios que, incluso, se pueden comprar y se asuman por los propios partidos como una alta responsabilidad, las cosas empezarán a cambiar. Los ciudadanos merecen nuevas expectativas y opciones completas, íntegras a la hora de entregar su voto. Así no solo se reducirá el abstencionismo, también se tendrá garantía de que quien resulte electo responderá por su partido, por sus principios y programa, que no por sus líderes o padrinos.


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lunes, 23 de julio de 2012

CAMBIOS EN EL PRI ¿CUÁL ES LA PRISA?

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

CAMBIOS EN EL PRI ¿CUÁL ES LA PRISA?


“La ausencia de política –en condiciones de desigualdad-
Permitirá jugar con ventaja a los grupos que ocupan
Las posiciones más favorbles”
J M Vallés


Con el paso de los días, las cosas para el PRI oaxaqueño parecen irse clarificando en el delineamiento de su rumbo, al menos en la opinión publicada que, con más o con menos credibilidad y dignidad de confianza da luces, aporta elementos, sugiere fundamentadas alternativas o comenta lo aprehendido de primera mano.


Lo interesante es que los priístas ya no van a ciegas, ni en obediencia catatónica. La reflexión ha llegado -esperemos que para quedarse- y a más de ello, se comparte y se discute dentro de límites aceptables de civilidad y respeto. No todos los pareceres son acertados, pero tampoco todos errados. Sofismas aún circulan, así como verdades encubiertas y tendenciosas; pero las posiciones son claras: cambio o manutención; progresismo o conservadurismo; refundación o conmutación.


Todo parece indicar que será hasta la segunda semana de septiembre, una vez calificada la elección presidencial, cuando el proceso interno para elegir nueva dirigencia comience formal y públicamente. Contrario a lo que -incluso en medios- se ha dicho, sí urge.


El proceso electora local lo tenemos encima y el PRI viene de una aplastante derrota viendo los resultados finales: una de once diputaciones por la vía de mayoría y un solo escaño de primera minoría que se ganó perdiendo. Quienes han llamado a la calma preguntando ¿por qué la prisa? pretenden administrar la derrota, viendo por sí mismos y no por la institución. La parsimonia traerá solo más de lo mismo y el cambio obtenido será al final solo un reacomodo negociado; parte de la normalidad de la nueva oposición en Oaxaca.


Todo parte de certezas mínimas que deben tener los priístas.


1.- A Enrique Peña Nieto le interesa el rescate del PRI de Oaxaca tanto o más que los de otros estados donde el PRI es oposición. El nuevo escenario de repudio construido en buena medida artificialmente por el obradorismo requiere de voces de respaldo al proyecto de gobierno del nuevo presidente en todos los rincones del país y que mejor que los militantes priístas y ciudadanos convencidos de que el PRI es diferente.


2.- Una de las ofertas del mismo Peña fue un nuevo PRI, cuya percepción no debe “bajar” sino construirse desde los comités municipales y seccionales (hasta donde se pueda) en los estados. La única motivación de peso para los priístas que no se han ido, es la solidaridad de su presidente de la república.


3.- En la estrategia del mexiquense no caben posturas irreconciliables como la de los ex gobernadores. Es altamente probable que si decide premiar derrotas conceda algunos espacios de gobierno federal y responsabilidades partidarias a oaxaqueños confrontados, siempre que los acepten fuera del territorio oaxaqueño.


4.- Como máxima autoridad de facto del priísmo de México no aceptará presiones de ningún tipo y sus operadores en Oaxaca no son oaxaqueños inmersos en la dinámica priísta local.


5.- Primero pedirá las reglas y después los nombres. Todo pasará por su escritorio aunque de la forma más resumida comenzando por quienes integren la Comisión Estatal de Procesos Internos que no escapará al criterio refundador.


6.- Quienes quieran ser dirigentes habrán, con sus cualidades personales, de garantizar la aceptación, la unidad, la interlocución y el papel del PRI como verdadera oposición.


Los militantes deben, en tanto, hacer política partidista: discutir pública y abiertamente su pensar y su sentir; involucrarse en la toma de la más importante de nuestras decisiones en los últimos tiempos; asumir individualmente su importancia dentro del proceso y defender sus derechos como militante, estatutariamente reconocidos.


