sábado, 2 de enero de 2010

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

¿POR QUÉ “LA X EN LA FRENTE”?

“Hay dos modos fundamentales de saludar
La vida: uno es la aceptación y otro el reto”
A. Reyes.

Con el paso de los años muchas personas inquieren, a quien esto escribe, la razón del nombre de este espacio. Algunos suponen que alguna relación hay con la “generación X” (a la que pertenezco), otros tantos, más imaginativos, encuentran relación con un “tercer ojo” que pretende “predecir el futuro”, hacer prospectiva si se le quiere ver más politológicamente. Fue solamente en la primera columna, en octubre de 2003, en que expuse las razones que me llevaron a “bautizarle” de tal manera y creo que ninguna ocasión tan propicia como la primera columna de este año para dejar en claro, de nueva cuenta, mis motivaciones. “La X en la frente” fue una antología de textos que Alfonso Reyes, prolífico escritor (“Reyes no publicaba, bombardeaba” escribe Enrique Krauze en “Mexicanos Eminentes”), aquel que dijo que “el hombre debe educarse para el bien”, publicó en 1952 en torno a “lo mexicano”. La constante en aquellas páginas en las que compartían espacio lo mismo la prosa que el verso (“el ser poeta exige coraje para entrar por laberintos y matar monstruos”) era un profundo amor a México y a lo mexicano. En ellas reprochaba a los españoles su necedad por escribir el nombre de nuestro país con “j”, cuando la “X” decía el regiomontano, era “más poética”, era “cruce de caminos” que fue capaz de seducir a Valle Inclán y traerlo a México, como el mismo Valle lo confiesa en un poema. Reyes debió haber ganado el Nobel de literatura. De hecho Lucila Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral) lo propuso. Fueron mexicanos quienes se opusieron y formaron un bloque que hoy bien pudiera llamarse TUCOR, todos unidos contra Reyes. Decían que Don Alfonso escribía más sobre los clásicos que sobre México. Ha sido uno de los más grandes absurdos de nuestra historia. Concebía la literatura como la “expresión íntegra del alma de un pueblo”.
El domingo pasado conmemoramos el medio siglo de ausencia física de Alfonso Reyes. Murió el mismo año que Vasconcelos y Samuel Ramos. Miembro fundador del Ateneo de la Juventud, hombre de luces, de cultura enciclopédica y espíritu clásico, Reyes pareció vivir un tiempo que no le correspondía: el de las asonadas revolucionarias. Era hijo de un General porfirista que murió en pleno Zócalo de la Ciudad de México de un balazo en la frente durante la “decena trágica” y hermano de un funcionario huertista; su permanencia en nuestro país era complicada. Entre Cuba, España, Francia y Argentina se le fue media vida en el servicio diplomático y la nostalgia de México en sus textos era evidente. Caminó por sí mismo, nadie le regatea merecimientos en sus logros: “Desconfiemos del que nos predica la salvación sin esfuerzos y tengamos la suficiente fe para no aceptar siquiera la promesa de una victoria sin merecimientos” aconsejaba. La trascendencia de Don Alfonso para la historia mexicana es inmensa. La cultura nacional no sería la misma sin él. Prolífico escritor, abordó en sus textos los más diversos y variados temas, aunque siempre con una constante: un profundo amor a México y a su historia. “El arte de la expresión no me apareció como un oficio retórico independiente de la conducta, sino como un medio para realizar plenamente el sentido humano” escribió. En nadie como en Reyes cobra sentido la palabra Patria. Escribió “Cuestiones estéticas” a los 21 años. Era su primer libro, aunque fue acaso “Visión de Anahuac” su creación más conocida. Dominaba todos los géneros literarios, pero el ensayo era el que probablemente más le definía. La lucidez del maestro Reyes podía caber solo en el ensayo. Era, en toda la extensión de la palabra, un mexicano universal, un ciudadano del mundo. Fue acaso él quien nos dejó una suprema enseñanza que en nuestro tiempo parece lejana: “La única manera de ser provechosamente nacional es ser primero provechosamente universal”; y una realidad de nuestros días: “La política viene caminando detrás con gran retardo, con incontables tropiezos y de tiempo en tiempo se atasca como carro en pantano”.

*Director General de la Comisión Estatal de la Juventud. (CEJUVE)
moisesmolinar@hotmail.com