viernes, 7 de diciembre de 2012

A VER QUÉ DIPUTADOS Y QUÉ PRESIDENTES MUNICIPALES MERECEMOS

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

A VER AHORA QUÉ DIPUTADOS Y QUÉ PRESIDENTES MUNICIPALES MERECEMOS


Alguna vez escribí que los oaxaqueños medimos el tiempo en elecciones. No bien salimos de un proceso electoral y ya estamos entrando al siguiente. El poder, por vía de los cargos en disputa, son referente cotidiano, nota presente, en diversos grados, en nuestra cotidianeidad.


Regularmente hablamos del gobernador, del presidente municipal, de los diputados. Hoy la figura presidencial y su gabinete son tema de desayuno, comida y cena. El gobierno es uno de los dos componentes del poder como elemento determinante del Estado y es común que, aún en nuestros días, nuestra precaria cultura política confunda al poder, incluso al gobierno con el Estado mismo.


Las elecciones, ligadas a “la grilla”, que no a la política, se nos aparecen como un mal necesario. La pésima imagen de los políticos se traslada a la política y tenemos por esta, una imagen distorsionada de lo que debiera ser la más noble actividad humana inventada para gestionar conflictos, para estrechar diferencias, para moderar –como quería Morelos- la opulencia y la indigencia; en una frase, para vivir mejor, para alcanzar eso otro elemento determinante del Estado que es su teleología: el bien público temporal.


Invariablemente nos expresamos mal de los políticos y por extensión de la política, pero seguimos eligiendo opciones entre los primeros. Con cada consulta electoral acudimos a las urnas a votar, algunos como cumplimiento de un deber cívico, otros como corolario a una incontestable militancia partidista, algunos más como epítome del repudio a unas siglas o a determinadas personas en lo individual o como miembros de lo que intuitivamente entendemos como clase política.


No podemos vivir sin elecciones, aunque deseemos vivir sin políticos. El voto de esperanza es cada vez más escaso y de ello han sido responsables todos quienes una vez habiendo rendido protesta parecen hacer lo contrario a cuanto prometieron en las campañas a todos los niveles y en todos los espacios. En Oaxaca el empleo y la seguridad nunca se tuvieron en el pasado reciente, pero tampoco la paz ni el progreso en el incómodo presente, solo por citar las dos últimas experiencias de la mercadotecnia política sexenal de 2004 a la fecha.


En octubre pasado iniciamos formalmente un nuevo proceso electoral en Oaxaca que desembocará en las elecciones del primer domingo de julio, domingo 7 en que nuevamente iremos mayoritariamente a las urnas a elegir diputados locales y presidente municipales. La disputa por el poder como fin en sí mismo, nos esboza ya lo que vendrá y lo más relevante de nuestra vida política inmediata será el proceso mismo y no el resultado; quiénes ganan, de qué partidos y no para qué ganan; quiénes conquistan esos nuevos espacios de poder y no para qué los logran.


Los propios políticos lo saben y participan gustosos de esta simulación. Forman organizaciones “ciudadanas”; se inventan programas de atención social (muy frívolos algunos de ellos); llenan de calcomanías nuestros autobuses de transporte público y nos hostigan a través de los parabuses; buscan acomodo en la estructura formal de los partidos pensando en que les servirán de trampolín; intensifican su vida social poniéndose a las órdenes de todos indiscriminadamente. El primer requisito a cumplir es el posicionamiento, que sus nombres suenen, que se conozcan, que entren en la memoria de los votantes de la manera más amable posible. Los hay quienes regalando palomitas y globos u organizando brigadas y funciones de cine, esperan ganar adeptos a su aventura personal. Triste es que no se les puede reclamar en absoluto nada de ello. Nuestro déficit de ciudadanía, nuestra pobre, muy pobre cultura política lo permite y hasta lo incentiva. Juegan en base a esas reglas porque son las reglas que, tolerándolas, las impone el pueblo.


Mientras el ciudadano (nos sigue quedando enorme ese apelativo) no se ocupe por sí mismo de su educación política, las cosas seguirán así en entidades como Oaxaca; en algunos municipios más, en otros menos. La displicencia y el rotundo fracaso de las instituciones encargada, hasta constitucionalmente, de educar a la gente en ciudadanía se ve como algo normal y hasta cómodo. Las cúpulas de los partidos políticos mantienen sus órganos de capacitación política y divulgación ideológica durmiendo el sueño de los justos y los órganos electorales a nivel nacional y estatal ahogan sus espacios de cultura cívica y capacitación electoral con otras “prioridades”. Por eso en Oaxaca estamos lejos de hacer política y los dedazos, imposiciones, concertacesiones, pactos, negociaciones, cochupos y toda clase de arreglos y desarreglos hasta económicos, fuera de toda ética y de toda responsabilidad pública son alimento para “la grilla”, deporte favorito de los políticos oaxaqueños.


Por lo pronto, el órgano electoral ya acordó fechas de nuestro pandemónium trienial. Del 19 de marzo al 2 de abril nuestros aspirantes a ser candidatos a diputados locales estarán haciendo precampaña al interior de sus respectivos partidos políticos; del 7 al 16 de mayo se estarán registrando los candidatos de cada partido o coalición ante el IEEPCO, para el 25 de mayo iniciar las campañas electorales terminándolas el 3 de julio.


Y respecto de los concejales a los ayuntamientos, las precampañas serán del 3 al 12 de abril; el periodo de registro de candidatos del 17 al 26 de mayo y el 04 de junio podrán inician las campañas electorales para concluir, de igual forma, el miércoles 3 de julio.


De los partidos ya no se puede esperar mucho en medio del desencanto. En decepciones infringidas a los ciudadanos, todos están empatados, pero paradójicamente será una elección concurrida, una vez sepultadas las famosas elecciones intermedias con bajo nivel de participación ciudadana. En ninguna elección salimos a votar tantos como en la de presidente municipal que, en esta ocasión coincidirá con la de diputados locales.


