sábado, 17 de noviembre de 2012

"SOY DE IZQUIERDA"

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

“SOY DE IZQUIERDA”


A lo largo de los últimos meses de cercana convivencia académica con jóvenes universitarios, ha llamado poderosamente mi atención la natural y hasta, en apariencia, congénita simpatía de buen número de ellos por “la izquierda”. En un ejercicio de clase, cuando les pedía que se definiesen, no pocos complementaron su nombre con un “soy de izquierda” o “soy izquierdista”. Muchos de mis contemporáneos y aún más, de generaciones adelante atajarían explicando que mis alumnos son muy jóvenes, que les falta vivir, que aún no saben lo que quieren, que no saben bien lo que hablan.


Lo cierto es que las razones van más allá de la irrespetuosa subestimación. Son jóvenes inquietos, limpios, lúcidos y reflexivos. Ignoro cuáles sean las mediaciones de su entorno, pero sus dichos de identidad merecen, mínimamente, mi respeto.


Lo que me preocupa no es la bandera que desde hoy empuñan, la identidad que a su edad asumen, sino el hecho de que los contenidos de esa limpia y sincera militancia no correspondan a la realidad. Ellos quieren la justicia, la igualdad, van contra la pobreza, contra los poderosos y en defensa de los débiles; quieren un México donde, Magonianamente, sobre un pueblo inmensamente rico ya no vegete un pueblo incomparablemente pobre. Aborrecen la corrupción, las trampas, los fraudes; urgen equidad en las competencias y transparencia en el ejercicio de los presupuestos. En una frase, quieren poner de pie lo que consideran está de cabeza.


Ello los anima, los mueve, los impulsa a –sin rubor- utilizar el mejor calificativo de izquierda. Aún no conocen la frase ni el autor, pero sienten con Raúl Jardón que es en ese lado – el izquierdo- “donde piensa más limpiamente el cerebro y late con fuerza el corazón”. Son jóvenes por antonomasia románticos, quijotescos, irreverentes, invencibles.


Pero, ¿es esa la izquierda que tenemos en México? ¿Representan los políticos que asumen el calificativo, esos ideales? Peter Singer sugiere de modo inmejorable una distinción para México: “La izquierda como una fuerza política organizada y la izquierda como amplio cuerpo de pensamiento, un espectro de ideas en torno a la consecución de una sociedad mejor”. En México y en Oaxaca no tenemos siquiera lo primero; la izquierda, como fuerza política, es desorganizada y como lo refleja elocuentemente nuestro gobierno, es un verdadero desastre. De lo segundo, ni hablamos.


Basta con hacer una rápida revisión mental de sus exponentes, nombre por nombre, rostro por rostro, trayectoria por trayectoria; y son unos pocos, escasos, quienes alcanzan un juicio benévolo alejado del ejercicio torcido de la política. En un país donde los políticos, al margen de las etiquetas, tienen más de lo que sospechamos, en común, no hay lugar para una verdadera izquierda militante dentro de los partidos que trienal o sexenalmente compiten por espacios de poder. Los mismos izquierdistas a ultranza no tienen clara y definitiva aún la respuesta a la pregunta ¿Qué es la izquierda? Ni mucho menos conocen su historia, ni sus pilares de sustento y es esta la razón de que indistintamente idolatren a Marx, a Zapata, al Ché o a Marcos.


Nuestros políticos de izquierda a todos los niveles, ignoran que los cuatro pilares de las teorías y prácticas de izquierda son la dictadura del proletariado, el nacionalismo revolucionario (el mismo que el PRI ostentó durante 80 años como principio de doctrina en sus documentos básicos), la estatización de la economía y el Estado benefactor.


Accionan y hablan a impulsos de intuiciones y por ello entraron, hace tiempo, en un laberinto que Roger Bartra prefiere llamar “lodazal”. A la izquierda militante, la de los políticos que asumen el adjetivo, no le veo esos principios. He atestiguado que no los tienen porque los desconocen, porque los olvidaron o porque no le sirven para el logro de su objetivo preeminente: la obtención y –menos aún- el ejercicio del poder, cuando lo consiguen.


En México no hay una izquierda democrática, AMLO nos mostró desde el Distrito Federal y sus campañas presidenciales, la autoritaria y populista, que también se inoculó a las entidades federativas; la izquierda que no reconoce la derrota, que solo queda conforme cuando gana, con todo y las imperfecciones de nuestro entramado institucional electoral; la que ofende para manifestar su discrepancia, la intolerante, la que no dialoga, sino quiere imponer sus juicios. No se ve por ningún lado en nuestro país ni en los estados esa izquierda “no Borbónica” de Teodoro Petkoff, que Álvaro Vargas Llosa llamó izquierda vegetariana; solo sufrimos los efectos de una izquierda Borbónica, carnívora.


La nuestra es una izquierda como fuerza política, que se ha quedado sin intelectuales, que los ha expulsado. Los intelectuales que gravitan en torno a ella se han convertido, como dijo en mesa redonda para la revista Letras Libres el mismo Bartra, en “abajo firmantes” o “simples floreros”, incapaces de “traducir las ideas del adversario y de otros lados del planeta y así alimentar intelectualmente al partido”. Ugo Pipitone sentenció que el PRD es el único partido importante de izquierda en América Latina sin intelectuales.


La izquierda que tenemos en México es dominada por el gen de la oposición. Sigue sintiendo que mientras no gane la presidencia no ha ganado nada, a pesar de su importante presencia en los poderes legislativos y en los gobiernos estatales. Es una izquierda que se sigue oponiendo al cambio, que se planta, izquierda de resistencia incluso en aquellos lugares que gobierna, como sucede en Oaxaca, de discurso apocalíptico y de “esquizofrenia antiinstitucional” como lo dijo Jesús Silva Herzog-Márquez, antes que Jesús Ortega.


