viernes, 7 de junio de 2013

@CandiGatoMorris


“El hombre es el único enemigo real que tenemos ... Eliminad
tan sólo al Hombre, y el producto de nuestro trabajo será propio ...
Todos los hombres son enemigos. Todos los animales son camaradas …”
G.Orwell


De no ser por su evidente proselitismo antipriista (aunque el candidato panista ha declarado que fue creado ex profeso por el mismo PRI para auyentar el voto útil), nada tendríamos que cuestionarle a un orwelliano personaje que, desde la capital veracruzana, ha alcanzado fama mundial.


Lejos de nacer como un esfuerzo imparcial de libre expresión, el candigato Morris, ha enderezado sus maullidos contra el candidato del PRI a la presidencia municipal de Xalapa.


Sus intenciones, sin embargo, han sido rebasadas tanto en intención como en circunscripción electoral ante el hartazgo de una sociedad ávida de símbolos contra las oligarquías en que se han convertido los partidos políticos.


El candigato Morris ha dejado de ser solo la némesis del candidato priista en Xalapa y lo ha adoptado México. El twitter y el facebook; la internet en general, niega cualquier naturaleza eminentemente local que circule por sus pasillos. Morris no es ya de Xalapa, es de México y el mundo.


Detrás de su “entrevista” (https://www.youtube.com/watch?v=k8nrOf7LJyA ) -con 75,687 visitas a la hora de redactar estas líneas-, en que por respuesta a los cuestionamientos sobre los actores políticos de Veracruz, elige tirar de la mesa cada uno de los objetos que se le presentan, subyace una respuesta parcialmente orwelliana “El político es el único enemigo real que tenemos ... Eliminad tan sólo al político, y el producto de nuestro trabajo será propio ...
Todos los políticos son enemigos. Todos los ciudadanos son camaradas …”.


El enigma de su virulencia no lo es tanto. El ingenio de sus creadores ha seducido incluso a una parte importante de quienes ni siquiera votan, pero sí opinan. Morris es candidato también de los que no votarán en esta elección y representante de los ciudadanos (no solo de los antipriistas) que están sufriendo las campañas en los 14 estados para elegir un gobernador, 441 diputados y 1,739 presidentes municipales.


No hay rincón de México donde no exista, en alguna medida, hartazgo y ojeriza contra esa entelequia llamada política encarnada en los representantes de los partidos políticos en los gobiernos; en las cámaras; y en sus comités ejecutivos nacionales, directivos estatales y municipales.


Morris es quintaesencia del escarnio. Se burla de todo y de todos: de los candidatos, de los electores y de sí mismo. Si el mexicano –como paz nos lo hizo entender- se burla de la muerte, no podemos esperar que no ironice de sí mismo convertido en un gato.


¿Por qué un gato, cuando en la genialidad de Orwell los cerdos son los más inteligentes? ¿Por qué un gato y no –en todo caso- una gata, cuando en aquella granja, sólo ella se comparaba en inteligencia a los cerdos enseñoreados? No lo sabemos. Probablemente sus creadores nunca han pasado los ojos por “Rebelión en la granja” y lejos de ser un artificio cuidadosamente engendrado, sea un destello de afortunada espontaneidad.


“A Xalapa le conviene votar por otro animal” se deja leer en su publicidad de tira cómica. ” Ante la cantidad de ratas que acechan esos puestos sólo un gato podrá poner orden. El candigato no promete nada más que el resto de los candidatos: Descansar y retozar”, remata con mordaz ironía.


A fin de cuentas no pasará mucho. Xalapa, al igual que los restantes municipios en juego terminará siendo gobernado por un vicario de la partidocracia. Por ello podrá haber dos victorias solo aparentes:


1. La victoria para Morris, que será la derrota del PRI y consiguientemente no será victoria para él, sino para quien gane la presidencia.


2. La victoria para esa otra entelequia negada por Touraine y llamada “la sociedad” que, al margen de los resultados y de quien sea el nuevo presidente municipal, encontrará en los votos obtenidos por Morris, la cuantificación de su “romántica” aspiración a emanciparse de los políticos.


¿Cuántos votos tendrá Morris en las urnas? Es la gran interrogante y no lo sabremos hasta el fin de la jornada. Pero será, indiscutiblemente la elección con mayor porcentaje de votos nulos en la historia de los comicios para una presidencia municipal.


Xalapa debe ser punto de quiebre para que los vecinos pongan sus barbas a remojar. En México vivimos una crisis de legitimidad de la representación política. Los primeros en la historia fueron los llamados al abstencionismo, a no votar; vinieron después las campañas propagandísticas en pro del voto en blanco; hoy cruzamos otro umbral de la participación ciudadana que dará para los más diversos análisis.