Si la gente no espera nada ya de los partidos, sí puede esperar algo de los candidatos, mujeres y hombres de carne y hueso, con sus biografías a cuestas; con sus triunfos y fracasos al hombro; con resultados e incumplimientos por delante; con el beneficio de la duda o con el estigma de “los mismos de siempre”. La promesa de los partidos o coaliciones de postular a los mejores hombres y a las mejores mujeres es ya lugar común que nadie cree, pero que se mantendrá como una especie de fórmula mágica que habrá que repetir cada que se pueda. No aplica para la generalidad. Habrá que ponderar caso por caso, candidatura por candidatura.


Está demostrado que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. A ver qué diputados y qué presidentes municipales mereceremos en esta ocasión.

Twitter @MoisesMolina

viernes, 30 de noviembre de 2012

¿QUÉ LE ESPERA AL PRESIDENTE?

LA X EN LA FRENTE


Moisés MOLINA


¿QUÉ LE ESPERA AL PRESIDENTE?


Estas líneas se escriben la víspera del ritual sexenal. Enrique Peña Nieto, primer presidente en la historia del PRI que no es electo por “dedazo”, no toma aún protesta pero los mexicanos gritan, desde hace semanas, para sus adentros: “muera el presidente, viva el presidente”. Decir que cada toma de posesión es diferente, pareciera una obviedad, pero la carga simbólica de ese momento único en la vida nacional, hace necesaria la precisión.


Enrique Peña Nieto inicia su mandato sin presiones. Doy mis argumentos.


Los mexicanos hoy nos encontramos sumidos en la desesperanza. Casi nadie espera mucho del Presidente. Los cientos de miles de activistas y simpatizantes, que lo fueron durante la campaña, lo reciben gozosamente, es una fiesta, un triunfo de ellos como de nadie. Algunos ven recompensada una larga y paciente espera de 12 años y otros más ven retribuido solo su esfuerzo de unos meses. En las gradas de enfrente, los cientos de miles que se volcaron promoviendo el voto o entregando sus simpatías a las restantes opciones, incluidos quienes le combatieron por sistema, independientemente de sus simpatías hacia algún otro candidato, están ya, en su mayoría resignados.


Pareciera que la presidencia, por esta ocasión se agotó con el triunfo y la derrota. Poco importa lo que pase después. Es un sexenio que empieza con expectativas desdibujadas.


En México desaparecieron los parámetros. El bono de esperanza que mayoritariamente los mexicanos entregaron en el histórico año 2000 fue dilapidado de una manera indolente y el calderonato terminó de dispendiarlo haciendo del país, un rastro. En este proceso, escasos fueron los que acudían a las casillas con esperanza en el bolsillo, la inmensa mayoría habían canjeado ya, en dos consultas, lo que les quedaba. No quedaba mucho, ni siquiera para AMLO, con todo y su promesa de “república amorosa”. El voto no fue de esperanza, más bien de militancia, conveniencias, castigo y en no pocos casos, resultante de una extraña seducción.


De lo poco claro que hay en los deseos de nuestra gente, sobresale el alto a la violencia. Lo demás, ahora sí, parece ser lo de menos. Por ello, Peña Nieto inicia con ventaja, en un país donde al cabo de dos sexenios, el absoluto es el desencanto.


De acuerdo a la encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica, la mitad de los mexicanos cree que Peña Nieto ganó con trampas, pero no pasa nada. A fin de cuentas, creen que ganó, de nueva cuenta “haiga” sido como “haiga” sido y la oposición recalcitrante condensada en el #yosoy132, se diluyó sospechosamente. Algunos, incluso, se refugiaron en el odiado enemigo. Los opositores por sistema, obradoristas a ultranza, siempre estarán y cumplirán su función durante el peñato. Parece ser que estarán más presentes en los medios de comunicación que en el sistema político mismo.


Por ello pienso que Peña lleva las de ganar. Una especie de “beneficio de la duda”.


Sin una población mayoritaria con altas expectativas, tiene todo para sorprendernos y por el bien de México, ojalá sea para bien. El mexiquense entra al ejercicio de la presidencia de un brinco. La presentación de su gabinete es un último paso de pie derecho de presidente electo, para entrar con el mismo pie a la presidencia constitucional. No despertó mayores cuestionamientos. Equilibrado en su composición entre políticos y tecnócratas se ganó, incluso, el elogio del hombre más rico del mundo, cuya opinión marca tendencia.


Peña Nieto tomó parte de lo mejor de la LXI legislatura federal y echó mano de los exgobernadores menos cuestionados. No todos los gabinetistas tienen el hierro del priísmo militante, no son en su totalidad caras muy vistas, la gran mayoría tienen, al menos de lo que sabemos, “la cola corta”. Se nota que su prioridad es que cada quien esté en lo suyo.


La ausencia de expectativas presurizantes no implica ausencia de retos, de desafíos.


El presidente y su equipo, seguramente los tienen claros. Podrán encararlos con tranquilidad y conocidos los nombres de los secretarios, con profesionalismo. Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda nos regalan 10 rubros; “novedades históricas”, “certidumbres colectivas”, “valores de una nueva cultura política” les llaman. Son claros y orientadores:


1. La convicción de que la única vía legítima para alcanzar el poder o conservarlo son las elecciones.

2. El clamor contra la corrupción.

3. El compromiso universal con los derechos humanos y el Estado de derecho.

4. Una demanda de solución de fondo a la baja calidad de las instituciones de
procuración de justicia y seguridad pública

5. El imperativo moral de combatir la pobreza

6. El repudio a toda política de déficit públicos, desequilibrios macroeconómicos y discrecionalidad gubernamental en el ejercicio del gasto público.