A merced de partidos de notables cuyos miembros prominentes se enriquecen convirtiendo la “lucha social” en una poderosa industria y enferma de ese “voluntarismo heroico de bajo contenido propositivo” que definió Pipitone, ¿Qué le espera a esos jóvenes deseosos de aportar sus energías a un proyecto de izquierda?
Humberto Beck, joven ensayista brillante dejó en una exhaustiva revisión bibliográfica las ideas para la izquierda que, por el momento, no se ve que quieran impulsar los izquierdistas empoderados: el plan para una pensión global de R. Blackburn; el fondo de impacto en la salud de T. Page; el ingreso básico universal de P. Van Parijs; las dotaciones de capital de B. Ackerman y A. Alstott; y la economía solidaria de Bonaventura de Souza.


El pragmatismo nos engulle y el desprecio por el electorado es común también a nuestra izquierda. Parece lejano el día en que la izquierda militante de este país y de nuestros estados, responda en voz de sus líderes con la sencilla sabiduría de Henry Spira cuando Peter Singer le preguntó las razones de sus defensas: “Estoy del lado de los débiles y no de los poderosos ; de los oprimidos y no del opresor; de la montura y no del jinete”; de su deseo de hacer algo para disminuir la inmensa cantidad de dolor y sufrimiento que existe en nuestro universo; para una distribución más equitativa del ingreso.


@MoisesMolina

moisesmolinar@hotmail.com

martes, 13 de noviembre de 2012

DISCURSO A ANDRÉS HENESTROSA

DISCURSO A ANDRÉS HENESTROSA

Moisés MOLINA


En el año de 1903, en el trigésimo tercer aniversario luctuoso de Benito Juárez, “el príncipe de la palabra” Jesús Urueta, pronunció un discurso cuyo inicio podemos dedicar perfectamente hoy a Don Andrés Henestrosa:


“No vestiré mi discurso con los luengos ropajes de las graves oraciones fúnebres, esta no es una fecha de duelo colectivo, sino de universal regocijo… el día de hoy no debe entenderse como el día de la muerte, por que el día de hoy, es el día de la resurrección”


Amigas y amigos:


Y una vez más volví al indio mexicano monolingüe. Hasta en tanto no hable el español, será ajeno a su vecino que solo hable el español. Mientras no hablemos todos una lengua común, México estará por hacerse. Y es que el idioma es –dijo Don Miguel de Unamuno- la sangre del espíritu. El idioma es la otra sangre de las venas.


“La lengua es la Patria” es el nombre del texto escrito por el maestro Henestrosa hace algunos ayeres, del que robé las palabras con que inicié este discurso. Decidí hacerlo así, porque considero que si sólo una enseñanza se me permitiera conservar, entre las muchas que Don Andrés nos ha legado y las muchas que sin duda están por venir de su sabia pluma, me quedaría con el ejemplar deseo de que todas las mujeres y todos los hombres de este país nos hermanáramos, sin demérito de la conservación y fortalecimiento de la lengua materna, si se es indígena, en la lengua de Castilla, en el idioma castellano. Me quedaría con el ejemplar deseo implícito, aunque no anunciado, de la castellanización plena de los mexicanos, como primer paso para poder vernos y tratarnos, de una vez por todas, como iguales.


Señoras y Señores:


Hoy nos hace coincidir, en este jirón de la patria, un oaxaqueño ejemplar, de San Francisco Ixhuatán; mexicano universal que no necesita estatuas, por que don Andrés, dicho sea con todo respeto, es un bronce y un mármol viviente; un personaje que sigue despertando en jóvenes y adultos el orgullo de ser oaxaqueños. Andrés Henestrosa es un hombre de luces, es un representante genuino de la profundidad de pensamiento de nuestra tierra.


Cuentan que hasta la edad de quince años, nuestro homenajeado, ignoraba el castellano, y eran el zapoteco y el huave, el material de sus pensamientos y de sus sueños. Cuentan que en su casa en Ixhuatán solo existían dos libros, uno en prosa y uno en verso. Cuentan que Don Andrés, nunca quiso separarse de su madre, hasta el año de 1922.


“Allí en la estación se quedaba mi madre para volver sola, a caballo, al pueblo. Al finalizar aquel año de 22, salí para la capital de México. Mientras llegaba el tren, aconsejaba y acariciaba mis cabellos rebeldes, que por primera vez peinaba y se empeñaba en domesticarlos con un pequeño peine. Silbó el tren. Me monté a él y estoy seguro que lloró aquella noche todas las lágrimas que ante mi contuvo. Estoy seguro, porque yo me siento anclado, como una pequeña embarcación, a un río de llanto”.


Este era un pedazo de vida, convertido en un pedazo de novela, un fragmento de autobiografía. Una ínsula de amor filial que hizo de “El retrato de mi madre” una de las más grandes narraciones jamás escritas en la lengua de Cervantes.


“Cuando uno –dijo Efraín Bartolomé, laureado poeta chiapaneco, en uno de tantos homenajes al maestro Henestrosa en Coahuila—, cuando uno pasa los ojos por “El Retrato de mi madre”, comprueba que su prosa huele a pan recién hecho, sabe a lo que sabe la maravilla, nutre cuerpo y espíritu y está al margen del tiempo: no envejece, no se enmohece, no pierde propiedades”. La pudieron leer los contemporáneos del poeta y la encuentran deliciosa. La leemos las mujeres y los hombres de diez generaciones posteriores y la encontramos igual. Nos sabe a lo mismo, “a lo que sabe la maravilla”. Quien mejor que Octavio Paz para emitir un juicio autorizado: “Las de Henestrosa, -dejó dicho- son páginas que no tienen una sola arruga.”.


Ello mismo podemos advertir en “los hombres que dispersó la danza” de 1929, excelente tributo a nuestros cuentos y leyendas, obra inspiradora del premio nacional de cuento, mito y leyenda que lleva el nombre de nuestro querido maestro; en “divagario”; en “agua del tiempo”; en “los caminos de Juárez”, lo mismo que en el prólogo de una de las biografías más extraordinarias de todos los tiempos acerca del primer presidente indio de toda la América Latina: “Juárez y su México” de Ralph Roeder.


