viernes, 11 de enero de 2013

MURAT: AVE DE TEMPESTADES

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

MURAT: AVE DE TEMPESTADES


Debió ser el año 2002. José Murat presentaba un libro de su autoría en una de las “Gandhi” de la Ciudad de México. Entre los presentadores que flanqueaban al entonces gobernador priista figuraban dos actores emblemáticos de la izquierda, uno partidista, periodístico el otro: Jesús Ortega y Julio Hernández López. Era, para más de uno, desconcertante la elección de los comentaristas, siendo el protagonista una de las caras más visibles del PRI de aquellos momentos.


Hoy que el “Pacto por México” tiene nombre y apellidos es más entendible aquel gesto. Ahora sabemos que, como pocos, José Murat se mueve con soltura y comodidad lo mismo dentro del PRI que fuera de él. Representa uno de los mejores ejemplos que podemos elegir si de darwinismo político se trata. Se adapta, se mimetiza, cambia, evoluciona, por eso sobrevive. Una rara especie de político que no transige con el tiempo ni con su entorno. Anticipa el primero y se aclimata al segundo. Un político que, más allá de cuanto se pudiera decir o sentir respecto de él, no se apasiona con seriedad más allá del aspaviento utilitario. Calcula y siempre está amasando capital, espera con paciencia, sabe como pocos cómo jugar; ha demostrado repetidas ocasiones que alfiles y caballos no le guardan secretos.


Cuando se está cerca de Murat se entiende lo que a fuerza de propalar se vuelve irrelevante para el espectador distraído: que “la política es de tiempos”. Él hace política con un reloj en la mano y da, como ahora, inmodesta cátedra de que no se gana para siempre, pero tampoco se pierde para siempre.


Muchos le daban por muerto y complacido aceptó, al grado de pedirlo él mismo públicamente. Se acabó su gobierno y se fue físicamente de Oaxaca, pocos saben realmente a hacer qué cosas. Sin duda siguió haciendo política de esa que dicen más eficaz: lejos de los reflectores.


Hoy está en un lugar de privilegio. La Coordinación Ejecutiva del Pacto por México fue traje hecho a la medida, él mismo lo confeccionó. Nadie se lo hizo, nadie se lo puso. El anuncio se dio en medio del sigilo. Muchos se enteraron solo cuando la noticia circuló en los medios. Incluso la presentación y el manejo posterior fueron discretos, casi de bajo perfil. Hubiese sido cosa menor si el “Pacto” no lo hubiese anunciado y presentado el propio presidente Peña Nieto como la primera gran convocatoria de su gobierno.


¿Que tiene Murat en sus manos? La estabilidad política del país vía acuerdos y reformas, al menos los que pasan por los tres principales partidos de México. Murat será el filtro partidista de Osorio Chong y Peña Nieto. Los acuerdos del “pacto” son concretos y tienen fecha, no son ocurrencias retóricas como no es la Coordinación Ejecutiva un membrete para no quedar sin “hueso”.


A quien piense que esto escribo por ser amigo de Murat, he de recordar que Murat no tiene amigos. Así es por voluntad propia. Tiene conocidos, colaboradores e interlocutores circunstanciales, como casi todos los hombres de poder.


No ha faltado el despistado que ha ido a Bucareli buscando infructuosamente invocar una súbita y fervorosa amistad ante el ixtepecano; ofreciendo, sin mencionarlo, lealtad incondicional. A estas alturas a Murat eso no le sirve. Sigue repartiendo guiños y espaldarazos, prodigando lo que su estatura física le permite: miradas oblicuas desde las alturas. Nada que reprocharle. Así es Murat, así siempre ha sido.


Sigue siendo solo él, sigue estando solo, aunque ahora rodeado de nueva cuenta por mucha gente. Fingiendo sorpresa ante visitas que hace mucho dejó de recibir y repitiendo una de las palabras con las que más se le recuerda ante encuentros ocasionales: “Búscame”.


¿Que sigue? Sigue su proyecto por insospechados caminos, aunque la coronación del mismo, no racaiga esta vez precisamente en su persona. Muchos lo han leído, ya lo vieron, vaticinan, conjeturan y están prestos, ante el frenesí de la novedad, a ponerse a sus órdenes para 2016 o 2022.
Sin duda su regreso a Oaxaca es un nunca haberse ido y su incidencia en la dinámica interna del PRI está apuntalada en la capitulación ante sus detentadores formales. Es necio pensar que Murat no será de nueva cuenta omnipresente en Oaxaca. Está de regreso.


El mérito principal del PRI públicamente reconocido es que sabe ejercer el poder, no solo detentarlo. Y el espacio de poder del gobierno federal por excelencia es la Secretaría de Gobernación. La dirigencia del CEN no será ya lo que fue durante los gobiernos panistas. Hoy las directrices ya no nacerán en insurgentes, sino en Bucareli y con la coadyuvancia, además, de Luis Videgaray.