Imaginemos que Morris “gane” las elecciones. Un felino blanquinegro habrá echado por tierra toda la filosofía política que sobre el gobierno representativo se ha escrito. La gente habrá suplantado al ser humano como contenido último del ideal de democracia electoral, transformándola en el reino de la ficción. Alguna vez “todos” fuimos Marcos, hoy todos “somos” Morris.

martes, 28 de mayo de 2013

TRES MINUTOS


Por algo le decían “El mago” (¿Acaso los magos no se adelantan a su época?)


Nacido en 1910, Helenio Herrera entregó al futbol un regalo como profecía; predestinado a abrirse una noche de domingo en el estadio Azteca: “Al futbol se juega mejor con 10 que con 11”. La profecía trajo el milagro.


Leí con placer en “la Ciudad Deportiva”, la columna de Miguel Ángel García compartida amablemente por mi amigo @manuelesesarte y leí también su anti columna escrita por Álvaro Cueva para Milenio. Ambas, siendo tan disímbolas, están llenas de razón porque son razones del corazón, súbditas del paroxismo.


El América es campeón por enésima vez. ¿Qué tiene de relevante? Todo. El futbol es la única religión que no tiene ateos y en ese politeísmo ha quedado clara la supremacía jerárquica. Dioses amados, dioses odiados y dioses tocados por la indiferencia; dioses globales y dioses locales.


El América es campeón y es además, a diferencia de otros ganadores de títulos, el mejor. Solo los mejores pueden alzarse con la victoria en esas circunstancias.


Todo parecía dispuesto para el triunfo del América hasta la expulsión. Nos habían robado el juego, no a los americanistas, a la afición. Se expulsa a un jugador al minuto 14 en cualquier partido y por cualquier causa, pero no en una final; mucho menos en una donde va de por medio el honor, el decoro, la dignidad de saberse ganador en igualdad de condiciones.


Desde aquel temprano momento perdió expectación y se antojaba ya predecible. El árbitro había decidido jugar. Muchos americanistas tuvieron incluso tiempo de la resignada aceptación. Pasaron de la incredulidad al espanto, al enojo y a la frustración. Se imagina uno un partido en inferioridad numérica los últimos 14 minutos, no los 14 primeros.


Noventa minutos fueron del verdugo, el que iba a nuestra casa a levantar un título históricamente negado, el que tenía ya listas las playeras de “campeón” y cuyos jugadores podíamos imaginar ya en los titulares de los diarios; el vengador de una numerosa legión de antiamericanistas listos para bailar sobre lo que quedara del América.


Tres minutos bastaron para dejarle al rival y a toda su afición una cicatriz de fuego; tres minutos reservó el tiempo, la vida, dios o el destino para entregar una suprema lección de humildad a los leñadores del árbol no caído.


“Perdedores”, decían unos; “¿Por qué tan callados?” preguntaban otros. Las crónica referían un estadio convertido en pandemónium con sobrecupo. Se percibía en el televisor aquello que hizo a Francoise Sagan escribir: “El fútbol me recuerda viejos e intensos amores, porque en ningún otro lugar como en el estadio se puede querer u odiar tanto a alguien”. El amor a los propios devenía en el odio a los ajenos. Álvaro Cueva reprueba argumentando que México no necesita más violencia, siendo el odio una manifestación de aquella. En la atmósfera de una final no hay lugar para las razones de la razón.


El odio es lícito, legítimo. Ese odio que circunscribe aquello que se atribuye a Arrigo Sacchi, lo mismo que a Juan Pablo II o a Jorge Valdano: “El futbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”; ese odio que al final del partido arroja saldo blanco.


Eso es el americanismo, la pasión militante de un orgullo transversal. Pasa por las clases sociales, por las profesiones, por las filiaciones políticas, por los sexos y hasta por las identidades culturales. La más grande profesión de fe en México de lo que Juan Villoro tomó por título para su libro: “Dios es redondo”


Tres minutos bastaron para entregar envueltos en frustración, motivos a millones; tres minutos en que cada grito, cada aplauso, cada suspiro, cada canto, cada chiflido, se traducía en un “ódiame más” que terminaba para comenzar de nuevo.


América no ganó el campeonato en penales, la ganó en esos tres minutos que no cambiaríamos por todas las horas del mejor futbol que pudiera ofrecernos a lo largo de su historia. Fueron 3 minutos de éxtasis, de frenesí, de paroxismo.


Tres minutos fuera del mundo, tres minutos que no debían terminar; tres minutos que nos hicieron conmovedoramente felices, tres minutos en que lo más importante de lo menos importante fue nuestro todo. Los tres minutos de Mosqueda y de mi tocayo Muñoz. ¿Quién dice que los milagros no existen? Existen y pueden durar tres minutos.


¿Qué busca un comprador de arte en una obra? Placer. Los americanistas, tuvimos frente a nuestros ojos, durante tres minutos, la intuición del más bello arte jamás contemplado.


