No olvidamos, ni queremos olvidar el dulce título de mexicanos,
aunque la traición y la calumnia y todos los rencores de partido,
colmen nuestra existencia de maldiciones y amarguras
Ponciano Arriaga
Reitero. Es la parálisis el Waterloo de nuestro país. Pasan los años y México sigue, en términos generales, igual. El México próspero, lugar común de todos los discursos gubernamentales, se ha quedado desde hace varios años en el papel.
Vemos pasar otros países en su ruta a la prosperidad y no dejamos de ser meros espectadores.
Si alguna palabra hemos de escoger para describir la historia reciente de México en términos económicos, esa palabra es “mediocridad”. Después de la crisis de deuda del 82 y de las graves crisis del 94-95, interrumpida por la crisis hipotecaria exógena de 2009, México no ha tenido mayores contratiempos. El manejo económico ha sido, bien que mal, responsable pero entramos en una zona de confort, de complacencia. Hemos comparado, por años, nuestro progreso con el de otros países de América Latina, en lugar de hacerlo con el resto del mundo.
El origen de la disyuntiva que tantas pasiones despierta con las reformas está en respondernos si debemos seguir como hasta ahora, para que nuestro futuro sea reflejo fiel de nuestro pasado o si intentamos algo nuevo para que México prospere económicamente. Inmovilidad o cambio son las opciones a elegir.
El desprestigio de la política y más en específico de los políticos, nos alcanzó y las posturas antes que en su contenido, son juzgadas en función de su emisor. Las elecciones no terminan con la toma de protesta (del Presidente de la República, por ejemplo) y los mexicanos (políticos y ciudadanos) vivimos en campaña permanente. Seguimos estando en contra del presidente aunque ya no sea candidato; vitoreamos fervorosamente los dichos del perdedor cual si fuera el presidente. No juzgo que esté mal o bien. Simplemente así estamos.
Cuestiones tan delicadas que debían decidirse en el seno de la democracia representativa, son llevadas a las ágoras de los medios de comunicación y las plazas públicas. Las reformas no son del presidente, su única facultad es proponerlas, “iniciarlas”. El presidente y su equipo proponen y el legislativo dispone. ¿Puede el presidente querer lo peor para México? ¿Puede el legislativo perversamente convalidar ese destino?
La democracia así funciona. Nosotros cumplimos nuestra parte eligiendo a nuestros representantes. Con nuestro voto les entregamos nuestra confianza. No quiere decir esto que permanezcamos sordos y mudos, indiferentes ante lo que se discute y decide, pero nuestro papel no es, en una mala interpretación de nuestro artículo 39 constitucional, pretender hacer el trabajo de nuestros representantes.
Las minorías deben claramente ser escuchadas, sus planteamientos ser ponderados, pero no tomados como órdenes que cancelen lo que las mayorías decidan. La libertad propia debe terminar donde comience la libertad de otros.
¿Por qué el Presidente Peña Nieto se ha metido en camisa de once varas? ¿Busca su beneficio personal? ¿Las “empresas extranjeras” le darán dinero por “vender el país? ¿Qué le podrían haber ofrecido para que traicione a México y a los mexicanos, el pueblo que gobierna? ¿Lo tienen amenazado? ¿Son ocurrencias todas esas reformas que propone? ¿Por qué tantas reformas prácticamente al mismo tiempo?
Mi percepción (que a más de uno escandaliza) es que tenemos un presidente decidido a hacer lo correcto y lo necesario para que México lo recuerde como un gran presidente; que no busca las palmas y los vítores del momento. Tenemos un presidente decidido a transformar, a pasar a la historia fuera de la escala de grises, un presidente que quiere un lugar de reconocimiento en la memoria de las futuras generaciones. Yo le concedo el beneficio de la duda.
¿Qué me anima? A raíz de toda la babel que se ha desatado en tornoa las reformas, me puse a estudiar para encontrar respuestas y me encontré con un voluminoso documento preparado por el Instituto Mexicano para la Competitividad, México Evalúa Centro de Análisis de Políticas Públicas A.C, Real Instituto Elcano y Centennial Group, este último, responsable de trabajos similares para India, América Latina y Asia. Es un esfuerzo, para mí, interesantísimo de prospectiva cuyo título es elocuente: “México 2042 Futuro para todos”.
Me reprocharán que es un estudio globalizante, hijo del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la OCDE y del BID; de todos esos organismos imperialistas que quieren desde siempre devorarse a México y a todos los países emergentes y ponerlos al servicio de los intereses de Los Estados Unidos. Quien lo lea, si es que no está irremediablemente ideologizado, encontrará razones convincentes no solo para ir por las reformas, sino para hacerlo urgentemente.
Tenemos un bono demográfico, reflejado en y un sustancial incremento en la población en edad productiva en proporción a la población total, que va a durar hasta 2035. En 2050 México será un país de adultos mayores. Si estos años de bono demográfico se dejan pasar para que el futuro sea un reflejo de nuestro pasado, estaríamos perdiendo una oportunidad histórica que no sabemos cuándo se vuelva a presentar, pero seguramente no viviremos para protagonizarlo.
¿De qué se tratan las reformas? De tener una buena base de éxito para que México sea exitoso y próspero en 2042. Hay 4 diferencias clave entre hacer y no hacer lo que, entre otras cosas está comenzando a proponer el Presidente:
1. Producto Interno Bruto para 2042
Opción de prosperidad: 7.4 billones de dólares
Opción de mediocridad: 3.1 billones de dólares
2. Participación de la riqueza mundial
Opción de prosperidad: 3.0%
Opción de mediocridad: 1.3%
3. Tasa promedio de crecimiento
Opción de prosperidad: 4.6 %
Opción de mediocridad: 2.8%
4. Ingreso per cápita de los mexicanos
Opción de prosperidad: 46,400 dólares
Opción de mediocridad: 27,400 dólares
¿Por qué necesitamos reforma educativa? Porque la educación de calidad, que no tenemos, es la herramienta más poderosa para incrementar el crecimiento económico con una fuerza laboral de excelencia (que tampoco tenemos), mejorar la competitividad y promover la inclusión. Este país necesita competitividad e inclusión que solo puede dar una buena educación.
¿Por qué necesitamos reforma energética? Porque una economía competitiva necesita petróleo, gas y electricidad con precios, valga la redundancia, competitivos.
¿Por qué requerimos reforma hacendaria? Porque no podemos seguir dependiendo de las fluctuaciones en la producción y los precios del petróleo. Necesitamos recaudar y gastar mejor para no seguir dependiendo de un recurso natural que algún día se va a acabar.
No se trata de festinar la derrota constitucional de quienes desquician nuestras calles, también son mexicanos. No se trata de alegatos inflamados en pro de la represión, sino de la toma de conciencia de que este país y sus entidades en pacto federal necesitan orden. No se trata de seguir en campaña denostando o defendiendo a quien ganó, si no de entender los más posibles, que vivimos en una república representativa que tiene un lugares para legislar que son los congresos, no las calles, que el que ganó, pues ganó y hay que dejarlo trabajar. No se trata de desear que los profesores cobren menos o pierdan sus empleos; los buenos profesores, los que estudian, se preparan, se actualizan, cuya verdadera vocación es con la niñez y en las aulas -y no la política en las calles - estarán bien y en paz con la sociedad. El descontento no es con los profesores, es con sus líderes.
No se trata de poner a nadie en contra de nadie, ni de ponerse uno en contra de otros, mucho menos de poner a otros en contra de uno mismo. Este país necesita concordia y nos necesita a todos. Seguimos siendo mexicanos con o sin reformas. Los violentos de palabra y actos son los menos. Es posible defender nuestras posturas sin la asunción de enemigos. Es posible estar a favor de los profesores y a favor de las reformas; en contra del presidente y a favor de la razón. Como quería Ponciano Arriaga, mantengamos el dulce título de MEXICANOS.
Twitter: @MoisesMolina
viernes, 6 de septiembre de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
EL RUMOR
“No alcanza con que un dato sea cierto, debe ser verosímil.