Hoy orgullosamente participamos en este homenaje que el pueblo de Oaxaca rinde a uno de los hombres que han sabido estar a la altura de su historia, a quien fonetizó la lengua zapoteca, preparó su alfabeto y además un breve diccionario; a quien ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua desde 1964; a quien ha escrito más de 18 000 páginas, incluyendo notas periodísticas, en más de 70 años de trabajo; a quien fue catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Escuela Normal Superior de Maestros, durante 40 años.


Acudimos llenos de emoción a reconocer la trayectoria y la obra de quien, como él mismo dijo alguna ocasión refiriéndose a Ignacio Manuel Altamirano, es “un indio con alma de griego” y de quien “ha luchado por ser un hombre y un escritor”, palabras con las que algún día, él mismo, se refirió a Octavio Paz; de quien nos ha enseñado a través de esas páginas inmarcesibles, sin tiempo y sin edad, que el hombre como el labrador, se labra mientras labra, que la historia es cultura y la cultura es continuidad, que en el hombre nuevo, no muere el hombre viejo, que pocos pueblos hay como el mexicano, que más confíe en la virtud redentora del alfabeto, de la letra, del libro, de la escuela y de la biblioteca; del hombre que le dijo a un presidente de la república que diera al mexicano libros y bibliotecas y la redención le vendría por añadidura.


A escasos días del 30 de noviembre, fecha de su cumpleaños los jóvenes le decimos: felicidades maestro y gracias por todo lo que ha hecho por nosotros y por nuestro pueblo. En nuestras memorias ocupará por siempre un lugar especial aquella imagen que con maestría Ricardo Garibay nos dejó inmortalizada en palabras: “este hombre de pasos duros y aire caminero, de labios infantiles y ojos sonrientes, que vive entre violentas flaquezas y virtudes, dispuesto a todo horror y enamorado del Sermón de la montaña”.


Este hombre se llama Andrés Henestrosa.


Muchas gracias.



















 

sábado, 10 de noviembre de 2012

¿HAS PENSADO EN IRTE DEL PARTIDO? ¿HAS PENSADO EN AFILIARTE A UN PARTIDO?

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA


¿HAS PENSADO EN IRTE DEL PARTIDO? ¿HAS PENSADO EN AFILIARTE A UN PARTIDO?


Siempre es un bálsamo la oportunidad de estar frente a grupo. La cátedra es uno de esos trabajos que con peculiaridad se agradecen. Los espíritus jóvenes siempre volcánicos y sus mentes alertas y receptivas son un regalo para quien carga siempre semillas, aunque pocas, en algún lugar de la indumentaria. Dicen que algunos profesores roban juventud, ¿Por qué nunca se acusa a los pupilos de robar experiencia? El aula es, en todo caso, un espacio de libre cambio donde todos toman lo mejor de los demás y cuando se entrega cuidadosa y esmeradamente, se reproduce. Todos quieren aprender más y todos tienen consciente o inconscientemente, nuevas cosas que enseñar.


No solo de los “instructores” aprenden los instruídos , aprenden también de sus compañeros y entre todos, en buena medida instruyen a su instructor. Le enseñan o le recuerdan la tolerancia y la justicia; la humildad y la libertad; la solidaridad, el compromiso y el desinterés egoísta. La mejor paga no va a la cuenta de banco, va a la mente y al espíritu.


En el aula todos hablan. Se enseña y se aprende simultáneamente en dos vías. El que formalmente enseña, comparte lo que ha tomado prestado de los libros y de otros catedráticos que han dejado huella en su vida. Abre el archivo y pone a disposición de los que formalmente aprenden, todas esas huellas. En el cenit del proceso “instruye” que no todo está perdido, que hay esperanza de que las cosas mejoren; es capaz de enseñarlo porque sus interlocutores se lo recuerdan cuando parece haberlo olvidado.


Pocos jóvenes “saben” lo que pasa aquí afuera, pocos son los que van más allá de las mediaciones del entorno familiar nuclear, incluída la TV que se enciende en casa. Para muchas familias a las que ellos pertenecen, lo público existe solo cuando causa afectación directa y decisiva sobre uno de los miembros, para bien o para mal. Es entonces cuando hay que situarse en contra o a favor, de los gobiernos o de los partidos políticos, fundamentalmente.


Los jóvenes en el aula tienen, todavía, más intuiciones que certezas. ¿Cuál es el punto final del camino? La libertad ¿Y su método? La verdad. No por nada una de las consignas más populares, pero menos entendidas, de la historia es: “La verdad os hará libres” y la verdad habrá de encontrarse en la libertad.


La verdad no admite incondicionalidad; sin verdad no hay obediencia, disciplina ni institucionalidad que valga. Pedir que se obedezca o se admita sin pensar va contra la condición humana, contra la razón, contra su dignidad. Esto aplica al ámbito privado y público y dentro de este último, la política y sus mediadores, los partidos políticos son omnipresentes.



¿Cuál es la razón de ser de los partidos políticos? La mediación. Al ser, tal como los conocemos hoy en día, resultado de la evolución y reconocimiento legal de los partidos de masas formados en la clandestinidad a principios del siglo XX, por obreros principalmente, perviven porque tienen atribuídas determinadas funciones para mediar entre la escena política y otros ámbitos de la vida como el económico, el cultural y entre otros, el familiar.


¿Cuáles son estas funciones?

1) La socialización política, es decir, educar a los ciudadanos en la democracia. La propia ley electoral y sus normas internas o estatutos les obligan a la promoción de los valores democráticos, los derechos humanos, la tolerancia, el derecho al disenso y a más de ello, a capacitar a sus miembros en los principios ideológicos del partido y a difundirlos entre la ciudadanía a través de medios de difusión, publicaciones, escuelas de cuadros y en general, centros de transmisión de sus ideas.

2) Movilización de la opinión pública. Los partidos políticos deben permitir que se expresen las opiniones, pareceres y criterios de la sociedad civil para convertirlos en acciones concretas a través de los gobiernos.