Si no ¿Por qué las lágrimas? ¿Por qué los abrazos? ¿Por qué el estremecimiento y azoro? ¿Por qué el grito incontrolable? ¿Por qué la ida al “Ángel” o a “La fuente”?


Que Emilio Azcárraga se descamise ante millones de mexicanos. Es, probablemente, la única felicidad sincera que le permite todo su dinero y todo su poder. El futbol es de esas pocas pasiones legítimas.


Durante tres minutos no hubo nada más en nuestras vidas que no fuera americanismo, absolutamente nada…


El 29 de septiembre de 2008, Miguel Sabah, delantero del Cruz Azul, dijo en conferencia de prensa posterior a ese memorable encuentro contra el América: “Fuimos un desastre, no fuimos el equipo que veníamos siendo, nos asustamos y pasó lo que pasó". Y abundó “"No agarramos el balón, no hicimos el futbol que teníamos que hacer, no marcamos, no atacamos, ¿qué más se puede decir?"


¿Quién iba a decir que casi cinco años después esos tres minutos abrirían de nuevo la puerta a la profecía?


Así es el futbol “el deporte más hermoso del mundo” que convierte en regla inflexible aquello que magistralmente Eduardo Galeano sentenció: “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”.


AMÉRICA CAMPEÓN!!!


@MoisesMolina




sábado, 25 de mayo de 2013

“EL PRD DIRIME A BALAZOS CANDIDATURAS EN OAXACA”


“El PRD dirime a balazos candidaturas en Oaxaca” es la cabeza lapidaria que mi amigo Oscar Rodríguez eligió en su nota del pasado viernes para Milenio Diario. Sea cual fuere la razón, esa es la percepción de un comunicador que los editores de Milenio decidieron compartir con sus lectores.


A través de la cuenta de twitter @Spiaboc pude ver un breve video (https://www.youtube.com/embed/e08YKnM3KR4). En la era del homo videns, cualquier palabra sucumbe ante el poder de las imágenes.


Al margen de las motivaciones, nada justifica la violencia, mucho menos en la vida interna de los partidos políticos.

Pero esto sucede cuando las pasiones que despiertan los procesos de selección de candidatos no encuentran cauce dentro de los primeros obligados a privilegiar la política, que son los partidos.


¿No es la política, antítesis de la violencia? ¿No es la política, la invención (¿o descubrimiento?) de los seres humanos para dirimir conflictos? En las escuelas de ciencias sociales, principalmente de Ciencia Política, Derecho, Gobierno y Sociología se estudian hasta el cansancio los fundamentos de la política, ya no se diga como ciencia (como cuerpo de conocimientos) sino como actividad del ser humano.


Por citar una de cientos, Josep Vallés define a la política como “la práctica o actividad colectiva que los miembros de una comunidad llevan a cabo con la finalidad de regular conflictos entre grupos, que tiene como resultado la adopción de decisiones que obligan a los miembros de dicha comunidad”.


¿Qué pasó en el enclave perredista? Fue el epítome, el caso más reciente de lo que todos ya sabíamos: que los partidos políticos viven, en Oaxaca, una profunda crisis que tiene su origen en sus oligarquías; en esos pequeños grupos (cúpulas, si se les quiere llamar así) que secuestran las decisiones de su vida interna, en este caso, las decisiones de las candidaturas.


Se ha convertido en lugar común decir que el PRD es un partido faccioso, de tribus; que son unas cuantas familias las que lo controlan; que sus acuerdos se dan siempre a complacencia de unos cuantos.


Hasta ahora les había funcionado medianamente; pero con lo acontecido, parece que ya no.


A la visión comúnmente aceptada de la política, de la que Vallés forma parte, se opone en Oaxaca la del brillante y polémico Carl Schmitt, retomada y desarrollada por Julien Freund: “mientras haya política, esta dividirá a la colectividad en amigos y enemigos”.


Los enemigos de las tribus llegaron a reclamar lo que para ellos era una injusticia: la imposición de su candidato en Santa María Huatulco. Pasó lo que últimamente pasa en cualquier partido: la membresía reclama por medios cada vez más violentos lo que siente es su derecho al no encontrar los cauces institucionales adecuados para hacerlo.


La dinámica de nuestros partidos políticos revelan en Oaxaca el fracaso de la política y la muerte de la constitución en su letra.


EL artículo 41 constitucional dice que “los partidos políticos son entidades de interés público”, que “tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática” y que “como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de estos al ejercicio del poder público”.


EL PRD tiene, ante la opinión pública, el estigma de la violencia previo a los tiempos del obradorismo. Ayer solo lo convalidaron. Responsabilizar de los hechos, como pretendió uno de sus jerarcas, a personas ajenas al partido (“ex priistas” fue su expresión) es vano y burdo.