Puede ser cierto que una mujer tenga 20 hijos, pero nadie lo creería”
Mark Twain
Resultan todavía un enigma el comportamiento y las valoraciones de los oaxaqueños metidos a políticos; no solo de aquellos formalmente reconocidos como tales, sino también de los ciudadanos “comunes” que al enfrascarse con suma facilidad, ligereza y hasta comodidad en diálogos y hasta monólogos cuyo néctar es la política, ejercen la política. En esta, como en otras venas de la vida, siempre son más los que hablan de otros que quienes se ocupan de sí mismos.
No importa si se tienen bases o no, si se tiene formación o no, si se conocen con profusión los temas o no, si se tiene autoridad o no, si lo discutido nos afecta o no; siempre opinamos, suponemos, elucubramos, intuimos. El asunto es no quedarnos callados, asumir una postura y una falsa (o verdadera) actitud de dominio de nosotros mismos con terminal en la más olímpica de las certezas. Tenemos los “argumentos” para resolver los problemas del mundo; Oaxaca y México nos quedan ya muy chicos. No en vano se dice con cierta frustración: “La gente habla porque tiene boca”.
¿Qué orienta nuestras convicciones y nuestras opiniones políticas sobre lo que pasa en nuestro entorno buena parte del año? EL RUMOR.
El rumor es nuestra moneda de cambio en el proceso comunicativo. La teoría económica nos presta auxilio a nuestra comprensión con la Ley de Gresham: “La moneda mala desplaza a la buena, porque esta última se atesora”. Como la información que nos interesa la mayor parte del tiempo permanece oculta, acaparada, los medios de comunicación (dentro de los que incluyo a las redes sociales como el twitter y el facebook), fundamentalmente echan mano de la moneda mala por razones naturales. Los medios necesitan responder a la demanda de un público ávido de información y cuando la información no aparece, el rumor que siempre está ahí es llamado como los suplentes en un partido de futbol.
Ritter es elocuente: “La sociedad no deja preguntas sin respuestas, así como no le interesan respuestas a preguntas que no se han formulado. Cuando la pregunta existe y la respuesta es diferida, el rumor toma su lugar”.
Oaxaca es una incógnita gigante que sufre y se acongoja. En Oaxaca la gente siempre se está haciendo preguntas. Vivimos en estado permanente de interrogatorio. ¿Por qué fue Gabino con Loret y López Dóriga? ¿Van a regresar los profesores esta semana a las aulas? ¿Quién les está financiando el plantón en el DF? ¿Será Avilés el coordinador de los diputados del PRI? ¿Qué piensa Moreno Sada? ¿Murat o Ulises manda en el PRI de Oaxaca? ¿Quién va a ser el próximo presidente del PRI? ¿Quién va a coordinar a los diputados del PAN? ¿Nati o Henestrosa? ¿Y a los del PRD? ¿Los chuchos o los chendos? ¿Quiénes van a ser los candidatos a gobernador? ¿Quién estará más fuerte? ¿Quién tiene más posibilidades? ¿Quién está mejor posicionado en el ánimo del presidente? ¿Será que va a decidir el presidente? ¿Va a recuperar el PRI? ¿Gabino tiene un as bajo la manga? ¿Que el ganón va a ser un empresario sin empresa motejado “el aguarrás”?, etc, etc, etc.
Seguramente usted -amable lector- se iba respondiendo hiladas todas y cada una de las interrogantes anteriores y más de una causó el poderoso efecto de nuestro raro objeto de estudio, el rumor.
El origen del rumor es la ansiedad, la hostilidad y la tensión. Los conocedores del tema –al menos los que yo consulté desde Robert H. Knapp con “La psicología del rumor” de 1944- coinciden en este origen.
Un rumor puede, entre el mar de definiciones, reducirse semánticamente a la expresión de “informaciones no confirmadas”. Sus motivaciones, diversas, pero G.W. Allport y Leo Postman consideraron ya en 1947 que los rumores dan alivio a quien los origina: “pueden aliviar sentimientos de culpa, ansiedad, temor, furia, resentimiento u hostilidad”.
¿Conoce usted en Oaxaca algún político resentido, furioso, hostil, temeroso, acomplejado, intranquilo, inseguro, cobarde, implorante de las bondades terapéuticas del rumor? Yo tampoco
Más que kafkiano, Oaxaca es un estado Freudiano y pongo el acento en los políticos, eternos especialistas del rumor; oníricos, a modo de eternos suspirantes. Todo el tiempo están aspirando a algo, todo el tiempo están suspirando por algo, soñando todo el tiempo por el cargo de sus sueños. Como en Oaxaca ha pasado de todo, poco importa si se tienen o no merecimientos. Aunque se la hayan pasado la totalidad de su carrera política haciendo lo indebido, la vergüenza está en exilio permanente de nuestra tierra.
Sobre todo en política, el sujeto que origina el rumor vuelca sus fantasías y encubre sus deseos siguiendo paso a paso la dinámica de la construcción de los sueños de Freud. Enrique Pichón-Rivière advierte al rumor como un dispositivo de racionalización que nos proporciona pretextos convertidos en razones.
Hay incluso quienes consideran (cualquier semejanza con Oaxaca es mera coincidencia) al rumor como fenómeno patológico; iniciados por algún tipo de personas que sufren de algún desorden emocional, muchos rumores tienen una base neurótica como los que tienden al fortalecimiento de una auto-imagen pobre o débil. Falsas personalidades, falsas relaciones, falsas ventajas, falso poder, falsas posibilidades alimentadas por megalomanía, delirios de grandeza.
El mismo Ritten nos obsequia: “Parten de la necesidad de algunas personas de ser el centro de atención, de alcanzar un lugar preponderante entre sus pares, tendiendo la persona que transmite el rumor a relacionar su contenido con ella misma”.
Podríamos hablar sobre los tipos de rumores, de sus enfoques, de su relación con la prensa, de su sociología, de la credibilidad de los rumores y de muchas cosas más. Por razón de espacio, si es de su interés –amable lector- probablemente lo hagamos en entregas diversas.
Lo interesante está en concluir exactamente lo mismo que dedujo en 1904 Arthur Ponsomby, miembro del parlamento británico y gran opositor al ingreso de su país a la primera guerra mundial: “Cuando la guerra se ha desatado, la primera víctima es la verdad”.
En Oaxaca, desgraciadamente, sobran las preguntas y escasean las respuestas, por ello el rumor seguirá a la orden del día. A sabiendas de todo lo anterior usted estará listo para prevenirse de ellos en ortodoxa obediencia al “ordo dubitandum” o entregarse complacidamente a la patología de algunos de sus autores y difusores.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
Puede ser cierto que una mujer tenga 20 hijos, pero nadie lo creería”
Mark Twain
Resultan todavía un enigma el comportamiento y las valoraciones de los oaxaqueños metidos a políticos; no solo de aquellos formalmente reconocidos como tales, sino también de los ciudadanos “comunes” que al enfrascarse con suma facilidad, ligereza y hasta comodidad en diálogos y hasta monólogos cuyo néctar es la política, ejercen la política. En esta, como en otras venas de la vida, siempre son más los que hablan de otros que quienes se ocupan de sí mismos.
No importa si se tienen bases o no, si se tiene formación o no, si se conocen con profusión los temas o no, si se tiene autoridad o no, si lo discutido nos afecta o no; siempre opinamos, suponemos, elucubramos, intuimos. El asunto es no quedarnos callados, asumir una postura y una falsa (o verdadera) actitud de dominio de nosotros mismos con terminal en la más olímpica de las certezas. Tenemos los “argumentos” para resolver los problemas del mundo; Oaxaca y México nos quedan ya muy chicos. No en vano se dice con cierta frustración: “La gente habla porque tiene boca”.
¿Qué orienta nuestras convicciones y nuestras opiniones políticas sobre lo que pasa en nuestro entorno buena parte del año? EL RUMOR.
El rumor es nuestra moneda de cambio en el proceso comunicativo. La teoría económica nos presta auxilio a nuestra comprensión con la Ley de Gresham: “La moneda mala desplaza a la buena, porque esta última se atesora”. Como la información que nos interesa la mayor parte del tiempo permanece oculta, acaparada, los medios de comunicación (dentro de los que incluyo a las redes sociales como el twitter y el facebook), fundamentalmente echan mano de la moneda mala por razones naturales. Los medios necesitan responder a la demanda de un público ávido de información y cuando la información no aparece, el rumor que siempre está ahí es llamado como los suplentes en un partido de futbol.