No existe disposición legal alguna que impida el cambio de dirigencia en proceso electoral como algunos lo han hecho creer ni argumento válido para aplazar nuestro proceso interno. La defensa jurídica del triunfo de Peña Nieto está en las mejores manos, en su equipo cercano. Aquí la mejor forma de ayudarle es generando las condiciones de libertad, participación responsable, compromiso partidista, tolerancia y respeto para construir entre todos un proceso interno digno del partido que todos queremos y que Oaxaca necesita: un nuevo PRI.


@MoisesMolina

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domingo, 15 de julio de 2012

DESPUÉS DE LA CARTA

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA


DESPUÉS DE LA CARTA


Con el rediseño institucional de la justicia electoral mexicana en 1996, la calificación de las elecciones federales pasó a ser cuestión eminentemente jurídica. Antes de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dejara de ser organismo constitucional autónomo para convertirse en tribunal especializado del Poder Judicial de México, la instancia encargada del acto final del proceso electoral era la Cámara de Diputados erigida en Colegio Electoral, haciendo de la calificación de la elección un acto esencialmente político.


Llegamos a la antesala final del proceso electoral 2011-2012 con normas constitucionales y reglamentarias suficientes y adecuadas para un Tribunal Electoral fuerte y ampliamente legitimado que imparta justicia y conceda razón y “sin razón” a las partes en conflicto.


El IFE cumplió su papel y declaró ganador de la elección a Enrique Peña Nieto y la única salida que le queda a “quien probada y reiteradamente ha sido un mal perdedor”, según el dicho de Pedro Joaquín Coldwell, es, después de haberse recontado más de la mitad de los votos emitidos en la elección presidencial, la desesperada exigencia de que se anule la elección.


El magistrado presidente del Tribunal anunció con anticipación, “irresponsablemente” para algunos, lo que parece obvio: “nadie ganará en la mesa lo que no ganó en las urnas” y es solo cuestión de tiempo para que Enrique Peña Nieto sea, con todas sus letras, Presidente Electo de México.


Las consideraciones anteriores y el anuncio de emisión de la convocatoria para renovar la dirigencia priísta que el delegado presidente del PRI en Oaxaca hizo a los medios el 4 de julio, motivaron mi carta del día jueves. ( Carta que pueden consultar en www.moises-molina.blogspot.com )


El PRI ya no creo que tenga nada que perder y sí mucho que ganar en Oaxaca con una elección por voto universal de su dirigencia. Personajes de reconocida y probada trayectoria, en base a su experiencia juzgaron que los resultados serían incluso más devastadores que los sufridos el primero de julio. Advirtieron que la división, evidente al interior de parte importante de la militancia, se ahondaría en intensidad y que la reedición de las viejas prácticas de campaña acabarían por hacer al partido aún más impresentable ante la ciudadanía.


Es una verdad que parte de la displicencia de las dirigencias tricolores recayó en la ausencia de un registro partidario, un padrón de miembros credencializados que nos aportara bases para una democracia interna de calidad. No obstante, es mi creencia, que elegir a nuestr@ president@ y secretari@ general en una asamblea de consejeros políticos o en asambleas municipales, redundarían en más de lo mismo y en más de los mismos.


La elección directa por la base militante contemplada, además de las dos modalidades anteriores, en el artículo 10 de nuestro reglamento para la elección de dirigentes y postulación de candidatos, representa según mi punto de vista, una ocasión extraordinaria de abrir el partido a la ciudadanía, para que puedan participar no solamente militantes, sino ciudadanos con credencial de elector que simpaticen con el PRI y quieran aportar un voto por su refundación.


Si los partidos políticos son organizaciones de ciudadanos que compiten en elecciones para conquistar cargos de elección popular, lo adecuado en el periodo de crisis que atraviesa el PRI oaxaqueño, es abrirlo a todos los ciudadanos que quieran ir a votar por los candidatos de su preferencia para dirigir al PRI en nuestro estado.


No es que, quien esto escribe, piense que existen modalidades más democráticas que otras, pero la elección directa por la base militante es, a todas luces, más incluyente y la inclusión aporta siempre bases más sólidas de legitimidad. La legitimidad es el oxígeno que el partido necesita para volver a ser competitivo.