El video es elocuente y fueron los encargados de la “seguridad” del evento quienes dispararon sus armas. Evidentemente no tenían permiso para portarlas. Ello se puede saber porque abandonaron una en la jardinera, y a demás, porque los responsables huyeron para después ser capturados en una eficaz acción de la policía. Acreditado ha quedado también por comunicadores locales que algunos cuentan ya con antecedentes penales, uno de ellos, por homicidio. ¿Quién los contrató para hacerse cargo del cuidado del evento o quién les dio al momento tal encomienda? ¿No son necesarios perfiles y algún tipo de control por parte de las autoridades para el ejercicio de un trabajo como el de “Escoltas”, “guaruras” o como usted –amable lector- quiera llamarles?


Mientras tanto, José Juárez Chávez de 49 años de edad se reportaba, al momento de escribir estas líneas, grave en el hospital con dos impactos de bala, uno en la ceja derecha y otro en la izquierda; mientras Bertha González, de 43 años, presentaba lesión en el tobillo derecho; Víctor Mendoza Santiago, rozón de bala en la cara; Juan Carlos Sosa, rozón en el brazo izquierdo; y el camarógrafo del portal noticiasnet.mx, Iván Flores, con impactos de esquirla en la oreja izquierda.


Ellos darán, en su momento, la versión autorizada de los hechos.


¿Cuál es la lección? Mientras los partidos políticos no dejen de comportarse como facciones, ni sus dirigentes como dueños de una empresa, estas cosas seguirán pasando. Los dueños del partido, si es que han de tener alguno, son sus militantes que, por ahora, no encuentran alternativa para ser escuchados, diferente a la protesta violenta en sus diferentes grados.


El episodio de hace unas semanas en una convención municipal del PRI en Santa Lucía del Camino fue un aviso que, hoy vemos pasó desapercibido, para que las barbas de los vecinos fueran puestas a remojar. De ahí la necesidad de pensar seriamente, a riesgo de peores tragedias, en la profesionalización de las dirigencias de los partidos.


Los partidos necesitan como líderes, personas sensibles, conocedoras de la política como ciencia, conciliadoras y demócratas, no personeros con el único mérito del servilismo incondicional cuyos complejos hacen ver con fingido desprecio a quienes verdaderamente pueden hacer que la política sirva para lo que fue inventada.

viernes, 17 de mayo de 2013

CANDIDATOS PLURINOMINALES

Quien quiera conocer la verdadera cara de cualquier sistema de partidos, debe voltear la mirada al proceso de selección de sus candidatos a diputados plurinominales. Ahí está el secreto, en los detalles.


Los diputados de mayoría, esos que van a campaña, que dan la cara, que gastan su dinerito, que pierden o ganan en público, que caminan, que cosechan la aceptación o el rechazo; que se llevan a casa cada día de campaña las muestras de afecto, palabras de aliento o bien, los reclamos hasta el exceso de las mentadas de madre; o aquellos que son víctimas del repudio a su partido por excelentes candidatos que sean, son solo una máscara del sistema de partidos.


Los contenidos últimos de la ética política hay que buscarlos en los famosos pluris, esos que se sacan la lotería sin comprar boleto, cuyo trabajo de campaña una vez registrados ante el Consejo General del Instituto Electoral, bien puede ser solamente esperar; no en las personas, en los candidatos, pues; sino en los criterios que subyacen a la designación de tales o cuales nombres.


El de los candidatos plurinominales es, a todas luces un lugar de privilegio. Y no digo que esté mal. Cada quien puede juzgar libremente. Es un privilegio, escribo, que en el espíritu de la ley priista tiene razón de ser.


Me disculpo anticipadamente si abuso de su atención con esta transcripción, que muy pocos de ustedes –amables lectores- conocen. Corresponde precisamente a una de esas leyes priistas: los estatutos. Respecto de las candidaturas plurinominales son claros. Miren ustedes:

“Artículo 194. En los casos de candidatos a puestos de elección popular, por el principio de representación proporcional, el Comité Ejecutivo Nacional presentará a la Comisión Política Permanente la propuesta del listado de propietarios y suplentes para su respectiva sanción.
Al listado se acompañará el expediente de cada uno de los aspirantes para la valoración de los criterios establecidos en el artículo 195 de éstos Estatutos.


Artículo 195. La Comisión Política Permanente del Consejo Político Nacional, vigilará que en la integración de las listas plurinominales nacionales, se respeten los siguientes criterios:

I. Que los candidatos postulados por esta vía, prestigien al Partido;

II. Se valoren los servicios prestados al Partido en elecciones y en los procesos de organización de las mismas;

III. Se seleccionen perfiles profesionales para cubrir las necesidades del trabajo parlamentario, de comisiones y en el debate;

IV. Mantener los equilibrios regionales en función de los votos que se aportan al Partido, cuidando la representación de todas las entidades federativas, en las Cámaras; y

V. Se incluyan las diferentes expresiones del Partido y sus causas sociales.
Las Comisiones Políticas Permanentes en las entidades de la Federación, atenderán criterios análogos en la integración de las listas plurinominales locales”.


