viernes, 26 de abril de 2013
PACTO POR OAXACA
El 25 de abril Guadalupe Loaeza escribió desde su cuenta de twitter: “Hace unas horas llegue a París, la ciudad mas bella del mundo después de Oaxaca”. Al margen de los méritos que muchos le niegan como escritora, Doña Guadalupe es innegablemente una celebridad y un referente de nuestras letras, al menos, en un focalizado círculo de lectores.
Suponiendo sin conceder que no conozca el oficio de escribir, sí conoce el ministerio de viajar. Siempre viajera –que no turista- Loaeza es autoridad en este tipo de opiniones.
Y es que Oaxaca tiene magia. Esa suerte de encanto que hace posible algo tan difícil como que sus moradores de toda la vida, reconozcamos cotidianamente su belleza y excepcionalidad. Pocos gentilicios como el de “Oaxaqueño” mueven a tanto orgullo cuando de invocar arte, cultura, tradiciones e historia se trata.
Los capitalinos somos poseedores de un doble orgullo. Nos enorgullece nuestro estado y ese afán se particulariza cuando pensamos en nuestra ciudad. 481 años, cumplidos el 25 de abril, encierran más que una sucesión de acontecimientos; hablan de su grandeza.
Más allá de la obligada y desgastada jerga de políticos nitos y avecindados, el orgullo oaxaqueño existe al exceso de justificar etnocentrismo. Oaxaca, a diferencia de otras ciudades, existe en el mapa del mundo; es socorrida año con año por visitantes ávidos de experiencias que no brindan las atmósferas de otras latitudes. El turista viene a Oaxaca a buscar encanto, magia, hechizo y regresa a casa satisfecho en la mayoría de los casos.
Parecieran no importar las desgracias, las desdichas, los atropellos, las ofensas, los agravios, ni las heridas sistemáticamente infringidas por gobernantes y ciudadanos; por individuos y organizaciones sociales. No importa que se la vea convertida en campo de batalla o en hoguera interminable; ni que se revele rehén de intereses egoístas que, más allá de su imagen o su economía, deterioran temporalmente su nombre. Oaxaca renace, se rehace, triunfa de nosotros mismos, de sus huéspedes: los primeros obligados a cuidarla y honrarla.
Por momentos convertida en la ciudad de la furia, en campamento “revolucionario”, en sitio de guerra o en una babel donde no nos entendemos; en galería de graffiti o “marchódromo”, siempre noble, siempre estoica, nos regala una lección, siempre la misma aún no comprendida por la mayoría de reincidentes.
Oaxaca es más grande que nosotros, que sus ciudadanos, que sus sectores económicos, y por supuesto, que sus gobernantes.
Oaxaca es más que un pastel a repartir en rebanadas de cabildo y mucho más que números en una lista que alguien dio en llamar “nominal”. El pulpo camionero, el ambulantaje, la privatización de facto de parques y jardines, las vialidades heridas, el crecimiento desordenado, la falta de servicios, los cholos y las pandillas sí importan, pero no importan.
Los oaxaqueños en nuestra intimidad estamos orgullosos de serlo y no perdemos ocasión de presumirlo ante los extraños.
Oaxaca seduce, llena el ojo y también el oído, el gusto y el olfato. Es una tersa flor de suave aroma, rebanada de júbilo, estampa sin edad ¿Qué hemos hecho sus hijos para merecerla así? Una pregunta en cuya respuesta, probablemente duerma un buen regalo.
Esa y ninguna otra motivación,sería la base de un buen pacto por Oaxaca
Felicidades Oaxaca…
moisesmolinar@hotmail.com
viernes, 19 de abril de 2013
A LOS UNIVERSITARIOS
El martes pasado pude asistir al curso sobre agenda mediática y opinión pública organizado por el Instituto de Capacitación y Desarrollo Político (ICADEP) A.C del PRI.
Es triste que solo quien conoce a profundidad este noble organismo especializado, pueda ubicar en su exacta dimensión el papel de la capacitación para la actividad política.
Yo que tuve la inmejorable oportunidad de presidir su consejo directivo en Oaxaca doy fe de ello.
Roy Campos, Miriam Bahena y el oaxaqueño Carlos Ramírez ocuparon las ponencias centrales y entre variadas y muy reveladoras conclusiones destaco, para efectos de la presente entrega, aquella que se refiere a la composición actual del electorado.
Es algo sobre lo que he insistido hasta el cansancio. Pareciera que los estrategas electorales de todos los partidos deciden con una venda en los ojos. Andan a ciegas y son tentados por las ocurrencias ante las que terminan por sucumbir.
Una de las primeras certezas de que toda estrategia electoral debe partir, independientemente de las tácticas, la da la propia lista nominal. No es que no la consulten; la ignoran olímpicamente.
Al 12 de abril de este año el 42 por ciento de la lista nominal la integran jóvenes cuya edad oscila entre los 18 y los 34 años. Debían ser prioridad, desde las candidaturas. La realidad es otra; la que todos conocemos.
Aunque en México no tienen aún papel preponderante, las redes sociales nos dicen mucho de cuanto este “target” percibe. La política se mueve, es en buena medida, en el mundo de las percepciones y las campañas electorales son absolutamente asunto de percepción.
Los jóvenes no leen periódicos, ni escuchan o ven noticieros. El twitter y el facebook son inundadas a cada instante de opiniones de jóvenes que reflejan cómo ven, cómo perciben la realidad. Desgraciadamente tratándose de política el peso específico de dichos juicios es ínfimo. Los jóvenes que colman las redes sociales siguen preponderantemente a los artistas y a las estrellas del deporte, sin embargo, como el mismo Roy Campos afirmó con respaldo estadístico: “ Si se hiciera una campaña a través de Twitter, se llegaría a un 82 por ciento de universitarios”.
¿Quién si no los jóvenes universitarios están llamados a ser líderes de opinión más allá de las redes sociales? ¿Quién si no los universitarios deben tomar conciencia de la alta responsabilidad social (que pasa por la política) que deben asumir en su comunidad? Ahí radica el despertar de conciencias y la solución de los males que a diario nos aquejan, incluidos los electorales; los de procesos internos con su selección de candidatos y sus precampañas. Son los universitarios quienes deben entrar a fondo en estos asuntos para poder guiar a los electores, si las dirigencias y las cúpulas de los partidos no se quieren dejar guiar.
Hay una alternancia y una transición mucho más importante que la de los simples partidos. Esa ya demostró en Oaxaca que no sirve absolutamente de nada. El cambio de unas siglas por otras han llevado a la gente al extremo de la opinión:
Estábamos mejor cuando estábamos peor.
Esa transición superior y de valía tiene que ver con las generaciones. Sin necesidad de ruptura, el entreveramiento tampoco se dará por concesión graciosa. Como en el caso de las mujeres, tiene que detonarse a instancia de los mismos jóvenes. ¿Quiénes hicieron posible el movimiento de los “indignados”? ¿Quiénes dieron forma a la “primavera árabe”?
