viernes, 26 de octubre de 2012

¿QUÉ OPINAS DE LAS COALICIONES ELECTORALES?

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

¿QUÉ PIENSAS DE LAS COALICIONES?


En medio de una profunda crisis del sistema de partidos, calculada por la suma de las crisis que padece cada uno de ellos, vuelve a la agenda el tema de las coaliciones electorales. Su intención es única e inocultable: la conquista de los espacios institucionales de poder.

El fin justifica todos los medios. No hay doctrina que valga; los “principios” contenidos en sus declaraciones son letra muerta y solo un requisito inobservado que las leyes electorales exigen. Para coaligarse, la ley exige a los partidos únicamente el acuerdo de voluntades y en base a ella, nos han regalado gobiernos caóticos en medio de las alternancias. La ausencia de proyecto, que pasa por el desprecio a las ideologías ha sido la causa profunda de que las alternancias se queden en ello y a las transiciones se les mencione cada vez menos.


La suma de los desprecios partidarios por sus declaraciones de principios hace posible y actuante el desprecio por el gobierno, ya no digamos el buen gobierno. No hay plan, no existe el orden. Un hilo conductor de políticas públicas no se palpa por ningún lado, porque no hay hilo que conduzca las plataformas electorales de los partidos políticos coaligados hacia una plataforma común que, como en el caso de aquella que llevó a Gabino Cue al gobierno de Oaxaca, son refritos o plagios. Bodrios apresurados camino al archivero.


Los electores son público cautivo de la partidocracia (que como definimos en nuestra entrega pasada, es la degeneración o desviación de la democracia de partidos) y la ausencia de cultura política hace que sigan votando a ciegas, en base a intuiciones, irracionalmente. El odio, el temor, el fanatismo o el amor son los parámetros del sufragio. Votar para que el contrario no llegue, para que el enemigo desaparezca. El adversario no merece la más mínima consideración porque ya no es adversario, es enemigo y hay que destruirlo.

¿Cuál es el medio preferido para cumplir el fin? Las coaliciones. Ya no hay derecha, tampoco izquierda y en ausencia de ambas el centro no existe. El espectro político lo llena el pragmatismo. Hay que ganar ¿para qué? No importa. Basta con saber que los “otros” no deben ganar porque son corruptos, porque son los mismos de siempre, porque son represores, porque son representan a Salinas; y catapultados por esa inercia hemos llegado a sufrir gubernaturas, diputaciones y senadurías que nos tienen igual o peor que antes, en la inacción, en la parálisis. A gobernar se aprende muy lentamente, pero a robar, mentir, manipular y disfrutar los placeres del poder, de inmediato. Gobernar debía ser cosa sencilla: cumplir estrictamente con la ley. Pero la prioridad no es gobernar, es impedir que el poder se pierda. Una vez en el barco hay que mantenerse en él a toda costa aún a riesgo de su hundimiento.


En amplio sentido el pragmatismo político es la suma aritmética de los orgullos, de los egos, de las soberbias. Es individualismo agregado de los que tienen el poder y una vez seducidos, enferman y se hacen dependientes. En la revancha no hay lugar para contrarevancha y los egoístas empoderados dejan sus diferencias y odios mutuos para mejor ocasión. El bien común ya no es el “bien público temporal” de las lecciones de Porrúa Pérez en su Teoría del Estado, es el bien de unos cuantos que hacen de la materialización del poder un oasis dentro del Estado que camina por inercias. El poder es un bien que se “usa, goza y disfruta” por su reducido círculo de propietarios que se valen de los partidos políticos para llevar al electorado a la trampa trienial o sexenal.


Anthony Downs escribió en 1957: “Los partidos formulan propuestas políticas para vencer en las elecciones, en lugar de ganar elecciones para aplicar propuestas políticas”. Tanto es el atraso de nuestro país y de Oaxaca que, medio siglo después, para nosotros es presente.


¿Dónde hay que buscar la explicación de la crisis de los partidos y de su sistema entero? En la cultura política. No hay más. Ciudadanos deficitarios, víctimas de la crisis de valores desde su infancia, no pueden formar ni conducir buenas instituciones. La política es hoy un empleo, una actividad humana, sí, pero que necesita remuneración. ¿Cuál es su teleología? Eso se averigua después, mientras hay que ejercer en la inmediatez y con su principal fundamento: el dinero.


En doscientos años de historia los partidos políticos han sido, en la línea del tiempo, de tres tipos fundamentalmente: De cuadros o notables; de masas y de electores. Y en un análisis objetivo, los de la actualidad en Oaxaca reúnen lo peor de los tres. Como los primeros, desarrollados en el Estado Liberal durante el siglo XVIII, se fundan en comités de personalidades o grupos de notables locales y son mantenidos desde el poder, con desprecio por la ideología; con los segundos, surgidos al final del soglo XIX con la “política de masas”, comparten esa división interna que Moisei Ostrogorsky y Robert Michels categorizaron, entre su burocracia y la base de sus militantes, además del reclutamiento de los miembros de sus dirigencias por cooptación, con la consiguiente rotación escasa y el aislamiento de los dirigentes con respecto a sus bases; y de los terceros, surgidos hacia la mitad del siglo XX, conservan el objetivo central de movilización de sus votantes con ocasión de cada consulta electoral, que hace que difuminen sus programas e idearios, reduciéndolos a afirmaciones de principio (justicia, orden, cambio, progreso, paz, seguridad), hecho que mereció de Otto Kirchheimer el calificativo de “partidos atrapa-todo”.


En medio de esta grave realidad ¿Qué actitud debe asumir el ciudadano? Cualquiera, menos la apatía. Nada puede tener más complacidos a quienes manejan nuestros partidos que el distanciamiento ciudadano. La repulsión de la gente les aísla a un espacio de impunidad y confort. De cualquier forma, el elector no deja ni dejará de votar, no por uno de ellos, sino en contra del villano en turno que, para el caso, es lo mismo.


