LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
PRI: DESAYUNO DE MEDIAS VERDADES
Aún antes de las escasas notas periodísticas, el desayuno convocado por la dirigencia del PRI de Oaxaca, llevado a cabo el pasado viernes, comenzó a comentarse en el nuevo actor colectivo: las redes sociales.
Antes de conocerse las resultantes del cónclave, comentarios corrían en carretera de doble sentido. De inconformidad y agravio, la mayoría. Y es que la carencia de una estrategia de comunicación política que, entre muchas otras cosas, sufre el PRI oaxaqueño desde hace ya un buen tiempo, entrampó a los indignados en la desinformación. No era una reunión de Consejo Político, no lo era tampoco un desayuno de convocatoria abierta, aunque terminó siéndolo (no se impidió el acceso a nadie), ni siquiera un acto público. Era más bien una reunión de carácter privado entre la estructura “formal” del tricolor. Los únicos actores que debían estar ahí eran los integrantes del CDE, líderes de Sectores y Organizaciones, Presidentes Municipales, legisladores federales y locales y presidentes de comités municipales priistas.
¿Para que los citaron? Al final, nadie me supo decir. Hubo aforo, hubo, con algunas ausencias y retrasos notables, representatividad. Lo que no hubo fue tema. Los platillos fueron el principal argumento. Bien es cierto que no era un foro de análisis, ni un panel de retroalimentación; en las circunstancias actuales, un debate abierto es lo que menos quieren quienes cómodamente administran un membrete. Pero era necesario, al menos, hacer un ejercicio unilateral de reflexión, de autocrítica, de objetividad. Nada de eso. Se reunieron como el PRI de hace dos o tres años, para que los más contemplaran, admiraran, reconocieran a los menos, los ocho o nueve que alcanzaron lugar en el presídium.
Que le dieron lugar a Heliodoro y no a Ilescas, teniendo ambos la misma calidad de ex diputados y ex aspirantes a la presidencia del PRI; que Samy Gurrión y Nieves no llegaron ;que sentaron hasta a la responsable de prensa y no a Amando Bohorquez ni a Jacobo Sánchez que tienen ya espacio en la estructura; Que Sofía no se veía; que Eviel llegó tarde y ya no quiso hablar; que Elías Cortés y no Sandoval ni su secretario general, conducía la reunión, era el análisis político que los comensales subían a las mesas del desayunadero.
¿De que se habló entonces? De todo y de nada. Alguien ajeno a la realidad política de Oaxaca bien pudo haber pensado que el PRI seguía siendo gobierno, entre los discursos de verdades a medias, de obviedades, de lugares comunes, de oratoria de concurso con pésimos concursantes.
Hubieron eventualmente quienes entendieron mal lo que Fito Toledo “tuiteó” entendiendo mal. El voto de confianza no era para Jorge Sandoval, fue para el CEN que puede ratificarlo, pero también puede no ratificarlo enviando a uno nuevo, oaxaqueño o no. Las únicas convicciones generadas ahí, existían antes de sentarse a comer: 1) el presidente del CDE lo pone y lo quita el CEN y 2) Necesitamos la unidad para afrontar el proceso de 2013.
Y no es que nuestros priístas más notables sean tontos o incapaces de articular peroraciones convincentes; fingieron demencia diciendo mucho y nada a la vez con una intencionalidad. Hablar sin hablar. El chiste era dejarse ver, dejarse adular, dejarse apapachar. Propiciar una ocasión lo más “light” posible para sacar el baumanómetro. Y en efecto no hubieron, como muchos deseaban, puñetazos. De algunas temerosas rechiflas no pasó. Natural, si tomamos en cuenta que no hubo ocasión significativa, que nadie sabía a qué iba, pero no querían dejar de ir.
Fue una reunión a favor del Status Quo, de que las cosas sigan como están, al menos administrativamente. Ni siquiera hubo necesidad de gatopardismo. Nada cambia para seguir igual. No hay peligro, seguramente pulsaron, el PRI puede seguir así rumbo a 2013 sin grandes cambios.
Mientras tanto, en medio de la desinformación, el descontento crecía por quienes, una vez más, se sintieron excluidos, marginados, subestimados; de quienes casi acusaban conspiración en su contra, que veían sospechosa en la desatención por no incluirlos. Y esa misma frustración desinformada la transmitían a sus cercanos, vaticinando alguno, en plazo de dos meses, la toma de las instalaciones del partido.
Honestamente no se perdieron de nada, porque eventualmente no les hubiesen dejado hablar y de poder hacerlo, les hubieran acallado con silbidos. Habrían salido con igual o más insatisfacción.
Si Sandoval se va o se queda, aún es incierto. Él, sin duda, se quiere ir. Desgraciadamente, es algo que no está en sus manos. Lo ha dicho. No puede pedirle a Coldwell que le separe de la responsabilidad y probablemente tenga que esperar más de lo querido para recibir, en la estructura del próximo Gobierno Federal, el premio por servicios prestados a la patria partidista.
¿Que destino le aguarda entonces al PRI oaxaqueño? Sigue siendo incierto. La respuesta la tienen Coldwell y los votantes.
Si lo que se quiere es, en específico y con urgencia, recuperar la presencia política en Oaxaca, dejando de lado la mayoría de las funciones de los partidos políticos que la teoría enseña, que vayan en el sentido que quiere el electorado. Que se haga desde la casona de Santa Rosa, política con ciencia, no con metafísica, no con corazonadas, ni siguiendo la ruta de las fortunas personales para pagarse una campaña, ni del “prestigio” o “capital” político, cuyos resultantes tenemos reciente y dolorosamente conocidos. Que se estudie a fondo la composición de la lista nominal de Oaxaca para saber qué candidatos y qué plataforma política quieren quienes tienen credencial de elector en la cartera o en el bolso. Si el PRI no se abre a la ciudadanía y sigue obstinado en seguir viendo la realidad con los anteojos de “los mismos de siempre”, tendremos los mismos resultados que ellos nos han regalado ya sin gobierno, porque seguiremos sin gobierno un buen rato.
EL PRI de Oaxaca necesita estrategia, método para alcanzar los resultados deseados.
El PRI no debe ser, hoy por hoy, la casona de Santa Rosa, ni sus miembros distinguidos usufructuando curules, escaños, presidencias o regidurías, tampoco sus militantes de a pie que no saben ya a quien creerle y por ello adulan y quieren quedar bien con todos; el PRI necesita ser programa, proyecto, plan para la acción.
En tanto sabe si se va o se queda, Jorge Sandoval debe:
1.- asumirse con fortaleza como presidente, le guste a quien le guste;
2.- formular, derivado de los documentos básicos, un plan con acciones definidas que presenten al PRI como auténtico partido de oposición en Oaxaca, compartido, al menos, con el Consejo Político;
3.- Incorporar a su Comité Directivo, una coordinación de asesores integrado por priístas garantes de conocimiento del sistema político oaxaqueño, formación, capacidad y trabajo.
4.- Exigir un programa escrito de trabajo a todos los líderes de sectores, organizaciones y organismos especializados, malacostumbrados a hacer comparsa y defender al gobernador en turno; y vigilar su cumplimiento;
5.- Revisar y poner orden en el destino de las prerrogativas partidistas; y
6.- Conceder a los cientos de priístas que, en el interior del estado, guardan naturales diferencias con sus comités municipales, nombramientos que les otorguen legitimidad para capitalizar y seguir haciendo trabajo político.
Las corrientes de opinión que naturalmente se han formado no son enemigas del PRI. Debe dejárseles de ver como factor de ruptura y comenzar a brindarles trato como expresión de diversidad instrumental en la unidad ideológica. Persiguen los mismos fines pero por diferentes medios. Sus integrantes no están cerrados al trabajo conjunto. Solo quieren un espacio digno y de respeto.
En Oaxaca no hay gobierno, en buena medida, porque no hay oposición. Por ello se hace mucha política y poca administración. Si ellos no quieren o no pueden aprender a ser gobierno, que el PRI aprenda a ser oposición.
@MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com
domingo, 14 de octubre de 2012
sábado, 6 de octubre de 2012
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
10 ESTADOS SIN PRI
Una gran displicencia se deja sentir por parte del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en las entidades federativas donde el otrora partido hegemónico es formalmente oposición.
La sujeción por lustros de la dinámica priísta de esas entidades a las decisiones del gobernador en turno explican buena parte de esa displicencia. Los priístas, acostumbrados a caminar en la ruta de la cómoda e incuestionable “línea” que trazaba el jefe político de las entidades, nunca han tenido lo que en los discursos es lugar común: las riendas de sus propios destinos en relación al partido; y en medio del pasmo causado por las derrotas, desde la primera que hace 23 años tuviera en Baja California, que no ha podido recuperar, los PRI locales han mostrado en términos generales incapacidad de autogobierno fuera del cobijo gubernamental estatal.
Además de Baja California, Oaxaca, Tabasco, Distrito Federal, Morelos, Guanajuato, Guerrero, Sonora, Baja California Sur y Sinaloa comenzarán el 2013 bajo gobierno emanados de partidos distintos al PRI y no se ve por ningún lado una estrategia integradora de trato preferencial y diferenciado por parte del comité que preside Pedro Joaquín Coldwell.
Que estas entidades poseen realidades diversas y que sus circunstancias sociopolíticas guardan particularidades que las diferencian, no son pretextos para dejar, como se ha hecho cómodamente, manga ancha al canibalismo. La balcanizada élite política, sin gobernador, ha dejado al priísmo de estos estados a la deriva y cotidianamente se refleja públicamente la imposibilidad de acuerdos entre quienes desean, a toda costa mantener su hegemonía sobre los despojos institucionales del PRI y quienes han visto en las crisis de las derrotas, una oportunidad de renovación y relevo generacional; de desplazamiento pues, de la vieja y enquistada nomenklatura recipiendaria de la responsabilidad de las alternancias. ¿En medio? Las y los militantes que se frustran o se resignan ante la nueva realidad que, en ya varios casos, no es tan nueva.
Al CEN le falta audacia. Parece más cómodo manteniendo el status quo, las cosas como están. Cada vez crecen más las opiniones en dirección de la bonanza que, para el nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, representan estados opositores como moneda de cambio de acuerdos políticos.
Se han hecho comunes las figuras de dirección partidista local al límite de los estatutos. Los delegados designados por el CEN con funciones del presidente, son una penosa realidad o una inminente amenaza. Ellos hablan del fracaso de la democracia interna y más aún, de un centralismo obligado, resignado. Delegados enviados con amplias credenciales desde geografías distantes solo administran el desorden, contienen las pasiones, congelan la dinámica partidista. Cualquier cosa es referible a una “masacre sin sangre” y en el eventual cálculo, una masacre a secas.