Pero ¿qué pasa en Oaxaca, a diferencia de otros estados del país? Los jóvenes son incapaces de construir un proyecto al margen de las vacas sagradas; y no es asunto enteramente de dinero. Los jóvenes con algún talento que les hace sobresalir entre los demás son reclutados (en el mejor de los casos) por “cabezas” de grupos que, por supuesto, ya no son jóvenes y tienen como único interés, obtener, conservar, recuperar o acrecentar privilegios, estatus político, presencia, renombre… poder.
He llegado a pensar, a sabiendas que sociólogos me reprenderán al instante, que el egocentrismo es una cuestión genética del oaxaqueño, más aún del joven. Nunca, desde que tengo uso de razón, se ha podido construir un proyecto en torno a un vértice, a un joven que abra camino para el paso de los demás. Con la complacencia de “los viejos”, los jóvenes permanecen divididos al extremo del encono. Así, cada joven termina “rascándose con sus propias uñas”. No hay solidaridad, porque no hay inteligencia, estrategia, visión a mediano y largo plazo. Nuestra juventud se ahoga en el cortoplacismo. La inmediatez que va de la mano de la impaciencia es el mal de los jóvenes de nuestro tiempo y quien sabe cuánto tiempo seguirá siendo así. Pareciera que tenga que ser un “viejo” suficientemente empoderado el que tome la iniciativa y ponga orden en beneficio real de las nuevas generaciones. Los jóvenes no pueden hacerlo por sí mismos.
Un movimiento juvenil tendría que comenzar al margen de los partidos, aunque sus integrantes tuviesen filiaciones partidistas definidas. Antes de mover a los jóvenes a votar por el PRI o por los demás partidos, se les tiene que mover simple y sencillamente a votar. Convencerlos del poder del voto agregado. Un voto no vale más que uno, pero sin la unidad como principio, no se pueden construir las mayorías.
Si ha quedado demostrado que las organizaciones juveniles de los partidos son solo membretes por la ineficacia de los esfuerzos dispersos, se tienen que abrazar otros caminos. Y esos caminos los habrán de trazar los jóvenes universitarios ajenos a la perversidad y desprendidos de la inmediatez.
Suena imposible, pero argumento con una frase muy socorrida en las redes sociales: “Imposible es aquello que no se intenta”
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
Es triste que solo quien conoce a profundidad este noble organismo especializado, pueda ubicar en su exacta dimensión el papel de la capacitación para la actividad política.
Yo que tuve la inmejorable oportunidad de presidir su consejo directivo en Oaxaca doy fe de ello.
Roy Campos, Miriam Bahena y el oaxaqueño Carlos Ramírez ocuparon las ponencias centrales y entre variadas y muy reveladoras conclusiones destaco, para efectos de la presente entrega, aquella que se refiere a la composición actual del electorado.
Es algo sobre lo que he insistido hasta el cansancio. Pareciera que los estrategas electorales de todos los partidos deciden con una venda en los ojos. Andan a ciegas y son tentados por las ocurrencias ante las que terminan por sucumbir.
Una de las primeras certezas de que toda estrategia electoral debe partir, independientemente de las tácticas, la da la propia lista nominal. No es que no la consulten; la ignoran olímpicamente.
Al 12 de abril de este año el 42 por ciento de la lista nominal la integran jóvenes cuya edad oscila entre los 18 y los 34 años. Debían ser prioridad, desde las candidaturas. La realidad es otra; la que todos conocemos.
Aunque en México no tienen aún papel preponderante, las redes sociales nos dicen mucho de cuanto este “target” percibe. La política se mueve, es en buena medida, en el mundo de las percepciones y las campañas electorales son absolutamente asunto de percepción.
Los jóvenes no leen periódicos, ni escuchan o ven noticieros. El twitter y el facebook son inundadas a cada instante de opiniones de jóvenes que reflejan cómo ven, cómo perciben la realidad. Desgraciadamente tratándose de política el peso específico de dichos juicios es ínfimo. Los jóvenes que colman las redes sociales siguen preponderantemente a los artistas y a las estrellas del deporte, sin embargo, como el mismo Roy Campos afirmó con respaldo estadístico: “ Si se hiciera una campaña a través de Twitter, se llegaría a un 82 por ciento de universitarios”.
¿Quién si no los jóvenes universitarios están llamados a ser líderes de opinión más allá de las redes sociales? ¿Quién si no los universitarios deben tomar conciencia de la alta responsabilidad social (que pasa por la política) que deben asumir en su comunidad? Ahí radica el despertar de conciencias y la solución de los males que a diario nos aquejan, incluidos los electorales; los de procesos internos con su selección de candidatos y sus precampañas. Son los universitarios quienes deben entrar a fondo en estos asuntos para poder guiar a los electores, si las dirigencias y las cúpulas de los partidos no se quieren dejar guiar.
Hay una alternancia y una transición mucho más importante que la de los simples partidos. Esa ya demostró en Oaxaca que no sirve absolutamente de nada. El cambio de unas siglas por otras han llevado a la gente al extremo de la opinión:
Estábamos mejor cuando estábamos peor.
Esa transición superior y de valía tiene que ver con las generaciones. Sin necesidad de ruptura, el entreveramiento tampoco se dará por concesión graciosa. Como en el caso de las mujeres, tiene que detonarse a instancia de los mismos jóvenes. ¿Quiénes hicieron posible el movimiento de los “indignados”? ¿Quiénes dieron forma a la “primavera árabe”?
Pero ¿qué pasa en Oaxaca, a diferencia de otros estados del país? Los jóvenes son incapaces de construir un proyecto al margen de las vacas sagradas; y no es asunto enteramente de dinero. Los jóvenes con algún talento que les hace sobresalir entre los demás son reclutados (en el mejor de los casos) por “cabezas” de grupos que, por supuesto, ya no son jóvenes y tienen como único interés, obtener, conservar, recuperar o acrecentar privilegios, estatus político, presencia, renombre… poder.
He llegado a pensar, a sabiendas que sociólogos me reprenderán al instante, que el egocentrismo es una cuestión genética del oaxaqueño, más aún del joven. Nunca, desde que tengo uso de razón, se ha podido construir un proyecto en torno a un vértice, a un joven que abra camino para el paso de los demás. Con la complacencia de “los viejos”, los jóvenes permanecen divididos al extremo del encono. Así, cada joven termina “rascándose con sus propias uñas”. No hay solidaridad, porque no hay inteligencia, estrategia, visión a mediano y largo plazo. Nuestra juventud se ahoga en el cortoplacismo. La inmediatez que va de la mano de la impaciencia es el mal de los jóvenes de nuestro tiempo y quien sabe cuánto tiempo seguirá siendo así. Pareciera que tenga que ser un “viejo” suficientemente empoderado el que tome la iniciativa y ponga orden en beneficio real de las nuevas generaciones. Los jóvenes no pueden hacerlo por sí mismos.
Un movimiento juvenil tendría que comenzar al margen de los partidos, aunque sus integrantes tuviesen filiaciones partidistas definidas. Antes de mover a los jóvenes a votar por el PRI o por los demás partidos, se les tiene que mover simple y sencillamente a votar. Convencerlos del poder del voto agregado. Un voto no vale más que uno, pero sin la unidad como principio, no se pueden construir las mayorías.