Ritter es elocuente: “La sociedad no deja preguntas sin respuestas, así como no le interesan respuestas a preguntas que no se han formulado. Cuando la pregunta existe y la respuesta es diferida, el rumor toma su lugar”.
Oaxaca es una incógnita gigante que sufre y se acongoja. En Oaxaca la gente siempre se está haciendo preguntas. Vivimos en estado permanente de interrogatorio. ¿Por qué fue Gabino con Loret y López Dóriga? ¿Van a regresar los profesores esta semana a las aulas? ¿Quién les está financiando el plantón en el DF? ¿Será Avilés el coordinador de los diputados del PRI? ¿Qué piensa Moreno Sada? ¿Murat o Ulises manda en el PRI de Oaxaca? ¿Quién va a ser el próximo presidente del PRI? ¿Quién va a coordinar a los diputados del PAN? ¿Nati o Henestrosa? ¿Y a los del PRD? ¿Los chuchos o los chendos? ¿Quiénes van a ser los candidatos a gobernador? ¿Quién estará más fuerte? ¿Quién tiene más posibilidades? ¿Quién está mejor posicionado en el ánimo del presidente? ¿Será que va a decidir el presidente? ¿Va a recuperar el PRI? ¿Gabino tiene un as bajo la manga? ¿Que el ganón va a ser un empresario sin empresa motejado “el aguarrás”?, etc, etc, etc.
Seguramente usted -amable lector- se iba respondiendo hiladas todas y cada una de las interrogantes anteriores y más de una causó el poderoso efecto de nuestro raro objeto de estudio, el rumor.
El origen del rumor es la ansiedad, la hostilidad y la tensión. Los conocedores del tema –al menos los que yo consulté desde Robert H. Knapp con “La psicología del rumor” de 1944- coinciden en este origen.
Un rumor puede, entre el mar de definiciones, reducirse semánticamente a la expresión de “informaciones no confirmadas”. Sus motivaciones, diversas, pero G.W. Allport y Leo Postman consideraron ya en 1947 que los rumores dan alivio a quien los origina: “pueden aliviar sentimientos de culpa, ansiedad, temor, furia, resentimiento u hostilidad”.
¿Conoce usted en Oaxaca algún político resentido, furioso, hostil, temeroso, acomplejado, intranquilo, inseguro, cobarde, implorante de las bondades terapéuticas del rumor? Yo tampoco
Más que kafkiano, Oaxaca es un estado Freudiano y pongo el acento en los políticos, eternos especialistas del rumor; oníricos, a modo de eternos suspirantes. Todo el tiempo están aspirando a algo, todo el tiempo están suspirando por algo, soñando todo el tiempo por el cargo de sus sueños. Como en Oaxaca ha pasado de todo, poco importa si se tienen o no merecimientos. Aunque se la hayan pasado la totalidad de su carrera política haciendo lo indebido, la vergüenza está en exilio permanente de nuestra tierra.
Sobre todo en política, el sujeto que origina el rumor vuelca sus fantasías y encubre sus deseos siguiendo paso a paso la dinámica de la construcción de los sueños de Freud. Enrique Pichón-Rivière advierte al rumor como un dispositivo de racionalización que nos proporciona pretextos convertidos en razones.
Hay incluso quienes consideran (cualquier semejanza con Oaxaca es mera coincidencia) al rumor como fenómeno patológico; iniciados por algún tipo de personas que sufren de algún desorden emocional, muchos rumores tienen una base neurótica como los que tienden al fortalecimiento de una auto-imagen pobre o débil. Falsas personalidades, falsas relaciones, falsas ventajas, falso poder, falsas posibilidades alimentadas por megalomanía, delirios de grandeza.
El mismo Ritten nos obsequia: “Parten de la necesidad de algunas personas de ser el centro de atención, de alcanzar un lugar preponderante entre sus pares, tendiendo la persona que transmite el rumor a relacionar su contenido con ella misma”.
Podríamos hablar sobre los tipos de rumores, de sus enfoques, de su relación con la prensa, de su sociología, de la credibilidad de los rumores y de muchas cosas más. Por razón de espacio, si es de su interés –amable lector- probablemente lo hagamos en entregas diversas.
Lo interesante está en concluir exactamente lo mismo que dedujo en 1904 Arthur Ponsomby, miembro del parlamento británico y gran opositor al ingreso de su país a la primera guerra mundial: “Cuando la guerra se ha desatado, la primera víctima es la verdad”.
En Oaxaca, desgraciadamente, sobran las preguntas y escasean las respuestas, por ello el rumor seguirá a la orden del día. A sabiendas de todo lo anterior usted estará listo para prevenirse de ellos en ortodoxa obediencia al “ordo dubitandum” o entregarse complacidamente a la patología de algunos de sus autores y difusores.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
viernes, 16 de agosto de 2013
MURAT Y PUNTO …
Les remito a La X en La Frente publicada en SDP Noticias el 14 de Enero (http://www.sdpnoticias.com/columnas/2013/01/14/murat-ave-de-tempestades).
El pacto por México, ha cobrado nuevo auge. Nos guste o no, la televisión abierta hoy por hoy, orienta parte importante de la cultura política del mexicano, con sus creencias y valoraciones; y el tiempo que se le dio al acuerdo dos días de esta semana en espacio privilegiado, han formado opinión; opinión que se publica y que se lee, pero también e infinitamente más numerosa, opinión del ciudadano ordinario sin posibilidades o interés de darla a conocer mediáticamente.
Si resultaba, hasta hace unos meses, increíble la posibilidad de hacer coincidir en una mesa a los protagonistas del lodazal que fue la campaña presidencial de 2012 para acordar acciones conjuntas, aunque se hubiesen quedado en el mero anuncio, no encuentro calificativo para adjetivar el hecho de que hayan decidido la hechura de un programa de televisión, juntos.
Uno de los grandes problemas de este país, quizá el más grave, es la parálisis. Salir de ella sin la necesidad de que el Presidente tenga mayoría en el congreso, tiene un enorme mérito. El Pacto por México, si bien tiene sus antecedentes, es histórico. La historicidad se la ha dado el éxito. Todos los esfuerzos anteriores nacieron muertos.
Hoy los partidos se dieron la oportunidad de pensar en algo más que procesos electorales.
Más que el horario cuasi estelar de martes y jueves, fue la forma en que se le presentó a los mexicanos el Pacto Por México. Fueron dos programas de política pura y de pura política, y en política la forma es fondo. La televisión conoce bien su negocio y eligió algo que le leí a mi amigo Memo Pérez Peña (@memocrata): el storytelling.
Christian Salmon dice que el stotytelling es “… la máquina de fabricar historias y formatear las mentes”. Más bien creo que los corazones son los que se formatean. El pacto entró, con esta herramienta, en las emociones de muchos mexicanos.
El storytelling (contar historias) nos regaló mucho más que la mera historia del Pacto. Arrojó muchas luces sobre el presente y sobre el porvenir de México, pero también nos cuenta una historia de presente y futuro para Oaxaca. Mucho se había especulado en torno a la verdadera participación de Murat en el Pacto. Yo me aventuré, en aquella columna del 14 de enero, a enunciarla. Hoy se confirma.
Murat concita, quizá por su forma de ser, mucha antipatía. Sus facciones no son amables, manotea, aspavienta, levanta la voz, se incomoda con facilidad. En esa apariencia encuentra defensa. Amén de que la búsqueda de la empatía no es lo suyo, no hay nadie que hable bien de él en público, nadie que le reconozca un mérito. Cuando se hace, se procura que los menos se enteren. Aunque él dice que sí tiene amigos, el problema es que invariablemente lo niegan y le dan la espalda. Ha tenido mala suerte con las lealtades, pero parece que es algo de lo que no está dispuesto a aprender.
Hoy, que toda la clase política de Oaxaca vio estos programas, estará aún más solicitado. Especialmente por aquellos priistas de último minuto. Los que no corren riesgos. Los que no querían dejar lugar a ninguna duda de que el que manda en Oaxaca es Murat. Y él recibirá a todo el que lo busque. Conforme se camina en esto que llamamos política se aprende a desadjetivar. En política no hay bueno ni malo; hay realidad. Aunque pudiera sonar a obviedad, la política es lo que es y punto.
