viernes, 13 de diciembre de 2013
EL ÁRBOL DE NAVIDAD
¿Qué está pasando en México? Las imágenes nos abruman. Independientemente de la antipatía que conciten, Televisa y TV azteca siguen siendo dueñas de la percepción de la inmensa mayoría de los mexicanos y en México pasa lo que pasa en sus canales.
Y no hay sesgo, ni manipulación, ni teoría conspiratoria que se imponga a la crudeza de las imágenes que esta noche de viernes nos regalaron sus noticieros estelares. El incendio de un enorme árbol de navidad y la golpiza a un ciudadano en los torniquetes del metro, dieron la vuelta al país y seguramente al mundo, mostrando esa parte de México que nos duele.
Esas imágenes dicen más de lo que muestran. Hablan de un México donde la protesta es pacífica mientras no exista alguien que proteste pacíficamente contra la protesta. Miren que ganar una golpiza por decidir pagar el boleto para entrar al metro no tiene calificativo. Con el aval de la autoridad los ciudadanos, para salvaguardar su integridad física, tienen que ir en contra de su conciencia y hacer lo indebido; sumarse a la turba, abrazar la sin razón.
¿Por qué quemar un árbol de navidad? Si la navidad representa lo mejor que puede haber en cada ser humano; si la navidad es paz, concordia, amor, unión y cualquier cosa que a usted – amable lector- le anime a decorar su casa con luces y figuras. Muy probablemente quienes le prendieron fuego, no lo hicieron en razón de lo que el árbol de navidad representa. Y ello es más grave aún. No vieron el árbol, solo vieron una gigantesca estructura combustible.
Pareciera que todo es accesorio a la violencia, que la violencia, en todas sus formas, se ha colocado en el centro de nuestras vidas, la pública y la privada. La violencia nos circunda y tenemos que aprender, quienes queremos vivir en paz, el arte de eludirla.
No es posible que vivamos únicamente aspirando a la paz (a que no haya marchas, bloqueos, manifestaciones, levantones, secuestros, robos, homicidios) cuando la vida debe ser algo mejor que solo paz.
La violencia de palabra o acción restringe nuestra capacidad de amar; nos limita como seres humanos enteros. No basta con amar a papá, a mamá, a nuestros hijos, familiares y amigos cercanos, necesitamos amar a todo aquel o aquello que comparta con nosotros el milagro de la vida.
La concordia no está en manos de la autoridad, simple y sencillamente porque cada vez la autoridad lo es menos. A la autoridad ya no se le respeta ni mucho menos se le teme. Alcanzan a ver nuestros ojos lo que bien puede ser el principio de un apocalipsis cívico: a la autoridad se le desprecia.
¿En qué momento el que manda dejó de ser uno de nosotros? ¿En qué momento el poder quitó, a quienes lo detentan, la calidad de seres humanos? ¿Cuándo fue que quienes debemos respetarles, decidimos ir de palabra y acción contra ellos?
¿Cómo podremos vivir de nuevo en armonía?
Dos cosas son ciertas: la solución ya no está en manos de la autoridad y la solución no puede pasar por la violencia.
El cambio está en cada uno de nosotros, es ejercicio y responsabilidad personalísima. Hay quienes deciden transitar el camino de la violencia y yo no puedo juzgarlos. Pero habemos quienes decidimos transitar el camino de la paz y las virtudes cívicas y tampoco habremos de ser juzgados.
Estamos a la mitad de diciembre. Es un excelente tiempo para pensar en lo que somos y en lo que queremos ser, para entender el lugar que el poder, el dinero y las relaciones deben ocupar en nuestras vidas.
Si terminamos este año siendo capaces de vivir nuestras propias vidas y no las vidas de los demás; si dejamos de obrar y opinar en función de lo que otros hagan o dejen de hacer o decir, estaremos abonando una parte importante del suelo de la felicidad.
Es diciembre y los propósitos de año nuevo deben volver a tomarse muy en serio.
@MoisesMolina
domingo, 8 de diciembre de 2013
#OAXACAVERDE
Es una delicia estar en el istmo oaxaqueño. No solo por todo lo que aquí se puede comer; también por la calidez de su gente. Mientras mis amigos y yo viajamos a Matías Romero, exprimo el reloj para escribir estas líneas.
No es promoción, es una realidad. El proyecto #OaxacaVerde está superado nuestras expectativas. El hartazgo ciudadano está encontrando una válvula de escape y la naturaleza ecologista de nuestra misión ha lo grado incorporar desde ya a lo más noble de la sociedad civil.
Lo he dicho en reiteradas ocasiones y hoy lo público a riesgo de ser engullido por los puristas: entre menos parezca el partido verde un partido político, será mejor para quienes lo encabezamos, para quienes a él se acercan y para quienes habrán de recibir los beneficios de nuestras acciones.
Iniciamos este recorrido por el estado cumpliendo un sueño, el sueño de la inclusión. Las mujeres y los jóvenes son el centro del Partido Verde en Oaxaca y a partir de ahora, sus dirigentes en los municipios, son mujeres y hombres menores de 35 años.
Esa causa y el extraordinario recibimiento que hemos tenido en los lugares que hemos visitado, nos anima y nos compromete.
No es cosa menor. Por primera vez en la historia de Oaxaca y muy probablemente de México, la puerta de entrada de mujeres y jóvenes a un partido es la decorosa puerta de los espacios de dirigencia.
Yo mismo tengo 35 años y gustosamente soy congruente. Son congruente con una visión que me ha alimentado desde que me formé una idea clara de la manera en que se hace política en nuestro estado. Se ha hecho política por inercia, por compromiso y hasta por necesidad.
No sabemos cuál será el resultado final, pero con el solo afán de decirlo queremos que nos crean que estamos haciendo política con pasión. Solamente la pasión hace posible que la política (a como está concebida y calificada hoy en día) no parezca política.
#OaxacaVerde tiene rumbo y agradezco infinitamente desde aquí a quienes nos han buscado con la mano extendida y con la esperanza renovada de que aquí no serán solo parte de una barda, un pendón o un volante. Las mujeres y los jóvenes no vamos a trabajar para el Partid Verde; vamos a ser el Partido Verde.
Es como quien construye una casa para sí. El mismo esmero, la misma pasión y el mismo orgullo estamos empeñando en edificar la casa común, un gran colectivo que será la casa de todos, pero en especial de las mujeres y de los jóvenes de Oaxaca. El Partido verde va a ser en poco tiempo el partido de las mujeres y de los jóvenes de Oaxaca; el partido de las caras nuevas.
Hay quien me dirá que un partido político tiene una clara finalidad electoral, pero ya no es posible seguir haciendo las cosas al revés, esperando ganar elecciones para hacer algo por la gente. Nosotros empezamos por donde dios manda: sirviendo a nuestro pueblo. Los resultados electorales vendrán por añadidura.