Enrique Peña Nieto justifica hoy por hoy, para esos estados, la esperanza siempre renovada. Los priístas ahí no tienen gobernador, pero ahora tienen presidente. No ha bastado el tiempo para recordar, si es que algún día se aprendió, qué es hacer política, alcanzar acuerdos. Ante ello hay que esperar un golpe de timón, un manotazo en la mesa del hombre fuerte. Que Peña Nieto decida, que llame al orden, que se imponga. Cualquier cosa es preferible a seguir forcejeando en el mismo lugar. Esa es, vista por más de uno, la última alternativa.
Las mejores intenciones que pudieran tener los delegados no alcanzan. En natural. En un terreno ignoto, en medio de una realidad que no es la suya, en un presente donde solo tiene cabida su futuro inmediato, cumplen en lo que pueden resignados y también esperanzados. Su esperanza de que el PRI local tome rumbo no es tan grande como la de su retiro de la responsabilidad. Además saben que “arriba” no les pueden exigir mucho.
¿Tiene Peña Nieto interés real en reconstruir institucionalmente al PRI de estos estados? Solo él lo sabe, pero debería tenerlo. En medio de un obradorismo que vela nuevas armas, de un inocultable descontento popular exacerbado por los regalos “preferentes” del fin del calderonismo y de un movimiento estudiantil alimentado desde la izquierda romántica, nuestro presidente electo necesita una defensa organizada, con estrategia, con intencionalidad que no se puede tener en estados donde el priísmo no tiene PRI y donde “los mismos priístas de siempre” están más preocupados por las delegaciones federales que por el bien partidario.
Pocas son las ideas y los sentimientos que se convierten en palabras. Y mientras, los días pasan iguales al anterior. Sin luz, sin atisbos, inciertos, lejos de la cúpula, exiliados del derecho a saber. Al presidente electo que no le distraigan hasta que pase la elección … hasta que el tribunal califique … hasta que rinda protesta … ¿luego?
Estos estados pueden ser piedras en el zapato presidencial, pueden también ser excelentes ventanas de oportunidad en un México donde la gente necesita volver a creer, nostálgicos en buen número de sus ciudadanos militantes, de la mística revolucionaria. Los PRI de los estados necesitan presidentes y secretarios generales originarios y amantes de esas mismas entidades.
En Veracruz se le ve a José Luis Rodríguez Bustamante invitando a militantes de otras fuerzas políticas a sumarse al tricolor y anunciando reuniones mensuales abiertas a la militancia con garantía de libre expresión; en Morelos, Manuel Martínez Garrigós anuncia la defensa del relevo generacional ante la amenaza del jurásico; en Tamaulipas Ramiro Ramos Salinas inicia renovación de comités municipales y en Sonora la prensa deja constancia de que “el padrón de militantes, el voto corporativo y el PRI popular son ficciones”. Son realidades aisladas pero reveladoras; inspiradoras de nuevos esfuerzos.
El priísmo está, existe, estoicamente al margen del cobijo gubernamental, confía renovadamente en su presidente. Esperan con la oración política de Colosio “Todo el PRI, todo el tiempo, en todas partes”.
Twitter @MoisesMolina
Moisés MOLINA
10 ESTADOS SIN PRI
Una gran displicencia se deja sentir por parte del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en las entidades federativas donde el otrora partido hegemónico es formalmente oposición.
La sujeción por lustros de la dinámica priísta de esas entidades a las decisiones del gobernador en turno explican buena parte de esa displicencia. Los priístas, acostumbrados a caminar en la ruta de la cómoda e incuestionable “línea” que trazaba el jefe político de las entidades, nunca han tenido lo que en los discursos es lugar común: las riendas de sus propios destinos en relación al partido; y en medio del pasmo causado por las derrotas, desde la primera que hace 23 años tuviera en Baja California, que no ha podido recuperar, los PRI locales han mostrado en términos generales incapacidad de autogobierno fuera del cobijo gubernamental estatal.
Además de Baja California, Oaxaca, Tabasco, Distrito Federal, Morelos, Guanajuato, Guerrero, Sonora, Baja California Sur y Sinaloa comenzarán el 2013 bajo gobierno emanados de partidos distintos al PRI y no se ve por ningún lado una estrategia integradora de trato preferencial y diferenciado por parte del comité que preside Pedro Joaquín Coldwell.
Que estas entidades poseen realidades diversas y que sus circunstancias sociopolíticas guardan particularidades que las diferencian, no son pretextos para dejar, como se ha hecho cómodamente, manga ancha al canibalismo. La balcanizada élite política, sin gobernador, ha dejado al priísmo de estos estados a la deriva y cotidianamente se refleja públicamente la imposibilidad de acuerdos entre quienes desean, a toda costa mantener su hegemonía sobre los despojos institucionales del PRI y quienes han visto en las crisis de las derrotas, una oportunidad de renovación y relevo generacional; de desplazamiento pues, de la vieja y enquistada nomenklatura recipiendaria de la responsabilidad de las alternancias. ¿En medio? Las y los militantes que se frustran o se resignan ante la nueva realidad que, en ya varios casos, no es tan nueva.
Al CEN le falta audacia. Parece más cómodo manteniendo el status quo, las cosas como están. Cada vez crecen más las opiniones en dirección de la bonanza que, para el nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, representan estados opositores como moneda de cambio de acuerdos políticos.
Se han hecho comunes las figuras de dirección partidista local al límite de los estatutos. Los delegados designados por el CEN con funciones del presidente, son una penosa realidad o una inminente amenaza. Ellos hablan del fracaso de la democracia interna y más aún, de un centralismo obligado, resignado. Delegados enviados con amplias credenciales desde geografías distantes solo administran el desorden, contienen las pasiones, congelan la dinámica partidista. Cualquier cosa es referible a una “masacre sin sangre” y en el eventual cálculo, una masacre a secas.
Enrique Peña Nieto justifica hoy por hoy, para esos estados, la esperanza siempre renovada. Los priístas ahí no tienen gobernador, pero ahora tienen presidente. No ha bastado el tiempo para recordar, si es que algún día se aprendió, qué es hacer política, alcanzar acuerdos. Ante ello hay que esperar un golpe de timón, un manotazo en la mesa del hombre fuerte. Que Peña Nieto decida, que llame al orden, que se imponga. Cualquier cosa es preferible a seguir forcejeando en el mismo lugar. Esa es, vista por más de uno, la última alternativa.
Las mejores intenciones que pudieran tener los delegados no alcanzan. En natural. En un terreno ignoto, en medio de una realidad que no es la suya, en un presente donde solo tiene cabida su futuro inmediato, cumplen en lo que pueden resignados y también esperanzados. Su esperanza de que el PRI local tome rumbo no es tan grande como la de su retiro de la responsabilidad. Además saben que “arriba” no les pueden exigir mucho.
¿Tiene Peña Nieto interés real en reconstruir institucionalmente al PRI de estos estados? Solo él lo sabe, pero debería tenerlo. En medio de un obradorismo que vela nuevas armas, de un inocultable descontento popular exacerbado por los regalos “preferentes” del fin del calderonismo y de un movimiento estudiantil alimentado desde la izquierda romántica, nuestro presidente electo necesita una defensa organizada, con estrategia, con intencionalidad que no se puede tener en estados donde el priísmo no tiene PRI y donde “los mismos priístas de siempre” están más preocupados por las delegaciones federales que por el bien partidario.
Pocas son las ideas y los sentimientos que se convierten en palabras. Y mientras, los días pasan iguales al anterior. Sin luz, sin atisbos, inciertos, lejos de la cúpula, exiliados del derecho a saber. Al presidente electo que no le distraigan hasta que pase la elección … hasta que el tribunal califique … hasta que rinda protesta … ¿luego?
Estos estados pueden ser piedras en el zapato presidencial, pueden también ser excelentes ventanas de oportunidad en un México donde la gente necesita volver a creer, nostálgicos en buen número de sus ciudadanos militantes, de la mística revolucionaria. Los PRI de los estados necesitan presidentes y secretarios generales originarios y amantes de esas mismas entidades.
En Veracruz se le ve a José Luis Rodríguez Bustamante invitando a militantes de otras fuerzas políticas a sumarse al tricolor y anunciando reuniones mensuales abiertas a la militancia con garantía de libre expresión; en Morelos, Manuel Martínez Garrigós anuncia la defensa del relevo generacional ante la amenaza del jurásico; en Tamaulipas Ramiro Ramos Salinas inicia renovación de comités municipales y en Sonora la prensa deja constancia de que “el padrón de militantes, el voto corporativo y el PRI popular son ficciones”. Son realidades aisladas pero reveladoras; inspiradoras de nuevos esfuerzos.
El priísmo está, existe, estoicamente al margen del cobijo gubernamental, confía renovadamente en su presidente. Esperan con la oración política de Colosio “Todo el PRI, todo el tiempo, en todas partes”.
Twitter @MoisesMolina
sábado, 29 de septiembre de 2012
EL "NO TIENEN MADRE" DE LA REFORMA LABORAL
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
EL “NO TIENEN MADRE” DE LA REFORMA LABORAL
El origen de la institucionalización de los derechos laborales en una rama autónoma de las ciencias jurídicas hay que buscarla en el surgimiento de la “política de masas” y tres motivos, que a finales del siglo XIX marcan el agotamiento de Estado liberal:
1) El éxito del capitalismo que conllevaba la concentración de la propiedad y la influencia económica y hacía derivar de estas, la agudización de las desigualdades y en último término la explotación económica traducida en despido masivo, bajos salarios y marginación social;
2) La fuerza política que cobra la afirmación teórica de igualdad entre todos los miembro de la comunidad, que devino en reivindicaciones del derecho al sufragio y a la asociación política y sindical; y
3) La crisis de la incipiente división del poder durante este modelo de Estado entre Monarquía y parlamento, por la omnipresencia del segundo (integrado por propietarios) y la reducción de la primera al cumplimiento de funciones simbólicas.
Después del Estado Liberal, el mundo conoce nuevos modelos como alternativas. Tres de ellos –el Estado Socialista, el Nazi y el Facista- víctimas de sus inconsistencias desaparecieron, dejando el paso libre a la hegemonía del que hoy rige a la gran mayoría de la comunidad mundial: el Estado Liberal Democrático, también llamado Estado de Bienestar o Estado Social. El Estado Liberal para la teoría se democratiza permitiendo intervención popular en los asuntos colectivos reservados antes a los propietarios y se socializa al promover el crecimiento económico, asegurando mayores niveles de bienestar para toda la población.
No es entonces extraño que las luchas iniciales en el campo laboral se centren de forma exclusiva en la reivindicación de derechos inexistentes en el pasado. Las conquistas que, en adelante vienen casi sincronizadamente, cristalizan en el derecho positivo en más y mejores garantías para el trabajador y menos privilegios para el detentador del capital, incluído México con su revolución, la primera revolución “social” del siglo XX y con su constitución de 1917, surgida incluso antes de la más publicitada, que fue la de Weimar.
Nuestra Ley Federal del Trabajo, data de 1931 que contiene en esencia los mismos postulados que la de 1970 y ambas, obedientes del 123 constitucional de 1917 que nuestros legisladores se han rehusado a tocar significativamente.