No hay que buscarle mucho, no hay que romperse la cabeza. El nuevo PRI parte del supuesto de que la verticalidad escapa a la lógica del tiempo para situarse en el reino de la necesidad. Es el PRI de los que mandan y el PRI de los que obedecen. La disciplina madre del orden necesario en toda organización. El PRI no será sucursal del gobierno, será instrumento del gobierno.


No queda más que desearle éxito a Murat. Si el “Pacto” va bien, irá bien el país, aunque paradójicamente su auriga sea una autentica “ave de tempestades”.


Twitter: @MoisesMolina

sábado, 5 de enero de 2013

MORENA: TU, ¿LE CREES A OBRADOR?

LA X EN LA FRENTE


Moisés MOLINA


MORENA: TU, ¿LE CREES A OBRADOR?


Pocas cosas venden tanto como la novedad, incluso la que es aparente y la política no se sustrae a ello. La novedad, verdadera o falsa, se vende muy bien en política porque el centro de su estrategia propagandística es la esperanza, la inacabable y siempre renovada esperanza del noble pueblo mexicano. Los mexicanos, hoy siempre necesitamos creer; es un auténtico imperativo en nuestras vidas ante la descomposición que, en todos los órdenes de la vida nacional, vivimos.


Esperamos, con todo lo que conlleva, felicidad para nosotros y progreso para el país y en medio de lo que a diario vemos, leemos y escuchamos cunde la zozobra susceptible de ser capitalizada para fines políticos o electorales.
He leído el decálogo del señor López Obrador para afiliarse a Morena. No es su primer documento a manera de diez mandamientos. El mesías tropical –Krauze dixit- vuelve a la carga. Hay al menos tres previos de 2012: uno del 11 de abril en materia de seguridad, otro de agosto 8 para invalidar la elección y uno más del 7 de septiembre para la desobediencia civil. Cada uno con una intencionalidad diferente.


La intención de este último, difundido a través de su cuenta de twitter, es clara. Busca sin ambages membresía para su nuevo partido que institucionaliza la esperanza como industria. Bien vale la pena preguntarse lo que preguntó Elba Esther respecto de Roberto Madrazo ¿Tú le crees a López Obrador? Es pregunta que dejo abierta.


Y es que la política es asunto de credibilidad, de confianza. Y en el mercado actual hay solo dos acaparadores: Enrique Peña Nieto y López Obrador. El primero administra por todos los medios la esperanza que nació del triunfo; el otro, la esperanza que nació de la derrota. Para desgracia nuestra comienza un nuevo juego de suma cero en que uno de los dos ganará lo que el otro pierda.


Morena es una apuesta a que le siga yendo mal a México para poder ganar, a que sigan, desde la óptica de Andrés Manuel, existiendo infelices, a que el poder siga siendo puesto al servicio de quienes lo detentan, a que siga existiendo caciquismo, corrupción, influyentismo, sectarismo, nepotismo y clientelismo; a que siga habiendo indignidad, derechos a medias, injusticia, exclusión y privilegios, corrupción, impunidad, abuso de poder y enriquecimiento ilimitado de unos cuantos.


Suponiendo que todo ello exista en el México actual de modo resoluble, tiene que seguir presente con Peña Nieto para que Morena tenga éxito. Es, para López Obrador, un deseo velado y la panacea, el remedio a todos los males es MORENA, o sea, él. No hay posibilidad alguna al éxito del presidente y su gabinete, sigue siendo AMLO el mesías, el redentor.


Pero ¿Qué hay detrás de la retórica que intelectuales orgánicos de la izquierda escriben para obrador? La respuesta más contundente tenía que venir de otro célebre izquierdista. El sub comandante Marcos categórico dijo: “Es el mismo que no acaba de madurar y reconocer sus errores. El mismo que encabeza un grupo ávido de poder, pleno de intolerancia”.


Obrador es el único referente anti priista de peso aunque dista de serlo respecto de la izquierda bien entendida que, por otra parte, redefinió tramposamente a conveniencia. Para ser de izquierda solo es necesario “actuar con honestidad y tener buen corazón”. Si se es honesto y se tiene el corazón bueno, no se puede ser de centro ni de derecha, solo de izquierda y preferentemente de MORENA.


El próximo lunes, será pedido formalmente el registro de MORENA como partido político ante el IFE y el martes inicia su campaña de afiliación. Estará llamado a ser un pilar importante para el equilibrio de nuestro sistema político y ello requiere responsabilidad. Está demostrado que el país necesita de la oposición para avanzar, pero habrá de ser una oposición reflexiva, objetiva, razonable.


