domingo, 16 de febrero de 2014
EL AMOR …
Pasó el 14 de febrero. Se fue de largo. Como cada año desde hace no sé cuánto, se cumplieron las fórmulas casi mágicas de la radio, la TV y ahora de las redes sociales. Algunos incluso buscaron, con urgencia, un pretexto para amar: él o ella; esto o aquello.
Si el 14 de febrero fuera solo el día del amor, no movería a tanta sospecha, con todo y lo complicado que resulta definir el amor y aplicar la definición a casos concretos. Pero para no dejar fuera de la celebración a nadie, es también el día de la amistad. La intromisión de la palabra amistad en la celebración, confunde más a los incautos y potencia el riesgo de la malinformación.
Regalamos, nos regalaron. Acompañamos, nos acompañaron. Cantamos, nos cantaron. Tomamos de las manos, nos tomaron de las manos. Besos, abrazos, paseos … hasta el congestionamiento de todos los moteles tuvo su significado. Celebramos lo que cada quien entiende por amor o por amistad y pagamos una especie de penitencia que nos da derecho a seguir siendo humanos el resto del año. Cumplimos con el ritual de la carta, la rosa, la canción, la visita o el paseo. Somos seres humanos completos. Podemos morir en paz cualquier día del resto de los 364 días.
El gran problema es que seguimos siendo profundamente egoístas y hedonistas. Honramos públicamente al amor privado y lo honramos buscando placer en el consumo. Y no es que esté mal, el asunto es que en ello se agota la significación de la fecha.
Los clásicos advertían ya tres significaciones del amor: como eros, ligado a la sexualidad; como filia, basado en la correspondencia; y como agápe, traducido en solidaridad. Este último es el amor propiamente dicho que muy poco o nada tiene que ver con lo que ayer festejamos.
¿Qué hay entonces del ágape? ¿Qué hay del amor que no es hacia la pareja, hacia la madre, hacia los hijos, hacia los amigos, hacia la mascota propia? ¿Qué hay del amor al “otro”, al de enfrente, al de al lado, al que está a cientos de kilómetros, al que quizás nunca lleguemos a conocer pero existe? En el fondo de esta interrogante subyace el origen de nuestras desgracias públicas, la explicación al actuar de muchos seres humanos públicos como políticos y de muchos ciudadanos.
Hace no mucho escribí respecto del desprecio (La X en la Frente. Febrero 1. http://moisesmolina.org/?p=219 ). Hay desprecio en política, porque no hay amor y sí algo muy parecido a su contrario: el odio.
¿Le ha pasado –amable lector- que no habla con sus vecinos y hasta les envidia o le envidian a usted un poco? ¿Ha padecido usted o ha hecho padecer a alguien las intrigas en su centro de trabajo, las malinformaciones con los jefes o los chismes? ¿Le ha pasado que termina por darse cuenta que quienes más se dicen sus amigos son quienes más le quieren perjudicar o que usted se ha buscado una razón a la medida para abrazar a su amigo con un cuchillo en la mano? ¿Le ha pasado que usted quiere incursionar en política y jura jamás volverlo a hacer por las “naturales” resistencias a que alguien más participe de ese complicado juego; o que ha tenido usted que empezar a grillar para “combatir el mal” con más mal? ¿Le ha sucedido que cuando usted merece un ascenso en su trabajo, promueven a alguien más con menos mérito y usted se encoleriza y le desea el mal?
Todo es parte de una enfermedad menospreciada y más extendida de lo que usted imagina. Es una enfermedad que tiene que ver con las emociones, con la mente, con el espíritu.
Leía un artículo de Enrique Dussel de 2012 y llamaba la atención sobre la mala y falsa traducción de la regla de oro “ama a tu prójimo como a ti mismo”. “Ama al otro porque es el ti mismo” es la correcta traducción del hebreo, explica.
Podríamos empezar a divagar en torno a la otredad de Machado, pero no es el fin, ni el espacio. Baste con apuntar que esta gran enfermedad del espíritu nos imposibilita amarnos a nosotros mismos. Consecuentemente no podemos amar a los demás. No podemos ver al otro como nosotros mismos, porque ni siquiera lo vernos como hermano.
Asumimos la vida como un juego, una especie de triatlón o pentatlón donde hay que competir y ganar en varias disciplinas: familia, política, escuela, trabajo, empresa, cultura, etc. En nuestros roles sociales, hoy más que nunca, el amor parece estar peleado con el éxito. “El que no tranza no avanza”, popularizó una película de nuestro “gran y nuevo” cine mexicano.
Un viejo amigo en aquellos años de la primera universidad se rehusó una mañana a desayunar con nosotros. Dijo que antes de comer tenía que grillar. No sé hasta qué punto haya sido cierto, pero el mensaje quedó más que claro.
La cosa pública nunca dejará de estar en manos de los políticos. No es factible que los políticos dejen de serlo o que la política desaparezca. Es más sensato que los ciudadanos se hagan políticos … y cuanto antes. Pero antes de ello, los ciudadanos deben recuperar la posibilidad de amar más allá de lo que han sido los 14 de febrero. Aprendiendo a amar al otro estaremos sembrando la semilla de un futuro deseable para la nuestras ciudades y nuestros países.
¿Se acuerdan de la República Amorosa? La idea y la intención estaba perfecta! Su único defecto era muy grande y era su portavoz. No lo estoy juzgando. Está a la vista que ya había perdido lo más valioso que puede tener un político que es la credibilidad. La idea en sí era estupenda. Este país necesita amor y no será suficiente el que pueda dar una sola persona; debíamos empezar a ejercitarlo todos.
lunes, 10 de febrero de 2014
CUANDO LOS VICIOS SON UNA VIRTUD
¿Será que algún día en Oaxaca la política volverá a ser lo que algún día fue? ¿O es que la práctica política siempre ha sido lo mismo en Oaxaca? ¿Cambian solo los actores, pero permanecen las mismas escenografías, los mismos guiones, los mismos argumentos y hasta los mismos parlamentos de un teatro sórdido?
La corrupción (de corromper) parece estar en el fondo de todo cuanto tiene que ver con la política en nuestro estado y sus municipios. Para triunfar, para prevalecer, pareciera que hay que corromper y corromperse. En la política ya no es menester el talento, ya no son necesarias cualidades, formación, perfil. Cualquiera puede ser un político y hasta un “gran político”. El dinero lo hace posible.