3) Representación de intereses, que deben ser, cualesquiera que sean (de grupo, de clase, de actividad o profesión, etc), intereses generales.

4) Legitimación del sistema político, manteniéndolo estable, eficaz y aceptado entre los ciudadanos, a través de la integración de los órganos del Estado.

5) El reclutamiento y la selección de gobernantes valiéndose de métodos y procedimientos democráticos internos para la elección de candidatos.

6) Organización de las elecciones, mediante su influencia en la elaboración de la legislación electoral y su papel en todas las etapas del proceso electoral.

7) Organización y composición de los poderes públicos, fundamentalmente el ejecutivo y el legislativo.


¿Cuántas de estas funciones cumplen con verdad nuestros partidos políticos? Dejo la respuesta –amable lector- a su arbitrio.


Cuando el interés general es suplantado por intereses particulares; cuando los partidos hacen de sus procedimientos de democracia interna simulaciones o en circunstancias de excepción legitiman el autoritarismo cupular para imponer en sus dirigencias a cualquier persona, entregando totalmente el partido a una “oligarquía” como lo teorizó Dahl; cuando los órganos estatutarios de capacitación electoral y divulgación ideológica son apéndices de sus estructuras estatales; cuando el disenso es visto como indisciplina y estigmatizados quienes disienten y cuando el desprecio mutuo se entroniza entre dirigentes partidarios y ciudadanos, llegamos a pensar que todo está perdido.


Pero los jóvenes limpios nos contienen y nos dicen que no todo está perdido. Mientras haya generaciones, hay esperanza. Una cosa es cierta. Los partidos no cambiarán desde fuera. De ahí la comodidad que un ambiente de repudio ciudadano representa para las cúpulas partidistas. El efecto natural del repudio es el alejamiento, la toma de distancia y no hay mejor aliciente para la opacidad y la impunidad que el distanciamiento. Que mejor pudiera ocurrir para esas cúpulas, que todos los militantes inconformes renunciaran a sus partidos. Sería benéfico, muy benéfico para ellos, no para los partidos.


No hay alternativa, por el momento, a los partidos políticos. Las candidaturas independientes aún son entelequias. La respuesta, entonces, debía ser lógica. Que la ciudadanía inunde los partidos o al menos, que esté al pendiente de ellos y que sus militantes hagan uso de todos los recursos que la ley pone a la mano en los propios estatutos (comenzando por la libertad de disentir) y en la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en materia electoral.


Nuestros partidos están enfermos, en crisis. Son entidades de interés público, no nuestros enemigos. Es deber de la ciudadanía curarlos, aunque el remedio resulte muy doloroso.


Twitter: @MoisesMolina

moisesmolinar@hotmail.com

sábado, 3 de noviembre de 2012

AVILÉS Y EL NUEVO PRI

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

AVILÉS Y EL NUEVO PRI


A estas alturas, muchos priistas aún no saben que al PRI le cambiaron una vez más, dirigentes. No saben que a partir del 1 de noviembre Salvador Sánchez y Alejandro Avilés son los nuevos presidente y secretario general. El adelgazamiento de los canales de información no es reflejo tanto de haber dejado de ser gobierno, como del desastre que tortuosamente los actores cupulares del partido han hecho de su dinámica interna desde 2010.


En lugar de haber hecho de su condición opositora una ventaja comparativa, los priistas más influyentes han hecho de lo peor del darwinismo político, su bandera. La vorágine por la supervivencia personal sigue sacrificando la posibilidad de adaptación del partido como institución de interés público. Se ha dejado de hacer política y “la grilla” se ha entronizado. En Oaxaca se ha quedado el PRI sin dirigencia. Durante las campañas, su función la han suplido los candidatos; y ganen o pierdan, terminada la campaña, la militancia vuelve al limbo en que se quedó cuando Gabino Cué entró al gobierno.


Las nuevas designaciones despertaron sentimientos encontrados respecto del único referente que los priístas oaxaqueños tienen en esa dupla. A Salvador Sánchez casi nadie lo conoce en Oaxaca, no así a Alejandro Avilés. Ha vivido con la mayor intensidad su carrera política aquí los últimos años en el gobierno y al interior del partido. Hombre mucho más temido que respetado e inobjetablemente, conocedor de las prácticas que en los tiempos de esplendor del PRI eran eficaces.
El hecho es que de Salvador Sánchez no ha habido menciones más que menores. Fue Alejandro Avilés quien, inmediatamente al escueto comunicado del CEN priista, despertó animadversión incluso, entre el círculo de priístas marcados con el hierro ulisista.


¿Que es veracruzano? No me consta ¿Que su pasión son los juegos de apuesta? No me consta ¿Que ha vendido incluso varias candidaturas para un mismo municipio y un mismo distrito? Tampoco lo sé de cierto ¿Que una cauda de corrupción le persigue desde su paso por la secretaría de administración en el gobierno de Murat? No lo puedo constatar. Sin embargo , los señalamientos ahí están periodísticamente acreditados y en apariencia exorbitantes para un político de bajo perfil que demostró que la prueba de las urnas no es tan sencilla como candidato que como operador político.


He recibido cara a cara, vía telefónica y a través del correo electrónico y las redes sociales un sinnúmero de comentarios. Solo dos a favor de la designación de Avilés. ¿Cómo interpretar entonces estas designaciones? ¿A que le apuesta Pedro Joaquín Coldwell en Oaxaca? ¿Avaló Peña Nieto estos encargos?


Simple y sencillamente cada quien está en lo suyo y en sus agendas, Oaxaca no existe como tema de preocupación real. La encomienda de entregarle a un político en retiro la presidencia del PRI en este estado y la secretaría general al más cuestionado de los ulisistas, no sugieren otra cosa más que desinterés y hasta desprecio. Jorge Sandoval después de suplicar, seguramente amagó para que lo removieran. Su estancia en Oaxaca fue, de principio a fin, una pesadilla y reclamaba en el próximo gobierno federal su pago a los servicios prestados al CEN aquí.