Está por verse hasta donde MORENA y su dueño predican con el ejemplo sus diez mandamientos alejados de todo cuanto critican. El tiempo dirá si representa una opción realmente distinta en esencia para la izquierda (lo que excluye a PRD, PT y MC) o solo una nueva estrategia como medio de venganza, ni siquiera de revancha.


Por lo pronto y aún a pesar de no poder competir en las boletas electorales sino hasta 2015, ubicará candidatos en sus sucursales. PT y MC le prestarán por ahora el membrete para recibir la reciprocidad de la conservación del registro. Ya en 2015 vendrán las coaliciones y el PRD se quedará solo con su legitimidad en vilo como partido de izquierda.


AMLO quiere el monopolio de la izquierda mexicana con el que gana incluso perdiendo y buscará después ganar ganando. El juego personal de AMLO y su círculo cerrado es siempre a ganar, aunque el fin justifique los medios. Vuelvo a preguntar entonces: Tú, ¿le crees a Obrador?


Twitter @MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com

viernes, 28 de diciembre de 2012

EL BEBÉ DE SAN JUAN COPALA

LA X EN LA FRENTE


Moisés MOLINA


EL BEBÉ DE SAN JUAN COPALA


Escribe Josep Vallés que “la política no es una actividad exclusiva de los políticos”. La teoría de la acción colectiva lo explica. Al lado de los hombres de gobierno, son los partidos políticos, los grupos de interés y los movimientos sociales los que determinan la gestión de los conflictos, que es en última instancia, el fin de la política.


En condiciones de normalidad democrática, estos tres actores políticos colectivos son los que garantizan el equilibrio en la fórmula de la gobernabilidad. Enarbolan demandas legítimas que habrán de encontrar respuestas gubernamentales.


Pero en México y particularmente en Oaxaca, reitero, las cosas se cuecen aparte.


Vivimos claramente en la anormalidad democrática donde la acción política colectiva se ha convertido en una próspera industria y tras una demagogia social se satisfacen intereses personales, egoístas de sus liderazgos devenidos en mercenarios. La lucha social se ha convertido en un amasijo de luchas individuales o facciosas por el dinero, por el bien vivir.


Tenemos portentos de agitadores profesionales formados en la práctica del día a día, autonombrados luchadores sociales o defensores de derechos. Pululan porque los mismos gobiernos así lo han querido y ha resultado más costoso, pero más cómodo el remedio que la enfermedad.


Sería ocioso buscar respuesta a la pregunta ¿desde cuándo?


Hoy por hoy los padecemos, conocemos sus nombres y apellidos y a fuerza de apariciones mediáticas conocemos de memoria los membretes que usan. Trascienden los sexenios y los trienios, son una especie de lobbies perniciosos con patente de impunidad y de permanencia. Nacieron y crecen sobre la base de la necesidad, la pobreza y la ignorancia de muchos que son usados; esos que nunca prosperan económicamente, que siguen viviendo prácticamente igual que cuando su primera marcha o su primer plantón. Del dinero que sus líderes ingresan a las cuentas bancarias solo ven una miseria en forma de animales de corral, materiales de construcción, proyectos productivos destinados al fracaso o membresías condicionadas a algún programa social gubernamental.


La permanencia de estas organizaciones la explica un círculo de desprecio. El desprecio que los gobernantes sienten por los gobernados, reduciendo la solución de los conflictos a la autocomposición con sus líderes; y el desprecio de los gobernados hacia los gobernantes traducido en esas peculiares formas de acción que movimientos sociales y grupos de interés han sistematizado y que el resto de la ciudadanía sufre casi cotidianamente. Hay que marchar, hay que bloquear, hay que plantarse para que el gobierno abra la puerta primero y después la llave del dinero público.


Las causas sociales, que existen, ya no son un fin en sí mismo, son una mercancía, una moneda de cambio. No conviene que se acaben, hay que administrarlas a modo de recordatorios periódicos. El último año del gobierno de Ulises, el dispendio ascendía a más de 400 millones de pesos a repartir entre las organizaciones. Hoy seguramente es mucho mayor. Solo son necesarias dos cosas un discurso convincente amparado invariablemente en la retórica de los derechos humanos; y una suma de dinero que asegure la movilización. El grado de miseria de la gran mayoría de nuestra población hace posible la entrega de su disposición a cambio de unos cuantos pesos y una buena dosis de esperanza de que al término de la jornada los beneficios se multipliquen.


Hoy tuvimos un muerto a los pocos días de haber nacido. Con la parafernalia de la que solo es capaz una mente enferma se le velaba en el zócalo de nuestra ciudad. No era un cadáver, un cuerpo al que se le tenía que guardar respeto, parecía un objeto afecto a la causa, a la lucha social aunque en su tragedia, poco tuviera que ver con la naturaleza del grupo de presión. Trascendió que los padres no eran del erróneamente llamado “movimiento” de los desplazados de San Juan Copala, que el menor no murió en el plantón, que fue producto de un embarazo negligentemente llevado a la ligera, que fue colocado ahí bajo quien sabe qué expectativas, con el consentimiento de los padres.