Imagino un tiempo en que hubo poder sin dinero de por medio; un tiempo en que las cualidades personales marcaban diferencia; un tiempo en que la palabra “mérito”, pesaba. Hoy, lastimosamente, el poder dentro del sistema político, deriva del dinero. Merced a él un político detestable se convierte en un gran político; le hace aparecer virtuoso al grado de convertir sus vicios y defectos, en virtudes.
Hoy, en política, estorban la honradez, la generosidad, la bonhomía, la decencia, el decoro, la dignidad, el respeto, las buenas intenciones, la confianza y la humildad. Para quien tiene dinero y poder para “seducir” a quien se ponga en frente, la admiración y –por increíble que parezca- el respeto, están garantizados. La mentira, la ira, la envidia, la avaricia, la soberbia y la egolatría son virtudes a destacar y están permitidos el menosprecio y la venganza. Al que más engaña cierta prensa le llama el más hábil y para esa misma prensa, el timado, merecido tiene el engaño.
No importa trascender, el juicio de la historia es algo para lo que no hay cubiertos, palabras como “memoria” son igual de menospreciadas que aquellas que nombran a los valores humanos. Todo es inmediatez … enriquecerse lo antes posible para resolver la vida y poder mandar al carajo todo y a todos.
Pero una vez que se enriquecen, quieren más. Enfermaron de poder y están dispuestos a todo por seguir gozando de sus embriagantes mieles.
Lo más triste sucede cuando no se tiene con qué comprar conciencias en el mercado de las opiniones. Tras un “no importa el qué digan”, “la gente no me da de comer”, “la gente habla porque tiene boca”, “bien o mal, pero que hablen”, subyace una autoimpuesta insensibilidad que, como último recurso, hay que inocular a la familia y a los seres queridos.
Habrá casos de personas honorables que, dentro de la política, son injustamente juzgadas; son difamadas, calumniadas. ¿Y las que son juzgadas con toda justicia? ¿Y las que en algún punto del camino dejaron de hacer lo correcto y se corrompieron? ¿Quiénes flaquearon la dignidad, el decoro y el respeto por sí mismas y se convirtieron en mercancías parlantes que simulan tener valores e ideales? ¿Valdrá la pena, todo el dinero y todo el poder, la tristeza de verse algún día al final del camino en una pesadilla de espejos rotos?
Necesitamos una generación de políticos y hay que empezar por una nueva generación de seres humanos que se reconozcan en cada madre y padre amoroso, comprometidos con la cosa pública. En las manos de usted –amable lector- en la educación que dé a sus hijos o a sus alumnos, yace la esperanza de que una pequeña parte del mundo llamada Oaxaca, sea mejor.
Oaxaca merece mujeres y hombres que se respeten a sí mismos para poder respetar a los demás; que entiendan y sientan nociones básicas como dignidad, honradez, solidaridad, humildad, respeto, amor; que no tengan la triste necesidad de venderse a sí mismos a cambio de un poco de poder y un poco de dinero.
sábado, 1 de febrero de 2014
LA ESPIRAL DEL DESPRECIO
Ahora que hemos estado recorriendo el estado, comenzando por las colonias de su ciudad capital, atestiguamos la gravedad del problema que tiene Oaxaca.
Oaxaca requiere un cambio agravado, es decir, con urgencia. La última visita al estado la di siendo funcionario público antes de terminar 2010 y veo con tristeza que muy pocas cosas han cambiado en los municipios que he visitado últimamente. Si ha habido cambios, no han sido del impacto que un estado como Oaxaca merece.
¿Cuáles son los motivos? No quiero prejuzgar, pero es innegable que tienen que ver con los dineros: o no llegan, o son muy pocos; o simple y sencillamente se los roban.
Pareciera que Oaxaca poco a poco se insensibiliza, le han inoculado ese poderoso anestésico contra la capacidad de indignarse. Aterrado, me encuentro con gente para quien una licencia a la ética pública es normal y hasta justificable. Es válido robar, a condición de que no sea mucho, o peor aún, a condición de que “salpiquen”; “que robe pero que trabaje” dicen otros.
¿En qué clase de demonios se están convirtiendo los ciudadanos? En los demonios de un apocalipsis cívico. Hemos dejado pasar desapercibida en nuestros análisis una rara y perniciosa clase de ciudadanos en expansión: aquella a la que pertenecen quienes participan en política, votan y hasta se afilian a y milita en un partido político, sin tener conciencia política, ni siquiera conciencia cívica. O la de aquel que, sin estar afiliado a partido político alguno, espera recibir y hasta exige de varios de ellos y de sus actores, apoyo incontestable para fines personales.
Si está bien o está mal, no voy a juzgarlo yo. Me limito a exponer que es un reflejo de la descomposición; una manifestación de la espiral del desprecio. El desprecio que los políticos electoreros han desarrollado por sus “víctimas” se prolonga en más desprecio de sus víctimas convertidas en victimarios. El político desprecia a su elector y el elector desprecia a sus políticos.
La política – y seguramente coincide conmigo, amable lector- es de los vocablos con mayor número de acepciones, pero si lográramos conjuntar en un solo volumen la totalidad de ellas, ninguna correspondería a lo que la clase política hace en Oaxaca.
Normalmente en una polémica, en un debate, en un desencuentro entre dos partes, una tiene la razón. Oaxaca pareciera el único lugar en el mundo donde todo mundo toma partido de un debate donde ninguna de las partes parece tener razón. Si no, hay que ver lo que acaba de pasar en el congreso a propósito de los nuevos nombramientos; o en la calle entre la CNP y la CTM.
¿Cómo pretender tomar partido por alguien cuando hay un muerto de por medio? ¿Por qué luchaba ésa persona cuando aún vivía? En un estado de normalidad nadie tendría que morir por un contrato de trabajo. Nuestros sindicatos cada vez más se parecen a pandillas de la mara salvatrucha. Solo nos falta verlos con su emblema tatuado en el rostro. ¿Y saben qué es lo peor? Que sin tener razón, tienen razones de sobra.
En el congreso, al final, no tuvo razón ni quien impuso los nombramientos, ni quienes se opusieron a ellos. ¿Cuál fue visiblemente el motivo de la “crisis” parlamentaria? ¿Los perfiles que solo conocemos quienes les hemos tratado? No.
¿El procedimiento? Por favor! El motivo fue el dinero. Al menos así lo posicionaron los medios. El congreso se ha convertido desde hace mucho tiempo en una pista de baile para los portafolios y las mochilas de dinero. Y el hambre de la bestia nunca decrece. Pareciera que es progresiva.