Si ha quedado demostrado que las organizaciones juveniles de los partidos son solo membretes por la ineficacia de los esfuerzos dispersos, se tienen que abrazar otros caminos. Y esos caminos los habrán de trazar los jóvenes universitarios ajenos a la perversidad y desprendidos de la inmediatez.
Suena imposible, pero argumento con una frase muy socorrida en las redes sociales: “Imposible es aquello que no se intenta”
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
sábado, 13 de abril de 2013
¿POR QUÉ EN EL PRI ESTAMOS COMO ESTAMOS?
Triste que la unidad en el PRI se haya perdido con la pérdida del gobierno en Oaxaca. La vida partidista había tenido siempre un solo factor de cohesión, uno solo: el gobernador priista del estado, tuviéramos o no Presidente de la República priista.
Cuando el Presidente era -como ahora- priista, el gobernador se erigía en su vicario, un administrador de las decisiones políticas que tenían su vértice en los despachos presidenciales; y cuando no lo había, como auténticos virreyes, los mandatarios locales priistas, asumían el monopolio de las decisiones político-partidistas en relación con el PRI.
Cuando Gabino Cué asumió el cargo, al PRI oaxaqueño le pasó lo peor que le puede pasar a un partido. Se quedó en la orfandad. Sin Presidente ni gobernador priista, se reconoció en su verdadera naturaleza: la de un partido disperso, desordenado, indisciplinado y profundamente antidemocrático. Pasó a evidenciarlo de la noche a la mañana, porque de la noche a la mañana se quedó sin gobernador, sin líder. Esto pasa cuando el liderazgo se hace descansar en el poder y no en el carisma, en la razón del convencimiento.
Frente a la voz del gobernador priista, siempre habían muchos susurros priistas divergentes. Opiniones contrarias que se reservaban al espacio privado, pero sin consecuencias siquiera mínimas. El gobernador siempre imponía sus decisiones y la disciplina partidaria terminó por confundirse con la incontestabilidad a las decisiones del único que mandaba.
Nunca había debate, confrontación de ideas ni proyectos, contraste de visiones que es la base de la democracia. Siempre una profunda intolerancia, un monólogo donde el gobernador proponía y disponía, solo aconsejado (bien o mal) por unos pocos que, en el último sexenio priista en Oaxaca, fueron estigmatizados como “la burbuja”.
Pero no pasaba nada. El priismo vivía cómodo, conforme. Una de las principales reglas no escritas era el exilio del gobernador saliente, para que el entrante ejerciera absolutamente el poder dentro de las estructuras del partido. Se conservaban los equilibrios. La clase política oaxaqueña, solo sufría reacomodos, en muy pocas ocasiones, “despidos” o “jubilaciones” lo mismo en el nivel municipal.
A mi generación le ha tocado vivir la peor etapa del PRI oaxaqueño. Los excesos que con gloria cuentan los apologetas del pasado, son para nosotros referencias difíciles de comprender. EL PRI de Echeverría, de Díaz Ordaz, de López Portillo que con tanta gloria recuerdan algunos, para nosotros es historia, casi mito. No los vivimos y nos cuesta creerlo.
Nos cuesta trabajo creer que alguna vez el PRI fue un paraíso para sus militantes. Una agencia de colocaciones donde, con muchos menos méritos que ahora, se abrían aunque fuera por concesión graciosa y con el solo criterio de la simpatía, las puertas de los cargos de representación popular y de gobierno a jóvenes que en el pasado reciente han sido gobernadores y parlamentarios de carrera.
A mi generación le está tocando caminar sobre los escombros de un PRI que nosotros no destruimos; pagando culpas que no nos corresponden; asumiendo responsabilidades producto de las decisiones y las prácticas de la generación que no se quiere acabar de ir. Cada vez son menos los jóvenes que quieren ser priistas y cada vez más quienes caminar por la acera de enfrente de la política. Y los pocos que ingresan, lo hacen bajo criterios de interés y egoísmo. Hace mucho que dejó de pensarse a la política como oportunidad para el servicio. Se entra a la política y al PRI para ser diputado o presidente municipal o regidor o funcionario. Se busca hoy un tesoro debajo de los escombros. No es menester volver a poner en pie la casa; basta con hacer un lado los escombros que ocultan los tesoros.
Los procesos internos son esto precisamente. En su conducción no cambia, sino una cosa: que no tenemos gobernador. Corrimos ese riesgo y estamos pagando las consecuencias de atar a un cargo todo el liderazgo. No hay cargo y no hay poder humano que ponga orden. Todos los aspirantes a un cargo (hoy a diputados y presidentes municipales) remueven el cascajo buscando el tan anhelado tesoro de la candidatura y cuando alguien lo encuentra, recibe el recelo y hasta deseo de fracaso por parte de los demás. Dejan las ruinas de lo que fue una casa, exactamente como estaban y la abandonan para no seguirse ensuciando.
Unidad, no se puede pedir. No de la noche a la mañana. Todos quienes se inconforman tienen sus razones. Sean válidas o no, son respetables. Todos quienes compiten se sienten con merecimientos. Quienes pierden se sienten agraviados; quienes ganan quedan en zozobra y frustración por no poder concitar el apoyo sincero y decidido de sus competidores.
Al final, no se piensa en el partido. El PRI ha devenido en una entelequia, en un mero apelativo útil solo para periodistas y opinólogos. La palabra “PRI” le dice más y le representa más utilidad a nuestros detractores que a los priistas. Sin una figura investida de poder que contenga las inconformidades, el PRI se ha convertido en muro de lamentos donde cada quien tiene sus propios culpables.
No es una casualidad que los procesos internos del PRI para elegir candidatos sean los que más expectativa despierten. El PRI es el único partido que tiene una amplia base de ciudadanos conscientes –cada quien a su modo- de su “militancia”. Hoy no hay quien coarte aspiraciones. Pudo inscribirse al proceso interno quien quiso. Se dejó suelto; se repartieron llaves para los “candados”. No hay partido, por mucho, que haya registrado un número de precandidatos como los que registró el PRI. En ese rubro, la coalición no nos gana.
¿Cuál es el resultado? La candidatura ya parece una victoria, cuando no se trata de tener candidatos, sino de tener diputados y presidentes municipales. Ello no lo ven así algunos y algunas que se sienten satisfechos y satisfechas, al extremo del pensamiento en voz alta, con haber “ganado” la candidatura.
¿Cómo llegará el PRI al 7 de julio? No lo sabemos, pero todos deben hacer un examen de conciencia comenzando por todos los que compitieron en el proceso interno. Deben cuestionarse profundamente sobre las razones que les están llevando a apoyar a candidatos contrarios o a la inacción.
La competencia apenas viene. Los candidatos no son triunfadores. No han ganado absolutamente nada. Más aún cuando se tiene, como está visto con las grabaciones recientemente filtradas, al aparato gubernamental haciendo lo suyo.
Si la principal competencia en el PRI sigue siendo contra sí mismo, afuera habrá muy pocas posibilidades de triunfo. Con nuestro pobrísimo nivel de cultura política y nuestro desproporcionado egoísmo las competencias entre hermanos, no pueden traernos más que agravios. Perdedores que no saben perder, en buena medida porque los ganadores no saben ganar.
viernes, 5 de abril de 2013
GRACIAS AQUILES
“El caballero de la política”. Creo que fue Rosy Ramales quien comenzó a llamarle así. Caso contrario, la misma Rosy me desmentirá.
