domingo, 12 de enero de 2014

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER

Acabo de leer a Murakami, el japonés más respetado en el mundo de las letras. Cuando discutíamos en torno a nuestro círculo de lectura, Murakami, no calificaba. Sus textos, parte del mundo nuestro y parte de un mundo que no es el nuestro, difícilmente lograban consenso.


El libro que recién terminé es, sin embargo, enteramente de “nuestro” mundo. “De qué hablo cuando hablo de correr” se llama y no es más que una oportunidad que su autor se da para hablarnos de sí mismo en tanto que escritor y ser humano, pero con una peculiaridad: Murakami también es corredor.


Es un libro inspirador. Entre sus líneas se puede leer: “En esencia, uno se hace corredor sin más” y fiel a ese principio he caminado (corrido) los últimos días y he tratado de inspirar a otras y otros a que me acompañen. ¿A quiénes? En principio a quienes trabajan conmigo en el proyecto del Partido Verde y que se han convertido en mis mejores amigos y después a quienes desde sus ordenadores y teléfonos celulares viven también la aventura de las redes sociales.


Tenemos ya el cimiento de un club que camina, trota o corre todos los fines de semana. Jesusita nos ha acercado amablemente a un entrenador que impone orden a nuestro ímpetu. Es tarea enteramente nuestra caminar, trotar o correr diariamente con un día de descanso.


¿Qué tiene que ver esto con la política? Todo. La esencia del corredor no es física, es espiritual (como la del que practica a conciencia cualquier deporte o arte). Es un asunto de mente, cuerpo y espíritu. El ejercicio de la política implica salud y la salud no solamente es física. Seres humanos mental y espiritualmente enfermos han sido los responsables, en su totalidad, del desprestigio de la política.


Y es que el trabajo en el Partido Verde, comparte, para nosotros, naturaleza con el trabajo (por ejemplo) del futbolista profesional. Trabaja divirtiéndose, le apasiona su trabajo. Nuestra vocación es aportarle a Oaxaca una nueva generación de políticos. Esta generación será nueva, en el sentido de que nunca ha participado en política o habiendo participado nunca había tenido una oportunidad decorosa que su talento merece.


A veces parece que el político va contra el tiempo. En no pocas ocasiones quisiéramos más números para el reloj. Mientras mis amigos trabajan, me he retirado a otra mesa a redactar estas líneas que son también parte de una disciplina semanal. Les veo y me inspiran. Dos de ellos corrieron conmigo en la mañana. En lo sucesivo espero que todos lo hagan.


A la hora que usted –amable lector- camine, corra o trote por estas líneas, nosotros ya habremos hecho lo propio por el cerro de San Felipe al norte de nuestra ciudad capital y nos sabremos más unidos, más comprometidos y más solidarios que el primer día. Y de eso se trata la política. En el Partido Verde nos vamos a ocupar también de las más importantes de las cosas menos importantes como correr por diversión y por convivencia, pero tendremos además toda la posibilidad de defender las causas de la activación física en un país de obesos a quienes más allá de los centímetros de cintura, están matando la hipertensión y todos los problemas cardiovasculares que de sobra conocemos, aunque sea de oídas.


Parte de nuestra bandera es un México sano, con calidad de vida, sin desprender la vista de todas y todos quienes antes que empezar a correr tienen que ver satisfechas sus más elementales necesidades de alimentación, salud, educación y empleo.


En la política no hay secretos. Lo único que diferencia a unos políticos de otros es la voluntad y la congruencia. Nosotros queremos hacer lo correcto y nuestra condición de juventud (como un estado de ánimo) hace que eso sea sencillo.


Estamos trabajando por Oaxaca y parte de nuestro trabajo es correr.


¿Cuánto tiempo nos durará el capricho? Preguntarán ustedes. Ojalá sea el tiempo necesario para que no sea un capricho.

Queremos ser más, vamos a ser más y los necesitamos a ustedes. No les pediremos que se afilien al Partido Verde, solo que nos ayuden a inspirar a otros a hacer lo correcto independientemente de si les interesa la política o no.


Algunos nos dicen (otros lo piensan sin decirlo) que este tipo de cosas no sirven para un partido. Todo partido debe trabajar por Oaxaca y por México y nosotros lo estamos haciendo.


Murakami pide para sí un epitafio: “Haruki Murakami: Escritor y Corredor que aguantó hasta el final sin caminar”.


Nosotros nos conformamos con aguantar hasta el final sin estar parados.