Una cosa es innegable. El mundo ya no es el mismo de hace 81 años y la inmovilidad de nuestra legislación laboral se antoja inexplicable en una realidad donde los efectos de la globalización no son potestativos y exigen a los Estados, instrumentos de acción eficaces para sortear con éxito los efectos negativos y potenciar al máximo los positivos.
El proyecto de reforma laboral de México aprobado ya por la Cámara de Diputados y a partir del próximo lunes en manos de los senadores, modifica 351 de 1004 artículos de la Ley Federal del Trabajo. Su marco referencial es el mismo del aquel proyecto presentado desde 1988 por la CONCANACO Y LA COPARMEX: la flexibilidad del trabajo, justificado por el nuevo contexto de globalización del mercado y la producción, la modernización de los procesos productivos, la necesidad de proporcionar mayor confianza a los inversionistas y elevar la productividad y la calidad.
De las motivaciones que pública y “parafernálicamente” se expresan en contra de dicha reforma, pocas tienen un sustento racional. La protesta por sistema y por imitación es una de las estrategias que más daño han hecho a la izquierda en México y tan es así que fue solo una fracción de la izquierda la que “tomó” los dos niveles de la mesa directiva en San Lázaro. Fue esa izquierda, más que “desobediente” –como la calificó Silvano Aureoles- cerrada al debate que reduce la justificación de sus acciones con consignas de mitin político y declaraciones vagas, ni siquiera grandilocuentes:
“¡No tiene madre!, están condenando a los trabajadores a la pobreza y a la miseria”, dijo Monreal;
Dicen estar en contra, pero no argumentan. Y su única propuesta como alternativa es que la ley se quede como está, seguir en la realidad jurídica de 1931, los tiempos de Pascual Ortiz Rubio.
Si bien, la reforma laboral está propuesta a la medida de la globalización, no cancela los derechos de los trabajadores, pero parte de la izquierda se comporta ahora reaccionaria. Que nada cambie es su consigna. Para ellos no hay espacio al contraste de ideas, no existe el equilibrio. Su radicalismo deriva de esa visión totalizadora y monopolística de la realidad: si no es su realidad entera, total, la que se impone, simplemente no es buena, carece de bondad en todo sentido.
Mucha gente pregunta si la reforma laboral es buena o mala. Solo eso quiere saber. En un país donde el ciudadano no se informa o cuando lo hace quiere información fácil, el temor coloniza, infecta; y la izquierda ha sido, en buena medida (no totalmente) inoculadora irresponsable de ese miedo ciudadano. Y para muestra un botón: Le dicen a quien les quiera oír que la aprobación del pago por hora implica que una hora de trabajo será pagada a 7 pesos, cuando en la realidad el proyecto aprobado propone que el trabajador no podrá ganar en la jornada laboral menos del salario mínimo, así sea de dos horas esa jornada, además de no poder exceder el número de horas por jornada laboral.
En el proyecto que toca a los senadores estudiar, discutir y aprobar, se contempla el outsourcing o subcontratación, imponiendo obligaciones al contratador y al subcontratador, dejando a salvo derechos del trabajador; el pago por hora; contratos de prueba y capacitación inicial para otorgar el empleo a los trabajadores que mejor capacidad demuestren después de haberles pagado el tiempo que habrá de durar esa puesta a prueba o capacitación; nuevo concepto de trabajo digno o decente, respetuoso de la dignidad humana del trabajador; aplicación del principio de “no discriminación”; mayor protección a la mujer; reconocimiento de los derechos de paternidad; favorecimiento de condiciones para empleo de personas con discapacidad; obligación de dar capacitación adecuada y de calidad por parte del patrón; condiciones dignas de seguridad, higiene y previsión de riesgos para el trabajador y tipificación como delito del trabajo para menores de 14 años, entre otros rubros.
Es una reforma inspirada en esas fuentes reales del derecho que se ha postergado más allá de lo prudente que obedece preeminentemente a dos cosas: la competitividad y la atracción de inversión extranjera directa. Impensable una sola reforma para cancelar derechos de trabajadores comprometidos con la producción y su calidad.
La reforma queda sin embargo corta. Uno de los grandes temas que permaneció inalterado fue el de la democracia sindical. Pero fue paradójico que fuera Alfredo Oribe, un legislador del PT el que, en la Comisión de Trabajo y Previsión Social, frenara la obligación de los sindicatos para introducir estatutariamente el voto secreto en la elección de líderes sindicales.
Esta reforma fue un claro pacto entre los presidentes saliente y entrante y es una pena que se busque capitalizar políticamente. De antemano sabemos que la subsistencia de esa parte perniciosa de la izquierda (no toda la izquierda) identificada con el obradorismo, tiene que ver con la oposición sistemática a toda propuesta donde se vea la mano de Enrique Peña Nieto, sin escatimar excesos discursivos como el del Diputado petista Ladrón de Guevara que soltó en tribuna: "Yo en efecto no creo que sea un pacto de Enrique Peña Nieto y de Calderón sino es una orden de Carlos Salinas de Gortari, que es el verdadero titiritero de este País…”
Tenemos que acostumbrarnos a ellos los próximos años y México caminará, en ocasiones, a pesar de ellos.
Twitter: @MoisesMolina
Moisés MOLINA
EL “NO TIENEN MADRE” DE LA REFORMA LABORAL
El origen de la institucionalización de los derechos laborales en una rama autónoma de las ciencias jurídicas hay que buscarla en el surgimiento de la “política de masas” y tres motivos, que a finales del siglo XIX marcan el agotamiento de Estado liberal:
1) El éxito del capitalismo que conllevaba la concentración de la propiedad y la influencia económica y hacía derivar de estas, la agudización de las desigualdades y en último término la explotación económica traducida en despido masivo, bajos salarios y marginación social;
2) La fuerza política que cobra la afirmación teórica de igualdad entre todos los miembro de la comunidad, que devino en reivindicaciones del derecho al sufragio y a la asociación política y sindical; y
3) La crisis de la incipiente división del poder durante este modelo de Estado entre Monarquía y parlamento, por la omnipresencia del segundo (integrado por propietarios) y la reducción de la primera al cumplimiento de funciones simbólicas.
Después del Estado Liberal, el mundo conoce nuevos modelos como alternativas. Tres de ellos –el Estado Socialista, el Nazi y el Facista- víctimas de sus inconsistencias desaparecieron, dejando el paso libre a la hegemonía del que hoy rige a la gran mayoría de la comunidad mundial: el Estado Liberal Democrático, también llamado Estado de Bienestar o Estado Social. El Estado Liberal para la teoría se democratiza permitiendo intervención popular en los asuntos colectivos reservados antes a los propietarios y se socializa al promover el crecimiento económico, asegurando mayores niveles de bienestar para toda la población.
No es entonces extraño que las luchas iniciales en el campo laboral se centren de forma exclusiva en la reivindicación de derechos inexistentes en el pasado. Las conquistas que, en adelante vienen casi sincronizadamente, cristalizan en el derecho positivo en más y mejores garantías para el trabajador y menos privilegios para el detentador del capital, incluído México con su revolución, la primera revolución “social” del siglo XX y con su constitución de 1917, surgida incluso antes de la más publicitada, que fue la de Weimar.
Nuestra Ley Federal del Trabajo, data de 1931 que contiene en esencia los mismos postulados que la de 1970 y ambas, obedientes del 123 constitucional de 1917 que nuestros legisladores se han rehusado a tocar significativamente.
Una cosa es innegable. El mundo ya no es el mismo de hace 81 años y la inmovilidad de nuestra legislación laboral se antoja inexplicable en una realidad donde los efectos de la globalización no son potestativos y exigen a los Estados, instrumentos de acción eficaces para sortear con éxito los efectos negativos y potenciar al máximo los positivos.
El proyecto de reforma laboral de México aprobado ya por la Cámara de Diputados y a partir del próximo lunes en manos de los senadores, modifica 351 de 1004 artículos de la Ley Federal del Trabajo. Su marco referencial es el mismo del aquel proyecto presentado desde 1988 por la CONCANACO Y LA COPARMEX: la flexibilidad del trabajo, justificado por el nuevo contexto de globalización del mercado y la producción, la modernización de los procesos productivos, la necesidad de proporcionar mayor confianza a los inversionistas y elevar la productividad y la calidad.
De las motivaciones que pública y “parafernálicamente” se expresan en contra de dicha reforma, pocas tienen un sustento racional. La protesta por sistema y por imitación es una de las estrategias que más daño han hecho a la izquierda en México y tan es así que fue solo una fracción de la izquierda la que “tomó” los dos niveles de la mesa directiva en San Lázaro. Fue esa izquierda, más que “desobediente” –como la calificó Silvano Aureoles- cerrada al debate que reduce la justificación de sus acciones con consignas de mitin político y declaraciones vagas, ni siquiera grandilocuentes:
“¡No tiene madre!, están condenando a los trabajadores a la pobreza y a la miseria”, dijo Monreal;
Dicen estar en contra, pero no argumentan. Y su única propuesta como alternativa es que la ley se quede como está, seguir en la realidad jurídica de 1931, los tiempos de Pascual Ortiz Rubio.
Si bien, la reforma laboral está propuesta a la medida de la globalización, no cancela los derechos de los trabajadores, pero parte de la izquierda se comporta ahora reaccionaria. Que nada cambie es su consigna. Para ellos no hay espacio al contraste de ideas, no existe el equilibrio. Su radicalismo deriva de esa visión totalizadora y monopolística de la realidad: si no es su realidad entera, total, la que se impone, simplemente no es buena, carece de bondad en todo sentido.
Mucha gente pregunta si la reforma laboral es buena o mala. Solo eso quiere saber. En un país donde el ciudadano no se informa o cuando lo hace quiere información fácil, el temor coloniza, infecta; y la izquierda ha sido, en buena medida (no totalmente) inoculadora irresponsable de ese miedo ciudadano. Y para muestra un botón: Le dicen a quien les quiera oír que la aprobación del pago por hora implica que una hora de trabajo será pagada a 7 pesos, cuando en la realidad el proyecto aprobado propone que el trabajador no podrá ganar en la jornada laboral menos del salario mínimo, así sea de dos horas esa jornada, además de no poder exceder el número de horas por jornada laboral.
En el proyecto que toca a los senadores estudiar, discutir y aprobar, se contempla el outsourcing o subcontratación, imponiendo obligaciones al contratador y al subcontratador, dejando a salvo derechos del trabajador; el pago por hora; contratos de prueba y capacitación inicial para otorgar el empleo a los trabajadores que mejor capacidad demuestren después de haberles pagado el tiempo que habrá de durar esa puesta a prueba o capacitación; nuevo concepto de trabajo digno o decente, respetuoso de la dignidad humana del trabajador; aplicación del principio de “no discriminación”; mayor protección a la mujer; reconocimiento de los derechos de paternidad; favorecimiento de condiciones para empleo de personas con discapacidad; obligación de dar capacitación adecuada y de calidad por parte del patrón; condiciones dignas de seguridad, higiene y previsión de riesgos para el trabajador y tipificación como delito del trabajo para menores de 14 años, entre otros rubros.