La posibilidad de las coaliciones no debía pasar solo por las burocracias de los partidos coaligantes, sino por el filtro de la ciudadanía que es, persona a persona, el mejor medio de comunicación. Que no nos vuelvan a decir que en la coalición prepondera lo que les une, porque probado está que su único aglutinante es el poder, el estatus y el dinero, aunque después no sepan qué hacer con el gobierno y nos tengan en medio del subejercicio presupuestal, de la parálisis económica, de los bloqueos y de nuestras carreteras, avenidas y calles heridas.


Bien valen la pena las preguntas colectivas ¿Para qué las coaliciones? Y ¿Cuántas diputaciones y presidencias municipales y regidurías serán para cada partido y cuántas para los ciudadanos?


Twitter: @MoisesMolina
Correo Electrónico: moisesmolinar@hotmail.com


sábado, 20 de octubre de 2012

¿PARTIDOS? NO, FACCIONES

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

¿PARTIDOS POLÍTICOS? NO, FACCIONES.


En su “Historia como hazaña de la libertad”, Benedetto Croce, sentencia como principio universal del humanismo, la remisión a un pasado para extraer luces que suminstren orientación a las acciones del presente.


Nada más alejado de la realidad que podemos asumir como política. Un profundo desconocimiento, derivado de un incomparable desprecio, es nota común de hombres de gobiernos y hombres de partidos políticos. La historia está para estudiarse, no para vivirse. La “práctica revolucionaria” existe hoy sin “teoría revolucionaria”.


La conmemoración sistemática de acontecimientos y biografías no llena honra de la historia. El presente se vive al margen o a pesar del pasado. Una de las notas definitorias en el paso de los “partidos políticos de masas” a los “partidos políticos de electores” hacia la mitad del siglo XX fue el pragmatismo, la reducción de sus programas ideológicos a afirmaciones de principio moduladas de acuerdo a conveniencias estratégicas. No hay distinciones ni principios que valgan al margen del triunfo en las urnas.


Los partidos comienzan a deshacerse de todo, comenzando por su historia. Y tienen culpa, por complicidad, los miembros que, en sus diferentes categorías (dirigentes, cuadros, militantes) y simpatizantes que reconocen por único vínculo partidario, el activismo proselitista como único fin.


La política entonces, se deshumaniza, se deshistoriza, abandona todo aquello que aparece superfluo a los intereses de sus élites y una de las principales consecuencias es el abandono de las funciones que la teoría nos enseña respecto de sus instituciones descollantes: los partidos políticos. No hay funciones más allá de la consecución del poder, ni medios que no sirvan a este fin; ni institucionales, mucho menos sociales y entre estas últimas, la de educar al ciudadano en democracia.


Dos aniversarios pasaron prácticamente desapercibidos. No sería tanto de extrañar de no haber sido simultáneos. Personajes omnipresentes en el México de su tiempo y vigentes en buena parte de nuestra realidad institucional como país, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, murieron un 19 de octubre. Sus biografías llenan casi la mitad de la historia del PRI. Su memoria y su legado solo valieron actos protocolarios y ofrendas florales. Se perdieron en el océano informativo y figuraron muy por debajo de invitaciones a “autoexplorarse” en el día internacional contra el cáncer de seno en las cuentas priistas de las redes sociales.


Calles fundó el antecedente más remoto del partido que a partir del primero de diciembre gobernará de nueva cuenta este país y Lázaro Cárdenas lo refunda en 1938 cambiando incluso su nombre de Partido Nacional Revolucionario a Partido de la Revolución Mexicana. A Calles debe México la estabilidad política posterior al caudillaje faccioso y a Cárdenas debe el PRI la herencia de sus sectores, cuya esencia hoy permanece torcida por negligente ignorancia, siendo la causa de sus ataques sin defensa.


¿Por qué insiste el PRI en actuar al margen de la historia? ¿Por qué sigue regateando a sus órganos de educación política, como el Instituto de Capacitación y Desarrollo Político (ICADEP) y la Fundación Colosio, el lugar de protagonismo que les corresponde estatutariamente e incluso en la ley electoral? ¿Por qué la ausencia de una robusta política editorial? ¿Por qué en la mayoría de los comités estatales no existe una biblioteca? ¿Por qué la gran mayoría de los textos académicos existentes en torno al PRI son esfuerzos al margen del partido? ¿Por qué no se encuentra por ningún lado obra escrita sistematizada de los PRI locales?


Que se elimine entonces de los estatutos, la obligación a aspirantes a un cargo de dirigencia o de elección popular de acreditar mediante constancia, “cursos de capacitación y formación política” (Art 151 Fr XII) y “el conocimiento de los documentos básicos del partido” (Art 166 Fr X) o que se exija vigiladamente.
Los demás partidos no están mejor (ni el que viene lo estará), y el menosprecio por la historia y la función educativa les hacen aparecer hoy nuevamente como facciones del siglo XVIII, según la distinción de Burke y Bolingbroke: como grupos de intereses mezquinos por obtener puestos y emolumentos; agregados secuestrados por los intereses personales de sus miembros.


Oaxaca es ejemplo kafkiano. El gobierno carece de programa, en buena medida porque los partidos políticos son inexistentes. No hay un solo partido que aporte plan de gobierno y no hay partidos que aporten plan de oposición. El ciudadano… en medio, ganando la vida a fuerza de victorias personales.


Hay mucho por hacer, pero siendo más lo que se deja de hacer por “los mismos de siempre”, no hay esperanza fuera de la nueva generación que a fuerza de seguir esperando espacios como concesiones graciosas pueden seguir erosionando a los partidos y ahondando la crisis del sistema de partidos abrazando distintos actores colectivos o acercándose a los partidos, defenestrándolos con más fuerza.