Jóvenes hablando con otros iguales a nosotros y con otros jóvenes de 40, 50 y 60 años. Esos rabos verdes que con cariñosa vocación permiten que ahora los jóvenes los “usemos” a ellos y ponen toda su experiencia al servicio de lo que Oaxaca necesita: jóvenes tomando por sí mismos, las decisiones que afectan a ese 60% de la lista nominal que tiene entre 18 y 34 años.
Estamos llegando ya a Matías Romero. Los jóvenes nos esperan. Esos jóvenes que serán los glóbulos verdes de un organismo que comienza a cobrar nueva vida desde la trinchera más noble que puede tener un partido político, que es la causa de la ecología, de la sana relación entre el ser humano y su entorno; como dice nuestro lema, del amor, la justicia y la libertad.
Muchas gracias a todos por creer! No fallaremos!
*Delegado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Verde Ecologista de México en el estado de Oaxaca
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
viernes, 29 de noviembre de 2013
EL PODER DE LA PALABRA JOVEN
Al momento de redactar estas líneas con el desvelo a cuestas y en medio del frío que anuncia diciembre, dibujo mi mensaje para dentro de unas horas.
¿Qué decirle a un puñado de jóvenes que desde la universidad pública buscan una opción de futuro para sí? ¿Qué decir para que escuchen en vez de oír? ¿Qué de novedoso regalar para los más incrédulos entre los incrédulos; para los más críticos entre los críticos; para los sobrevivientes de la desesperanza?
A la conferencia le pusieron nombre: “El poder de la palabra joven”. ¿Cómo cumplir las expectativas? ¿Llegarán los convocados con alguna expectativa?
Ninguno de los asistentes leerá este texto antes de encontrarse conmigo y ello hace más interesante su redacción.
Sigo cuestionando ¿Qué aportar a quienes se forman profesionalmente en un área que no es la mía? ¿Cómo satisfacer a quienes, regularmente, esperan aportes académicos o de práctica laboral en su formación profesional? Ellos, estudiantes de contaduría; yo, abogado y politólogo.
No obstante lo pertinente de todas las interrogantes, voy tranquilo, convencido de la necesidad de poner las coincidencias por encima de cuanto pueda hacernos diferentes. No voy con la pretensión de enseñar nada y sí, con la convicción de siempre, de compartir mucho. No asisto con la necesidad de reconocimiento público y sí con la urgencia de despertar conciencias; una o dos serían suficientes.
Y es que la brega del despertador es hoy, más que en ningún otro tiempo, difícil, lenta y por ello tiene que ser paciente y esmerada. Tengo una idea firme, definida en relación al cambio. Para cambiar las cosas se necesita poder.
Las palabras están llamadas a ser fuente de poder. Y ninguna generación como la que tendré frente a mí es portadora de ese poder transformador. Los jóvenes difícilmente tienen algo más que sus palabras y esas palabras son vehículo de sus sentimientos, de sus pensamientos, de sus vocaciones, de sus afanes y sus visiones. Solo que esas palabras están en la mayoría de ellos, dormidas.
En cada joven hay un discurso dormido y en la suma de todos ellos está el germen del cambio, de la transformación. “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”, dijo Salvador Allende, solo que la revolución de hoy prescinde de las balas y urge de las palabras. No hay acción si antes no hay palabras.
Cada joven lleva un discurso a cuestas, un discurso sin pronunciar. La peor tragedia para un joven es nunca haber pronunciado el suyo propio. No basta con hablar o escribir; es menester hacerse escuchar, hacerse leer. Un discurso sirve, solo en función del destinatario. Lo más fácil puede resultar aprender a hablar o aprender a escribir. Lo realmente difícil es hacerse escuchar, hacerse leer… dejar huella.
Los jóvenes son, por excelencia, portadores de la inconformidad, del disgusto. Progresistas por naturaleza, rechazan el estado actual de las cosas; amantes de las libertades, son perspicaces observadores y acuciosos buscadores de represiones e injusticias. ¿De qué sirve si no se habla y no se escribe? ¿De qué sirve si no se hace leer y no se hace escuchar? ¿De qué sirve si el discurso nace muerto con la ausencia de caminos qué transitar, ayuno de propuestas?
Hablar y escribir solo diatribas e infundios es igual a no hablar, es lo mismo que no escribir.
Los jóvenes, nuestros jóvenes, son presa del peor de los miedos. Tienen miedo a hablar y a escribir; no se diga a hacerse escuchar o a hacerse leer. El peor enemigo de la juventud es la misma juventud que se auto anula, se auto censura. Y es así porque los pocos que se atreven a pronunciar y escribir palabra gritan solo su rabia, su inconformidad, sin una idea clara de señalar caminos. El egoísmo los mueve, alivian fugazmente sus frustraciones sistemáticas sin darse cuenta que no basta con expresarse, sin ser conscientes de que es necesario dejar huella.
“Los pueblos que no hablan se suicidan” y nuestro pueblo ha dejado de hablar.
Las palabras son un factor de poder y la juventud no usa las palabras para lo que sirven.
De eso y más hablaremos dentro de unas horas. Nos pondremos de frente. Cada uno será un espejo y la imagen en cada uno reflejada, será nítida expresión de lo que no deben seguir siendo: jóvenes reactivos que al no ser parte de la solución siguen siendo parte del problema.
La culpa de los males de este país y de este estado no es enteramente de quienes nos gobiernan. Lo es en parte, también, de una generación egoísta que se satisface en la pirotecnia de las descalificaciones.
Es posible cambiar las cosas. Los jóvenes no deben ser más, portadores de esperanza; deben ser portadores de poder transformador, del poder de las palabras.
José Enrique Rodó escribió en 1900 que hablar a los jóvenes era un género de oratoria sagrada. A más de un siglo de distancia ese pensamiento permanece vigente. Con esa idea, vuelta convicción, llegaré en unas horas a mi universidad y esas serán mis primeras palabras.
@MoisesMolina
¿Qué decirle a un puñado de jóvenes que desde la universidad pública buscan una opción de futuro para sí? ¿Qué decir para que escuchen en vez de oír? ¿Qué de novedoso regalar para los más incrédulos entre los incrédulos; para los más críticos entre los críticos; para los sobrevivientes de la desesperanza?
A la conferencia le pusieron nombre: “El poder de la palabra joven”. ¿Cómo cumplir las expectativas? ¿Llegarán los convocados con alguna expectativa?
Ninguno de los asistentes leerá este texto antes de encontrarse conmigo y ello hace más interesante su redacción.
Sigo cuestionando ¿Qué aportar a quienes se forman profesionalmente en un área que no es la mía? ¿Cómo satisfacer a quienes, regularmente, esperan aportes académicos o de práctica laboral en su formación profesional? Ellos, estudiantes de contaduría; yo, abogado y politólogo.
No obstante lo pertinente de todas las interrogantes, voy tranquilo, convencido de la necesidad de poner las coincidencias por encima de cuanto pueda hacernos diferentes. No voy con la pretensión de enseñar nada y sí, con la convicción de siempre, de compartir mucho. No asisto con la necesidad de reconocimiento público y sí con la urgencia de despertar conciencias; una o dos serían suficientes.