Es una reforma inspirada en esas fuentes reales del derecho que se ha postergado más allá de lo prudente que obedece preeminentemente a dos cosas: la competitividad y la atracción de inversión extranjera directa. Impensable una sola reforma para cancelar derechos de trabajadores comprometidos con la producción y su calidad.
La reforma queda sin embargo corta. Uno de los grandes temas que permaneció inalterado fue el de la democracia sindical. Pero fue paradójico que fuera Alfredo Oribe, un legislador del PT el que, en la Comisión de Trabajo y Previsión Social, frenara la obligación de los sindicatos para introducir estatutariamente el voto secreto en la elección de líderes sindicales.
Esta reforma fue un claro pacto entre los presidentes saliente y entrante y es una pena que se busque capitalizar políticamente. De antemano sabemos que la subsistencia de esa parte perniciosa de la izquierda (no toda la izquierda) identificada con el obradorismo, tiene que ver con la oposición sistemática a toda propuesta donde se vea la mano de Enrique Peña Nieto, sin escatimar excesos discursivos como el del Diputado petista Ladrón de Guevara que soltó en tribuna: "Yo en efecto no creo que sea un pacto de Enrique Peña Nieto y de Calderón sino es una orden de Carlos Salinas de Gortari, que es el verdadero titiritero de este País…”
Tenemos que acostumbrarnos a ellos los próximos años y México caminará, en ocasiones, a pesar de ellos.
Twitter: @MoisesMolina
domingo, 23 de septiembre de 2012
SLIM, LULA, BLAIR Y GUARDIOLA
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
SLIM, LULA, BLAIR Y GUARDIOLA
No todos los días se tiene a mano la oportunidad de escuchar y ver de cerca a seres humanos que a este momento de sus vidas reciben la casi unánime calificación de exitosos.
Compartir espacio físico con Luiz Inacio Lula Da Silva, Tony Blair y Josep Guardiola no remite solamente a ver y escuchar. Hay algo que va más allá de los sentidos, que mueve, motiva, estremece. Lo que dicen es importante; lo que transmiten, indescriptible.
Carlos Slim, el hombre más rico de mundo, los trajo a México en exclusiva para los becarios y ex becarios de una de sus fundaciones. No se puede menos que agradecer. Es curioso no haber escuchado, a lo largo de mi vida, un solo comentario generoso de Slim, incluso muchos beneficiarios de sus fundaciones se asumen críticos de su “responsabilidad” del atraso mexicano. Quizás no le interese competir publicitariamente con los políticos. Probablemente también por ello, no tuvo una sola intervención al micrófono, ni una sola aparición en el escenario, pero al margen de ello, Slim sigue siendo, desde hace ya bastantes meses, el hombre más rico del planeta; e independientemente de las motivaciones que lo hacen materializar encuentros de esta proporción, que se magnifica cuando son gratuitos, lo cierto es que no le hacen mal a nadie y marcan, de hecho, la vida de muchos privilegiados que, entre los diez mil que nos damos cita cada septiembre en el Auditorio Nacional, regresamos a nuestros hogares, colegios y trabajos recargados con energizada convicción de dar lo mejor a cada paso de nuestra vida.
Son encuentros ilustrativos y motivacionales que nuestros gobiernos no han propiciado en esa magnitud y que se mantienen en su gestación y desarrollo al margen de la política, en especial de la partidista, pero que se insertan en ella en su resultado.
Lula, Blair y Guardiola vinieron a hablar de lo que les une en comunión: el éxito. Sembraron esperanza en un oasis de pocos metros cúbicos, nos recordaron que casi cualquier cosa es posible cuando además de creer, se tiene pasión por lo que se hace. Como seres humanos estarán hechos de basura y bronce, pero vinieron a entregarnos solo el bronce.
Hablaron de muchas cosas. Estuvimos todo el día con ellos y con Nando Parrado y Lee Hirsch, además. Dos ex jefes de gobierno; un ex jugador profesional de futbol y entrenador, hasta hace poco, del exitosísimo club Barcelona; un laureado cineasta y un uruguayo vuelto a nacer nos demostraron que tienen mucho, más de lo que a simple vista parece, en común. Son, las de ellos, historias de éxito. Éxito que no se presume, se comparte. Éxito no auto decretado, sí reconocido (reitero) casi unánimemente.
Su sola presencia en el escenario conmociona las conciencias de jóvenes que viven en un país que necesita, desgraciadamente, de ejemplos vivientes, de testimonios de seres humanos que a través de perseverancia, constancia, fe, pasión y un poco de fortuna han llegado a ser lo que se seguirá contando de ellos.
Al micrófono se ausentaron prejuicios, complejos, resentimientos, reservas, censuras, impostaciones de personalidad, compromisos. Ni el señor Slim estuvo excento. “Slim no necesita del gobierno” dijo Lula en una de sus acotaciones más aplaudidas.
No existieron animadores que entre el público pidieran aplausos para quienes discurrían. La calidez de cada interrupción era espontánea, emocionada, esperanzada.
Ninguno de ellos necesitó hablar mal de Peña Nieto, ni de AMLO, ni de Calderón. Cosa extraña que nadie saliera de ahí inconforme.
No se cual sea el juicio que la historia depare a Carlos Slim, pero con este tipo de demostraciones. Muy pocos se sienten orgullosos de que el hombre más rico del mundo sea mexicano y muchos hay que le denostan sistemáticamente. Gran parte de su fortuna la debe a los mexicanos, pero bien podría cruzarse de brazos, no hacer nada y dejar que las bolsas de valores hagan su parte. Slim no necesita quien lo defienda. Su fortuna le sitúa ya, más allá de lo bueno y de lo malo y aún así se “arriesga” con eventos como este, fáciles a la tenebra de los condenatorios juicios lapidarios.
Hoy se que le debo algo a Carlos Slim y me rehúso a ser de los miles que dirán que me lo ha cobrado por adelantado en mi recibo telefónico o en mis tarjetas “amigo kit”. Pudo, incluso, no haber rembolsado nada de ello. He asistido a “México Siglo XXI” en la mayoría de sus ediciones y lo seguiré haciendo cuando se me invite. Quizás nunca pueda decirle personalmente “gracias” pero mi deber moral es hacerlo de alguna forma y ello es lo que me tiene frente al teclado.
Haber visto a lo largo de los años a Gorbachov, Colin Powell, Al Gore, Madeleine Albright, Alvin Toffler, Bill Clinton, Earving “Magic” Johnson y tantos otros, es una vacuna contra el escepticismo que infesta a la juventud y un programa espiritual contra el pesimismo, mal de nuestro tiempo.
Quedarse conforme, hacer de la diatriba el único canal de expresión de la inconformidad propia, incorporar el resentimiento a nuestro código de conducta, inocular la desilusión al de al lado y resignarse a que todo va a ser siempre igual, son salidas fáciles y además irresponsables.
Lula nos aconsejó: “Cuando pierdan la esperanza, cuando sientan que los políticos no pueden decepcionarlos más, cuando sienten que no pueden seguir creyendo, no decaigan, sigan creyendo y sigan participando. El político que están esperando puede estar en ustedes mismos”.
Educación fue la clave escogida por Blair y Lula; pasión, la palabra mágica de Guardiola. Ir a la cama y encontrar, previo al sueño, aquello que nos apasiona en la vida, puede ser nuestro descubrimiento de más trascendencia. Nada se hace mejor que aquello que se nutre de pasión, porque solo aquello que se disfruta es lo que puede hacerse mejor.
Por ello sin rubor y con honestidad desde aquí y en “Infinitum” le digo gracias al Sr. Slim y gracias a los miembros de la Fundación Telmex. Espero volver el próximo año.
@MoisesMolina
Moisés MOLINA
SLIM, LULA, BLAIR Y GUARDIOLA
No todos los días se tiene a mano la oportunidad de escuchar y ver de cerca a seres humanos que a este momento de sus vidas reciben la casi unánime calificación de exitosos.
Compartir espacio físico con Luiz Inacio Lula Da Silva, Tony Blair y Josep Guardiola no remite solamente a ver y escuchar. Hay algo que va más allá de los sentidos, que mueve, motiva, estremece. Lo que dicen es importante; lo que transmiten, indescriptible.
Carlos Slim, el hombre más rico de mundo, los trajo a México en exclusiva para los becarios y ex becarios de una de sus fundaciones. No se puede menos que agradecer. Es curioso no haber escuchado, a lo largo de mi vida, un solo comentario generoso de Slim, incluso muchos beneficiarios de sus fundaciones se asumen críticos de su “responsabilidad” del atraso mexicano. Quizás no le interese competir publicitariamente con los políticos. Probablemente también por ello, no tuvo una sola intervención al micrófono, ni una sola aparición en el escenario, pero al margen de ello, Slim sigue siendo, desde hace ya bastantes meses, el hombre más rico del planeta; e independientemente de las motivaciones que lo hacen materializar encuentros de esta proporción, que se magnifica cuando son gratuitos, lo cierto es que no le hacen mal a nadie y marcan, de hecho, la vida de muchos privilegiados que, entre los diez mil que nos damos cita cada septiembre en el Auditorio Nacional, regresamos a nuestros hogares, colegios y trabajos recargados con energizada convicción de dar lo mejor a cada paso de nuestra vida.
Son encuentros ilustrativos y motivacionales que nuestros gobiernos no han propiciado en esa magnitud y que se mantienen en su gestación y desarrollo al margen de la política, en especial de la partidista, pero que se insertan en ella en su resultado.
Lula, Blair y Guardiola vinieron a hablar de lo que les une en comunión: el éxito. Sembraron esperanza en un oasis de pocos metros cúbicos, nos recordaron que casi cualquier cosa es posible cuando además de creer, se tiene pasión por lo que se hace. Como seres humanos estarán hechos de basura y bronce, pero vinieron a entregarnos solo el bronce.
Hablaron de muchas cosas. Estuvimos todo el día con ellos y con Nando Parrado y Lee Hirsch, además. Dos ex jefes de gobierno; un ex jugador profesional de futbol y entrenador, hasta hace poco, del exitosísimo club Barcelona; un laureado cineasta y un uruguayo vuelto a nacer nos demostraron que tienen mucho, más de lo que a simple vista parece, en común. Son, las de ellos, historias de éxito. Éxito que no se presume, se comparte. Éxito no auto decretado, sí reconocido (reitero) casi unánimemente.
Su sola presencia en el escenario conmociona las conciencias de jóvenes que viven en un país que necesita, desgraciadamente, de ejemplos vivientes, de testimonios de seres humanos que a través de perseverancia, constancia, fe, pasión y un poco de fortuna han llegado a ser lo que se seguirá contando de ellos.
Al micrófono se ausentaron prejuicios, complejos, resentimientos, reservas, censuras, impostaciones de personalidad, compromisos. Ni el señor Slim estuvo excento. “Slim no necesita del gobierno” dijo Lula en una de sus acotaciones más aplaudidas.