Peña Nieto y él, Videgaray y él, Osorio Chong y él. Madero, Creel, Zambrano y Ortega entre manteles verdes, servilletas amarillas y floreros azules en su casa, redactando el futuro de México. No hay más.
El pacto, algún día terminará, pero por ahora se ve percibe sólido. Ha hecho historia patentizando que la política sí puede ser el arte de lo posible y dejando para el futuro la experiencia de que los partidos sí pueden dejar de lado sus diferencias. Por el bien de México, que le vaya bien al pacto; que le vaya bien a sus actores.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
El pacto por México, ha cobrado nuevo auge. Nos guste o no, la televisión abierta hoy por hoy, orienta parte importante de la cultura política del mexicano, con sus creencias y valoraciones; y el tiempo que se le dio al acuerdo dos días de esta semana en espacio privilegiado, han formado opinión; opinión que se publica y que se lee, pero también e infinitamente más numerosa, opinión del ciudadano ordinario sin posibilidades o interés de darla a conocer mediáticamente.
Si resultaba, hasta hace unos meses, increíble la posibilidad de hacer coincidir en una mesa a los protagonistas del lodazal que fue la campaña presidencial de 2012 para acordar acciones conjuntas, aunque se hubiesen quedado en el mero anuncio, no encuentro calificativo para adjetivar el hecho de que hayan decidido la hechura de un programa de televisión, juntos.
Uno de los grandes problemas de este país, quizá el más grave, es la parálisis. Salir de ella sin la necesidad de que el Presidente tenga mayoría en el congreso, tiene un enorme mérito. El Pacto por México, si bien tiene sus antecedentes, es histórico. La historicidad se la ha dado el éxito. Todos los esfuerzos anteriores nacieron muertos.
Hoy los partidos se dieron la oportunidad de pensar en algo más que procesos electorales.
Más que el horario cuasi estelar de martes y jueves, fue la forma en que se le presentó a los mexicanos el Pacto Por México. Fueron dos programas de política pura y de pura política, y en política la forma es fondo. La televisión conoce bien su negocio y eligió algo que le leí a mi amigo Memo Pérez Peña (@memocrata): el storytelling.
Christian Salmon dice que el stotytelling es “… la máquina de fabricar historias y formatear las mentes”. Más bien creo que los corazones son los que se formatean. El pacto entró, con esta herramienta, en las emociones de muchos mexicanos.
El storytelling (contar historias) nos regaló mucho más que la mera historia del Pacto. Arrojó muchas luces sobre el presente y sobre el porvenir de México, pero también nos cuenta una historia de presente y futuro para Oaxaca. Mucho se había especulado en torno a la verdadera participación de Murat en el Pacto. Yo me aventuré, en aquella columna del 14 de enero, a enunciarla. Hoy se confirma.
Murat concita, quizá por su forma de ser, mucha antipatía. Sus facciones no son amables, manotea, aspavienta, levanta la voz, se incomoda con facilidad. En esa apariencia encuentra defensa. Amén de que la búsqueda de la empatía no es lo suyo, no hay nadie que hable bien de él en público, nadie que le reconozca un mérito. Cuando se hace, se procura que los menos se enteren. Aunque él dice que sí tiene amigos, el problema es que invariablemente lo niegan y le dan la espalda. Ha tenido mala suerte con las lealtades, pero parece que es algo de lo que no está dispuesto a aprender.
Hoy, que toda la clase política de Oaxaca vio estos programas, estará aún más solicitado. Especialmente por aquellos priistas de último minuto. Los que no corren riesgos. Los que no querían dejar lugar a ninguna duda de que el que manda en Oaxaca es Murat. Y él recibirá a todo el que lo busque. Conforme se camina en esto que llamamos política se aprende a desadjetivar. En política no hay bueno ni malo; hay realidad. Aunque pudiera sonar a obviedad, la política es lo que es y punto.
Peña Nieto y él, Videgaray y él, Osorio Chong y él. Madero, Creel, Zambrano y Ortega entre manteles verdes, servilletas amarillas y floreros azules en su casa, redactando el futuro de México. No hay más.
El pacto, algún día terminará, pero por ahora se ve percibe sólido. Ha hecho historia patentizando que la política sí puede ser el arte de lo posible y dejando para el futuro la experiencia de que los partidos sí pueden dejar de lado sus diferencias. Por el bien de México, que le vaya bien al pacto; que le vaya bien a sus actores.
moisesmolinar@hotmail.com
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viernes, 9 de agosto de 2013
NI UNA MUERTA MÁS
Son las feministas, probablemente, las huéspedes más enardecidas de las redes sociales; y quizás, las líderes de opinión más congruentes con la defensa de sus causas. Difícil es, en los espacios públicos del debate y la reflexión, aventurarse a emitir un juicio que linde el tema de “la mujer” sin sus reproches o puntuales precisiones.
Este ejército de vigías en indignación permanente pretende ser situado, en ocasiones, fuera de la normalidad social. Es una guerra soterrada contra ellas. Pocas veces de frente; las más a sus espaldas, se les juzga, se les califica, se les ofende, lo mismo desde el espacio privado que desde el público, no se diga, gubernamental. Son las locas, las revoltosas, las argüenderas, “esas pinches viejas” que siempre están (así lo escuché decir alguna vez a un hombre de Estado) “chingando la madre”.
Debo reconocer a título personal que sin ellas, las cosas estarían peor. Habría más ofendidas, más golpeadas, más abusadas. Las muertas serían más; más los padres sin hijas, más los hijos sin madre.
Su lucha para nosotros deja de ser molesta solo cuando hay, como ahora, muertas. Cuando su causa sirve ocasionalmente para despotricar contra el gobierno o simplemente para liberar nuestras frustraciones gritando la injusticia. Ahora que hay twitter, la hipocresía está más a flor de piel para entrega inmediata. Como todas nuestras desgracias colectivas (recién lo escribí) las muertes también se olvidan pronto, y las feministas vuelven a ser lo que nadie quisiera ser o que sus hijas fueran. Así está nuestra cultura. Pero tan pronto consolidan un logro, como lo fue el reciente reconocimiento del feminicidio como delito, nos colgamos la medalla como logro social, ciudadano.
En el fondo, las verdaderas feministas son estoicas, románticas. Batallan sin esperar, sinceramente, nada a cambio. Pero solo ellas se comprenden. Forman una raza aparte, una estirpe de ocasión en un yermo como el nuestro.
Ivonne fue la 220 del sexenio y la 42 del 2013. Así, tal cual, como una estadística la presentaron los medios. Una vida más que se perdía en medio del dolor de una familia que no alivian las justificaciones del procurador, ni todas las consignas contra el gobierno. No es la primera, como no será la última.
Se trata de muertes, pero antes de violencia; y en nuestras sociedades, la violencia es simplemente violencia, aunque la más sensible sea la de género.
El desprecio por la vida es generalizado y vergonzantemente hoy la vida de una mujer vale menos que la de un hombre porque cuesta menos trabajo arrebatarla. Una cuestión de cultura hace que, para muchos aún, la mujer siga siendo objeto susceptible de propiedad, posesión o usufructo. No hay que ir a las comunidades indígenas, las ciudades nos regalan los más lamentables ejemplos.
¿Qué hacer para que deje de pasar? La única respuesta que a mí me convence después de darle muchas vueltas al asunto es: “Hay que hacerles más caso a las feministas”, que no quieren matriarcado, que no piden que el hombre se someta a los designios de la mujer, que no pretenden humillar al hombre; las verdaderas feministas que no quieren intercambio de roles, ni que quieren dejar de ser amadas con la intensidad con la que solo un varón puede amar a una mujer. El hombre es insustituible en la misma medida en que la mujer lo es.
Voy de acuerdo en que hay de feminismos a feminismos, pero en el fondo tienen un rasgo común: el respeto por la vida y por la dignidad.
“No más violencia”, “ni una muerta más”, han sido las consignas que se imponen como moda de un día o una semana; “hashtags” les llaman ahora en las redes sociales. Poco a poco se van metiendo en el subconsciente y en las actitudes diarias.