Y es que la brega del despertador es hoy, más que en ningún otro tiempo, difícil, lenta y por ello tiene que ser paciente y esmerada. Tengo una idea firme, definida en relación al cambio. Para cambiar las cosas se necesita poder.
Las palabras están llamadas a ser fuente de poder. Y ninguna generación como la que tendré frente a mí es portadora de ese poder transformador. Los jóvenes difícilmente tienen algo más que sus palabras y esas palabras son vehículo de sus sentimientos, de sus pensamientos, de sus vocaciones, de sus afanes y sus visiones. Solo que esas palabras están en la mayoría de ellos, dormidas.
En cada joven hay un discurso dormido y en la suma de todos ellos está el germen del cambio, de la transformación. “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”, dijo Salvador Allende, solo que la revolución de hoy prescinde de las balas y urge de las palabras. No hay acción si antes no hay palabras.
Cada joven lleva un discurso a cuestas, un discurso sin pronunciar. La peor tragedia para un joven es nunca haber pronunciado el suyo propio. No basta con hablar o escribir; es menester hacerse escuchar, hacerse leer. Un discurso sirve, solo en función del destinatario. Lo más fácil puede resultar aprender a hablar o aprender a escribir. Lo realmente difícil es hacerse escuchar, hacerse leer… dejar huella.
Los jóvenes son, por excelencia, portadores de la inconformidad, del disgusto. Progresistas por naturaleza, rechazan el estado actual de las cosas; amantes de las libertades, son perspicaces observadores y acuciosos buscadores de represiones e injusticias. ¿De qué sirve si no se habla y no se escribe? ¿De qué sirve si no se hace leer y no se hace escuchar? ¿De qué sirve si el discurso nace muerto con la ausencia de caminos qué transitar, ayuno de propuestas?
Hablar y escribir solo diatribas e infundios es igual a no hablar, es lo mismo que no escribir.
Los jóvenes, nuestros jóvenes, son presa del peor de los miedos. Tienen miedo a hablar y a escribir; no se diga a hacerse escuchar o a hacerse leer. El peor enemigo de la juventud es la misma juventud que se auto anula, se auto censura. Y es así porque los pocos que se atreven a pronunciar y escribir palabra gritan solo su rabia, su inconformidad, sin una idea clara de señalar caminos. El egoísmo los mueve, alivian fugazmente sus frustraciones sistemáticas sin darse cuenta que no basta con expresarse, sin ser conscientes de que es necesario dejar huella.
“Los pueblos que no hablan se suicidan” y nuestro pueblo ha dejado de hablar.
Las palabras son un factor de poder y la juventud no usa las palabras para lo que sirven.
De eso y más hablaremos dentro de unas horas. Nos pondremos de frente. Cada uno será un espejo y la imagen en cada uno reflejada, será nítida expresión de lo que no deben seguir siendo: jóvenes reactivos que al no ser parte de la solución siguen siendo parte del problema.
La culpa de los males de este país y de este estado no es enteramente de quienes nos gobiernan. Lo es en parte, también, de una generación egoísta que se satisface en la pirotecnia de las descalificaciones.
Es posible cambiar las cosas. Los jóvenes no deben ser más, portadores de esperanza; deben ser portadores de poder transformador, del poder de las palabras.
José Enrique Rodó escribió en 1900 que hablar a los jóvenes era un género de oratoria sagrada. A más de un siglo de distancia ese pensamiento permanece vigente. Con esa idea, vuelta convicción, llegaré en unas horas a mi universidad y esas serán mis primeras palabras.
@MoisesMolina
sábado, 23 de noviembre de 2013
ARIEL CONTRA CALIBÁN
Si de los procesos electorales hemos aprendido algo los oaxaqueños, es a redimensionar la concepción del “cambio”. Ha sido un prolongado proceso, una suerte de método de prueba y error donde cada vez nos quedan menos certezas.
A los oaxaqueños, algo debe quedarnos ya claro. Le hemos apostado, en los partidos políticos y en las elecciones, al cambio de personalidades y todo ha ido igual o peor; le hemos apostado al cambio de siglas y no ha pasado nada; hemos arriesgado, depositando nuestra esperanza, a coaliciones electorales de agua y aceite, sin destino programático, y el cambio ha seguido sin ser más que parte de un “sound bite”.
Al cabo del tiempo, cuando parece haberse agotado toda esperanza ¿qué sigue? Entre un levantamiento armado y la huelga de votos caídos, resulta menos pernicioso lo segundo porque la violencia no debe ser destino de ningún pueblo bajo ninguna circunstancia. En ambos casos, la nota común es la derrota de las virtudes cívicas.
¿Qué alternativa de cambio nos queda? No resultó el cambio de personas, ni el de colores, tampoco el de coaliciones. Todo se resume en la vox populi “todos son lo mismo”, “todos son iguales”.
Estoy convencido de que el reducto de esperanza para la palabra cambio es la nueva generación. Ha habido, cuando hablamos de elecciones y gobierno, cambio de todo, menos de generación. Una nueva generación de ciudadanos con un “chip” distinto que trae integrada (con sobradas razones) la negación de la política, el repudio hacia los mismos de siempre, el descrédito hacia lo público y la frustración de ver a la política convertida en un oligopolio, es la única que puede reconstruir la casa de todos en medio de la tempestad.
La política afecta, incluso, a quienes no quieren tener nada que ver con la política. Incluso quien decide no participar está haciendo política a favor de quienes siempre, desde el partido que sea o desde el gobierno que sea, toman las decisiones. No participar es legitimar los monopolios de la representación política, abonar a la comodidad de los mismos de siempre, entregar un cheque en blanco para financiar discrecionalidad.
Hay poca dignidad en retraerse, en capitular ante los intereses de los diferentes grupos que son, a fin de cuentas, la misma generación; hay escaso decoro en la crítica pasiva, verbal, en las lamentaciones, en la actitud reactiva que, para efectos de transformación, se queda en contemplación.
Hay que intervenir, participar, salir de la casa y de las escuelas y buscar los canales para incidir. La parte de la generación que hoy decide, aunque no comparta la actitud ni los usos de los partidos y de los gobiernos, también de poco sirve. El sustento de la familia y la satisfacción de las necesidades elementales de cultura y esparcimiento, parecen más que suficiente. “Que los políticos se hagan bolas”, dirán al unísono.
Solo la generación que representa a Ariel contra Calibán tiene la llave, los hijos y los nietos de quienes a diario construyen este estado aportando su trabajo honesto y dejan tranquilos a los políticos en su ínsula. Los puentes entre la plataforma continental donde reímos y lloramos los ciudadanos y la isla desde la que se toman las decisiones, sólo los pueden construir los nuevos ingenieros de los sueños.
Para ayudar a transformar Oaxaca no es menester asumirse como político. La del político es una etiqueta que cada vez menos personas quieren para sí. Un político nunca lo es por definición. A un verdadero político lo define el servicio y su capacidad de soñar, de imaginar, de innovar.