¿En las colonias y los barrios, que pasa? Ese desprecio se vivifica. Nuestra gente ya aprendió. Ahora ya no solo recibe lo que le den; ahora busca a todos y les pide. La función del líder de la colonia ya no es de mediador en el intercambio de apoyos por votos; ya es un mediador en el trueque de apoyos por (en muchas de las veces) nada. Y por ello serán más, a partir de ahora, los políticos que ya no den nada o busquen dar lo menos posible. “Ya estuvo de que nos vean la cara” reclamarán indignados. Y se seguirán buscando más formas de perpetuar estas relaciones basadas en el engaño.
¿En qué momento llegamos a poner como base de la actividad más noble que pueda existir, el engaño y el desprecio? Dígame –amable lector- qué tan mal estamos.
No nos queda, sin embargo, a los pocos que nos queden ganas (y muchas ganas), más que hacer lo correcto. Despertar cada día con la intención de que las cosas cambien, con la visión de que todo puede ser diferente, con el entusiasmo de ver al prójimo como algo más que una boleta electoral con cuerpo o un signo de pesos con cabeza. Si las cosas no cambian, no importa; de cualquier forma habremos ganado. Sentiremos la satisfacción personal de marcar la diferencia, esa satisfacción que no se compra con todo el dinero del mundo.
*Delegado Nacional del Partido Verde ecologista de México en el Estado de Oaxaca
Oaxaca requiere un cambio agravado, es decir, con urgencia. La última visita al estado la di siendo funcionario público antes de terminar 2010 y veo con tristeza que muy pocas cosas han cambiado en los municipios que he visitado últimamente. Si ha habido cambios, no han sido del impacto que un estado como Oaxaca merece.
¿Cuáles son los motivos? No quiero prejuzgar, pero es innegable que tienen que ver con los dineros: o no llegan, o son muy pocos; o simple y sencillamente se los roban.
Pareciera que Oaxaca poco a poco se insensibiliza, le han inoculado ese poderoso anestésico contra la capacidad de indignarse. Aterrado, me encuentro con gente para quien una licencia a la ética pública es normal y hasta justificable. Es válido robar, a condición de que no sea mucho, o peor aún, a condición de que “salpiquen”; “que robe pero que trabaje” dicen otros.
¿En qué clase de demonios se están convirtiendo los ciudadanos? En los demonios de un apocalipsis cívico. Hemos dejado pasar desapercibida en nuestros análisis una rara y perniciosa clase de ciudadanos en expansión: aquella a la que pertenecen quienes participan en política, votan y hasta se afilian a y milita en un partido político, sin tener conciencia política, ni siquiera conciencia cívica. O la de aquel que, sin estar afiliado a partido político alguno, espera recibir y hasta exige de varios de ellos y de sus actores, apoyo incontestable para fines personales.
Si está bien o está mal, no voy a juzgarlo yo. Me limito a exponer que es un reflejo de la descomposición; una manifestación de la espiral del desprecio. El desprecio que los políticos electoreros han desarrollado por sus “víctimas” se prolonga en más desprecio de sus víctimas convertidas en victimarios. El político desprecia a su elector y el elector desprecia a sus políticos.
La política – y seguramente coincide conmigo, amable lector- es de los vocablos con mayor número de acepciones, pero si lográramos conjuntar en un solo volumen la totalidad de ellas, ninguna correspondería a lo que la clase política hace en Oaxaca.
Normalmente en una polémica, en un debate, en un desencuentro entre dos partes, una tiene la razón. Oaxaca pareciera el único lugar en el mundo donde todo mundo toma partido de un debate donde ninguna de las partes parece tener razón. Si no, hay que ver lo que acaba de pasar en el congreso a propósito de los nuevos nombramientos; o en la calle entre la CNP y la CTM.
¿Cómo pretender tomar partido por alguien cuando hay un muerto de por medio? ¿Por qué luchaba ésa persona cuando aún vivía? En un estado de normalidad nadie tendría que morir por un contrato de trabajo. Nuestros sindicatos cada vez más se parecen a pandillas de la mara salvatrucha. Solo nos falta verlos con su emblema tatuado en el rostro. ¿Y saben qué es lo peor? Que sin tener razón, tienen razones de sobra.
En el congreso, al final, no tuvo razón ni quien impuso los nombramientos, ni quienes se opusieron a ellos. ¿Cuál fue visiblemente el motivo de la “crisis” parlamentaria? ¿Los perfiles que solo conocemos quienes les hemos tratado? No.
¿El procedimiento? Por favor! El motivo fue el dinero. Al menos así lo posicionaron los medios. El congreso se ha convertido desde hace mucho tiempo en una pista de baile para los portafolios y las mochilas de dinero. Y el hambre de la bestia nunca decrece. Pareciera que es progresiva.
¿En las colonias y los barrios, que pasa? Ese desprecio se vivifica. Nuestra gente ya aprendió. Ahora ya no solo recibe lo que le den; ahora busca a todos y les pide. La función del líder de la colonia ya no es de mediador en el intercambio de apoyos por votos; ya es un mediador en el trueque de apoyos por (en muchas de las veces) nada. Y por ello serán más, a partir de ahora, los políticos que ya no den nada o busquen dar lo menos posible. “Ya estuvo de que nos vean la cara” reclamarán indignados. Y se seguirán buscando más formas de perpetuar estas relaciones basadas en el engaño.
¿En qué momento llegamos a poner como base de la actividad más noble que pueda existir, el engaño y el desprecio? Dígame –amable lector- qué tan mal estamos.
No nos queda, sin embargo, a los pocos que nos queden ganas (y muchas ganas), más que hacer lo correcto. Despertar cada día con la intención de que las cosas cambien, con la visión de que todo puede ser diferente, con el entusiasmo de ver al prójimo como algo más que una boleta electoral con cuerpo o un signo de pesos con cabeza. Si las cosas no cambian, no importa; de cualquier forma habremos ganado. Sentiremos la satisfacción personal de marcar la diferencia, esa satisfacción que no se compra con todo el dinero del mundo.
*Delegado Nacional del Partido Verde ecologista de México en el Estado de Oaxaca
lunes, 27 de enero de 2014
DÍA MUNDIAL DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL
Fue a finales de la década de los 60’s y principios de los 1970’s que el mundo comenzó a hablar del deterioro ambiental. Parte de todos aquellos movimientos sociales que dieron identidad a aquellos años fue un incipiente movimiento ecologista. Y en ese marco se inserta la conmemoración del día de hoy.