La encuesta de esta semana sobre la “confianza en instituciones” del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados Federal, es reveladora. De las 4 mil 908 llamadas realizadas, solo 613 fueron aceptadas, mil 776 rechazadas y el resto no contestadas. 82 de cada 100 mexicanos manifestó confiar poco o nada en los partidos políticos; y solo 3% refirió confiar “mucho”.


La democracia ha dejado de ser el gobierno del pueblo; no es siquiera el gobierno de los partidos; se reduce a partidocracia: vicio consistente en la desviación de las actividades normales y ordinarias de los partidos en una democracia.
Las declaraciones de principios, los programas de acción, los estatutos (en buena parte de su articulado) y los códigos de ética son, hoy por hoy, bellos discursos que es imperativo traducir en bellas acciones.


Twitter: @MoisesMolina


domingo, 14 de octubre de 2012

DESAYUNO DE MEDIAS VERDADES

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

PRI: DESAYUNO DE MEDIAS VERDADES


Aún antes de las escasas notas periodísticas, el desayuno convocado por la dirigencia del PRI de Oaxaca, llevado a cabo el pasado viernes, comenzó a comentarse en el nuevo actor colectivo: las redes sociales.


Antes de conocerse las resultantes del cónclave, comentarios corrían en carretera de doble sentido. De inconformidad y agravio, la mayoría. Y es que la carencia de una estrategia de comunicación política que, entre muchas otras cosas, sufre el PRI oaxaqueño desde hace ya un buen tiempo, entrampó a los indignados en la desinformación. No era una reunión de Consejo Político, no lo era tampoco un desayuno de convocatoria abierta, aunque terminó siéndolo (no se impidió el acceso a nadie), ni siquiera un acto público. Era más bien una reunión de carácter privado entre la estructura “formal” del tricolor. Los únicos actores que debían estar ahí eran los integrantes del CDE, líderes de Sectores y Organizaciones, Presidentes Municipales, legisladores federales y locales y presidentes de comités municipales priistas.


¿Para que los citaron? Al final, nadie me supo decir. Hubo aforo, hubo, con algunas ausencias y retrasos notables, representatividad. Lo que no hubo fue tema. Los platillos fueron el principal argumento. Bien es cierto que no era un foro de análisis, ni un panel de retroalimentación; en las circunstancias actuales, un debate abierto es lo que menos quieren quienes cómodamente administran un membrete. Pero era necesario, al menos, hacer un ejercicio unilateral de reflexión, de autocrítica, de objetividad. Nada de eso. Se reunieron como el PRI de hace dos o tres años, para que los más contemplaran, admiraran, reconocieran a los menos, los ocho o nueve que alcanzaron lugar en el presídium.


Que le dieron lugar a Heliodoro y no a Ilescas, teniendo ambos la misma calidad de ex diputados y ex aspirantes a la presidencia del PRI; que Samy Gurrión y Nieves no llegaron ;que sentaron hasta a la responsable de prensa y no a Amando Bohorquez ni a Jacobo Sánchez que tienen ya espacio en la estructura; Que Sofía no se veía; que Eviel llegó tarde y ya no quiso hablar; que Elías Cortés y no Sandoval ni su secretario general, conducía la reunión, era el análisis político que los comensales subían a las mesas del desayunadero.


¿De que se habló entonces? De todo y de nada. Alguien ajeno a la realidad política de Oaxaca bien pudo haber pensado que el PRI seguía siendo gobierno, entre los discursos de verdades a medias, de obviedades, de lugares comunes, de oratoria de concurso con pésimos concursantes.


Hubieron eventualmente quienes entendieron mal lo que Fito Toledo “tuiteó” entendiendo mal. El voto de confianza no era para Jorge Sandoval, fue para el CEN que puede ratificarlo, pero también puede no ratificarlo enviando a uno nuevo, oaxaqueño o no. Las únicas convicciones generadas ahí, existían antes de sentarse a comer: 1) el presidente del CDE lo pone y lo quita el CEN y 2) Necesitamos la unidad para afrontar el proceso de 2013.


Y no es que nuestros priístas más notables sean tontos o incapaces de articular peroraciones convincentes; fingieron demencia diciendo mucho y nada a la vez con una intencionalidad. Hablar sin hablar. El chiste era dejarse ver, dejarse adular, dejarse apapachar. Propiciar una ocasión lo más “light” posible para sacar el baumanómetro. Y en efecto no hubieron, como muchos deseaban, puñetazos. De algunas temerosas rechiflas no pasó. Natural, si tomamos en cuenta que no hubo ocasión significativa, que nadie sabía a qué iba, pero no querían dejar de ir.


Fue una reunión a favor del Status Quo, de que las cosas sigan como están, al menos administrativamente. Ni siquiera hubo necesidad de gatopardismo. Nada cambia para seguir igual. No hay peligro, seguramente pulsaron, el PRI puede seguir así rumbo a 2013 sin grandes cambios.


Mientras tanto, en medio de la desinformación, el descontento crecía por quienes, una vez más, se sintieron excluidos, marginados, subestimados; de quienes casi acusaban conspiración en su contra, que veían sospechosa en la desatención por no incluirlos. Y esa misma frustración desinformada la transmitían a sus cercanos, vaticinando alguno, en plazo de dos meses, la toma de las instalaciones del partido.


Honestamente no se perdieron de nada, porque eventualmente no les hubiesen dejado hablar y de poder hacerlo, les hubieran acallado con silbidos. Habrían salido con igual o más insatisfacción.


Si Sandoval se va o se queda, aún es incierto. Él, sin duda, se quiere ir. Desgraciadamente, es algo que no está en sus manos. Lo ha dicho. No puede pedirle a Coldwell que le separe de la responsabilidad y probablemente tenga que esperar más de lo querido para recibir, en la estructura del próximo Gobierno Federal, el premio por servicios prestados a la patria partidista.