No existieron animadores que entre el público pidieran aplausos para quienes discurrían. La calidez de cada interrupción era espontánea, emocionada, esperanzada.
Ninguno de ellos necesitó hablar mal de Peña Nieto, ni de AMLO, ni de Calderón. Cosa extraña que nadie saliera de ahí inconforme.
No se cual sea el juicio que la historia depare a Carlos Slim, pero con este tipo de demostraciones. Muy pocos se sienten orgullosos de que el hombre más rico del mundo sea mexicano y muchos hay que le denostan sistemáticamente. Gran parte de su fortuna la debe a los mexicanos, pero bien podría cruzarse de brazos, no hacer nada y dejar que las bolsas de valores hagan su parte. Slim no necesita quien lo defienda. Su fortuna le sitúa ya, más allá de lo bueno y de lo malo y aún así se “arriesga” con eventos como este, fáciles a la tenebra de los condenatorios juicios lapidarios.
Hoy se que le debo algo a Carlos Slim y me rehúso a ser de los miles que dirán que me lo ha cobrado por adelantado en mi recibo telefónico o en mis tarjetas “amigo kit”. Pudo, incluso, no haber rembolsado nada de ello. He asistido a “México Siglo XXI” en la mayoría de sus ediciones y lo seguiré haciendo cuando se me invite. Quizás nunca pueda decirle personalmente “gracias” pero mi deber moral es hacerlo de alguna forma y ello es lo que me tiene frente al teclado.
Haber visto a lo largo de los años a Gorbachov, Colin Powell, Al Gore, Madeleine Albright, Alvin Toffler, Bill Clinton, Earving “Magic” Johnson y tantos otros, es una vacuna contra el escepticismo que infesta a la juventud y un programa espiritual contra el pesimismo, mal de nuestro tiempo.
Quedarse conforme, hacer de la diatriba el único canal de expresión de la inconformidad propia, incorporar el resentimiento a nuestro código de conducta, inocular la desilusión al de al lado y resignarse a que todo va a ser siempre igual, son salidas fáciles y además irresponsables.
Lula nos aconsejó: “Cuando pierdan la esperanza, cuando sientan que los políticos no pueden decepcionarlos más, cuando sienten que no pueden seguir creyendo, no decaigan, sigan creyendo y sigan participando. El político que están esperando puede estar en ustedes mismos”.
Educación fue la clave escogida por Blair y Lula; pasión, la palabra mágica de Guardiola. Ir a la cama y encontrar, previo al sueño, aquello que nos apasiona en la vida, puede ser nuestro descubrimiento de más trascendencia. Nada se hace mejor que aquello que se nutre de pasión, porque solo aquello que se disfruta es lo que puede hacerse mejor.
Por ello sin rubor y con honestidad desde aquí y en “Infinitum” le digo gracias al Sr. Slim y gracias a los miembros de la Fundación Telmex. Espero volver el próximo año.
@MoisesMolina
domingo, 16 de septiembre de 2012
RESENTIDOS Y NEURÓTICOS
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
RESENTIDOS Y NEURÓTICOS
“El espíritu de la juventud es un terreno generoso
donde la simiente de una palabra oportuna suele rendir,
en corto tiempo, los frutos de una inmortal vegetación”.
J.E Rodó
México se nos revela dividido y la historia en su capricho le ha reservado una cita con el encono, la confrontación, el desencuentro. El discurrir de las razones que con apasionamiento militante inundan los mercados, las escuelas, las oficinas, los cafés y de modo hipermoderno –para usar la terminología de Lipovetsky- las redes sociales en internet, dan cuerpo a esta revelación de principio de milenio.
No ha estado nuestra vida centenaria ajena al conflicto, pero en el momento actual nuestro país parece lejos de esa reconciliación que periódicamente llega como una especie de síntesis de la dialéctica hegeliana. La política, en una aproximación fácil, es la que hoy nos mantiene así pero si con más agudeza miramos más allá, entendemos que es el poder; solo uno de sus componentes.
Nuestro error no estriba en confiarle a la política el papel conciliador. Finalmente para eso es esta noble actividad humana, para ello se inventó: para gestionar conflictos. El capricho histórico hace, sin embargo, que los mediadores de esa confianza sean preponderantemente los partidos políticos, reducidos para efectos prácticos a grupos cerrados de intereses con aristocracias bien definidas y de movilidad imperceptible.
Una idea de México; progresista o conservadora; de izquierda o derecha; estatista o liberalizadora o si se le quiere ver en el extremo (a la luz de declaraciones de principios y programas de acción) priísta o “izquierdista”, no es lo que anima a los partidos. Los motiva la conquista del poder sin más teleología que su manutención y usufructo restringido. La política se nos ha impuesto como un mercado abierto al libre juego de los intereses grupusculares. La inercia sobrelleva al país y el máximo beneficio buscado es la estabilidad, la manutención de la cohesión social. Los grandes ganadores y los grandes perdedores son unos cuantos y el resto permanecen, en su condición, inalterados: muy mal, mal y no tan mal, respecto del referente obligado que son sus posibilidades económicas.
Hay algo, sin duda, más allá de los satisfactores económicos, pero en nuestra era, el dinero se convierte en el parámetro predominante de la felicidad. El eudemonismo aristotélico tiene su puente y es el dinero.
Un universo de reflexiones en torno a la necesaria relación entre ética y política, nos circundan; pero el ser humano, tan extraordinario en sus facultades se entrega al hedonismo sacrificando a conciencia su presunta naturaleza cuando se interpone y usa a conveniencia su libre albedrío, al límite del autoengaño, cuando es moralmente honesto.
Si este estado de cosas habrá de cambiar, tendrán que pasar algunas generaciones y debemos abandonar desde ya el lujo de seguir postergando la génesis de esta posibilidad. No habrá cambio merced a transformaciones institucionales ni alternancias partidistas. Una nueva concepción de la política, de lo público, habrá que propiciar desde el individuo y a través de la educación. Un nuevo mexicano, moralmente preparado, habrá de salir de las universidades con la semilla de una nueva cultura política donde el ciudadano lo sea completo y no deje de serlo alcanzando responsabilidades públicas en el municipio, la entidad federativa o la república. Un proceso lento, pero sin duda posible.
Jóvenes deseosos de aprender y al tiempo deseosos de transformar; responsables y la vez acomedidos, solidarios; comprometidos pero antes críticos y objetivos, inmunes a la proclividad del engaño con que otros les quieran sorprender.
Peligros hay muchos, pero centraré en esta entrega mi atención a uno solo de ellos advertido ya en 1927 por Ludwig von Mises, pero vigente de manera tal que solo su lectura puede cancelar espacio a alguna duda:
“Está uno resentido cuando odia tanto que no le preocupa soportar daño personal grave con tal de que otro sufra también. Gran número … sabe perfectamente que su personal situación se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico. Propugnan, sin embargo, la reforma, es decir, el socialismo, con pleno conocimiento de lo anterior, por suponer que los ricos, a quienes envidian, también padecerán … Muy difícil es alcanzar en esta vida todo lo que ambicionamos. Ni uno por millón lo consigue. Los grandiosos proyectos juveniles, aunque la suerte acompañe, cristalizan con el tiempo muy por debajo de lo ambicionado. Diario drama es para el hombre ese fracaso de las más queridas esperanzas, esa paralización de los más ambicionados planes y la percepción de la propia incapacidad para conseguir las tan apetecidas metas. Pero eso a todos nos sucede. Ante esta situación, uno puede reaccionar de dos maneras: odiando la vida por haberle negado la realización de los sueños juveniles, o siguiendo adelante con renovadas esperanzas. Aquellos que aceptan la vida como en realidad es, no necesitan recurrir a piadosas mentiras que gratifiquen su atormentado ego ... Si el triunfo tan largamente añorado no llega, no hay más solución que seguir trabajando como si nada hubiera pasado. El neurótico, en cambio, no puede soportar la vida como en verdad es. La realidad resulta para él demasiado dura, agria, grosera. Carece, en efecto, a diferencia de las personas saludables, de la capacidad para seguir adelante. Su debilidad se lo impide. Prefiere escudarse tras meras ilusiones”
No soy afecto a abusar, en extensión, de las citas textuales. La contundencia del austriaco, sin embargo, lo amerita por esta ocasión. México no es construcción que compete a unos cuantos y llegará el momento en que quienes se preparen en las universidades sean llamados a la arena de la política. Para ese momento, libres de dogmas y fanatismos, tendrán que responder con una nueva visión del ejercicio de la política, buscando coincidencias para que las diferencias no se conviertan en rencor, en odio. No olvidar, como el mismo Rodó sentenció que “a juventud, que así significa en el alma de los individuos y la de las generaciones, luz, amor, energía, existe y lo significa también en el proceso evolutivo de las sociedades”.
@MoisesMolina
Moisés MOLINA
RESENTIDOS Y NEURÓTICOS
“El espíritu de la juventud es un terreno generoso
donde la simiente de una palabra oportuna suele rendir,
en corto tiempo, los frutos de una inmortal vegetación”.
J.E Rodó
México se nos revela dividido y la historia en su capricho le ha reservado una cita con el encono, la confrontación, el desencuentro. El discurrir de las razones que con apasionamiento militante inundan los mercados, las escuelas, las oficinas, los cafés y de modo hipermoderno –para usar la terminología de Lipovetsky- las redes sociales en internet, dan cuerpo a esta revelación de principio de milenio.
No ha estado nuestra vida centenaria ajena al conflicto, pero en el momento actual nuestro país parece lejos de esa reconciliación que periódicamente llega como una especie de síntesis de la dialéctica hegeliana. La política, en una aproximación fácil, es la que hoy nos mantiene así pero si con más agudeza miramos más allá, entendemos que es el poder; solo uno de sus componentes.
Nuestro error no estriba en confiarle a la política el papel conciliador. Finalmente para eso es esta noble actividad humana, para ello se inventó: para gestionar conflictos. El capricho histórico hace, sin embargo, que los mediadores de esa confianza sean preponderantemente los partidos políticos, reducidos para efectos prácticos a grupos cerrados de intereses con aristocracias bien definidas y de movilidad imperceptible.
Una idea de México; progresista o conservadora; de izquierda o derecha; estatista o liberalizadora o si se le quiere ver en el extremo (a la luz de declaraciones de principios y programas de acción) priísta o “izquierdista”, no es lo que anima a los partidos. Los motiva la conquista del poder sin más teleología que su manutención y usufructo restringido. La política se nos ha impuesto como un mercado abierto al libre juego de los intereses grupusculares. La inercia sobrelleva al país y el máximo beneficio buscado es la estabilidad, la manutención de la cohesión social. Los grandes ganadores y los grandes perdedores son unos cuantos y el resto permanecen, en su condición, inalterados: muy mal, mal y no tan mal, respecto del referente obligado que son sus posibilidades económicas.
Hay algo, sin duda, más allá de los satisfactores económicos, pero en nuestra era, el dinero se convierte en el parámetro predominante de la felicidad. El eudemonismo aristotélico tiene su puente y es el dinero.
