LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
A la memoria de mi querido maestro y amigo Heriberto Cortés,
El inmortal “CHIVAS” de la EST 85. Formador de generaciones
En las que su recuerdo seguirá vivo. Los hombres no mueren
Mientras viven en las mentes de otros hombres.
Dos felices acontecimientos relacionados con la misma circunstancia, se sucedieron en los días finales de la semana pasada: el congreso del estado anuncia el Certamen Nacional de Oratoria “Benito Juárez García” en cumplimiento del decreto que ordena su realización en el mes de marzo de cada año; y el departamento de educación secundaria técnica realiza en el Instituto Pedagógico “Margarita Aguilar Díaz” la fase zonal de su concurso estatal de oratoria.
De la trascendencia del primero huelga referir. Sólo diremos que la nuestra, es la única entidad federativa que, en el país, institucionaliza una competencia de esta índole mediante decreto del Poder Legislativo. EL 16 de marzo Oaxaca será nuevamente anfitriona de jóvenes de todo el país que vienen, más que a competir por un premio, a infringirnos una lección de que las palabras se hicieron para decir la verdad y a reeditar el adagio que nos enseña que en el principio era el verbo.
La edición de este año cobra una especial relevancia. Coincide con la elección de nuestro próximo presidente y de quienes desde el Congreso de la Unión tendrán la obligación y el alto compromiso de traducir en leyes, soluciones a los problemas de México.
El ejercicio de la expresión oral es indisoluble de la acción política y más que obligado en el poder legislativo. No por nada, los congresos son parlamentos y la actividad de “parlar” es el principal fundamento de su Honorabilidad, el basamento del H. Congreso de la Unión. Y es que los diputados y senadores –amable lector- debían ser por antonomasia tribunos, si no se les quiere llamar oradores. El agente transformador de la realidad jurídica y política de un país es en última instancia el lenguaje y su unidad: la palabra. Palabra escrita y palabra hablada.
Hoy más que nunca, ante una realidad de inseguridad, muerte, pobreza y descomposición social; de analfabetismo, hambruna y falta de oportunidades que victimizan a un número histórico de jóvenes, los mexicanos necesitan en qué creer. Esperan el planteamiento de un rumbo claro, de un proyecto que dibuje las metas, pero también la ruta, el camino; un proyecto con voceros que muevan a las urnas a los millones de mexicanos que saben que el país padece una crisis más grave que la económica. Un proyecto que emocione con los pies bien plantados en la tierra. El mexicano, hace tiempo que sepultó sus sueños en el pantano del desencanto y nuestra clase política perdió la capacidad de imaginar; que mutiló la política y la redefinió en razón del poder diluido y con él de la componenda, del pacto, de la negociación, de las “razones de partido”.
La alexitimia es el desorden neurológico que consiste en la incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal. Nuestros políticos, sin siquiera imaginarlo, en su inmensa mayoría la padecen.
Candidatos grises, parcos, lacónicos, huecos, esclavos de los “lugares comunes”. Demagogos que traicionando el valor de las palabras asumen cada campaña como una obra de teatro donde se puede ser lobo, primero y oveja, en la siguiente representación.
Escucharemos, durante las campañas, invariablemente los mismos guiones en municipios y estados distintos. Serán los candidatos, repetidores solícitos de idénticos monólogos; que asumirán sus intervenciones públicas como un requisito incómodo que preserva el ritual trienial o sexenal, hablando más de lo que se comunica. Los altos porcentajes de abstencionismo y el creciente proselitismo a favor del voto nulo han puesto en jaque a nuestra democracia que de representativa tiene cada vez menos. Los menos deciden por la inmensa mayoría que rumia su insatisfacción y exhibe cada que puede su impotencia con un dejo de desprecio por la que debiera ser la más noble de todas las actividades humanas: la política.
¿Qué hacer ante esta realidad? Volver al origen, al principio. Reencontrarnos con las palabras que extraviamos hace tiempo. El lenguaje es el rasgo más distintivo entre el género humano y las bestias y olvidamos su correcto uso.
El poder transformador de las palabras existe. Alguna explicación debe esgrimirse ante el desdén o antipatía tan extendido que nuestros políticos tienen por quienes, cual artesanos, buscan rehacer de las tribunas lo que alguna vez fueron: Simple y sencillamente, no saben qué decir, ni cómo decirlo. Tartamudos de la conciencia.
Twitter: @MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com
www.moises-molina.blogspot.com
sábado, 4 de febrero de 2012
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
Dos felices acontecimientos relacionados con la misma circunstancia, se sucedieron en los días finales de la semana que termina. El congreso del estado anuncia el Certamen Nacional de Oratoria “Benito Juárez García” en cumplimiento del decreto que ordena su realización en el mes de marzo de cada año; y el departamento de educación secundaria técnica realiza en el Instituto Pedagógico “Margarita Aguilar Díaz” la fase zonal de su concurso estatal de oratoria.
De la trascendencia del primero huelga referir. Sólo diremos que la nuestra, es la única entidad federativa que, en el país, institucionaliza una competencia de esta índole mediante decreto del Poder Legislativo. EL 16 de marzo Oaxaca será nuevamente anfitriona de jóvenes de todo el país que vienen, más que a competir por un premio, a infringirnos una lección de que las palabras se hicieron para decir la verdad y a reeditar el adagio que nos enseña que en el principio era el verbo.
La edición de este año cobra una especial relevancia. Coincide con la elección de nuestro próximo presidente y de quienes desde el Congreso de la Unión tendrán la obligación y el alto compromiso de traducir en leyes, soluciones a los problemas de México.
El ejercicio de la expresión oral es indisoluble de la acción política y más que obligado en el poder legislativo. No por nada, los congresos son parlamentos y la actividad de “parlar” es el principal fundamento de su Honorabilidad, el basamento del H. Congreso de la Unión. Y es que los diputados y senadores –amable lector- debían ser por antonomasia tribunos, si no se les quiere llamar oradores. El agente transformador de la realidad jurídica y política de un país es en última instancia el lenguaje y su unidad: la palabra. Palabra escrita y palabra hablada.