¿Que destino le aguarda entonces al PRI oaxaqueño? Sigue siendo incierto. La respuesta la tienen Coldwell y los votantes.


Si lo que se quiere es, en específico y con urgencia, recuperar la presencia política en Oaxaca, dejando de lado la mayoría de las funciones de los partidos políticos que la teoría enseña, que vayan en el sentido que quiere el electorado. Que se haga desde la casona de Santa Rosa, política con ciencia, no con metafísica, no con corazonadas, ni siguiendo la ruta de las fortunas personales para pagarse una campaña, ni del “prestigio” o “capital” político, cuyos resultantes tenemos reciente y dolorosamente conocidos. Que se estudie a fondo la composición de la lista nominal de Oaxaca para saber qué candidatos y qué plataforma política quieren quienes tienen credencial de elector en la cartera o en el bolso. Si el PRI no se abre a la ciudadanía y sigue obstinado en seguir viendo la realidad con los anteojos de “los mismos de siempre”, tendremos los mismos resultados que ellos nos han regalado ya sin gobierno, porque seguiremos sin gobierno un buen rato.


EL PRI de Oaxaca necesita estrategia, método para alcanzar los resultados deseados.


El PRI no debe ser, hoy por hoy, la casona de Santa Rosa, ni sus miembros distinguidos usufructuando curules, escaños, presidencias o regidurías, tampoco sus militantes de a pie que no saben ya a quien creerle y por ello adulan y quieren quedar bien con todos; el PRI necesita ser programa, proyecto, plan para la acción.


En tanto sabe si se va o se queda, Jorge Sandoval debe:


1.- asumirse con fortaleza como presidente, le guste a quien le guste;

2.- formular, derivado de los documentos básicos, un plan con acciones definidas que presenten al PRI como auténtico partido de oposición en Oaxaca, compartido, al menos, con el Consejo Político;

3.- Incorporar a su Comité Directivo, una coordinación de asesores integrado por priístas garantes de conocimiento del sistema político oaxaqueño, formación, capacidad y trabajo.

4.- Exigir un programa escrito de trabajo a todos los líderes de sectores, organizaciones y organismos especializados, malacostumbrados a hacer comparsa y defender al gobernador en turno; y vigilar su cumplimiento;

5.- Revisar y poner orden en el destino de las prerrogativas partidistas; y

6.- Conceder a los cientos de priístas que, en el interior del estado, guardan naturales diferencias con sus comités municipales, nombramientos que les otorguen legitimidad para capitalizar y seguir haciendo trabajo político.


Las corrientes de opinión que naturalmente se han formado no son enemigas del PRI. Debe dejárseles de ver como factor de ruptura y comenzar a brindarles trato como expresión de diversidad instrumental en la unidad ideológica. Persiguen los mismos fines pero por diferentes medios. Sus integrantes no están cerrados al trabajo conjunto. Solo quieren un espacio digno y de respeto.


En Oaxaca no hay gobierno, en buena medida, porque no hay oposición. Por ello se hace mucha política y poca administración. Si ellos no quieren o no pueden aprender a ser gobierno, que el PRI aprenda a ser oposición.


@MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com

sábado, 6 de octubre de 2012

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
10 ESTADOS SIN PRI

Una gran displicencia se deja sentir por parte del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en las entidades federativas donde el otrora partido hegemónico es formalmente oposición.

La sujeción por lustros de la dinámica priísta de esas entidades a las decisiones del gobernador en turno explican buena parte de esa displicencia. Los priístas, acostumbrados a caminar en la ruta de la cómoda e incuestionable “línea” que trazaba el jefe político de las entidades, nunca han tenido lo que en los discursos es lugar común: las riendas de sus propios destinos en relación al partido; y en medio del pasmo causado por las derrotas, desde la primera que hace 23 años tuviera en Baja California, que no ha podido recuperar, los PRI locales han mostrado en términos generales incapacidad de autogobierno fuera del cobijo gubernamental estatal.

Además de Baja California, Oaxaca, Tabasco, Distrito Federal, Morelos, Guanajuato, Guerrero, Sonora, Baja California Sur y Sinaloa comenzarán el 2013 bajo gobierno emanados de partidos distintos al PRI y no se ve por ningún lado una estrategia integradora de trato preferencial y diferenciado por parte del comité que preside Pedro Joaquín Coldwell.

Que estas entidades poseen realidades diversas y que sus circunstancias sociopolíticas guardan particularidades que las diferencian, no son pretextos para dejar, como se ha hecho cómodamente, manga ancha al canibalismo. La balcanizada élite política, sin gobernador, ha dejado al priísmo de estos estados a la deriva y cotidianamente se refleja públicamente la imposibilidad de acuerdos entre quienes desean, a toda costa mantener su hegemonía sobre los despojos institucionales del PRI y quienes han visto en las crisis de las derrotas, una oportunidad de renovación y relevo generacional; de desplazamiento pues, de la vieja y enquistada nomenklatura recipiendaria de la responsabilidad de las alternancias. ¿En medio? Las y los militantes que se frustran o se resignan ante la nueva realidad que, en ya varios casos, no es tan nueva.

Al CEN le falta audacia. Parece más cómodo manteniendo el status quo, las cosas como están. Cada vez crecen más las opiniones en dirección de la bonanza que, para el nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, representan estados opositores como moneda de cambio de acuerdos políticos.

Se han hecho comunes las figuras de dirección partidista local al límite de los estatutos. Los delegados designados por el CEN con funciones del presidente, son una penosa realidad o una inminente amenaza. Ellos hablan del fracaso de la democracia interna y más aún, de un centralismo obligado, resignado. Delegados enviados con amplias credenciales desde geografías distantes solo administran el desorden, contienen las pasiones, congelan la dinámica partidista. Cualquier cosa es referible a una “masacre sin sangre” y en el eventual cálculo, una masacre a secas.