7. Una cultura pública contraria a la lógica abusiva de monopolios y poderes fácticos.

8. Una apertura a las ventajas de la globalización, el libre comercio y la integración comercial con América del Norte.

9. El rechazo a la violencia y la exigencia de un Estado fuerte capaz de contenerla; y

10. La, aunque frustrada, potente aspiración de crecimiento económico, oportunidades, empleos y prosperidad.


Esos pueden ser, con sus matices, los grandes retos que el presidente necesita hacer suyos y asumir con grandes acciones buscando garantizar en la ley y en la práctica elecciones libres, equitativas y minuciosamente democráticas; la transparencia y la rendición de cuentas comenzando por la administración pública federal de la cual es jefe; encaminando demostraciones fehacientes contra la impunidad y los privilegios; construyendo un sistema eficaz y eficiente de seguridad social universal que estreche las desigualdades hacia clases medias mayoritarias y homogéneas; y ejerciendo desde el primer día una presidencia fuerte, no para regresar a su pasado de instancia controladora y opresiva, si no para cumplir la primordial tarea por la que pasa necesariamente el bien público temporal: brindar seguridad, orden y paz a los gobernados.


El 1 de diciembre se inicia un nuevo capítulo de la novela de México. Por el bien de todos deseo que le vaya muy bien al Presidente.


Twitter: @MoisesMolina

sábado, 24 de noviembre de 2012

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN OAXACA?

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN OAXACA?


Camou definía a la gobernabilidad como el estado de equilibrio dinámico entre demandas sociales y capacidad de respuesta gubernamental.


Es triste amanecer en una entidad que no es la propia con noticias que se vuelven cíclicas. Nuevamente formas de violencia y de nueva cuenta, el que bien puede ser el mal de nuestro tiempo, el enemigo público número uno del ciudadano: la sección 22.


Resultarían inimaginables estas líneas hace 25 años. Cuando la guía amorosa de nuestros padres era suplida correspondidamente durante buena parte del día en las escuelas públicas, donde la inmensa mayoría de quienes integran mi generación, estudiamos.


El maestro era, dantescamente, nuestro "duca" y nuestro "signore". Eran los profesores nuestros segundos padres y gozaban del incondicional apoyo de nuestros padres primeros.
Las reivindicaciones magisteriales existen desde que tengo uso de razón y lo màs que despertaban, según recuerdo era preocupación, cuando desembocaban en el exceso de interrumpir la càtedra.


Recuerdo hoy el año 87. El paro magisterial me llevó a la radio. Mi maestro Ricardo Hernàndez Aguilar redactó, a petición de mi siempre amorosa madre, un discurso que encontró en mi memoria suelo fértil y en los micrófonos de Don Ángel Espinoza Llaguno, un excelente vehículo. Llamaba a los maestros, a los miles en paro, pero en especial a los míos a regresar a las aulas. Algunas partes no se borran de mi mente: "Y que Cosijoeza y Juàrez, donde estén, sonrían al vernos volver a nuestras aulas con la esperanza febril de aprender cosas nuevas". Era la exhortación final cargada de esperanza, un llamado a la sensatez que pareció atendido.


Siempre había lugar a la esperanza, al menos para los cercanos a mi y siempre la esperanza triunfaba.


¿En qué momento pasó el divorcio entre la ciudadanía y el magisterio?
¿Cuándo las diferencias se hicieron irreconciliables hasta el exceso del odio?
Es difícil pensar en una sociedad en contra de sus maestros. Yo a los míos los recuerdo con cariño y conozco al día de hoy ejemplos de dedicación y ciudadanos ejemplares cuando la "orden" de sus dirigentes no llega; Personas correctas y civilizadas, devenidas en Mr. Hyde, al llamado de su cúpula.


En apariencia el maestro no es dueño de sus actos, da la espalda a su libre albedrío y a su sentido común; o justifica ideológicamente el daño social y lo relativiza ante "males mayores" punibles al gobierno. Las marchas y los bloqueos son siempre justificados y el discurso, cualquier discurso, cabe en un solo argumento, devenido en entelequia: "la lucha".


El maestro inicia el divorcio necesario. Al margen de gobiernos, piensa sólo en el gremio y en el bien común del grupo. Los ciudadanos no existen, tampoco los alumnos; sólo ellos. No importa que paren las clases, no interesa que miles de personas, sus semejantes, lleguen tarde o simplemente no lleguen a sus destinos, es minucia el que la actividad económica se deprima y que la esperanza nos abandone como sociedad a nuestra suerte.


Con consignas contradictorias o anacrónicas gritan a los cuatro vientos sus verdades; incontestables, incontrovertibles, definitivas.


Como ayer, el diálogo es fugaz. No hablan más de lo necesario, no escuchan demasiado tiempo. Cualesquiera que sean los acuerdos, hay que marchar, hay que bloquear, hay que recordarle al Estado que ellos son una categoría ciudadana aparte con todos los derechos, incluido el de ir por encima de los derechos de los demás; con privilegios, como el de cobrar sin trabajar; y con escasas obligaciones, sólo las que ellos mismos reconocen.


El cumplimiento de la ley se ha vuelto potestativo, opcional. Eficazmente han puesto al Estado a sus pies. La Teoría del Estado enseña que es este el que tiene el grado màs alto de la concentración de la coacción y lo tiene para si, monopolizado, pero la realidad ilustra que, para el caso oaxaqueño, el poder de un grupo de presión se opone e impone sobre el poder mismo del Estado y sus propios órganos de gobierno en voz de sus representantes lo reconocen.