Tal es la voracidad de la lucha social, tal es la magnitud de esa pugna iracunda entre gobernantes y gobernados. El fin justifica los medios, así vaya la muerte de por medio. El niño, nacido el 24 de diciembre, se iba a llamar Jesús Gabino. Bien dicen que la realidad supera a la ficción.


En tanto nuestro gobierno tendrá argumentos de sobra para proclamarse ganador en este duelo de egoísmos que, como se ha hecho costumbre, se librará en los periódicos y los noticieros. En medio del vacío de operación política gubernamental y la rapacidad de organizaciones como esta, la mayor parte la gana el sensacionalismo, el amarillismo, la nota roja, el morbo de una ciudadanía ávida de qué comentar enjuiciando sumariamente culpables. Mañana tristemente no quedará ni el recuerdo. Más organizaciones vendrán con nuevas conflictivas y el gran culpable –acostumbrado a ello y por eso impasible- seguirá siendo el gobierno. Su trabajo parece no ser más resolver, sino aguantar, paliar, justificar.


Así se va este año… así comenzará el siguiente


@MoisesMolina

jueves, 27 de diciembre de 2012

¿POR QUÉ “LA X EN LA FRENTE”?

LA X EN LA FRENTE.

Moisés Molina

¿POR QUÉ “LA X EN LA FRENTE”?


A propósito del 53 aniversario luctuoso de Alfonso Reyes, comparto hoy con ustedes la primera entrega de “LA X EN LA FRENTE” escrita en el mes de octubre de 2003. En ella encontrarán respuesta todos quienes me inquieren el por qué del nombre de la columna.


“El mundo necesita la pureza de
las nuevas generaciones,
El alimento de sus ideales,
La aportación fecunda de su
pensamiento.”
Carlos A. Madrazo


Solía decir el maestro José Muñoz Cota - el ultimo de los grades Maestros de la Oratoria en México- que el hablar en público representa una obligación impostergable. No creo que el escribir lo sea en menor medida, menos aun si la vida nos sitúa en la feliz circunstancia de poder hacer llegar aquello que escribimos, a los ojos y las conciencias del público cautivo de los media impresos y de algunos accidentados lectores.


¿Por qué “LA X EN LA FRENTE”? se preguntará el amable lector. En esta, mi primera de muchas –espero- colaboraciones semanales, -acto de presentación y anuncio de la temática- estimo necesaria la justificación de este título.


La X en la frente es una antología de textos que en 1951, Alfonso Reyes – “el más cumplido ejemplo de hombre de letras” al decir de Stella Mastrangelo - escribió en torno a México, al que se refería, siempre que podía, diciendo o escribiendo “la patria”. La patria –decía el maestro Reyes- es una equis, cruce de planos y caminos.


Y en “la interrogante nacional”, después de hacer una historia de la grafía del nombre de México (con equis o con jota) termina diciendo: “yo no tengo ninguna razón científica sobre el uso de la jota que, por lo demás, me parece, filológicamente hablando, el más revolucionario, el menos conservador de los dos. Y, con todo, le tengo apego a mi x como a una reliquia histórica, a un discreto santo y seña en que reconozco a los míos…”. Los suyos siguen siendo los nuestros y entre nosotros nos seguimos reconociendo merced a esa x en la frente.


Como Joven (anticipo que cuento con 24 años biológicos) concibo patria (perfectamente distinguible de nación y Estado) como una noción indisoluble y omnipresente en nuestros pensamientos, palabras y acciones y comulgo con la idea de que el mismo lugar debe ocupar en la consideración de mis contemporáneos, fundamentalmente.


Tómese esta modesta contribución como un esfuerzo desinteresado por acercar a los jóvenes a los medios impresos y al tratamiento de algunos temas, que por su importancia configuran una parte significativa de la vida de Oaxaca y de México y que es conveniente colocar en el debate público, temas que ineludiblemente confluyen en la política como ciencia o como práctica cotidiana. Tómense también las líneas que hoy comienzan, como un aporte modesto a la inacabada e interminable cultura cívica de los oaxaqueños y mexicanos. De igual manera considérese este espacio, como un espejo en que se refleja la preocupación de un oaxaqueño por el rumbo incierto que toman los pasos de miles de jóvenes que en nuestro estado son secuestrados por la apatía, la indiferencia y el desinterés, hacia todo aquello que explícita o implícitamente se adjetive como político y que parece haberse convertido en monopolio –probablemente no sin razón- de los adultos en plenitud. Pretende ser entonces, esta columna, un espacio para el pensamiento político joven.