Alain Touraine vaticina que feministas serán los movimientos preponderantes, triunfadores del futuro inmediato. Más que sociales, son movimientos culturales, parte de un nuevo paradigma.
Antes que Ivonne, fue Elizabeth de Mitla en abril la bandera contra una inaceptable realidad que nos ubica entre las nueve entidades con más feminicidios en el país. Ninguna de las dos, como todas las demás, descansa en paz. Es una realidad que no se cambia de la noche a la mañana.
El feminicidio no existe en los correctores automáticos de ortografía de nuestras computadoras, ni en la Real Academia Española, pero ya está en nuestros códigos penales. Y existe gracias a esas mujeres incomprendidas que están llamadas, por vocación, a seguir “chingando la madre”, a no quitar el dedo del renglón, a dejarnos presente, a fuerza de reclamos, que no podemos seguirlas matando por acción o por omisión.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
Este ejército de vigías en indignación permanente pretende ser situado, en ocasiones, fuera de la normalidad social. Es una guerra soterrada contra ellas. Pocas veces de frente; las más a sus espaldas, se les juzga, se les califica, se les ofende, lo mismo desde el espacio privado que desde el público, no se diga, gubernamental. Son las locas, las revoltosas, las argüenderas, “esas pinches viejas” que siempre están (así lo escuché decir alguna vez a un hombre de Estado) “chingando la madre”.
Debo reconocer a título personal que sin ellas, las cosas estarían peor. Habría más ofendidas, más golpeadas, más abusadas. Las muertas serían más; más los padres sin hijas, más los hijos sin madre.
Su lucha para nosotros deja de ser molesta solo cuando hay, como ahora, muertas. Cuando su causa sirve ocasionalmente para despotricar contra el gobierno o simplemente para liberar nuestras frustraciones gritando la injusticia. Ahora que hay twitter, la hipocresía está más a flor de piel para entrega inmediata. Como todas nuestras desgracias colectivas (recién lo escribí) las muertes también se olvidan pronto, y las feministas vuelven a ser lo que nadie quisiera ser o que sus hijas fueran. Así está nuestra cultura. Pero tan pronto consolidan un logro, como lo fue el reciente reconocimiento del feminicidio como delito, nos colgamos la medalla como logro social, ciudadano.
En el fondo, las verdaderas feministas son estoicas, románticas. Batallan sin esperar, sinceramente, nada a cambio. Pero solo ellas se comprenden. Forman una raza aparte, una estirpe de ocasión en un yermo como el nuestro.
Ivonne fue la 220 del sexenio y la 42 del 2013. Así, tal cual, como una estadística la presentaron los medios. Una vida más que se perdía en medio del dolor de una familia que no alivian las justificaciones del procurador, ni todas las consignas contra el gobierno. No es la primera, como no será la última.
Se trata de muertes, pero antes de violencia; y en nuestras sociedades, la violencia es simplemente violencia, aunque la más sensible sea la de género.
El desprecio por la vida es generalizado y vergonzantemente hoy la vida de una mujer vale menos que la de un hombre porque cuesta menos trabajo arrebatarla. Una cuestión de cultura hace que, para muchos aún, la mujer siga siendo objeto susceptible de propiedad, posesión o usufructo. No hay que ir a las comunidades indígenas, las ciudades nos regalan los más lamentables ejemplos.
¿Qué hacer para que deje de pasar? La única respuesta que a mí me convence después de darle muchas vueltas al asunto es: “Hay que hacerles más caso a las feministas”, que no quieren matriarcado, que no piden que el hombre se someta a los designios de la mujer, que no pretenden humillar al hombre; las verdaderas feministas que no quieren intercambio de roles, ni que quieren dejar de ser amadas con la intensidad con la que solo un varón puede amar a una mujer. El hombre es insustituible en la misma medida en que la mujer lo es.
Voy de acuerdo en que hay de feminismos a feminismos, pero en el fondo tienen un rasgo común: el respeto por la vida y por la dignidad.
“No más violencia”, “ni una muerta más”, han sido las consignas que se imponen como moda de un día o una semana; “hashtags” les llaman ahora en las redes sociales. Poco a poco se van metiendo en el subconsciente y en las actitudes diarias.
Alain Touraine vaticina que feministas serán los movimientos preponderantes, triunfadores del futuro inmediato. Más que sociales, son movimientos culturales, parte de un nuevo paradigma.
Antes que Ivonne, fue Elizabeth de Mitla en abril la bandera contra una inaceptable realidad que nos ubica entre las nueve entidades con más feminicidios en el país. Ninguna de las dos, como todas las demás, descansa en paz. Es una realidad que no se cambia de la noche a la mañana.
El feminicidio no existe en los correctores automáticos de ortografía de nuestras computadoras, ni en la Real Academia Española, pero ya está en nuestros códigos penales. Y existe gracias a esas mujeres incomprendidas que están llamadas, por vocación, a seguir “chingando la madre”, a no quitar el dedo del renglón, a dejarnos presente, a fuerza de reclamos, que no podemos seguirlas matando por acción o por omisión.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
jueves, 1 de agosto de 2013
UGARTECHEA, MARCO TULIO, GABINO Y NOSOTROS
A la hora de la redacción de estas líneas, el gobernador de Oaxaca ya le había respondido al Presidente Municipal de su Ciudad Capital, sin aludirlo: ”Solo cesaré a un secretario cuando no esté rindiendo en sus funciones”, leí en un tuit del maestro Felipe Sánchez (@escaparate_oax)
Tuvo que suceder en el marco de la máxima fiesta de los oaxaqueños, para hacerse evidente lo que es una realidad cotidiana: el brutal distanciamiento entre los dos órdenes de gobierno más inmediatos a los oaxaqueños.
Una sola cosa ha hecho posible entre los ciudadanos informados la creciente percepción de desencuentro, rompimiento, disputa y para algunos, hasta de odio entre Gabino Cué y Luis Ugartechea: el ego.
La ojeriza entre este último y el Secretario de Seguridad Pública de Oaxaca se da por sentada. Lo que se dijeron uno al otro a través de sus cuentas de twitter, no tiene parangón. No eran dos hombres de Estado (el municipio y las entidades federativas son parte del Estado) dentro de las márgenes de lo políticamente correcto; eran un policía y un restaurantero defendiendo al peor consejero de un político: el ego.
Ambos esgrimieron sus razones, muy válidas por cierto, pero en la percepción de quienes conocimos esos tweets y posteriores declaraciones a los medios, quedó el burdo ánimo de la preponderancia.
El Presidente Municipal medía con este cristal: Un subordinado del gobernador no tiene por qué impedirle el acceso, bajo ninguna circunstancia, a la máxima autoridad del municipio anfitrión de la fiesta. Es Oaxaca de Juárez, la ciudad de su Presidente Municipal, antes que de cualquier otro mortal. Ugartechea argumentaba más tarde asesorado por su suegro, nuestro ex secretario General de Gobierno, que no era un agravio a su persona, sino a la investidura. Pero cuanto se seguía viendo delante de cada palabra era el ego.
El secretario de Seguridad Pública lo veía seguramente de esta manera: Ni el propio presidente municipal puede pasar por encima de los protocolos de seguridad. La norma es la norma y los policías estamos para hacerla valer. El Sr. Ugartechea insistía en entrar con una persona armada y si está acostumbrado a hacer lo que le plazca en la ciudad que gobierna, ni modo. Yo cumplo la norma. De modo que confirmo la orden a mi policía de que no pasa. Y lo mismo, el ego se superponía.
La mala fe entre estos dos servidores públicos queda fuera de discusión… existe.
Marco Tulio sabiéndose vencedor en la batalla, ofreció disculpas aunque veladas; para el presidente la guerra aún no terminaba y no conforme con no aceptarlas, hizo pedir al gobernador, desde el mismo cabildo, la renuncia de su verdugo, y más allá: se hizo organizar una guelaguetza en la misma sede del palacio municipal. Ego, ego y más ego.
Con las horas nos enteramos de que otro actor metido a político, el autonombrado “diamante negro” Roberto Palazuelos, invitado de “honor” mostraba, en la segunda edición de la guelaguetza, un comportamiento poco honorable bajo los influjos de nuestra espirituosa bebida, sin protocolos de seguridad que se interpusieran en su cometido.