No hace falta ser dama para saber que eso era en verdad Aquiles López Sosa, de quien hoy casi nadie se acuerda. Al inicio de la semana se cumplió un aniversario más de su muerte. Bien dicen que la política es oficio ingrato y lo es más aún para quien lo ejerce con limpieza y corrección. Aquiles es un botón de muestra. Más allá de lo prematuro de su partida, le han olvidado, incluso, quienes trataron directamente con él y hasta quienes fueron por él favorecidos en algún sentido. Si la lealtad es un valor en extinción, no podemos esperar que la gratitud no lo sea.
Al político solo se le tiene presente cuando brilla. Si brilla con luz propia o irradiado por otra luz no importa.
Cuando desaparece de los periódicos y los noticieros, desaparece también de la mente y –si logra un lugar- también del corazón. La mayoría de los políticos se subyugan a la tiranía de los medios, no dejan de ser aprendices, cortos, pedestres. Existir es, para ellos, sinónimo de “aparecer”. La ausencia publicitaria es entendida como la muerte política, cuando la formación, las acciones y el trato, triunfan sobre la muerte física.
Aquiles fue, para muchos, ejemplo. Más que de una trayectoria, ejemplo de vida. La sencillez indisoluble al carisma le acompañaron y su buena estrella le llevó a altas responsabilidades. No se mareó, no perdió piso. El don de la ubicuidad le fue dado. Ayudaba y se dejaba ayudar. Tuvo enemigos, lo escogieron; que yo supiera él nunca escogió a nadie para tan innoble calidad.
Aquiles prodigaba ayuda hasta las márgenes del desinterés. Extendía la mano incluso a desconocidos. Soy una prueba viviente de ello. Muy pocos saben que de no haber sido por él, mi segunda carrera se hubiese quedado en un sueño. Sabás Cruz me llevó ante él. No hubo más trámite que mi presencia y su voluntad. Me deseó suerte y cuando, al cabo de un semestre le presenté mis calificaciones y un diploma como el mejor promedio pude, conmovido, ver en sus ojos, la satisfacción de la generosidad cuando da frutos, de la confianza cuando es correspondida.
A partir de ahí nos hicimos amigos.
En el camino de la política, quien la ejerce deviene de facto en coleccionista de anécdotas. Las que más valen son las que se convierten en lecciones. Era marzo del año 2000. El Certamen Nacional de Oratoria con el que cada año el H. Congreso del Estado conmemoraba el natalicio del benemérito, se llevaba a cabo en su antigua sede frente al “llano” sobre la Avenida Juárez de nuestra capital.
El desaforo se había entronizado para entonces en los concursos de esa naturaleza. Durante la competencia solo los concursantes, unos cuantos familiares y amigos y el jurado. En aquella ocasión no llegábamos a 50 personas. En las butacas, a unas filas de los participante, el presidente de la entonces Gran Comisión. Solo, atento, expectante; como aprendiendo algo que faltaba en su formación Aquiles contrastaba en aquel cuadro. Se retiraba a su oficina solo a atender asuntos de urgencia y regresaba con la misma actitud de un alumno deseoso de aprender más. No lo podía ocultar. Estaba fascinado escuchando a los jóvenes que de otros estados venían a dar cátedra del arte de hablar en público.
Quizás es lo que yo quiero creer, pero a partir de entonces Aquiles para mí, no fue el mismo ante un micrófono. Dejó de hablar para empezar a transmitir. Transmitía más que ideas vueltas palabras. Quienes con atención le escucharon posterior a esa fecha, no me dejarán mentir.
Fue un político fuera de lugar en un entorno donde el desprecio por los que hablan es común aunque, habré de decir, no total, generalizado. No dejó que ningún complejo le dominara. Con humildad me enseñó en aquella ocasión, que nunca estaba dispuesto a dejar de aprender.
Nos premió esa misma tarde y se premió a sí mismo.
Si hubiera sido o no el candidato a gobernador años después, no podemos decirlo irresponsablemente. Lo que sí podemos decir es que hubiese sido un extraordinario candidato.
En los días previos a la definición lo tuve frente a mí en la oficina del gobernador. Solos en la pequeña oficina adjunta al Secretario Particular le percibí desanimado. No le dije más que lo que se le puede decir en momentos así a un amigo querido y admirado. Mi gratitud se reflejó en esperanza, en ánimo, en aliento. Lo único que supe después de aquella noche es que su “passat” había volcado en la supercarretera. Fue todo.
Cuando veo o se de Hugo, de Juan de Dios o del Dr. Delfino, Aquiles viene a mi mente en un acto reflejo; cuando camino por el llano; cuando tengo noticia del concurso de cada marzo; cuando veo el traje de aquel certamen que aún conservo.
Alguien dijo que los hombres no mueren mientras viven en las mentes de otros hombres y, aún a pesar de ser unos pocos, Aquiles tiene, no solo en nuestras mente, sino en aquel lugar donde, como ahora, no caben y se escapan por los ojos las emociones, la patente de la inmortalidad.
Gracias Aquiles!!!
moisesmolinar@hotmail.com
No hace falta ser dama para saber que eso era en verdad Aquiles López Sosa, de quien hoy casi nadie se acuerda. Al inicio de la semana se cumplió un aniversario más de su muerte. Bien dicen que la política es oficio ingrato y lo es más aún para quien lo ejerce con limpieza y corrección. Aquiles es un botón de muestra. Más allá de lo prematuro de su partida, le han olvidado, incluso, quienes trataron directamente con él y hasta quienes fueron por él favorecidos en algún sentido. Si la lealtad es un valor en extinción, no podemos esperar que la gratitud no lo sea.
Al político solo se le tiene presente cuando brilla. Si brilla con luz propia o irradiado por otra luz no importa.
Cuando desaparece de los periódicos y los noticieros, desaparece también de la mente y –si logra un lugar- también del corazón. La mayoría de los políticos se subyugan a la tiranía de los medios, no dejan de ser aprendices, cortos, pedestres. Existir es, para ellos, sinónimo de “aparecer”. La ausencia publicitaria es entendida como la muerte política, cuando la formación, las acciones y el trato, triunfan sobre la muerte física.
Aquiles fue, para muchos, ejemplo. Más que de una trayectoria, ejemplo de vida. La sencillez indisoluble al carisma le acompañaron y su buena estrella le llevó a altas responsabilidades. No se mareó, no perdió piso. El don de la ubicuidad le fue dado. Ayudaba y se dejaba ayudar. Tuvo enemigos, lo escogieron; que yo supiera él nunca escogió a nadie para tan innoble calidad.
Aquiles prodigaba ayuda hasta las márgenes del desinterés. Extendía la mano incluso a desconocidos. Soy una prueba viviente de ello. Muy pocos saben que de no haber sido por él, mi segunda carrera se hubiese quedado en un sueño. Sabás Cruz me llevó ante él. No hubo más trámite que mi presencia y su voluntad. Me deseó suerte y cuando, al cabo de un semestre le presenté mis calificaciones y un diploma como el mejor promedio pude, conmovido, ver en sus ojos, la satisfacción de la generosidad cuando da frutos, de la confianza cuando es correspondida.