Enrique Peña Nieto justifica hoy por hoy, para esos estados, la esperanza siempre renovada. Los priístas ahí no tienen gobernador, pero ahora tienen presidente. No ha bastado el tiempo para recordar, si es que algún día se aprendió, qué es hacer política, alcanzar acuerdos. Ante ello hay que esperar un golpe de timón, un manotazo en la mesa del hombre fuerte. Que Peña Nieto decida, que llame al orden, que se imponga. Cualquier cosa es preferible a seguir forcejeando en el mismo lugar. Esa es, vista por más de uno, la última alternativa.

Las mejores intenciones que pudieran tener los delegados no alcanzan. En natural. En un terreno ignoto, en medio de una realidad que no es la suya, en un presente donde solo tiene cabida su futuro inmediato, cumplen en lo que pueden resignados y también esperanzados. Su esperanza de que el PRI local tome rumbo no es tan grande como la de su retiro de la responsabilidad. Además saben que “arriba” no les pueden exigir mucho.

¿Tiene Peña Nieto interés real en reconstruir institucionalmente al PRI de estos estados? Solo él lo sabe, pero debería tenerlo. En medio de un obradorismo que vela nuevas armas, de un inocultable descontento popular exacerbado por los regalos “preferentes” del fin del calderonismo y de un movimiento estudiantil alimentado desde la izquierda romántica, nuestro presidente electo necesita una defensa organizada, con estrategia, con intencionalidad que no se puede tener en estados donde el priísmo no tiene PRI y donde “los mismos priístas de siempre” están más preocupados por las delegaciones federales que por el bien partidario.

Pocas son las ideas y los sentimientos que se convierten en palabras. Y mientras, los días pasan iguales al anterior. Sin luz, sin atisbos, inciertos, lejos de la cúpula, exiliados del derecho a saber. Al presidente electo que no le distraigan hasta que pase la elección … hasta que el tribunal califique … hasta que rinda protesta … ¿luego?

Estos estados pueden ser piedras en el zapato presidencial, pueden también ser excelentes ventanas de oportunidad en un México donde la gente necesita volver a creer, nostálgicos en buen número de sus ciudadanos militantes, de la mística revolucionaria. Los PRI de los estados necesitan presidentes y secretarios generales originarios y amantes de esas mismas entidades.

En Veracruz se le ve a José Luis Rodríguez Bustamante invitando a militantes de otras fuerzas políticas a sumarse al tricolor y anunciando reuniones mensuales abiertas a la militancia con garantía de libre expresión; en Morelos, Manuel Martínez Garrigós anuncia la defensa del relevo generacional ante la amenaza del jurásico; en Tamaulipas Ramiro Ramos Salinas inicia renovación de comités municipales y en Sonora la prensa deja constancia de que “el padrón de militantes, el voto corporativo y el PRI popular son ficciones”. Son realidades aisladas pero reveladoras; inspiradoras de nuevos esfuerzos.

El priísmo está, existe, estoicamente al margen del cobijo gubernamental, confía renovadamente en su presidente. Esperan con la oración política de Colosio “Todo el PRI, todo el tiempo, en todas partes”.

Twitter @MoisesMolina


sábado, 29 de septiembre de 2012

EL "NO TIENEN MADRE" DE LA REFORMA LABORAL

LA X EN LA FRENTE


Moisés MOLINA


EL “NO TIENEN MADRE” DE LA REFORMA LABORAL


El origen de la institucionalización de los derechos laborales en una rama autónoma de las ciencias jurídicas hay que buscarla en el surgimiento de la “política de masas” y tres motivos, que a finales del siglo XIX marcan el agotamiento de Estado liberal:


1) El éxito del capitalismo que conllevaba la concentración de la propiedad y la influencia económica y hacía derivar de estas, la agudización de las desigualdades y en último término la explotación económica traducida en despido masivo, bajos salarios y marginación social;


2) La fuerza política que cobra la afirmación teórica de igualdad entre todos los miembro de la comunidad, que devino en reivindicaciones del derecho al sufragio y a la asociación política y sindical; y


3) La crisis de la incipiente división del poder durante este modelo de Estado entre Monarquía y parlamento, por la omnipresencia del segundo (integrado por propietarios) y la reducción de la primera al cumplimiento de funciones simbólicas.


Después del Estado Liberal, el mundo conoce nuevos modelos como alternativas. Tres de ellos –el Estado Socialista, el Nazi y el Facista- víctimas de sus inconsistencias desaparecieron, dejando el paso libre a la hegemonía del que hoy rige a la gran mayoría de la comunidad mundial: el Estado Liberal Democrático, también llamado Estado de Bienestar o Estado Social. El Estado Liberal para la teoría se democratiza permitiendo intervención popular en los asuntos colectivos reservados antes a los propietarios y se socializa al promover el crecimiento económico, asegurando mayores niveles de bienestar para toda la población.


No es entonces extraño que las luchas iniciales en el campo laboral se centren de forma exclusiva en la reivindicación de derechos inexistentes en el pasado. Las conquistas que, en adelante vienen casi sincronizadamente, cristalizan en el derecho positivo en más y mejores garantías para el trabajador y menos privilegios para el detentador del capital, incluído México con su revolución, la primera revolución “social” del siglo XX y con su constitución de 1917, surgida incluso antes de la más publicitada, que fue la de Weimar.


Nuestra Ley Federal del Trabajo, data de 1931 que contiene en esencia los mismos postulados que la de 1970 y ambas, obedientes del 123 constitucional de 1917 que nuestros legisladores se han rehusado a tocar significativamente.