*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en el Estado de Oaxaca

viernes, 3 de enero de 2014

DEJAR LA POLÍTICA A LOS POLÍTICOS

Con el inicio de 2014, el ciclo político se renueva en Oaxaca. La vida del zoon politikon oaxaqueño se mide en trienios y la paulatina concurrencia de los procesos electorales la hacen cada vez más intensa y compleja.


La idea del legislador de que nuestras sociedades dejen de vivir en campaña casi permanente puede, en la práctica, no corresponder al ideal perseguido. Votar en una sola jornada todos los cargos de representación popular trienales o sexenales recarga toda la conflictiva poselectoral en un solo momento. ¿Cuál es la idea? ¿Gastar menos dinero público?
¿Tener menos conflicto? ¿Ambos?


Pareciera una fórmula sencilla y resultaría interesante que la autoridad nos ofreciera un comparativo de gasto y de conflicto poselectoral antes y después de las recientes elecciones concurrentes en Oaxaca.


Y es que Oaxaca es – aunque pudiera sonar a obviedad- un estado como ningún otro. En diferentes espacios académicos de análisis y discusión en que he tenido la oportunidad de participar en diferentes lugares del país, Oaxaca es invariablemente ejemplo de desafío. Se nos tiene por laboratorio de lo inverosímil, paraíso para la integración de la ley en sus lagunas; si algo ha de fallar en los productos legislativos, seguro ha de fallar primero en Oaxaca.


Más allá de nuestra complejidad administrativa dibujada por 570 municipios y más allá del atractivo turístico electoral que representan los usos y costumbres tocados hoy por la caprichosa eufonía del “sistemas normativos internos”, en Oaxaca pasa algo con nuestra gente. A su modo, pero nuestra gente está muy politizada. En la comunidad más apartada se hace política y hasta queda espacio para la grilla.


En un estado de zonas tan pobres materialmente, la danza de dinero de cada tres y seis años es ácido del más potente para el tejido social. Y es que más que por el poder, la disputa es por el presupuesto. La política que alguien definió como una guerra sin sangre, hoy indisociable del dinero, llega a convertirse en una guerra con sangre.


El municipio más pequeño es susceptible de convertirse en un polvorín y los odios ahí pueden alcanzar magnitudes insospechadas. En un estado como Oaxaca siempre hay argumentos para la violencia. En Oaxaca no se puede ganar por un voto, se pueden ir al diablo las instituciones, el poder judicial pierde su honorabilidad y el Instituto Electoral es sistemáticamente inservible.


Una cosa queda clara. Donde los gobiernos no han podido resolver las necesidades materiales jamás podrán construir ciudadanía y jamás podrán apelar a los valores que la democracia occidental conlleva.


Por eso es tan complicado Oaxaca y por eso hay que ir administrando una permanente crisis política municipio por municipio. Hay que atender el ego herido de los perdedores, los reclamos de fraude electoral, los alegatos contra cacicazgos, las denuncias de dados cargados y favoritismos de los gobiernos. En lo dicho, razones hay de sobra para la toma de palacios, para el cierre de caminos, para la piromanía y hasta para los heridos y los muertos.


Donde unos alegan legalidad, los otros alegan justicia. Y paradójicamente, en la mayoría de los casos, la panacea la trae el mismo dinero. La gobernabilidad cuesta dinero y posiciones y en no pocos casos, las autoridades gubernamentales se reducen a cajeros que disponen del dinero que no es suyo. De autoridad se convierten en meros mediadores, pero no pueden hacer nada más. Visto está que el costo de aplicar la ley es muy alto.


Quien gobierna Oaxaca, está listo para gobernar casi cualquier parte del mundo.


¿Cuánto dinero cuesta la gobernabilidad? ¿Cuánto es el costo de la no aceptabilidad de la derrota? Nunca lo sabremos.
Bástenos con saber que con ello se podrían construir muchas escuelas, hospitales y áreas deportivas. Aunque no tengamos un sistema político de calidad, al menos no tenemos violencia visible y eso, mediocremente, hay que agradecerlo.


Las noticias nos dicen que 14 municipios tendrán administrador municipal. De 570, parecen no ser muchos y la mayoría de os pocos que se preocupan por los asuntos públicos lo ven hasta aceptable. Pero son 14 sociedades que tendrán una autoridad que no eligieron, para las que el proceso electoral fue tiempo y dinero perdido. 14 conglomerados humanos que exhiben el fracaso de la democracia.