Más de la mitad de la lista nominal en Oaxaca (56.63%) la integran ciudadan@s entre 18 y 35 años de edad. Jóvenes con credencial de elector que se acercan a la política sólo en elecciones; que reducen (aunque no tod@s) su participación al mero acto de votar y votan cada vez menos por partidos y más por personas. Los partidos no les representan absolutamente nada en la mayoría de los casos. Debe ser mandato moral del PRI abrirse a la generación que ya está aquí y brindarles la oportunidad de participar en un ejercicio inédito en nuestra historia, de elección directa por voto universal de su dirigencia; es una ocasión que si estuviera en mis manos, no desaprovecharía.


Y si a esto sumamos el último reducto de esperanza de los militantes “adultos”, de esos que elección tras elección trabajan apasionadamente y gozan o sufren de igual manera las victorias y las derrotas, que en las regiones están esperando que en el PRI suceda algo grande, distinto, novedoso, nos encontramos con que los priístas necesitan una nueva mística que ya no descanse -porque esos tiempos ya se fueron- en designaciones unilaterales o arreglos de quienes se han sentido “dueños” de una entidad de interés público, como es el PRI. La visión patrimonialista del PRI se vale, pero ya no para unos cuantos, sí para tod@s. Ya no se trata de que apoyen una causa en forma de una candidatura, se trata de que abracen esa causa, que la sientan nuevamente como suya y que asuman con dignidad y plenitud aquello que ya no les vale de nada: un lugar como consejer@s políticos o delegad@s a una asamblea, cuando sea el caso.


Los caminos de la democracia interna son vastos y fecundos y hay quienes por diversas y respetables razones no quieren transitarlos y prefieren los atajos. El camino que debemos recorrer en el proceso que se avecina, una vez declarado Enrique Peña Nieto Presidente Electo de México, debe ser del tamaño de nuestra crisis local: amplio, muy amplio, para que quepan los más posibles. Quienes sientan algo que perder, que queden en la libertad de no participar y quienes quieran ganar un nuevo PRI para el futuro inmediato, que opinen, exijan, se involucren.


El PRI que viene ya nos alcanzó. Que ganen l@s mejores.


moisesmolinar@hotmal.com

@MoisesMolina

jueves, 12 de julio de 2012

CARTA A JORGE ESTEBAN SANDOVAL OCHOA Y ARTURO OSORNIO SÁNCHEZ

CARTA A JORGE ESTEBAN SANDOVAL OCHOA Y ARTURO OSORNIO SÁNCHEZ


Muy estimados señores:


Comenzaré reconociéndoles lo que nadie o casi nadie, a últimas fechas, les ha reconocido: su disposición y su voluntad para sobrellevar la nada sencilla encomienda de conducir al complejo PRI oaxaqueño en este tortuoso proceso electoral; tiempo y voluntad que con mayores satisfacciones pudieron haber empleado en latitudes mejor conocidas y más confortables políticamente.


Al tiempo de discurrir estas líneas, se estará preparando un documento que la corriente interna de opinión con la que simpatizo, les hará llegar y con cuya idea central concuerdo. Era, sin embargo, imperativo dejar constancia de la exclusividad de algunas reflexiones.


Es esta, una misiva que no espera respuesta. Puede entenderse como políticamente inadecuado. Su contenido puede no ser compartido por algunos, pero sí suscrito por muchos priístas que como yo, con más de la mitad de la vida invertida en militancia, se muestran preocupados y ocupados por el futuro inmediato del PRI en nuestro estado.


Soy de los miles que, como ustedes, el primero de julio no celebramos nada e iniciamos un ejercicio profundo de reflexión y prospectiva. ¿Hacia dónde encaminaría ahora los pasos nuestro otrora hegemónico partido? fue la pregunta inicial. Sólo dos caminos posibles nos aguardan: la refundación, con el espíritu que nuestro presidente nacional abrazó en su mensaje de toma de protesta; o un papel testimonial de cara al escenario adverso que los electores dibujaron en la nueva realidad política de Oaxaca.