Una cosa es innegable. El mundo ya no es el mismo de hace 81 años y la inmovilidad de nuestra legislación laboral se antoja inexplicable en una realidad donde los efectos de la globalización no son potestativos y exigen a los Estados, instrumentos de acción eficaces para sortear con éxito los efectos negativos y potenciar al máximo los positivos.


El proyecto de reforma laboral de México aprobado ya por la Cámara de Diputados y a partir del próximo lunes en manos de los senadores, modifica 351 de 1004 artículos de la Ley Federal del Trabajo. Su marco referencial es el mismo del aquel proyecto presentado desde 1988 por la CONCANACO Y LA COPARMEX: la flexibilidad del trabajo, justificado por el nuevo contexto de globalización del mercado y la producción, la modernización de los procesos productivos, la necesidad de proporcionar mayor confianza a los inversionistas y elevar la productividad y la calidad.


De las motivaciones que pública y “parafernálicamente” se expresan en contra de dicha reforma, pocas tienen un sustento racional. La protesta por sistema y por imitación es una de las estrategias que más daño han hecho a la izquierda en México y tan es así que fue solo una fracción de la izquierda la que “tomó” los dos niveles de la mesa directiva en San Lázaro. Fue esa izquierda, más que “desobediente” –como la calificó Silvano Aureoles- cerrada al debate que reduce la justificación de sus acciones con consignas de mitin político y declaraciones vagas, ni siquiera grandilocuentes:


“¡No tiene madre!, están condenando a los trabajadores a la pobreza y a la miseria”, dijo Monreal;


Dicen estar en contra, pero no argumentan. Y su única propuesta como alternativa es que la ley se quede como está, seguir en la realidad jurídica de 1931, los tiempos de Pascual Ortiz Rubio.


Si bien, la reforma laboral está propuesta a la medida de la globalización, no cancela los derechos de los trabajadores, pero parte de la izquierda se comporta ahora reaccionaria. Que nada cambie es su consigna. Para ellos no hay espacio al contraste de ideas, no existe el equilibrio. Su radicalismo deriva de esa visión totalizadora y monopolística de la realidad: si no es su realidad entera, total, la que se impone, simplemente no es buena, carece de bondad en todo sentido.


Mucha gente pregunta si la reforma laboral es buena o mala. Solo eso quiere saber. En un país donde el ciudadano no se informa o cuando lo hace quiere información fácil, el temor coloniza, infecta; y la izquierda ha sido, en buena medida (no totalmente) inoculadora irresponsable de ese miedo ciudadano. Y para muestra un botón: Le dicen a quien les quiera oír que la aprobación del pago por hora implica que una hora de trabajo será pagada a 7 pesos, cuando en la realidad el proyecto aprobado propone que el trabajador no podrá ganar en la jornada laboral menos del salario mínimo, así sea de dos horas esa jornada, además de no poder exceder el número de horas por jornada laboral.


En el proyecto que toca a los senadores estudiar, discutir y aprobar, se contempla el outsourcing o subcontratación, imponiendo obligaciones al contratador y al subcontratador, dejando a salvo derechos del trabajador; el pago por hora; contratos de prueba y capacitación inicial para otorgar el empleo a los trabajadores que mejor capacidad demuestren después de haberles pagado el tiempo que habrá de durar esa puesta a prueba o capacitación; nuevo concepto de trabajo digno o decente, respetuoso de la dignidad humana del trabajador; aplicación del principio de “no discriminación”; mayor protección a la mujer; reconocimiento de los derechos de paternidad; favorecimiento de condiciones para empleo de personas con discapacidad; obligación de dar capacitación adecuada y de calidad por parte del patrón; condiciones dignas de seguridad, higiene y previsión de riesgos para el trabajador y tipificación como delito del trabajo para menores de 14 años, entre otros rubros.


Es una reforma inspirada en esas fuentes reales del derecho que se ha postergado más allá de lo prudente que obedece preeminentemente a dos cosas: la competitividad y la atracción de inversión extranjera directa. Impensable una sola reforma para cancelar derechos de trabajadores comprometidos con la producción y su calidad.
La reforma queda sin embargo corta. Uno de los grandes temas que permaneció inalterado fue el de la democracia sindical. Pero fue paradójico que fuera Alfredo Oribe, un legislador del PT el que, en la Comisión de Trabajo y Previsión Social, frenara la obligación de los sindicatos para introducir estatutariamente el voto secreto en la elección de líderes sindicales.


Esta reforma fue un claro pacto entre los presidentes saliente y entrante y es una pena que se busque capitalizar políticamente. De antemano sabemos que la subsistencia de esa parte perniciosa de la izquierda (no toda la izquierda) identificada con el obradorismo, tiene que ver con la oposición sistemática a toda propuesta donde se vea la mano de Enrique Peña Nieto, sin escatimar excesos discursivos como el del Diputado petista Ladrón de Guevara que soltó en tribuna: "Yo en efecto no creo que sea un pacto de Enrique Peña Nieto y de Calderón sino es una orden de Carlos Salinas de Gortari, que es el verdadero titiritero de este País…”


Tenemos que acostumbrarnos a ellos los próximos años y México caminará, en ocasiones, a pesar de ellos.


Twitter: @MoisesMolina

domingo, 23 de septiembre de 2012

SLIM, LULA, BLAIR Y GUARDIOLA

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

SLIM, LULA, BLAIR Y GUARDIOLA

No todos los días se tiene a mano la oportunidad de escuchar y ver de cerca a seres humanos que a este momento de sus vidas reciben la casi unánime calificación de exitosos.


Compartir espacio físico con Luiz Inacio Lula Da Silva, Tony Blair y Josep Guardiola no remite solamente a ver y escuchar. Hay algo que va más allá de los sentidos, que mueve, motiva, estremece. Lo que dicen es importante; lo que transmiten, indescriptible.