Las candidaturas plurinominales son privilegios, sí. Pero no cheques en blanco.


Corresponde al Comité Directivo Estatal ponerle nombre y apellido a los 17 espacios que en Oaxaca exige la ley, sí. Pero bajo reglas claras que hay que cumplir, además de las calidades que el artículo 66 de los mismos estatutos exigen en sus 15 fracciones (dos están derogadas y una aparece como bis).


El cumplimiento de las cinco fracciones arriba transcritas no es indistinto. Todo candidato registrado como plurinominal dígase propietario o suplente, debe cumplirlas todas, no una, ni dos, ni cuatro… todas.


¿Podemos considerar que cumplen los 17 propietarios y los 17 suplentes con lo exigido por los estatutos? No soy ya partidario de consignar nombres en esta columna. En la gran mayoría de los casos son mis amigos y la falta madurez hace que lo tomen personal. Si quieren nombres, revisen la cuenta de twitter de mi amiga @NADIASANABIA


De ustedes queda la tarea de revisar nombre por nombre


Lo que sí podemos hacer es, ahora que tengo frente a mí la controvertida lista, un ejercicio de –si me permiten la expresión- taxonomía. Independientemente de sus nombres y de si cumplen con el artículo transcrito ¿a quienes tenemos en la lista de mi partido, el PRI?


Están los gandallas que se autopropusieron, los que fueron jueces y parte; están quienes incapaces de forjarse un nombre, entraron de la mano de su sombra; están los que ya tienen un nombre, pero que no hubieran entrado de no haber sido pos un gran benefactor; están los que describió Enrique Bunbury en esa estupenda canción cuando dice “que más vale suerte que talento”; están los que se sienten con merecimientos y tal vez los tengan; están los que no sé por qué carajos siguen estando ahí; y la gran mayoría del número 9 hacia el 17 y casi la totalidad de los suplentes que se sienten cándidamente satisfechos y hasta felices de que nuestro partido los haya tomado en cuenta o que lastimosamente y en una clara falta de respeto recibieron de última hora la llamada para completar el expediente por que faltaba por cumplir la cuota de mujeres y de jóvenes.


¿Quién aprueba finalmente estas designaciones? El Comité Directivo Estatal solo propone. Las valida uno de esos órganos partidarios metafísicos, que existe pero nadie lo ve: la Comisión Política Permanente. ¿Ustedes saben cuántos ni quiénes la integran? ¿Cómo, cuándo y dónde fue integrada? Es una asignatura pendiente de democracia interna y de transparencia en la que se debe fijar la atención. No es cosa menor.


De los demás partidos, ¿qué podemos esperar? Ya mi amiga Rosy Ramales dio cuenta de cómo están las cosas en el PRD, donde, según lo visto, los procesos son más opacos y discrecionales. Facciosos, creo que es la palabra correcta. Y en el PAN solo se administra la escuálida caballada. MC, PUP, Nueva Alianza, PSD ¿se los dejo a ustedes?


Concluyo. ¿De qué depende que los candidatos plurinominales sean diputados? Va en función de una complicada fórmula matemática de proporcionalidad pura que involucra distintas variables, que tienen como centro los votos de los electores. Pero en términos llanos puedo decirles que estos candidatos pluris necesitan muchos votos a diputados locales para el PRI en el estado, no importando en qué distritos los obtengan; y necesitan además que se pierdan distritos de mayoría. Entre más votos tenga el PRI en el Estado y más candidatos de mayoría pierdan, más diputados plurinominales tendrá el PRI. Por ello es decisión de ustedes creer en el deseo sincero de aquello que los jerarcas del PRI dijeron en el registro, diez minutos antes de la media noche, ayer jueves 16 de mayo: que el PRI ganará carro completo.


La ley de nuestro sistema de partidos es de hierro, es la ley de las élites, de oligarquías. Si evocan ustedes a Robert Michels, a Vilfredo Pareto, a Gaetano Mosca o a Wright Mills está bien. Ellos describieron hace muchos años lo que en Oaxaca apenas estamos viviendo en su apogeo. Si es grave, ustedes me dirán, lo cierto es que los ciudadanos hacemos muy poco por cambiarlo y en lugar de inundar la vida interna de los partidos políticos, nos alejamos de ellos y nos contentamos con repudiarlos sin, siquiera, generar opinión transformadora al respecto.