Han logrado que la política se ponga por encima de la ley con la consecuencias que conocemos y sufrimos. No les importa. Màs allá de ello, lo festinan. ¿Qué muestran con todo ello? Una sola cosa: desprecio. ¿Y cuál es su consecuencia? Ingobernabilidad. La solución monetaria quedó, a fuerza de reiteraciones, superada. Hoy lo que se persigue es poder, mantenerlo y acrecentarlo, en medio de una sociedad que ya ni siquiera busca reconciliación, sólo respeto. A la ciudadanía la abandonaron sus maestros y hoy, le abandona su gobierno, principal obligado a consecuír eso que la propia Teoría del Estado llama el Bien Público Temporal, el bien común colectivo, público.


Los embajadores de Oaxaca ya no son hoy, Juàrez, ni Magón, ni Díaz; ya no se piensa en folclor, ni gastronomía. Hoy lo constaté, Oaxaca es sinónimo de conflicto. Y pude sentir, como pocas veces, la tristeza, màs allá de la vergüenza.


No es lo normal, ni lo bueno que la aplicación de la ley ceda su lugar al arte de la política. Entrecomilla Silva Herzog Márquez en uno de sus últimos textos "La política es el único arte que, a diferencia de todas las demás, ha producido monstruos".


Lo twiteé hace unas horas bajo el último mandamiento de Couture para los abogados: en Oaxaca se ha perdido la fe en La paz como sustitutivo bondadoso de la justicia, en la justicia como destinó normal del derecho y en el derecho como el mejor instrumento para la convivencia humana, lo que en el fondo se traduce en la derrota de la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz

Twitter @MoisesMolina

sábado, 17 de noviembre de 2012

"SOY DE IZQUIERDA"

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

“SOY DE IZQUIERDA”


A lo largo de los últimos meses de cercana convivencia académica con jóvenes universitarios, ha llamado poderosamente mi atención la natural y hasta, en apariencia, congénita simpatía de buen número de ellos por “la izquierda”. En un ejercicio de clase, cuando les pedía que se definiesen, no pocos complementaron su nombre con un “soy de izquierda” o “soy izquierdista”. Muchos de mis contemporáneos y aún más, de generaciones adelante atajarían explicando que mis alumnos son muy jóvenes, que les falta vivir, que aún no saben lo que quieren, que no saben bien lo que hablan.


Lo cierto es que las razones van más allá de la irrespetuosa subestimación. Son jóvenes inquietos, limpios, lúcidos y reflexivos. Ignoro cuáles sean las mediaciones de su entorno, pero sus dichos de identidad merecen, mínimamente, mi respeto.


Lo que me preocupa no es la bandera que desde hoy empuñan, la identidad que a su edad asumen, sino el hecho de que los contenidos de esa limpia y sincera militancia no correspondan a la realidad. Ellos quieren la justicia, la igualdad, van contra la pobreza, contra los poderosos y en defensa de los débiles; quieren un México donde, Magonianamente, sobre un pueblo inmensamente rico ya no vegete un pueblo incomparablemente pobre. Aborrecen la corrupción, las trampas, los fraudes; urgen equidad en las competencias y transparencia en el ejercicio de los presupuestos. En una frase, quieren poner de pie lo que consideran está de cabeza.


Ello los anima, los mueve, los impulsa a –sin rubor- utilizar el mejor calificativo de izquierda. Aún no conocen la frase ni el autor, pero sienten con Raúl Jardón que es en ese lado – el izquierdo- “donde piensa más limpiamente el cerebro y late con fuerza el corazón”. Son jóvenes por antonomasia románticos, quijotescos, irreverentes, invencibles.


Pero, ¿es esa la izquierda que tenemos en México? ¿Representan los políticos que asumen el calificativo, esos ideales? Peter Singer sugiere de modo inmejorable una distinción para México: “La izquierda como una fuerza política organizada y la izquierda como amplio cuerpo de pensamiento, un espectro de ideas en torno a la consecución de una sociedad mejor”. En México y en Oaxaca no tenemos siquiera lo primero; la izquierda, como fuerza política, es desorganizada y como lo refleja elocuentemente nuestro gobierno, es un verdadero desastre. De lo segundo, ni hablamos.


Basta con hacer una rápida revisión mental de sus exponentes, nombre por nombre, rostro por rostro, trayectoria por trayectoria; y son unos pocos, escasos, quienes alcanzan un juicio benévolo alejado del ejercicio torcido de la política. En un país donde los políticos, al margen de las etiquetas, tienen más de lo que sospechamos, en común, no hay lugar para una verdadera izquierda militante dentro de los partidos que trienal o sexenalmente compiten por espacios de poder. Los mismos izquierdistas a ultranza no tienen clara y definitiva aún la respuesta a la pregunta ¿Qué es la izquierda? Ni mucho menos conocen su historia, ni sus pilares de sustento y es esta la razón de que indistintamente idolatren a Marx, a Zapata, al Ché o a Marcos.


Nuestros políticos de izquierda a todos los niveles, ignoran que los cuatro pilares de las teorías y prácticas de izquierda son la dictadura del proletariado, el nacionalismo revolucionario (el mismo que el PRI ostentó durante 80 años como principio de doctrina en sus documentos básicos), la estatización de la economía y el Estado benefactor.


Accionan y hablan a impulsos de intuiciones y por ello entraron, hace tiempo, en un laberinto que Roger Bartra prefiere llamar “lodazal”. A la izquierda militante, la de los políticos que asumen el adjetivo, no le veo esos principios. He atestiguado que no los tienen porque los desconocen, porque los olvidaron o porque no le sirven para el logro de su objetivo preeminente: la obtención y –menos aún- el ejercicio del poder, cuando lo consiguen.


