sábado, 22 de octubre de 2011

VOTO DIFERENCIADO

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

VOTO DIFERENCIADO

Con un ligero repunte en el nivel de aprobación de la gestión presidencial de Felipe Calderón, aún por debajo del 6 de calificación; con señalamientos velados de “mapachismo” en la integración del padrón de militantes panistas en varios estados del país, incluido Oaxaca; con acusaciones graves hacia el presidente nacional del PRD por parte de su subalterna Dolores Padierna, de “preparar fraude” en la elección de sus consejeros; con extrañas declaraciones de un Cuauhtémoc Cárdenas, impresentable ante lo que la medalla “Belisario Domínguez” representa, respecto de su posible inclusión en la competencia electoral presidencial; con seis de cada diez mexicanos que piensan que el rumbo del país es equivocado; en medio de un virtual empate en la percepción del principal problema de México en la actualidad, entre la inseguridad y la economía; ante la ausencia del IFE y los partidos políticos, entre las instituciones de confianza alta entre los mexicanos, según la Encuesta Nacional en viviendas de Confianza en las Instituciones; con un PRI a la cabeza de las preferencias por partido (40 por ciento), doblando las del PAN y casi cuadruplicando las del PRD y con un Enrique Peña Nieto que arranca, a pregunta espontánea de “¿Quién le gustaría para presidente de México?”, a 33 de cada cien mexicanos, iniciamos el Proceso Electoral 2012.

En adelante y hasta el primer domingo de julio, autoridades electorales, partidos, candidatos y ciudadanos habrán de involucrarse en procesos que, aunque sistemáticos, siempre traen sorpresas y novedades. Presentación de plataformas electorales, autorización y registros de convenios de coalición (que seguramente las habrá), expedición de convocatorias para elegir a los candidatos, precampañas intra partidos, jornadas de elección de candidatos por partido de acuerdo a los procedimientos estatutarios contemplados en cada caso, registro de los candidatos ante el IFE, campañas constitucionales, elección constitucional e impugnaciones, colmarán nuestras vidas y afectarán, sin duda, el rumbo normal de nuestras vidas.

La mayor parte de ello será necesario para legitimar y patentizar nuestra forma de gobierno republicana, representativa, democrática y federal. Una torre de Babel partidista y ríos de tinta y luminiscencia precederán al momento que, en su brevedad, encierra seis años de buen, mal o regular gobierno; el momento que legitima el adagio: los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.

Y todo esto viene a colación por la alta significación que el sufragio tiene. El soliloquio que el elector consuma en la casilla, crayón en mano, se multiplica por cientos de miles en cada entidad federativa para hacer posible una suerte de traducción aritmética de la cultura política.

Las encuestas nos dan siempre una estimación, una fotografía del momento en que fueron levantadas; la única encuesta válida es, sin embargo, la de la jornada electoral donde el sentido del voto se hace depender de las más insospechadas razones y puede cambiar en el instante mismo de estar frete a las boletas.

La lucha por las candidaturas en Oaxaca es encarnizada. Se abandonan los escrúpulos, se olvidan los principios de la buena lid, se maquiaveliza del alba hasta la madrugada y se vende el alma al demonio del poder. Aquí se tiene peligrosamente por sentado que, los candidatos a diputados federales y senadores que postulen las coaliciones de Peña Nieto y Andrés Manuel, correrán la suerte de estos dos virtuales candidatos. Es decir que un voto para cualquiera de los dos será un voto en automático para los candidatos del PRI o de la izquierda al congreso de la unión.

El oaxaqueño ya aprendió a votar. Lo demostró en la última elección a gobernador. Por ello, muy cuidadosa deberá ser la selección que de sus candidatos hagan los partidos, independientemente de los métodos. Sean convenciones de delegados, sean elecciones abiertas a la ciudadanía, sean consejos estatales o designaciones directas, el mensaje debe ser de respeto al sentico común de los ciudadanos que son los que a fin de cuentas les pagan y hasta enriquecen con sus impuestos.

A los presidenciables, a diferencia de “diputables” y “senatoriables”, no los conocemos tan afondo en los estados. Por ello, la postulación de quienes ni una sola iniciativa de ley han presentado siendo legisladores, de los corruptos, de los frívolos, de los pródigos, de los insensibles, de los mentirosos o de los muy bailados, correrá el riesgo de ser castigada incluso por militantes de sus mismos partidos. A fin de cuentas Roy Campos descubrió el hilo negro: los electores votan más por la persona que por el partido. El origen del famoso y siempre justo voto diferenciado.

moisesmolinar@hotmail.com