Cada vez son menos los priistas que sienten indignación, se están acostumbrando a resignarse a las decisiones de escritorio donde uno o dos aconsejan y uno solo el que decide. Las bases están para resistir con sus votos y activismo la marcha avasalladora del gobierno de Gabino, sus representantes populares y sus candidatos; no para opinar, mucho menos para cuestionar. Callar y obedecer es la consigna como en una relación entre soberano y súbdito; ya ni siquiera de padre a hijo. Decisiones como esta no exhiben más que desprecio. En la refundación que para el PRI anunció Coldwell en su toma de protesta, no cabe Oaxaca; en el “nuevo PRI” que publicitó como candidato nuestro presidente electo, tampoco.


Dígame usted –amable lector- si no. ¿Por qué se dieron los nombramientos a inicios del puente de “todos santos”? ¿Por qué para la presidencia eligieron a un político en retiro sin ya nada que perder? ¿Por qué en la secretaría general en lugar de una mujer, impusieron al más cuestionado aún entre los del establo? No lo harían sin la certeza de que el priismo oaxaqueño callará y obedecerá. Los primeros en hacerlo son quienes creen tener posibilidad de alguna candidatura en 2013. No bien vean frustradas sus pretensiones comenzarán tardíamente a externar su molestia acumulada. El partido no importa más, importan las personas. El egoísmo es la moneda de cambio y los pocos que logren subir al barco de las candidaturas, ya tampoco regresarán al partido, seguirán como los de hoy en los congresos, en las presidencias municipales y en los gobierno, asegurando hasta donde se pueda, su futuro personal y el de sus familias.


Pareciera que los priistas no saben que la visión al interior del partido en términos electorales queda en segundo término. ¿Qué mensaje se está mandando a los de afuera, a los ciudadanos sin partido, a aquellos que con su voto deciden elecciones, a esos famosos votantes volátiles que en las últimas jornadas, más que premiar las coaliciones, han castigado el PRI?


Por mi parte no hay enemistad con Alejandro Avilés. Compartí con él tareas institucionales partidistas y de gobierno. Un hombre jovial y correcto en su trato personal. Al menos así se mostró conmigo. Pero respetuosamente considero que en este momento su designación no le viene bien al PRI.


Dirigir al PRI, a cualquiera de sus niveles, necesita pasión, preparación, trabajo, seriedad, responsabilidad, conocimiento, honestidad y honradez. Cualidades personales que además de tenerse, la militancia y el electorado deben percibir. La política es el mundo de las percepciones. Es tan importante ser como parecer ser. Pero cuando no se es, es inútil parecer serlo.


Un dirigente que se ríe a espaldas de sus interlocutores y en ocasiones de frente, que asume compromisos que no sabe si cumplirá o que sabe que no cumplirá y que todo lo reduce a la praxis política del arreglo, de la componenda, del amiguismo y del compadrazgo es lo que menos necesita el PRI en este momento tan delicado.


Al margen de lo que pude atestiguar en las pocas ocasiones que Avilés me brindó la confianza de convivir con él y que por gratitud a esa confianza no consignaré, recuerdo no muy gratamente cuando me preguntaba por el “y pa´qué” ; era el ICADEP en su lenguaje.


A todo esto ¿Qué le espera al PRI oaxaqueño con su nueva dirgencia? Muchas intuiciones, ninguna certeza. Por mi parte, por el bien de Oaxaca, espero que al PRI le vaya bien. Oaxaca está urgido de gobierno y seguir sin una verdadera oposición que lo active, implica seguir sin él.


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viernes, 26 de octubre de 2012

¿QUÉ OPINAS DE LAS COALICIONES ELECTORALES?

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

¿QUÉ PIENSAS DE LAS COALICIONES?


En medio de una profunda crisis del sistema de partidos, calculada por la suma de las crisis que padece cada uno de ellos, vuelve a la agenda el tema de las coaliciones electorales. Su intención es única e inocultable: la conquista de los espacios institucionales de poder.

El fin justifica todos los medios. No hay doctrina que valga; los “principios” contenidos en sus declaraciones son letra muerta y solo un requisito inobservado que las leyes electorales exigen. Para coaligarse, la ley exige a los partidos únicamente el acuerdo de voluntades y en base a ella, nos han regalado gobiernos caóticos en medio de las alternancias. La ausencia de proyecto, que pasa por el desprecio a las ideologías ha sido la causa profunda de que las alternancias se queden en ello y a las transiciones se les mencione cada vez menos.


La suma de los desprecios partidarios por sus declaraciones de principios hace posible y actuante el desprecio por el gobierno, ya no digamos el buen gobierno. No hay plan, no existe el orden. Un hilo conductor de políticas públicas no se palpa por ningún lado, porque no hay hilo que conduzca las plataformas electorales de los partidos políticos coaligados hacia una plataforma común que, como en el caso de aquella que llevó a Gabino Cue al gobierno de Oaxaca, son refritos o plagios. Bodrios apresurados camino al archivero.


Los electores son público cautivo de la partidocracia (que como definimos en nuestra entrega pasada, es la degeneración o desviación de la democracia de partidos) y la ausencia de cultura política hace que sigan votando a ciegas, en base a intuiciones, irracionalmente. El odio, el temor, el fanatismo o el amor son los parámetros del sufragio. Votar para que el contrario no llegue, para que el enemigo desaparezca. El adversario no merece la más mínima consideración porque ya no es adversario, es enemigo y hay que destruirlo.

¿Cuál es el medio preferido para cumplir el fin? Las coaliciones. Ya no hay derecha, tampoco izquierda y en ausencia de ambas el centro no existe. El espectro político lo llena el pragmatismo. Hay que ganar ¿para qué? No importa. Basta con saber que los “otros” no deben ganar porque son corruptos, porque son los mismos de siempre, porque son represores, porque son representan a Salinas; y catapultados por esa inercia hemos llegado a sufrir gubernaturas, diputaciones y senadurías que nos tienen igual o peor que antes, en la inacción, en la parálisis. A gobernar se aprende muy lentamente, pero a robar, mentir, manipular y disfrutar los placeres del poder, de inmediato. Gobernar debía ser cosa sencilla: cumplir estrictamente con la ley. Pero la prioridad no es gobernar, es impedir que el poder se pierda. Una vez en el barco hay que mantenerse en él a toda costa aún a riesgo de su hundimiento.