La lógica de nuestras élites es ganar. Lo he escrito en otras ocasiones y aquí lo reitero. Nuestras élites ganan, incluso perdiendo; y no se diga a costa de los demás, en este caso, a costa de varios candidatos de mayoría que mandaron –salvo la mejor opinión de ustedes-, sin escrúpulo, al matadero.





sábado, 11 de mayo de 2013

NO HAY SUJETO SI NO ES REBELDE. (Entre la cólera y la esperanza)


He tratado de juzgar, con la mayor objetividad posible, el video que amablemente me “posteó” Gustavo Rivas en mi muro de facebook, pero he de reconocer, “objetivamente”, que toda objetividad se viene abajo cuando en este tipo de actos está involucrado el Gobierno a través de cualquiera de sus agentes.


Pudiendo escribir la narración pormenorizada del video que ha potenciado la indignación ciudadana, lo resumo en lo siguiente: dos inspectores municipales, haciendo mal su trabajo.


Es condenable la forma tan desaseada en que los dos representantes del municipio de Oaxaca de Juárez levantan un puesto callejero de – al parecer- tacos y fritangas; comienza a ser grave cuando se ve que las encargadas del pequeño negocio son dos humildes mujeres; y se convierte en indignante cuando, en las tomas, aparecen los tacos y la salsa esparcidos por el suelo y una de las mujeres desesperadas, tomando como “arma” uno de los dispensadores de salsa para “atacar” a uno de los inspectores. Es la lucha del ciudadano de a pié contra su gobierno, contra el más próximo que es el municipal. La mujer no siente ira, más bien impotencia. No quiere lastimar al representante de la autoridad. No le avienta el bote. Es altamente significativo que solo lo oprime para vaciar el espeso contenido sobre el cuerpo del inspector al pie de la camioneta a la cual su compañero subía la pequeña mesa a que se reducía el puesto. Incluso jurídicamente la acción de la dama tiene una significación diferente y peculiar.


Para fortuna de las dos mujeres de cuyo lado, visiblemente, se ha puesto la sociedad, el puesto se ubicaba frente al Diario “Noticias” sobre la calle de Los Libres y fue esta la causa de que el suceso se haya convertido en noticia y haya circulado con virulencia por las redes sociales. Fijó agenda por unas horas.


Ante la incontestabilidad de las imágenes, la narración de la reportera y la realidad del trato selectivo al comercio informal por parte del ayuntamiento capitalino, poco se puede argumentar a favor de quienes probablemente solo hacían su trabajo aunque, reitero, trabajo muy mal hecho.


¿Cómo poder argumentar que los inspectores sólo cumplían con su deber cuando recientemente Don Narciso Reyes nos dio cuenta de la estrategia que, desde la Dirección de Ordenamiento Comercial del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, se orquesta u orquestaba? La estrategia consiste en pedirles a comerciantes ambulantes privilegiados por su pertenencia a ciertas organizaciones “sociales”, coloquen una lona verde como distinción para que al momento de los operativos, no se les moleste.


¿Cómo no indignarse ante la realidad que la reportera narra del robo del dinero a las vendedoras cuya sencillez en el vestir y el hablar es evidente? Me entero que mi amigo Pável López, hoy Diputado Local, las llevó a iniciar procedimiento ante la Defensoría estatal de los Derechos Humanos y que una recomendación a Luis Ugartechea está en proceso. Debe tener consecuencias, aunque las decisiones de dicho órgano no tengan carácter vinculante y sean simples “recomendaciones”. Al decir que se violaron los derechos humanos de las dos mujeres, en el fondo estamos diciendo, lo que en el video se aprecia: se violó su dignidad de seres humanos


¿Qué se hará? ¿Le otorgarán permiso para vender a las hoy célebres propietarias del puesto en un nuevo gesto de privilegio ante la explosiva publicidad del suceso? ¿Despedirán a los inspectores? ¿Conservarán su empleo en el municipio pero ya sin ser inspectores? ¿Habrá un pronunciamiento público grandilocuente por parte del Presidente Municipal o algún funcionario menor aislando el caso y refiriéndose a una política pública para todos los comerciantes que se encuentren en esta situación, que son cientos?


Imposible complacer a todos quienes tienen una opinión respecto a esto. Pero ante la incapacidad o falta de voluntad evidente del ayuntamiento por cumplir simple y llanamente la ley, el asunto –como ejemplos sobran- terminará por ahogarse en el olvido en unos días.


Mientras, los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, brindaron una nueva salida al descontento ciudadano ya casi connatural con su autoridad. Difícilmente puede ser de otro modo en la “modernidad”. La protesta social no es tanto a favor –sin que deje de serlo- de las vendedoras, como en contra de la autoridad, del poder. “No hay sujeto si no es rebelde, dividido entre la cólera y la esperanza” escribe elocuentemente Alain Touraine, y amplía con rigor científico sobre el tema:


“Actualmente nuestra moral es cada vez menos social. Recela cada vez más de las leyes de la sociedad, de los discursos del poder… Esta imagen del individuo se nos presenta de manera creciente como la de un ser humano que se afirma como un ser de derechos, derecho, ante todo, de ser un individuo … ser humano dotado de sus derechos cívicos, de sus derechos sociales…” (Un nuevo paradigma para entender el mundo de hoy. Ed. Paidos. Pp. 129 , 134)