Los electores decidieron y no lo hicieron a nuestro favor, pero tampoco desfondaron al PRI que, muy a pesar de los vicios, componendas y malas decisiones de algunos de sus miembros, logró parámetros todavía aceptables de aprobación electoral. La elección en Oaxaca no la ganaron los mejores. En medio de la crisis del sistema de partidos en Oaxaca, el PRI dejó de hacer mucho y por él dejaron de hacer otro tanto quienes estaban obligados a ello. Arribamos al proceso electoral en medio de la displicencia que ahondó la división interna, con un proceso de selección de candidatos que dejó inconforme o al menos insatisfecha a la mayoría y el resultado aún nos duele.


El PRI en los últimos lustros devino en una estructura recicladora de talentos. Apellidos y rostros omnipresentes con sus personalidades y el mismo estilo de hacer política. Al partido se le enquistó y se le hizo presa de su dinámica interna; nuestra competencia al interior, nos distrajo de nuestros verdaderos adversarios. Perdimos rumbo en la medida en que se le alejó de su razón de ser más allá de su militancia y no se diga de su nomeklatura: de la ciudadanía.


El PRI ya no era institución que traducía representatividad social en representatividad política. Reproducía representatividad política en más representatividad política y la consecuencia fue el epítome del desgaste. Muchos militantes y cuadros que, como quien esto escribe, fueron beneficiarios laborales y políticos de los gobiernos priístas, de pronto fueron con razón o sin ella excluidos o desplazados de las decisiones y los procesos importantes por una aristocracia que administró al PRI como club de amigos, por decir lo menos; y lo más grave, cancelaron la posibilidad de desarrollo político de muchos jóvenes y mujeres que debieron refrescarlo entrando por la puerta de la capacitación política y la formación ideológica. Nuestro partido se entregó al pragmatismo vertical y los mismos de siempre llegaron a ser insuficientes, primero e ineficaces después.


No sabemos cuánto tiempo dure la encomienda de ustedes en Oaxaca. Si ella alcanza la
conducción, también del proceso interno de elección de la nueva dirigencia estatutaria, es grave la responsabilidad conferida y muy altas las expectativas. En sus manos, compañeros presidente y delegado, está el PRI que viene y de sobra está decir que requiere como nuevos cimientos la objetividad, la imparcialidad, la inclusión y el bien común de los priístas, no el de unos cuantos; menos el de los mismos de siempre.


Que estas líneas no se interpreten provocadoras ni desafiantes. La legitimidad, si es que se pretende un nuevo PRI, no puede venir de otra fuente que no sea la voluntad mayoritaria de militantes y simpatizantes. Una elección abierta con voto universal y secreto será, a mi juicio, la mejor posibilidad de refundación. Algunos podrán no estar de acuerdo con el resultado pero los triunfadores nacerán, ahora sí, legitimados jurídica y políticamente para iniciar un verdadero trabajo de reconciliación, como presupuesto de competitividad para el próximo proceso electoral para elegir diputados al congreso del estado y presidentes municipales el año por venir.


El PRI debe dejar de moverse solo sobre su membresía, sobre su voto duro. No hay mejor manera de acercarse a los ciudadanos que mantener abiertas, sin reservas, las puertas del PRI, redimensionar el papel y la función de nuestros sectores y organizaciones; ubicar en el lugar de privilegio que les corresponde a los organismos especializados de capacitación política y divulgación ideológica; reencauzar el trabajo de los comités municipales volviendo los ojos a los seccionales. Los priístas aquí están, no se han ido, ni es conveniente que se vayan. Hay que asignarles tareas dignas y específicas para la acción política.


El PRI es de todos y todos, sin excepción, tenemos mucho que aportar. La competencia interna no debe temerse. La palabra final, siempre sabia, la habrá de tener el ciudadano simpatizante o militante con su voto.


Ante la inminente renovación estatutaria de nuestra dirigencia estatal, una elección directa por la base militante, aprobada por nuestro Consejo Político Estatal, entre las opciones presentadas por nuestro Reglamento para la Elección de Dirigentes y Postulación de Candidatos, pondrá a cada quien en su lugar.


Reciban mi más sincero agradecimiento por la deferencia de su atención.


Moisés Molina