Carlos Slim, el hombre más rico de mundo, los trajo a México en exclusiva para los becarios y ex becarios de una de sus fundaciones. No se puede menos que agradecer. Es curioso no haber escuchado, a lo largo de mi vida, un solo comentario generoso de Slim, incluso muchos beneficiarios de sus fundaciones se asumen críticos de su “responsabilidad” del atraso mexicano. Quizás no le interese competir publicitariamente con los políticos. Probablemente también por ello, no tuvo una sola intervención al micrófono, ni una sola aparición en el escenario, pero al margen de ello, Slim sigue siendo, desde hace ya bastantes meses, el hombre más rico del planeta; e independientemente de las motivaciones que lo hacen materializar encuentros de esta proporción, que se magnifica cuando son gratuitos, lo cierto es que no le hacen mal a nadie y marcan, de hecho, la vida de muchos privilegiados que, entre los diez mil que nos damos cita cada septiembre en el Auditorio Nacional, regresamos a nuestros hogares, colegios y trabajos recargados con energizada convicción de dar lo mejor a cada paso de nuestra vida.


Son encuentros ilustrativos y motivacionales que nuestros gobiernos no han propiciado en esa magnitud y que se mantienen en su gestación y desarrollo al margen de la política, en especial de la partidista, pero que se insertan en ella en su resultado.


Lula, Blair y Guardiola vinieron a hablar de lo que les une en comunión: el éxito. Sembraron esperanza en un oasis de pocos metros cúbicos, nos recordaron que casi cualquier cosa es posible cuando además de creer, se tiene pasión por lo que se hace. Como seres humanos estarán hechos de basura y bronce, pero vinieron a entregarnos solo el bronce.


Hablaron de muchas cosas. Estuvimos todo el día con ellos y con Nando Parrado y Lee Hirsch, además. Dos ex jefes de gobierno; un ex jugador profesional de futbol y entrenador, hasta hace poco, del exitosísimo club Barcelona; un laureado cineasta y un uruguayo vuelto a nacer nos demostraron que tienen mucho, más de lo que a simple vista parece, en común. Son, las de ellos, historias de éxito. Éxito que no se presume, se comparte. Éxito no auto decretado, sí reconocido (reitero) casi unánimemente.


Su sola presencia en el escenario conmociona las conciencias de jóvenes que viven en un país que necesita, desgraciadamente, de ejemplos vivientes, de testimonios de seres humanos que a través de perseverancia, constancia, fe, pasión y un poco de fortuna han llegado a ser lo que se seguirá contando de ellos.


Al micrófono se ausentaron prejuicios, complejos, resentimientos, reservas, censuras, impostaciones de personalidad, compromisos. Ni el señor Slim estuvo excento. “Slim no necesita del gobierno” dijo Lula en una de sus acotaciones más aplaudidas.
No existieron animadores que entre el público pidieran aplausos para quienes discurrían. La calidez de cada interrupción era espontánea, emocionada, esperanzada.


Ninguno de ellos necesitó hablar mal de Peña Nieto, ni de AMLO, ni de Calderón. Cosa extraña que nadie saliera de ahí inconforme.


No se cual sea el juicio que la historia depare a Carlos Slim, pero con este tipo de demostraciones. Muy pocos se sienten orgullosos de que el hombre más rico del mundo sea mexicano y muchos hay que le denostan sistemáticamente. Gran parte de su fortuna la debe a los mexicanos, pero bien podría cruzarse de brazos, no hacer nada y dejar que las bolsas de valores hagan su parte. Slim no necesita quien lo defienda. Su fortuna le sitúa ya, más allá de lo bueno y de lo malo y aún así se “arriesga” con eventos como este, fáciles a la tenebra de los condenatorios juicios lapidarios.


Hoy se que le debo algo a Carlos Slim y me rehúso a ser de los miles que dirán que me lo ha cobrado por adelantado en mi recibo telefónico o en mis tarjetas “amigo kit”. Pudo, incluso, no haber rembolsado nada de ello. He asistido a “México Siglo XXI” en la mayoría de sus ediciones y lo seguiré haciendo cuando se me invite. Quizás nunca pueda decirle personalmente “gracias” pero mi deber moral es hacerlo de alguna forma y ello es lo que me tiene frente al teclado.


Haber visto a lo largo de los años a Gorbachov, Colin Powell, Al Gore, Madeleine Albright, Alvin Toffler, Bill Clinton, Earving “Magic” Johnson y tantos otros, es una vacuna contra el escepticismo que infesta a la juventud y un programa espiritual contra el pesimismo, mal de nuestro tiempo.


Quedarse conforme, hacer de la diatriba el único canal de expresión de la inconformidad propia, incorporar el resentimiento a nuestro código de conducta, inocular la desilusión al de al lado y resignarse a que todo va a ser siempre igual, son salidas fáciles y además irresponsables.


Lula nos aconsejó: “Cuando pierdan la esperanza, cuando sientan que los políticos no pueden decepcionarlos más, cuando sienten que no pueden seguir creyendo, no decaigan, sigan creyendo y sigan participando. El político que están esperando puede estar en ustedes mismos”.


Educación fue la clave escogida por Blair y Lula; pasión, la palabra mágica de Guardiola. Ir a la cama y encontrar, previo al sueño, aquello que nos apasiona en la vida, puede ser nuestro descubrimiento de más trascendencia. Nada se hace mejor que aquello que se nutre de pasión, porque solo aquello que se disfruta es lo que puede hacerse mejor.


Por ello sin rubor y con honestidad desde aquí y en “Infinitum” le digo gracias al Sr. Slim y gracias a los miembros de la Fundación Telmex. Espero volver el próximo año.