Así es Oaxaca y la gente debe saberlo. Un estado donde un artista pesa más que una autoridad. Un lugar de ficción donde el Presidente Municipal de la capital no puede conseguir que despidan a un funcionario que faltó a su investidura, pero donde una diputada sí puede conseguir que despidan no a uno, sino a cinco policías municipales que la detienen conduciendo ebria por nuestras calles, como lo dieron a conocer los medios de comunicación.
El es ego que se magnifica con el poder.
Curiosamente Ugartechea se va y Marco Tulio se queda. Este último le regala al primero, la prima lección que debe llevarse por delante todo político que aspire a hacer carrera: que muerto el rey, vive el rey.
¿Podemos juzgarlos? Probablemente lo mismo haríamos nosotros en circunstancias semejantes. Basta echar una mirada objetiva a nuestras actitudes del diario vivir como ciudadanos comunes y corrientes.
Escenas como esta no nos mueven a la reflexión ciudadana. Nos contentan, nos divierten. Nos hacen sentir ese extraño placer a costillas del poderoso. Satirizamos, tuiteamos festivos. Al día siguiente, lo olvidamos como olvidamos casi todas nuestras desgracias públicas y estamos listos para recibir el siguiente affaire. Seguimos siendo humanos, demasiado humanos, atestiguando, sin hacer nada, el psique de una clase política que se degenera inconteniblemente.
Pero a propósito de todo esto ¿qué entiendo yo por “el ego por delante”? El ego en el centro, el egocentrismo. La Real Academia Española nos brinda una definición que no deja aristas: “Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales”.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
Tuvo que suceder en el marco de la máxima fiesta de los oaxaqueños, para hacerse evidente lo que es una realidad cotidiana: el brutal distanciamiento entre los dos órdenes de gobierno más inmediatos a los oaxaqueños.
Una sola cosa ha hecho posible entre los ciudadanos informados la creciente percepción de desencuentro, rompimiento, disputa y para algunos, hasta de odio entre Gabino Cué y Luis Ugartechea: el ego.
La ojeriza entre este último y el Secretario de Seguridad Pública de Oaxaca se da por sentada. Lo que se dijeron uno al otro a través de sus cuentas de twitter, no tiene parangón. No eran dos hombres de Estado (el municipio y las entidades federativas son parte del Estado) dentro de las márgenes de lo políticamente correcto; eran un policía y un restaurantero defendiendo al peor consejero de un político: el ego.
Ambos esgrimieron sus razones, muy válidas por cierto, pero en la percepción de quienes conocimos esos tweets y posteriores declaraciones a los medios, quedó el burdo ánimo de la preponderancia.
El Presidente Municipal medía con este cristal: Un subordinado del gobernador no tiene por qué impedirle el acceso, bajo ninguna circunstancia, a la máxima autoridad del municipio anfitrión de la fiesta. Es Oaxaca de Juárez, la ciudad de su Presidente Municipal, antes que de cualquier otro mortal. Ugartechea argumentaba más tarde asesorado por su suegro, nuestro ex secretario General de Gobierno, que no era un agravio a su persona, sino a la investidura. Pero cuanto se seguía viendo delante de cada palabra era el ego.
El secretario de Seguridad Pública lo veía seguramente de esta manera: Ni el propio presidente municipal puede pasar por encima de los protocolos de seguridad. La norma es la norma y los policías estamos para hacerla valer. El Sr. Ugartechea insistía en entrar con una persona armada y si está acostumbrado a hacer lo que le plazca en la ciudad que gobierna, ni modo. Yo cumplo la norma. De modo que confirmo la orden a mi policía de que no pasa. Y lo mismo, el ego se superponía.
La mala fe entre estos dos servidores públicos queda fuera de discusión… existe.
Marco Tulio sabiéndose vencedor en la batalla, ofreció disculpas aunque veladas; para el presidente la guerra aún no terminaba y no conforme con no aceptarlas, hizo pedir al gobernador, desde el mismo cabildo, la renuncia de su verdugo, y más allá: se hizo organizar una guelaguetza en la misma sede del palacio municipal. Ego, ego y más ego.
Con las horas nos enteramos de que otro actor metido a político, el autonombrado “diamante negro” Roberto Palazuelos, invitado de “honor” mostraba, en la segunda edición de la guelaguetza, un comportamiento poco honorable bajo los influjos de nuestra espirituosa bebida, sin protocolos de seguridad que se interpusieran en su cometido.
Así es Oaxaca y la gente debe saberlo. Un estado donde un artista pesa más que una autoridad. Un lugar de ficción donde el Presidente Municipal de la capital no puede conseguir que despidan a un funcionario que faltó a su investidura, pero donde una diputada sí puede conseguir que despidan no a uno, sino a cinco policías municipales que la detienen conduciendo ebria por nuestras calles, como lo dieron a conocer los medios de comunicación.
El es ego que se magnifica con el poder.
Curiosamente Ugartechea se va y Marco Tulio se queda. Este último le regala al primero, la prima lección que debe llevarse por delante todo político que aspire a hacer carrera: que muerto el rey, vive el rey.
¿Podemos juzgarlos? Probablemente lo mismo haríamos nosotros en circunstancias semejantes. Basta echar una mirada objetiva a nuestras actitudes del diario vivir como ciudadanos comunes y corrientes.
Escenas como esta no nos mueven a la reflexión ciudadana. Nos contentan, nos divierten. Nos hacen sentir ese extraño placer a costillas del poderoso. Satirizamos, tuiteamos festivos. Al día siguiente, lo olvidamos como olvidamos casi todas nuestras desgracias públicas y estamos listos para recibir el siguiente affaire. Seguimos siendo humanos, demasiado humanos, atestiguando, sin hacer nada, el psique de una clase política que se degenera inconteniblemente.
Pero a propósito de todo esto ¿qué entiendo yo por “el ego por delante”? El ego en el centro, el egocentrismo. La Real Academia Española nos brinda una definición que no deja aristas: “Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales”.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
sábado, 27 de julio de 2013
DE BUENAS INTENCIONES ESTÁ EMPEDRADO EL CAMINO DEL INFIERNO / EL PRI BUSCA AL “MESSI” DE LA POLÍTICA
"...Porque en la vida política, los errores de una generación, casi siempre los paga la que le sigue"
"… esa pequeña aristocracia moral e intelectual capaz de impedir que la humanidad se hunda en el fango de los egoísmos y apetitos materiales"
G. Mosca
El jueves pasado, se anunciaba en varios espacios de comunicación que el PRI buscaría al “Messi” de la política.
A pesar de lo desafortunado de la comparación, al anuncio del presidente de su órgano de capacitación política, subyace una intención tan noble como necesaria y urgente, aunque no podamos eludir la sabiduría popular que sentencia que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.
Guillermo Deloya, presidente de Consejo Directivo del aún minimizado Instituto de Capacitación y Desarrollo Político A.C, organismo especializado del PRI, aprovecho el acto de relanzamiento de la Escuela de Cuadros para anunciar con César Camacho Quiroz uno de esos programas que llamó a quien esto escribe, poderosamente la atención: el reclutamiento de diez jóvenes por entidad federativa para ser capacitados privilegiadamente por lo más granado de la “intelligentsia” priista.
La intención es la formación de 320 jóvenes con perfil político-administrativo en todo el país, listos para incorporarse a la administración pública, a las tareas de partido a nivel comité o a las candidaturas en futuros procesos electorales.
Dos preguntas me resultan obligadas, no con ánimo de crítica quisquillosa sino como parte de nuestro ejercicio cotidiano de reflexión:
1. ¿Por qué relanzar la escuela de Cuadros?
2. ¿Por qué solo 10 en cada entidad federativa?
El antecedente inmediato del PRI es la Escuela de Cuadros que dirigiera hasta 1996 José Encarnación Alfaro. Una reforma de avanzada pero, a todas luces, inoperante, hizo que aquella “escuela” se convirtiera en un instituto y cobrara vida jurídicamente como una asociación civil. EL ICADEP terminó igual o más minimizado que su antecesora. Y es que no se ha tratado de un asunto estructural, ni programático, sino de voluntad. La capacitación política solo han sido prioridad, dentro de la estructura formal e informal del PRI, para los titulares de este tipo de organismos y a veces, ni siquiera eso.