Un universo de reflexiones en torno a la necesaria relación entre ética y política, nos circundan; pero el ser humano, tan extraordinario en sus facultades se entrega al hedonismo sacrificando a conciencia su presunta naturaleza cuando se interpone y usa a conveniencia su libre albedrío, al límite del autoengaño, cuando es moralmente honesto.
Si este estado de cosas habrá de cambiar, tendrán que pasar algunas generaciones y debemos abandonar desde ya el lujo de seguir postergando la génesis de esta posibilidad. No habrá cambio merced a transformaciones institucionales ni alternancias partidistas. Una nueva concepción de la política, de lo público, habrá que propiciar desde el individuo y a través de la educación. Un nuevo mexicano, moralmente preparado, habrá de salir de las universidades con la semilla de una nueva cultura política donde el ciudadano lo sea completo y no deje de serlo alcanzando responsabilidades públicas en el municipio, la entidad federativa o la república. Un proceso lento, pero sin duda posible.
Jóvenes deseosos de aprender y al tiempo deseosos de transformar; responsables y la vez acomedidos, solidarios; comprometidos pero antes críticos y objetivos, inmunes a la proclividad del engaño con que otros les quieran sorprender.
Peligros hay muchos, pero centraré en esta entrega mi atención a uno solo de ellos advertido ya en 1927 por Ludwig von Mises, pero vigente de manera tal que solo su lectura puede cancelar espacio a alguna duda:
“Está uno resentido cuando odia tanto que no le preocupa soportar daño personal grave con tal de que otro sufra también. Gran número … sabe perfectamente que su personal situación se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico. Propugnan, sin embargo, la reforma, es decir, el socialismo, con pleno conocimiento de lo anterior, por suponer que los ricos, a quienes envidian, también padecerán … Muy difícil es alcanzar en esta vida todo lo que ambicionamos. Ni uno por millón lo consigue. Los grandiosos proyectos juveniles, aunque la suerte acompañe, cristalizan con el tiempo muy por debajo de lo ambicionado. Diario drama es para el hombre ese fracaso de las más queridas esperanzas, esa paralización de los más ambicionados planes y la percepción de la propia incapacidad para conseguir las tan apetecidas metas. Pero eso a todos nos sucede. Ante esta situación, uno puede reaccionar de dos maneras: odiando la vida por haberle negado la realización de los sueños juveniles, o siguiendo adelante con renovadas esperanzas. Aquellos que aceptan la vida como en realidad es, no necesitan recurrir a piadosas mentiras que gratifiquen su atormentado ego ... Si el triunfo tan largamente añorado no llega, no hay más solución que seguir trabajando como si nada hubiera pasado. El neurótico, en cambio, no puede soportar la vida como en verdad es. La realidad resulta para él demasiado dura, agria, grosera. Carece, en efecto, a diferencia de las personas saludables, de la capacidad para seguir adelante. Su debilidad se lo impide. Prefiere escudarse tras meras ilusiones”
No soy afecto a abusar, en extensión, de las citas textuales. La contundencia del austriaco, sin embargo, lo amerita por esta ocasión. México no es construcción que compete a unos cuantos y llegará el momento en que quienes se preparen en las universidades sean llamados a la arena de la política. Para ese momento, libres de dogmas y fanatismos, tendrán que responder con una nueva visión del ejercicio de la política, buscando coincidencias para que las diferencias no se conviertan en rencor, en odio. No olvidar, como el mismo Rodó sentenció que “a juventud, que así significa en el alma de los individuos y la de las generaciones, luz, amor, energía, existe y lo significa también en el proceso evolutivo de las sociedades”.
@MoisesMolina
domingo, 9 de septiembre de 2012
¿POR QUÉ UNA DIRIGENCIA COLEGIADA PARA EL PRI DE OAXACA?
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
¿POR QUÉ UNA DIRIGENCIA COLEGIADA PARA EL PRI DE OAXACA?
Agradezco mucho la mención de Adrián Ortiz Romero en su puntual columna del viernes pasado y reconozco y pondero sus lúcidas reflexiones. La actual situación del PRI en Oaxaca es, siempre lo he dicho, preocupación que trasciende la militancia y se llega hasta los ciudadanos sin partido que merecen una oposición funcional como contrapeso político a probables excesos de los gobiernos actuantes en nuestro estado y municipios.
Celebro también la casi inmediata respuesta de mi compañera ex diputada federal y ex candidata a senadora Sofía Castro, a reflexiones personales publicadas en los medios el jueves 6 de septiembre, suscrita también por el Frente Renovador por un PRI para Todos; respuesta que respeto mucho y de igual manera pondero y formulo a la vez algunas precisiones. El debate es no solo saludable, sino necesario en tiempos de crisis que germinan también oportunidades.
¿Por qué una dirigencia colegiada para el PRI de Oaxaca?
Al margen de los calificativos que podrán todos, en absoluta libertad, imponer a mi propuesta, he de decir que no pretende generar polémica, menos aún confusión. Es una propuesta cuya viabilidad defiendo, sin pretender imponer tampoco, a la luz de la nueva visión que buena parte de mi generación tiene del proceso renovador de nuestra dirigencia, sobre todo en el interior del estado.
¿Cuál es el origen del conflicto? La concentración del poder. La crisis que subyace a la ausencia de un liderazgo en el PRI es de legitimidad. De no ser así, tuviésemos presidente oaxaqueño desde hace tiempo. La sensación común de los militantes que respeto y estimo, con quienes he compartido varias horas de charla, es de peligro y de zozobra. Saben que los ex gobernadores, sin capitular, están impulsando sus propuestas en niveles de decisión cerrados a los priístas terrenales y ese es el fundamento de sus temores. Donde ninguno está dispuesto a ceder, no puede florecer más que la continuación del conflicto.
La división del PRI no está en las decenas de miles de militantes al interior del estado; está en sus corrientes ligadas, con razón o sin ella, a Murat y Ulises. Respetables todas ellas, han convertido la política intrapriísta en un juego de suma cero, donde unos ganan a costa de lo que otros puedan perder y se han encerrado en un callejón sin salida donde nada ha hecho que una sea la que hegemonice. ¿Qué podría hacerlo ahora? Estimo que ni siquiera un proceso interno bajo cualquiera de sus procedimientos estatutarios.
Pero, suponiendo que fuera un proceso interno la solución a la inacabable pugna (donde guste a quien guste se tuviese que respetar a los ganadores), ¿que se requiere para que los priístas vayamos a un proceso interno de elección de dirigentes?
1.- Convocar a los 648 mujeres y hombres que integramos el Consejo Político Estatal para reunirnos en sesión, con el objeto de aprobar el procedimiento estatutario entre tres opciones que nos brinda el artículo 159 de los estatutos, y aquí hago la primera precisión al texto enviado por la Lic. Sofía Castro al portal de noticias “Libertad Oaxaca” que puede consultarse en http://www.libertad-oaxaca.info/politica/26444-la-ruta-que-sigue-sofia-castro-rios.html :
a) Elección directa por la base militante;
b) Asamblea de consejeros políticos; y
c) Asamblea Estatal, no asambleas municipales, como aparece en el cuerpo de la publicación.
Es motivo de inconformidad pública y argumento de las corrientes priístas la integración “a modo” del actual consejo político estatal. Con razón o sin ella, condenarán y tratarán de impedir, las no ulisistas cualquier intentona de aprobación de alguno de los procedimientos estatutarios, sin antes haber redistribuido los 648 lugares para integrar un Consejo Político Estatal “equilibrado”.
2.- Suponiendo que ello fuera posible y se aprobara un procedimiento (hago mi segunda precisión al texto de la Lic. Castro) la convocatoria la tendría que emitir el Comité Ejecutivo Nacional que no tiene ninguna “Comisión Política Permanente” como refiere mi compañera en su texto. Dicho órgano (la CPP) corresponde al Consejo Político Nacional que nada tiene que ver estatutariamente con el proceso oaxaqueño. La convocatoria la firmarían el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional y su Secretaria General, nada más.
3.- No deberán mediar menos de 35 días naturales, según estipulación del artículo 8 del Reglamento para la Elección de Dirigentes y Postulación de Candidatos, entre la expedición de la convocatoria y la fecha de la elección.
4.- Se requiere, entonces, tiempo. Y el artículo 9 del mismo reglamento prohíbe expresamente hacer coincidir el proceso de renovación de dirigentes con el proceso electoral local desde su inicio hasta el día del cómputo. El proceso electoral constitucional oaxaqueño inicia la segunda semana de noviembre.
Pregunto entonces, ¿no alcanzan dos meses para tener dirigencia electa estatutariamente procedimental? He dejado, en más de una ocasión, constancia de mis simpatías por la consulta abierta a la militancia. He de reconocer que, aunque fuera materialmente posible, sus bondades en este complicado escenario de intransigencia, quedarían sepultadas por más división. Entiendo que en un juego democrático como acabamos de ver se debe respetar al ganador, pero ¿abonaría –reitero- en este escenario a la unidad?
¿Qué es lo urgente? La unidad. De ahí podemos partir para lo que venga. Dígase la defensa de nuestro presidente electo en el terruño o la elección constitucional del próximo año.
Estimados Sofía y Adrián:
Los priístas deben ponderar en este delicado momento que tipo de decisión adoptan. ¿Absolutismo, enseñoreamiento de una visión sobre las demás, concentración del poder por parte del CDE? O ¿la posibilidad de hacer coincidir en una mesa cuyo moderador sea Pedro Joaquín Coldwell, a todas las corrientes para obligarles a ponerse ahí de acuerdo respecto de una solución práctica que garantice unidad y desde ahí competitividad?
Coincido con Sofía cuando estima que la salida ha de ser necesariamente institucional y la tenemos:
El artículo 48 del reglamento antes citado enuncia:
“En caso fortuito o fuerza mayor que amenace o altere el desarrollo normal del proceso interno para elegir dirigentes o postular candidato a cargos de elección popular, el Comisionado Presidente de la Comisión Nacional de Procesos Internos en acuerdo con el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional, tomará las medidas urgentes que permitan garantizar la unidad y fortaleza del partido”
Hay otras precisiones - amable lector- que quedan pendientes respecto del texto de mi correligionaria pero no lindan con la sustancia de lo que hoy nos tiene escribiendo y ya abusé además de su vista y de su tiempo.
¿Y quiénes -se podrá preguntar- debían integrar esta dirección colegiada?
Coincido con Sofía. No hay más que voltear a los estatutos. Ahí está gustoso el artículo 151. Pero además en aras de legitimarnos ante la militancia, soy de la idea, además, de que queden excluidos de ella quienes hayan sido presidente o secretario general del CDE en cualquier modalidad; secretarios, subsecretarios, directores generales o coordinadores generales de la administración pública estatal los dos últimos sexenios; ni quienes hayan sido candidatos a cargos de elección popular del nivel estatal y federal en el mismo periodo de tiempo. Esto sí puede acusarse de romanticismo, pero lo creo revitalizante. Tengo 33 años, disculpen ustedes.