La diferencia entre la grilla y la política es fundamental. La primera, egoísta, busca el beneficio personal y el perjuicio hacia el prójimo; la segunda se pone siempre al servicio del bien común.
Por eso, los liderazgos están en crisis. El líder político busca hoy en Oaxaca, el beneficio propio. La política no tiene gran ciencia, no hay que memorizar a Maquiavelo ni a Zweig; uno de mis más queridos maestros me dijo: “hacer siempre lo correcto”.
La gente no es estúpida, simplemente no tiene de dónde escoger y cuando se anima a elegir, elige al menos peor, hasta que se convence de que es más de lo mismo.
Mujeres y hombres honestos, sensibles, con altura de miras, preparados y comprometidos ¿dónde los encontramos? Pues en la nueva generación de una clase media en su mayoría que, como en los tiempos de la Reforma con Juárez, tomaron para sí las decisiones que otros tomaban equivocadamente por su país y por sus estados, la nueva generación del Outlook, del youtube, del twitter y el facebook dispuesta a hablar y participar en nombre de quienes desde las comunidades del interior del estado tienen que abandonar los estudios para irse al campo, a manejar el taxi, el mototaxi, el motocarro o a atender el negocio familiar; la nueva generación sin esperanza aparente; la nueva generación agraviada e inconforme; esa nueva generación que desde ya está alimentando el plan del Partido Verde para Oaxaca.
*Delegado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Verde Ecologista de México para el Estado de Oaxaca
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
A los oaxaqueños, algo debe quedarnos ya claro. Le hemos apostado, en los partidos políticos y en las elecciones, al cambio de personalidades y todo ha ido igual o peor; le hemos apostado al cambio de siglas y no ha pasado nada; hemos arriesgado, depositando nuestra esperanza, a coaliciones electorales de agua y aceite, sin destino programático, y el cambio ha seguido sin ser más que parte de un “sound bite”.
Al cabo del tiempo, cuando parece haberse agotado toda esperanza ¿qué sigue? Entre un levantamiento armado y la huelga de votos caídos, resulta menos pernicioso lo segundo porque la violencia no debe ser destino de ningún pueblo bajo ninguna circunstancia. En ambos casos, la nota común es la derrota de las virtudes cívicas.
¿Qué alternativa de cambio nos queda? No resultó el cambio de personas, ni el de colores, tampoco el de coaliciones. Todo se resume en la vox populi “todos son lo mismo”, “todos son iguales”.
Estoy convencido de que el reducto de esperanza para la palabra cambio es la nueva generación. Ha habido, cuando hablamos de elecciones y gobierno, cambio de todo, menos de generación. Una nueva generación de ciudadanos con un “chip” distinto que trae integrada (con sobradas razones) la negación de la política, el repudio hacia los mismos de siempre, el descrédito hacia lo público y la frustración de ver a la política convertida en un oligopolio, es la única que puede reconstruir la casa de todos en medio de la tempestad.
La política afecta, incluso, a quienes no quieren tener nada que ver con la política. Incluso quien decide no participar está haciendo política a favor de quienes siempre, desde el partido que sea o desde el gobierno que sea, toman las decisiones. No participar es legitimar los monopolios de la representación política, abonar a la comodidad de los mismos de siempre, entregar un cheque en blanco para financiar discrecionalidad.
Hay poca dignidad en retraerse, en capitular ante los intereses de los diferentes grupos que son, a fin de cuentas, la misma generación; hay escaso decoro en la crítica pasiva, verbal, en las lamentaciones, en la actitud reactiva que, para efectos de transformación, se queda en contemplación.
Hay que intervenir, participar, salir de la casa y de las escuelas y buscar los canales para incidir. La parte de la generación que hoy decide, aunque no comparta la actitud ni los usos de los partidos y de los gobiernos, también de poco sirve. El sustento de la familia y la satisfacción de las necesidades elementales de cultura y esparcimiento, parecen más que suficiente. “Que los políticos se hagan bolas”, dirán al unísono.
Solo la generación que representa a Ariel contra Calibán tiene la llave, los hijos y los nietos de quienes a diario construyen este estado aportando su trabajo honesto y dejan tranquilos a los políticos en su ínsula. Los puentes entre la plataforma continental donde reímos y lloramos los ciudadanos y la isla desde la que se toman las decisiones, sólo los pueden construir los nuevos ingenieros de los sueños.
Para ayudar a transformar Oaxaca no es menester asumirse como político. La del político es una etiqueta que cada vez menos personas quieren para sí. Un político nunca lo es por definición. A un verdadero político lo define el servicio y su capacidad de soñar, de imaginar, de innovar.
La diferencia entre la grilla y la política es fundamental. La primera, egoísta, busca el beneficio personal y el perjuicio hacia el prójimo; la segunda se pone siempre al servicio del bien común.
Por eso, los liderazgos están en crisis. El líder político busca hoy en Oaxaca, el beneficio propio. La política no tiene gran ciencia, no hay que memorizar a Maquiavelo ni a Zweig; uno de mis más queridos maestros me dijo: “hacer siempre lo correcto”.
La gente no es estúpida, simplemente no tiene de dónde escoger y cuando se anima a elegir, elige al menos peor, hasta que se convence de que es más de lo mismo.
Mujeres y hombres honestos, sensibles, con altura de miras, preparados y comprometidos ¿dónde los encontramos? Pues en la nueva generación de una clase media en su mayoría que, como en los tiempos de la Reforma con Juárez, tomaron para sí las decisiones que otros tomaban equivocadamente por su país y por sus estados, la nueva generación del Outlook, del youtube, del twitter y el facebook dispuesta a hablar y participar en nombre de quienes desde las comunidades del interior del estado tienen que abandonar los estudios para irse al campo, a manejar el taxi, el mototaxi, el motocarro o a atender el negocio familiar; la nueva generación sin esperanza aparente; la nueva generación agraviada e inconforme; esa nueva generación que desde ya está alimentando el plan del Partido Verde para Oaxaca.
*Delegado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Verde Ecologista de México para el Estado de Oaxaca
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
sábado, 16 de noviembre de 2013
¿DE QUÉ VA A INFORMAR?
Informar es, para los gobernadores, una obligación constitucional cada vez más incómoda.
Lo que debía ser un natural ejercicio de comunicación entre gobernantes y gobernados ha devenido en, cada vez más, una elaborada parafernalia de amarres. El centro de una institución republicana como el informe de gobierno ya no es “el hecho de informar” sino los amarres para el acto social; amarres con el legislativo, con los medios de comunicación y con algunas organizaciones sociales. La negociación económica sustituye a la negociación política y en Oaxaca se ignora olímpicamente a los liderazgos ciudadanos, académicos y a los mismos partidos políticos, desde el detalle mínimo de las invitaciones.
Al informe protocolar hay que invitar a los empleados y a los amigos del gobernador. En Oaxaca se ha perdido el tacto, la sensibilidad para hacer política y la principal estrategia parece ser la emulación del avestruz, no ver, no escuchar; ignorar, pues.
