viernes, 11 de enero de 2013

MURAT: AVE DE TEMPESTADES

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

MURAT: AVE DE TEMPESTADES


Debió ser el año 2002. José Murat presentaba un libro de su autoría en una de las “Gandhi” de la Ciudad de México. Entre los presentadores que flanqueaban al entonces gobernador priista figuraban dos actores emblemáticos de la izquierda, uno partidista, periodístico el otro: Jesús Ortega y Julio Hernández López. Era, para más de uno, desconcertante la elección de los comentaristas, siendo el protagonista una de las caras más visibles del PRI de aquellos momentos.


Hoy que el “Pacto por México” tiene nombre y apellidos es más entendible aquel gesto. Ahora sabemos que, como pocos, José Murat se mueve con soltura y comodidad lo mismo dentro del PRI que fuera de él. Representa uno de los mejores ejemplos que podemos elegir si de darwinismo político se trata. Se adapta, se mimetiza, cambia, evoluciona, por eso sobrevive. Una rara especie de político que no transige con el tiempo ni con su entorno. Anticipa el primero y se aclimata al segundo. Un político que, más allá de cuanto se pudiera decir o sentir respecto de él, no se apasiona con seriedad más allá del aspaviento utilitario. Calcula y siempre está amasando capital, espera con paciencia, sabe como pocos cómo jugar; ha demostrado repetidas ocasiones que alfiles y caballos no le guardan secretos.


Cuando se está cerca de Murat se entiende lo que a fuerza de propalar se vuelve irrelevante para el espectador distraído: que “la política es de tiempos”. Él hace política con un reloj en la mano y da, como ahora, inmodesta cátedra de que no se gana para siempre, pero tampoco se pierde para siempre.


Muchos le daban por muerto y complacido aceptó, al grado de pedirlo él mismo públicamente. Se acabó su gobierno y se fue físicamente de Oaxaca, pocos saben realmente a hacer qué cosas. Sin duda siguió haciendo política de esa que dicen más eficaz: lejos de los reflectores.


Hoy está en un lugar de privilegio. La Coordinación Ejecutiva del Pacto por México fue traje hecho a la medida, él mismo lo confeccionó. Nadie se lo hizo, nadie se lo puso. El anuncio se dio en medio del sigilo. Muchos se enteraron solo cuando la noticia circuló en los medios. Incluso la presentación y el manejo posterior fueron discretos, casi de bajo perfil. Hubiese sido cosa menor si el “Pacto” no lo hubiese anunciado y presentado el propio presidente Peña Nieto como la primera gran convocatoria de su gobierno.


¿Que tiene Murat en sus manos? La estabilidad política del país vía acuerdos y reformas, al menos los que pasan por los tres principales partidos de México. Murat será el filtro partidista de Osorio Chong y Peña Nieto. Los acuerdos del “pacto” son concretos y tienen fecha, no son ocurrencias retóricas como no es la Coordinación Ejecutiva un membrete para no quedar sin “hueso”.


A quien piense que esto escribo por ser amigo de Murat, he de recordar que Murat no tiene amigos. Así es por voluntad propia. Tiene conocidos, colaboradores e interlocutores circunstanciales, como casi todos los hombres de poder.


No ha faltado el despistado que ha ido a Bucareli buscando infructuosamente invocar una súbita y fervorosa amistad ante el ixtepecano; ofreciendo, sin mencionarlo, lealtad incondicional. A estas alturas a Murat eso no le sirve. Sigue repartiendo guiños y espaldarazos, prodigando lo que su estatura física le permite: miradas oblicuas desde las alturas. Nada que reprocharle. Así es Murat, así siempre ha sido.


Sigue siendo solo él, sigue estando solo, aunque ahora rodeado de nueva cuenta por mucha gente. Fingiendo sorpresa ante visitas que hace mucho dejó de recibir y repitiendo una de las palabras con las que más se le recuerda ante encuentros ocasionales: “Búscame”.


¿Que sigue? Sigue su proyecto por insospechados caminos, aunque la coronación del mismo, no racaiga esta vez precisamente en su persona. Muchos lo han leído, ya lo vieron, vaticinan, conjeturan y están prestos, ante el frenesí de la novedad, a ponerse a sus órdenes para 2016 o 2022.
Sin duda su regreso a Oaxaca es un nunca haberse ido y su incidencia en la dinámica interna del PRI está apuntalada en la capitulación ante sus detentadores formales. Es necio pensar que Murat no será de nueva cuenta omnipresente en Oaxaca. Está de regreso.


El mérito principal del PRI públicamente reconocido es que sabe ejercer el poder, no solo detentarlo. Y el espacio de poder del gobierno federal por excelencia es la Secretaría de Gobernación. La dirigencia del CEN no será ya lo que fue durante los gobiernos panistas. Hoy las directrices ya no nacerán en insurgentes, sino en Bucareli y con la coadyuvancia, además, de Luis Videgaray.


No hay que buscarle mucho, no hay que romperse la cabeza. El nuevo PRI parte del supuesto de que la verticalidad escapa a la lógica del tiempo para situarse en el reino de la necesidad. Es el PRI de los que mandan y el PRI de los que obedecen. La disciplina madre del orden necesario en toda organización. El PRI no será sucursal del gobierno, será instrumento del gobierno.


No queda más que desearle éxito a Murat. Si el “Pacto” va bien, irá bien el país, aunque paradójicamente su auriga sea una autentica “ave de tempestades”.


Twitter: @MoisesMolina