No sé, si a la hora de redactar estas líneas, las vendedoras regresaron a su puesto en la calle de “Los Libres”, ni si los inspectores han sido cesados. Ambos son, sin embargo, lo menos importante de nuestro real problema: la ausencia de vocación de servicio en la mayoría de nuestros empleados gubernamentales. Las autoridades de primer orden no solo se han alejado de los gobernados, la distancia alcanzó también a los empleados operativos que no trabajan para un gobierno como elemento del Estado con su teleología. No trabajan para conseguir un fin que la Teoría del Estad llama “Bien Público Temporal”, trabajan para ellos mismos, a su criterio, a su saber y entender. Algunos entienden de normas, de procedimientos, pero nadie les infunde conciencia de la regla más importante: los gobernados no somos siervos , ni los gobernantes señores feudales.

lunes, 6 de mayo de 2013

“YOU ARE THE DREAM… YOU ARE THE DREAM”

Era común en los concursos de oratoria –seguramente lo sigue siendo- la (mucha veces) desleal práctica de memorizar extensas citas prosadas o fragmentos de poesías para ganarle mañosamente la batalla al tiempo. Cuando el orador no era capaz de ocupar la integridad del tiempo requerido con su puntual conocimiento del tema, echaba mano, muchas veces por orden directa de su “asesor”, de estos “mosaicos”, a veces, indiscriminadamente de suerte que al final, los discursos resultaban un “medley” de recitaciones.


Uno de los “mosaicos” favoritos de muchos de mis contemporáneos y de más antes era el siguiente:


“Eras tú, y a tus pies cayendo al verte:
—Padre, te murmuré, quiero ser fuerte:
dame tu fe, tu obstinación extraña;
quiero ser como tú, firme y sereno;
quiero ser como tú, paciente y bueno;
quiero ser como tú, nieve y montaña.
Soy una chispa; ¡enséñame a ser lumbre!
Soy un gujarro; ¡enséñame a ser cumbre!
Soy una linfa: ¡enséñame a ser río!
Soy un harapo: ¡enséñame a ser gala!
Soy una pluma: ¡enséñame a ser ala,
y que Dios te bendiga, padre mío!”


Correspondía a un texto de Amado Nervo pronunciado en la Cámara de Diputados el 19 de julio de 1902, en el marco, desde luego, del aniversario luctuoso de Benito Juárez. Por su sonoridad y grandilocuencia, con este “mosaico”, decenas de oradores cerraban sus discursos, indistintamente del tema a improvisar.


La pieza se llama “La Raza de Bronce” la misma que aludió el Presidente Obama en su discurso, cuando dijo a la juventud de Méxco el pasado 3 de mayo en el Museo Nacional de Antropología e Historia, “Tú eres el sueño, tú eres el sueño”.


¿Por cuántas manos o mejor dicho cuántas mentes tuvo que pasar ese discurso de Obama? Fue sin duda el más cuidado de su gira, el más pulcro, el más “trabajado”. Es una pieza de antología, donde cada párrafo da para un análisis completo.


¿Por qué quiso Obama hablar a la juventud? Habló sólo ante unos cientos de jóvenes mexicanos ahí reunidos, pero el mensaje iba para todos los jóvenes del país, al menos para la totalidad de la clase media. Como en su pasada visita a Israel, desdeñó a la clase política y puso en su lugar a la juventud para entregar su mensaje. Elocuente gesto que no admite muchas interpretaciones. La semilla de la esperanza de la que es portador, como jefe de la nación aún más poderosa del mundo, no puede encontrar terreno más fértil.


Obama deja en claro que le preocupa y ocupa la imagen de los Estados Unidos en el exterior. En el mundo actual en que –a decir de Alain Touraine- “el lenguaje de la economía, es sustituido por el lenguaje de la guerra” esa nación es el centro. En es choque de civilizaciones preconizado por Huntington, “América”, como le llaman sus moradores, se erige en paladín del bien, contra el mundo islámico.


El discurso de Obama fue como tenía que ser ante los jóvenes; con una buena dosis de seducción. México tiene una composición social semejante a la que hizo posible el triunfo del liberalismo de Juárez, Ramírez, Prieto, Ocampo y aquella pléyade; y las clases medias ilustradas se dejaron seducir hoy por un discurso que ninguno de sus políticos locales se ha atrevido a desplegar; un discurso que no se entrega a la retórica, pero tampoco –como desde hace tiempo tenemos por costumbre en México- se desdeña.


Su mensaje lo dejó a los jóvenes para que lo oyera la clase política. No fue una inocente reunión de unos cuantos jóvenes aborregados para escuchar a Obama. Hay mucho más que eso de fondo. Los jóvenes son presente. Ese fue el mensaje principal de Obama, de no serlo así ¿Para qué buscar hablarles… convencerles?