Por lo demás, este no es un atisbo, ni una incitación a una guerra entre generaciones. Consciente estoy de la necesidad de amalgamar talentos y cualidades en obediencia a un fin superior de bien común, que legitima la sensatez del entreveramiento generacional. Prueba de lo anterior es que recibiremos con humildad y agrado las criticas y sugerencias que se tengan a bien hacerme llegar.


Y si usted ha cruzado el umbral de los 30 (por usar un rango convencional) y no se siente joven, recuerde que se pueden tener mil años y seguir siendo joven. Y no lo digo yo, nos lo dejó dicho Jesús Reyes Heroles.

viernes, 21 de diciembre de 2012

¿CÓMO VOTAREMOS EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES?

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

¿CÓMO VOTAREMOS EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES?


En nuestro querido Oaxaca -¿o habremos de llamarla querida?- las cosas se cuecen aparte. No es solo picaresca el dicho de que “hasta la comida enredamos” en clara alusión a nuestro típico “quesillo”. Desde siempre la conflictiva nos envuelve, nos trasciende. Para un Juárez, hizo falta un Díaz y Ricardo Flores Magón tuvo mucho que ver en la caída final de aquel.


Nuestra envidiable riqueza cultural y biológica tiene solo parangón con nuestra compleja realidad política. Los usos, las prácticas propias de un temperamento que pareciera genético, nos circunscriben al conflicto, al enredo a una dialéctica cuya síntesis es más conflicto.


La política como actividad es omnipresente; es nuestra única industria. Nuestra realidad pasa inevitablemente por ella: la economía, el deporte, la cultura, la vida social y familiar, la educación, etc. Nuestros políticos han sido nuestra maldición, quizás porque los tenemos incluso fuera de los partidos, aunque muchos terminen de alguna forma al cobijo de alguno de ellos.


En medio del desorden, los oaxaqueños convivimos en medio del milagro. Habitamos una tierra sin ley o, para no exagerar, con la menor ley posible. Tenemos mucho derecho legislado pero escasamente cumplido. Tenemos notables excepciones de oaxaqueños indispuestos a cumplir la ley y gobiernos de excepción indispuestos a aplicarla si no es selectivamente.


La gran mayoría de los ciudadanos hacen de esa categoría política sacralizada por la ciencia política una entelequia. La ciudadanía no existe en toda la extensión de la palabra y el término “pueblo” pierde la relevancia que para la Teoría del Estado tiene como portador de derechos y obligaciones. La ley se supedita indiscriminadamente a la política, a una mala política. Es fácil sacrificar a los más cuando los menos son los que tienen la disposición de organizarse para alcanzar algún fin.


En la democracia oaxaqueña, contrario a toda lógica, no decide la mayoría. Las votaciones son los únicos espacios que en su fugacidad liberan el descontento, el hartazgo, las frustraciones que debían ser colectivas, pero que ante la apatía y la desorganización se vuelven individuales, personalísimas. Un ciudadano, un voto. Un ciudadano, un agravio, una frustración, una inconformidad, un hartazgo.


Seguimos siendo un “pueblo” a merced de una clase política conflictiva, intransigente, vengativa y egoísta. Su único referente es el poder y con él, el dinero. No puede ser de otro modo. Los gobiernos no están dispuestos nunca a poner la otra mejilla ante una oposición que con el mismo referente solo espera arrebatar o reconquistar el mismo poder.


Ya no es siquiera problema de partidos. En Oaxaca no los hay en toda la extensión de la palabra. Existen organizaciones que compiten por el poder, cada vez con menos sesgo ideológico. Los ideales ya ni siquiera se supeditan a los fines. No hay ideales. Solo una misión. Gobernar o volver a gobernar.


Hoy nos siguen gobernando priistas. Pasa algo parecido a las disputas religiosas. Hermanos divididos ganan adeptos que roban a otros. Nuestros partidos se parecen cada vez más a las facciones de antaño. Hume y Bolingbroke teorizaron sobre su característica definitoria: el egoísmo.


No es extraña, por ello, la dificultad de ubicar a nuestro gobernador en algún punto del espectro político, independientemente del sinsentido de la coalición izquierda-derecha que le llevó al cargo. Nadie, políticamente sensato, se atrevería a afirmarlo categóricamente de derecha, de izquierda o de centro.


Gabino es un político pragmático notoriamente incómodo ante etiquetas ideológicas. En ser gobernador de Oaxaca encontraba su destino y habiéndolo conseguido se termina la historia. Gabino cumplió su designio el 4 de julio de 2010, en adelante no había ya historia por escribir de su parte.