A partir de ahí nos hicimos amigos.
En el camino de la política, quien la ejerce deviene de facto en coleccionista de anécdotas. Las que más valen son las que se convierten en lecciones. Era marzo del año 2000. El Certamen Nacional de Oratoria con el que cada año el H. Congreso del Estado conmemoraba el natalicio del benemérito, se llevaba a cabo en su antigua sede frente al “llano” sobre la Avenida Juárez de nuestra capital.
El desaforo se había entronizado para entonces en los concursos de esa naturaleza. Durante la competencia solo los concursantes, unos cuantos familiares y amigos y el jurado. En aquella ocasión no llegábamos a 50 personas. En las butacas, a unas filas de los participante, el presidente de la entonces Gran Comisión. Solo, atento, expectante; como aprendiendo algo que faltaba en su formación Aquiles contrastaba en aquel cuadro. Se retiraba a su oficina solo a atender asuntos de urgencia y regresaba con la misma actitud de un alumno deseoso de aprender más. No lo podía ocultar. Estaba fascinado escuchando a los jóvenes que de otros estados venían a dar cátedra del arte de hablar en público.
Quizás es lo que yo quiero creer, pero a partir de entonces Aquiles para mí, no fue el mismo ante un micrófono. Dejó de hablar para empezar a transmitir. Transmitía más que ideas vueltas palabras. Quienes con atención le escucharon posterior a esa fecha, no me dejarán mentir.
Fue un político fuera de lugar en un entorno donde el desprecio por los que hablan es común aunque, habré de decir, no total, generalizado. No dejó que ningún complejo le dominara. Con humildad me enseñó en aquella ocasión, que nunca estaba dispuesto a dejar de aprender.
Nos premió esa misma tarde y se premió a sí mismo.
Si hubiera sido o no el candidato a gobernador años después, no podemos decirlo irresponsablemente. Lo que sí podemos decir es que hubiese sido un extraordinario candidato.
En los días previos a la definición lo tuve frente a mí en la oficina del gobernador. Solos en la pequeña oficina adjunta al Secretario Particular le percibí desanimado. No le dije más que lo que se le puede decir en momentos así a un amigo querido y admirado. Mi gratitud se reflejó en esperanza, en ánimo, en aliento. Lo único que supe después de aquella noche es que su “passat” había volcado en la supercarretera. Fue todo.
Cuando veo o se de Hugo, de Juan de Dios o del Dr. Delfino, Aquiles viene a mi mente en un acto reflejo; cuando camino por el llano; cuando tengo noticia del concurso de cada marzo; cuando veo el traje de aquel certamen que aún conservo.
Alguien dijo que los hombres no mueren mientras viven en las mentes de otros hombres y, aún a pesar de ser unos pocos, Aquiles tiene, no solo en nuestras mente, sino en aquel lugar donde, como ahora, no caben y se escapan por los ojos las emociones, la patente de la inmortalidad.
Gracias Aquiles!!!
moisesmolinar@hotmail.com
sábado, 9 de marzo de 2013
MI ENCUENTRO CON DON JESÚS MARTÍNEZ ÁLVAREZ
El título que mi amiga Lupita Thomas eligió para su última “barricada” exhibe como ningún otro el desencanto social. Basta con agregar signos de interrogación al slogan central de la estrategia de comunicación política de nuestro gobierno, para convertirlo en su negación: “¿Oaxaca de todos?”
Oaxaca es de unos cuantos
Los únicos protagonistas del cambio social son los órganos de la administración pública que, de acuerdo a la teoría del órgano administrativo y en estricto sentido, incluyen a sus titulares; y algunos grupos de presión o de interés, como les llama la teoría de la acción colectiva.
La gobernabilidad como categoría política se desnaturaliza, tuerce su sentido. Ya no es ese “estado de equilibrio dinámico entre demandas sociales y capacidad de respuesta gubernamental” de Camou. Las organizaciones sociales hace tiempo que dejaron de ser canal de expresión de las verdaderas demandas de la sociedad. Se han convertido en un cáncer y la causa de la enfermedad hay que encontrarla en el egoísmo.
Las organizaciones se han convertido en medios para satisfacer intereses particulares, inmediatos, egoístas. La sociedad no importa. El bien público temporal, preconizado por la Teoría General del Estado, se convierte en una ficción y lo único que estas organizaciones persiguen son beneficios egoístas que, en la mayor parte de los casos, tiene que ver con dinero o pago en especie que benefician a unos cuantos: a los que se “movilizan”, a quienes en ejercicio de sus derechos violan los derechos de otros, de la mayoría.
Le tienen tomada la medida al gobierno que simula. Espera el conflicto para resolverlo. Ni siquiera hay negociación porque los perturbadores del orden social siempre llevan las de ganar. Piden lo imposible para recibir lo esperado.
El bien público temporal es el fin máximo del Estado. Implica la realización de los finas de cada uno de los gobernados; en el extremo, podemos decir que se trata de la felicidad de todos. Para conseguirse es necesario un principio de orden. Es la tarea de la autoridad o poder público como elemento del mismo Estado, de la cual la administración pública es una parte.
En Oaxaca no se gobierna para todos. Se gobierna para quienes más ruido hacen, para los pocos que teniendo inmejorable capacidad para organizarse y no teniendo, respecto de sus liderazgos, otro trabajo más que la industria del chantaje, hacen imposibles nuestros días y impiden a la gran mayoría llegar libremente a sus destinos.
No todos los días se viaja junto al secretario general de gobierno. En viaje comercial, en clase turista tuve a don Jesús junto a mí por espacio de casi una hora. Quise preguntarle muchas cosas. Opté por el silencio. Entiendo que la decisión de aplicar simple y llanamente la ley no es enteramente de él. Que los miedos al famoso “costo político” de decisiones “represivas” pueden no ser precisamente los de él. Superiores decisiones le tienen atadas las manos y el gobierno como simulación tiene que seguir. Quise preguntarle qué es lo que nuestro gobernador piensa. Opté por dejarle dormir. No quise que hubiese tomado a mal mis interrogantes, ni causarle una incomodidad frente a su acompañante. Me limité a reconocerle su buen gusto por una hermosa pluma “Mont Blanc” que al final del vuelo, sacó del bolsillo de su camisa y contemplaba entre sus manos. Sonrió gentilmente y soltó una tenue carcajada. Baje del avión, no sin antes, desearle éxito en su encargo.
Y es que nuestras organizaciones sociales han devenido en grupos de chantaje por una razón simple. La ideología se queda en la notaría y se exhibe solo como un pretexto al chantaje.
Con organizaciones dispuestas al chantaje y un gobierno dispuesto a dejarse chantajear, el círculo no se cerrará. La ejemplar detención de Elba Esther gordillo y el contundente mensaje del Presidente Peña Nieto en la clausura de la Asamblea Nacional del PRI de que “en México no hay intereses intocables” podría verse como mensaje también para los gobernadores.
