sábado, 23 de noviembre de 2013

ARIEL CONTRA CALIBÁN

Si de los procesos electorales hemos aprendido algo los oaxaqueños, es a redimensionar la concepción del “cambio”. Ha sido un prolongado proceso, una suerte de método de prueba y error donde cada vez nos quedan menos certezas.


A los oaxaqueños, algo debe quedarnos ya claro. Le hemos apostado, en los partidos políticos y en las elecciones, al cambio de personalidades y todo ha ido igual o peor; le hemos apostado al cambio de siglas y no ha pasado nada; hemos arriesgado, depositando nuestra esperanza, a coaliciones electorales de agua y aceite, sin destino programático, y el cambio ha seguido sin ser más que parte de un “sound bite”.


Al cabo del tiempo, cuando parece haberse agotado toda esperanza ¿qué sigue? Entre un levantamiento armado y la huelga de votos caídos, resulta menos pernicioso lo segundo porque la violencia no debe ser destino de ningún pueblo bajo ninguna circunstancia. En ambos casos, la nota común es la derrota de las virtudes cívicas.


¿Qué alternativa de cambio nos queda? No resultó el cambio de personas, ni el de colores, tampoco el de coaliciones. Todo se resume en la vox populi “todos son lo mismo”, “todos son iguales”.


Estoy convencido de que el reducto de esperanza para la palabra cambio es la nueva generación. Ha habido, cuando hablamos de elecciones y gobierno, cambio de todo, menos de generación. Una nueva generación de ciudadanos con un “chip” distinto que trae integrada (con sobradas razones) la negación de la política, el repudio hacia los mismos de siempre, el descrédito hacia lo público y la frustración de ver a la política convertida en un oligopolio, es la única que puede reconstruir la casa de todos en medio de la tempestad.


La política afecta, incluso, a quienes no quieren tener nada que ver con la política. Incluso quien decide no participar está haciendo política a favor de quienes siempre, desde el partido que sea o desde el gobierno que sea, toman las decisiones. No participar es legitimar los monopolios de la representación política, abonar a la comodidad de los mismos de siempre, entregar un cheque en blanco para financiar discrecionalidad.


Hay poca dignidad en retraerse, en capitular ante los intereses de los diferentes grupos que son, a fin de cuentas, la misma generación; hay escaso decoro en la crítica pasiva, verbal, en las lamentaciones, en la actitud reactiva que, para efectos de transformación, se queda en contemplación.


Hay que intervenir, participar, salir de la casa y de las escuelas y buscar los canales para incidir. La parte de la generación que hoy decide, aunque no comparta la actitud ni los usos de los partidos y de los gobiernos, también de poco sirve. El sustento de la familia y la satisfacción de las necesidades elementales de cultura y esparcimiento, parecen más que suficiente. “Que los políticos se hagan bolas”, dirán al unísono.


Solo la generación que representa a Ariel contra Calibán tiene la llave, los hijos y los nietos de quienes a diario construyen este estado aportando su trabajo honesto y dejan tranquilos a los políticos en su ínsula. Los puentes entre la plataforma continental donde reímos y lloramos los ciudadanos y la isla desde la que se toman las decisiones, sólo los pueden construir los nuevos ingenieros de los sueños.


Para ayudar a transformar Oaxaca no es menester asumirse como político. La del político es una etiqueta que cada vez menos personas quieren para sí. Un político nunca lo es por definición. A un verdadero político lo define el servicio y su capacidad de soñar, de imaginar, de innovar.


La diferencia entre la grilla y la política es fundamental. La primera, egoísta, busca el beneficio personal y el perjuicio hacia el prójimo; la segunda se pone siempre al servicio del bien común.


Por eso, los liderazgos están en crisis. El líder político busca hoy en Oaxaca, el beneficio propio. La política no tiene gran ciencia, no hay que memorizar a Maquiavelo ni a Zweig; uno de mis más queridos maestros me dijo: “hacer siempre lo correcto”.


La gente no es estúpida, simplemente no tiene de dónde escoger y cuando se anima a elegir, elige al menos peor, hasta que se convence de que es más de lo mismo.


Mujeres y hombres honestos, sensibles, con altura de miras, preparados y comprometidos ¿dónde los encontramos? Pues en la nueva generación de una clase media en su mayoría que, como en los tiempos de la Reforma con Juárez, tomaron para sí las decisiones que otros tomaban equivocadamente por su país y por sus estados, la nueva generación del Outlook, del youtube, del twitter y el facebook dispuesta a hablar y participar en nombre de quienes desde las comunidades del interior del estado tienen que abandonar los estudios para irse al campo, a manejar el taxi, el mototaxi, el motocarro o a atender el negocio familiar; la nueva generación sin esperanza aparente; la nueva generación agraviada e inconforme; esa nueva generación que desde ya está alimentando el plan del Partido Verde para Oaxaca.



*Delegado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Verde Ecologista de México para el Estado de Oaxaca

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Twitter: @MoisesMolina