Esa es la realidad y no termina ahí. En un escenario tan complicado lo normal sería que las nuevas autoridades municipales se esmeraran en hacer el mejor de los papeles, con honestidad, con altura de miras, con denuedo, viendo en todo momento por el bien de la colectividad. Tristemente veremos que en la mayoría de los casos no será así y que el ejercicio de gobierno se convertirá en la recompensa a tanto sufrimiento de pre campaña, de campaña y de conflicto poselectoral. Por eso los ayuntamientos se convierten en botín y la ciudadanía ajena a todo este juego perverso sigue sin ver las obras y los programas que los municipios necesitan.


¿Qué sigue? ¿Qué hacer para que las cosas mejoren poco a poco? ¿Qué hacer para construir ciudadanía? Vigilar a nuestras autoridades, hace uso de nuestros derechos de acceso a la información y a la transparencia. Los nuevos gobernantes debían dar el primer paso construyendo palacios municipales de cristal. Brindando a la ciudadanía la confianza de que están sujetos al escrutinio público, utilizando escrupulosamente los presupuestos y convocando al pueblo a gobernar con ellos. La democracia participativa es lo único que puede corregir el rumbo de las cosas.


Si la ciudadanía sigue dejando la política a los políticos, la historia se repetirá y las próximas generaciones, sumidas en la misma apatía seguirán sufriendo las mismas desgracias públicas.


*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en Oaxaca

sábado, 21 de diciembre de 2013

GALDINO HUERTA

Algunos de los mismos de siempre han insistido a varios de mis amigos en alejarse de mí y de lo que ahora represento.


“Por ahí no es”, “No te equivoques”, “Esa no es la ruta”, “a todo dile que sí, pero no le hagas caso”. Les prometen lo que siempre les han prometido: empleos y dinero, con la promesa de que ahora sí cumplirán.


Ya se imaginará usted –amable lector- son los usos genéticos de una clase política que de frente me ha manifestado su apoyo en mi nueva responsabilidad y volteando la espalda se reconoce nuevamente ávida de control y obsesiva de la manipulación al punto de que hasta lo que no come le hace daño.


Mis amigos amablemente, en este pandemónium de intrigas, chismes y calumnias en que se convirtió la política Oaxaqueña desde hace ya buen rato, me lo hacen saber con gesto de sorna. Es una clase política que piensa que los jóvenes son como ellos cuando fueron jóvenes: serviles y proclives a la sumisión incontestable. Creen que están dispuestos a sacrificar la propia dignidad y un futuro promisorio en aras de un presente hecho a base de migajas.


Seguramente lo mismo le dirán a Galdino Huerta, Presidente Electo de Santa Lucía del Camino, después de leer esto.


Escribo estas líneas después de nuestra posada verde (y aprovecho para agradecer a todas y todos por su asistencia y la alegría que llevaron) donde recibimos la visita inesperada de Galdino y parte de su planilla electa.


A Galdino le conozco desde hace tiempo y si bien no hemos tenido la oportunidad de convivir tan cercanamente, tiene para mí el obligado beneficio de la duda que aporta la juventud.


Platiqué con él largo y tendido. Hablamos más de Santa Lucía que del Partido Verde y fue así porque él tiene la cualidad que muy pocos políticos tienen: sabe escuchar y se deja ayudar. Me atrevo a decir que es así porque Galdino no es todavía un político como estamos acostumbrados a verlos. Hay franqueza en su voz y –lo más importante- en su mirada.


Cuando se cuela en la conversación un comentario que él ya tenía, de motu proprio, valorado, asiente con pasión y lo enriquece. Comparte generosamente sus ideas, sus planes, su visión de su municipio en esta difícil encrucijada.


No me corresponde a mí exponer esos planes ni esas ideas. Él lo hará en su momento. Pero sí puedo externar que me entusiasma la esperanza que vi en sus ojos y escuché en su mirada. Con esa sencillez, imposible en un político de altos vuelos, me compartió sus intenciones mientras comíamos un pozole entre la música y el barullo de los invitados, bajo nuestro hermoso cielo nocturno.


Me entusiasmó que un joven que gobernará uno de los municipios más importantes de Oaxaca, quiera hacer historia.
Santa Lucía del Camino no merece el destino en que le han sumido sus últimos gobiernos. Podrá alguien decirme que no puedo opinar de lo que ha pasado en Santa Lucía porque no vivo ahí, pero ese municipio, además de ser conurbado ha sido cliente frecuente de los espacios mediáticos que nos informan o desinforman a diario; y desgraciadamente ha sido un cliente no muy amablemente tratado.