Hoy más que nunca, ante una realidad de inseguridad, muerte, pobreza y descomposición social; de analfabetismo, hambruna y falta de oportunidades que victimizan a un número histórico de jóvenes, los mexicanos necesitan en qué creer. Esperan el planteamiento de un rumbo claro, de un proyecto que dibuje las metas, pero también la ruta, el camino; un proyecto con voceros que muevan a las urnas a los millones de mexicanos que saben que el país padece una crisis más grave que la económica. Un proyecto que emocione con los pies bien plantados en la tierra. El mexicano, hace tiempo que sepultó sus sueños en el pantano del desencanto y nuestra clase política perdió la capacidad de imaginar; que mutiló la política y la redefinió en razón del poder diluido y con él de la componenda, del pacto, de la negociación, de las “razones de partido”.
La alexitimia es el desorden neurológico que consiste en la incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal. Nuestros políticos, sin siquiera imaginarlo, en su inmensa mayoría la padecen.
Candidatos grises, parcos, lacónicos, huecos, esclavos de los “lugares comunes”. Demagogos que traicionando el valor de las palabras asumen cada campaña como una obra de teatro donde se puede ser lobo, primero y oveja, en la siguiente representación.
Escucharemos, durante las campañas, invariablemente los mismos guiones en municipios y estados distintos. Serán los candidatos, repetidores solícitos de idénticos monólogos; que asumirán sus intervenciones públicas como un requisito incómodo que preserva el ritual trienial o sexenal, hablando más de lo que se comunica. Los altos porcentajes de abstencionismo y el creciente proselitismo a favor del voto nulo han puesto en jaque a nuestra democracia que de representativa tiene cada vez menos. Los menos deciden por la inmensa mayoría que rumia su insatisfacción y exhibe cada que puede su impotencia con un dejo de desprecio por la que debiera ser la más noble de todas las actividades humanas: la política.
¿Qué hacer ante esta realidad? Volver al origen, al principio. Reencontrarnos con las palabras que extraviamos hace tiempo. El lenguaje es el rasgo más distintivo entre el género humano y las bestias y olvidamos su correcto uso.
El poder transformador de las palabras existe. Alguna explicación debe esgrimirse ante el desdén o antipatía tan extendido que nuestros políticos tienen por quienes, cual artesanos, buscan rehacer de las tribunas lo que alguna vez fueron: Simple y sencillamente, no saben qué decir, ni cómo decirlo. Tartamudos de la conciencia.
Twitter: @MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com
www.moises-molina.blogspot.com
Moisés MOLINA
POLÍTICOS ALEXITÍMICOS
Dos felices acontecimientos relacionados con la misma circunstancia, se sucedieron en los días finales de la semana que termina. El congreso del estado anuncia el Certamen Nacional de Oratoria “Benito Juárez García” en cumplimiento del decreto que ordena su realización en el mes de marzo de cada año; y el departamento de educación secundaria técnica realiza en el Instituto Pedagógico “Margarita Aguilar Díaz” la fase zonal de su concurso estatal de oratoria.
De la trascendencia del primero huelga referir. Sólo diremos que la nuestra, es la única entidad federativa que, en el país, institucionaliza una competencia de esta índole mediante decreto del Poder Legislativo. EL 16 de marzo Oaxaca será nuevamente anfitriona de jóvenes de todo el país que vienen, más que a competir por un premio, a infringirnos una lección de que las palabras se hicieron para decir la verdad y a reeditar el adagio que nos enseña que en el principio era el verbo.
La edición de este año cobra una especial relevancia. Coincide con la elección de nuestro próximo presidente y de quienes desde el Congreso de la Unión tendrán la obligación y el alto compromiso de traducir en leyes, soluciones a los problemas de México.
El ejercicio de la expresión oral es indisoluble de la acción política y más que obligado en el poder legislativo. No por nada, los congresos son parlamentos y la actividad de “parlar” es el principal fundamento de su Honorabilidad, el basamento del H. Congreso de la Unión. Y es que los diputados y senadores –amable lector- debían ser por antonomasia tribunos, si no se les quiere llamar oradores. El agente transformador de la realidad jurídica y política de un país es en última instancia el lenguaje y su unidad: la palabra. Palabra escrita y palabra hablada.
Hoy más que nunca, ante una realidad de inseguridad, muerte, pobreza y descomposición social; de analfabetismo, hambruna y falta de oportunidades que victimizan a un número histórico de jóvenes, los mexicanos necesitan en qué creer. Esperan el planteamiento de un rumbo claro, de un proyecto que dibuje las metas, pero también la ruta, el camino; un proyecto con voceros que muevan a las urnas a los millones de mexicanos que saben que el país padece una crisis más grave que la económica. Un proyecto que emocione con los pies bien plantados en la tierra. El mexicano, hace tiempo que sepultó sus sueños en el pantano del desencanto y nuestra clase política perdió la capacidad de imaginar; que mutiló la política y la redefinió en razón del poder diluido y con él de la componenda, del pacto, de la negociación, de las “razones de partido”.
La alexitimia es el desorden neurológico que consiste en la incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal. Nuestros políticos, sin siquiera imaginarlo, en su inmensa mayoría la padecen.
Candidatos grises, parcos, lacónicos, huecos, esclavos de los “lugares comunes”. Demagogos que traicionando el valor de las palabras asumen cada campaña como una obra de teatro donde se puede ser lobo, primero y oveja, en la siguiente representación.
Escucharemos, durante las campañas, invariablemente los mismos guiones en municipios y estados distintos. Serán los candidatos, repetidores solícitos de idénticos monólogos; que asumirán sus intervenciones públicas como un requisito incómodo que preserva el ritual trienial o sexenal, hablando más de lo que se comunica. Los altos porcentajes de abstencionismo y el creciente proselitismo a favor del voto nulo han puesto en jaque a nuestra democracia que de representativa tiene cada vez menos. Los menos deciden por la inmensa mayoría que rumia su insatisfacción y exhibe cada que puede su impotencia con un dejo de desprecio por la que debiera ser la más noble de todas las actividades humanas: la política.
¿Qué hacer ante esta realidad? Volver al origen, al principio. Reencontrarnos con las palabras que extraviamos hace tiempo. El lenguaje es el rasgo más distintivo entre el género humano y las bestias y olvidamos su correcto uso.
El poder transformador de las palabras existe. Alguna explicación debe esgrimirse ante el desdén o antipatía tan extendido que nuestros políticos tienen por quienes, cual artesanos, buscan rehacer de las tribunas lo que alguna vez fueron: Simple y sencillamente, no saben qué decir, ni cómo decirlo. Tartamudos de la conciencia.