Un 26 de enero de hace 39 años se reunieron en Belgrado, expertos de más 70 países en un singular seminario de temática, en aquel entonces, novedosa: educación ambiental. De aquel Seminario Internacional de Educación Ambiental surgió la Carta de Belgrado, un documento que esboza las reivindicaciones torales de la educación ambiental.
Siendo que la noción de educación ambiental es propiamente hija del deterioro ambiental, resulta inexplicable que de 1975 a la fecha, el tema siga tan vigente.
¿Qué implica la educación ambiental? Una nueva ética, una nueva tabla de valores que redimensione no solo la relación del ser humano con su entorno, sino de los seres humanos entre sí. Educar ambientalmente exige replantear la concepción de progreso, ponerla sobre la mesa, despedazarla y reformularla.
La educación ambiental es más que un catálogo de consejos, sugerencias o buenos deseos; es un proceso, un acto para la transformación social basado en el respeto a todas, absolutamente todas, las formas de vida. Es un acto eminentemente político, no puede ser neutro; tiene una fuerte carga valorativa y crítica.
Educar ambientalmente implica preguntar y preguntarnos pertinazmente ¿en dónde vivimos? ¿por qué vivimos así? ¿podríamos vivir mejor? ¿qué hacer para no vivir peor?
Educar ambientalmente es buscar una sociedad sustentable en lo ambiental y justa en lo social. No se agota en lo ecológico, salta a los complicados pero necesarios ámbitos de la participación social y de la organización comunitaria.
¿Cuál es el fin? Aunque suene desproporcionado, una óptima calidad de vida y una democracia plena, fundamentada en el autodesarrollo de la persona.
¿Qué mensaje nos mandan todas las menciones a la educación ambiental? El alarmante mensaje de que las crisis ambientales pasan necesariamente por dos crisis igual de perniciosas: una crisis de valores y otra crisis de participación.
Una parte de la humanidad que no puede mantener sano su cuerpo, su mente y su espíritu no podrá jamás mantener sano su entorno.
Por otro lado, un conglomerado de seres humanos apáticos, indolentes, que deja la gestión de los problemas a “los demás”, a “los mismos de siempre”, no podrá jamás tampoco tener para sí la oportunidad de sanar su entorno enfermo.
Chosica, Managua, Cocoyoc y Caracas, han sido, además de Guadalajara, Río de Janeiro, Moscú, Tbilisi, Belglado y Estocolmo, algunas de las ciudades que han convocado desde 1972 a miles de voluntades en torno a la Educación ambiental.
Hoy que conmemoramos el Día Mundial de la Educación Ambiental bien vale la pena leer algo, tuitear algo, publicar en facebook algo, conversar algo, pensar algo unos minutos en torno a nuestro planeta, esta gran casa de 4 mil 540 millones de años que debemos conservar para heredar en mejores condiciones a como la recibimos, a las nuevas generaciones.
Es por nosotros y por los que vienen atrás de nosotros. Recordemos que nuestro medio ambiente es como una rosa que llora cuando se le lastima.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en el estado de Oaxaca
@MoisesMolina
Un 26 de enero de hace 39 años se reunieron en Belgrado, expertos de más 70 países en un singular seminario de temática, en aquel entonces, novedosa: educación ambiental. De aquel Seminario Internacional de Educación Ambiental surgió la Carta de Belgrado, un documento que esboza las reivindicaciones torales de la educación ambiental.
Siendo que la noción de educación ambiental es propiamente hija del deterioro ambiental, resulta inexplicable que de 1975 a la fecha, el tema siga tan vigente.
¿Qué implica la educación ambiental? Una nueva ética, una nueva tabla de valores que redimensione no solo la relación del ser humano con su entorno, sino de los seres humanos entre sí. Educar ambientalmente exige replantear la concepción de progreso, ponerla sobre la mesa, despedazarla y reformularla.
La educación ambiental es más que un catálogo de consejos, sugerencias o buenos deseos; es un proceso, un acto para la transformación social basado en el respeto a todas, absolutamente todas, las formas de vida. Es un acto eminentemente político, no puede ser neutro; tiene una fuerte carga valorativa y crítica.
Educar ambientalmente implica preguntar y preguntarnos pertinazmente ¿en dónde vivimos? ¿por qué vivimos así? ¿podríamos vivir mejor? ¿qué hacer para no vivir peor?
Educar ambientalmente es buscar una sociedad sustentable en lo ambiental y justa en lo social. No se agota en lo ecológico, salta a los complicados pero necesarios ámbitos de la participación social y de la organización comunitaria.
¿Cuál es el fin? Aunque suene desproporcionado, una óptima calidad de vida y una democracia plena, fundamentada en el autodesarrollo de la persona.
¿Qué mensaje nos mandan todas las menciones a la educación ambiental? El alarmante mensaje de que las crisis ambientales pasan necesariamente por dos crisis igual de perniciosas: una crisis de valores y otra crisis de participación.
Una parte de la humanidad que no puede mantener sano su cuerpo, su mente y su espíritu no podrá jamás mantener sano su entorno.
Por otro lado, un conglomerado de seres humanos apáticos, indolentes, que deja la gestión de los problemas a “los demás”, a “los mismos de siempre”, no podrá jamás tampoco tener para sí la oportunidad de sanar su entorno enfermo.
Chosica, Managua, Cocoyoc y Caracas, han sido, además de Guadalajara, Río de Janeiro, Moscú, Tbilisi, Belglado y Estocolmo, algunas de las ciudades que han convocado desde 1972 a miles de voluntades en torno a la Educación ambiental.
Hoy que conmemoramos el Día Mundial de la Educación Ambiental bien vale la pena leer algo, tuitear algo, publicar en facebook algo, conversar algo, pensar algo unos minutos en torno a nuestro planeta, esta gran casa de 4 mil 540 millones de años que debemos conservar para heredar en mejores condiciones a como la recibimos, a las nuevas generaciones.
Es por nosotros y por los que vienen atrás de nosotros. Recordemos que nuestro medio ambiente es como una rosa que llora cuando se le lastima.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en el estado de Oaxaca
@MoisesMolina
domingo, 19 de enero de 2014
EL LEÓN DE LA MONTAÑA
Recibo con beneplácito las últimas noticias de voz del delegado de la PROFEPA en Oaxaca: la entrega del “león de la montaña” es cuestión de tiempo.
Y es que en San Francisco Yateé, un pequeño poblado perteneciente a Villa Alta en nuestra sierra norte, se ha hecho mediático lo que es acontecimiento común en comunidades donde los medios de comunicación aún no llegan. Un puma fue atrapado por los pobladores y, a la hora de la redacción de estas líneas, permanecía en cautiverio a la espera de respuestas de las autoridades.