Su gobierno seguirá como hasta ahora: gris, frívolo, displicente. El gobierno seguirá siendo un juego de estrategias fáciles. La circunstancia le favorece en demasía. Partidos políticos pulverizados, ausencia total de oposición, cero presiones y una sociedad aletargada, apática, ya sin fuerzas, acostumbrada y resignada al desencanto, con expectativas por el subsuelo, ocupada, en sus individualidades, por el día a día.


Con Peña Nieto no será diferente. Seguirá siendo gestor, vínculo, interpósita persona en lo que la federación tenga, en recursos económicos y proyectos, reservado para Oaxaca. El único interés del Presidente es tener en calma al país, así sea en medio de la parálisis y la frivolidad de entidades como la nuestra. En su visita próxima, se dirá amigo del gobernador. Más que realidad, será intención. En Oaxaca no pasaba nada antes del 1 de diciembre, no tiene por qué pasar en adelante.


¿Qué es lo que se necesita para que las cosas comiencen a cambiar? Primero, cultura política en el ciudadano, valores y creencias necesarios para la participación de la mayoría en las decisiones públicas que no se ahoguen en el conformismo ni en la resignación que dejan manga ancha a partidos y organizaciones sociales para seguir jugando con los gobiernos a cambio de dinero o reducidos espacios de poder. Segundo, voluntad de las élites partidistas de postular ciudadanos ejemplares y conscientes de la responsabilidad a los cargos de elección popular para que sea una competencia entre los mejores. Tercero, un gobierno determinado aplicar la ley desprovisto del triste criterio del cálculo político.


Para lo primero, se requiere una nueva actitud; que el ciudadano deje de ser el Gregorio Samsa que un mal día despertó siendo. Para lo segundo es menester que en esas mismas élites se encuentre parte de los mejores y respecto de lo tercero, no hay más que la disposición de anteponer la obligación del gobernante sin importar los calificativos, ni las probables consecuencias en la próxima elección.


Si al ciudadano no le interesa, menos interesará a las élites; de los gobiernos ni hablamos. Todo buen gobierno empieza por el orden y Oaxaca sigue siendo el estado más quesillesco de todos. Es el origen filosófico del cambio: que todo cambia para seguir igual.


¿Cómo votará entonces usted – amable lector- en las próximas elecciones?


@MoisesMolina

lunes, 17 de diciembre de 2012

"¿CUÁL ES EL FIN DE LA POLÍTICA?"

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA


¿CUÁL ES EL FIN DE LA POLÍTICA?


Con mi más solidario abrazo a Emilio Mendoza Kaplan y
A Fredy Alcántara en momentos difíciles. Serenidad y resignación.
Hay vida después de la vida.


¿Cuál es el objeto de la política? Preguntaba, entre otras cosas, a mis alumnos en sus evaluaciones. Era importante para mí, la seguridad de una respuesta categórica; no es resolver conflictos, es gestionarlos; intentar resolverlos. Así la política como actividad se nos revela un arte. Aristóteles la definía como el arte de lo posible y su concepto permanece renovadamente vigente en todas las épocas y en todos los lugares.


El político tiene que ser entonces por definición un artista. Un ser humano extraordinario con pasión, ingenio y creatividad; con alto sentido de la ética, fundamento de la belleza de sus productos desde el barro de las relaciones humanas.


El político, hace tiempo que dejó de hacer arte, hace mucho que no hace más política. No gestiona conflictos para alcanzar ese fin último que no es el abaratado bien común puesto en boca de todos, sino la cohesión social. El hombre metido a político tuerce sus fines y en la cúspide de todos coloca el triunfo electoral, el poder por el poder mismo. Ha subordinado la política a sus fines egoístas porque descubrió, en complicidad de quienes le regalan su voto, que es una línea recta entre la vida gris y el respeto y hasta la admiración, sin mencionar la prosperidad económica.


La política se ha convertido en la distancia más corta entre la vida ordinaria y el reconocimiento social; entre el desconocimiento y el prestigio. Devino en artilugio publicitario de egos siempre insatisfechos. Por ello, una vez que el poder se experimenta difícilmente se renuncia. Seduce, crea dependencia, enferma. Hay que conservarlo y hay que arrebatarlo cuando se necesita más. No hay medida en su dosis, ni consideración en los medios para obtenerlo y acrecentarlo.


El político ya no es el que hace política, es el que tiene poder. No importa, para su categorización, para qué pueda utilizar el poder, solo debe tenerlo y el fin estará cumplido; será querido, buscado, referido, admirado. No importa que no lo sea por todos, ni siquiera que lo sea por unos cuantos; unos pocos son más que suficientes.


Una sola persona que le cante al oído cuanto quiera escuchar es justificación suficiente para seguir en la brega, para seguir subordinando el poder a la ganancia de más poder.