En México no hay una izquierda democrática, AMLO nos mostró desde el Distrito Federal y sus campañas presidenciales, la autoritaria y populista, que también se inoculó a las entidades federativas; la izquierda que no reconoce la derrota, que solo queda conforme cuando gana, con todo y las imperfecciones de nuestro entramado institucional electoral; la que ofende para manifestar su discrepancia, la intolerante, la que no dialoga, sino quiere imponer sus juicios. No se ve por ningún lado en nuestro país ni en los estados esa izquierda “no Borbónica” de Teodoro Petkoff, que Álvaro Vargas Llosa llamó izquierda vegetariana; solo sufrimos los efectos de una izquierda Borbónica, carnívora.


La nuestra es una izquierda como fuerza política, que se ha quedado sin intelectuales, que los ha expulsado. Los intelectuales que gravitan en torno a ella se han convertido, como dijo en mesa redonda para la revista Letras Libres el mismo Bartra, en “abajo firmantes” o “simples floreros”, incapaces de “traducir las ideas del adversario y de otros lados del planeta y así alimentar intelectualmente al partido”. Ugo Pipitone sentenció que el PRD es el único partido importante de izquierda en América Latina sin intelectuales.


La izquierda que tenemos en México es dominada por el gen de la oposición. Sigue sintiendo que mientras no gane la presidencia no ha ganado nada, a pesar de su importante presencia en los poderes legislativos y en los gobiernos estatales. Es una izquierda que se sigue oponiendo al cambio, que se planta, izquierda de resistencia incluso en aquellos lugares que gobierna, como sucede en Oaxaca, de discurso apocalíptico y de “esquizofrenia antiinstitucional” como lo dijo Jesús Silva Herzog-Márquez, antes que Jesús Ortega.


A merced de partidos de notables cuyos miembros prominentes se enriquecen convirtiendo la “lucha social” en una poderosa industria y enferma de ese “voluntarismo heroico de bajo contenido propositivo” que definió Pipitone, ¿Qué le espera a esos jóvenes deseosos de aportar sus energías a un proyecto de izquierda?
Humberto Beck, joven ensayista brillante dejó en una exhaustiva revisión bibliográfica las ideas para la izquierda que, por el momento, no se ve que quieran impulsar los izquierdistas empoderados: el plan para una pensión global de R. Blackburn; el fondo de impacto en la salud de T. Page; el ingreso básico universal de P. Van Parijs; las dotaciones de capital de B. Ackerman y A. Alstott; y la economía solidaria de Bonaventura de Souza.


El pragmatismo nos engulle y el desprecio por el electorado es común también a nuestra izquierda. Parece lejano el día en que la izquierda militante de este país y de nuestros estados, responda en voz de sus líderes con la sencilla sabiduría de Henry Spira cuando Peter Singer le preguntó las razones de sus defensas: “Estoy del lado de los débiles y no de los poderosos ; de los oprimidos y no del opresor; de la montura y no del jinete”; de su deseo de hacer algo para disminuir la inmensa cantidad de dolor y sufrimiento que existe en nuestro universo; para una distribución más equitativa del ingreso.


@MoisesMolina

moisesmolinar@hotmail.com

martes, 13 de noviembre de 2012

DISCURSO A ANDRÉS HENESTROSA

DISCURSO A ANDRÉS HENESTROSA

Moisés MOLINA


En el año de 1903, en el trigésimo tercer aniversario luctuoso de Benito Juárez, “el príncipe de la palabra” Jesús Urueta, pronunció un discurso cuyo inicio podemos dedicar perfectamente hoy a Don Andrés Henestrosa:


“No vestiré mi discurso con los luengos ropajes de las graves oraciones fúnebres, esta no es una fecha de duelo colectivo, sino de universal regocijo… el día de hoy no debe entenderse como el día de la muerte, por que el día de hoy, es el día de la resurrección”


Amigas y amigos:


Y una vez más volví al indio mexicano monolingüe. Hasta en tanto no hable el español, será ajeno a su vecino que solo hable el español. Mientras no hablemos todos una lengua común, México estará por hacerse. Y es que el idioma es –dijo Don Miguel de Unamuno- la sangre del espíritu. El idioma es la otra sangre de las venas.


“La lengua es la Patria” es el nombre del texto escrito por el maestro Henestrosa hace algunos ayeres, del que robé las palabras con que inicié este discurso. Decidí hacerlo así, porque considero que si sólo una enseñanza se me permitiera conservar, entre las muchas que Don Andrés nos ha legado y las muchas que sin duda están por venir de su sabia pluma, me quedaría con el ejemplar deseo de que todas las mujeres y todos los hombres de este país nos hermanáramos, sin demérito de la conservación y fortalecimiento de la lengua materna, si se es indígena, en la lengua de Castilla, en el idioma castellano. Me quedaría con el ejemplar deseo implícito, aunque no anunciado, de la castellanización plena de los mexicanos, como primer paso para poder vernos y tratarnos, de una vez por todas, como iguales.


Señoras y Señores:


Hoy nos hace coincidir, en este jirón de la patria, un oaxaqueño ejemplar, de San Francisco Ixhuatán; mexicano universal que no necesita estatuas, por que don Andrés, dicho sea con todo respeto, es un bronce y un mármol viviente; un personaje que sigue despertando en jóvenes y adultos el orgullo de ser oaxaqueños. Andrés Henestrosa es un hombre de luces, es un representante genuino de la profundidad de pensamiento de nuestra tierra.


Cuentan que hasta la edad de quince años, nuestro homenajeado, ignoraba el castellano, y eran el zapoteco y el huave, el material de sus pensamientos y de sus sueños. Cuentan que en su casa en Ixhuatán solo existían dos libros, uno en prosa y uno en verso. Cuentan que Don Andrés, nunca quiso separarse de su madre, hasta el año de 1922.