En aquellas zonas donde la riqueza natural contrasta con la pobreza material, los felinos en peligro de extinción son el enemigo número uno de las familias. “Ese animal se come todo lo que encuentra” me refirió un conocedor de la zona, en alusión a los animales (primordialmente aves de corral) que los pobladores crían para el autoconsumo.
Donde hay pobreza material, es complicado esperar una cultura de la conservación de la bio diversidad. Lo que la gente quiere es que nadie ni nada les quite sus gallinas.
Yateé tenía ya un antecedente. Con la misma trampa, los pobladores capturaron hace no mucho un jaguar que, de buena fe, entregaron a las autoridades mediando compromisos. ¿Qué compromisos? Baste decir que fueron compromisos que de ninguna forma se podían cumplir por parte de la autoridad dentro de la normatividad. Entregaron aquel felino bajo engaños, pues.
Si de algo está cansada nuestra gente, sobre todo la más humilde, es del engaño y los políticos no terminamos de entender que es preferible la franqueza en cualquier situación y en cualquier negociación. Funcionarios de mentes cortas no alcanzaron a divisar en aquel momento que una situación similar podría darse nuevamente, así que sin escrúpulos engañaron a la gente de Yateé.
Para un ecologista resulta del todo anormal y condenable que un puma concolor sea tomado prácticamente como rehén y que su entrega a la autoridad se condicione al cumplimiento de compromisos mínimos que parten de supuestas afectaciones que el animal ha causado a las familias en su patrimonio. Pero es parte de la complejidad de nuestro estado, donde todo pasa por la política, incluida la protección al ambiente.
Al menos en Yatée, el puma fue capturado y su liberación se negocia. ¿Cuántos casos similares habrá en que los felinos no reciben una segunda oportunidad de vivir -aunque sea en un lugar distinto- y son sacrificados? Créame, amable lector, que eso sucede en la montaña y es un suceso de lo más normal. Matan especies en peligro de extinción con la más indolente de las normalidades.
Lo que para algunos son riquezas, milagros de supervivencia y conservación, para otros son simplemente enemigos que hay que exterminar. El hambre hace que valgan más quince gallinas que estas especies protegidas. Así es Oaxaca, nuestro contradictorio, kafkiano y maravilloso Oaxaca.
El “león de la montaña” debe liberarse pronto. Más allá –y por desgracia- de las disposiciones legales que son claras y contundentes, en necesario que la política sirva para conciliar voluntades; la voluntad del pueblo de entregar este maravilloso puma a las autoridades y la voluntad de la autoridad ambiental de restituir en el pueblo (aunque no haya sido responsabilidad del actual delegado de la profepa) la confianza en el cumplimiento de los compromisos humanamente cumplibles.
En el Partido Verde seguiremos al tanto de este caso y hacemos votos porque los buenos oficios del gobierno federal y la buena voluntad de la población, hagan posible que en felino que no tiene por qué estarse domesticando encuentre el mejor de los destinos.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México
Y es que en San Francisco Yateé, un pequeño poblado perteneciente a Villa Alta en nuestra sierra norte, se ha hecho mediático lo que es acontecimiento común en comunidades donde los medios de comunicación aún no llegan. Un puma fue atrapado por los pobladores y, a la hora de la redacción de estas líneas, permanecía en cautiverio a la espera de respuestas de las autoridades.
En aquellas zonas donde la riqueza natural contrasta con la pobreza material, los felinos en peligro de extinción son el enemigo número uno de las familias. “Ese animal se come todo lo que encuentra” me refirió un conocedor de la zona, en alusión a los animales (primordialmente aves de corral) que los pobladores crían para el autoconsumo.
Donde hay pobreza material, es complicado esperar una cultura de la conservación de la bio diversidad. Lo que la gente quiere es que nadie ni nada les quite sus gallinas.
Yateé tenía ya un antecedente. Con la misma trampa, los pobladores capturaron hace no mucho un jaguar que, de buena fe, entregaron a las autoridades mediando compromisos. ¿Qué compromisos? Baste decir que fueron compromisos que de ninguna forma se podían cumplir por parte de la autoridad dentro de la normatividad. Entregaron aquel felino bajo engaños, pues.
Si de algo está cansada nuestra gente, sobre todo la más humilde, es del engaño y los políticos no terminamos de entender que es preferible la franqueza en cualquier situación y en cualquier negociación. Funcionarios de mentes cortas no alcanzaron a divisar en aquel momento que una situación similar podría darse nuevamente, así que sin escrúpulos engañaron a la gente de Yateé.
Para un ecologista resulta del todo anormal y condenable que un puma concolor sea tomado prácticamente como rehén y que su entrega a la autoridad se condicione al cumplimiento de compromisos mínimos que parten de supuestas afectaciones que el animal ha causado a las familias en su patrimonio. Pero es parte de la complejidad de nuestro estado, donde todo pasa por la política, incluida la protección al ambiente.
Al menos en Yatée, el puma fue capturado y su liberación se negocia. ¿Cuántos casos similares habrá en que los felinos no reciben una segunda oportunidad de vivir -aunque sea en un lugar distinto- y son sacrificados? Créame, amable lector, que eso sucede en la montaña y es un suceso de lo más normal. Matan especies en peligro de extinción con la más indolente de las normalidades.
Lo que para algunos son riquezas, milagros de supervivencia y conservación, para otros son simplemente enemigos que hay que exterminar. El hambre hace que valgan más quince gallinas que estas especies protegidas. Así es Oaxaca, nuestro contradictorio, kafkiano y maravilloso Oaxaca.
El “león de la montaña” debe liberarse pronto. Más allá –y por desgracia- de las disposiciones legales que son claras y contundentes, en necesario que la política sirva para conciliar voluntades; la voluntad del pueblo de entregar este maravilloso puma a las autoridades y la voluntad de la autoridad ambiental de restituir en el pueblo (aunque no haya sido responsabilidad del actual delegado de la profepa) la confianza en el cumplimiento de los compromisos humanamente cumplibles.
En el Partido Verde seguiremos al tanto de este caso y hacemos votos porque los buenos oficios del gobierno federal y la buena voluntad de la población, hagan posible que en felino que no tiene por qué estarse domesticando encuentre el mejor de los destinos.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México
domingo, 12 de enero de 2014
DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER
Acabo de leer a Murakami, el japonés más respetado en el mundo de las letras. Cuando discutíamos en torno a nuestro círculo de lectura, Murakami, no calificaba. Sus textos, parte del mundo nuestro y parte de un mundo que no es el nuestro, difícilmente lograban consenso.