La pregunta recurrente en la víspera del informe en Oaxaca fue ¿de qué va a informar? Puede que el gobernador haya tenido mucho qué informar, pero la percepción era en contrario; y esa percepción acarreaba algo más grave: el desinterés.
A la ciudadanía no le interesaba, ni siquiera por morbo, escuchar a su gobernador; enterarse, por todos los medios que tenemos hoy en día, del balance que presentaba del estado general de su administración. Daban por hecho que el gobierno sencillamente no tenía nada qué informar y por ello había que ignorarlo resignadamente.
Labor de tesorería con el nuevo congreso y con las organizaciones sociales; y los convenios de súplica con los medios de comunicación hicieron que el tercer informe de gobierno pasara, así, sin mayúsculas, sin pena ni gloria.
En un estado como Oaxaca hay una tragedia más grande, por sus efectos, que la pobreza, la desigualdad, la delincuencia, la falta de oportunidades, el desastre del sistema de salud, la ausencia de obra pública, la crisis del gabinete y todo lo que usted –amable lector- conoce a diario en periódicos y noticieros. Más grave que todo esto es la apatía, el desinterés, la pusilanimidad de sus ciudadanos que, sin violencia pero con firmeza, debemos incidir en el cambio que se quedó solo en slogan.
No es estar en contra del gobernador; es impedir que al gobernador le siga yendo mal. Oaxaca no merece un gobierno de claroscuros y si su equipo no le ayuda al gobernador, deben ayudarlo los oaxaqueños desde todas las trincheras.
A un gobernante, su equipo, le informa lo que el propio gobernante quiere escuchar. Lo blindan, lo aíslan, lo tranquilizan. De la parálisis no lo pueden sacar los responsables de la parálisis y por eso el gobernador debe abrirse a otras voces responsables, que tienen una visión clara y diferente de lo que pasa en Oaxaca y de lo que se debe hacer en Oaxaca, no solo para que su calificación mejore, sino para que las cosas realmente marchen mejor.
El ninguneo debe dejar de ser “política pública”. El gobierno debe dejar de ver enemigos en cada esquina. Los partidos políticos deben asumir con responsabilidad su papel de partidos en el gobierno o partidos de oposición, lo mismo que los diputados. Los coordinadores parlamentarios que, en buena medida, se comportan también como virreyes deben ser llamados a la responsabilidad. Cada diputado es igual al de la curul de atrás o de al lado y la función del coordinador parlamentario debe ser precisamente “coordinar” las inquietudes, propuestas y exigencias de cada uno, no pensar, ni decidir, dueños de la verdad absoluta, por sus coordinados. Cada diputado no representa a su partido, ni a su distrito, representa a todo el pueblo de Oaxaca y por ello sus partidos deben apoyarles en la integración de su agenda legislativa y no limitarse a la designación de quien habrá de coordinarlos.
En el sistema político oaxaqueño hay mucha irresponsabilidad. Hay que marcar diferencia.
Los ciudadanos deben participar. Con el voto no se agota la participación ciudadana, hay que vigilar, estar pendientes, exigir. El gobierno solo, no va a romper la parálisis. Los únicos capaces de terminarla son los ciudadanos organizados en los partidos políticos o en las organizaciones de la sociedad civil.
La apatía ciudadana es suelo fértil para la impunidad del ejecutivo y el legislativo. Solo los ciudadanos organizados pueden impedir que se siga cometiendo el crimen de gobernar y legislar sin resultados.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista en Oaxaca
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
Lo que debía ser un natural ejercicio de comunicación entre gobernantes y gobernados ha devenido en, cada vez más, una elaborada parafernalia de amarres. El centro de una institución republicana como el informe de gobierno ya no es “el hecho de informar” sino los amarres para el acto social; amarres con el legislativo, con los medios de comunicación y con algunas organizaciones sociales. La negociación económica sustituye a la negociación política y en Oaxaca se ignora olímpicamente a los liderazgos ciudadanos, académicos y a los mismos partidos políticos, desde el detalle mínimo de las invitaciones.
Al informe protocolar hay que invitar a los empleados y a los amigos del gobernador. En Oaxaca se ha perdido el tacto, la sensibilidad para hacer política y la principal estrategia parece ser la emulación del avestruz, no ver, no escuchar; ignorar, pues.
La pregunta recurrente en la víspera del informe en Oaxaca fue ¿de qué va a informar? Puede que el gobernador haya tenido mucho qué informar, pero la percepción era en contrario; y esa percepción acarreaba algo más grave: el desinterés.
A la ciudadanía no le interesaba, ni siquiera por morbo, escuchar a su gobernador; enterarse, por todos los medios que tenemos hoy en día, del balance que presentaba del estado general de su administración. Daban por hecho que el gobierno sencillamente no tenía nada qué informar y por ello había que ignorarlo resignadamente.
Labor de tesorería con el nuevo congreso y con las organizaciones sociales; y los convenios de súplica con los medios de comunicación hicieron que el tercer informe de gobierno pasara, así, sin mayúsculas, sin pena ni gloria.
En un estado como Oaxaca hay una tragedia más grande, por sus efectos, que la pobreza, la desigualdad, la delincuencia, la falta de oportunidades, el desastre del sistema de salud, la ausencia de obra pública, la crisis del gabinete y todo lo que usted –amable lector- conoce a diario en periódicos y noticieros. Más grave que todo esto es la apatía, el desinterés, la pusilanimidad de sus ciudadanos que, sin violencia pero con firmeza, debemos incidir en el cambio que se quedó solo en slogan.
No es estar en contra del gobernador; es impedir que al gobernador le siga yendo mal. Oaxaca no merece un gobierno de claroscuros y si su equipo no le ayuda al gobernador, deben ayudarlo los oaxaqueños desde todas las trincheras.
A un gobernante, su equipo, le informa lo que el propio gobernante quiere escuchar. Lo blindan, lo aíslan, lo tranquilizan. De la parálisis no lo pueden sacar los responsables de la parálisis y por eso el gobernador debe abrirse a otras voces responsables, que tienen una visión clara y diferente de lo que pasa en Oaxaca y de lo que se debe hacer en Oaxaca, no solo para que su calificación mejore, sino para que las cosas realmente marchen mejor.
El ninguneo debe dejar de ser “política pública”. El gobierno debe dejar de ver enemigos en cada esquina. Los partidos políticos deben asumir con responsabilidad su papel de partidos en el gobierno o partidos de oposición, lo mismo que los diputados. Los coordinadores parlamentarios que, en buena medida, se comportan también como virreyes deben ser llamados a la responsabilidad. Cada diputado es igual al de la curul de atrás o de al lado y la función del coordinador parlamentario debe ser precisamente “coordinar” las inquietudes, propuestas y exigencias de cada uno, no pensar, ni decidir, dueños de la verdad absoluta, por sus coordinados. Cada diputado no representa a su partido, ni a su distrito, representa a todo el pueblo de Oaxaca y por ello sus partidos deben apoyarles en la integración de su agenda legislativa y no limitarse a la designación de quien habrá de coordinarlos.