“Allí en la estación se quedaba mi madre para volver sola, a caballo, al pueblo. Al finalizar aquel año de 22, salí para la capital de México. Mientras llegaba el tren, aconsejaba y acariciaba mis cabellos rebeldes, que por primera vez peinaba y se empeñaba en domesticarlos con un pequeño peine. Silbó el tren. Me monté a él y estoy seguro que lloró aquella noche todas las lágrimas que ante mi contuvo. Estoy seguro, porque yo me siento anclado, como una pequeña embarcación, a un río de llanto”.


Este era un pedazo de vida, convertido en un pedazo de novela, un fragmento de autobiografía. Una ínsula de amor filial que hizo de “El retrato de mi madre” una de las más grandes narraciones jamás escritas en la lengua de Cervantes.


“Cuando uno –dijo Efraín Bartolomé, laureado poeta chiapaneco, en uno de tantos homenajes al maestro Henestrosa en Coahuila—, cuando uno pasa los ojos por “El Retrato de mi madre”, comprueba que su prosa huele a pan recién hecho, sabe a lo que sabe la maravilla, nutre cuerpo y espíritu y está al margen del tiempo: no envejece, no se enmohece, no pierde propiedades”. La pudieron leer los contemporáneos del poeta y la encuentran deliciosa. La leemos las mujeres y los hombres de diez generaciones posteriores y la encontramos igual. Nos sabe a lo mismo, “a lo que sabe la maravilla”. Quien mejor que Octavio Paz para emitir un juicio autorizado: “Las de Henestrosa, -dejó dicho- son páginas que no tienen una sola arruga.”.


Ello mismo podemos advertir en “los hombres que dispersó la danza” de 1929, excelente tributo a nuestros cuentos y leyendas, obra inspiradora del premio nacional de cuento, mito y leyenda que lleva el nombre de nuestro querido maestro; en “divagario”; en “agua del tiempo”; en “los caminos de Juárez”, lo mismo que en el prólogo de una de las biografías más extraordinarias de todos los tiempos acerca del primer presidente indio de toda la América Latina: “Juárez y su México” de Ralph Roeder.


Hoy orgullosamente participamos en este homenaje que el pueblo de Oaxaca rinde a uno de los hombres que han sabido estar a la altura de su historia, a quien fonetizó la lengua zapoteca, preparó su alfabeto y además un breve diccionario; a quien ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua desde 1964; a quien ha escrito más de 18 000 páginas, incluyendo notas periodísticas, en más de 70 años de trabajo; a quien fue catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Escuela Normal Superior de Maestros, durante 40 años.


Acudimos llenos de emoción a reconocer la trayectoria y la obra de quien, como él mismo dijo alguna ocasión refiriéndose a Ignacio Manuel Altamirano, es “un indio con alma de griego” y de quien “ha luchado por ser un hombre y un escritor”, palabras con las que algún día, él mismo, se refirió a Octavio Paz; de quien nos ha enseñado a través de esas páginas inmarcesibles, sin tiempo y sin edad, que el hombre como el labrador, se labra mientras labra, que la historia es cultura y la cultura es continuidad, que en el hombre nuevo, no muere el hombre viejo, que pocos pueblos hay como el mexicano, que más confíe en la virtud redentora del alfabeto, de la letra, del libro, de la escuela y de la biblioteca; del hombre que le dijo a un presidente de la república que diera al mexicano libros y bibliotecas y la redención le vendría por añadidura.


A escasos días del 30 de noviembre, fecha de su cumpleaños los jóvenes le decimos: felicidades maestro y gracias por todo lo que ha hecho por nosotros y por nuestro pueblo. En nuestras memorias ocupará por siempre un lugar especial aquella imagen que con maestría Ricardo Garibay nos dejó inmortalizada en palabras: “este hombre de pasos duros y aire caminero, de labios infantiles y ojos sonrientes, que vive entre violentas flaquezas y virtudes, dispuesto a todo horror y enamorado del Sermón de la montaña”.


Este hombre se llama Andrés Henestrosa.


Muchas gracias.



















 

sábado, 10 de noviembre de 2012

¿HAS PENSADO EN IRTE DEL PARTIDO? ¿HAS PENSADO EN AFILIARTE A UN PARTIDO?

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA


¿HAS PENSADO EN IRTE DEL PARTIDO? ¿HAS PENSADO EN AFILIARTE A UN PARTIDO?


Siempre es un bálsamo la oportunidad de estar frente a grupo. La cátedra es uno de esos trabajos que con peculiaridad se agradecen. Los espíritus jóvenes siempre volcánicos y sus mentes alertas y receptivas son un regalo para quien carga siempre semillas, aunque pocas, en algún lugar de la indumentaria. Dicen que algunos profesores roban juventud, ¿Por qué nunca se acusa a los pupilos de robar experiencia? El aula es, en todo caso, un espacio de libre cambio donde todos toman lo mejor de los demás y cuando se entrega cuidadosa y esmeradamente, se reproduce. Todos quieren aprender más y todos tienen consciente o inconscientemente, nuevas cosas que enseñar.


No solo de los “instructores” aprenden los instruídos , aprenden también de sus compañeros y entre todos, en buena medida instruyen a su instructor. Le enseñan o le recuerdan la tolerancia y la justicia; la humildad y la libertad; la solidaridad, el compromiso y el desinterés egoísta. La mejor paga no va a la cuenta de banco, va a la mente y al espíritu.


En el aula todos hablan. Se enseña y se aprende simultáneamente en dos vías. El que formalmente enseña, comparte lo que ha tomado prestado de los libros y de otros catedráticos que han dejado huella en su vida. Abre el archivo y pone a disposición de los que formalmente aprenden, todas esas huellas. En el cenit del proceso “instruye” que no todo está perdido, que hay esperanza de que las cosas mejoren; es capaz de enseñarlo porque sus interlocutores se lo recuerdan cuando parece haberlo olvidado.