En amplio sentido el pragmatismo político es la suma aritmética de los orgullos, de los egos, de las soberbias. Es individualismo agregado de los que tienen el poder y una vez seducidos, enferman y se hacen dependientes. En la revancha no hay lugar para contrarevancha y los egoístas empoderados dejan sus diferencias y odios mutuos para mejor ocasión. El bien común ya no es el “bien público temporal” de las lecciones de Porrúa Pérez en su Teoría del Estado, es el bien de unos cuantos que hacen de la materialización del poder un oasis dentro del Estado que camina por inercias. El poder es un bien que se “usa, goza y disfruta” por su reducido círculo de propietarios que se valen de los partidos políticos para llevar al electorado a la trampa trienial o sexenal.


Anthony Downs escribió en 1957: “Los partidos formulan propuestas políticas para vencer en las elecciones, en lugar de ganar elecciones para aplicar propuestas políticas”. Tanto es el atraso de nuestro país y de Oaxaca que, medio siglo después, para nosotros es presente.


¿Dónde hay que buscar la explicación de la crisis de los partidos y de su sistema entero? En la cultura política. No hay más. Ciudadanos deficitarios, víctimas de la crisis de valores desde su infancia, no pueden formar ni conducir buenas instituciones. La política es hoy un empleo, una actividad humana, sí, pero que necesita remuneración. ¿Cuál es su teleología? Eso se averigua después, mientras hay que ejercer en la inmediatez y con su principal fundamento: el dinero.


En doscientos años de historia los partidos políticos han sido, en la línea del tiempo, de tres tipos fundamentalmente: De cuadros o notables; de masas y de electores. Y en un análisis objetivo, los de la actualidad en Oaxaca reúnen lo peor de los tres. Como los primeros, desarrollados en el Estado Liberal durante el siglo XVIII, se fundan en comités de personalidades o grupos de notables locales y son mantenidos desde el poder, con desprecio por la ideología; con los segundos, surgidos al final del soglo XIX con la “política de masas”, comparten esa división interna que Moisei Ostrogorsky y Robert Michels categorizaron, entre su burocracia y la base de sus militantes, además del reclutamiento de los miembros de sus dirigencias por cooptación, con la consiguiente rotación escasa y el aislamiento de los dirigentes con respecto a sus bases; y de los terceros, surgidos hacia la mitad del siglo XX, conservan el objetivo central de movilización de sus votantes con ocasión de cada consulta electoral, que hace que difuminen sus programas e idearios, reduciéndolos a afirmaciones de principio (justicia, orden, cambio, progreso, paz, seguridad), hecho que mereció de Otto Kirchheimer el calificativo de “partidos atrapa-todo”.


En medio de esta grave realidad ¿Qué actitud debe asumir el ciudadano? Cualquiera, menos la apatía. Nada puede tener más complacidos a quienes manejan nuestros partidos que el distanciamiento ciudadano. La repulsión de la gente les aísla a un espacio de impunidad y confort. De cualquier forma, el elector no deja ni dejará de votar, no por uno de ellos, sino en contra del villano en turno que, para el caso, es lo mismo.


La posibilidad de las coaliciones no debía pasar solo por las burocracias de los partidos coaligantes, sino por el filtro de la ciudadanía que es, persona a persona, el mejor medio de comunicación. Que no nos vuelvan a decir que en la coalición prepondera lo que les une, porque probado está que su único aglutinante es el poder, el estatus y el dinero, aunque después no sepan qué hacer con el gobierno y nos tengan en medio del subejercicio presupuestal, de la parálisis económica, de los bloqueos y de nuestras carreteras, avenidas y calles heridas.


Bien valen la pena las preguntas colectivas ¿Para qué las coaliciones? Y ¿Cuántas diputaciones y presidencias municipales y regidurías serán para cada partido y cuántas para los ciudadanos?


Twitter: @MoisesMolina
Correo Electrónico: moisesmolinar@hotmail.com


sábado, 20 de octubre de 2012

¿PARTIDOS? NO, FACCIONES

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

¿PARTIDOS POLÍTICOS? NO, FACCIONES.


En su “Historia como hazaña de la libertad”, Benedetto Croce, sentencia como principio universal del humanismo, la remisión a un pasado para extraer luces que suminstren orientación a las acciones del presente.


Nada más alejado de la realidad que podemos asumir como política. Un profundo desconocimiento, derivado de un incomparable desprecio, es nota común de hombres de gobiernos y hombres de partidos políticos. La historia está para estudiarse, no para vivirse. La “práctica revolucionaria” existe hoy sin “teoría revolucionaria”.


La conmemoración sistemática de acontecimientos y biografías no llena honra de la historia. El presente se vive al margen o a pesar del pasado. Una de las notas definitorias en el paso de los “partidos políticos de masas” a los “partidos políticos de electores” hacia la mitad del siglo XX fue el pragmatismo, la reducción de sus programas ideológicos a afirmaciones de principio moduladas de acuerdo a conveniencias estratégicas. No hay distinciones ni principios que valgan al margen del triunfo en las urnas.


Los partidos comienzan a deshacerse de todo, comenzando por su historia. Y tienen culpa, por complicidad, los miembros que, en sus diferentes categorías (dirigentes, cuadros, militantes) y simpatizantes que reconocen por único vínculo partidario, el activismo proselitista como único fin.


La política entonces, se deshumaniza, se deshistoriza, abandona todo aquello que aparece superfluo a los intereses de sus élites y una de las principales consecuencias es el abandono de las funciones que la teoría nos enseña respecto de sus instituciones descollantes: los partidos políticos. No hay funciones más allá de la consecución del poder, ni medios que no sirvan a este fin; ni institucionales, mucho menos sociales y entre estas últimas, la de educar al ciudadano en democracia.