En el sistema político oaxaqueño hay mucha irresponsabilidad. Hay que marcar diferencia.
Los ciudadanos deben participar. Con el voto no se agota la participación ciudadana, hay que vigilar, estar pendientes, exigir. El gobierno solo, no va a romper la parálisis. Los únicos capaces de terminarla son los ciudadanos organizados en los partidos políticos o en las organizaciones de la sociedad civil.
La apatía ciudadana es suelo fértil para la impunidad del ejecutivo y el legislativo. Solo los ciudadanos organizados pueden impedir que se siga cometiendo el crimen de gobernar y legislar sin resultados.
*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista en Oaxaca
moisesmolinar@hotmail.com
@MoisesMolina
sábado, 9 de noviembre de 2013
¿POR QUÉ ME FUI AL PARTIDO VERDE?
Como todos ustedes saben, he tomado la decisión más importante de mi vida política. No es asunto de solo cambiar de camiseta. No se adoptan nuevos colores, se asumen nuevos compromisos.
¿Qué es lo que en teoría compartimos todos quienes hacemos política? El ideal de mejora de nuestro entorno y de la gente que nos rodea. Esa ha sido y seguirá siendo mi vocación. Eso no cambia. El ejercicio de la política exige congruencia. ¿Congruencia con qué? Con aquello en lo que se cree; congruencia con una causa. Pero ¿de qué sirve una causa cuando no se tienen al alcance los medios para realizarla? Una carrera política no es más que el tránsito cotidiano hacia esa causa, hacia la realización de aquello en lo que se cree. La congruencia con la causa implica encontrar los medios. La causa justifica los medios.
Hoy, por primera vez, veo una posibilidad tangible de cristalizar mi causa. Me invitaron a hacerme cargo de la operación política del Partido Verde Ecologista de México en Oaxaca y acepté gustoso, después de un largo y detenido proceso de reflexión. La vida es un constante “decidir”; las oportunidades llegan y uno se deja embestir o las capotea.
Como todo ser humano con derecho a disponer de su vida, tomé una decisión que la inmensa mayoría de mis amigos y conocidos aceptaron, entendieron y respaldaron. Y no es que las decisiones tengan que tomarse en función de lo que “los demás” opinen, pero es gratificante sentir la solidaridad de quienes tampoco tienen la obligación de compartir su beneplácito y sus mejores deseos. A todos ustedes desde aquí les digo: “GRACIAS”.
El teléfono no ha dejado de sonar; mi muro de facebook y mi TL del twitter han estado rebosantes. Del whatsapp, ni qué decir. Fueron algunos cientos de jóvenes, en su gran mayoría, que ven una luz, una oportunidad; que intuyen, como yo, una posibilidad real de que las cosas en un partido político puedan ser diferentes. Son mujeres y hombres, amigos unos, conocidos otros, que quieren ser parte de un proyecto en el que me honra infinitamente que crean. Yo no puedo menos que abrirles la puerta y decirles “BIENVENIDOS”. Mis amigos y compañeros del Partido Verde, seguramente suscriben mis palabras.
El Partido Verde es de vocación generosa. El centro de su filosofía es el AMOR y del amor parte la naturaleza de la relación entre el ser humano y el medio ambiente. Con esa generosidad, al Partido Verde no le interesa de dónde vengan, sino hacia quieran ir con nosotros; no le interesa si su autoconcepto es de derecha, de izquierda, de centro o si todo esto de la geometría política es completamente ajeno para ustedes. No nos importa si estudian o trabajan; si su clase es la media, la baja o la alta; si usan chica, mediana, grande o extragrande. Necesitamos también abogados, médicos, ingenieros, politólogos, administradores, comunicólogos, agrónomos, programadores, economistas, veterinarios, músicos, pintores … Los necesitamos a todos.
Nos importa lo que este país nos dice desde su conciencia: hacer lo que nos corresponda para aliviar sus heridas. Probablemente no lo logremos, pero nadie podrá decirnos que no lo intentamos. Hacer política desde el partido verde será intentar y perseverar.
Le pido –amable lector-, sobre todo, padre y madre de familia, formularse estas preguntas. ¿Es posible que jóvenes se hagan cargo de todo un partido político con seriedad, responsabilidad y profesionalismo? ¿Es posible que jóvenes construyan para sí y para Oaxaca parte de un mejor presente y un mejor futuro? ¿Es posible que jóvenes hagan historia en Oaxaca? Yo tengo absoluta seguridad de mis respuestas. Ustedes háganse cargo de las suyas, pero háganmelas saber.
A eso vengo al Partido Verde, a reconstruir con todas y con todos la casa de todas y de todos.
¿Para qué sirve un partido político? Es otra pregunta que también dejo aquí estacionada. Mi respuesta la tengo también muy clara. Voy a procurar al límite de mis capacidades que el Partido Verde sirva para lo que debe servir un partido político: para incidir, para transformar, para formar una nueva generación de políticos oaxaqueños que coexistan con dignidad con los políticos tradicionales de otros partidos y con la propia sociedad civil organizada. Una generación que dé una lección a la generación que no ha podido ni podrá, porque no ha querido ni querrá.
El Partido Verde debe tener concejales, presidentes municipales, diputados y -¿por qué no pensarlo?- gobernador. Todo ello más temprano que tarde. Y no será por decreto. Será una consecuencia natural de una nueva forma de hacer política que solo los jóvenes entendemos y que por fin podremos poner en práctica.
Habrá quien diga que soy un soñador, que todo esto es retórica. La política está urgida de poesía. De los buenos pensamientos nacen las buenas acciones que hacen más agradable el rocío de las bellas palabras.
Ha llegado el momento. No tenemos pretextos. Tenemos causa, que es la causa de una generación desoída, ignorada, marginada, menospreciada. Tenemos la urgencia de una generación que no está dispuesta a resignarse al fracasó, cuando ya sus cabellos pinten canas; que no admite correr la misma suerte de sus padres que siguen esperando a que su partido les haga justicia. Una generación que toma en sus manos su destino y lo procura con responsabilidad. El proyecto de partido verde es un proyecto generacional de una cruzada para rescatar el sepulcro de la política.
Si todo esto es retórica, será en todo caso, retórica con prerrogativas, con dinero público que se usará para lo que la ley dice que debe utilizarse, con absoluta transparencia.
Notarán ustedes aquí, el abuso de la primera persona, pero es lo que yo pienso y estoy seguro que comparten mis compañeros y amigos en el partido a quienes agradezco profundamente su extraordinario recibimiento.
Haciendo causa con las mujeres tomaré para los jóvenes algunas palabras a Michelle Bachelet: Si un joven entra en la política, cambia el joven; si muchos jóvenes entran en la política, cambia la política.
Las puertas del Partido Verde están abiertas y les pondremos aquel anuncio que inmortalizó Arturo Cuyás: “Hace falta un muchacho”!