Twitter: @MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com
www.moises-molina.blogspot.com
sábado, 28 de enero de 2012
¿POR QUÉ NEGARON EL REGISTRO A LOS DOCTORES?
LA X EN LA FRENTE
Moisés Molina
¿POR QUÉ NEGARON EL REGISTRO A LOS DOCTORES?
¿Ha aprovechado el PRI su travesía por el desierto
para hacer un examen de conciencia de sus
hábitos corruptos y usos no democráticos?
R. Bartra
Algunas críticas –ofensivas algunas- ha recibido quien esto escribe por los últimos textos dedicados al PRI. La crítica que construye, es decir, la que propone e invita a la libre reflexión me resulta necesaria y hasta indispensable para cualquier organización política en crisis, como lo está el PRI oaxaqueño al momento actual. Escribo “crisis” no en su corta acepción de caos, sino más apegada a la de “oportunidad”. Einstein decía que las crisis traen consigo oportunidades.
El PRI es, como lo dice en sus primeras palabras la Declaración de Principios: “una fuerza política”, pero como partido político es constitucionalmente (Artículo 41 CPEUM) una organización de ciudadanos. Los priístas somos ciudadanos con militancia y tenemos por igual, el derecho a escribir y decir cuanto estimamos es lo mejor para el partido en el que decidimos militar o con el que nos une la simpatía. Es además una de nuestras “garantías” (Estatutos. Art 57 fr I).
La decisión de ir con una sola fórmula, de las dos registradas para contender por el senado, ha sido la detonante de esta especie de intolerancia doméstica. El “bullying” partidista se ha enderezado en diferentes grados y en todas direcciones como si disentir o pensar diferente de quienes actúan como dueños del partido en Oaxaca, fuese una declaración de guerra. El PRI irá unido, que se acabe de entender. Enrique Peña Nieto es factor indiscutible de unidad.
A Nieves García y Martín Vásquez les fue negado el registro. En sendo dictamen publicado en la página oficial del PRI, las razones parecen convincentes. De ser cierto cuanto la Comisión Nacional de Procesos Internos consignó en sus considerandos, los resolutivos serían irrecurribles. Los doctores anuncian, sin embargo, que defenderán sus derechos políticos. Mediante un Juicio de Protección de los Derechos Político-Electorales del Ciudadano (JDC) irán “per saltum” al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Están convencidos de que en cancha del CEN no tienen ya nada que hacer y obvian por ello el Reglamento de Medios de Impugnación priísta que, en su artículo 5 les reserva el “Recurso de Inconformidad” para “dictámenes de aceptación o negativa de registro de precandidatos y candidatos” que habría de resolver la Comisión Nacional de Justicia Partidaria.
¿Cual fue la razón jurídica (la política, los doctores la han publicitado con claridad) de haberles negado el registro? El incumplimiento de los requisitos de la convocatoria publicada el 29 de noviembre de 2011. Y de entre ellos los exigidos en su base sexta; para más especificidad, el de los “apoyos”. Los aspirantes podían registrarse con cualquiera de los siguientes: 25% de los comités municipales (como presuntamente lo hicieron Eviel y Sofía); o 25% de los sectores (CNC, CNOP, CTM), Movimiento Territorial, Organismo de Mujeres Priístas, Frente Juvenil Revolucionario y Unidad Revolucionaria; o 25% de los consejeros políticos que residan en la entidad (vía por la que habrían optado Martín y Nieves); o 10% de afiliados inscritos en el registro partidario correspondiente. (Que en Oaxaca no aplica, porque nunca ha existido en nuestro estado la figura estatutaria del Registro Partidario dependiente de la Secretaría de Organización. (Estatutos. Art 55)).
El fondo del asunto está pues –amable lector- en acreditar alguno -sólo uno- de los “apoyos” enunciados. De acreditarse, el tribunal exhibiría de modo terrible a órgano colegiado que hace las veces de árbitro en una contienda y tiene el alto cometido de la imparcialidad. Y de no darse, los doctores tendrán que reconocer que se equivocaron.
Una cosa es cierta, los requisitos que siempre son incluidos en la convocatoria a modo de candados, Nieves y Martín los sortearon: la constancia de pago de cuotas y la acreditación de conocimiento de documentos básicos, lo demás debió ser mero trámite.
La decisión del TEPJF será de mucha trascendencia para la vida de un partido que no logra traducir plenamente la novedad de las palabras a los hechos. Sea cual fuere el desenlace, la cultura de la línea ha recibido, después de mucho tiempo y una peculiar circunstancia, ya un duro golpe. A muchos priístas o ciudadanos sin partido, nos gustaría ser partícipes o espectadores de una contienda interna; sacar de nuestro libro básico los artículos y convertirlos en sufragio, libertad y secrecía. La democracia interna la inventaron para vivirla, para practicarla ¿por qué entonces dejarla encerrada tras el cerrojo de la componenda y sepultada por la cultura de la línea? Fe y esperanza es lo que queda para las nuevas generaciones de priístas que parecen dibujadas por Günter Grass: “vivíamos entre escombros, sin comida, pero al mismo tiempo había una sensación renovadora: podíamos empezar de nuevo. La divisa era: “no es posible caer más abajo””.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Moisés Molina
¿POR QUÉ NEGARON EL REGISTRO A LOS DOCTORES?
¿Ha aprovechado el PRI su travesía por el desierto
para hacer un examen de conciencia de sus
hábitos corruptos y usos no democráticos?
R. Bartra
Algunas críticas –ofensivas algunas- ha recibido quien esto escribe por los últimos textos dedicados al PRI. La crítica que construye, es decir, la que propone e invita a la libre reflexión me resulta necesaria y hasta indispensable para cualquier organización política en crisis, como lo está el PRI oaxaqueño al momento actual. Escribo “crisis” no en su corta acepción de caos, sino más apegada a la de “oportunidad”. Einstein decía que las crisis traen consigo oportunidades.
El PRI es, como lo dice en sus primeras palabras la Declaración de Principios: “una fuerza política”, pero como partido político es constitucionalmente (Artículo 41 CPEUM) una organización de ciudadanos. Los priístas somos ciudadanos con militancia y tenemos por igual, el derecho a escribir y decir cuanto estimamos es lo mejor para el partido en el que decidimos militar o con el que nos une la simpatía. Es además una de nuestras “garantías” (Estatutos. Art 57 fr I).