La política se vuelve pasatiempo y después vocación, pero siempre en función de la satisfacción del ego. Hay que ostentar un cargo, tener un membrete, pretexto para tarjetas de presentación y para ser centro de conversaciones. La política es vanidad y frivolidad.


Si echamos la mirada atrás nos harán falta manos para contar políticos sin la más mínima idea de lo que la política implica; sin noción alguna, por más primitiva que pudiera ser, de su esencia, ya no digo de su ciencia. Por ello nos acostumbramos al desencanto, a la desilusión, a la apatía y a la resignación.


Basta un golpe de suerte, una feliz circunstancia, una coyuntura para que empresarios, fayuqueros, pésimos estudiantes, delincuentes, edecanes, juniors y hasta artistas amanezcan políticos. Nosotros, en reiteradas ocasiones, con nuestro voto los legitimamos, avalamos la súbita conversión. Ellos necesitan ser elogiados y nosotros necesitamos a quien elogiar. Nuestras frustraciones, rabietas y hasta maldiciones son ocasionales, les seguimos premiando, les autorizamos a permanecer en su locura, en su embriaguez.


Somos cautivos de los partidos políticos, los mismos partidos lo son. Los más pequeños reducen su función a carroñeros. Siempre terminan robando votos a otros partidos y no ganando votos propios.


¿Qué papel jugarán Nueva Alianza, Unidad Popular y Partido Social Demócrata en 2013 en Oaxaca? Claramente su prioridad es mantener sus cuentas bancarias llenas de dinero público y para ello necesitan conservar su registro y consiguientemente votos.


Prácticamente inexistentes en el quehacer político buscan, desde ya, candidatos prestados o conversos y por ello veremos inevitablemente a priístas, panistas y perredistas llevando votos a partidos que no son los de ellos; como candidatos y como activistas.


La de 2013 será claramente una elección de personalidades donde los grandes ganadores y perdedores serán cuantitativamente los partidos grandes. ¿A cuál de los grandes partidos restarán votos esos partidos ya no tan “morralla”? El más afectado, si no se opera con tacto e inteligencia, será nuevamente el PRI.


Y es que en medio de la desunión y de su crisis interna, el PRI continúa con la mayor votación, solo por debajo de las antiprogramáticas coaliciones, pero de nada le vale si sigue perdiendo la mayoría de los distritos locales y las presidencias municipales más importantes. El enemigo a vencer para la coalición del gobernador sigue siendo el PRI; y el enemigo a vencer para el PRI es el propio PRI.


De su nueva dirigencia estatal, se espera muy poco. Todos le apuestan a la continuidad de las mismas prácticas de cuando el PRI era gobierno. Por el bien de nuestra democracia y de nuestro sistema político, esperemos que nos sorprendan gratamente. Oaxaca no tiene gobierno y no lo tendrá mientras no tenga una verdadera oposición desde el congreso y desde los ayuntamientos.


Twitter: @MoisesMolina

viernes, 7 de diciembre de 2012

A VER QUÉ DIPUTADOS Y QUÉ PRESIDENTES MUNICIPALES MERECEMOS

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

A VER AHORA QUÉ DIPUTADOS Y QUÉ PRESIDENTES MUNICIPALES MERECEMOS


Alguna vez escribí que los oaxaqueños medimos el tiempo en elecciones. No bien salimos de un proceso electoral y ya estamos entrando al siguiente. El poder, por vía de los cargos en disputa, son referente cotidiano, nota presente, en diversos grados, en nuestra cotidianeidad.


Regularmente hablamos del gobernador, del presidente municipal, de los diputados. Hoy la figura presidencial y su gabinete son tema de desayuno, comida y cena. El gobierno es uno de los dos componentes del poder como elemento determinante del Estado y es común que, aún en nuestros días, nuestra precaria cultura política confunda al poder, incluso al gobierno con el Estado mismo.


Las elecciones, ligadas a “la grilla”, que no a la política, se nos aparecen como un mal necesario. La pésima imagen de los políticos se traslada a la política y tenemos por esta, una imagen distorsionada de lo que debiera ser la más noble actividad humana inventada para gestionar conflictos, para estrechar diferencias, para moderar –como quería Morelos- la opulencia y la indigencia; en una frase, para vivir mejor, para alcanzar eso otro elemento determinante del Estado que es su teleología: el bien público temporal.


Invariablemente nos expresamos mal de los políticos y por extensión de la política, pero seguimos eligiendo opciones entre los primeros. Con cada consulta electoral acudimos a las urnas a votar, algunos como cumplimiento de un deber cívico, otros como corolario a una incontestable militancia partidista, algunos más como epítome del repudio a unas siglas o a determinadas personas en lo individual o como miembros de lo que intuitivamente entendemos como clase política.