El libro que recién terminé es, sin embargo, enteramente de “nuestro” mundo. “De qué hablo cuando hablo de correr” se llama y no es más que una oportunidad que su autor se da para hablarnos de sí mismo en tanto que escritor y ser humano, pero con una peculiaridad: Murakami también es corredor.
Es un libro inspirador. Entre sus líneas se puede leer: “En esencia, uno se hace corredor sin más” y fiel a ese principio he caminado (corrido) los últimos días y he tratado de inspirar a otras y otros a que me acompañen. ¿A quiénes? En principio a quienes trabajan conmigo en el proyecto del Partido Verde y que se han convertido en mis mejores amigos y después a quienes desde sus ordenadores y teléfonos celulares viven también la aventura de las redes sociales.
Tenemos ya el cimiento de un club que camina, trota o corre todos los fines de semana. Jesusita nos ha acercado amablemente a un entrenador que impone orden a nuestro ímpetu. Es tarea enteramente nuestra caminar, trotar o correr diariamente con un día de descanso.
¿Qué tiene que ver esto con la política? Todo. La esencia del corredor no es física, es espiritual (como la del que practica a conciencia cualquier deporte o arte). Es un asunto de mente, cuerpo y espíritu. El ejercicio de la política implica salud y la salud no solamente es física. Seres humanos mental y espiritualmente enfermos han sido los responsables, en su totalidad, del desprestigio de la política.
Y es que el trabajo en el Partido Verde, comparte, para nosotros, naturaleza con el trabajo (por ejemplo) del futbolista profesional. Trabaja divirtiéndose, le apasiona su trabajo. Nuestra vocación es aportarle a Oaxaca una nueva generación de políticos. Esta generación será nueva, en el sentido de que nunca ha participado en política o habiendo participado nunca había tenido una oportunidad decorosa que su talento merece.
A veces parece que el político va contra el tiempo. En no pocas ocasiones quisiéramos más números para el reloj. Mientras mis amigos trabajan, me he retirado a otra mesa a redactar estas líneas que son también parte de una disciplina semanal. Les veo y me inspiran. Dos de ellos corrieron conmigo en la mañana. En lo sucesivo espero que todos lo hagan.
A la hora que usted –amable lector- camine, corra o trote por estas líneas, nosotros ya habremos hecho lo propio por el cerro de San Felipe al norte de nuestra ciudad capital y nos sabremos más unidos, más comprometidos y más solidarios que el primer día. Y de eso se trata la política. En el Partido Verde nos vamos a ocupar también de las más importantes de las cosas menos importantes como correr por diversión y por convivencia, pero tendremos además toda la posibilidad de defender las causas de la activación física en un país de obesos a quienes más allá de los centímetros de cintura, están matando la hipertensión y todos los problemas cardiovasculares que de sobra conocemos, aunque sea de oídas.
Parte de nuestra bandera es un México sano, con calidad de vida, sin desprender la vista de todas y todos quienes antes que empezar a correr tienen que ver satisfechas sus más elementales necesidades de alimentación, salud, educación y empleo.
En la política no hay secretos. Lo único que diferencia a unos políticos de otros es la voluntad y la congruencia. Nosotros queremos hacer lo correcto y nuestra condición de juventud (como un estado de ánimo) hace que eso sea sencillo.
Estamos trabajando por Oaxaca y parte de nuestro trabajo es correr.
¿Cuánto tiempo nos durará el capricho? Preguntarán ustedes. Ojalá sea el tiempo necesario para que no sea un capricho.
Queremos ser más, vamos a ser más y los necesitamos a ustedes. No les pediremos que se afilien al Partido Verde, solo que nos ayuden a inspirar a otros a hacer lo correcto independientemente de si les interesa la política o no.
Algunos nos dicen (otros lo piensan sin decirlo) que este tipo de cosas no sirven para un partido. Todo partido debe trabajar por Oaxaca y por México y nosotros lo estamos haciendo.
Murakami pide para sí un epitafio: “Haruki Murakami: Escritor y Corredor que aguantó hasta el final sin caminar”.
Nosotros nos conformamos con aguantar hasta el final sin estar parados.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en el Estado de Oaxaca
El libro que recién terminé es, sin embargo, enteramente de “nuestro” mundo. “De qué hablo cuando hablo de correr” se llama y no es más que una oportunidad que su autor se da para hablarnos de sí mismo en tanto que escritor y ser humano, pero con una peculiaridad: Murakami también es corredor.
Es un libro inspirador. Entre sus líneas se puede leer: “En esencia, uno se hace corredor sin más” y fiel a ese principio he caminado (corrido) los últimos días y he tratado de inspirar a otras y otros a que me acompañen. ¿A quiénes? En principio a quienes trabajan conmigo en el proyecto del Partido Verde y que se han convertido en mis mejores amigos y después a quienes desde sus ordenadores y teléfonos celulares viven también la aventura de las redes sociales.
Tenemos ya el cimiento de un club que camina, trota o corre todos los fines de semana. Jesusita nos ha acercado amablemente a un entrenador que impone orden a nuestro ímpetu. Es tarea enteramente nuestra caminar, trotar o correr diariamente con un día de descanso.
¿Qué tiene que ver esto con la política? Todo. La esencia del corredor no es física, es espiritual (como la del que practica a conciencia cualquier deporte o arte). Es un asunto de mente, cuerpo y espíritu. El ejercicio de la política implica salud y la salud no solamente es física. Seres humanos mental y espiritualmente enfermos han sido los responsables, en su totalidad, del desprestigio de la política.
Y es que el trabajo en el Partido Verde, comparte, para nosotros, naturaleza con el trabajo (por ejemplo) del futbolista profesional. Trabaja divirtiéndose, le apasiona su trabajo. Nuestra vocación es aportarle a Oaxaca una nueva generación de políticos. Esta generación será nueva, en el sentido de que nunca ha participado en política o habiendo participado nunca había tenido una oportunidad decorosa que su talento merece.
A veces parece que el político va contra el tiempo. En no pocas ocasiones quisiéramos más números para el reloj. Mientras mis amigos trabajan, me he retirado a otra mesa a redactar estas líneas que son también parte de una disciplina semanal. Les veo y me inspiran. Dos de ellos corrieron conmigo en la mañana. En lo sucesivo espero que todos lo hagan.