La decisión de ir con una sola fórmula, de las dos registradas para contender por el senado, ha sido la detonante de esta especie de intolerancia doméstica. El “bullying” partidista se ha enderezado en diferentes grados y en todas direcciones como si disentir o pensar diferente de quienes actúan como dueños del partido en Oaxaca, fuese una declaración de guerra. El PRI irá unido, que se acabe de entender. Enrique Peña Nieto es factor indiscutible de unidad.
A Nieves García y Martín Vásquez les fue negado el registro. En sendo dictamen publicado en la página oficial del PRI, las razones parecen convincentes. De ser cierto cuanto la Comisión Nacional de Procesos Internos consignó en sus considerandos, los resolutivos serían irrecurribles. Los doctores anuncian, sin embargo, que defenderán sus derechos políticos. Mediante un Juicio de Protección de los Derechos Político-Electorales del Ciudadano (JDC) irán “per saltum” al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Están convencidos de que en cancha del CEN no tienen ya nada que hacer y obvian por ello el Reglamento de Medios de Impugnación priísta que, en su artículo 5 les reserva el “Recurso de Inconformidad” para “dictámenes de aceptación o negativa de registro de precandidatos y candidatos” que habría de resolver la Comisión Nacional de Justicia Partidaria.
¿Cual fue la razón jurídica (la política, los doctores la han publicitado con claridad) de haberles negado el registro? El incumplimiento de los requisitos de la convocatoria publicada el 29 de noviembre de 2011. Y de entre ellos los exigidos en su base sexta; para más especificidad, el de los “apoyos”. Los aspirantes podían registrarse con cualquiera de los siguientes: 25% de los comités municipales (como presuntamente lo hicieron Eviel y Sofía); o 25% de los sectores (CNC, CNOP, CTM), Movimiento Territorial, Organismo de Mujeres Priístas, Frente Juvenil Revolucionario y Unidad Revolucionaria; o 25% de los consejeros políticos que residan en la entidad (vía por la que habrían optado Martín y Nieves); o 10% de afiliados inscritos en el registro partidario correspondiente. (Que en Oaxaca no aplica, porque nunca ha existido en nuestro estado la figura estatutaria del Registro Partidario dependiente de la Secretaría de Organización. (Estatutos. Art 55)).
El fondo del asunto está pues –amable lector- en acreditar alguno -sólo uno- de los “apoyos” enunciados. De acreditarse, el tribunal exhibiría de modo terrible a órgano colegiado que hace las veces de árbitro en una contienda y tiene el alto cometido de la imparcialidad. Y de no darse, los doctores tendrán que reconocer que se equivocaron.
Una cosa es cierta, los requisitos que siempre son incluidos en la convocatoria a modo de candados, Nieves y Martín los sortearon: la constancia de pago de cuotas y la acreditación de conocimiento de documentos básicos, lo demás debió ser mero trámite.
La decisión del TEPJF será de mucha trascendencia para la vida de un partido que no logra traducir plenamente la novedad de las palabras a los hechos. Sea cual fuere el desenlace, la cultura de la línea ha recibido, después de mucho tiempo y una peculiar circunstancia, ya un duro golpe. A muchos priístas o ciudadanos sin partido, nos gustaría ser partícipes o espectadores de una contienda interna; sacar de nuestro libro básico los artículos y convertirlos en sufragio, libertad y secrecía. La democracia interna la inventaron para vivirla, para practicarla ¿por qué entonces dejarla encerrada tras el cerrojo de la componenda y sepultada por la cultura de la línea? Fe y esperanza es lo que queda para las nuevas generaciones de priístas que parecen dibujadas por Günter Grass: “vivíamos entre escombros, sin comida, pero al mismo tiempo había una sensación renovadora: podíamos empezar de nuevo. La divisa era: “no es posible caer más abajo””.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
sábado, 21 de enero de 2012
¿QUÉN AL SENADO?
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
¿QUIÉN AL SENADO?
Hoy se estaría consumando parte de cuanto expuse en mi entrega anterior y que forma ya parte del imaginario colectivo: la simulación en el proceso interno priísta para elegir candidatos a los cargos de elección popular que estarán en disputa el primer domingo de julio.
Podría no ser de esa forma, pero ante la determinación del Comité Ejecutivo nacional y del círculo cercano a Enrique Peña Nieto de ir en Oaxaca con Eviel Pérez Magaña y Sofía Castro Ríos como propietarios al senado de la república, lo de hoy se antoja una farsa en cualquiera de las acepciones que usted – amable lector – quiera darle de las tomadas del Diccionario de la Real Academia: “obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca”; “pieza cómica, breve por lo común, y sin más objeto que hacer reír” o “enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar”.
La colocación de propaganda Evielista en las mesas de registro donde se supone actúan encargados de un órgano imparcial y los comentarios vertidos telefónicamente por Pedro Joaquín Coldwell a María de la Nieves García Fernández, no sugieren otra cosa. Trató de disuadirla en su intención por registrarse con Martín Vásquez Villanueva y más aún, imponerle a un nuevo secretario general del ICADEP, que ella presidía para que asumiera la titularidad del organismo que, dicho sea de paso, no forma parte del Comité Ejecutivo Nacional y como Asociación Civil tiene Estatutos y vida interna propia e independiente. Seguramente algo parecido habrá sucedido con los restantes aspirantes.
Al delegado Osornio ya nadie lo escucha, pareciera que él vino a escuchar y por desgracia, llegó con un oído “malo”. Por ello Pedro Joaquín tiene que intervenir directamente, donde antes eran altamente eficaces los delegados enviados por el CEN. Nieves, como otr@s priístas están en abierta rebelión y están sentando, desde mi óptica, una incipiente cultura de la libertad dentro de un partido asfixiado con la línea, la simulación y las imposiciones absolutas. Hoy persisten, pero matizadas; son relativas, ya no absolutas.