Es un municipio enorme con carencias igual de grandes, donde el gobierno se nota solo cuando de ingobernabilidad y latrocinios se habla. Es un municipio diverso, golpeado por la división y el encono, primero entre quienes son del “casco” y quienes no lo son, y después por las clientelas coyunturales de los partidos y las coaliciones. Santa Lucía es un pueblo muy politizado y también muy rezagado. Si un atractivo turístico tiene son los bares, las cantinas y la gran cantidad de centros nocturnos que ahí se han autorizado. Santa Lucía tiene, por mucho, más negocios de este tipo, que escuelas, bibliotecas y espacios deportivos y de cultura, juntos.


Hoy está en una nueva encrucijada que le toca a Galdino sortear. Dicen que en democracia se pierde o se gana por un voto. Pero es muchísimo más fácil repetirlo que aceptarlo. El dinero, más que el poder, hacen que este paraíso para los giros negros y la delincuencia organizada y desorganizada, sea más que una entidad político-administrativa y más que un pueblo, un botín que hay que disputar con fiereza hasta arrebatar, o de plano que hay que dejar a merced de un administrador municipal.


Dos autoridades coexistieron en el poder los últimos tres años. Una aberración jurídica y política que solo en Santa Lucía puede ser posible. Y como siempre, los más perjudicados no fueron los copropietarios del gobierno municipal, sino los ciudadanos.


La última elección, sin ser tan concurrida en un páramo cívico de desconfianza y hartazgo ciudadano, despertó pasiones como en pocos municipios de Oaxaca. Al final y en tribunales, Galdino gana por un solo voto. ¿Qué le espera desde el primer día de enero de 2014? La inmensa mayoría piensa que algo peor que lo que le deparó la vida a Pedro Cabañas: la ingobernabilidad, la violencia, la rapiña.


Pero ¿a quién beneficia esto? Le pregunto a los ciudadanos de Santa lucía. Y les doy mi respuesta: a nadie. No beneficia siquiera a los opositores de Galdino que parecen abrazar la lastimosa lógica del nada para nadie: “Si yo no gobierno, que tampoco Galdino lo haga”, dirán.


Lo primero que Santa Lucía necesita es orden y ese orden tiene que iniciar por un gobierno completo y sólido. El tribunal falló y tiene que cerrarse la página y cortarse el paso a peligrosos mesianismos. Una cosa debe tenerse bien clara: ello no depende de los candidatos perdedores; depende de la gente que tiene la libertad de seguirlos o no. Lo que pudiera parecer una victoria para los inconformes, sería más bien una enorme derrota y la prolongación de una muy negra noche sin estrellas para Santa Lucía del Camino.


En lo personal creo en Galdino porque creo en su juventud más que en sus sedicentes padrinos de medio pelo. ¿Y saben qué es lo mejor? Su cabildo también es joven. Creo en que él sabrá gobernar sólo con su cabildo y con el pueblo, sustraído a la perversidad y voracidad de titiriteros de ocasión (los mismos de siempre, por cierto). Él será el


Presidente Constitucional y tiene que entenderlo. No tiene ningún interés qué servir más que el de su gente, no solo la que votó por él. Deberá gobernar para todos por igual, abriendo las puertas de municipio y escuchando a todo aquel que viva en Santa Lucía y que quiera ayudarle a gobernar desinteresadamente. Tendrá que gobernar dentro de una caja de cristal, con absoluta transparencia, con pulcritud, con escrupuloso decoro en su comportamiento personal y ello deberá ser extensivo a sus regidores. Será la gran diferencia entre pasar a la historia como el Presidente que Santa Lucía esperaba para sentar las bases de su prosperidad o pasar a la historia como el primer Presidente joven que fue incapaz de gobernar. Eso sí, no pasará a la historia como uno más.


Sin ser de Santa Lucía y aunque de poco sirva, yo estoy con Galdino, con sus intenciones, con su hambre de futuro, de trascender y de hacer historia de la buena. Estoy con Galdino, porque estoy con los jóvenes. Santa Lucía lo merece.


@MoisesMolina

viernes, 13 de diciembre de 2013

EL ÁRBOL DE NAVIDAD




¿Qué está pasando en México? Las imágenes nos abruman. Independientemente de la antipatía que conciten, Televisa y TV azteca siguen siendo dueñas de la percepción de la inmensa mayoría de los mexicanos y en México pasa lo que pasa en sus canales.