Bienvenidos
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
¿Qué es lo que en teoría compartimos todos quienes hacemos política? El ideal de mejora de nuestro entorno y de la gente que nos rodea. Esa ha sido y seguirá siendo mi vocación. Eso no cambia. El ejercicio de la política exige congruencia. ¿Congruencia con qué? Con aquello en lo que se cree; congruencia con una causa. Pero ¿de qué sirve una causa cuando no se tienen al alcance los medios para realizarla? Una carrera política no es más que el tránsito cotidiano hacia esa causa, hacia la realización de aquello en lo que se cree. La congruencia con la causa implica encontrar los medios. La causa justifica los medios.
Hoy, por primera vez, veo una posibilidad tangible de cristalizar mi causa. Me invitaron a hacerme cargo de la operación política del Partido Verde Ecologista de México en Oaxaca y acepté gustoso, después de un largo y detenido proceso de reflexión. La vida es un constante “decidir”; las oportunidades llegan y uno se deja embestir o las capotea.
Como todo ser humano con derecho a disponer de su vida, tomé una decisión que la inmensa mayoría de mis amigos y conocidos aceptaron, entendieron y respaldaron. Y no es que las decisiones tengan que tomarse en función de lo que “los demás” opinen, pero es gratificante sentir la solidaridad de quienes tampoco tienen la obligación de compartir su beneplácito y sus mejores deseos. A todos ustedes desde aquí les digo: “GRACIAS”.
El teléfono no ha dejado de sonar; mi muro de facebook y mi TL del twitter han estado rebosantes. Del whatsapp, ni qué decir. Fueron algunos cientos de jóvenes, en su gran mayoría, que ven una luz, una oportunidad; que intuyen, como yo, una posibilidad real de que las cosas en un partido político puedan ser diferentes. Son mujeres y hombres, amigos unos, conocidos otros, que quieren ser parte de un proyecto en el que me honra infinitamente que crean. Yo no puedo menos que abrirles la puerta y decirles “BIENVENIDOS”. Mis amigos y compañeros del Partido Verde, seguramente suscriben mis palabras.
El Partido Verde es de vocación generosa. El centro de su filosofía es el AMOR y del amor parte la naturaleza de la relación entre el ser humano y el medio ambiente. Con esa generosidad, al Partido Verde no le interesa de dónde vengan, sino hacia quieran ir con nosotros; no le interesa si su autoconcepto es de derecha, de izquierda, de centro o si todo esto de la geometría política es completamente ajeno para ustedes. No nos importa si estudian o trabajan; si su clase es la media, la baja o la alta; si usan chica, mediana, grande o extragrande. Necesitamos también abogados, médicos, ingenieros, politólogos, administradores, comunicólogos, agrónomos, programadores, economistas, veterinarios, músicos, pintores … Los necesitamos a todos.
Nos importa lo que este país nos dice desde su conciencia: hacer lo que nos corresponda para aliviar sus heridas. Probablemente no lo logremos, pero nadie podrá decirnos que no lo intentamos. Hacer política desde el partido verde será intentar y perseverar.
Le pido –amable lector-, sobre todo, padre y madre de familia, formularse estas preguntas. ¿Es posible que jóvenes se hagan cargo de todo un partido político con seriedad, responsabilidad y profesionalismo? ¿Es posible que jóvenes construyan para sí y para Oaxaca parte de un mejor presente y un mejor futuro? ¿Es posible que jóvenes hagan historia en Oaxaca? Yo tengo absoluta seguridad de mis respuestas. Ustedes háganse cargo de las suyas, pero háganmelas saber.
A eso vengo al Partido Verde, a reconstruir con todas y con todos la casa de todas y de todos.
¿Para qué sirve un partido político? Es otra pregunta que también dejo aquí estacionada. Mi respuesta la tengo también muy clara. Voy a procurar al límite de mis capacidades que el Partido Verde sirva para lo que debe servir un partido político: para incidir, para transformar, para formar una nueva generación de políticos oaxaqueños que coexistan con dignidad con los políticos tradicionales de otros partidos y con la propia sociedad civil organizada. Una generación que dé una lección a la generación que no ha podido ni podrá, porque no ha querido ni querrá.
El Partido Verde debe tener concejales, presidentes municipales, diputados y -¿por qué no pensarlo?- gobernador. Todo ello más temprano que tarde. Y no será por decreto. Será una consecuencia natural de una nueva forma de hacer política que solo los jóvenes entendemos y que por fin podremos poner en práctica.
Habrá quien diga que soy un soñador, que todo esto es retórica. La política está urgida de poesía. De los buenos pensamientos nacen las buenas acciones que hacen más agradable el rocío de las bellas palabras.
Ha llegado el momento. No tenemos pretextos. Tenemos causa, que es la causa de una generación desoída, ignorada, marginada, menospreciada. Tenemos la urgencia de una generación que no está dispuesta a resignarse al fracasó, cuando ya sus cabellos pinten canas; que no admite correr la misma suerte de sus padres que siguen esperando a que su partido les haga justicia. Una generación que toma en sus manos su destino y lo procura con responsabilidad. El proyecto de partido verde es un proyecto generacional de una cruzada para rescatar el sepulcro de la política.
Si todo esto es retórica, será en todo caso, retórica con prerrogativas, con dinero público que se usará para lo que la ley dice que debe utilizarse, con absoluta transparencia.
Notarán ustedes aquí, el abuso de la primera persona, pero es lo que yo pienso y estoy seguro que comparten mis compañeros y amigos en el partido a quienes agradezco profundamente su extraordinario recibimiento.
Haciendo causa con las mujeres tomaré para los jóvenes algunas palabras a Michelle Bachelet: Si un joven entra en la política, cambia el joven; si muchos jóvenes entran en la política, cambia la política.
Las puertas del Partido Verde están abiertas y les pondremos aquel anuncio que inmortalizó Arturo Cuyás: “Hace falta un muchacho”!
Bienvenidos
moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina
jueves, 24 de octubre de 2013
MUJERES QUE HAGAN POLÍTICA COMO MUJERES
“Si una mujer entra en la política cambia la mujer;
Si muchas mujeres entran en la política, cambia la política”
M. Bachelet
Juzgo que la iniciativa enviada al senado por el Presidente Peña Nieto, para que las mujeres accedan al 50 por ciento de las candidaturas no ha tenido el recibimiento que merece.
Si a la jerga política se ha agregado la expresión “de gran calado” para las reformas, es tan pertinente para esta como para las demás que a instancias del Pacto por México se cristalizan.
La brega de las mujeres en defensa de sus derechos ha de tener en esta reforma uno de sus más grandes triunfos. No fue concesión graciosa del Presidente, sino el reconocimiento de una necesidad; congruencia con el más elemental sentido de igualdad ; a resumidas cuentas, justicia para las mujeres de México.
Está por demás decir que la problemática de la mujer no se circunscribe a la esfera político-electoral. Entregar por ley a las mujeres de México el 50% de las candidaturas no resuelve ni siquiera en su totalidad el problema de la exclusión en política, pero aporta un piso mínimo desde el cual construir futuras conquistas.