Probablemente una segunda solución a nuestro casi cotidiano sufrir sea el convencimiento a nuestros gobernantes de que el “costo político” no debe seguirse viendo bajo el cristal de la “represión” sino con los espejuelos de la inacción. Que la causa de un rechazo en las urnas, único espacio donde puede mostrarse la voluntad mayoritaria de los gobernados, es indiscutible: el desorden, el caos, las marchas y los bloqueos.
Ninguna política interna del estado puede ser exitosa cuando se aplica selectivamente la ley, cuando el peso de su claridad, sin ambages ni ambigüedades, se deja caer indistintamente sobre todos.
Hoy queda demostrado que una de las características del Estado, que le sitúan por encima de otras formas de organización política que la historia ha conocido, no se cumple: el grado máximo de la concentración de la coacción; el monopolio legítimo de la violencia para imponer sus decisiones.
La política nunca debiera tomar el lugar del Derecho. Si no, que el gobernador envíe al congreso iniciativas de ley para derogar los artículos 164, el capítulo primero del título tercero, el capítulo cuarto del título cuarto y la fracción segunda del artículo 346 relativos a las disposiciones que castigan la asociación delictuosa, el ataque a las vías de comunicación, delitos cometidos contra funcionarios públicos y violación de garantías, que son letra muerta cuando de organizaciones sociales se trata.
Twitter @MoisesMolina
Correo Electrónico moisesmolinar@hotmail.com
viernes, 1 de marzo de 2013
JUAN JOSÉ MORENO SADA
Juan José Moreno Sada llegó sorpresivamente al PRI de Oaxaca. El único matiz en relación con sus tres últimos sucesores, es que la sorpresa no fue desagradable. Al menos así se percibió. Cayó, se pudiera decir, “en blandito”.
Muchas decisiones ya se habían procesado y entre ellas, la más importante: la aceptación. Los dos actores omnipresentes, tan lejos y tan cerca del priismo oaxaqueño, Murat y Ulises, no tuvieron inconveniente.
En principio, cuando la noticia se filtró aún como extraoficial, pareció “borregazo”; pocos encontraban lógica en la decisión. Se revelaba impensable un personaje que pudiera concitar, al menos, la aprobación de los dueños de las tempestades. Hoy que el tuxtepecano es Presidente del Comité Directivo Estatal, la lógica comienza a hacer acto de presencia.
La cercanía de Moreno Sada con César Camacho Quiroz es, sin duda más palpable que la que pudiera guardar, previo a su unción, con Murat o con Ulises. Con ambos trabajó dentro del gobierno de Oaxaca, a ambos les guardó lealtad.
Poco se sabe o se puede destacar de su pasado priista. Hoy que la voluntad del Presidente Peña Nieto exhibe la intención, a través de la reforma estatutaria del PRI, de quitar protagonismo a la militancia, puede entenderse el nombramiento de Juan José. Es un hombre más bien institucional, parco al hablar, poco habituado a tradición política priista. Ajeno a los usos del priismo de cúpula. Me atrevo a decir que es esta, su primera experiencia de relevancia dentro del PRI.
A Moreno Sada no lo definiría yo como un político. Tal vez haya sido esa su principal fortaleza. Llega “nuevo”, limpio. No nadó en la fosa séptica en que el PRI se convirtió después de la derrota de Eviel. Voluntaria o involuntariamente estuvo al margen, lejos. Está por verse si es un priista conciliador; pero puedo decir que la polarización y el “dadocarguismo” no le caracterizan.
Parco de palabra, equilibrado en sus expresiones, moderado en su sonrisa da sus primeros pasos con natural desconfianza. Llega a un terreno desconocido, ignoto, pero no llega desprotegido. La confianza de César Camacho y la guiatura de un peso completo como Melquiades Morales son lo más parecido a una garantía que pudiera tener.
La encomienda no es menuda. Habrá de conducir el primer proceso electoral local sin gobernador priista, él –Moreno Sada- es el jefe formal del priismo oaxaqueño. Independientemente de la formación, talento y experiencia que pudiera tener o no en los menesteres partidistas, es ya un líder. Fue aceptado sin mayores complicaciones y está legitimado. El Comité ejecutivo Nacional será con él con quien se entienda, sin intermediarios.
He cruzado breves conversaciones con él. Está decidido a hacer cuanto sea necesario para que el PRI compita con vocación ganadora el 7 de julio. Está por verse hasta donde su voluntad le alcanzará. Difícil imaginar un súbito cambio de prácticas, de usos; un paradigmático rompimiento con la inercia que por lustros ha acompañado al PRI y a sus principales actores. Por el bien del partido, tiene que darse lo más radicalmente posible.
Y es que el PRI sigue yendo contra la duda ciudadana y por si poco fuera, contra la duda de los mismos priistas. Las candidaturas serán el parámetro. Tendrá Juan José que hacer un ineludible esfuerzo de comunicación política para convencer a propios y extraños –entiéndase- priistas y no priistas, de las razones de las definiciones. No basta ya con un proceso interno de selección de candidatos impecable en el papel; no será suficiente un proceso interno jurídicamente pulcro. El PRI oaxaqueño de estos momentos es de “mucha política y poca administración”.
Tienen que ir los mejores, quienes deban ir a competir. Habrá que reducir los agravios –siempre los hay- a su mínima expresión y solo se logrará acreditando lo mejor posible, la calidad ganadora de candidatas y candidatos.
A Don Melquiades no le es ajena Oaxaca. Sabe a qué viene. Ha estado aquí en el mismo en cargo, previamente. El escenario es muy distinto, pero la naturaleza del oaxaqueño sigue siendo la misma. Tendrán Melquiades, Moreno Sada y
Avilés –con la colaboración de Ulises y Murat- que desenredar el quesillo y entregarlo en cuadrícula, primero a los propios priistas y después, a los propios electores.
El cambio sigue siendo divisa ampliamente valorada. Nuestro gobierno estatal y los municipales de más peso electoral así han hecho que sea. El elector no encontrará garantía de cambio en las mismas personas. No es un secreto, se comenta por todas partes. No se trata solo de que los ciudadanos voten contra los candidatos de malos gobiernos; hay que buscar que voten a favor de opciones que les representen algo diferente y -en base a sus cualidades personales-mejor.
Por el momento el PRI oaxaqueño ha escapado, por lo menos, al caos. Ahora hay que darle rumbo. Un nuevo rumbo, un buen rumbo que debe empezar por la persuasión.
Muchas decisiones ya se habían procesado y entre ellas, la más importante: la aceptación. Los dos actores omnipresentes, tan lejos y tan cerca del priismo oaxaqueño, Murat y Ulises, no tuvieron inconveniente.
En principio, cuando la noticia se filtró aún como extraoficial, pareció “borregazo”; pocos encontraban lógica en la decisión. Se revelaba impensable un personaje que pudiera concitar, al menos, la aprobación de los dueños de las tempestades. Hoy que el tuxtepecano es Presidente del Comité Directivo Estatal, la lógica comienza a hacer acto de presencia.
La cercanía de Moreno Sada con César Camacho Quiroz es, sin duda más palpable que la que pudiera guardar, previo a su unción, con Murat o con Ulises. Con ambos trabajó dentro del gobierno de Oaxaca, a ambos les guardó lealtad.