No podemos vivir sin elecciones, aunque deseemos vivir sin políticos. El voto de esperanza es cada vez más escaso y de ello han sido responsables todos quienes una vez habiendo rendido protesta parecen hacer lo contrario a cuanto prometieron en las campañas a todos los niveles y en todos los espacios. En Oaxaca el empleo y la seguridad nunca se tuvieron en el pasado reciente, pero tampoco la paz ni el progreso en el incómodo presente, solo por citar las dos últimas experiencias de la mercadotecnia política sexenal de 2004 a la fecha.


En octubre pasado iniciamos formalmente un nuevo proceso electoral en Oaxaca que desembocará en las elecciones del primer domingo de julio, domingo 7 en que nuevamente iremos mayoritariamente a las urnas a elegir diputados locales y presidente municipales. La disputa por el poder como fin en sí mismo, nos esboza ya lo que vendrá y lo más relevante de nuestra vida política inmediata será el proceso mismo y no el resultado; quiénes ganan, de qué partidos y no para qué ganan; quiénes conquistan esos nuevos espacios de poder y no para qué los logran.


Los propios políticos lo saben y participan gustosos de esta simulación. Forman organizaciones “ciudadanas”; se inventan programas de atención social (muy frívolos algunos de ellos); llenan de calcomanías nuestros autobuses de transporte público y nos hostigan a través de los parabuses; buscan acomodo en la estructura formal de los partidos pensando en que les servirán de trampolín; intensifican su vida social poniéndose a las órdenes de todos indiscriminadamente. El primer requisito a cumplir es el posicionamiento, que sus nombres suenen, que se conozcan, que entren en la memoria de los votantes de la manera más amable posible. Los hay quienes regalando palomitas y globos u organizando brigadas y funciones de cine, esperan ganar adeptos a su aventura personal. Triste es que no se les puede reclamar en absoluto nada de ello. Nuestro déficit de ciudadanía, nuestra pobre, muy pobre cultura política lo permite y hasta lo incentiva. Juegan en base a esas reglas porque son las reglas que, tolerándolas, las impone el pueblo.


Mientras el ciudadano (nos sigue quedando enorme ese apelativo) no se ocupe por sí mismo de su educación política, las cosas seguirán así en entidades como Oaxaca; en algunos municipios más, en otros menos. La displicencia y el rotundo fracaso de las instituciones encargada, hasta constitucionalmente, de educar a la gente en ciudadanía se ve como algo normal y hasta cómodo. Las cúpulas de los partidos políticos mantienen sus órganos de capacitación política y divulgación ideológica durmiendo el sueño de los justos y los órganos electorales a nivel nacional y estatal ahogan sus espacios de cultura cívica y capacitación electoral con otras “prioridades”. Por eso en Oaxaca estamos lejos de hacer política y los dedazos, imposiciones, concertacesiones, pactos, negociaciones, cochupos y toda clase de arreglos y desarreglos hasta económicos, fuera de toda ética y de toda responsabilidad pública son alimento para “la grilla”, deporte favorito de los políticos oaxaqueños.


Por lo pronto, el órgano electoral ya acordó fechas de nuestro pandemónium trienial. Del 19 de marzo al 2 de abril nuestros aspirantes a ser candidatos a diputados locales estarán haciendo precampaña al interior de sus respectivos partidos políticos; del 7 al 16 de mayo se estarán registrando los candidatos de cada partido o coalición ante el IEEPCO, para el 25 de mayo iniciar las campañas electorales terminándolas el 3 de julio.


Y respecto de los concejales a los ayuntamientos, las precampañas serán del 3 al 12 de abril; el periodo de registro de candidatos del 17 al 26 de mayo y el 04 de junio podrán inician las campañas electorales para concluir, de igual forma, el miércoles 3 de julio.


De los partidos ya no se puede esperar mucho en medio del desencanto. En decepciones infringidas a los ciudadanos, todos están empatados, pero paradójicamente será una elección concurrida, una vez sepultadas las famosas elecciones intermedias con bajo nivel de participación ciudadana. En ninguna elección salimos a votar tantos como en la de presidente municipal que, en esta ocasión coincidirá con la de diputados locales.


Si la gente no espera nada ya de los partidos, sí puede esperar algo de los candidatos, mujeres y hombres de carne y hueso, con sus biografías a cuestas; con sus triunfos y fracasos al hombro; con resultados e incumplimientos por delante; con el beneficio de la duda o con el estigma de “los mismos de siempre”. La promesa de los partidos o coaliciones de postular a los mejores hombres y a las mejores mujeres es ya lugar común que nadie cree, pero que se mantendrá como una especie de fórmula mágica que habrá que repetir cada que se pueda. No aplica para la generalidad. Habrá que ponderar caso por caso, candidatura por candidatura.


Está demostrado que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. A ver qué diputados y qué presidentes municipales mereceremos en esta ocasión.

Twitter @MoisesMolina