Millones de mujeres en este país víctimas de la injusticia, de la pobreza, de la falta de oportunidades y de la violencia ni siquiera están interesadas en la política, ni mucho menos tienen sus energías puestas en pos de una curul o de un escaño.
Por ello el compromiso de las mujeres políticas es mayor. Una conquista de este tamaño lleva implícita una responsabilidad de las mismas dimensiones. Una sola mujer política habla y actúa en nombre de cientos o de miles que no están en condiciones o posibilidades de hacerlo.
En las mujeres descansa gran parte del ideal de redignificar la política, de devolverle sus valores, su espíritu, su esencia. La política es mujer y solo la esencia de mujer puede salvar a la política. No necesitamos mujeres a un paso de la hombría, ni mujeres que se mimeticen en el marasmo machista del ejercicio público.
México requiere mujeres que con los mismos afanes con que cuidan el hogar y ven crecer a los hijos, se hagan cargo de la cosa pública. La política no es complicada cuando hay valores por delante. Cuando hay sinceridad, amor, respeto, disposición, compromiso y solidaridad el milagro político ocurre. La política es el arte de lo posible y una mujer todo lo puede.
¿Qué hay más allá de lo aparente de esta reforma del 50-50? No está solo la repartición igualitaria de asientos en el congreso, ni la garantía de “ni una Juanita más”. Hay una consiguiente formación de cuadros femeniles dentro de los partidos políticos para que no se obliguen más a buscar, en las horas previas al registro, mujeres candidatas aunque sean suplentes “debajo de las piedras” y para garantizar –de paso- que no sean siempre las mismas, las ganadoras de “la rifa del tigre”.
Si los jóvenes han fracasado en sus románticos intentos por alcanzar las nominaciones intra partidarias, en las manos de las mujeres está la única posibilidad del entreveramiento si no generacional, al menos sí de género. La lucha de género claramente ha superado la infructuosa lucha de generaciones.
Más derechos conllevan más obligaciones y habrán de ser claramente las mujeres quienes se obliguen a quitar las telarañas, remover los escombros y romper los viejos moldes. Las mujeres están llamadas a ser el agente renovador de los partidos políticos.
Las mujeres llevaron a Peña Nieto a Los Pinos y las mujeres pueden meterlo a la historia. En sus manos está el destino de esta reforma que no debe concluir con su consecuencia aparente. México necesita paridad de género en sus instituciones republicanas, pero no necesita una mitad de mujeres haciendo política como varones.
Quizá sea esa mitad de mujeres la que tienda la mano a la generación joven para llevar también al COFIPE el 30 por ciento de candidatos de hasta 35 años. Si la mujer decide hacer causa común con la juventud, grandes cosas sucederán en este país.
Para aquellas mujeres que piensan como mujeres, que hablan como mujeres y que hacen política como mujeres, vaya un gran abrazo solidario, cargado de esperanza y de los mejores deseos para México para que asuman amorosamente los cuidados de un sueño posible.
@MoisesMolina
Si muchas mujeres entran en la política, cambia la política”
M. Bachelet
Juzgo que la iniciativa enviada al senado por el Presidente Peña Nieto, para que las mujeres accedan al 50 por ciento de las candidaturas no ha tenido el recibimiento que merece.
Si a la jerga política se ha agregado la expresión “de gran calado” para las reformas, es tan pertinente para esta como para las demás que a instancias del Pacto por México se cristalizan.
La brega de las mujeres en defensa de sus derechos ha de tener en esta reforma uno de sus más grandes triunfos. No fue concesión graciosa del Presidente, sino el reconocimiento de una necesidad; congruencia con el más elemental sentido de igualdad ; a resumidas cuentas, justicia para las mujeres de México.
Está por demás decir que la problemática de la mujer no se circunscribe a la esfera político-electoral. Entregar por ley a las mujeres de México el 50% de las candidaturas no resuelve ni siquiera en su totalidad el problema de la exclusión en política, pero aporta un piso mínimo desde el cual construir futuras conquistas.
Millones de mujeres en este país víctimas de la injusticia, de la pobreza, de la falta de oportunidades y de la violencia ni siquiera están interesadas en la política, ni mucho menos tienen sus energías puestas en pos de una curul o de un escaño.
Por ello el compromiso de las mujeres políticas es mayor. Una conquista de este tamaño lleva implícita una responsabilidad de las mismas dimensiones. Una sola mujer política habla y actúa en nombre de cientos o de miles que no están en condiciones o posibilidades de hacerlo.
En las mujeres descansa gran parte del ideal de redignificar la política, de devolverle sus valores, su espíritu, su esencia. La política es mujer y solo la esencia de mujer puede salvar a la política. No necesitamos mujeres a un paso de la hombría, ni mujeres que se mimeticen en el marasmo machista del ejercicio público.
México requiere mujeres que con los mismos afanes con que cuidan el hogar y ven crecer a los hijos, se hagan cargo de la cosa pública. La política no es complicada cuando hay valores por delante. Cuando hay sinceridad, amor, respeto, disposición, compromiso y solidaridad el milagro político ocurre. La política es el arte de lo posible y una mujer todo lo puede.
¿Qué hay más allá de lo aparente de esta reforma del 50-50? No está solo la repartición igualitaria de asientos en el congreso, ni la garantía de “ni una Juanita más”. Hay una consiguiente formación de cuadros femeniles dentro de los partidos políticos para que no se obliguen más a buscar, en las horas previas al registro, mujeres candidatas aunque sean suplentes “debajo de las piedras” y para garantizar –de paso- que no sean siempre las mismas, las ganadoras de “la rifa del tigre”.
Si los jóvenes han fracasado en sus románticos intentos por alcanzar las nominaciones intra partidarias, en las manos de las mujeres está la única posibilidad del entreveramiento si no generacional, al menos sí de género. La lucha de género claramente ha superado la infructuosa lucha de generaciones.
Más derechos conllevan más obligaciones y habrán de ser claramente las mujeres quienes se obliguen a quitar las telarañas, remover los escombros y romper los viejos moldes. Las mujeres están llamadas a ser el agente renovador de los partidos políticos.
Las mujeres llevaron a Peña Nieto a Los Pinos y las mujeres pueden meterlo a la historia. En sus manos está el destino de esta reforma que no debe concluir con su consecuencia aparente. México necesita paridad de género en sus instituciones republicanas, pero no necesita una mitad de mujeres haciendo política como varones.
Quizá sea esa mitad de mujeres la que tienda la mano a la generación joven para llevar también al COFIPE el 30 por ciento de candidatos de hasta 35 años. Si la mujer decide hacer causa común con la juventud, grandes cosas sucederán en este país.
Para aquellas mujeres que piensan como mujeres, que hablan como mujeres y que hacen política como mujeres, vaya un gran abrazo solidario, cargado de esperanza y de los mejores deseos para México para que asuman amorosamente los cuidados de un sueño posible.
@MoisesMolina
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