Mi consideración más distinguida
@MoisesMolina
Moisés MOLINA
¿POR QUÉ UNA DIRIGENCIA COLEGIADA PARA EL PRI DE OAXACA?
Agradezco mucho la mención de Adrián Ortiz Romero en su puntual columna del viernes pasado y reconozco y pondero sus lúcidas reflexiones. La actual situación del PRI en Oaxaca es, siempre lo he dicho, preocupación que trasciende la militancia y se llega hasta los ciudadanos sin partido que merecen una oposición funcional como contrapeso político a probables excesos de los gobiernos actuantes en nuestro estado y municipios.
Celebro también la casi inmediata respuesta de mi compañera ex diputada federal y ex candidata a senadora Sofía Castro, a reflexiones personales publicadas en los medios el jueves 6 de septiembre, suscrita también por el Frente Renovador por un PRI para Todos; respuesta que respeto mucho y de igual manera pondero y formulo a la vez algunas precisiones. El debate es no solo saludable, sino necesario en tiempos de crisis que germinan también oportunidades.
¿Por qué una dirigencia colegiada para el PRI de Oaxaca?
Al margen de los calificativos que podrán todos, en absoluta libertad, imponer a mi propuesta, he de decir que no pretende generar polémica, menos aún confusión. Es una propuesta cuya viabilidad defiendo, sin pretender imponer tampoco, a la luz de la nueva visión que buena parte de mi generación tiene del proceso renovador de nuestra dirigencia, sobre todo en el interior del estado.
¿Cuál es el origen del conflicto? La concentración del poder. La crisis que subyace a la ausencia de un liderazgo en el PRI es de legitimidad. De no ser así, tuviésemos presidente oaxaqueño desde hace tiempo. La sensación común de los militantes que respeto y estimo, con quienes he compartido varias horas de charla, es de peligro y de zozobra. Saben que los ex gobernadores, sin capitular, están impulsando sus propuestas en niveles de decisión cerrados a los priístas terrenales y ese es el fundamento de sus temores. Donde ninguno está dispuesto a ceder, no puede florecer más que la continuación del conflicto.
La división del PRI no está en las decenas de miles de militantes al interior del estado; está en sus corrientes ligadas, con razón o sin ella, a Murat y Ulises. Respetables todas ellas, han convertido la política intrapriísta en un juego de suma cero, donde unos ganan a costa de lo que otros puedan perder y se han encerrado en un callejón sin salida donde nada ha hecho que una sea la que hegemonice. ¿Qué podría hacerlo ahora? Estimo que ni siquiera un proceso interno bajo cualquiera de sus procedimientos estatutarios.
Pero, suponiendo que fuera un proceso interno la solución a la inacabable pugna (donde guste a quien guste se tuviese que respetar a los ganadores), ¿que se requiere para que los priístas vayamos a un proceso interno de elección de dirigentes?
1.- Convocar a los 648 mujeres y hombres que integramos el Consejo Político Estatal para reunirnos en sesión, con el objeto de aprobar el procedimiento estatutario entre tres opciones que nos brinda el artículo 159 de los estatutos, y aquí hago la primera precisión al texto enviado por la Lic. Sofía Castro al portal de noticias “Libertad Oaxaca” que puede consultarse en http://www.libertad-oaxaca.info/politica/26444-la-ruta-que-sigue-sofia-castro-rios.html :
a) Elección directa por la base militante;
b) Asamblea de consejeros políticos; y
c) Asamblea Estatal, no asambleas municipales, como aparece en el cuerpo de la publicación.
Es motivo de inconformidad pública y argumento de las corrientes priístas la integración “a modo” del actual consejo político estatal. Con razón o sin ella, condenarán y tratarán de impedir, las no ulisistas cualquier intentona de aprobación de alguno de los procedimientos estatutarios, sin antes haber redistribuido los 648 lugares para integrar un Consejo Político Estatal “equilibrado”.
2.- Suponiendo que ello fuera posible y se aprobara un procedimiento (hago mi segunda precisión al texto de la Lic. Castro) la convocatoria la tendría que emitir el Comité Ejecutivo Nacional que no tiene ninguna “Comisión Política Permanente” como refiere mi compañera en su texto. Dicho órgano (la CPP) corresponde al Consejo Político Nacional que nada tiene que ver estatutariamente con el proceso oaxaqueño. La convocatoria la firmarían el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional y su Secretaria General, nada más.
3.- No deberán mediar menos de 35 días naturales, según estipulación del artículo 8 del Reglamento para la Elección de Dirigentes y Postulación de Candidatos, entre la expedición de la convocatoria y la fecha de la elección.
4.- Se requiere, entonces, tiempo. Y el artículo 9 del mismo reglamento prohíbe expresamente hacer coincidir el proceso de renovación de dirigentes con el proceso electoral local desde su inicio hasta el día del cómputo. El proceso electoral constitucional oaxaqueño inicia la segunda semana de noviembre.
Pregunto entonces, ¿no alcanzan dos meses para tener dirigencia electa estatutariamente procedimental? He dejado, en más de una ocasión, constancia de mis simpatías por la consulta abierta a la militancia. He de reconocer que, aunque fuera materialmente posible, sus bondades en este complicado escenario de intransigencia, quedarían sepultadas por más división. Entiendo que en un juego democrático como acabamos de ver se debe respetar al ganador, pero ¿abonaría –reitero- en este escenario a la unidad?
¿Qué es lo urgente? La unidad. De ahí podemos partir para lo que venga. Dígase la defensa de nuestro presidente electo en el terruño o la elección constitucional del próximo año.
Estimados Sofía y Adrián:
Los priístas deben ponderar en este delicado momento que tipo de decisión adoptan. ¿Absolutismo, enseñoreamiento de una visión sobre las demás, concentración del poder por parte del CDE? O ¿la posibilidad de hacer coincidir en una mesa cuyo moderador sea Pedro Joaquín Coldwell, a todas las corrientes para obligarles a ponerse ahí de acuerdo respecto de una solución práctica que garantice unidad y desde ahí competitividad?
Coincido con Sofía cuando estima que la salida ha de ser necesariamente institucional y la tenemos:
El artículo 48 del reglamento antes citado enuncia:
“En caso fortuito o fuerza mayor que amenace o altere el desarrollo normal del proceso interno para elegir dirigentes o postular candidato a cargos de elección popular, el Comisionado Presidente de la Comisión Nacional de Procesos Internos en acuerdo con el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional, tomará las medidas urgentes que permitan garantizar la unidad y fortaleza del partido”
Hay otras precisiones - amable lector- que quedan pendientes respecto del texto de mi correligionaria pero no lindan con la sustancia de lo que hoy nos tiene escribiendo y ya abusé además de su vista y de su tiempo.
¿Y quiénes -se podrá preguntar- debían integrar esta dirección colegiada?
Coincido con Sofía. No hay más que voltear a los estatutos. Ahí está gustoso el artículo 151. Pero además en aras de legitimarnos ante la militancia, soy de la idea, además, de que queden excluidos de ella quienes hayan sido presidente o secretario general del CDE en cualquier modalidad; secretarios, subsecretarios, directores generales o coordinadores generales de la administración pública estatal los dos últimos sexenios; ni quienes hayan sido candidatos a cargos de elección popular del nivel estatal y federal en el mismo periodo de tiempo. Esto sí puede acusarse de romanticismo, pero lo creo revitalizante. Tengo 33 años, disculpen ustedes.
Mi consideración más distinguida
@MoisesMolina
viernes, 31 de agosto de 2012
AMLO ¿QUE NO A LA CHINGADA?
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
AMLO ¿QUE NO A LA CHINGADA?
En 1960, junto a las de George Washington, Benjamin Franklin, Abraham Lincoln, Thomas Edison y Ralph Waldo Emerson, una efigie se agrega al panteón de los héroes norteamericanos de la Universidad de Nueva York. Es la de Henry David Thoreau; escritor, filósofo y conferenciante; agrimensor, naturalista y fabricante de lápices, nacido en Massachusetts, quien en 1846 paga con cárcel la negativa de colaborar vía impuestos con un Estado que mantenía el régimen de esclavitud y emprendía guerras injustificadas, en referencia al conflicto con México.
Thoreau nos regala una conferencia, publicada en 1848 que inspiraría una parte específica en el debate de las ciencias sociales, hoy concretamente de las ciencias políticas; y buena parte de la conducta política de hombres como Mahatma Gandhi en su resistencia contra la ocupación británica de la India y Martin Luther King en su lucha no violenta contra la discriminación de la población negra de Estados Unidos. Su título: “La desobediencia civil”.
No es extraño que López Obrador, con cuya causa simpatiza una parte importante de la intelectualidad mexicana (más por aversión sistémica a la historia reciente del PRI, que por natural y espontánea afinidad personal), haya tomado en su nueva campaña esta bandera, llamando expresamente a los mexicanos en su primer discurso posterior al fallo del Tribunal, a la desobediencia civil. Pero ¿qué es? ¿Cómo se explica? ¿Qué límites tiene? Y ¿Cuál es el efecto que busca y cuál el que ha de tener en la realidad? Si su naturaleza no se tuerce ni malinterpreta, no hay consecuencias temibles. Nuestros municipios seguirán en Paz.
Pero ¿qué es la desobediencia civil?
La definición que parece concitar más acuerdo es debida a Hugo Adam Bedau: “Alguien comete un acto de desobediencia civil, si y sólo si, sus actos son ilegales, públicos, no violentos, conscientes, realizados con la intención de frustrar leyes -al menos una-, programas o decisiones de gobiernos”.
¿Qué es lo que AMLO llama a desobedecer? En una interpretación fácil, la sentencia del Tribunal Electoral mexicano. Y ¿qué efectos prácticos habría de tener esa desobediencia entre quienes quieran escucharle? En un primer acercamiento el “no reconocimiento” de Enrique Peña Nieto como presidente de México como él mismo ya lo expresó. Y públicamente propondrá en la concentración del próximo 9 de septiembre “desobediencias” concretas a los ciudadanos. ¿Cuáles? Al momento seguramente ni él mismo las conoce, pero para ser congruente habrían de ser no violentas, públicas, conscientes y tendientes a “frustrar” una decisión que es irrecurrible. En otras palabras “actos” que desplegados tiendan a desconocer la decisión del Tribunal, la ley.
El activismo de Obrador, que no deja de hacer campaña está ya en otra ruta. México tiene un presidente que “él” no quiere reconocer: “No voy a reconocer un poder ilegítimo” dijo. Así, en primera persona y tratará ahora de imponer su voluntad, con pronóstico de éxito reservado, sobre los ciudadanos. ¿Por qué desconocer la decisión del TEPJF? Seguramente apelará a un sentido de justicia y en este punto no podemos desoír a John Rawls quien en su “Teoría de la Justicia” abrazando la idea de Thoreau, escribe que desobediencia civil es:
“un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno. Actuando de este modo apelamos al sentido de justicia de la mayoría de la comunidad, y declaramos que, según nuestra opinión, los principios de la cooperación social entre personas libres e iguales, no están siendo respetados”.