Dos aniversarios pasaron prácticamente desapercibidos. No sería tanto de extrañar de no haber sido simultáneos. Personajes omnipresentes en el México de su tiempo y vigentes en buena parte de nuestra realidad institucional como país, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, murieron un 19 de octubre. Sus biografías llenan casi la mitad de la historia del PRI. Su memoria y su legado solo valieron actos protocolarios y ofrendas florales. Se perdieron en el océano informativo y figuraron muy por debajo de invitaciones a “autoexplorarse” en el día internacional contra el cáncer de seno en las cuentas priistas de las redes sociales.


Calles fundó el antecedente más remoto del partido que a partir del primero de diciembre gobernará de nueva cuenta este país y Lázaro Cárdenas lo refunda en 1938 cambiando incluso su nombre de Partido Nacional Revolucionario a Partido de la Revolución Mexicana. A Calles debe México la estabilidad política posterior al caudillaje faccioso y a Cárdenas debe el PRI la herencia de sus sectores, cuya esencia hoy permanece torcida por negligente ignorancia, siendo la causa de sus ataques sin defensa.


¿Por qué insiste el PRI en actuar al margen de la historia? ¿Por qué sigue regateando a sus órganos de educación política, como el Instituto de Capacitación y Desarrollo Político (ICADEP) y la Fundación Colosio, el lugar de protagonismo que les corresponde estatutariamente e incluso en la ley electoral? ¿Por qué la ausencia de una robusta política editorial? ¿Por qué en la mayoría de los comités estatales no existe una biblioteca? ¿Por qué la gran mayoría de los textos académicos existentes en torno al PRI son esfuerzos al margen del partido? ¿Por qué no se encuentra por ningún lado obra escrita sistematizada de los PRI locales?


Que se elimine entonces de los estatutos, la obligación a aspirantes a un cargo de dirigencia o de elección popular de acreditar mediante constancia, “cursos de capacitación y formación política” (Art 151 Fr XII) y “el conocimiento de los documentos básicos del partido” (Art 166 Fr X) o que se exija vigiladamente.
Los demás partidos no están mejor (ni el que viene lo estará), y el menosprecio por la historia y la función educativa les hacen aparecer hoy nuevamente como facciones del siglo XVIII, según la distinción de Burke y Bolingbroke: como grupos de intereses mezquinos por obtener puestos y emolumentos; agregados secuestrados por los intereses personales de sus miembros.


Oaxaca es ejemplo kafkiano. El gobierno carece de programa, en buena medida porque los partidos políticos son inexistentes. No hay un solo partido que aporte plan de gobierno y no hay partidos que aporten plan de oposición. El ciudadano… en medio, ganando la vida a fuerza de victorias personales.


Hay mucho por hacer, pero siendo más lo que se deja de hacer por “los mismos de siempre”, no hay esperanza fuera de la nueva generación que a fuerza de seguir esperando espacios como concesiones graciosas pueden seguir erosionando a los partidos y ahondando la crisis del sistema de partidos abrazando distintos actores colectivos o acercándose a los partidos, defenestrándolos con más fuerza.


La encuesta de esta semana sobre la “confianza en instituciones” del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados Federal, es reveladora. De las 4 mil 908 llamadas realizadas, solo 613 fueron aceptadas, mil 776 rechazadas y el resto no contestadas. 82 de cada 100 mexicanos manifestó confiar poco o nada en los partidos políticos; y solo 3% refirió confiar “mucho”.


La democracia ha dejado de ser el gobierno del pueblo; no es siquiera el gobierno de los partidos; se reduce a partidocracia: vicio consistente en la desviación de las actividades normales y ordinarias de los partidos en una democracia.
Las declaraciones de principios, los programas de acción, los estatutos (en buena parte de su articulado) y los códigos de ética son, hoy por hoy, bellos discursos que es imperativo traducir en bellas acciones.


Twitter: @MoisesMolina


domingo, 14 de octubre de 2012

DESAYUNO DE MEDIAS VERDADES

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

PRI: DESAYUNO DE MEDIAS VERDADES


Aún antes de las escasas notas periodísticas, el desayuno convocado por la dirigencia del PRI de Oaxaca, llevado a cabo el pasado viernes, comenzó a comentarse en el nuevo actor colectivo: las redes sociales.


Antes de conocerse las resultantes del cónclave, comentarios corrían en carretera de doble sentido. De inconformidad y agravio, la mayoría. Y es que la carencia de una estrategia de comunicación política que, entre muchas otras cosas, sufre el PRI oaxaqueño desde hace ya un buen tiempo, entrampó a los indignados en la desinformación. No era una reunión de Consejo Político, no lo era tampoco un desayuno de convocatoria abierta, aunque terminó siéndolo (no se impidió el acceso a nadie), ni siquiera un acto público. Era más bien una reunión de carácter privado entre la estructura “formal” del tricolor. Los únicos actores que debían estar ahí eran los integrantes del CDE, líderes de Sectores y Organizaciones, Presidentes Municipales, legisladores federales y locales y presidentes de comités municipales priistas.


¿Para que los citaron? Al final, nadie me supo decir. Hubo aforo, hubo, con algunas ausencias y retrasos notables, representatividad. Lo que no hubo fue tema. Los platillos fueron el principal argumento. Bien es cierto que no era un foro de análisis, ni un panel de retroalimentación; en las circunstancias actuales, un debate abierto es lo que menos quieren quienes cómodamente administran un membrete. Pero era necesario, al menos, hacer un ejercicio unilateral de reflexión, de autocrítica, de objetividad. Nada de eso. Se reunieron como el PRI de hace dos o tres años, para que los más contemplaran, admiraran, reconocieran a los menos, los ocho o nueve que alcanzaron lugar en el presídium.