Y no hay sesgo, ni manipulación, ni teoría conspiratoria que se imponga a la crudeza de las imágenes que esta noche de viernes nos regalaron sus noticieros estelares. El incendio de un enorme árbol de navidad y la golpiza a un ciudadano en los torniquetes del metro, dieron la vuelta al país y seguramente al mundo, mostrando esa parte de México que nos duele.


Esas imágenes dicen más de lo que muestran. Hablan de un México donde la protesta es pacífica mientras no exista alguien que proteste pacíficamente contra la protesta. Miren que ganar una golpiza por decidir pagar el boleto para entrar al metro no tiene calificativo. Con el aval de la autoridad los ciudadanos, para salvaguardar su integridad física, tienen que ir en contra de su conciencia y hacer lo indebido; sumarse a la turba, abrazar la sin razón.


¿Por qué quemar un árbol de navidad? Si la navidad representa lo mejor que puede haber en cada ser humano; si la navidad es paz, concordia, amor, unión y cualquier cosa que a usted – amable lector- le anime a decorar su casa con luces y figuras. Muy probablemente quienes le prendieron fuego, no lo hicieron en razón de lo que el árbol de navidad representa. Y ello es más grave aún. No vieron el árbol, solo vieron una gigantesca estructura combustible.


Pareciera que todo es accesorio a la violencia, que la violencia, en todas sus formas, se ha colocado en el centro de nuestras vidas, la pública y la privada. La violencia nos circunda y tenemos que aprender, quienes queremos vivir en paz, el arte de eludirla.


No es posible que vivamos únicamente aspirando a la paz (a que no haya marchas, bloqueos, manifestaciones, levantones, secuestros, robos, homicidios) cuando la vida debe ser algo mejor que solo paz.


La violencia de palabra o acción restringe nuestra capacidad de amar; nos limita como seres humanos enteros. No basta con amar a papá, a mamá, a nuestros hijos, familiares y amigos cercanos, necesitamos amar a todo aquel o aquello que comparta con nosotros el milagro de la vida.


La concordia no está en manos de la autoridad, simple y sencillamente porque cada vez la autoridad lo es menos. A la autoridad ya no se le respeta ni mucho menos se le teme. Alcanzan a ver nuestros ojos lo que bien puede ser el principio de un apocalipsis cívico: a la autoridad se le desprecia.


¿En qué momento el que manda dejó de ser uno de nosotros? ¿En qué momento el poder quitó, a quienes lo detentan, la calidad de seres humanos? ¿Cuándo fue que quienes debemos respetarles, decidimos ir de palabra y acción contra ellos?

¿Cómo podremos vivir de nuevo en armonía?


Dos cosas son ciertas: la solución ya no está en manos de la autoridad y la solución no puede pasar por la violencia.


El cambio está en cada uno de nosotros, es ejercicio y responsabilidad personalísima. Hay quienes deciden transitar el camino de la violencia y yo no puedo juzgarlos. Pero habemos quienes decidimos transitar el camino de la paz y las virtudes cívicas y tampoco habremos de ser juzgados.


Estamos a la mitad de diciembre. Es un excelente tiempo para pensar en lo que somos y en lo que queremos ser, para entender el lugar que el poder, el dinero y las relaciones deben ocupar en nuestras vidas.


Si terminamos este año siendo capaces de vivir nuestras propias vidas y no las vidas de los demás; si dejamos de obrar y opinar en función de lo que otros hagan o dejen de hacer o decir, estaremos abonando una parte importante del suelo de la felicidad.


Es diciembre y los propósitos de año nuevo deben volver a tomarse muy en serio.


@MoisesMolina

domingo, 8 de diciembre de 2013

#OAXACAVERDE


Es una delicia estar en el istmo oaxaqueño. No solo por todo lo que aquí se puede comer; también por la calidez de su gente. Mientras mis amigos y yo viajamos a Matías Romero, exprimo el reloj para escribir estas líneas.


No es promoción, es una realidad. El proyecto #OaxacaVerde está superado nuestras expectativas. El hartazgo ciudadano está encontrando una válvula de escape y la naturaleza ecologista de nuestra misión ha lo grado incorporar desde ya a lo más noble de la sociedad civil.