El pragmatismo ha corroído al PRI al exceso de la caquistocracia. Las dirigencias del PRI, con más énfasis en las entidades federativas, han sucumbido al gobierno de los peores. Imposible es pensar que personajes quienes durante su juventud no mostraron esmero en su preparación personal, demuestren –al menos- respeto por la función educadora que tienen los partidos políticos. La capacitación política es por ello función relegada a la última prioridad; los presupuestos destinados a ella, desviados a otros rubros; y los espacios estatutarios correspondientes, agencias de colocación para “cuadros” que no alcanzan lugar en la repartición de carteras o que no “merecen” oportunidad en la toma de decisiones.
El PRI tiene que anunciar el relanzamiento de aquello que en el pasado le dio brillo, para evidenciar que el ICADEP nación, incluso en su nomenclatura con el germen de la confusión y la inoperancia.
Respecto de la segunda pregunta, las precisiones son más palpables. ¿Quiénes serán los diez aristócratas por estado?
¿Cómo se elegirán? Con la escasa información anunciada se avisora un proceso de selección que habrá de tener como su primer filtro un examen escrito y como segundo, entrevistas personales. Se ha anunciado que no serán familiares ni allegados a los priistas prominentes y que los exámenes no serán requisitados con nombre ni apellidos, sino con folio.
Nos gustaría conceder el beneficio de la duda, pero la experiencia es maestra inflexible. Al tiempo.
A más de ello, la capacitación de este cuerpo de élite se anuncia “semi presencial”. Los diez jóvenes de cada estado recibirán sus clases a través de video conferencias. ¿No valdría la pena reclutar el tiempo necesario a estos 320 jóvenes en la ciudad de México? Está muy bien eso de las Tecnologías de la Información y de la comunicación, pero no hay instrumento pedagógico superior al modelo presencial; aquel donde los alumnos pueden interrumpir, cuestionar, en una palabra, interactuar.
O ¿se le teme a algo? Puede ser el costo económico que implicaría. Pero si se habla de becas ulteriores al extranjero, no creo que sea el caso. Además dado el análisis costo-beneficio, el PRI podría costear la manutención de muchos más jóvenes si lo que se busca es realmente lo que se anunció.
Otro temor puede ser que los alumnos rebasen a los maestros. Se han anunciado legisladores y funcionarios priistas como maestros. Hay priistas que se han destacado por su perfil académico, se supone que de esos seleccionarán a los ponentes, aún así puede haber temor. Es muy difícil en nuestra realidad que un ser humano que ha hecho de la política su modus vivendi, se tome tiempo para actualizar sus conocimientos. De entrada, de los priistas de cúpula, solo imagino a César Camacho dando cátedra a las almas jóvenes. Del resto que sistemáticamente vemos en los medios, ninguno.
Finalmente ¿Por qué solo 320? Si esos diez de cada estado tienen su futuro político inmediato asegurado dentro del PRI, estoy de acuerdo, pero ¿por qué no anunciarlo expresamente? Ello implicaría abrir espacio dentro de un PRI inimaginablemente elitista a esa “nueva aristocracia” a la que se refiere Mosca y nada representa más peligro para un político empoderado que un joven con talento y conocimientos.
Cientos de experiencias hay de marginación, bloqueo, grilla y escarnio en todo el país hacia jóvenes que buscan sin más armas que su intelecto, su tesón y sus buenas intenciones, una oportunidad para hacer historia dentro del PRI. Lo que el político de altos o medianos vuelos busca –salvo honrosas excepciones- no son jóvenes “garbanzos de a libra”, sino peones, incondicionales cuya principal virtud sea la docilidad. El que es dueño de sus ideas y de sus palabras es siempre un peligro, una amenaza que hay que contener, a la que hay que cerrar el paso por todos los medios posibles.
De no ser el caso de asegurar el futuro a estos 320 jóvenes, como tristemente se avisora, ¿por qué no abrir la oportunidad de acceder a las video conferencias a todos lo que quieran? El partido tiene los recursos para abrir canal de internet en el que todo aquel que tenga una computadora y acceso a internet pueda tomar las clases. Y a quienes no, puede abrirles las puertas de los Comités Directivos Estatales y de los Municipales para que ahí mismo se transmitan. Sirve y al PRI en estados que como Oaxaca, parecen sepulcros, vuelve a acercarse la gente.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
sábado, 20 de julio de 2013
LOS “RECHAZADOS” DE LAS UNIVERSIDADES
En sus “Elementi di Scienza Política”, resumido y popularizado en nuestras librerías bajo el título de “La clase política”, Gaetano Mosca nos brinda un análisis histórico de las formas de organización política por las que ha atravesado la humanidad poniendo especial énfasis en sus gobernantes. Durante su explicación de lo que él denomina “Estado Helénico” (aquel que brilló en Grecia desde el inicio del siglo V y hasta el final del IV, antes de Cristo) se lee una fatal reflexión que bien vale la pena traer a nuestros días:
“La falta de una burocracia regular y de un cuerpo de policía permanente encargado de la ejecución de las leyes, hacía necesario que entre la mayoría de los ciudadanos fuera muy poderoso el sentido de la legalidad y el espíritu de sacrificio de los intereses individuales en provecho del interés público, virtudes que eran inculcadas y celebradas en todos a través de la educación.”
No era extraño, entonces, que para Platón y Aristóteles la educación de las generaciones jóvenes, que desde ese tiempo era una de las funciones del gobierno, fuera sinceramente mucho más que retórica.
El problema de los “rechazados” de las universidades se ha vuelto cíclico en nuestro tiempo. Cada periodo de ingreso a las escuelas de educación superior entra a la “agenda setting”. Cientos o decenas (en el caso de algunos estados) de jóvenes se movilizan exigiendo espacios en las escuelas que les negaron el ingreso a estudiar alguna carrera. De seguir esto así, tendremos a la vuelta de la esquina, jóvenes exigiendo en la calles y ante los medios, su ingreso a las escuelas de educación media superior que sufren o contienen con más o menos éxito, desde hace ya varios años, el mismo problema: el sobrecupo.
Aparece una nueva dialéctica, donde las dos partes tienen algo de razón. Por un lado, una educación de calidad es imposible en el hacinamiento. Me encontré con la Revista “Docencia”, una publicación chilena de pedagogía, que categórica limita a 36, el número de alumnos por clase. Aunque no existe uniformidad en el criterio, elementos importantísimos en el proceso de enseñanza como la eficaz comunicación catedrático-alumno, con todo lo que ella implica, pasan para su éxito, por el número de alumnos, el tamaño del aula y el tiempo de clase.
Yo mismo recuerdo aquellas mañanas previas a la primera clase, cuando en la Facultad de derecho de la UABJO la disputa por las butacas se daba sin cuartel y al final algunos tenían que tomar la clase de pie o en algún espacio disponible en el piso. La mayoría de mis maestros fueron excelentes, pero las condiciones en que afrontábamos las clases confirmaban la voz común por aquellos días: “En la UABJO, el que quiere aprende” o aquella otra: “de la UABJO salen los peores, pero también los mejores”.
Por el otro lado, no hay argumento que yo haya encontrado válido para dejar a un joven sin educación en México; ni la pobreza, ni la mala formación previa debían ser motivos. De lo contrario que se modifique la constitución y se le excluya al menos, a la educación, de la parte dogmática. Que ya no sea parte de las garantías individuales o que se suprima el enunciado que abre el artículo 3º: “Todo individuo tiene derecho a recibir educación”.
De por sí, la educación ya no es tan laica, ni tan gratuita. Y aún a pesar de no ser educación que imparta el Estado, la universitaria cuenta constitucionalmente con la promoción y la atención por parte del Estado Mexicano.
El tema pasa por la famosa autonomía universitaria que implica su autogobieno. Como siempre, el problema es de dinero. Sin dinero no hay espacios físicos (que además tienen que ser de calidad), ni personal calificado para afrontar la demanda de aprendizaje.
Son ocho mil los “rechazados” de la UABJO este año; y en el caso de la UNAM, la cifra mueve al azoramiento: de los 126 mil 753 estudiantes que presentaron el examen de selección para ingresar a alguna de las más de 100 carreras que ofrece, sólo fueron seleccionados 10 mil 916, equivalentes a 8.6 por ciento. 9 de cada diez no fueron admitidos.