@MoisesMolina

domingo, 16 de septiembre de 2012

RESENTIDOS Y NEURÓTICOS

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA


RESENTIDOS Y NEURÓTICOS


“El espíritu de la juventud es un terreno generoso
donde la simiente de una palabra oportuna suele rendir,
en corto tiempo, los frutos de una inmortal vegetación”.
J.E Rodó



México se nos revela dividido y la historia en su capricho le ha reservado una cita con el encono, la confrontación, el desencuentro. El discurrir de las razones que con apasionamiento militante inundan los mercados, las escuelas, las oficinas, los cafés y de modo hipermoderno –para usar la terminología de Lipovetsky- las redes sociales en internet, dan cuerpo a esta revelación de principio de milenio.



No ha estado nuestra vida centenaria ajena al conflicto, pero en el momento actual nuestro país parece lejos de esa reconciliación que periódicamente llega como una especie de síntesis de la dialéctica hegeliana. La política, en una aproximación fácil, es la que hoy nos mantiene así pero si con más agudeza miramos más allá, entendemos que es el poder; solo uno de sus componentes.



Nuestro error no estriba en confiarle a la política el papel conciliador. Finalmente para eso es esta noble actividad humana, para ello se inventó: para gestionar conflictos. El capricho histórico hace, sin embargo, que los mediadores de esa confianza sean preponderantemente los partidos políticos, reducidos para efectos prácticos a grupos cerrados de intereses con aristocracias bien definidas y de movilidad imperceptible.



Una idea de México; progresista o conservadora; de izquierda o derecha; estatista o liberalizadora o si se le quiere ver en el extremo (a la luz de declaraciones de principios y programas de acción) priísta o “izquierdista”, no es lo que anima a los partidos. Los motiva la conquista del poder sin más teleología que su manutención y usufructo restringido. La política se nos ha impuesto como un mercado abierto al libre juego de los intereses grupusculares. La inercia sobrelleva al país y el máximo beneficio buscado es la estabilidad, la manutención de la cohesión social. Los grandes ganadores y los grandes perdedores son unos cuantos y el resto permanecen, en su condición, inalterados: muy mal, mal y no tan mal, respecto del referente obligado que son sus posibilidades económicas.



Hay algo, sin duda, más allá de los satisfactores económicos, pero en nuestra era, el dinero se convierte en el parámetro predominante de la felicidad. El eudemonismo aristotélico tiene su puente y es el dinero.



Un universo de reflexiones en torno a la necesaria relación entre ética y política, nos circundan; pero el ser humano, tan extraordinario en sus facultades se entrega al hedonismo sacrificando a conciencia su presunta naturaleza cuando se interpone y usa a conveniencia su libre albedrío, al límite del autoengaño, cuando es moralmente honesto.



Si este estado de cosas habrá de cambiar, tendrán que pasar algunas generaciones y debemos abandonar desde ya el lujo de seguir postergando la génesis de esta posibilidad. No habrá cambio merced a transformaciones institucionales ni alternancias partidistas. Una nueva concepción de la política, de lo público, habrá que propiciar desde el individuo y a través de la educación. Un nuevo mexicano, moralmente preparado, habrá de salir de las universidades con la semilla de una nueva cultura política donde el ciudadano lo sea completo y no deje de serlo alcanzando responsabilidades públicas en el municipio, la entidad federativa o la república. Un proceso lento, pero sin duda posible.



Jóvenes deseosos de aprender y al tiempo deseosos de transformar; responsables y la vez acomedidos, solidarios; comprometidos pero antes críticos y objetivos, inmunes a la proclividad del engaño con que otros les quieran sorprender.



Peligros hay muchos, pero centraré en esta entrega mi atención a uno solo de ellos advertido ya en 1927 por Ludwig von Mises, pero vigente de manera tal que solo su lectura puede cancelar espacio a alguna duda:



“Está uno resentido cuando odia tanto que no le preocupa soportar daño personal grave con tal de que otro sufra también. Gran número … sabe perfectamente que su personal situación se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico. Propugnan, sin embargo, la reforma, es decir, el socialismo, con pleno conocimiento de lo anterior, por suponer que los ricos, a quienes envidian, también padecerán … Muy difícil es alcanzar en esta vida todo lo que ambicionamos. Ni uno por millón lo consigue. Los grandiosos proyectos juveniles, aunque la suerte acompañe, cristalizan con el tiempo muy por debajo de lo ambicionado. Diario drama es para el hombre ese fracaso de las más queridas esperanzas, esa paralización de los más ambicionados planes y la percepción de la propia incapacidad para conseguir las tan apetecidas metas. Pero eso a todos nos sucede. Ante esta situación, uno puede reaccionar de dos maneras: odiando la vida por haberle negado la realización de los sueños juveniles, o siguiendo adelante con renovadas esperanzas. Aquellos que aceptan la vida como en realidad es, no necesitan recurrir a piadosas mentiras que gratifiquen su atormentado ego ... Si el triunfo tan largamente añorado no llega, no hay más solución que seguir trabajando como si nada hubiera pasado. El neurótico, en cambio, no puede soportar la vida como en verdad es. La realidad resulta para él demasiado dura, agria, grosera. Carece, en efecto, a diferencia de las personas saludables, de la capacidad para seguir adelante. Su debilidad se lo impide. Prefiere escudarse tras meras ilusiones”



No soy afecto a abusar, en extensión, de las citas textuales. La contundencia del austriaco, sin embargo, lo amerita por esta ocasión. México no es construcción que compete a unos cuantos y llegará el momento en que quienes se preparen en las universidades sean llamados a la arena de la política. Para ese momento, libres de dogmas y fanatismos, tendrán que responder con una nueva visión del ejercicio de la política, buscando coincidencias para que las diferencias no se conviertan en rencor, en odio. No olvidar, como el mismo Rodó sentenció que “a juventud, que así significa en el alma de los individuos y la de las generaciones, luz, amor, energía, existe y lo significa también en el proceso evolutivo de las sociedades”.



@MoisesMolina