Lo he dicho en reiteradas ocasiones y hoy lo público a riesgo de ser engullido por los puristas: entre menos parezca el partido verde un partido político, será mejor para quienes lo encabezamos, para quienes a él se acercan y para quienes habrán de recibir los beneficios de nuestras acciones.


Iniciamos este recorrido por el estado cumpliendo un sueño, el sueño de la inclusión. Las mujeres y los jóvenes son el centro del Partido Verde en Oaxaca y a partir de ahora, sus dirigentes en los municipios, son mujeres y hombres menores de 35 años.


Esa causa y el extraordinario recibimiento que hemos tenido en los lugares que hemos visitado, nos anima y nos compromete.


No es cosa menor. Por primera vez en la historia de Oaxaca y muy probablemente de México, la puerta de entrada de mujeres y jóvenes a un partido es la decorosa puerta de los espacios de dirigencia.


Yo mismo tengo 35 años y gustosamente soy congruente. Son congruente con una visión que me ha alimentado desde que me formé una idea clara de la manera en que se hace política en nuestro estado. Se ha hecho política por inercia, por compromiso y hasta por necesidad.


No sabemos cuál será el resultado final, pero con el solo afán de decirlo queremos que nos crean que estamos haciendo política con pasión. Solamente la pasión hace posible que la política (a como está concebida y calificada hoy en día) no parezca política.


#OaxacaVerde tiene rumbo y agradezco infinitamente desde aquí a quienes nos han buscado con la mano extendida y con la esperanza renovada de que aquí no serán solo parte de una barda, un pendón o un volante. Las mujeres y los jóvenes no vamos a trabajar para el Partid Verde; vamos a ser el Partido Verde.


Es como quien construye una casa para sí. El mismo esmero, la misma pasión y el mismo orgullo estamos empeñando en edificar la casa común, un gran colectivo que será la casa de todos, pero en especial de las mujeres y de los jóvenes de Oaxaca. El Partido verde va a ser en poco tiempo el partido de las mujeres y de los jóvenes de Oaxaca; el partido de las caras nuevas.


Hay quien me dirá que un partido político tiene una clara finalidad electoral, pero ya no es posible seguir haciendo las cosas al revés, esperando ganar elecciones para hacer algo por la gente. Nosotros empezamos por donde dios manda: sirviendo a nuestro pueblo. Los resultados electorales vendrán por añadidura.


Jóvenes hablando con otros iguales a nosotros y con otros jóvenes de 40, 50 y 60 años. Esos rabos verdes que con cariñosa vocación permiten que ahora los jóvenes los “usemos” a ellos y ponen toda su experiencia al servicio de lo que Oaxaca necesita: jóvenes tomando por sí mismos, las decisiones que afectan a ese 60% de la lista nominal que tiene entre 18 y 34 años.


Estamos llegando ya a Matías Romero. Los jóvenes nos esperan. Esos jóvenes que serán los glóbulos verdes de un organismo que comienza a cobrar nueva vida desde la trinchera más noble que puede tener un partido político, que es la causa de la ecología, de la sana relación entre el ser humano y su entorno; como dice nuestro lema, del amor, la justicia y la libertad.


Muchas gracias a todos por creer! No fallaremos!


*Delegado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Verde Ecologista de México en el estado de Oaxaca


moisesmolinar@hotmail.com

@MoisesMolina

viernes, 29 de noviembre de 2013

EL PODER DE LA PALABRA JOVEN

Al momento de redactar estas líneas con el desvelo a cuestas y en medio del frío que anuncia diciembre, dibujo mi mensaje para dentro de unas horas.


¿Qué decirle a un puñado de jóvenes que desde la universidad pública buscan una opción de futuro para sí? ¿Qué decir para que escuchen en vez de oír? ¿Qué de novedoso regalar para los más incrédulos entre los incrédulos; para los más críticos entre los críticos; para los sobrevivientes de la desesperanza?


A la conferencia le pusieron nombre: “El poder de la palabra joven”. ¿Cómo cumplir las expectativas? ¿Llegarán los convocados con alguna expectativa?


Ninguno de los asistentes leerá este texto antes de encontrarse conmigo y ello hace más interesante su redacción.


Sigo cuestionando ¿Qué aportar a quienes se forman profesionalmente en un área que no es la mía? ¿Cómo satisfacer a quienes, regularmente, esperan aportes académicos o de práctica laboral en su formación profesional? Ellos, estudiantes de contaduría; yo, abogado y politólogo.