Es un tema, para nada sencillo, que no se resolverá sin dinero. La solución tampoco está en los grupos políticos formados en torno a este problema en forma de uniones o frentes estudiantiles. No dudamos de la buena fe de algunos de ellos, pero el juicio de la ciudadanía es mayoritariamente negativo derivado de la violencia de sus acciones. No pueden ganar legitimidad aunque le legitimidad de sus demandas esté fuera de toda duda, grupos que salen a las calles a dañar el patrimonio cultural o la propiedad privada. Las capuchas y los botes de pintura en aerosol son el peor enemigo de este tipo de organizaciones que dicen ir contra el porrismo, pero terminan comportándose exactamente igual y se quedan por ello, sin el necesario respaldo social.
La ciudadanía queda en medio, indispuesta de apoyar a los menos peores. Un problema de dinámica poblacional no puede verse fácilmente. No hay donde meterlos y por si poco fuera, la mayoría quieren estudiar carreras históricamente saturadas y para las cuales, no hay prácticamente futuro laboral posible.
México está importando soldadores coreanos, por solo citar un ejemplo, irrisorio – si usted, amable lector- quiere verlo así. Pero si un joven quiere estudiar la licenciatura en derecho, ni el mismo presidente de la república puede hacer nada al respecto. Es su derecho, es su deseo y puede que hasta su vocación. No se puede obligar a nadie a estudiar algo que no quiere, aunque no tenga razones de peso para estudiar eso en lo cual se empecina.
No quiero seguir abusando del espacio. Solo diré que únicamente nos queda reflexionar. Integrar esta preocupación a nuestra conciencia cívica. Estar al pendiente como sociedad de su desarrollo y seguir generando opinión.
Ojalá de la nueva reforma fiscal y hacendaria en puerta, de entre todo lo malo que pudiera tener, salga al menos, dinero para las universidades. Ojo, para las universidades, no para sus rectores ni sus funcionarios. A ellos también hay que tenerlos bien vigilados. Lo peor que podríamos hacer es permanecer apáticos, indiferentes. Estar al pendiente y opinar, es participación, es ciudadanía.
Cierro con Bobbio: “…El primer problema que se le presenta es el relativo a las calidades que hacen falta para formar parte de una determinada clase política… Mosca ambicionaba un Estado en el cual la cultura pudiese constituir el carácter distintivo de la clase política del futuro”.
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter:@MoisesMolina
“La falta de una burocracia regular y de un cuerpo de policía permanente encargado de la ejecución de las leyes, hacía necesario que entre la mayoría de los ciudadanos fuera muy poderoso el sentido de la legalidad y el espíritu de sacrificio de los intereses individuales en provecho del interés público, virtudes que eran inculcadas y celebradas en todos a través de la educación.”
No era extraño, entonces, que para Platón y Aristóteles la educación de las generaciones jóvenes, que desde ese tiempo era una de las funciones del gobierno, fuera sinceramente mucho más que retórica.
El problema de los “rechazados” de las universidades se ha vuelto cíclico en nuestro tiempo. Cada periodo de ingreso a las escuelas de educación superior entra a la “agenda setting”. Cientos o decenas (en el caso de algunos estados) de jóvenes se movilizan exigiendo espacios en las escuelas que les negaron el ingreso a estudiar alguna carrera. De seguir esto así, tendremos a la vuelta de la esquina, jóvenes exigiendo en la calles y ante los medios, su ingreso a las escuelas de educación media superior que sufren o contienen con más o menos éxito, desde hace ya varios años, el mismo problema: el sobrecupo.
Aparece una nueva dialéctica, donde las dos partes tienen algo de razón. Por un lado, una educación de calidad es imposible en el hacinamiento. Me encontré con la Revista “Docencia”, una publicación chilena de pedagogía, que categórica limita a 36, el número de alumnos por clase. Aunque no existe uniformidad en el criterio, elementos importantísimos en el proceso de enseñanza como la eficaz comunicación catedrático-alumno, con todo lo que ella implica, pasan para su éxito, por el número de alumnos, el tamaño del aula y el tiempo de clase.
Yo mismo recuerdo aquellas mañanas previas a la primera clase, cuando en la Facultad de derecho de la UABJO la disputa por las butacas se daba sin cuartel y al final algunos tenían que tomar la clase de pie o en algún espacio disponible en el piso. La mayoría de mis maestros fueron excelentes, pero las condiciones en que afrontábamos las clases confirmaban la voz común por aquellos días: “En la UABJO, el que quiere aprende” o aquella otra: “de la UABJO salen los peores, pero también los mejores”.
Por el otro lado, no hay argumento que yo haya encontrado válido para dejar a un joven sin educación en México; ni la pobreza, ni la mala formación previa debían ser motivos. De lo contrario que se modifique la constitución y se le excluya al menos, a la educación, de la parte dogmática. Que ya no sea parte de las garantías individuales o que se suprima el enunciado que abre el artículo 3º: “Todo individuo tiene derecho a recibir educación”.
De por sí, la educación ya no es tan laica, ni tan gratuita. Y aún a pesar de no ser educación que imparta el Estado, la universitaria cuenta constitucionalmente con la promoción y la atención por parte del Estado Mexicano.
El tema pasa por la famosa autonomía universitaria que implica su autogobieno. Como siempre, el problema es de dinero. Sin dinero no hay espacios físicos (que además tienen que ser de calidad), ni personal calificado para afrontar la demanda de aprendizaje.
Son ocho mil los “rechazados” de la UABJO este año; y en el caso de la UNAM, la cifra mueve al azoramiento: de los 126 mil 753 estudiantes que presentaron el examen de selección para ingresar a alguna de las más de 100 carreras que ofrece, sólo fueron seleccionados 10 mil 916, equivalentes a 8.6 por ciento. 9 de cada diez no fueron admitidos.
Es un tema, para nada sencillo, que no se resolverá sin dinero. La solución tampoco está en los grupos políticos formados en torno a este problema en forma de uniones o frentes estudiantiles. No dudamos de la buena fe de algunos de ellos, pero el juicio de la ciudadanía es mayoritariamente negativo derivado de la violencia de sus acciones. No pueden ganar legitimidad aunque le legitimidad de sus demandas esté fuera de toda duda, grupos que salen a las calles a dañar el patrimonio cultural o la propiedad privada. Las capuchas y los botes de pintura en aerosol son el peor enemigo de este tipo de organizaciones que dicen ir contra el porrismo, pero terminan comportándose exactamente igual y se quedan por ello, sin el necesario respaldo social.
La ciudadanía queda en medio, indispuesta de apoyar a los menos peores. Un problema de dinámica poblacional no puede verse fácilmente. No hay donde meterlos y por si poco fuera, la mayoría quieren estudiar carreras históricamente saturadas y para las cuales, no hay prácticamente futuro laboral posible.
México está importando soldadores coreanos, por solo citar un ejemplo, irrisorio – si usted, amable lector- quiere verlo así. Pero si un joven quiere estudiar la licenciatura en derecho, ni el mismo presidente de la república puede hacer nada al respecto. Es su derecho, es su deseo y puede que hasta su vocación. No se puede obligar a nadie a estudiar algo que no quiere, aunque no tenga razones de peso para estudiar eso en lo cual se empecina.
No quiero seguir abusando del espacio. Solo diré que únicamente nos queda reflexionar. Integrar esta preocupación a nuestra conciencia cívica. Estar al pendiente como sociedad de su desarrollo y seguir generando opinión.
Ojalá de la nueva reforma fiscal y hacendaria en puerta, de entre todo lo malo que pudiera tener, salga al menos, dinero para las universidades. Ojo, para las universidades, no para sus rectores ni sus funcionarios. A ellos también hay que tenerlos bien vigilados. Lo peor que podríamos hacer es permanecer apáticos, indiferentes. Estar al pendiente y opinar, es participación, es ciudadanía.
Cierro con Bobbio: “…El primer problema que se le presenta es el relativo a las calidades que hacen falta para formar parte de una determinada clase política… Mosca ambicionaba un Estado en el cual la cultura pudiese constituir el carácter distintivo de la clase política del futuro”.
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