sábado, 15 de agosto de 2009

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
PRD, PAN Y PRI
Las aguas al interior de las principales fuerzas políticas nacionales parecen volver a su nivel después de la sacudida y los saldos de la elección pasada. A excepción del PRI que pasó este trámite por anticipado en el 2006, PAN y PRD comienzan a paladear las mieles, de –al menos- la estabilidad institucional. El del PRD es estado de una calma tensa donde la satisfacción cedió su lugar a la conformidad (en la cuarta acepción que el Diccionario de la Real Academia de nuestra lengua da al vocablo: de simetría y debida proporción entre las partes que componen un todo). La designación de su coordinador parlamentario fue una muestra más de la capacidad corrosiva de López Obrador y una nueva derrota de Jesús Ortega que, de seguir así las cosas, terminará convertido en líder ornamental. La de Alejandro Encinas no fue otra cosa, que la designación de un coordinador a capricho, a modo de alguien que, de acuerdo al sentido común y -por si poco fuera- estatutario, debió haber sido expulsado del PRD. Mire –apreciable lector- que imponer AMLO su voluntad sobre el presidente y la corriente mayoritaria del sol azteca, sin siquiera atisbar una disculpa pública al partido por el daño causado en la elección pasada, no evidencia más que la fragilidad en la dirigencia de uno de los partidos más importantes de México. Andrés Manuel se sigue saliendo con la suya, al menos en su partido –corrijo- en sus tres partidos. Ahora por voz de Encinas, AMLO tendrá otro poco del oxígeno que le falta: el de la operación política y cobertura mediática de sus ocurrencias, ahora desde San Lázaro. Encinas seguirá siendo, en buena medida, su personero. Toda esta gran derrota a cambio de la pírrica victoria que la manutención de su dirigencia le representa a Ortega. Ello sin contar que también tendrá que dejar pasar a Clara Brugada. El barco panista también parece retomar su senda ¿hacia dónde? No sabemos pero una vez mantenido a flote avanza de nuevo. Pasado el trago amargo de la renuncia de Germán Martínez y casi inmediata unción de su nuevo dirigente, hoy tienen también a su coordinadora parlamentaria. El nuevo presidente del PAN, no menos gris que el anterior (aunque me refieren que sí un poco más sensato) camina, para no variar con una legitimidad impuesta: la del Presidente de la República. Su elección inducida fue de pesadilla mediática, aunque en la buena democracia mexicana muchas decisiones siguen estando por encima de los medios. Los foxistas le dijeron (no a él, sino a la gente) que el proceso no revestía formas democráticas y quedó evidenciado. 90 por ciento de los consejeros azules votó a favor de Felipe Calderón en la persona de César Nava. El rejuego político del PAN -que cada vez comienza a parecerse más al del PRI- ha hecho que el propio Fox reciba hoy al “menos idóneo” en el ya famoso rancho San Cristobal. Josefina Vásquez Mota se cuece aparte y su designación tuvo un curso distinto al de su homólogo amarillo. A ella nadie le reprocha nada, o casi nada. Si algo fijo tiene en la mente ahora es la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados que celosamente atesora el PRD. Su papel, nada relevante en la SEP, la volverían un reto formidable. Además no tendrá a Elba Esther como diputada. Y el hoy poderoso PRI con sus 237 diputados a los que, sin problema, se sumarían los 22 del verde, parece preocupado más por otros temas. Beatriz Paredes anunció, antes de partir a Brasil para “alcanzar” a su amigo Calderón, que el próximo día 24 anunciará si se queda como presidenta del partido o se va a coordinar la bancada. Se antoja más probable lo segundo. Como el gran ganador, el PRI tiene hoy otras prioridades. Las 10 gubernaturas que estarán en juego el próximo año (incluida la nuestra), el despeje, en su caso, de la incógnita de su dirigente sustituto, el tejido de las redes sobre las que habrá de jugarse la disputa por la candidatura presidencial; la nueva dirigencia priísta para 2011, donde Oaxaca está más que apuntada con Ulises Ruiz. En fin, el PRI obedece hoy a otros tiempos. Sin la presión de corrientes internas, sin el estigma de la derrota, sin ambiciones desbocadas, sin plaga de inmediatismos. Los priístas de las cúpulas andan de vacaciones, mientras los de cepa se quedaron a mantener vivo el axioma: el PRI es el único partido que trabaja en tiempos no electorales.