Serían entonces tres fórmulas de propietarios, las registradas con seguridad: la de Eviel con Sofía Castro; la integrada por María de las Nieves y Martín Vásquez y sorpresivamente la de Celestino Alonso con el popular Pepe Guzmán. Lo de Heliodoro Díaz, parece que se quedará en un pronunciamiento público. Una cosa es segura: las distintas a la de Eviel no son fórmulas de comparsa. Van con la intención de competir y esperan un dictamen favorable. De negárseles o declarar improcedente su registro por parte del órgano auxiliar de la Comisión Nacional de Procesos Internos, presidida por Vicente de la Cruz (¿Por qué renunció o renunciaron a Don Jorge Martínez Gracida que llevaba tantos años en el cargo?) estaríamos ante los nubarrones de los órganos electorales con pronóstico de tormenta. No hay que temer a la competencia; como pensó Luis Donaldo, hay que temerle a la incompetencia política.
Si las encuestas que tanto se presumieron aportan tanta confianza a quien las gana, ¿hay razón de oponerse a la elección abierta entre militantes y simpatizantes? Las encuestas se habrían levantado en Oaxaca, no en Yucatán o Chihuahua. Una real competencia intrapriísta en las urnas, no le vendría mal a un partido tan resquebrajado en Oaxaca. Creo que lo fortalecería sobre todo ante la opinión pública que no termina de creer que se trata de un nuevo PRI.
Sé que la crítica afecta de diferente manera a cada priísta, dependiendo de la delgadez de su piel. Por ello procuro proponer alternativas para que resulte constructiva. Alguna vez escuche con profunda tristeza, a uno de mis compañeros priístas decir, que el PRI nunca iba a cambiar, como si se tratara de un organismo vivo que en su genética llevara el ADN de la simulación, de la línea, de la imposición, del engaño y del -institucionalizado por algunos- “chocomilazo”.
Estoy de acuerdo en que de ellos no depende el cambio, porque no les conviene y no desespero porque sé que una nueva generación más preparada, más limpia y con más altura de miras viene de la mano del tiempo. Es la generación de científicos y artistas que saben que la política no es sólo –como quería Rusell- una actividad humana; es además ciencia y además arte.
moisesmolinar@hotmail.com
twitter:@MoisesMolina
Moisés MOLINA
¿QUIÉN AL SENADO?
Hoy se estaría consumando parte de cuanto expuse en mi entrega anterior y que forma ya parte del imaginario colectivo: la simulación en el proceso interno priísta para elegir candidatos a los cargos de elección popular que estarán en disputa el primer domingo de julio.
Podría no ser de esa forma, pero ante la determinación del Comité Ejecutivo nacional y del círculo cercano a Enrique Peña Nieto de ir en Oaxaca con Eviel Pérez Magaña y Sofía Castro Ríos como propietarios al senado de la república, lo de hoy se antoja una farsa en cualquiera de las acepciones que usted – amable lector – quiera darle de las tomadas del Diccionario de la Real Academia: “obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca”; “pieza cómica, breve por lo común, y sin más objeto que hacer reír” o “enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar”.
La colocación de propaganda Evielista en las mesas de registro donde se supone actúan encargados de un órgano imparcial y los comentarios vertidos telefónicamente por Pedro Joaquín Coldwell a María de la Nieves García Fernández, no sugieren otra cosa. Trató de disuadirla en su intención por registrarse con Martín Vásquez Villanueva y más aún, imponerle a un nuevo secretario general del ICADEP, que ella presidía para que asumiera la titularidad del organismo que, dicho sea de paso, no forma parte del Comité Ejecutivo Nacional y como Asociación Civil tiene Estatutos y vida interna propia e independiente. Seguramente algo parecido habrá sucedido con los restantes aspirantes.
Al delegado Osornio ya nadie lo escucha, pareciera que él vino a escuchar y por desgracia, llegó con un oído “malo”. Por ello Pedro Joaquín tiene que intervenir directamente, donde antes eran altamente eficaces los delegados enviados por el CEN. Nieves, como otr@s priístas están en abierta rebelión y están sentando, desde mi óptica, una incipiente cultura de la libertad dentro de un partido asfixiado con la línea, la simulación y las imposiciones absolutas. Hoy persisten, pero matizadas; son relativas, ya no absolutas.
Serían entonces tres fórmulas de propietarios, las registradas con seguridad: la de Eviel con Sofía Castro; la integrada por María de las Nieves y Martín Vásquez y sorpresivamente la de Celestino Alonso con el popular Pepe Guzmán. Lo de Heliodoro Díaz, parece que se quedará en un pronunciamiento público. Una cosa es segura: las distintas a la de Eviel no son fórmulas de comparsa. Van con la intención de competir y esperan un dictamen favorable. De negárseles o declarar improcedente su registro por parte del órgano auxiliar de la Comisión Nacional de Procesos Internos, presidida por Vicente de la Cruz (¿Por qué renunció o renunciaron a Don Jorge Martínez Gracida que llevaba tantos años en el cargo?) estaríamos ante los nubarrones de los órganos electorales con pronóstico de tormenta. No hay que temer a la competencia; como pensó Luis Donaldo, hay que temerle a la incompetencia política.
Si las encuestas que tanto se presumieron aportan tanta confianza a quien las gana, ¿hay razón de oponerse a la elección abierta entre militantes y simpatizantes? Las encuestas se habrían levantado en Oaxaca, no en Yucatán o Chihuahua. Una real competencia intrapriísta en las urnas, no le vendría mal a un partido tan resquebrajado en Oaxaca. Creo que lo fortalecería sobre todo ante la opinión pública que no termina de creer que se trata de un nuevo PRI.
Sé que la crítica afecta de diferente manera a cada priísta, dependiendo de la delgadez de su piel. Por ello procuro proponer alternativas para que resulte constructiva. Alguna vez escuche con profunda tristeza, a uno de mis compañeros priístas decir, que el PRI nunca iba a cambiar, como si se tratara de un organismo vivo que en su genética llevara el ADN de la simulación, de la línea, de la imposición, del engaño y del -institucionalizado por algunos- “chocomilazo”.