A la hora que usted –amable lector- camine, corra o trote por estas líneas, nosotros ya habremos hecho lo propio por el cerro de San Felipe al norte de nuestra ciudad capital y nos sabremos más unidos, más comprometidos y más solidarios que el primer día. Y de eso se trata la política. En el Partido Verde nos vamos a ocupar también de las más importantes de las cosas menos importantes como correr por diversión y por convivencia, pero tendremos además toda la posibilidad de defender las causas de la activación física en un país de obesos a quienes más allá de los centímetros de cintura, están matando la hipertensión y todos los problemas cardiovasculares que de sobra conocemos, aunque sea de oídas.
Parte de nuestra bandera es un México sano, con calidad de vida, sin desprender la vista de todas y todos quienes antes que empezar a correr tienen que ver satisfechas sus más elementales necesidades de alimentación, salud, educación y empleo.
En la política no hay secretos. Lo único que diferencia a unos políticos de otros es la voluntad y la congruencia. Nosotros queremos hacer lo correcto y nuestra condición de juventud (como un estado de ánimo) hace que eso sea sencillo.
Estamos trabajando por Oaxaca y parte de nuestro trabajo es correr.
¿Cuánto tiempo nos durará el capricho? Preguntarán ustedes. Ojalá sea el tiempo necesario para que no sea un capricho.
Queremos ser más, vamos a ser más y los necesitamos a ustedes. No les pediremos que se afilien al Partido Verde, solo que nos ayuden a inspirar a otros a hacer lo correcto independientemente de si les interesa la política o no.
Algunos nos dicen (otros lo piensan sin decirlo) que este tipo de cosas no sirven para un partido. Todo partido debe trabajar por Oaxaca y por México y nosotros lo estamos haciendo.
Murakami pide para sí un epitafio: “Haruki Murakami: Escritor y Corredor que aguantó hasta el final sin caminar”.
Nosotros nos conformamos con aguantar hasta el final sin estar parados.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en el Estado de Oaxaca
viernes, 3 de enero de 2014
DEJAR LA POLÍTICA A LOS POLÍTICOS
Con el inicio de 2014, el ciclo político se renueva en Oaxaca. La vida del zoon politikon oaxaqueño se mide en trienios y la paulatina concurrencia de los procesos electorales la hacen cada vez más intensa y compleja.
La idea del legislador de que nuestras sociedades dejen de vivir en campaña casi permanente puede, en la práctica, no corresponder al ideal perseguido. Votar en una sola jornada todos los cargos de representación popular trienales o sexenales recarga toda la conflictiva poselectoral en un solo momento. ¿Cuál es la idea? ¿Gastar menos dinero público?
¿Tener menos conflicto? ¿Ambos?
Pareciera una fórmula sencilla y resultaría interesante que la autoridad nos ofreciera un comparativo de gasto y de conflicto poselectoral antes y después de las recientes elecciones concurrentes en Oaxaca.
Y es que Oaxaca es – aunque pudiera sonar a obviedad- un estado como ningún otro. En diferentes espacios académicos de análisis y discusión en que he tenido la oportunidad de participar en diferentes lugares del país, Oaxaca es invariablemente ejemplo de desafío. Se nos tiene por laboratorio de lo inverosímil, paraíso para la integración de la ley en sus lagunas; si algo ha de fallar en los productos legislativos, seguro ha de fallar primero en Oaxaca.
Más allá de nuestra complejidad administrativa dibujada por 570 municipios y más allá del atractivo turístico electoral que representan los usos y costumbres tocados hoy por la caprichosa eufonía del “sistemas normativos internos”, en Oaxaca pasa algo con nuestra gente. A su modo, pero nuestra gente está muy politizada. En la comunidad más apartada se hace política y hasta queda espacio para la grilla.
En un estado de zonas tan pobres materialmente, la danza de dinero de cada tres y seis años es ácido del más potente para el tejido social. Y es que más que por el poder, la disputa es por el presupuesto. La política que alguien definió como una guerra sin sangre, hoy indisociable del dinero, llega a convertirse en una guerra con sangre.
El municipio más pequeño es susceptible de convertirse en un polvorín y los odios ahí pueden alcanzar magnitudes insospechadas. En un estado como Oaxaca siempre hay argumentos para la violencia. En Oaxaca no se puede ganar por un voto, se pueden ir al diablo las instituciones, el poder judicial pierde su honorabilidad y el Instituto Electoral es sistemáticamente inservible.
Una cosa queda clara. Donde los gobiernos no han podido resolver las necesidades materiales jamás podrán construir ciudadanía y jamás podrán apelar a los valores que la democracia occidental conlleva.
Por eso es tan complicado Oaxaca y por eso hay que ir administrando una permanente crisis política municipio por municipio. Hay que atender el ego herido de los perdedores, los reclamos de fraude electoral, los alegatos contra cacicazgos, las denuncias de dados cargados y favoritismos de los gobiernos. En lo dicho, razones hay de sobra para la toma de palacios, para el cierre de caminos, para la piromanía y hasta para los heridos y los muertos.
Donde unos alegan legalidad, los otros alegan justicia. Y paradójicamente, en la mayoría de los casos, la panacea la trae el mismo dinero. La gobernabilidad cuesta dinero y posiciones y en no pocos casos, las autoridades gubernamentales se reducen a cajeros que disponen del dinero que no es suyo. De autoridad se convierten en meros mediadores, pero no pueden hacer nada más. Visto está que el costo de aplicar la ley es muy alto.
Quien gobierna Oaxaca, está listo para gobernar casi cualquier parte del mundo.
¿Cuánto dinero cuesta la gobernabilidad? ¿Cuánto es el costo de la no aceptabilidad de la derrota? Nunca lo sabremos.
Bástenos con saber que con ello se podrían construir muchas escuelas, hospitales y áreas deportivas. Aunque no tengamos un sistema político de calidad, al menos no tenemos violencia visible y eso, mediocremente, hay que agradecerlo.
Las noticias nos dicen que 14 municipios tendrán administrador municipal. De 570, parecen no ser muchos y la mayoría de os pocos que se preocupan por los asuntos públicos lo ven hasta aceptable. Pero son 14 sociedades que tendrán una autoridad que no eligieron, para las que el proceso electoral fue tiempo y dinero perdido. 14 conglomerados humanos que exhiben el fracaso de la democracia.