No obstante lo pertinente de todas las interrogantes, voy tranquilo, convencido de la necesidad de poner las coincidencias por encima de cuanto pueda hacernos diferentes. No voy con la pretensión de enseñar nada y sí, con la convicción de siempre, de compartir mucho. No asisto con la necesidad de reconocimiento público y sí con la urgencia de despertar conciencias; una o dos serían suficientes.


Y es que la brega del despertador es hoy, más que en ningún otro tiempo, difícil, lenta y por ello tiene que ser paciente y esmerada. Tengo una idea firme, definida en relación al cambio. Para cambiar las cosas se necesita poder.


Las palabras están llamadas a ser fuente de poder. Y ninguna generación como la que tendré frente a mí es portadora de ese poder transformador. Los jóvenes difícilmente tienen algo más que sus palabras y esas palabras son vehículo de sus sentimientos, de sus pensamientos, de sus vocaciones, de sus afanes y sus visiones. Solo que esas palabras están en la mayoría de ellos, dormidas.


En cada joven hay un discurso dormido y en la suma de todos ellos está el germen del cambio, de la transformación. “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”, dijo Salvador Allende, solo que la revolución de hoy prescinde de las balas y urge de las palabras. No hay acción si antes no hay palabras.


Cada joven lleva un discurso a cuestas, un discurso sin pronunciar. La peor tragedia para un joven es nunca haber pronunciado el suyo propio. No basta con hablar o escribir; es menester hacerse escuchar, hacerse leer. Un discurso sirve, solo en función del destinatario. Lo más fácil puede resultar aprender a hablar o aprender a escribir. Lo realmente difícil es hacerse escuchar, hacerse leer… dejar huella.


Los jóvenes son, por excelencia, portadores de la inconformidad, del disgusto. Progresistas por naturaleza, rechazan el estado actual de las cosas; amantes de las libertades, son perspicaces observadores y acuciosos buscadores de represiones e injusticias. ¿De qué sirve si no se habla y no se escribe? ¿De qué sirve si no se hace leer y no se hace escuchar? ¿De qué sirve si el discurso nace muerto con la ausencia de caminos qué transitar, ayuno de propuestas?

Hablar y escribir solo diatribas e infundios es igual a no hablar, es lo mismo que no escribir.


Los jóvenes, nuestros jóvenes, son presa del peor de los miedos. Tienen miedo a hablar y a escribir; no se diga a hacerse escuchar o a hacerse leer. El peor enemigo de la juventud es la misma juventud que se auto anula, se auto censura. Y es así porque los pocos que se atreven a pronunciar y escribir palabra gritan solo su rabia, su inconformidad, sin una idea clara de señalar caminos. El egoísmo los mueve, alivian fugazmente sus frustraciones sistemáticas sin darse cuenta que no basta con expresarse, sin ser conscientes de que es necesario dejar huella.


“Los pueblos que no hablan se suicidan” y nuestro pueblo ha dejado de hablar.


Las palabras son un factor de poder y la juventud no usa las palabras para lo que sirven.


De eso y más hablaremos dentro de unas horas. Nos pondremos de frente. Cada uno será un espejo y la imagen en cada uno reflejada, será nítida expresión de lo que no deben seguir siendo: jóvenes reactivos que al no ser parte de la solución siguen siendo parte del problema.


La culpa de los males de este país y de este estado no es enteramente de quienes nos gobiernan. Lo es en parte, también, de una generación egoísta que se satisface en la pirotecnia de las descalificaciones.


Es posible cambiar las cosas. Los jóvenes no deben ser más, portadores de esperanza; deben ser portadores de poder transformador, del poder de las palabras.


José Enrique Rodó escribió en 1900 que hablar a los jóvenes era un género de oratoria sagrada. A más de un siglo de distancia ese pensamiento permanece vigente. Con esa idea, vuelta convicción, llegaré en unas horas a mi universidad y esas serán mis primeras palabras.


@MoisesMolina

sábado, 23 de noviembre de 2013

ARIEL CONTRA CALIBÁN

Si de los procesos electorales hemos aprendido algo los oaxaqueños, es a redimensionar la concepción del “cambio”. Ha sido un prolongado proceso, una suerte de método de prueba y error donde cada vez nos quedan menos certezas.


A los oaxaqueños, algo debe quedarnos ya claro. Le hemos apostado, en los partidos políticos y en las elecciones, al cambio de personalidades y todo ha ido igual o peor; le hemos apostado al cambio de siglas y no ha pasado nada; hemos arriesgado, depositando nuestra esperanza, a coaliciones electorales de agua y aceite, sin destino programático, y el cambio ha seguido sin ser más que parte de un “sound bite”.