Estoy de acuerdo en que de ellos no depende el cambio, porque no les conviene y no desespero porque sé que una nueva generación más preparada, más limpia y con más altura de miras viene de la mano del tiempo. Es la generación de científicos y artistas que saben que la política no es sólo –como quería Rusell- una actividad humana; es además ciencia y además arte.
moisesmolinar@hotmail.com
twitter:@MoisesMolina
Etiquetas:
PRI SENADO EVIEL COLDWELL OAXACA
miércoles, 18 de enero de 2012
sábado, 14 de enero de 2012
EL JUEGO DE LA SIMULACIÓN
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
EL JUEGO DE LA SIMULACIÓN
La legalidad, se supone, es uno de los valores de la democracia que, dada su naturaleza, debía obviamente reproducirse en todo el tejido democrático, incluidos -desde luego- los partidos políticos. Legalidad implica sin más ambages, sujetar los actos propios a la ley.
Resulta preocupante el hecho de que los partidos políticos traduzcan su ley, sus estatutos, en simulaciones que sólo confunden no solo a sus militantes, sino a la ciudadanía sin partido que en julio próximo estará también frente a la boleta con crayón en mano.
Para muestra, la experiencia priísta que es la que más de cerca conozco. La selección de sus candidatos debía ser un proceso transparente, abierto, ventilado; en una palabra, público. ¿Qué sabemos de ella? Poco o nada.
Si se supone que existe un proceso interno para elegir a los candidatos a diputados y senadores, proceso que culminará políticamente 18 y 19 de febrero, en que se supone serán electos por su militancia ¿por qué el discurso imperante tanto en medios de comunicación como en redes sociales centra su atención en la “definición” de los candidatos desde hace ya algunos días?
La simulación es práctica que debimos haber superado hace ya mucho tiempo, pero sigue a todos los partido, sin excepción, como sombra al cuerpo. ¿Habría que buscar en un futuro la forma de caminar a oscuras?
Destapes, autodestapes, pronunciamientos, campañas anticipadas, informes legislativos, presentaciones de libros, giras de trabajo, desplegados, costosas inserciones pagadas en diarios, incluso de circulación nacional, obedecen a esa lógica. Sus protagonistas o sus artífices han transitado este mismo camino por muchos años y saben que el juego de la simulación se centra en la figura insustituible de la “clase política”.
En el capítulo de mismo nombre en su libro “La clase política”, Gaetano Mosca pinta con elocuencia lo que bien podríamos aplicar a los partidos políticos en México: “Entre las tendencias y los hechos constantes que se encuentran en todos los organismos políticos, aparece uno cuya evidencia se le impone fácilmente a todo observador: en todas las sociedades, empezando por las medianamente desarrolladas … hasta las más cultas y fuertes, existen dos clases de personas: la de los gobernantes y la de los gobernados. La primera que es siempre menos numerosa, desempeña todas las funciones políticas, monopoliza el poder y disfruta de las ventajas que van unidas a él. En tanto la segunda más numerosa, es dirigida y regulada por la primera”.
Los días 18 y19 de febrero tendrían que estarse eligiendo en convenciones distritales candidatos a diputados federales y en votación abierta a candidatos a senadores. El sentido común indica que habría de ser una competencia, una contienda; con un espacio de precampaña previo. Dos o más contendientes por distrito para el caso de diputados y dos o más fórmulas en tratándose del senado. ¿Por qué entonces la búsqueda desesperada de padrinazgos? ¿Por qué los constantes viajes al CEN del PRI o las reiteradas visitas a los cafés de Polanco? ¿Por qué lo twits de desesperanza, de reclamo, de inconformidad o de denuncia de ausencia de equidad en la contienda?
Porque el famoso “proceso interno” tiene antes que pasar por el filtro de “la clase política priísta”, esa minoría que en base a encuestas, simpatías, compromisos, condicionamientos, filias y fobias determina quién “va” y quien “no va”. Y los representantes en esa clase política por parte de Oaxaca, nadie más que los ex gobernadores que han hecho del proceso interno cosa juzgada. Entre el 12 y el 19 de febrero no vamos a elegir; simple, sencilla y llanamente a legitimar a los candidatos únicos que se registrarán el 27 de enero, a convalidar la simulación y eso porque el órgano electoral lo exige.
Que en el discurso se diga lo que se dice siempre, incluso cuando se llega al poder de que irán “los mejores hombres y las mejores mujeres”, es ofensivo. ¿Cómo saber si es mejor Claudia Silva o Liz Acosta o Martín Mathus? ¿Cómo tasar la “mejoría” entre Martín Vela o Alejandro Avilés? ¿Entre David Mayrén o el “Capi” Sarabia? ¿Entre Germán Simancas o Mario Hernández? ¿Entre Samuel Gurrión o Jorge Toledo? ¿Sacre o Moreno Sada? Por sólo citar algunos de los cientos de aspirantes que merecían ir a una contienda que demostrara en los hechos que somos un nuevo PRI.
La contienda se hizo innecesaria por varias razones. La principal quizás, la existencia de un candidato presidencial fuerte, no sólo hacia adentro del PRI, cuyas decisiones son incontestables y quien seguramente prefiere que en Oaxaca las cosas se queden como están: no mejor, pero tampoco peor. En aras de la simulación tendremos candidatos, pero lo he dicho reiteradamente: no se trata de tener candidatos se trata de tener diputados y senadores.
moisesmolinar@hotmail.com
twitter @MoisesMolina
Moisés MOLINA
EL JUEGO DE LA SIMULACIÓN
La legalidad, se supone, es uno de los valores de la democracia que, dada su naturaleza, debía obviamente reproducirse en todo el tejido democrático, incluidos -desde luego- los partidos políticos. Legalidad implica sin más ambages, sujetar los actos propios a la ley.
Resulta preocupante el hecho de que los partidos políticos traduzcan su ley, sus estatutos, en simulaciones que sólo confunden no solo a sus militantes, sino a la ciudadanía sin partido que en julio próximo estará también frente a la boleta con crayón en mano.
Para muestra, la experiencia priísta que es la que más de cerca conozco. La selección de sus candidatos debía ser un proceso transparente, abierto, ventilado; en una palabra, público. ¿Qué sabemos de ella? Poco o nada.
Si se supone que existe un proceso interno para elegir a los candidatos a diputados y senadores, proceso que culminará políticamente 18 y 19 de febrero, en que se supone serán electos por su militancia ¿por qué el discurso imperante tanto en medios de comunicación como en redes sociales centra su atención en la “definición” de los candidatos desde hace ya algunos días?
La simulación es práctica que debimos haber superado hace ya mucho tiempo, pero sigue a todos los partido, sin excepción, como sombra al cuerpo. ¿Habría que buscar en un futuro la forma de caminar a oscuras?