Y ¿cuál es el sentido de justicia de la mayoría? Seguramente Obrador impondrá a sus seguidores el propio, el personal y dirá que la determinación del Tribunal fue, no solo ilegal, sino injusta. La elección para sus fines, no se la habrán robado a él, sino al pueblo, a la mayoría. Apelará al sustento moral de la desobediencia y partiendo de ahí podrá pedir que se haga o se deje de hacer casi cualquier cosa, a condición siempre, de que sea pacíficamente.
Pero es Habermas quien a mi juicio sintetiza con más precisión la naturaleza de la desobediencia civil:
“La desobediencia civil es una protesta moralmente fundamentada en cuyo origen no tienen por qué encontrarse tan sólo convicciones sobre creencias privadas o intereses propios; se trata de un acto público que, por regla general, es enunciado de antemano y cuya ejecución es conocida y calculada por la policía; incluye propósito de violación de normas jurídicas concretas, sin poner en cuestión la obediencia frente al ordenamiento jurídico en su conjunto; requiere la disposición de admitir las consecuencias que acarrea la violación de la norma jurídica; la violación de la norma, que es la manifestación de la desobediencia civil tiene exclusivamente un carácter simbólico: aquí es donde reside el límite de los medios no violentos de protesta”.
¿No se basa la desobediencia que intenta imponer AMLO en un interés propio? ¿Qué normas jurídica concretas propondrá violar Obrador? ¿Estarán sus seguidores dispuestos a admitir las consecuencias que conllevaría obedecer una probable invitación a violar las leyes? ¿Establecerá acaso la distinción entre la violación de normas jurídicas concretas y obediencia al ordenamiento jurídico general? Y sobre todo ¿Dejará en claro el carácter simbólico de la desobediencia civil?
Tal vez mis sospechas han ido innecesariamente más allá en estas líneas. Ojalá así sea. Los antecedentes, sin embargo, de la personalidad voluble de quien en campaña prometía una república amorosa –claro, solo si él ganaba- las hacen inevitables.
El ciudadano que considere la posibilidad de seguirlo, debía estar consciente, al menos receptivo a todo lo anterior para que su desobediencia sea “razonada”, “pacífica” y “simbólica”.
Estoy convencido que AMLO va por el 2018 y sus anuncios del próximo domingo serán su discurso de apertura de campaña. Salvador Allende y Lula seguramente rondan en sus pensamientos. Él tiene que ser el tercero. En adelante sus apariciones públicas no tendrán ya nada que ver con la elección pasada. Su mesianismo tiene todavía horizonte. Y buscará por todos los medios a su alcance mantener vigencia. Ya lo logró doce años, bien puede ir por otros seis regresando siempre sobre sus pasos para enmendar, cuando así convenga sus dichos. Muchas cosas seguirá diciendo y firmando con fecha de caducidad: La república amorosa, el pacto de civilidad y reconocimiento del resultado.
La derrota lo persigue, aunque la saque sistemáticamente de su vista, de ese horizonte suyo. Un día no pudo escapar a ella y comentó en una entrevista para ADNPolítico.com publicada el 7 de noviembre de 2011:
“si la gente decide que quiere más de lo mismo porque le gusta la mala vida, una especie de masoquismo colectivo, de todas maneras nosotros vamos a seguir luchando”
Y en febrero de 2012 dijo al diario Milenio, durante una reunión privada con empresarios, que si las votaciones no le favorecían, se apartaría a "La Chingada", una finca de su propiedad en Palenque, Chiapas.
Así de voluble es AMLO, así lo amamos, toleramos o aborrecemos aunque por momentos parezca encarnar una de sus más célebres entelequias: un peligro para México.
Así pues, no hay nada de que preocuparse.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
Moisés MOLINA
AMLO ¿QUE NO A LA CHINGADA?
En 1960, junto a las de George Washington, Benjamin Franklin, Abraham Lincoln, Thomas Edison y Ralph Waldo Emerson, una efigie se agrega al panteón de los héroes norteamericanos de la Universidad de Nueva York. Es la de Henry David Thoreau; escritor, filósofo y conferenciante; agrimensor, naturalista y fabricante de lápices, nacido en Massachusetts, quien en 1846 paga con cárcel la negativa de colaborar vía impuestos con un Estado que mantenía el régimen de esclavitud y emprendía guerras injustificadas, en referencia al conflicto con México.
Thoreau nos regala una conferencia, publicada en 1848 que inspiraría una parte específica en el debate de las ciencias sociales, hoy concretamente de las ciencias políticas; y buena parte de la conducta política de hombres como Mahatma Gandhi en su resistencia contra la ocupación británica de la India y Martin Luther King en su lucha no violenta contra la discriminación de la población negra de Estados Unidos. Su título: “La desobediencia civil”.
No es extraño que López Obrador, con cuya causa simpatiza una parte importante de la intelectualidad mexicana (más por aversión sistémica a la historia reciente del PRI, que por natural y espontánea afinidad personal), haya tomado en su nueva campaña esta bandera, llamando expresamente a los mexicanos en su primer discurso posterior al fallo del Tribunal, a la desobediencia civil. Pero ¿qué es? ¿Cómo se explica? ¿Qué límites tiene? Y ¿Cuál es el efecto que busca y cuál el que ha de tener en la realidad? Si su naturaleza no se tuerce ni malinterpreta, no hay consecuencias temibles. Nuestros municipios seguirán en Paz.
Pero ¿qué es la desobediencia civil?
La definición que parece concitar más acuerdo es debida a Hugo Adam Bedau: “Alguien comete un acto de desobediencia civil, si y sólo si, sus actos son ilegales, públicos, no violentos, conscientes, realizados con la intención de frustrar leyes -al menos una-, programas o decisiones de gobiernos”.
¿Qué es lo que AMLO llama a desobedecer? En una interpretación fácil, la sentencia del Tribunal Electoral mexicano. Y ¿qué efectos prácticos habría de tener esa desobediencia entre quienes quieran escucharle? En un primer acercamiento el “no reconocimiento” de Enrique Peña Nieto como presidente de México como él mismo ya lo expresó. Y públicamente propondrá en la concentración del próximo 9 de septiembre “desobediencias” concretas a los ciudadanos. ¿Cuáles? Al momento seguramente ni él mismo las conoce, pero para ser congruente habrían de ser no violentas, públicas, conscientes y tendientes a “frustrar” una decisión que es irrecurrible. En otras palabras “actos” que desplegados tiendan a desconocer la decisión del Tribunal, la ley.
El activismo de Obrador, que no deja de hacer campaña está ya en otra ruta. México tiene un presidente que “él” no quiere reconocer: “No voy a reconocer un poder ilegítimo” dijo. Así, en primera persona y tratará ahora de imponer su voluntad, con pronóstico de éxito reservado, sobre los ciudadanos. ¿Por qué desconocer la decisión del TEPJF? Seguramente apelará a un sentido de justicia y en este punto no podemos desoír a John Rawls quien en su “Teoría de la Justicia” abrazando la idea de Thoreau, escribe que desobediencia civil es:
“un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno. Actuando de este modo apelamos al sentido de justicia de la mayoría de la comunidad, y declaramos que, según nuestra opinión, los principios de la cooperación social entre personas libres e iguales, no están siendo respetados”.
Y ¿cuál es el sentido de justicia de la mayoría? Seguramente Obrador impondrá a sus seguidores el propio, el personal y dirá que la determinación del Tribunal fue, no solo ilegal, sino injusta. La elección para sus fines, no se la habrán robado a él, sino al pueblo, a la mayoría. Apelará al sustento moral de la desobediencia y partiendo de ahí podrá pedir que se haga o se deje de hacer casi cualquier cosa, a condición siempre, de que sea pacíficamente.
Pero es Habermas quien a mi juicio sintetiza con más precisión la naturaleza de la desobediencia civil:
“La desobediencia civil es una protesta moralmente fundamentada en cuyo origen no tienen por qué encontrarse tan sólo convicciones sobre creencias privadas o intereses propios; se trata de un acto público que, por regla general, es enunciado de antemano y cuya ejecución es conocida y calculada por la policía; incluye propósito de violación de normas jurídicas concretas, sin poner en cuestión la obediencia frente al ordenamiento jurídico en su conjunto; requiere la disposición de admitir las consecuencias que acarrea la violación de la norma jurídica; la violación de la norma, que es la manifestación de la desobediencia civil tiene exclusivamente un carácter simbólico: aquí es donde reside el límite de los medios no violentos de protesta”.
¿No se basa la desobediencia que intenta imponer AMLO en un interés propio? ¿Qué normas jurídica concretas propondrá violar Obrador? ¿Estarán sus seguidores dispuestos a admitir las consecuencias que conllevaría obedecer una probable invitación a violar las leyes? ¿Establecerá acaso la distinción entre la violación de normas jurídicas concretas y obediencia al ordenamiento jurídico general? Y sobre todo ¿Dejará en claro el carácter simbólico de la desobediencia civil?
Tal vez mis sospechas han ido innecesariamente más allá en estas líneas. Ojalá así sea. Los antecedentes, sin embargo, de la personalidad voluble de quien en campaña prometía una república amorosa –claro, solo si él ganaba- las hacen inevitables.
El ciudadano que considere la posibilidad de seguirlo, debía estar consciente, al menos receptivo a todo lo anterior para que su desobediencia sea “razonada”, “pacífica” y “simbólica”.
Estoy convencido que AMLO va por el 2018 y sus anuncios del próximo domingo serán su discurso de apertura de campaña. Salvador Allende y Lula seguramente rondan en sus pensamientos. Él tiene que ser el tercero. En adelante sus apariciones públicas no tendrán ya nada que ver con la elección pasada. Su mesianismo tiene todavía horizonte. Y buscará por todos los medios a su alcance mantener vigencia. Ya lo logró doce años, bien puede ir por otros seis regresando siempre sobre sus pasos para enmendar, cuando así convenga sus dichos. Muchas cosas seguirá diciendo y firmando con fecha de caducidad: La república amorosa, el pacto de civilidad y reconocimiento del resultado.
La derrota lo persigue, aunque la saque sistemáticamente de su vista, de ese horizonte suyo. Un día no pudo escapar a ella y comentó en una entrevista para ADNPolítico.com publicada el 7 de noviembre de 2011:
“si la gente decide que quiere más de lo mismo porque le gusta la mala vida, una especie de masoquismo colectivo, de todas maneras nosotros vamos a seguir luchando”
Y en febrero de 2012 dijo al diario Milenio, durante una reunión privada con empresarios, que si las votaciones no le favorecían, se apartaría a "La Chingada", una finca de su propiedad en Palenque, Chiapas.
Así de voluble es AMLO, así lo amamos, toleramos o aborrecemos aunque por momentos parezca encarnar una de sus más célebres entelequias: un peligro para México.
Así pues, no hay nada de que preocuparse.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
Suscribirse a:
Entradas (Atom)