Poco se sabe o se puede destacar de su pasado priista. Hoy que la voluntad del Presidente Peña Nieto exhibe la intención, a través de la reforma estatutaria del PRI, de quitar protagonismo a la militancia, puede entenderse el nombramiento de Juan José. Es un hombre más bien institucional, parco al hablar, poco habituado a tradición política priista. Ajeno a los usos del priismo de cúpula. Me atrevo a decir que es esta, su primera experiencia de relevancia dentro del PRI.
A Moreno Sada no lo definiría yo como un político. Tal vez haya sido esa su principal fortaleza. Llega “nuevo”, limpio. No nadó en la fosa séptica en que el PRI se convirtió después de la derrota de Eviel. Voluntaria o involuntariamente estuvo al margen, lejos. Está por verse si es un priista conciliador; pero puedo decir que la polarización y el “dadocarguismo” no le caracterizan.
Parco de palabra, equilibrado en sus expresiones, moderado en su sonrisa da sus primeros pasos con natural desconfianza. Llega a un terreno desconocido, ignoto, pero no llega desprotegido. La confianza de César Camacho y la guiatura de un peso completo como Melquiades Morales son lo más parecido a una garantía que pudiera tener.
La encomienda no es menuda. Habrá de conducir el primer proceso electoral local sin gobernador priista, él –Moreno Sada- es el jefe formal del priismo oaxaqueño. Independientemente de la formación, talento y experiencia que pudiera tener o no en los menesteres partidistas, es ya un líder. Fue aceptado sin mayores complicaciones y está legitimado. El Comité ejecutivo Nacional será con él con quien se entienda, sin intermediarios.
He cruzado breves conversaciones con él. Está decidido a hacer cuanto sea necesario para que el PRI compita con vocación ganadora el 7 de julio. Está por verse hasta donde su voluntad le alcanzará. Difícil imaginar un súbito cambio de prácticas, de usos; un paradigmático rompimiento con la inercia que por lustros ha acompañado al PRI y a sus principales actores. Por el bien del partido, tiene que darse lo más radicalmente posible.
Y es que el PRI sigue yendo contra la duda ciudadana y por si poco fuera, contra la duda de los mismos priistas. Las candidaturas serán el parámetro. Tendrá Juan José que hacer un ineludible esfuerzo de comunicación política para convencer a propios y extraños –entiéndase- priistas y no priistas, de las razones de las definiciones. No basta ya con un proceso interno de selección de candidatos impecable en el papel; no será suficiente un proceso interno jurídicamente pulcro. El PRI oaxaqueño de estos momentos es de “mucha política y poca administración”.
Tienen que ir los mejores, quienes deban ir a competir. Habrá que reducir los agravios –siempre los hay- a su mínima expresión y solo se logrará acreditando lo mejor posible, la calidad ganadora de candidatas y candidatos.
A Don Melquiades no le es ajena Oaxaca. Sabe a qué viene. Ha estado aquí en el mismo en cargo, previamente. El escenario es muy distinto, pero la naturaleza del oaxaqueño sigue siendo la misma. Tendrán Melquiades, Moreno Sada y
Avilés –con la colaboración de Ulises y Murat- que desenredar el quesillo y entregarlo en cuadrícula, primero a los propios priistas y después, a los propios electores.
El cambio sigue siendo divisa ampliamente valorada. Nuestro gobierno estatal y los municipales de más peso electoral así han hecho que sea. El elector no encontrará garantía de cambio en las mismas personas. No es un secreto, se comenta por todas partes. No se trata solo de que los ciudadanos voten contra los candidatos de malos gobiernos; hay que buscar que voten a favor de opciones que les representen algo diferente y -en base a sus cualidades personales-mejor.
Por el momento el PRI oaxaqueño ha escapado, por lo menos, al caos. Ahora hay que darle rumbo. Un nuevo rumbo, un buen rumbo que debe empezar por la persuasión.
sábado, 23 de febrero de 2013
¿QUÉ PASÓ EN EL DEBATE SOBRE LA REFORMA A LOS ESTATUTOS DEL PRI?
Fue una larga jornada en la mesa temática correspondiente a la reforma estatutaria del PRI. El World Trade Center de la Ciudad de México acogió a 200 delegados que, de todo el país, trabajamos 13 horas para la obtención de la propuesta final de reforma estatutaria. 96 delegados electos en las Asambleas Estatales, 10 senadores, 10 diputados federales, 70 delegados de sectores y organizaciones, 5 delegados del ICADEP e igual número de la Fundación Colosio; y 4 de organizaciones adherentes.
Tuve el honor de iniciarla una vez leído el documento base elaborado por la Comisión Nacional de Dictamen. Mi postura dentro del debate “en lo general” fue clara: contra el proyecto. Más que una postura personal era un mandato, el mandato de nuestra Asamblea Estatal Oaxaqueña. Los argumentos, claros, francos. Era un proyecto que parecía avergonzarse de la militancia, que la negaba, que le daba la espalda.
“¿Qué es lo que se pretende?” –dije. “¿Convertir al PRI en lo que la Teoría Política llama un partido atrapa todo?”. La propuesta de abrir las candidaturas a ciudadanos sin militancia (simpatizantes lo suavizan ellos), no sugiere otra cosa.
“¿Qué es lo que se pretende?” –proseguí- “¿Convertir a la militancia en servidumbre de advenedizos que no conocen ni han trabajado por el partido?”. “Muchos se llenarán aquí la boca con la palabra modernidad, pero la militancia no es una moda, es lo más importante para el PRI, lo más valioso que tenemos como partido”.
El rostro de Mariano Palacios Alcocer, muy afable al momento de saludarle, se tornó adusto. La incomodidad era evidente en el presidente de la mesa. Era un proyecto que, pareciera, ni los integrantes de la mesa directiva habían leído. Pifia tras pifia en la lectura al grado de llamarle PAN al PRI. También lo dije y el desconcierto creció.
Alguien me pidió, previo al inicio de los trabajos, “confianza” para el Presidente Peña Nieto. La suerte estaba echada. No quedaría yo conforme, satisfecho, entregándome a la comodidad de solo levantar la mano. “Las encuestas las ganan quienes tienen dinero y nos hacen víctimas de la telecracia de Sartori”, les dije.
“Plenamente responsable de mis palabras, les digo que hoy me queda claro que lo mejor para nuestro querido presidente, puede no ser lo mejor para nuestro partido”. Pedí a los delegados votar en contra del documento en lo general. El trabajo de planchado estaba, sin embargo hecho. No bien llegué a los cinco minutos que se me concedieron, cuando Palacios me interpeló al micrófono: “Muchas gracias”. “Concluyo Presidente” –atajé. “Fue suficiente”, concluyó.
En medio del desconcierto los delegados no sabían si aplaudir o guardar silencio. Mi misión estaba cumplida. Todos supieron que en Oaxaca ese era el sentir.