Destapes, autodestapes, pronunciamientos, campañas anticipadas, informes legislativos, presentaciones de libros, giras de trabajo, desplegados, costosas inserciones pagadas en diarios, incluso de circulación nacional, obedecen a esa lógica. Sus protagonistas o sus artífices han transitado este mismo camino por muchos años y saben que el juego de la simulación se centra en la figura insustituible de la “clase política”.
En el capítulo de mismo nombre en su libro “La clase política”, Gaetano Mosca pinta con elocuencia lo que bien podríamos aplicar a los partidos políticos en México: “Entre las tendencias y los hechos constantes que se encuentran en todos los organismos políticos, aparece uno cuya evidencia se le impone fácilmente a todo observador: en todas las sociedades, empezando por las medianamente desarrolladas … hasta las más cultas y fuertes, existen dos clases de personas: la de los gobernantes y la de los gobernados. La primera que es siempre menos numerosa, desempeña todas las funciones políticas, monopoliza el poder y disfruta de las ventajas que van unidas a él. En tanto la segunda más numerosa, es dirigida y regulada por la primera”.
Los días 18 y19 de febrero tendrían que estarse eligiendo en convenciones distritales candidatos a diputados federales y en votación abierta a candidatos a senadores. El sentido común indica que habría de ser una competencia, una contienda; con un espacio de precampaña previo. Dos o más contendientes por distrito para el caso de diputados y dos o más fórmulas en tratándose del senado. ¿Por qué entonces la búsqueda desesperada de padrinazgos? ¿Por qué los constantes viajes al CEN del PRI o las reiteradas visitas a los cafés de Polanco? ¿Por qué lo twits de desesperanza, de reclamo, de inconformidad o de denuncia de ausencia de equidad en la contienda?
Porque el famoso “proceso interno” tiene antes que pasar por el filtro de “la clase política priísta”, esa minoría que en base a encuestas, simpatías, compromisos, condicionamientos, filias y fobias determina quién “va” y quien “no va”. Y los representantes en esa clase política por parte de Oaxaca, nadie más que los ex gobernadores que han hecho del proceso interno cosa juzgada. Entre el 12 y el 19 de febrero no vamos a elegir; simple, sencilla y llanamente a legitimar a los candidatos únicos que se registrarán el 27 de enero, a convalidar la simulación y eso porque el órgano electoral lo exige.
Que en el discurso se diga lo que se dice siempre, incluso cuando se llega al poder de que irán “los mejores hombres y las mejores mujeres”, es ofensivo. ¿Cómo saber si es mejor Claudia Silva o Liz Acosta o Martín Mathus? ¿Cómo tasar la “mejoría” entre Martín Vela o Alejandro Avilés? ¿Entre David Mayrén o el “Capi” Sarabia? ¿Entre Germán Simancas o Mario Hernández? ¿Entre Samuel Gurrión o Jorge Toledo? ¿Sacre o Moreno Sada? Por sólo citar algunos de los cientos de aspirantes que merecían ir a una contienda que demostrara en los hechos que somos un nuevo PRI.
La contienda se hizo innecesaria por varias razones. La principal quizás, la existencia de un candidato presidencial fuerte, no sólo hacia adentro del PRI, cuyas decisiones son incontestables y quien seguramente prefiere que en Oaxaca las cosas se queden como están: no mejor, pero tampoco peor. En aras de la simulación tendremos candidatos, pero lo he dicho reiteradamente: no se trata de tener candidatos se trata de tener diputados y senadores.
moisesmolinar@hotmail.com
twitter @MoisesMolina
viernes, 9 de diciembre de 2011
RENOVACIÓN, NO RESTAURACIÓN
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
PRI “RENOVACIÓN, NO RESTAURACIÓN”
Una frase valió el protocolar discurso de Pedro Joaquín Coldwell al rendir protesta como presidente sustituto del PRI nacional: “Hay que tenerlo claro, nos dirigimos a la renovación, no a la restauración”. Frase que adquiere significaciones diferentes, según la geografía política priísta. En Oaxaca todavía se respiran sus efectos con brisa de lavanda para unos y hedores de pesimismo para los menos.
En comunicación política, los discursos son referentes de primera mano y en sus contenidos hay construcciones gramaticales que no requieren ser interpretadas. Es el caso que nos ocupa. La claridad con que se enuncian sólo admite dos actitudes en los receptores: aceptación o rechazo, nunca la indiferencia.
La frase de Coldwell trajo con su carga lapidaria esperanza y desesperanza para sectores diferentes del priísmo, cual nuevos hijos de Mora y Alamán. Huelga decir que liberales y conservadores los hay en todos los partidos políticos, cuando de valorar actitud ante cambio o preservación de sus usos y prácticas, se trata.
Moreira hizo lo que pudo, a todas luces no fue suficiente y su mejor argumento son las elecciones que condujo al triunfo durante la brevedad de su encargo. Su renuncia no fue concesión graciosa al capricho de los detractores priístas, que más que detractores de su pasado, lo fueron de su inminente futuro.
Las dimisiones de Beltrones, primero y de Moreira después, aunque en situaciones y por motivaciones muy distintas, obedecen al principal activo que hoy por hoy tiene el PRI y que el senador Coldwell aludió de forma imposiblemente más clara: “Trabajar sin claudicaciones, sacrificando incluso aspiraciones personales, para que el 1 de diciembre del 2012 Enrique Peña Nieto, jure la constitución como presidente de la república”.
Lo más preciado que un político puede tener en la praxis son las “aspiraciones personales” y queda demostrado que a Enrique Peña Nieto no se le tocará ni con el pétalo de una de ellas. Un sutil autoritarismo convenido que bien vale la pena, si de recuperar la presidencia de la república se trata.
Tuvieron que pasar 6 años para que los priístas comprendieran la lección del año dos mil; y once para que la aprendieran. La percepción medible de los electores está al día de hoy muy clara y la amenaza de campañas negativas hace que el PRI reedite, el que está llamado a ser su sello en las campañas del próximo año: cerrar filas en torno a sus centuriones, contra todo y a pesar de todo.