Habló con pertinencia de “la modernidad” y ¿cómo no convencer de su tesis si invoca a uno de nuestros grandes?
Parafraseó a Octavio Paz para decir que la modernidad no está fuera, sino dentro de nosotros; que “Es hoy y es la antigüedad más antigua, es mañana y es el comienzo del mundo, tiene mil años y acaba de nacer.”.


Algunas encuestas circularon antes de su llegada. Los mexicanos, según las publicaciones, no tenemos, en términos generales, una opinión desfavorable de EUA ni de su presidente. Después de ese discurso, aunque hayan sido solo palabras, esta tendencia se refuerza y las simpatía por Obama crecen.


Antes que en México, en Estados Unidos, saben que el futuro inmediato de nuestro país está en la clase media y que la movilidad social hace posible que cada vez más jóvenes se incorporen a esta.

Tal vez, a raíz de esto, tengamos a partir de ahora, al Presdente Peña Nieto, buscando encuentros más frecuentes con los jóvenes de México; con quienes lo vemos ya como un aliado y líder indiscutible y con quienes se empeñan en negarle su reconocimiento como el principal líder político para la transformación de México.

viernes, 26 de abril de 2013

PACTO POR OAXACA


El 25 de abril Guadalupe Loaeza escribió desde su cuenta de twitter: “Hace unas horas llegue a París, la ciudad mas bella del mundo después de Oaxaca”. Al margen de los méritos que muchos le niegan como escritora, Doña Guadalupe es innegablemente una celebridad y un referente de nuestras letras, al menos, en un focalizado círculo de lectores.


Suponiendo sin conceder que no conozca el oficio de escribir, sí conoce el ministerio de viajar. Siempre viajera –que no turista- Loaeza es autoridad en este tipo de opiniones.
Y es que Oaxaca tiene magia. Esa suerte de encanto que hace posible algo tan difícil como que sus moradores de toda la vida, reconozcamos cotidianamente su belleza y excepcionalidad. Pocos gentilicios como el de “Oaxaqueño” mueven a tanto orgullo cuando de invocar arte, cultura, tradiciones e historia se trata.


Los capitalinos somos poseedores de un doble orgullo. Nos enorgullece nuestro estado y ese afán se particulariza cuando pensamos en nuestra ciudad. 481 años, cumplidos el 25 de abril, encierran más que una sucesión de acontecimientos; hablan de su grandeza.


Más allá de la obligada y desgastada jerga de políticos nitos y avecindados, el orgullo oaxaqueño existe al exceso de justificar etnocentrismo. Oaxaca, a diferencia de otras ciudades, existe en el mapa del mundo; es socorrida año con año por visitantes ávidos de experiencias que no brindan las atmósferas de otras latitudes. El turista viene a Oaxaca a buscar encanto, magia, hechizo y regresa a casa satisfecho en la mayoría de los casos.


Parecieran no importar las desgracias, las desdichas, los atropellos, las ofensas, los agravios, ni las heridas sistemáticamente infringidas por gobernantes y ciudadanos; por individuos y organizaciones sociales. No importa que se la vea convertida en campo de batalla o en hoguera interminable; ni que se revele rehén de intereses egoístas que, más allá de su imagen o su economía, deterioran temporalmente su nombre. Oaxaca renace, se rehace, triunfa de nosotros mismos, de sus huéspedes: los primeros obligados a cuidarla y honrarla.


Por momentos convertida en la ciudad de la furia, en campamento “revolucionario”, en sitio de guerra o en una babel donde no nos entendemos; en galería de graffiti o “marchódromo”, siempre noble, siempre estoica, nos regala una lección, siempre la misma aún no comprendida por la mayoría de reincidentes.


Oaxaca es más grande que nosotros, que sus ciudadanos, que sus sectores económicos, y por supuesto, que sus gobernantes.


Oaxaca es más que un pastel a repartir en rebanadas de cabildo y mucho más que números en una lista que alguien dio en llamar “nominal”. El pulpo camionero, el ambulantaje, la privatización de facto de parques y jardines, las vialidades heridas, el crecimiento desordenado, la falta de servicios, los cholos y las pandillas sí importan, pero no importan.


Los oaxaqueños en nuestra intimidad estamos orgullosos de serlo y no perdemos ocasión de presumirlo ante los extraños.


Oaxaca seduce, llena el ojo y también el oído, el gusto y el olfato. Es una tersa flor de suave aroma, rebanada de júbilo, estampa sin edad ¿Qué hemos hecho sus hijos para merecerla así? Una pregunta en cuya respuesta, probablemente duerma un buen regalo.

Esa y ninguna otra motivación,sería la base de un buen pacto por Oaxaca

Felicidades Oaxaca…


moisesmolinar@hotmail.com