Al cabo del tiempo, cuando parece haberse agotado toda esperanza ¿qué sigue? Entre un levantamiento armado y la huelga de votos caídos, resulta menos pernicioso lo segundo porque la violencia no debe ser destino de ningún pueblo bajo ninguna circunstancia. En ambos casos, la nota común es la derrota de las virtudes cívicas.


¿Qué alternativa de cambio nos queda? No resultó el cambio de personas, ni el de colores, tampoco el de coaliciones. Todo se resume en la vox populi “todos son lo mismo”, “todos son iguales”.


Estoy convencido de que el reducto de esperanza para la palabra cambio es la nueva generación. Ha habido, cuando hablamos de elecciones y gobierno, cambio de todo, menos de generación. Una nueva generación de ciudadanos con un “chip” distinto que trae integrada (con sobradas razones) la negación de la política, el repudio hacia los mismos de siempre, el descrédito hacia lo público y la frustración de ver a la política convertida en un oligopolio, es la única que puede reconstruir la casa de todos en medio de la tempestad.


La política afecta, incluso, a quienes no quieren tener nada que ver con la política. Incluso quien decide no participar está haciendo política a favor de quienes siempre, desde el partido que sea o desde el gobierno que sea, toman las decisiones. No participar es legitimar los monopolios de la representación política, abonar a la comodidad de los mismos de siempre, entregar un cheque en blanco para financiar discrecionalidad.


Hay poca dignidad en retraerse, en capitular ante los intereses de los diferentes grupos que son, a fin de cuentas, la misma generación; hay escaso decoro en la crítica pasiva, verbal, en las lamentaciones, en la actitud reactiva que, para efectos de transformación, se queda en contemplación.


Hay que intervenir, participar, salir de la casa y de las escuelas y buscar los canales para incidir. La parte de la generación que hoy decide, aunque no comparta la actitud ni los usos de los partidos y de los gobiernos, también de poco sirve. El sustento de la familia y la satisfacción de las necesidades elementales de cultura y esparcimiento, parecen más que suficiente. “Que los políticos se hagan bolas”, dirán al unísono.


Solo la generación que representa a Ariel contra Calibán tiene la llave, los hijos y los nietos de quienes a diario construyen este estado aportando su trabajo honesto y dejan tranquilos a los políticos en su ínsula. Los puentes entre la plataforma continental donde reímos y lloramos los ciudadanos y la isla desde la que se toman las decisiones, sólo los pueden construir los nuevos ingenieros de los sueños.


Para ayudar a transformar Oaxaca no es menester asumirse como político. La del político es una etiqueta que cada vez menos personas quieren para sí. Un político nunca lo es por definición. A un verdadero político lo define el servicio y su capacidad de soñar, de imaginar, de innovar.


La diferencia entre la grilla y la política es fundamental. La primera, egoísta, busca el beneficio personal y el perjuicio hacia el prójimo; la segunda se pone siempre al servicio del bien común.


Por eso, los liderazgos están en crisis. El líder político busca hoy en Oaxaca, el beneficio propio. La política no tiene gran ciencia, no hay que memorizar a Maquiavelo ni a Zweig; uno de mis más queridos maestros me dijo: “hacer siempre lo correcto”.


La gente no es estúpida, simplemente no tiene de dónde escoger y cuando se anima a elegir, elige al menos peor, hasta que se convence de que es más de lo mismo.


Mujeres y hombres honestos, sensibles, con altura de miras, preparados y comprometidos ¿dónde los encontramos? Pues en la nueva generación de una clase media en su mayoría que, como en los tiempos de la Reforma con Juárez, tomaron para sí las decisiones que otros tomaban equivocadamente por su país y por sus estados, la nueva generación del Outlook, del youtube, del twitter y el facebook dispuesta a hablar y participar en nombre de quienes desde las comunidades del interior del estado tienen que abandonar los estudios para irse al campo, a manejar el taxi, el mototaxi, el motocarro o a atender el negocio familiar; la nueva generación sin esperanza aparente; la nueva generación agraviada e inconforme; esa nueva generación que desde ya está alimentando el plan del Partido Verde para Oaxaca.



*Delegado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Verde Ecologista de México para el Estado de Oaxaca

moisesmolinar@hotmail.com
Twitter: @MoisesMolina