Pocos jóvenes “saben” lo que pasa aquí afuera, pocos son los que van más allá de las mediaciones del entorno familiar nuclear, incluída la TV que se enciende en casa. Para muchas familias a las que ellos pertenecen, lo público existe solo cuando causa afectación directa y decisiva sobre uno de los miembros, para bien o para mal. Es entonces cuando hay que situarse en contra o a favor, de los gobiernos o de los partidos políticos, fundamentalmente.


Los jóvenes en el aula tienen, todavía, más intuiciones que certezas. ¿Cuál es el punto final del camino? La libertad ¿Y su método? La verdad. No por nada una de las consignas más populares, pero menos entendidas, de la historia es: “La verdad os hará libres” y la verdad habrá de encontrarse en la libertad.


La verdad no admite incondicionalidad; sin verdad no hay obediencia, disciplina ni institucionalidad que valga. Pedir que se obedezca o se admita sin pensar va contra la condición humana, contra la razón, contra su dignidad. Esto aplica al ámbito privado y público y dentro de este último, la política y sus mediadores, los partidos políticos son omnipresentes.



¿Cuál es la razón de ser de los partidos políticos? La mediación. Al ser, tal como los conocemos hoy en día, resultado de la evolución y reconocimiento legal de los partidos de masas formados en la clandestinidad a principios del siglo XX, por obreros principalmente, perviven porque tienen atribuídas determinadas funciones para mediar entre la escena política y otros ámbitos de la vida como el económico, el cultural y entre otros, el familiar.


¿Cuáles son estas funciones?

1) La socialización política, es decir, educar a los ciudadanos en la democracia. La propia ley electoral y sus normas internas o estatutos les obligan a la promoción de los valores democráticos, los derechos humanos, la tolerancia, el derecho al disenso y a más de ello, a capacitar a sus miembros en los principios ideológicos del partido y a difundirlos entre la ciudadanía a través de medios de difusión, publicaciones, escuelas de cuadros y en general, centros de transmisión de sus ideas.

2) Movilización de la opinión pública. Los partidos políticos deben permitir que se expresen las opiniones, pareceres y criterios de la sociedad civil para convertirlos en acciones concretas a través de los gobiernos.

3) Representación de intereses, que deben ser, cualesquiera que sean (de grupo, de clase, de actividad o profesión, etc), intereses generales.

4) Legitimación del sistema político, manteniéndolo estable, eficaz y aceptado entre los ciudadanos, a través de la integración de los órganos del Estado.

5) El reclutamiento y la selección de gobernantes valiéndose de métodos y procedimientos democráticos internos para la elección de candidatos.

6) Organización de las elecciones, mediante su influencia en la elaboración de la legislación electoral y su papel en todas las etapas del proceso electoral.

7) Organización y composición de los poderes públicos, fundamentalmente el ejecutivo y el legislativo.


¿Cuántas de estas funciones cumplen con verdad nuestros partidos políticos? Dejo la respuesta –amable lector- a su arbitrio.


Cuando el interés general es suplantado por intereses particulares; cuando los partidos hacen de sus procedimientos de democracia interna simulaciones o en circunstancias de excepción legitiman el autoritarismo cupular para imponer en sus dirigencias a cualquier persona, entregando totalmente el partido a una “oligarquía” como lo teorizó Dahl; cuando los órganos estatutarios de capacitación electoral y divulgación ideológica son apéndices de sus estructuras estatales; cuando el disenso es visto como indisciplina y estigmatizados quienes disienten y cuando el desprecio mutuo se entroniza entre dirigentes partidarios y ciudadanos, llegamos a pensar que todo está perdido.


Pero los jóvenes limpios nos contienen y nos dicen que no todo está perdido. Mientras haya generaciones, hay esperanza. Una cosa es cierta. Los partidos no cambiarán desde fuera. De ahí la comodidad que un ambiente de repudio ciudadano representa para las cúpulas partidistas. El efecto natural del repudio es el alejamiento, la toma de distancia y no hay mejor aliciente para la opacidad y la impunidad que el distanciamiento. Que mejor pudiera ocurrir para esas cúpulas, que todos los militantes inconformes renunciaran a sus partidos. Sería benéfico, muy benéfico para ellos, no para los partidos.


No hay alternativa, por el momento, a los partidos políticos. Las candidaturas independientes aún son entelequias. La respuesta, entonces, debía ser lógica. Que la ciudadanía inunde los partidos o al menos, que esté al pendiente de ellos y que sus militantes hagan uso de todos los recursos que la ley pone a la mano en los propios estatutos (comenzando por la libertad de disentir) y en la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en materia electoral.


Nuestros partidos están enfermos, en crisis. Son entidades de interés público, no nuestros enemigos. Es deber de la ciudadanía curarlos, aunque el remedio resulte muy doloroso.


Twitter: @MoisesMolina

moisesmolinar@hotmail.com

sábado, 3 de noviembre de 2012

AVILÉS Y EL NUEVO PRI

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

AVILÉS Y EL NUEVO PRI


A estas alturas, muchos priistas aún no saben que al PRI le cambiaron una vez más, dirigentes. No saben que a partir del 1 de noviembre Salvador Sánchez y Alejandro Avilés son los nuevos presidente y secretario general. El adelgazamiento de los canales de información no es reflejo tanto de haber dejado de ser gobierno, como del desastre que tortuosamente los actores cupulares del partido han hecho de su dinámica interna desde 2010.


En lugar de haber hecho de su condición opositora una ventaja comparativa, los priistas más influyentes han hecho de lo peor del darwinismo político, su bandera. La vorágine por la supervivencia personal sigue sacrificando la posibilidad de adaptación del partido como institución de interés público. Se ha dejado de hacer política y “la grilla” se ha entronizado. En Oaxaca se ha quedado el PRI sin dirigencia. Durante las campañas, su función la han suplido los candidatos; y ganen o pierdan, terminada la campaña, la militancia vuelve al limbo en que se quedó cuando Gabino Cué entró al gobierno.