El documento se aprobó en su mayoría tal como venía proyectado. Se mayoritearon las candidaturas externas en base a encuestas, la reducción en el número de integrantes del Consejo Político Nacional y de la Comisión política permanente, prácticamente a la mitad; la postulación de candidatos que hayan contendido en el pasado o hecho proselitismo por otras siglas; la autorización de que priistas pudieran contender como candidatos independientes sin perder su militancia; y la eliminación del requisito de haber desempeñado un cargo de elección popular para poder ser candidato a gobernador, jefe de gobierno o Presidente de la República.
Advertí cuatro clases de delegados: Quienes llegaron a saludar y se fueron, priistas de gran influencia algunos; quienes iban a defender a ultranza el proyecto del CEN; unos pocos (contados) que íbamos con argumentos en contra, distinguiéndose los del Distrito Federal; y la mayoría de los que decidieron quedarse, profundamente desconocedores de la normatividad estatutaria del partido y –no se diga- del alcance de las reformas. La confusión a la hora de votar, así lo evidenciaba, incluso entre algunas despampanantes senadoras de la república.
Pero así es la realidad del PRI. No van a esta clase de trabajos quienes debieran ir. ¿Qué sigue?
A más tardar el 26 de febrero, el documento final estará llegando a los Comités Directivos Estatales para hacerlo del conocimiento de la Asamblea Estatal y fundamentalmente de los delegados a la Asamblea Nacional que se sesionará en pleno los tres primeros días de marzo.
No se si en Oaxaca se acuerde una postura conjunta para ser defendida o será un viaje más de placer, de “shopping” para algunos delegados. Urgen estrategias para crear conciencia de la importancia de la próxima reunión que puede, desde luego, cambiar el sentido del dictamen.
Es la interrogante ¿Se subordinará Oaxaca a la línea de nuestro presidente? O ¿se defenderá lo que el órgano máximo deliberativo a nivel estatal determinó? Lo sabremos los próximos días. Las consecuencias, sin embargo, no se harán esperar y estaremos, en próximos procesos electorales. Castigando la militancia e incluso premiando deslealtades y transfuguismos.
Yo regreso al terruño con la conciencia tranquila. Hice cuanto estuvo en mis manos o –mejor dicho- en mi boca. Fue una oposición que se ahogó en la línea irreflexiva, pero que al menos se escuchó, se toleró y se respetó. Hoy saben que Oaxaca fue en contra y probablemente ya haya sonado el celular de los jerarcas del partido para llamarlos a disciplina. ¿Quién lo sabe? Solo ellos.
Tuve el honor de iniciarla una vez leído el documento base elaborado por la Comisión Nacional de Dictamen. Mi postura dentro del debate “en lo general” fue clara: contra el proyecto. Más que una postura personal era un mandato, el mandato de nuestra Asamblea Estatal Oaxaqueña. Los argumentos, claros, francos. Era un proyecto que parecía avergonzarse de la militancia, que la negaba, que le daba la espalda.
“¿Qué es lo que se pretende?” –dije. “¿Convertir al PRI en lo que la Teoría Política llama un partido atrapa todo?”. La propuesta de abrir las candidaturas a ciudadanos sin militancia (simpatizantes lo suavizan ellos), no sugiere otra cosa.
“¿Qué es lo que se pretende?” –proseguí- “¿Convertir a la militancia en servidumbre de advenedizos que no conocen ni han trabajado por el partido?”. “Muchos se llenarán aquí la boca con la palabra modernidad, pero la militancia no es una moda, es lo más importante para el PRI, lo más valioso que tenemos como partido”.
El rostro de Mariano Palacios Alcocer, muy afable al momento de saludarle, se tornó adusto. La incomodidad era evidente en el presidente de la mesa. Era un proyecto que, pareciera, ni los integrantes de la mesa directiva habían leído. Pifia tras pifia en la lectura al grado de llamarle PAN al PRI. También lo dije y el desconcierto creció.
Alguien me pidió, previo al inicio de los trabajos, “confianza” para el Presidente Peña Nieto. La suerte estaba echada. No quedaría yo conforme, satisfecho, entregándome a la comodidad de solo levantar la mano. “Las encuestas las ganan quienes tienen dinero y nos hacen víctimas de la telecracia de Sartori”, les dije.
“Plenamente responsable de mis palabras, les digo que hoy me queda claro que lo mejor para nuestro querido presidente, puede no ser lo mejor para nuestro partido”. Pedí a los delegados votar en contra del documento en lo general. El trabajo de planchado estaba, sin embargo hecho. No bien llegué a los cinco minutos que se me concedieron, cuando Palacios me interpeló al micrófono: “Muchas gracias”. “Concluyo Presidente” –atajé. “Fue suficiente”, concluyó.
En medio del desconcierto los delegados no sabían si aplaudir o guardar silencio. Mi misión estaba cumplida. Todos supieron que en Oaxaca ese era el sentir.
El documento se aprobó en su mayoría tal como venía proyectado. Se mayoritearon las candidaturas externas en base a encuestas, la reducción en el número de integrantes del Consejo Político Nacional y de la Comisión política permanente, prácticamente a la mitad; la postulación de candidatos que hayan contendido en el pasado o hecho proselitismo por otras siglas; la autorización de que priistas pudieran contender como candidatos independientes sin perder su militancia; y la eliminación del requisito de haber desempeñado un cargo de elección popular para poder ser candidato a gobernador, jefe de gobierno o Presidente de la República.
Advertí cuatro clases de delegados: Quienes llegaron a saludar y se fueron, priistas de gran influencia algunos; quienes iban a defender a ultranza el proyecto del CEN; unos pocos (contados) que íbamos con argumentos en contra, distinguiéndose los del Distrito Federal; y la mayoría de los que decidieron quedarse, profundamente desconocedores de la normatividad estatutaria del partido y –no se diga- del alcance de las reformas. La confusión a la hora de votar, así lo evidenciaba, incluso entre algunas despampanantes senadoras de la república.
Pero así es la realidad del PRI. No van a esta clase de trabajos quienes debieran ir. ¿Qué sigue?
A más tardar el 26 de febrero, el documento final estará llegando a los Comités Directivos Estatales para hacerlo del conocimiento de la Asamblea Estatal y fundamentalmente de los delegados a la Asamblea Nacional que se sesionará en pleno los tres primeros días de marzo.
No se si en Oaxaca se acuerde una postura conjunta para ser defendida o será un viaje más de placer, de “shopping” para algunos delegados. Urgen estrategias para crear conciencia de la importancia de la próxima reunión que puede, desde luego, cambiar el sentido del dictamen.
Es la interrogante ¿Se subordinará Oaxaca a la línea de nuestro presidente? O ¿se defenderá lo que el órgano máximo deliberativo a nivel estatal determinó? Lo sabremos los próximos días. Las consecuencias, sin embargo, no se harán esperar y estaremos, en próximos procesos electorales. Castigando la militancia e incluso premiando deslealtades y transfuguismos.
Yo regreso al terruño con la conciencia tranquila. Hice cuanto estuvo en mis manos o –mejor dicho- en mi boca. Fue una oposición que se ahogó en la línea irreflexiva, pero que al menos se escuchó, se toleró y se respetó. Hoy saben que Oaxaca fue en contra y probablemente ya haya sonado el celular de los jerarcas del partido para llamarlos a disciplina. ¿Quién lo sabe? Solo ellos.
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