Que le dieron lugar a Heliodoro y no a Ilescas, teniendo ambos la misma calidad de ex diputados y ex aspirantes a la presidencia del PRI; que Samy Gurrión y Nieves no llegaron ;que sentaron hasta a la responsable de prensa y no a Amando Bohorquez ni a Jacobo Sánchez que tienen ya espacio en la estructura; Que Sofía no se veía; que Eviel llegó tarde y ya no quiso hablar; que Elías Cortés y no Sandoval ni su secretario general, conducía la reunión, era el análisis político que los comensales subían a las mesas del desayunadero.


¿De que se habló entonces? De todo y de nada. Alguien ajeno a la realidad política de Oaxaca bien pudo haber pensado que el PRI seguía siendo gobierno, entre los discursos de verdades a medias, de obviedades, de lugares comunes, de oratoria de concurso con pésimos concursantes.


Hubieron eventualmente quienes entendieron mal lo que Fito Toledo “tuiteó” entendiendo mal. El voto de confianza no era para Jorge Sandoval, fue para el CEN que puede ratificarlo, pero también puede no ratificarlo enviando a uno nuevo, oaxaqueño o no. Las únicas convicciones generadas ahí, existían antes de sentarse a comer: 1) el presidente del CDE lo pone y lo quita el CEN y 2) Necesitamos la unidad para afrontar el proceso de 2013.


Y no es que nuestros priístas más notables sean tontos o incapaces de articular peroraciones convincentes; fingieron demencia diciendo mucho y nada a la vez con una intencionalidad. Hablar sin hablar. El chiste era dejarse ver, dejarse adular, dejarse apapachar. Propiciar una ocasión lo más “light” posible para sacar el baumanómetro. Y en efecto no hubieron, como muchos deseaban, puñetazos. De algunas temerosas rechiflas no pasó. Natural, si tomamos en cuenta que no hubo ocasión significativa, que nadie sabía a qué iba, pero no querían dejar de ir.


Fue una reunión a favor del Status Quo, de que las cosas sigan como están, al menos administrativamente. Ni siquiera hubo necesidad de gatopardismo. Nada cambia para seguir igual. No hay peligro, seguramente pulsaron, el PRI puede seguir así rumbo a 2013 sin grandes cambios.


Mientras tanto, en medio de la desinformación, el descontento crecía por quienes, una vez más, se sintieron excluidos, marginados, subestimados; de quienes casi acusaban conspiración en su contra, que veían sospechosa en la desatención por no incluirlos. Y esa misma frustración desinformada la transmitían a sus cercanos, vaticinando alguno, en plazo de dos meses, la toma de las instalaciones del partido.


Honestamente no se perdieron de nada, porque eventualmente no les hubiesen dejado hablar y de poder hacerlo, les hubieran acallado con silbidos. Habrían salido con igual o más insatisfacción.


Si Sandoval se va o se queda, aún es incierto. Él, sin duda, se quiere ir. Desgraciadamente, es algo que no está en sus manos. Lo ha dicho. No puede pedirle a Coldwell que le separe de la responsabilidad y probablemente tenga que esperar más de lo querido para recibir, en la estructura del próximo Gobierno Federal, el premio por servicios prestados a la patria partidista.


¿Que destino le aguarda entonces al PRI oaxaqueño? Sigue siendo incierto. La respuesta la tienen Coldwell y los votantes.


Si lo que se quiere es, en específico y con urgencia, recuperar la presencia política en Oaxaca, dejando de lado la mayoría de las funciones de los partidos políticos que la teoría enseña, que vayan en el sentido que quiere el electorado. Que se haga desde la casona de Santa Rosa, política con ciencia, no con metafísica, no con corazonadas, ni siguiendo la ruta de las fortunas personales para pagarse una campaña, ni del “prestigio” o “capital” político, cuyos resultantes tenemos reciente y dolorosamente conocidos. Que se estudie a fondo la composición de la lista nominal de Oaxaca para saber qué candidatos y qué plataforma política quieren quienes tienen credencial de elector en la cartera o en el bolso. Si el PRI no se abre a la ciudadanía y sigue obstinado en seguir viendo la realidad con los anteojos de “los mismos de siempre”, tendremos los mismos resultados que ellos nos han regalado ya sin gobierno, porque seguiremos sin gobierno un buen rato.


EL PRI de Oaxaca necesita estrategia, método para alcanzar los resultados deseados.


El PRI no debe ser, hoy por hoy, la casona de Santa Rosa, ni sus miembros distinguidos usufructuando curules, escaños, presidencias o regidurías, tampoco sus militantes de a pie que no saben ya a quien creerle y por ello adulan y quieren quedar bien con todos; el PRI necesita ser programa, proyecto, plan para la acción.


En tanto sabe si se va o se queda, Jorge Sandoval debe:


1.- asumirse con fortaleza como presidente, le guste a quien le guste;

2.- formular, derivado de los documentos básicos, un plan con acciones definidas que presenten al PRI como auténtico partido de oposición en Oaxaca, compartido, al menos, con el Consejo Político;

3.- Incorporar a su Comité Directivo, una coordinación de asesores integrado por priístas garantes de conocimiento del sistema político oaxaqueño, formación, capacidad y trabajo.

4.- Exigir un programa escrito de trabajo a todos los líderes de sectores, organizaciones y organismos especializados, malacostumbrados a hacer comparsa y defender al gobernador en turno; y vigilar su cumplimiento;

5.- Revisar y poner orden en el destino de las prerrogativas partidistas; y

6.- Conceder a los cientos de priístas que, en el interior del estado, guardan naturales diferencias con sus comités municipales, nombramientos que les otorguen legitimidad para capitalizar y seguir haciendo trabajo político.


Las corrientes de opinión que naturalmente se han formado no son enemigas del PRI. Debe dejárseles de ver como factor de ruptura y comenzar a brindarles trato como expresión de diversidad instrumental en la unidad ideológica. Persiguen los mismos fines pero por diferentes medios. Sus integrantes no están cerrados al trabajo conjunto. Solo quieren un espacio digno y de respeto.


En Oaxaca no hay gobierno, en buena medida, porque no hay oposición. Por ello se hace mucha política y poca administración. Si ellos no quieren o no pueden aprender a ser gobierno, que el PRI aprenda a ser oposición.


@MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com