Sin la necesidad de ser huéspedes todos de las oficinas de insurgentes, los priístas intuyen que “la hora ha llegado” y motivos tienen de sobra: Independientemente de las razones, el mejor posicionado de los candidatos desde Luis Donaldo Colosio; la racha ganadora del partido en elecciones locales, sólo interrumpida por Oaxaca, Puebla, Sonora y Sinaloa; la disposición al sacrifico de aspiraciones personales y el reagrupamiento tersamente pactado de actores de primera línea, lo mismo moros que cristianos.
El twitter ha sido la trinchera de los agoreros del “despeñadero”. Sin menospreciar la importancia en ascenso de las redes sociales, con todo y que en México se incrementó en 5 mil su número de usuarios el último año, predican en un desierto político. Roy Campos, más entendido en estos menesteres que quien esto escribe, nos compartió que su trascendencia en el México de nuestros días solamente resulta relevante con la reproducción de la radio y la TV. Quienes pretenden ver trasladado el fenómeno estadounidense de las campañas en el ciberespacio a nuestro país, están en el error.
De acuerdo a Daniel Ponte, gerente de telecomunicaciones de Everis por cada mil mexicanos hay 159 con cuenta en redes sociales. De este universo habría que excluir a quienes carecen de credencial de elector, a quienes no ejercen su derecho al voto o lo anulan y a los que pertenecen al voto duro de los partidos. ¿Qué nos queda? Una cifra seguramente nada despreciable, pero que no determina el sentido de su voto, exclusivamente por las redes sociales. Hay más mediaciones que lo condicionan.
El twitter y el facebook, preeminentemente, son espacios muy activos de reflexión política en expansión pero sería osado pensar que definirán quién habrá de ser nuestro próximo presidente. Es en 2016 que podríamos estar en ese escenario. Mientras ese día llega se corre el peligro de que las campañas sucias secuestren espacios de entretenimiento informativo que bien pueden ser utilizados para ventilar propuestas y proyectos de nación; para convertir en “cómo” los “qué”.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Moisés MOLINA
PRI “RENOVACIÓN, NO RESTAURACIÓN”
Una frase valió el protocolar discurso de Pedro Joaquín Coldwell al rendir protesta como presidente sustituto del PRI nacional: “Hay que tenerlo claro, nos dirigimos a la renovación, no a la restauración”. Frase que adquiere significaciones diferentes, según la geografía política priísta. En Oaxaca todavía se respiran sus efectos con brisa de lavanda para unos y hedores de pesimismo para los menos.
En comunicación política, los discursos son referentes de primera mano y en sus contenidos hay construcciones gramaticales que no requieren ser interpretadas. Es el caso que nos ocupa. La claridad con que se enuncian sólo admite dos actitudes en los receptores: aceptación o rechazo, nunca la indiferencia.
La frase de Coldwell trajo con su carga lapidaria esperanza y desesperanza para sectores diferentes del priísmo, cual nuevos hijos de Mora y Alamán. Huelga decir que liberales y conservadores los hay en todos los partidos políticos, cuando de valorar actitud ante cambio o preservación de sus usos y prácticas, se trata.
Moreira hizo lo que pudo, a todas luces no fue suficiente y su mejor argumento son las elecciones que condujo al triunfo durante la brevedad de su encargo. Su renuncia no fue concesión graciosa al capricho de los detractores priístas, que más que detractores de su pasado, lo fueron de su inminente futuro.
Las dimisiones de Beltrones, primero y de Moreira después, aunque en situaciones y por motivaciones muy distintas, obedecen al principal activo que hoy por hoy tiene el PRI y que el senador Coldwell aludió de forma imposiblemente más clara: “Trabajar sin claudicaciones, sacrificando incluso aspiraciones personales, para que el 1 de diciembre del 2012 Enrique Peña Nieto, jure la constitución como presidente de la república”.
Lo más preciado que un político puede tener en la praxis son las “aspiraciones personales” y queda demostrado que a Enrique Peña Nieto no se le tocará ni con el pétalo de una de ellas. Un sutil autoritarismo convenido que bien vale la pena, si de recuperar la presidencia de la república se trata.
Tuvieron que pasar 6 años para que los priístas comprendieran la lección del año dos mil; y once para que la aprendieran. La percepción medible de los electores está al día de hoy muy clara y la amenaza de campañas negativas hace que el PRI reedite, el que está llamado a ser su sello en las campañas del próximo año: cerrar filas en torno a sus centuriones, contra todo y a pesar de todo.
Sin la necesidad de ser huéspedes todos de las oficinas de insurgentes, los priístas intuyen que “la hora ha llegado” y motivos tienen de sobra: Independientemente de las razones, el mejor posicionado de los candidatos desde Luis Donaldo Colosio; la racha ganadora del partido en elecciones locales, sólo interrumpida por Oaxaca, Puebla, Sonora y Sinaloa; la disposición al sacrifico de aspiraciones personales y el reagrupamiento tersamente pactado de actores de primera línea, lo mismo moros que cristianos.
El twitter ha sido la trinchera de los agoreros del “despeñadero”. Sin menospreciar la importancia en ascenso de las redes sociales, con todo y que en México se incrementó en 5 mil su número de usuarios el último año, predican en un desierto político. Roy Campos, más entendido en estos menesteres que quien esto escribe, nos compartió que su trascendencia en el México de nuestros días solamente resulta relevante con la reproducción de la radio y la TV. Quienes pretenden ver trasladado el fenómeno estadounidense de las campañas en el ciberespacio a nuestro país, están en el error.
De acuerdo a Daniel Ponte, gerente de telecomunicaciones de Everis por cada mil mexicanos hay 159 con cuenta en redes sociales. De este universo habría que excluir a quienes carecen de credencial de elector, a quienes no ejercen su derecho al voto o lo anulan y a los que pertenecen al voto duro de los partidos. ¿Qué nos queda? Una cifra seguramente nada despreciable, pero que no determina el sentido de su voto, exclusivamente por las redes sociales. Hay más mediaciones que lo condicionan.
El twitter y el facebook, preeminentemente, son espacios muy activos de reflexión política en expansión pero sería osado pensar que definirán quién habrá de ser nuestro próximo presidente. Es en 2016 que podríamos estar en ese escenario. Mientras ese día llega se corre el peligro de que las campañas sucias secuestren espacios de entretenimiento informativo que bien pueden ser utilizados para ventilar propuestas y proyectos de nación; para convertir en “cómo” los “qué”.
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Suscribirse a:
Entradas (Atom)