Las nuevas designaciones despertaron sentimientos encontrados respecto del único referente que los priístas oaxaqueños tienen en esa dupla. A Salvador Sánchez casi nadie lo conoce en Oaxaca, no así a Alejandro Avilés. Ha vivido con la mayor intensidad su carrera política aquí los últimos años en el gobierno y al interior del partido. Hombre mucho más temido que respetado e inobjetablemente, conocedor de las prácticas que en los tiempos de esplendor del PRI eran eficaces.
El hecho es que de Salvador Sánchez no ha habido menciones más que menores. Fue Alejandro Avilés quien, inmediatamente al escueto comunicado del CEN priista, despertó animadversión incluso, entre el círculo de priístas marcados con el hierro ulisista.


¿Que es veracruzano? No me consta ¿Que su pasión son los juegos de apuesta? No me consta ¿Que ha vendido incluso varias candidaturas para un mismo municipio y un mismo distrito? Tampoco lo sé de cierto ¿Que una cauda de corrupción le persigue desde su paso por la secretaría de administración en el gobierno de Murat? No lo puedo constatar. Sin embargo , los señalamientos ahí están periodísticamente acreditados y en apariencia exorbitantes para un político de bajo perfil que demostró que la prueba de las urnas no es tan sencilla como candidato que como operador político.


He recibido cara a cara, vía telefónica y a través del correo electrónico y las redes sociales un sinnúmero de comentarios. Solo dos a favor de la designación de Avilés. ¿Cómo interpretar entonces estas designaciones? ¿A que le apuesta Pedro Joaquín Coldwell en Oaxaca? ¿Avaló Peña Nieto estos encargos?


Simple y sencillamente cada quien está en lo suyo y en sus agendas, Oaxaca no existe como tema de preocupación real. La encomienda de entregarle a un político en retiro la presidencia del PRI en este estado y la secretaría general al más cuestionado de los ulisistas, no sugieren otra cosa más que desinterés y hasta desprecio. Jorge Sandoval después de suplicar, seguramente amagó para que lo removieran. Su estancia en Oaxaca fue, de principio a fin, una pesadilla y reclamaba en el próximo gobierno federal su pago a los servicios prestados al CEN aquí.


Cada vez son menos los priistas que sienten indignación, se están acostumbrando a resignarse a las decisiones de escritorio donde uno o dos aconsejan y uno solo el que decide. Las bases están para resistir con sus votos y activismo la marcha avasalladora del gobierno de Gabino, sus representantes populares y sus candidatos; no para opinar, mucho menos para cuestionar. Callar y obedecer es la consigna como en una relación entre soberano y súbdito; ya ni siquiera de padre a hijo. Decisiones como esta no exhiben más que desprecio. En la refundación que para el PRI anunció Coldwell en su toma de protesta, no cabe Oaxaca; en el “nuevo PRI” que publicitó como candidato nuestro presidente electo, tampoco.


Dígame usted –amable lector- si no. ¿Por qué se dieron los nombramientos a inicios del puente de “todos santos”? ¿Por qué para la presidencia eligieron a un político en retiro sin ya nada que perder? ¿Por qué en la secretaría general en lugar de una mujer, impusieron al más cuestionado aún entre los del establo? No lo harían sin la certeza de que el priismo oaxaqueño callará y obedecerá. Los primeros en hacerlo son quienes creen tener posibilidad de alguna candidatura en 2013. No bien vean frustradas sus pretensiones comenzarán tardíamente a externar su molestia acumulada. El partido no importa más, importan las personas. El egoísmo es la moneda de cambio y los pocos que logren subir al barco de las candidaturas, ya tampoco regresarán al partido, seguirán como los de hoy en los congresos, en las presidencias municipales y en los gobierno, asegurando hasta donde se pueda, su futuro personal y el de sus familias.


Pareciera que los priistas no saben que la visión al interior del partido en términos electorales queda en segundo término. ¿Qué mensaje se está mandando a los de afuera, a los ciudadanos sin partido, a aquellos que con su voto deciden elecciones, a esos famosos votantes volátiles que en las últimas jornadas, más que premiar las coaliciones, han castigado el PRI?


Por mi parte no hay enemistad con Alejandro Avilés. Compartí con él tareas institucionales partidistas y de gobierno. Un hombre jovial y correcto en su trato personal. Al menos así se mostró conmigo. Pero respetuosamente considero que en este momento su designación no le viene bien al PRI.


Dirigir al PRI, a cualquiera de sus niveles, necesita pasión, preparación, trabajo, seriedad, responsabilidad, conocimiento, honestidad y honradez. Cualidades personales que además de tenerse, la militancia y el electorado deben percibir. La política es el mundo de las percepciones. Es tan importante ser como parecer ser. Pero cuando no se es, es inútil parecer serlo.


Un dirigente que se ríe a espaldas de sus interlocutores y en ocasiones de frente, que asume compromisos que no sabe si cumplirá o que sabe que no cumplirá y que todo lo reduce a la praxis política del arreglo, de la componenda, del amiguismo y del compadrazgo es lo que menos necesita el PRI en este momento tan delicado.


Al margen de lo que pude atestiguar en las pocas ocasiones que Avilés me brindó la confianza de convivir con él y que por gratitud a esa confianza no consignaré, recuerdo no muy gratamente cuando me preguntaba por el “y pa´qué” ; era el ICADEP en su lenguaje.


A todo esto ¿Qué le espera al PRI oaxaqueño con su nueva dirgencia? Muchas intuiciones, ninguna certeza. Por mi parte, por el bien de Oaxaca, espero que al PRI le vaya bien. Oaxaca está urgido de gobierno y seguir sin una verdadera oposición que lo active, implica seguir sin él.


Twitter: @MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com