Esa es la realidad y no termina ahí. En un escenario tan complicado lo normal sería que las nuevas autoridades municipales se esmeraran en hacer el mejor de los papeles, con honestidad, con altura de miras, con denuedo, viendo en todo momento por el bien de la colectividad. Tristemente veremos que en la mayoría de los casos no será así y que el ejercicio de gobierno se convertirá en la recompensa a tanto sufrimiento de pre campaña, de campaña y de conflicto poselectoral. Por eso los ayuntamientos se convierten en botín y la ciudadanía ajena a todo este juego perverso sigue sin ver las obras y los programas que los municipios necesitan.
¿Qué sigue? ¿Qué hacer para que las cosas mejoren poco a poco? ¿Qué hacer para construir ciudadanía? Vigilar a nuestras autoridades, hace uso de nuestros derechos de acceso a la información y a la transparencia. Los nuevos gobernantes debían dar el primer paso construyendo palacios municipales de cristal. Brindando a la ciudadanía la confianza de que están sujetos al escrutinio público, utilizando escrupulosamente los presupuestos y convocando al pueblo a gobernar con ellos. La democracia participativa es lo único que puede corregir el rumbo de las cosas.
Si la ciudadanía sigue dejando la política a los políticos, la historia se repetirá y las próximas generaciones, sumidas en la misma apatía seguirán sufriendo las mismas desgracias públicas.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en Oaxaca
La idea del legislador de que nuestras sociedades dejen de vivir en campaña casi permanente puede, en la práctica, no corresponder al ideal perseguido. Votar en una sola jornada todos los cargos de representación popular trienales o sexenales recarga toda la conflictiva poselectoral en un solo momento. ¿Cuál es la idea? ¿Gastar menos dinero público?
¿Tener menos conflicto? ¿Ambos?
Pareciera una fórmula sencilla y resultaría interesante que la autoridad nos ofreciera un comparativo de gasto y de conflicto poselectoral antes y después de las recientes elecciones concurrentes en Oaxaca.
Y es que Oaxaca es – aunque pudiera sonar a obviedad- un estado como ningún otro. En diferentes espacios académicos de análisis y discusión en que he tenido la oportunidad de participar en diferentes lugares del país, Oaxaca es invariablemente ejemplo de desafío. Se nos tiene por laboratorio de lo inverosímil, paraíso para la integración de la ley en sus lagunas; si algo ha de fallar en los productos legislativos, seguro ha de fallar primero en Oaxaca.
Más allá de nuestra complejidad administrativa dibujada por 570 municipios y más allá del atractivo turístico electoral que representan los usos y costumbres tocados hoy por la caprichosa eufonía del “sistemas normativos internos”, en Oaxaca pasa algo con nuestra gente. A su modo, pero nuestra gente está muy politizada. En la comunidad más apartada se hace política y hasta queda espacio para la grilla.
En un estado de zonas tan pobres materialmente, la danza de dinero de cada tres y seis años es ácido del más potente para el tejido social. Y es que más que por el poder, la disputa es por el presupuesto. La política que alguien definió como una guerra sin sangre, hoy indisociable del dinero, llega a convertirse en una guerra con sangre.
El municipio más pequeño es susceptible de convertirse en un polvorín y los odios ahí pueden alcanzar magnitudes insospechadas. En un estado como Oaxaca siempre hay argumentos para la violencia. En Oaxaca no se puede ganar por un voto, se pueden ir al diablo las instituciones, el poder judicial pierde su honorabilidad y el Instituto Electoral es sistemáticamente inservible.
Una cosa queda clara. Donde los gobiernos no han podido resolver las necesidades materiales jamás podrán construir ciudadanía y jamás podrán apelar a los valores que la democracia occidental conlleva.
Por eso es tan complicado Oaxaca y por eso hay que ir administrando una permanente crisis política municipio por municipio. Hay que atender el ego herido de los perdedores, los reclamos de fraude electoral, los alegatos contra cacicazgos, las denuncias de dados cargados y favoritismos de los gobiernos. En lo dicho, razones hay de sobra para la toma de palacios, para el cierre de caminos, para la piromanía y hasta para los heridos y los muertos.
Donde unos alegan legalidad, los otros alegan justicia. Y paradójicamente, en la mayoría de los casos, la panacea la trae el mismo dinero. La gobernabilidad cuesta dinero y posiciones y en no pocos casos, las autoridades gubernamentales se reducen a cajeros que disponen del dinero que no es suyo. De autoridad se convierten en meros mediadores, pero no pueden hacer nada más. Visto está que el costo de aplicar la ley es muy alto.
Quien gobierna Oaxaca, está listo para gobernar casi cualquier parte del mundo.
¿Cuánto dinero cuesta la gobernabilidad? ¿Cuánto es el costo de la no aceptabilidad de la derrota? Nunca lo sabremos.
Bástenos con saber que con ello se podrían construir muchas escuelas, hospitales y áreas deportivas. Aunque no tengamos un sistema político de calidad, al menos no tenemos violencia visible y eso, mediocremente, hay que agradecerlo.
Las noticias nos dicen que 14 municipios tendrán administrador municipal. De 570, parecen no ser muchos y la mayoría de os pocos que se preocupan por los asuntos públicos lo ven hasta aceptable. Pero son 14 sociedades que tendrán una autoridad que no eligieron, para las que el proceso electoral fue tiempo y dinero perdido. 14 conglomerados humanos que exhiben el fracaso de la democracia.
Esa es la realidad y no termina ahí. En un escenario tan complicado lo normal sería que las nuevas autoridades municipales se esmeraran en hacer el mejor de los papeles, con honestidad, con altura de miras, con denuedo, viendo en todo momento por el bien de la colectividad. Tristemente veremos que en la mayoría de los casos no será así y que el ejercicio de gobierno se convertirá en la recompensa a tanto sufrimiento de pre campaña, de campaña y de conflicto poselectoral. Por eso los ayuntamientos se convierten en botín y la ciudadanía ajena a todo este juego perverso sigue sin ver las obras y los programas que los municipios necesitan.
¿Qué sigue? ¿Qué hacer para que las cosas mejoren poco a poco? ¿Qué hacer para construir ciudadanía? Vigilar a nuestras autoridades, hace uso de nuestros derechos de acceso a la información y a la transparencia. Los nuevos gobernantes debían dar el primer paso construyendo palacios municipales de cristal. Brindando a la ciudadanía la confianza de que están sujetos al escrutinio público, utilizando escrupulosamente los presupuestos y convocando al pueblo a gobernar con ellos. La democracia participativa es lo único que puede corregir el rumbo de las cosas.
Si la ciudadanía sigue dejando la política a los políticos, la historia se repetirá y las próximas generaciones, sumidas en la misma apatía seguirán sufriendo las mismas desgracias públicas.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en Oaxaca
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